miércoles, 8 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, MODELO DE LOS CARMELITAS



   Nos cuenta Ana de Jesús, compañera de Santa Teresa, en los procesos de beatificación, cómo se le apareció San José cuando iban de camino a Beas de Segura, para fundar en aquella villa un nuevo convento: “Perdidos en los riscos de Guadalinfierno, y abocados a unos precipicios horrorosos de corte vertical de unos trescientos metros de profundidad, la Santa recomienda a las ocho monjas que pidan a Dios, a nuestro Padre San José que nos encaminen, porque íbamos perdidos, y en esto oyen una voz que sale desde la abismal hondanada que les dice: “Tenéos, tenéos, que vais perdidos y os despeñaréis si pasáis por ahí”. 

   Con las indicaciones del misterioso personaje, surgido de improviso, se encuentran en camino franco; algunos quieren ir a buscar al hombre para agradecerle el haberles salvado la vida. Mientras ellos buscan al hombre, la Santa dice a sus monjas con mucha devoción y lágrimas: “No sé para qué le dejamos ir, que era mi Padre San José y no le han de hallar”. Realmente San José iba al lado de la Santa para protegerla.


   "Y tomé por abogado y señor al Glorioso San José y me encomendé mucho a Él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este Padre y Señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir. No me acuerdo hasta hoy de haberle suplicado nada que no me lo haya concedido."

   "Parece que Jesucristo quiere demostrar que así como San José lo trató tan sumamente bien a El en esta tierra, El le concede ahora en el cielo todo lo que le pida para nosotros. Pido a todos que hagan la prueba y se darán cuenta de cuán ventajoso es ser devotos de este Santo Patriarca".

   "Quien no hallare maestro que le enseñe a orar, tome a este Glorioso Santo por maestro y no errará el camino. No quiera el Señor que haya yo errado atreviéndome a hablar de Él; porque aunque publico que soy devota suya, en servirle y en imitarle siempre he fallado. Pues Él hizo, como quien es, que yo pudiera levantarme y no estar tullida; y yo, como quien soy, usando mal de esta merced."


                                                                                                                         (Vida de Santa Teresa de Jesús, Capítulo 6 )




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