sábado, 4 de marzo de 2017

"VENDRÉ A PEDIR LA COMUNIÓN REPARADORA DE LOS PRIMEROS SÁBADOS"


En la tercera aparición en Fátima, el 13 de julio de 1917, Nuestra Señora había dicho:
"Vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados".
El mensaje de Fátima no estaba, pues, definitivamente concluido con el ciclo de las apariciones de Cova de Iría en 1917.



Así, en el día 10 de diciembre de 1925, la Santísima Virgen, teniendo a su lado al Niño Jesús sobre una nube luminosa, se apareció a la Hna. Lucía en su celda, en la Casa de las Doroteas de Pontevedra. Poniéndole la mano en el hombro, le mostró un corazón rodeado de espinas, que tenía en la otra mano. El Niño Jesús, señalándolo, exhortó a la vidente con las siguientes palabras: "Ten pena del Corazón de tu Santísima Madre, que está rodeado con las espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan, sin haber quién haga un acto de reparación para quitárselas".
Más adelante, la Virgen añadió:
"Mira, hija mía, mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos, a cada momento,me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, haz algo por consolarme y di que a todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me acompañen quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación".
El día 15 de febrero de 1926, la Hna. Lucía expone al Niño Jesús, en una nueva aparición que tuvo en Pontevedra, las dificultades que tenían algunas personas de confesarse el sábado, y pidió que fuese válida la confesión dentro de los ocho días. Jesús respondió:
"Sí, puede ser, y hasta de muchos días más, con tal de que cuando me reciban estén en gracia y tengan la intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María".
La Hna. Lucía incluso levantó la hipótesis de que alguien se olvide de poner la intención al confesarse, a lo que Nuestro Señor respondió: "Pueden ponerla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tengan para confesarse".
En la vigilia del 29 al 30 de mayo de 1930, Nuestro Señor, hablando interiormente a la Hna. Lucía, resolvió también otra dificultad: "Será igualmente aceptable la práctica de esta devoción el domingo siguiente al primer sábado, cuando mis sacerdotes, por justos motivos, así lo determinen".

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