domingo, 14 de enero de 2018

DESDE EL PÚLPITO: EL CATÓLICO NO PUEDE DEPENDER DE SENTIMIENTOS





       Estimados católicos: un grave error en nuestros días es el buscar en la Religión sentirse bien, hacer las prácticas de piedad para sentirse 'a gusto', contento, realizado; es un verdadero problema, porque se esta centrando la religión en el 'cómo me siento, que siento, tengo ganas de...' es decir: es una aspecto egocéntrico, sentimental y sumamente voluble o cambiable. 


        La Fe no puede depender de los sentimientos del momento; la oración de la mañana no puede supeditarse a los estados anímicos que experimente, porque automáticamente se están colocando los sentimientos y los estados sensibles por encima de la obligación y del deber hacer las cosas; me gusten o no me gusten. 

       Un ejemplo práctico: El buen padre de familia debe trabajar y llevar el sustento a su familia, tenga ganas o no las tenga; debe vivir y amar a su esposa como Dios quiere que la ame, no cuando lleve gusto, sino siempre; cuando uno hace depender la responsabilidad del sentimiento es el 'acabose,' en un matrimonio es el origen de la separación.

Anotaciones

     1º El ser humano.- El hombre es un ser dotado de inteligencia, voluntad y sentimientos, el cual debe regirse por la inteligencia [razones fundadas en la Fe]; cuando comete el error de poner el sentimiento por encima de la razón es presa de lo que ocurra cada momento, y la voluntad es el querer, pero ocupa rumbo, dirección, que es el lugar que le toca a la inteligencia. 

   1.1. Lo primero que tiene que hacer es preguntarse: ¿Qué quiero exactamente con mi vida? ¿Qué estoy dispuesta a hacer, a arriesgar por alcanzarlo?

   1.2. "Las cosas se deben medir por cuanto le ayuden o estorben a la consecución de su último fin".  Y nuestro último fin es la salvación del alma.

   1.3. "Es necesario que la fe sea fuerte y constante; es decir, que no hay que buscar en la práctica del Santo Rosario solamente el gusto sensible y el consuelo espiritual". San Luis María, G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario.




      2º ¿Por qué existe el hombre? Es muy claro: "El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y, mediante esto salvar su alma." Lleve gusto o no lo lleve en hacerlo, quiera o no quiera, porque lo que está de por medio es el cielo o el infierno.

   2.1. "Luego mi fin no son precisamente las riquezas, los honores, las delicias; representar un papel brillante en el mundo, lucir, gozar, sino principalmente y ante todo SERVIR A DIOS; y servirle, no a mi antojo y capricho, sino como Él quiere que le sirva." San Ignacio de Loyola.

   2.2. "Sano o enfermo, rico o pobre, sabio o ignorante, honrado o despreciado, con éste o con aquél genio, con muchos o pocos dotes, aptitudes y talentos, puedo alabar, hacer reverencia y servir a Dios." San Ignacio de Loyola.

       3º No confundir la humildad con la pusilanimidad.- Queridos hermanos, un error extendido es confundir la santa virtud de la humildad con 'la dejadez', con la falta de convicción, de firmeza, de entereza, de santa virilidad. La humildad es fuerte como lo vemos en San Miguel Arcángel que venció a Satanás, en San Pedro y San Pablo que soportaron el martirio con valor. 

   3.1. Las devociones, la piedad cristiana, el amor de Dios, nada tiene que ver con la tendencia "afeminada", ni con la pérdida de la virilidad, ejemplo claro lo encontramos en la Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

   3.1.- "Una persona verdaderamente devota de la Virgen no es inconstante, melancólica, escrupulosa ni tímida. Y no quiere esto decir que no caiga ni experimente algún cambio en lo sensible de su devoción; sino que, si cae, se vuelve a levantar tendiendo la mano a su bondadosa Madre, y, si carece de gusto y de devoción sensible, no se desazona por ello; porque el justo y el devoto fiel de María vive de la fe de Jesús y de María y no de los sentimientos del cuerpo." San Luis María G. de Montfort, La verdadera devoción a María, No. 109.  

   Mucho ánimo, procurar no buscarse a uno mismo en la religión ni en las practicas de piedad, buscar ante todo la mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor. 


Dios le bendiga.







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