martes, 19 de febrero de 2019

LOS ÁNGELES CUSTODIOS en la vida del Padre Pío (Parte I)


                Como cada Martes, procura honrar a tu Ángel Custodio, aquél mismo que Dios dispuso para ti desde el vientre de tu madre; el mismo que te acompañó al altar cuando recibiste el Bautismo y lo sigue haciendo cuando te acercas a recibir la Sagrada Comunión. Sin embargo, en el día a día, con las obligaciones familiares y del trabajo...¡cuántas veces olvidamos su presencia!. 

                 Nuestro Ángel Custodio es un espíritu celestial, que pese a su inmaterialidad puede ayudarnos en los quehaceres cotidianos: a llevar el trabajo con la alegría de estar en la presencia de Dios, sabedores que cumpliendo nuestras obligaciones estamos dando Gloria a Dios, pues Él ve nuestro esfuerzo por superarnos.

               El Ángel, como buen Guardián que vigila por los intereses de nuestra alma, nos aligera el trabajo, nos ahorra fatiga, para que podamos tener más intimidad con Jesús y María. Todo depende de ti, de que solicites su auxilio y confíes en su intercesión cuando tú no puedas más.

                Tu Ángel Custodio es el satélite que te recuerda la trascendencia de este mundo, donde todo es prueba a superar para nuestra santificación personal. No desprecies nunca la idea consoladora de tu Ángel Custodio, porque perderías la influencia benigna de un protector celestial, de un amigo que tendrás a tu lado en todo momento, incluso en la eternidad, donde sí podrás contemplarlo en su plenitud angelical.

                  Trata de ser un poco niño, abandona por un momento los prejuicios personales y del mundo, y retorna a la Fe sencilla de tus mayores, la que tanto les ayudó a ser buenos cristianos y santificarse a diario; repite despacio y varias veces a lo largo del día de hoy la oración que aparece más adelante y ten claro que pronto verás la ayuda inestimable de tu Ángel de la Guarda.




                El Padre Pío recomendaba a sus hijos espirituales que, en caso de dificultad, le enviaran a su Ángel para pedir por sus necesidades y él les ayudaría.

                El Padre Alessio Parente declaró: Cuando confesaba, les decía a los penitentes que, si no podían venir a verlo, le mandaran su ángel. Un día estaba en la terraza con él. Le pedí consejo para una persona y me respondió: “Déjame en paz, ¿no ves que estoy ocupado?”. Yo me callé, pero lo veía rezar el rosario y no me parecía demasiada ocupación. Pero él añadió: “¿No has visto todos estos ángeles custodios de mis hijos espirituales, que van y vienen?”. Yo le respondí: “No los he visto, pero lo creo porque usted cada día les repite a sus hijos que se los manden”.

                El mismo Padre Alessio nos refiere otro caso: Una tarde, después de haberlo ayudado a acostarse, me senté en el sillón, esperando que llegara el padre Pellegrino a cuidarlo. Mientras estaba esperando, sentía que el padre Pío rezaba el rosario y, a veces, interrumpía el rezo y decía frases como: “Dile que rezaré por él. Dile que intensificaré mis plegarias para obtener su salvación. Dile que llamaré al Corazón de Jesús para conseguir esa gracia. Dile que la Virgen no le negará esa gracia”.

                 El Padre Pierino Galeone, refiere que en 1947 estuvo 20 días en san Giovanni Rotondo. Las personas, viéndome siempre cerca del Padre Pío, me pedían encomendarle sus penas: la suerte de familiares desaparecidos en Rusia, la curación de un hijo, la solución de sus problemas, encontrar trabajo, etc. El Padre Pío siempre me respondía con dulzura y amor. Un día me dijo: Cuando tengas necesidad de algo, mándame tu Ángel y yo te responderé. Una mañana una mamá se me acercó llorando, antes de la Misa, para recomendarme a su hijo. El Padre Pío ya había subido al altar y yo no me atreví a hablarle, así que, conmovido, como me había aconsejado, le mandé a mi Ángel para encomendarle el hijo de aquella madre. Terminada la Misa, me acerco al Padre Pío y le encomiendo al joven. Y él me responde: “Hijo mío, ya me lo has dicho”. Entendí entonces que mi Ángel Custodio le había advertido oportunamente y el Padre Pío había orado por él.




                La Señora Pía Garella manifestó que en 1945, poco después de terminada la guerra, el 20 de Septiembre, se hallaba en el campo a unos kilómetros de Turín y deseó enviarle al Padre Pío un telegrama de felicitación por el Aniversario de sus llagas, pero no encontró a nadie que se lo pudiese enviar por estar en el campo. De pronto, se acordó de la recomendación del Padre Pío: Cuando tengas necesidad, mándame a tu Ángel…

                Entonces, se recogió unos momentos y le pidió a su Ángel que le diera personalmente la felicitación. A los pocos días, recibía una carta de una amiga de San Giovanni Rotondo, Rosinella Placentino, en la que le informaba que el Padre Pío le había dicho: Escribe a la Señora Garella y dile que le doy las gracias por la felicitación espiritual que me ha mandado.

(Continuará...)



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