viernes, 18 de mayo de 2012

LUISA PICCARRETA, PEQUEÑA HIJA DE LA DIVINA VOLUNTAD

 Quiero empezar a compartirles extractos del libro "LAS HORAS DE LA PASIÓN", de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, a quien el Señor comunicó los secretos de Su Pasión y que ella, por obediencia, recogió y plasmó por escrito.


   Son un verdadero tesoro de Fe y de Piedad, que siempre que releo me conmueven y  animan a amar de verdad los Dolores de Cristo y de Nuestra Señora la Purísima Virgen.


   Ojalá que también ustedes, al leer los pobres extractos que quiero regalarles, sientan cuán necesario es entregarse a Dios en medio de los problemas y sufrimientos diarios; ruego a Dios para que comprendan cuánto bien podemos hacer a otras almas y a nosotros mismos, si nos configuramos con Jesús en aquellas horas de agonía que padeció por conseguir nuestro amor.


   De momento, quiere exponerles una breve biografía de esta alma privilegiada; que les sirva para enfervorizarse y entender que el Buen Jesús, sigue buscando Almas Víctimas que quieran inmolarse con Él por la salvación de las almas y Triunfo de la Santa Iglesia Católica.


LUISA PICCARRETA

   Nació el  23 de Abril de 1865, en Corato, provincia de Bari, al sur de Italia, siendo la cuarta de cinco hijos. En esa misma ciudad vivió siempre y allí murió en olor de santidad el 4 de Marzo de 1947.


   Ochenta y dos años de vida, sesenta y cuatro de los cuales los pasó en la cama, que adornada por sendas cortinas, hacían de ella una minúscula celda de apenas dos metros cuadrados, espacio suficiente para ella y su Amado: Jesús, que casi a diario la visitaba y le enseñaba para que ella modelara todo su interior a semejanza de Él. Y no sólo para Él, sino que también había lugar para la Santísima Virgen, la  que con la misma finalidad de hacer a Luisa perfecta copia del interior de Jesús y de Ella misma.


   Luisa estuvo siempre bajo la obediencia de los confesores que le designaba el propio Obispo.


   Nuestro Señor intervino para poner a Luisa definitivamente y sin dudas, en su estado de alma víctima de reparación, para lo cual se sirvió de la epidemia de cólera que en 1886 cosechó miles de  muertes en la región de Corato. Jesús le pidió que aceptara un estado de sufrimientos para poner fin a aquél flagelo, y habiendo aceptado Luisa, después de tres días de sufrimiento, desapareció el cólera que había persistido desde hacía varios meses.


   Con apenas 21 años, su nuevo confesor, Don Michele de Benedictis, para conocer y probar su espíritu, le impuso sufrir, pero sólo si lo solicitaba por obediencia. Sin embargo, un año más tarde, Nuestro Señor le pidió ofrecerse a sufrir, pero no ya por intervalos como en el pasado, sino de modo continuo, para reparar la Justicia Divina, y evitar así los castigos que estaban próximos por el pecado de una humanidad cada vez más alejada de Dios.


   Entonces Luisa, pidió permiso a su confesor para llevar a cabo esta obra de Alma Víctima, sin imaginar que aquél sufrimiento expiatorio le acompañaría hasta el último día de su vida... así, quedó postrada en cama desde el Otoño de 1887, con apenas 22 años.


   Se inició entonces una cadena de gracias singulares, donde Jesús se hacía ver muy frecuentemente; la preparó para los "Desposorios Místicos" y a conformarse con alegría a la Voluntad de Dios.


   Jesús la continuó preparando para otra clase de ofrecimiento: los "Desposorios de la Cruz". Así, una mañana, mostrándose a Luisa como Crucificado, le comunicó los dolorosísimos estigmas de Su Pasión; Nuestro Señor, consintiendo en los deseos de su amada Luisa, permitió que sólo sintiese el dolor de los Benditos Estigmas, pero que jamás hubiese señal externa de los mismos.


   Muerto el Padre Michele, le fue asignado como nuevo confesor Don Gennaro, en 1899; la tomó a su cuidado y le mandó escribir, en virtud de obediencia, todas sus experiencias místicas entre Jesús y ella, desde el inicio.


   Jesús continuó enseñándola y preparándola a su excelsa misión, a la máxima gracia y aun estado superior:  vivir en  y de la Divina Voluntad. En 1900, Nuestro Señor le habla por primera vez de esto y la constituye como Pequeña Hija de la Divina Voluntad. Luisa, desde el silencio y su celda-cama, inicia con Jesús la nueva Era de Gracia, el Verdadero Reino de la Voluntad de Dios en la tierra, el cumplimiento del Pater Noster: Fíat Voluntas Tua sicut in Coelo et in terra, Hágase Tu Voluntad así en los Cielos como en la tierra.


   A partir de entonces, Luisa escribió nada menos que 36 volúmenes acerca de esta doctrina del vivir en la Divina Voluntad, aparte de otros escritos.


   A pesar de tener su confesor principal, Luisa tuvo como confesor extraordinario a San Aníbal María de Francia, con el que mantuvo contacto durante diecisiete años. Más abajo reseñaré algunas expresiones de este santo sacerdote sobre Luisa Piccarreta. (1)


   El 4 de Marzo de 1947, a las seis de la mañana, murió después de una breve pero intensa pulmonía. Después de cuatro días de veneración pública de sus restos, tuvo su primera apoteosis: sus triunfales funerales, en los que participaron innumerables personajes de la Iglesia local de Trani, diócesis a la que pertenece Corato, así como de otras muchas partes de Italia.


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(1) San Aníbal María de Francia habla sobre la Sierva de Dios Luisa Piccarreta



-"Ella quiere vivir solitaria, oculta y desconocida. Por ninguna razón habría puesto por escrito las íntimas y prolongadas comunicaciones con Jesús adorable, desde su más tierna edad hasta hoy, y que continúan quién sabe hasta cuando, si Nuestro mismo no la hubiera obligado, ya sea directamente por Él o por medio de la santa obediencia..."

-"Esta Alma Solitaria es una virgen purísima, toda de Dios, objeto de singular predilección del Divino Redentor, Jesús Nuestro Señor, que de siglo en siglo acrecienta siempre más las maravillas de Su Amor (...) parece que de esta virgen, desprovista de toda instrucción, ha querido formar un instrumento apto para un misión sublime..."

-"A los sufrimientos del alma, se agregan también los del cuerpo, todos originados por el estado místico: sin que ninguna señal aparezca en las manos, en los pies, en el costado o en la frente, ella recibe de Nuestro Señor mismo una frecuente crucifixión... Y si Nuestro Señor no lo hiciera así, sería para esta alma un sufrimiento espiritual inmensamente más grande... Y esta es otra señal de verdadero espíritu.."

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