viernes, 17 de febrero de 2012

EL AMOR DEL ALMA ( I ) Meditaciones de la Pasión de Jesucristo, por San Alfonso Mª. de Ligorio


   La semana que viene comenzará la Santa Cuaresma con el Miércoles de Ceniza; es un tiempo propicio para la oración, la meditación y sobre todo, buscar buenos momentos de recogimiento interior; apaga la   televisión, no uses tanto el teléfono, sé moderado en las comidas, teniendo en cuenta las normas de ayuno y abstinencia de la carne que nos enseña la Santa Madre Iglesia.

   Pero sobre todo, medita los dolores y sufrimientos que Nuestro Señor padeció por ti y por mí, por nuestro amor.  Para ayudarte, quiero traerte cada viernes de Cuaresma - y si es posible, algún otro día - extractos del libro "EL AMOR DEL ALMA", de San Alfonso Mª. de Ligorio.

   Es un libro piadosísimo que me enseñó a amar la Pasión de Cristo, porque gracias a su lectura entendí que toda la  vida de Nuestro Señor fue Calvario. Pido a Dios y a la Virgen Santa, que estas breves reflexiones te conmuevan a ti también y te ayuden a difundir el Amor que Jesucristo nos demostró mediante Su Dolorosa Pasión.



   Confío que te ha de agradar esta mi obrita, por tener recopilados y en buen orden los principales pasajes de las Santas Escrituras que tratan del amor que Jesucristo nos manifestó en el decurso de Su Pasión; pues no hay cosa más mueva al cristiano al amor divino como las mismas palabras de Dios entresacadas de los libros santos.


   Amemos, pues, con todo corazón a Jesucristo, por ser Nuestro Dios, Nuestro Salvador y todo Nuestro Bien; por eso te convido a meditar todos los días sobre Su Dolorosa Pasión, porque en ella encontrarás todos los motivos que te puedan mover a esperar la vida eterna y alcanzar el amor de Dios, en lo cual está cifrada nuestra salvación.


   Todos los santos tuvieron especial devoción a Jesucristo y a Su Pasión, y por este camino llegaron a muy subida santidad. El Padre Baltasar Álvarez decía, como se lee en su vida, “que nadie pensase haber hecho cosa de provecho si no llegaba a grabar en su corazón la imagen de Jesús crucificado"; y por eso, su meditación más frecuente y regalada era ponerse a los pies del Crucificado, y allí se recreaba meditando de modo especial tres cosas: la pobreza, los desprecios y los dolores de Jesucristo, y se entretenía escuchando las lecciones que Jesús le daba desde la Cátedra de la Cruz.


   También tú puedes confiadamente llegar a la santidad si, a ejemplo de los Santos, procuras meditar con frecuencia lo que hizo y padeció tu adorable Redentor. Pídele que te inflame en Su Santo Amor, y pídeselo también a María, tu Reina y Señora, que se llama la Madre del Amor Hermoso.


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