jueves, 20 de julio de 2017

NUESTRO PADRE SAN ELÍAS, FUNDADOR DEL CARMELO





 "A ejemplo e imitación del santo y solitario
 varón Elías profeta, muchos anacoretas 
se retiraron en el Monte Carmelo..."


     Escondido en una cueva esperaba la visita de Dios. No lo reconoce en el viento fuerte y poderoso que rompía montes y quebraba peñas, ni en el terremoto, ni en el fuego que siguen. Elías sale al encuentro de Dios cuando oye un ligero y blando susurro.”…- ¿qué haces aquí Elías?…Y él respondió: Me consume el celo por el Señor Dios de los Ejércitos.” Este es el lema de los carmelitas en latín: “Zelo Zetus sum pro Domino Deo exercituum”.






miércoles, 19 de julio de 2017

SAN JOSÉ, TIERNO PADRE, PROTEGE AL CARMELO



 San José, tu vida transcurrió en la sombra, humilde y escondida,

¡pero fue tu privilegio contemplar muy de cerca 
la belleza de Jesús y de María!
San José, tierno Padre, protege al Carmelo;
que en la tierra tus hijos gocen ya la paz del Cielo.

2. Más de una vez, el que es Hijo de Dios 
y entonces era niño, sometido en todo a tu obediencia,
¡descansó con placer sobre el dulce refugio 
de tu pecho amante!
San José, tierno Padre, protege al Carmelo;
que en la tierra tus hijos gocen ya la paz del Cielo.

3. Y, como tú, nosotras servimos a María y a Jesús 
en la tranquila soledad del monasterio.
Nuestro mayor cuidado es contentarles, no deseamos más.
San José, tierno Padre, protege al Carmelo;
que en la tierra tus hijos gocen ya la paz del Cielo.

4. A ti Nuestra Santa Madre Teresa 
acudía amorosa y confiada en la necesidad,
y asegura que nunca dejaste de escuchar su plegaria.
San José, tierno Padre, protege al Carmelo;
que en la tierra tus hijos gocen ya la paz del Cielo.

5. Tenemos la esperanza de que un día,
cuando haya terminado la prueba de esta vida,
iremos a verte, Padre, al lado de María.
San José, tierno Padre, protege al Carmelo
y, tras el destierro de esta vida, ¡reúnenos en el Cielo!

Santa Teresita del Niño Jesús
y de la Santa Faz
(1894)

martes, 18 de julio de 2017

SOR CONSOLATA BETRONE, CLARISA CAPUCHINA, CONFIDENTE DE NUESTRO SEÑOR



          Pierina Betrone nació en Saluzzo (Cúneo, Italia) el 6 de abril de 1903. Desde muy pequeña estuvo inclinada a la piedad, soñando con ser algún día misionera, por eso, hasta en tres ocasiones intentó consagrarse en congregaciones de vida activa, pero siempre aparecieron impedimentos que cortaron de raíz sus buenas intenciones.

          Su confesor, el Padre Accomasso, le sugirió entonces entrar en el monasterio de Capuchinas de Turín. Pierina, obediente a la voz de su Director, solo acertó a decir "nada me atrae de las Capuchinas"; ingresó en el Monasterio el 17 de Abril de 1929, para tomar el hábito el 28 de Febrero de 1930, momento en el que tornó su nombre de pila por el de María Consolata.

          Fue precisamente en este día que se reveló el Sagrado Corazón de Jesús para rogarle: 

"Sólo te pido esto: un acto de amor continuo"

          A partir de ese momento, viviría una íntima unión con Aquél que es Rey y Centro de todos los corazones. Su nuevo nombre, Consolata, con el que empezaba su vida como esposa de Cristo, sería el eje de su vida: consolar al Sagrado Corazón de Jesús por tantos pecados e indiferencias. Por eso se resolvió a vivir penitente y abnegada por la Voluntad de Dios, pero oculta a los ojos del mundo ya aún a los de sus Hermanas Capuchinas.

          El 8 de Abril de 1934 hizo los votos perpetuos; fue fiel en sus diferentes labores como cocinera, zapatera y portera. El 22 de Julio de 1939, sería destinada a la nueva fundación capuchina de Moriondo Moncalieri, donde desempeñó las funciones de enfermera y secretaria.

          Su unión con el Sagrado Corazón de Jesús la llevó a convertirse en "Cirenea" de Cristo, que le reveló su dolor por un mundo cada vez más hundido en la ruindad y en la miseria del pecado. 

          Por eso, el Divino Corazón le enseñó un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada vez que lo pronunciase salvaría el alma de un pecador y repararía mil blasfemias.

   Jesús, María, Os amo, Salvad las Almas

En esa simple fórmula se condesaban los tres amores de todo cristiano:
 Nuestro Señor  Jesucristo, la Virgen Santísima y las almas
 por las que Cristo derramó Su Preciosa Sangre.

          El Sagrado Corazón le reveló además:

Piensa en Mí y en las almas. 
En Mí, para amarme; 
en las almas, para salvarlas

 (22 de Agosto de 1934)

          Nuestro Señor le explicó que ese Acto de Amor, debía recitarlo "Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de Mayo de 1936). Y ese mismo Divino Corazón le insistía:

"Consolata, di a las almas que prefiero un Acto de Amor 
a cualquier otro don que puedan ofrecerme; 
tengo sed de amor" 

(16 de Diciembre de 1935).

          El 24 de septiembre de 1945 sor Consolata pidió media jornada de reposo y se extendió. La Madre Abadesa le probó la fiebre: ¡ casi 39° ! En junio de 1939 se le escapó una frase de su pluma:"Me cuesta morir a pedacitos". En su oculta situación de enfermedad y la rigurosa vida de penitencia se sumarían en breve también los difíciles años de la segunda Guerra Mundial.


          Consolata padecería literalmente el hambre, pero con la generosidad de siempre. Fue el último acto de amor: el que le costó la vida. En el invierno de 1944 su color cadavérico la traicionó. Por obediencia se sometió a una visita médica. El dictamen del médico fue simplemente: "Esta religiosa no tiene ninguna enfermedad: está extenuada"

          El 25 de octubre de 1945 la radiografía descubrió la catástrofe en sus pulmones. El 4 de noviembre partió hacia el sanatorio. Ahí permanecería hasta el 3 de julio de 1946, cuando una ambulancia la llevaría de nuevo, consumida hasta lo imposible, al Monasterio de Moriondo. La Hermana muerte la visitó al alba del 18 de julio.

          Que este Acto de Amor, "Jesús, Maria, os amo, salvad almas", sea nuestro primer pensamiento al despertar; durante el día repítelo frecuentemente, en casa, en la calle, mientras conduces... después de las oraciones de la noche, prueba a encontrar el sueño mientras repites con cariño el Acto de Amor.



domingo, 16 de julio de 2017

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, ALEGRÍA DE LOS QUE A ELLA SE ENTREGAN




      El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es una dádiva de la protección y del maternal cariño de la Reina del Cielo hacia los hombres. Su historia está estrechamente ligada a la Orden del Carmen, que se remonta según una antigua tradición a los santos profetas Elías, Eliseo y a sus discípulos, que se establecieron en el Monte Carmelo, en Palestina.

      De acuerdo con esa misma tradición, ellos ya veneraban a Aquella que vendría a ser la Madre del Redentor, simbolizada por la nubecita que apareció cuando San Elías pedía el fin de la prolongada sequía que los asolaba (cf. 3 Reyes 18, 41-45), y de la cual cayó una lluvia bendita que reverdeció la tierra.

      Estos ermitaños se sucedieron a través de las generaciones hasta la Edad Media, y cuando los musulmanes conquistaron Tierra Santa, tuvieron que huir hacia Europa. Allí enfrentaron grandes dificultades corriendo riesgo de extinción.



      Fue entonces que un carmelita inglés, San Simón Stock, hombre penitente y de mucha santidad, fue electo Superior General de la Orden. Angustiado con la situación en que se encontraban, comenzó a suplicar incesantemente a la Virgen para que los protegiese.

      El 16 de julio de 1251, mientras rezaba fervorosamente en su convento de Cambridge (Inglaterra), se le apareció Nuestra Señora revestida del hábito carmelita, portando en sus brazos al Niño Jesús y extendiéndole un escapulario le dijo estas palabras:



Recibe, queridísimo hijo, 
este   Escapulario   de   tu   Orden, 
señal de mi confraternidad, 
privilegio para ti 
y para todos los Carmelitas. 

Todo aquel que muera con él revestido, 
no arderá en las llamas del infierno. 

Él es, pues, una señal de salvación, 
una seguridad de paz 
y de eterna alianza

      En 1314, la Madre de Dios se apareció nuevamente, esta vez al Papa Juan XXII, confirmando su especial protección a los que usasen el Escapulario, y prometiendo además que los libraría del Purgatorio el primer sábado después de la muerte.

      Esto llevó a Pontífices, monarcas, religiosos de otras órdenes y personas de todas las condiciones a querer participar de este privilegio, recibiendo el Escapulario como un símbolo de devoción a María Santísima y de salvaguarda contra los enemigos del alma y del cuerpo. 














viernes, 14 de julio de 2017

"SU MIRADA ME ILUMINARÁ Y FORTALECERÁ"



"ESCUCHA LOS LATIDOS DE MI CORAZÓN"


     "Hoy, Jueves 21 de Octubre (de 1920), en la oración le estaba pidiendo almas que le amen: Si deseáis amor, Jesús mío, traed muchas almas a esta Sociedad, porque aquí aprenderán a amar Vuestro Corazón Divino.

     Luego, durante la acción de gracias, he visto el Corazón solo, con la corona de espinas y muy encendido...creo que estas llamas no son más que amor. Un momento después he visto a Jesús que, extendiendo los brazos me ha dicho:


     Diciendo estas palabras me ha vuelto a recostar sobre Su Corazón para escuchar Sus latidos; a cada uno de ellos yo estaba en una especie de agonía.

          -Ya sabes que te quiero víctima de Mi Amor, pero no te dejaré sola. Abandónate a Mi Corazón."


   El 19 de Diciembre de 1920, por la mañana, oye la voz del Maestro:

          -¡Josefa!

     Me sentí como atraída y fui al Noviciado. En seguida le vi. Salía de Su Corazón un raudal de agua purísima.

          -Es la corriente del Amor, Josefa, pues tu martirio será de amor.

     ¡Dios mío, para ganaros almas no volveré a titubear; sufriré cuanto sea preciso. Lo que quiero es no salir jamás de Vuestro Corazón.

         -Así me consuelas, Josefa. No te pido más. Si eres pobre, Yo soy rico. Si eres débil, Yo soy fuerte. Lo que te pido es que no me rehúses nada. Escucha los latidos de Mi Corazón. Es por las almas: las llamo, las espero...las vuelvo a llamar. Y mientras no responden, espero contigo. Sufrimos, pero al fin vendrán...Sí, vendrán pronto. 





sábado, 8 de julio de 2017

CONSIGUE LAS GRACIAS NECESARIAS PARA LA SALVACIÓN









¿POR QUÉ DESAGRAVIAR A NUESTRA SEÑORA
DURANTE CINCO SÁBADOS?

Según explicara la misma Sor Lucía de Fátima
por cinco tipos de ultrajes

1-Blasfemias contra Su Inmaculada Concepción.

2-Blasfemias contra Su virginidad,

3-Blasfemias contra su Maternidad Divina,
 rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

4-Contra los que procuran públicamente infundir
 en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio
 y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.

5-Contra los que la ultrajan directamente en Sus sagradas imágenes.




viernes, 7 de julio de 2017

PRIMER VIERNES: "NO MORIRÁN EN MI DESGRACIA..."





Condiciones para ganar esta gracia:

      1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (obviamente, sin estar en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la Misa dominical). Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón.

      2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

      3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.



ORACIÓN PARA DESPUÉS DE CADA UNA DE LAS COMUNIONES 
DE LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES

     Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometisteis la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos, acordaos de esta promesa y a mi, indigno siervo vuestro que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo y amabilísimo Corazón. Amén.





jueves, 6 de julio de 2017

LA MÁRTIR DE LA PUREZA, SANTA MARÍA GORETTI


          Nació en Corinaldo, Italia, el año 1890, de una familia humilde. Su niñez, bastante dura, transcurrió en Nettuno (cerca de Roma), y durante ella se ocupó en ayudar a su madre en las tareas domésticas. Era piadosa y asidua en la oración. El 6 de Julio de 1902, a los once años de edad, fue amenazada con un punzón por Alessandro Serenelli, un joven que trató de abusar de ella. Ella prefirió morir antes que pecar. Durante su agonía perdonó a su atacante, quién, tras años de cárcel, se convirtió.




     De todo el mundo es conocida la lucha con que tuvo que enfrentarse, indefensa, esta virgen; una turbia y ciega tempestad se alzó de pronto contra ella, pretendiendo manchar y violar su angélico candor. En aquellos momentos de peligro y de crisis, podía repetir al divino Redentor aquellas palabras del áureo librito De la imitación de Cristo: "Si me veo tentada y zarandeada por muchas tribulaciones, nada temo, con tal de que tu gracia esté conmigo. Ella es mi fortaleza ; ella me aconseja y me ayuda. Ella es más fuerte que todos mis enemigos."  Así, fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida sin perder la gloria de la virginidad.
 
     En la vida de esta humilde doncella, tal cual la hemos resumido en breves trazos, podemos contemplar un espectáculo no sólo digno del Cielo, sino digno también de que lo miren, llenos de admiración y veneración, los hombres de nuestro tiempo.  Aprendan los padres y madres de familia cuán importante es el que eduquen a los hijos que Dios les ha dado en la rectitud, la santidad y la fortaleza, en la obediencia a los preceptos de la Religión Católica, para que, cuando su virtud se halle en peligro, salgan de él victoriosos, íntegros y puros, con la ayuda de la gracia divina.
 
     Aprenda la alegre niñez, aprenda la animosa juventud a no abandonarse lamentablemente a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar  con firmeza, por muy arduo y difícil que sea el camino que lleva a la perfección cristiana, perfección a la que todos podemos llegar tarde o temprano con nuestra fuerza de voluntad, ayudada por la gracia de Dios, esforzándonos, trabajando y orando.
 
     No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución (acción y efecto de conseguir) de la virtud cristiana. Pero esta virtud requiere una fortaleza  que, aunque no llegue a igualar el grado cumbre de esta angelical doncella, exige, no obstante, un largo, diligentísimo e ininterrumpido esfuerzo, que no terminará sino con nuestra vida. Por esto, semejante esfuerzo puede equipararse a un lento y continuado martirio, al que nos amonestan aquellas palabras de Jesucristo: El Reino de los Cielos se abre paso a viva fuerza, y los que pugnan por entrar lo arrebatan.
 
     Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; sírvanos de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo.


(Papa Pío XII, en el Sermón de la Canonización de Santa María Goretti, 
el 24 de Junio de 1950)




domingo, 2 de julio de 2017

PROFANAN LA IMAGEN DE JESÚS DE MEDINACELLI



     La DIFUSORA BÍBLICA FRANCISCANA, es una tienda religiosa que he visitado varias veces, ya que está situada junto a la Basílica de Jesús de Medinacelli, imagen a la que profeso devoción.
     En el cartel de dicho negocio usan el término "Bíblica", pero, ¿qué Biblia han leído estos? Tal vez han ignorado algunas citas referentes a las desviaciones.
     La Fe Católica en su integridad hay que aceptarla tal cual es, sin quitar ni añadir nada; la Doctrina no entiende de modas ni tiene ir con el mundo, sino que somos los bautizados los que debemos abrazar y seguir la genuina religión, la de nuestros padres y abuelos, y no esta "filosofía del todo vale" surgida tras el Vaticano II.
     La Apostasía es cada vez más evidente; el Retorno del Señor no está lejano...
     Miserere nobis, Dómine


sábado, 1 de julio de 2017

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR, ÚNICA ESPERANZA DE LAS ALMAS

      La piedad de los fieles dedica el mes de Julio a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, en honor de la cual la Iglesia celebra el primer día de este mes una solemne fiesta litúrgica; en torno a este tema, grato a todas las almas cristianas, deseamos, pues, hablaros hoy brevemente.

      En una hora de luchas gigantescas, en que la sangre humana corre a borbotones en el mundo, ojalá pueda la contemplación de las maravillas de la Sangre Divina, derramada por puro amor y manantial inagotable de reconciliación y de paz, ser aliento para vuestros corazones y esperanza para vuestras almas.




      Adorando este Augusto Sacramento, habéis repetido muchas veces con la Sagrada liturgia: “Pange, lingua, gloriosi Corporis mysterium Sanguinisque pretiosi“: canta, oh lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la preciosa Sangre...

      Esta expresión, usada por San Pedro cuando escribía a los cristianos de su tiempo: “Sabed que habéis sido rescatados no a precio de cosas corruptibles de oro o de plata…, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de cordero inmaculado e incontaminado”, no ha cesado de usarse en las oraciones devotas, como por ejemplo en el versículo del Te Deum que se recita de rodillas: “Te ergo quæsumus, tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti“: ven pues, oh Señor, en ayuda de tus siervos, que has redimido con tu Preciosa Sangre.

      Es muy natural que todo hombre estime su sangre como un bien de gran valor, porque ésta tiene la función de transportar a los varios tejidos el material nutritivo y el oxígeno, mientras sus glóbulos blancos defienden el organismo contra las invasiones de bacterias. Uno de los primeros cuidados de los padres es, por eso, transmitir a sus hijos una sangre no alterada ni empobrecida por enfermedades internas, por contaminaciones externas o por degeneración progresiva.

      Recordad, sin embargo, que cuando vosotros llamáis a los hijos herederos de vuestra sangre, debéis referiros a algo más alto que la sola generación corporal. Vosotros sois, y vuestros hijos deben ser, brotes de una estirpe de santos, según la frase de Tobías a su joven esposa: “Filii Sanctorum sumus”, es decir, de hombres santificados y participantes de la naturaleza divina por medio de la gracia sobrenatural.

      El cristiano, en virtud del Bautismo, que le ha aplicado los méritos de la Sangre Divina, es hijo de Dios, uno de aquellos, según el Evangelista San Juan, “que creen en su nombre; los cuales no por la sangre, ni por voluntad de la carne, ni por voluntad de hombre, sino de Dios, han nacido”.



      Por consiguiente, en un pueblo de bautizados, cuando se habla de transmitir la sangre a los descendientes, que deberán vivir y morir, no como animales sin razón, sino como hombres cristianos, es preciso no restringir el sentido de aquellas palabras a un elemento puramente biológico y material, sino, extenderlo a lo que es como el liquido nutritivo de la vida intelectual y espiritual: el patrimonio de fe, de virtud, de honor, transmitido por los padres a su prole, y mil veces más precioso que la sangre, por muy rica que ésta sea, infundida en sus venas.

      Los miembros de una familia noble se glorían de ser de sangre ilustre; y este brillo, fundado sobre los méritos de los antepasados, implica en sus herederos muy otra cosa que sólo ventajas físicas. Pero todos los que han recibido la gracia del Bautismo pueden decirse “príncipes de la sangre”, de una Sangre no solamente real, sino divina.

      Muy diversa es la sangre humana, por el valor de su función y por su dignidad simbólica. Derramada criminalmente, grita venganza a Dios, como la de Abel. Derramada, en cambio, por caridad hacia el prójimo, constituye el mayor acto posible de amor, el que Cristo ha hecho por nosotros. Precisamente porque la sangre de las víctimas animales era incapaz para quitar los pecados del mundo, el Verbo se encarnó para ofrecerse a sí mismo al Padre en sacrificio de adoración y de expiación; en la plenitud de su libertad, ha dado su vida, ha derramado su Sangre, para el rescate de la humanidad pecadora.

      Esta efusión redentora comenzó ocho días después de su nacimiento, en el rito sagrado de la Circuncisión del Señor; continuó más tarde durante las horas dolorosas de su Pasión: en la angustia de la agonía del Getsemaní, bajo los golpes de la flagelación y la corona de espinas en el pretorio; se consumó, en fin, sobre el Calvario, donde su Corazón fue atravesado para que quedase siempre abierto a nosotros. La Sangre que Jesús derramaba así como sacrificio, y que hacía de Él el Mediador de la nueva Alianza, como dice San Pablo, “habla mejor que Abel”; aquí la voz del perdón cubre la del delito, porque el grito de misericordia y de perdón es de un Dios-Hombre.



      Renovad, por lo tanto, en vuestros corazones, queridos hijos e hijas, la saludable devoción a la Preciosísima Sangre; la señal que ésta ha impreso en vosotros con el Bautismo, es, como bien sabéis, indeleble. En la misma naturaleza, la sangre derramada parece adherirse a las manos del delincuente, como el delito y el remordimiento se agarran a su conciencia: la poesía y el arte dramático han obtenido de esta tenaz persistencia, efectos impresionantes; y en vano Pilato se lavó ante el pueblo las manos que habían suscrito la sentencia de muerte del Justo; hasta el fin de los siglos la mancha de la Sangre divina quedará imborrable sobre su memoria: “passus sub Pontio Pilato“.

      También vosotros podéis, desde ahora y durante todo el tiempo de vuestra vida, hacer vuestro, como un grito de amor, el que fue grito de odio de los judíos: “Sanguis eius super nos et super filios nostros“; “su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

      Señor Nuestro Jesús, diréis vosotros, que has derramado tu Sangre Preciosa por todos los pecadores: haz que se derrame en gracias de redención sobre nosotros, sobre nuestros seres queridos, y especialmente sobre los que serán, si así te place, los herederos de nuestra propia sangre!"