viernes, 30 de marzo de 2012

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES Y SU ROSARIO


Oportuna conmemoración de la participación dolorosa que la Virgen Santísima tuvo en la Pasión y Muerte de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Esta Fiesta fui instituida por el Papa Benedicto XIII en 1727, recogiendo la tradición devota de los siglos cristianos y extendiéndola oficialmente por toda la Iglesia.


Estaba Santa María, la Reina del Cielo y Señora del mundo, colmada de dolores al pie de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Oh vosotros todos los que pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor.

* * *

La Madre piadosa estaba junto a la cruz lloraba mientras el hijo pendia
Cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenia.

¡Oh, cuán triste y cuán afflicta se vio la Madr bendita, de tantos tormentos llena
Cuando triste comtemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena!

Y ¿Cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor?

¿Y cuién no se entristeciera Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto dolor?

Por los pecados del mundo, via a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre
Vio morir el Hijo amado, que rindió desamparado el spiritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor! hazme sentir tu dolor para que llore contigo
Y que, por Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.



ROSARIO DE LOS SIETE DOLORES

      Se reza mediante un rosario compuesto por siete septenas de siete cuentas cada una, separadas por medallas que representan cada una uno de los siete dolores. En lugar del pequeño crucifijo de la corona dominica, la corona servita lleva una medalla que representa la imagen de la Virgen Dolorosa en el anverso y la escena del Clavario en el reverso. Así pues, el Septenario consta de 7 padrenuestros y cuarenta y nueve avemarías, a los que suele añadirse una Salve y el Pater, Ave y Credo por las intenciones del Romano Pontífice.


   Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro.

  Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico vuestro perdón y, por medio de vuestra gracia, concededme ser verdaderamente merecedor de vuestro Divino Amor, por los méritos de vuestra Pasión y Muerte y por los Dolores de vuestra Madre Santísima. Amén.

    Virgen Inmaculada, Madre de Piedad, llena de aflicción y amargura, os suplico ilustréis mi entendimiento y encendáis mi voluntad para que con espíritu fervoroso contemple vuestros Santos Dolores y pueda conseguir las gracias prometidas a los que reflexionen sobre vuestros sufrimientos. Amén.


Primer Dolor
La profecía de Simeón

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis con el anuncio de Simeón cuando dijo que vuestro corazón sería el blanco de la Pasión de vuestro Hijo. Haced, Madre Mía, que sienta en mi interior la Pasión de vuestro Hijo y haga míos vuestros dolores.

Pater y siete Avemarías



V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Segundo Dolor
La persecución de Herodes y la huida 
de la Sagrada Familia a Egipto

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis en el destierro a Egipto, pobre y necesitada en aquel largo camino. Haced, Señora, que sea libre de las persecuciones de mis enemigos, especialmente de los que buscan perder mi alma.

Pater y siete Avemarías.
V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Tercer Dolor
La pérdida del Niño Jesús en el templo 
de Jerusalén durante tres días

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis con la pérdida de vuestro Hijo durante tres días en Jerusalén. Concededme lágrimas de verdadera penitencia para llorar culpas por las veces que he perdido a mi Dios por el pecado y que lo halle para siempre.

Pater y siete Avemarías



V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Cuarto Dolor
El encuentro de la Santísima Virgen con Nuestro Señor Jesucristo,cargado con la cruz, en la calle de la Amargura

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al ver a vuestro Hijo con la cruz sobre los hombros, caminando al Calvario con escarnio, baldones y caídas. Haz, Señora, que lleve con paciencia la cruz de la mortificación y de los trabajos cotidianos.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Quinto Dolor
La crucifixión de Jesús y su Santísima Madre 
al pie de la Cruz


Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al ver morir a vuestro Hijo clavado en la cruz entre dos ladrones. Haced, Señora, que viva crucificado para el mundo para vencer mis vicios y pasiones.

Pater y siete Avemarías


V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Sexto Dolor
La Virgen teniendo en sus purísimos brazos el Sacratísimo
Cuerpo de Jesús descolgado de la Cruz

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al recibir en vuestros brazos aquel santísimo cuerpo difunto y desangrado, con tantas llagas y heridas. Haced, Señora, que mi corazón viva herido de amor y muerto a todo lo profano.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Séptimo Dolor
La sepultura de Jesús y la soledad 
de la Santísima Virgen



Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis en vuestra soledad, sepultado ya vuestro Hijo. Haced, Señora, que yo quede sepultado a todo lo terreno, viva sólo para Vos y sienta en mi interior la Pasión de vuestro Hijo y vuestros dolores.


Pater y siete Avemarías


V. Madre llena de aflicción.

R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


   Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubrid mi alma con vuestra protección maternal a fin de que, siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a su amor y obedezca a su divina voluntad. Quiero, Madre Mía, vivir íntimamente unido a vuestro Corazón que está totalmente unido al de tu Divino Hijo. Atadme a vuestro Corazón con vuestras virtudes y dolores y al Corazón de Jesús y protegedme siempre. Para más obligaros os saludo con una Salve Regina

(El Rosario de los Siete Dolores ha sido extraído del Blog Costumbrario Tradicional Católico)

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NOTA IMPORTANTE A TODOS LOS LECTORES
 DE ESTE BLOG:


Como buen apostolado católico que tratamos de hacer,
damos autorización a cualquier persona para usar
las imágenes y textos que él aparezcan,
siempre que sea para defender la Tradición Católica.


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jueves, 29 de marzo de 2012

PARA PARTICIPAR EN EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Fotografía del Sr. Mariano Gabriel Pérez ( pueden buscar sus trabajos en Facebook)
   
   Durante el Canon, uníos a la piedad y al amor de todos los santos de la nueva ley, para celebrar dignamente esta nueva encarnación y nueva inmolación que se realizará a la sola palabra del sacerdote.


   Suplicad al Padre Celestial bendiga este Sacrificio y lo acepte con agrado, bendiciendo también juntamente con El los demás sacrificios que le ofrezcáis.


   Mientras el sacerdote, rodeado de una muchedumbre de ángeles, se inclina profundamente por respeto al acto divino que va a realizar; mientras consagra el pan y el vino en Cuerpo y Sangre del Hombre Dios y renueva el Misterio de la cena, hablando divinamente en persona de Jesucristo, admirad el poder inaudito concedido al sacerdote en favor vuestro.


   Luego, una vez que a la palabra del sacerdote haya Jesús bajado al altar, adorad la Hostia Santa, el Cáliz de la Sangre de Jesucristo que clama misericordia por vosotros; recibid, como Magdalena al pie de la Cruz, la Sangre que de las Llagas de Jesús mana. Ofreced la Divina Víctima a la Justicia de Dios por vosotros y por el mundo entero; ofrecedla a su Divina e Infinita Misericordia para enternecer el Corazón de Dios a vista de vuestras propias miserias y abrid sobre vosotros el manantial de la infinita bondad de Dios. 


   Ofrecedla también a la Bondad Divina para que aplique sus frutos de luz y de paz a las Almas que sufren en el Purgatorio, para que esta Sangre, acabando de purificarlas y extinguiendo las llamas, las haga dignas del Paraíso.


   Decid el Pater con Jesucristo perdonando en la cruz a sus enemigos; perdonad también vosotros de todo corazón y sinceramente a cuantos os hayan ofendido.


  Al Libera nos, pedid, por intercesión de María y de todos los santos, que os libre de todos los males presentes, pasados y futuros, así como de las ocasiones de pecar.


   Al Agnus Dei, daos golpes de pecho como los verdugos en el calvario; recogeos luego en actos de fe, humildad, confianza, amor y deseo para recibir a Jesucristo.


   Si no comulgáis sacramentalmente, comulgad a menos espiritualmente haciendo los siguientes actos: Concebid un gran deseo de uniros con Jesucristo, reconociendo la gran necesidad que tenéis de vivir de su vida. Haced, apoyándoos en la bondad y santidad de Dios, un acto de contrición perfecta de todos vuestros pecados pasados y presentes.


   Recibid espiritualmente a Jesucristo en el fondo de vuestra alma, pidiéndole que viváis únicamente para El, puesto que no podéis vivir más que por medio de El.


   Imitad a Zaqueo en sus buenos propósitos, y dad gracias a nuestro Señor por haber podido asistir a la santa misa y hacer la comunión espiritual. Ofreced en acción de gracias algún obsequio particular, como un sacrificio o un acto de virtud, y pedid a Jesucristo su bendición para vosotros y para todos vuestros parientes y amigos.


San Pedro Julián Eymard

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miércoles, 28 de marzo de 2012

SAN JOSÉ, PROTECTOR Y CUSTODIO FIEL

DE LOS SERMONES DE SAN BERNARDINO DE SIENA


   "La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para otorgarle una gracia singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.




   Esta norma se ha verificado de un modo excelente en San José, padre putativo de Nuestro Señor Jesucristo y verdadero Esposo de la Reina del Universo y Señora de los Ángeles. José fue elegido por el Eterno Padre como Protector y Custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: «Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor».


   Si relacionamos a José con la Iglesia Universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es San José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.


   José viene a ser el broche del Antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los Patriarcas y los Profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.


   No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el Cielo.


   Por eso, también con razón, se dice más adelante: «Entra en el gozo de tu Señor». Aun cuando el gozo eterno de la bienaventuranza entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: «Entra en el gozo», a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es purarnente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.


   Acuérdate de nosotros, Bienaventurado José, e intercede con tu oración ante Aquél que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu Esposa, Madre de Aquél que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén."


( Texto elegido por la Hna. Úrsula, de la Tercera Orden de San Francisco)

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martes, 27 de marzo de 2012

CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ ( V )

"Que cargue con su cruz..."

   Con su cruz. ¡Sí, con su propia cruz!. Que ese hombre y esa mujer excepcionales –que toda la tierra no alcanza a pagar (Pr 31,10)– tomen con alegría, abracen con entusiasmo y lleven en sus hombros con valentía su propia cruz y no la de los demás:

* La cruz, que mi sabiduría le fabricó con número, peso y medida (Ef 3,18);
* La cruz,  cuyas dimensiones –espesor, longitud, anchura y profundidad– tracé por mi propia mano con perfección extraordinaria.
* La cruz, que les he labrado con un trozo de la que llevé al Calvario, como fruto del amor infinito que le tengo.
* La cruz, que es el mejor regalo que puedo hacer a mis elegidos en este mundo.
* La cruz, constituida en cuanto a su espesor, por la pérdida de sus bienes, las humillaciones, menosprecios, dolores, enfermedades y penalidades espirituales, que –por permiso mío– les sobrevendrán día tras día hasta la muerte.
* La cruz, constituida en cuanto a su longitud, por una serie de meses o días en que se verán abrumados de calumnias, postrados en un lecho, reducidos a mendicidad, víctimas de tentaciones, abandonos y otras congojas interiores.
* La cruz, conformada en cuanto a su anchura, por el trato más duro y amargo de parte de sus amigos, servidores o familiares.
* La cruz, conformada, por último, en cuanto a su profundidad, por las penas más ocultas con que les atormentaré, sin que logren hallar consuelo en las criaturas, las cuales, por orden mía, les volverán la espalda y se unirán a mí para hacerles sufrir.


¡Que cargue con su cruz! Que no la lleve arrastrando, ni la rechace, ni la recorte, ni la esconda. En otras palabras: que la lleve en alto, sin impaciencia , sin quejas ni críticas voluntarias, sin medias tintas ni componendas, sin avergonzarse ni ceder al respeto humano.

Que la estampe sobre su frente, diciendo con San Pablo:

"Dios me libre de gloriarme más que en la Cruz 
de Nuestro Señor Jesucristo" 
(Gal 5,14)

Que la lleve a cuestas, a ejemplo de Jesucristo, para que sea el arma de sus conquistas y el cetro de su imperio (Is 9,6.7).

Por último, que la enarbole en su corazón por el amor, para que se convierta en zarza encendida que arda sin consumirse noche y día en el amor puro de Dios (Ex 3,2).

Que cargue con su cruz, porque nada es tan necesario, tan útil, tan dulce ni tan glorioso, como padecer por Jesucristo (Hch 5,41).

Carta a los Amigos de la Cruz
San Luis Mª. Grignión de Montffort

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lunes, 26 de marzo de 2012

LAS ALMAS DEL PURGATORIO TAMBIÉN CUIDAN DE NUESTROS NEGOCIOS TEMPORALES

   “Citaré un hecho acontecido a un lejano pariente joyero.


   Volvía a casa de noche, llevando consigo las joyas más preciosas, por temor de una “visita” de los ladrones en su negocio. Un día volvió a su casa muy tarde, y temiendo ser agredido se encomendó en el camino a las Almas del Purgatorio, rezando por ellas un Rosario.




   Era medianoche cuando tomó el cruce que lo llevaba a su hogar y con temor vio a unos hombres con mala cara que lo esperaban. Con mayor intensidad invocó la protección y defensa de las almas del Purgatorio. Había una iglesia al principio del cruce y ésta improvisadamente se abrió y salió un cortejo de frailes con sacos y capuchones blancos que parecían acompañantes de un funeral.


   El capuchón era de aquellos antiguos, que hoy ya no se usan, cubría toda la cabeza y tenía sólo tres aberturas: dos para los ojos y uno para la boca. El joyero no encontró nada mejor que unirse a aquel cortejo que era visible a los ladrones apostados en la sombra.


   La esposa impaciente por lo avanzado de la hora, estaba en la ventana aguardando la llegada de su marido. Este, de hecho regresó junto al cortejo, deshecho por el temor de los ladrones, y a la vez consolado por el providencial cortejo que lo había salvado. Contó el hecho a su esposa, y fue mayor la sorpresa de ella porque le había visto regresar solo. 


   Y ya que el marido insistía en afirmar la realidad del cortejo, ella le hizo ver que a medianoche ningún funeral podía hacerse. Entonces ambos comprendieron que aquellos frailes del cortejo fúnebre, eran Ánimas del Purgatorio que acudieron en su defensa".

"El Purgatorio"  por el Padre Dolindo Ruotolo

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sábado, 24 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DE MONS. MARCEL LEFEBVRE

   Hoy se cumple el XXI Aniversario de la muerte de Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, Obispo valiente que se enfrentó a la herejía modernista, ensalzada en el Concilio Vaticano II y cuyos mortíferos frutos aún hoy sufrimos.


   A pesar de no pertenecer formalmente a la Fraternidad que fundó Monseñor Lefebvre, jamás he ocultado mi admiración -y por qué no decirlo- y hasta mi devoción por este santo varón que nada antepuso a la Verdadera Fe Católica: no le importaron las injurias, ni las calumnias, ni tan siquiera perdió la paz interior cuando lanzaron contra él la injusta e inválida excomunión.


   Estoy convencido de la santidad de Monseñor Lefebvre y de cierto que el tiempo y la Historia, lo pondrán en el lugar que realmente se merece. Mientras tanto, aquellos que de veras lo amamos, no tenemos resquicio de duda: Monseñor goza de la Visión Beatífica, y allí, junto al Trono de la Misericordia, intercede por todos sus hijos, para que sigamos su ejemplo, que no es otro que hacer -seguir haciendo- lo que Nuestro Señor nos enseñó por medio de la Santa Iglesia Católica.


BREVE SEMBLANZA DE MONSEÑOR LEFEBVRE



   Monseñor Marcel-François Lefebvre nace el 29 de noviembre de 1905, en Tourcoing, poblado ubicado en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica. Es el tercero de ocho hermanos, del matrimonio de René, fabricante textil, y Gabrielle, ambos muy piadosos. Los cinco primeros hijos entraron en religión, René y Marcel, con los padres espiritanos, Jeanne, en las religiosas reparadoras, Bernadette, futura fundadora de la hermanas de la Hermandad San Pío X y Christiane con el Carmelo reformado. Además en la familia se cuenta su primo Joseph-Charles Lefèbvre, cardenal obispo de Bourges.




   Cursó estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Tourcoing. Ya desde pequeño lo visitó la cruz pues junto a su familia les tocó padecer la invasión alemana de su ciudad durante la Primera Guerra Mundial. Su padre debió huir en 1915 por ayudar a los prisioneros ingleses y franceses a pasar las líneas, por lo que la familia sufrió mucho su ausencia agravada con la escasez de bienes básicos.
Cuando se despertó su vocación, realizó sus estudios de filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma; ahí destacó entre sus compañeros por sus cualidades como estudiante destacado y por su talante enérgico y decidido, junto a su profunda piedad, espíritu misionero y amor a la Iglesia. 



SACERDOTE Y MISIONERO


   Ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1929 por Monseñor Liénart, arzobispo de Lille. Habiendo madurado en él la idea misionera y siguiendo el paso de su hermano, se unió a la Congregación del Espíritu Santo. Tras su noviciado hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1932 fue enviado a África, más concretamente a Gabón, donde se desempeñó como misionero en diversos lugares, con una labor impresionante y con gran entrega por la difusión de la fe. En 1939 regresó a Burdeos desde Gabón. Durante el trayecto se declaró la Segunda Guerra Mundial. 


   Al poco de desembarcar fue movilizado y enviado como soldado a África. Apenas pudo despedirse de su padre, a quien no volvería a ver. René Lefebvre moriría heroicamente, tras ser arrestado en abril de 1942 por los nazis, por entregar información a Londres, ayudando así a muchos prisioneros de guerra, sería martirizado por el régimen nazi en el campo de concentración de Sonnenburg.


OBISPO, ARZOBISPO Y DELEGADO APOSTÓLICO


   Fue elevado a la dignidad episcopal por el Papa Pío XII y ordenado por el mismo Obispo que lo ordenó sacerdote, Monseñor Achille Liènart, el 18 de setiembre de 1947. Su lema episcopal es un resumen de cómo han entendido el cristianismo los santos y a la vez como lo han transmitido: “Et nos credidimus Caritati” (Y nosotros hemos creído en el Amor). 


   El Papa Pío XII lo nombró Obispo de Dakar (1948-1962), elevándolo posteriormente al rango de Arzobispo, y designándolo también Legado Apostólico (Representante del Santo Padre para toda el África francófona). En este cargo desempeñó una hermosa labor misionera en África, entregando el don de la fe a los más necesitados, labor que le valió el sincero cariño de la gente y el reconocimiento de muchos de hermanos en el episcopado mundial. 




   A la muerte de Pío XII, le destinaron sólo como Arzobispo de Dakar dejando el puesto de Legado Apostólico. Siguiendo el santo deseo que impulsara Pío XII de la promoción del clero nativo, Monseñor Lefebvre dejó la cátedra de Dakar a su discípulo Hyacinthe Thiandoum y decide volver a su patria, pero este paso le traería incomprensión y sufrimiento, pues los obispos franceses, de fuerte corte progresista, que querían reformas en la Iglesia y estaban imbuidos del espíritu del modernismo, estaban un tanto recelosos de la llegada del Arzobispo misionero, fuerte defensor de la fe tradicional, por lo que exigieron a Juan XXIII que Monseñor Lefebvre no podía pertenecer a la Asamblea de los cardenales y arzobispos franceses (germen de la futura Conferencia de obispos de Francia); Juan XXIII, quiso darle una diócesis en Francia, pero las presiones de los obispos y cardenales franceses lo obligaron a darle una pequeña diócesis, Tulle, en vez de un arzobispado aunque reconociéndole su dignidad de Arzobispo.


EN EL CONCILIO VATICANO II


   En calidad de Superior General de los Padres Espiritanos, fue llamado por Juan XXIII para formar parte de la Comisión Central Preparatoria del Concilio Vaticano II. Durante el Concilio, fundó junto a Monseñor Dom Antonio de Castro-Mayer, Obispo de Campos (Brasil), Monseñor Geraldo Proença Sigaud, Obispo de Diamantina (Brasil) y Monseñor Carli, Obispo de Segni (Italia) el Cœtus Internationalis Patrum, al que adhirieron 450 obispos, con el objeto de defender en el aula conciliar la doctrina y disciplina tradicional de la Iglesia. Esto le valió la oposición y enemistad con los obispos franceses y germanos.


FUNDADOR DE LA FRATERNIDAD DE SAN PÍO X


   Después de renunciar a su cargo de Superior General de su congregación en 1968 y a iniciativa de un grupo de seminaristas descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, en particular, el Seminario Francés de Roma, a cargo de los Padres Espiritanos, fundó en 1971 en Friburgo (Suiza), con la autorización del Obispo del lugar, Mons. François Charrière, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La casa de formación que primero funcionó en la Rue de la Vignettaz fue posteriormente trasladada a Écône (cantón del Vales, Suiza), donde la congregación hasta hoy tiene su principal instituto de formación sacerdotal. 


Seminario de la Fraternidad de San Pío X, Êcone, Suiza


   Debido a la creciente concurrencia de jóvenes deseosos de recibir una formación tradicional en el sacerdocio, rápidamente se granjeó la enemistad del episcopado francés, que llamaba al Seminario de Écône «seminario salvaje». 


   La loable labor de formar sacerdotes según la fe tradicional, le traería persecuciones de diversos sectores del episcopado mundial y desde Roma misma. Vencido el término de cinco años, durante el cual la existencia de la congregación es puesta a prueba de acuerdo con las normas canónicas, el sucesor de Mons. Charrière en la sede de Friburgo, Mons. Pierre Mamie, tras recibir una solicitud de Roma, no renovó el permiso para que la misma subsistiera, acto que posteriormente fue refrendado por una comisión de tres cardenales nombrada por Pablo VI. 


   En ese estado, Mons. Lefebvre interpuso un recurso suspensivo ante el Tribunal de la Signatura Apostólica, pero su presidente, el cardenal Dino Staffa, se negó a darle trámite respondiendo -según parece- a un pedido del Cardenal Jean Marie Villot, entonces Secretario de Estado de Pablo VI. Dado que el recurso suspensivo de supresión estaba pendiente, Mons. Lefebvre consideró que, a falta de pronunciamiento sobre un recurso suspensivo, la medida de suprimir su congregación quedaba pendiente de resolución, y por lo tanto, su congregación continuaría existiendo hasta tanto la Santa Sede no se expidiese sobre el fondo del asunto.


EL ESTADO DE NECESIDAD TRAS EL CVII


   Con ese razonamiento, no secundó el pedido que se le hiciera de cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los cuales prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio. En 1976 recibió una tan injusta como ilegítima monición canónica para que no procediera a la ordenación de la primera tanda de jóvenes formados en Écône, ante lo cual, debido al estado de necesidad reinante en la Iglesia, tuvo que desoír; esto sirvió a sus perseguidores de excusa para hacer recaer sobre él la suspensión a divinis el 22 de julio de 1976. No obstante Monseñor Lefebvre continuó su labor apostólica y de formación, difundiendo y defendiendo la fe y la liturgia tradicional de la Iglesia. 


   Eran tiempos en que muchos sacerdotes se extraviaban en doctrinas heréticas e intentaban conciliar el cristianismo con ideologías intrínsecamente opuestas a él; así nació la teología de la liberación y movimientos como Cristianos por el Socialismo. Monseñor Lefebvre siguió predicando la Fe Católica de siempre; así, el 29 de agosto de 1976, en la celebración de la Misa, advertía: "no se puede dialogar con los masones o con los comunistas, no se dialoga con el diablo!" 


   En esta misma época el clero y los religiosos en general, se secularizaban y relajaban sus costumbres, lo que daría a píe a una gran pérdida de vocaciones en el mundo y escándalos en el clero, algunos de los cuales recién se han ido sabiendo en estos años. En el mundo los seminarios se vaciaban o simplemente se cerraban; por esto, los obispos progresistas veían con malos ojos que el Seminario de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, no obstante las persecuciones y calumnias, tuviera cada vez más vocaciones y mantuviera su ritmo de evangelización. Por esto mismo se redoblarían las persecuciones y las calumnias, acusándolos de integristas, infieles al Papa y de oponerse a los cambios necesarios para el mundo de hoy.


EL ENCUENTRO DE ASÍS


   Los diversos episcopados y congregaciones en el mundo, seguían de tumbo en tumbo, con innovaciones litúrgicas y teológicas, pérdida de fieles y secularización de sus instituciones y disciplinas. En Roma se llamó aún más al error y escándalo de los fieles; en 1986, se celebró una reunión ecuménica, en Asís, en donde el Papa se reunió a hacer oración por la paz con líderes de otras religiones (algunos ni siquiera monoteístas), con esto muchos fieles cayeron (hasta hoy) en el error que todas las religiones tienen el mismo dios y el mismo valor salvífico; error que incluye además una afrenta a la Santísima Trinidad, único Dios verdadero, pues se le pone al mismo nivel de dioses tan falsos como inexistentes; lo mismo se aplica a la fe católica, la Verdadera Fe, puesta al mismo nivel que el error de cismáticos y herejes, e incluso de religiones falsas y otras ni siquiera monoteístas o con una idea trascendente de la divinidad. 




   Este "Encuentro de Asís" provocó una molestia en los fieles tradicionalistas y muchos de ellos presentaron sus reparos; Monseñor Lefebvre se opuso a este encuentro, denunciando la confusión y escándalo que despertaría en los fieles sencillos, lo que le alejó más de los Obispos en el mundo y le granjeó una mayor antipatía desde Roma en general y del Papa Wojtyla en particular.


   No obstante su espíritu siempre se mantuvo fuerte, Monseñor ve como sus fuerzas físicas decaen y su tiempo en este mundo se acababa, por lo que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado que garantice la continuación de su obra de sostén de la Tradición Católica. Tras una serie de reuniones con autoridades romanas, durante cuyo transcurso se le aseguró que el Papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo.


LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES


   Pero tan pronto como estampó su firma en el documento, el entonces cardenal Ratzinger le envió un subalterno para solicitar de él una carta pidiendo perdón al Papa por lo que había hecho. Ante esta inconcebible petición, que desconocía el acuerdo y llamaba a Monseñor Lefebvre a renegar de su obra a favor de la Tradición, se negó a hacerlo, en el entendimiento que no se puede ni debe pedir perdón por «hacer lo que debe hacerse.» Lefebvre se desdice del acuerdo y poco después, remitiéndose a aquella seguridad que se le había dado de que el Papa no se oponía a darle un sucesor, decide consagrar cuatro obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Bernard Fellay (suizo), Alfonso de Galarreta (hispano-argentino) , Richard Williamson (inglés, converso del anglicanismo) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).


LA "EXCOMUNIÓN"


   El Vaticano le negó el permiso que ya antes había dado para la ordenación, pero monseñor Lefebvre viéndose anciano, con la muerte cercana y ante el estado de necesidad en la Iglesia, decide realizar la consagración episcopal a estos cuatro sacerdotes. Amparados en un punto del nuevo código que prohíbe las consagraciones episcopales sin mandato pontificio (CIC 1382), el papa Juan Pablo II excomulga a Monseñor Lefebvre, al obispo coconsagrante y a los ordenados y presentando el acto como cismático.




   Desde ahí el progresismo y el neoconservadurismo de la Iglesia acusaban a Monseñor Lefebvre y a sus seguidores de cismáticos, afirmando que estaban fuera de la Iglesia. No obstante esto, no existía ningún fundamento teológico para hablar de cisma (lo que requiere una intención formal) y el mismo Vaticano aclaró en varias ocasiones que en este caso no se podía hablar de cisma, si no sólo de situación canónica irregular, y que la Fraternidad está dentro de la Iglesia.


LA FIDELIDAD A LA ROMA DE SIEMPRE


   La posición de Monseñor Lefebvre y de la Fraternidad San Pío X ha sido siempre de obediencia y sujeción al Romano Pontífice en todo lo que es magisterio infalible, aunque resisten las orientaciones pastorales que se han realizado después del Concilio Pastoral Vaticano II, cosa que por sí misma no constituye negación de ningún dogma de fe. El problema entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X es, por tanto, de materia disciplinar, no dogmática.


   Lo esencial en la controversia entre Mons. Lefebvre y el Vaticano son esencialmente cuatro novedades teológicas introducidas por el Concilio Vaticano II y el magisterio posterior: La protestantización del nuevo ritual de la Misa (de hecho el Papa Pablo VI le pidió a pastores protestantes que participaran en su elaboración), el ecumenismo y la libertad religiosa (que desdicen la afirmación de la fe católica como única verdadera) y la colegialidad (que contradice el Primado Petrino definido en el Concilio Vaticano I). 


   El 24 de enero de 2009, 18 años después de la muerte del Arzobispo, cuando el papa Benedicto XVI levantó las "excomuniones", además de haber declarado un par de años antes que la Misa Tradicional nunca había abolida y que prohibir su celebración (práctica habitual en todas partes) era ilícito. 


   Con todo, Monseñor Lefebvre acertó plenamente con las consagraciones, pues asegurarse un sucesor era vital para la permanencia de la Tradición en la Iglesia, pues al Arzobispo misionero le quedaban pocos años de vida.


LA HORA DE PARTIR AL CIELO


   Tras una larga vida, llena de fecundidad apostólica y persecuciones por el anuncio de la verdad, Monseñor Marcel Lefebvre dejó este mundo, el día en que se celebraba la Encarnación del Verbo, y además en plena Semana Santa, el 25 de marzo de 1991, ambas fechas son significativas de lo que fue la vida de Monseñor, configurado con el ministerio de Cristo en la predicación de la verdad y en la aceptación de la Cruz.




   Su muerte tuvo lugar en la ciudad de Martigny, Suiza. Sus restos se encuentran en el Seminario de Écône, con un significativo epitafio tomado de San Pablo, que él mismo pidió se escribiese en su tumba: “Tradidi quod et accepi” (he transmitido lo que recibí).

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ESTAMPA CON ORACIÓN, PARA LA DEVOCIÓN PRIVADA

Esta estampa está preparada para ser imprimida; se puede doblar y plastificar.

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NUESTRA SEÑORA, SOBERANA DEL CIELO Y DE LA TIERRA

   María manda en el cielo a los Ángeles y a los Bienaventurados. Como recompensa de su profunda humildad, Dios le ha dado el poder y el encargo de llenar de Santos los tronos vacíos de los ángeles apóstatas caídos por el orgullo. Tal es la voluntad del Altísimo, que engrandece a los humildes, que el cielo, la tierra y el infierno se sujetan de bueno o de mal grado a los mandatos de la humilde María, a quien ha hecho Soberana del Cielo y de la tierra, generala de sus ejércitos, tesorera de su hacienda, dispensadora de sus gracias, obradora de sus grandes maravillas, reparadora del género humano, mediadora de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios y fiel compañera de sus grandezas y de sus triunfos.



   El Eterno Padre quiere tener siempre hijos por María hasta la consumación de los siglos, y le dice estas palabras: Residirás en Jacob (Eccli. 24,13), esto es, harás tu domicilio y residencia en mis hijos y predestinados, figurados por Jacob, y de ningún modo en los hijos del demonio y de los réprobos, figurados por Esaú.

   De la misma manera que en el orden natural es necesario que un hijo tenga padre y madre, así en el orden de la gracia todas las verdaderas criaturas de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre; y quien no tenga a María por Madre, no tiene por Padre a Dios. Por eso tanto los réprobos como los herejes, los cismáticos, etcétera, que odian o miran con desprecio o indiferencia a la Santísima Virgen, no tienen a Dios como Padre por más que de ello se jacten, porque no tienen a María por Madre; pues si la poseyesen como Madre, la amarían y honrarían de la misma manera que un buen hijo ama naturalmente y honra a la madre que le ha dado la vida.

San Luis Mª. Grignión de Montfort.
Tratado de la Verdadera Devoción

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viernes, 23 de marzo de 2012

EL AMOR DEL ALMA ( VI ) Meditaciones de la Pasión de Jesucristo, por San Alfonso Mª. de Ligorio

   Sobremanera tierna, amorosa y llena de bondad fue la declaración que hizo el Redentor de su venida al mundo, cuando dijo: “Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué he de querer, sino que arda? (1).




   Vine a encender en las almas el fuego del amor divino, y todo mi afán es ver abrasados en estas sagradas llamas a todos los corazones de los hombres. Y luego añadió que ambicionaba ser bautizado con bautismo de sangre, no para purificarse de las manchas de sus propios pecados (puesto que era impecable), sino para borrar los nuestros, ya que los venía a expiar con sus trabajos. “Se llama bautismo a la Pasión de Cristo, dice San Buenaventura, porque con Su Sangre quedan purificadas nuestras almas” (2).


   Para darnos a entender Nuestro Amoroso Redentor las ansias vivísimas que tenía de morir por nosotros, con dulces y abrasadas expresiones de amor nos dice que sentía indecibles angustias, porque se retardaba el tiempo de su Pasión, tan grande era el deseo que tenía de padecer por nuestro amor. Estas son sus admirables palabras: “Con un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo traigo en prensa mi corazón hasta que no se cumpla! (3).


   ¡Oh Dios enamorado de los hombres! ¿qué más podíais hacer y decir para ponerme en la obligación de amaros? ¿Qué provechos podíais sacar de mi amor, que para conquistarlo quisisteis morir, y tanto suspirabais por la muerte?


   Si uno de mis criados hubiera manifestado deseos de morir por mí, con sólo esto se hubiera conquistado mi amor: y ¿podré yo vivir sin amaros con todo mi corazón, a Vos, Rey mío y Dios mío, que habéis muerto por mí y me habéis tenido tan grandes deseos de padecer para conquistar mi amor?

(1) Luc. XII, 49
(2) In Ev. S. Luc., cap.XII, n.71
(3) Luc. XII, 50

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jueves, 22 de marzo de 2012

MONS. LEFEBVRE Y LA SANTA MISA ( II )

   Ya que os he hablado de Sacrificio, hablemos ahora de la segunda cosa necesaria, esencial, que es la Presencia Real de Nuestro Señor, en la Sagrada Eucaristía. Si se elimina la Transubstanciación -esta palabra es de una importancia capitall-, porque, al suprimirla, se omite la presencia real, y deja, por tanto, de haber Víctima.


   Deja de haber Víctima para el Sacrificio. Y, por tanto, deja de haber Misa. Dicho de otra forma: deja de existir Sacrificio y nuestra Misa es vana. Nos quedamos sin Misa. (Ha dejado de ser el Sacrificio que nos dio Nuestro Señor, en la Santa Cena y en la Cruz y que les mandó a los Apóstolesperpetuar sobre el altar). Es el segundo elemento indispensable. Primero, el Sacrificio, luego, la Presencia Real. Hablemos ahora del Carácter Sacerdotal del Ministro.




   Es el sacerdote el que ha recibido el encargo, de Dios Nuestro Señor, de continuar el Sacrificio y de ninguna manera los fieles. Cierto es que los fieles se han de unir al Sacrificio, unirse de todo corazón, con toda su alma, a la Víctima, que está sobre el altar, como debe hacerlo también el sacerdote. Pero los fieles no pueden ofrecer, en manera alguna, el Santo Sacrificio, "in persona Christi", como el sacerdote.


   El sacerdote está configurado al Sacerdocio de Cristo, está marcado para siempre, para la eternidad. "Tu est sacerdos in aeternum"... Sólo él puede ofrecer verdaderamente el Sacrificio de la Misa, el Sacrificio de la Cruz. Y, por consiguiente, sólo él puede pronunciar las palabras de la Consagración.


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martes, 20 de marzo de 2012

CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ ( IV )

"NIÉGUESE A SÍ MISMO..."

   El que quiera, pues, venirse conmigo, anonadado y crucificado de ese modo (Ver Flp 2,6-8), debe a imitación mía, gloriarse sólo en las promesas, las humillaciones y
padecimientos de mi Cruz: que se niegue a sí mismo. 

   ¡Lejos de la compañía de los Amigos de la Cruz, los que sufren con actitud orgullosa! ¡Lejos, esos célebres sabios de este siglo, esos genios poderosos y agudos intelectuales, hinchados y engreídos de sus propias luces y talentos!


   ¡Lejos, esos hábiles charlatanes, que arman mucho ruido, sin otro fruto que la vanidad! ¡Lejos, esos devotos orgullosos, que hacen resonar por todas partes el “en cuanto a mí” de Lucifer, el orgulloso: no soy como los demás (Ver Lc 18,11), y no pueden soportar que los censuren, sin excusarse; que los ataquen , sin defenderse; que los humillen, sin ensalzarse!

   ¡Mucho cuidado! Nada de admitir en sus filas a esas personas delicadas y sensuales que rehuyen hasta la menor molestia, que maldicen y se quejan ante el dolor más insignificante, que jamás han experimentado instrumentos de penitencia y que mezclan sus devociones, hechas a la moda, con la más solapada y refinada sensualidad y falta de mortificación.


Carta a los Amigos de la Cruz
San Luis Mª. Grignión de Montfort

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lunes, 19 de marzo de 2012

SAN JOSÉ, NUESTRO PADRE Y SEÑOR, PATRÓN DE LA IGLESIA UNIVERSAL

GLORIOSO PATRIARCA SAN JOSÉ
Esposo de Nuestra Señora, Padre Putativo de Cristo
Maestro de oración y de vida interior
Patrono de los Moribundos 
Ejemplo de Padre de Familia Cristiana


"Brillan en él, sobre todo, las virtudes de la vida oculta, en un grado proporcionado al de la gracia santificante: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad, que no puede ser quebrantada por ningún peligro; la sencillez, la fe, esclarecida por los dones del Espíritu Santo; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardó el depósito que se le confiara con una fidelidad proporcionada al valor de este tesoro inestimable" 

(Garrigou-Lagrange)

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  ¿Qué guardián o qué patrón va darle Dios a su Iglesia? Pues el que fue el protector del Divino Niño Jesús 
y de María Nuestra Señora

   Cuando Dios decidió fundar la familia divina en la tierra, eligió a San José para que sea el Protector y Custodio de su Hijo; para cuando se quiso que esta familia continuase en el mundo, esto es, de fundar, de extender y de conservar la Iglesia, a San José se le encomienda el mismo oficio.


   Un corazón que es capaz de amar a Dios como a hijo y a la Madre de Dios como a esposa, es capaz de abarcar en su amor y tomar bajo su protección a la Iglesia entera, de la cual Jesús es cabeza y María es Madre.

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La presente estampa con las "Letanías a San José", está preparada para ser impresa; luego se puede doblar a la mitad y plastificar. Sólo pincha sobre la imagen y guárdala

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viernes, 16 de marzo de 2012

NUESTRA SEÑORA, PERFECTA INTERCESORA

   Perfeccionando la gracia a la naturaleza, y perfeccionando la gloria a la gracia, es cierto que Nuestro Señor, hasta en el cielo, es tan Hijo de María como lo era en la tierra, y que, por consiguiente, ha conservado la sumisión y la obediencia más perfecta de todas las criaturas hacia la mejor de todas las madres.


   Pero conviene no ver en esta dependencia la menor humillación o imperfección en Jesucristo, pues encontrándose María muy por debajo de su Hijo, que es Dios, no le manda como una madre de la tierra mandaría a su hijo, que es inferior a ella; María, transformada toda en Dios por la gracia y por la gloria que transforma a todos los Santos en El, no pide, no quiere ni hace cosa alguna que sea contraria a la eterna e inmutable voluntad de Dios.




   Así, cuando se lee en los escritos de los Santos Bernardo, Buenaventura, Bernardino, etc., que en el cielo y en la tierra, todo, incluso el mismo Dios, está sometido a la Santísima Virgen, se entiende que la autoridad que Dios ha tenido a bien confiarle es tan grande, que parece que posee el mismo poder que Dios, y que sus ruegos y peticiones tienen tanto poder para con Dios, que siempre pasan como mandatos de un Dios que nunca desoye el ruego de su querida Madre, porque siempre respeta y se conforma con su voluntad.


   Si Moisés, por la fuerza de su ruego contuvo la ira de Dios sobre los israelitas de un modo tan poderoso, que no pudiendo el Altísimo y misericordioso Señor desestimarlo, le dijo que le dejase encolerizarse y castigar a ese pueblo rebelde, ¿qué debemos pensar nosotros, con más motivo, de las súplicas de la humilde María y digna Madre de Dios, que tiene más influencia para con su Majestad que las oraciones e intercesiones de los ángeles y de los Santos todos del cielo y de la tierra? (Exodo 32,10).


San Luis Mª Grignión de Montfort
Tratado de la Verdadera Devoción

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EL AMOR DEL ALMA ( V ) Meditaciones de la Pasión, de San Alfonso Mª. de Ligorio

   Jesucristo, desde la Encarnación, sufrió más que todos los mártires. Baja del Cielo a la tierra el Verbo Divino para hacerse hombre, y entra en el mundo con tantas ganas de padecer por nuestro amor, que no quiso pasar ni un momento sin sufrir a lo menos con la aprensión.




   Apenas fue concebido en el seno de Nuestra Señora, se presentaron en su mente todos los trabajos que había de padecer en Su Pasión, y para impetrarnos el perdón de los pecados y la gracia divina, los ofreció al Eterno Padre, a fin de satisfacer con sus penas todos los castigos que nuestros pecados merecían; con este intento comenzó desde entonces a padecer todo lo que más tarde habría de sufrir en su amarguísima muerte.


   ¡Amorosísimo Redentor mío!, y yo entretanto, ¿qué he hecho, qué es lo que por Vos he padecido?. Aunque por espacio de mis años estuviese padeciendo los tormentos que han tolerado todos los Mártires, sería bien poco comparado con aquel primer instante en que os ofrecisteis y comenzasteis a padecer por mi amor.


   Jesucristo no dejó de padecer desde el primer instante de su existencia todos los tormentos de Su Pasión; porque desde aquel momento quedó dibujado a su visto todo el retablo de las ignominias y humillaciones que recibiría de los hombres. Razón tenía para exclamar por boca del Profeta: "Siempre tengo a la vista mi dolor" (Ps. XXXII, 18).


   Cierto día se apareció Cristo Crucificado a Sor Magdalena Orsini y la alentó a sufrir en paz la tribulación que desde largo tiempo la aquejaba. La Sierva de Dios le respondió: "Vos, Señor, habéis estado pendiente de la Cruz sólo tres horas, y yo vengo padeciendo largos años esta tribulación". Nuestro Señor reprendió su ignorancia y le reveló:


 "Desde el primer instante que fui concebido en el seno de mi Madre, padecí en el corazón todo lo que más tarde padecí en la Cruz"

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