martes, 13 de junio de 2017

GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA


     San Antonio de Padua, aparte de gran santo, también fue un gran taumaturgo; de hecho sus milagros se cuentan por centenares. Después de su muerte se recopilaron cincuenta y tres milagros auténticos para su canonización, que fueron leídos ante el Papa Gregorio IX, quien lo canonizó antes del año de su muerte. 

          Los datos más seguros sobre su vida los tenemos en un contemporáneo suyo, religioso franciscano como él, que permaneció en el anonimato y que lo conoció y pudo realizar averiguaciones entre los que lo conocieron y recibieron los milagros, maravillosamente documentados.

          Fue San Antonio un gran teólogo y escriturista, que conocía a San Agustín a la perfección, pues antes de ser franciscano había sido canónigo regular de San Agustín. Pero quedó entusiasmado con el espíritu evangélico de los primeros franciscanos que llegaron a Coímbra, en Portugal, donde él residía. Quiso ser mártir y pidió ir a Marruecos. Sin embargo, una enfermedad le impidió predicar y llegó a Italia, donde pudo conocer a San Francisco, quien, al conocer que era docto, le encargó de la predicación y de la enseñanza teológica a sus hermanos religiosos. 

          Luchó con entereza contra los herejes de su tiempo para convencerlos con su predicación y milagros de las Verdades de la Fe Católica. El Papa Pío XII lo nombró Doctor de la Iglesia el 16 de Enero de 1946, mediante la Carta Apostólica "Exulta, Lusitania felix".





EL PAN DE LOS POBRES

          Tiene su origen en uno de los muchos prodigios atribuidos a San Antonio de Padua. Un niño, dejado sólo cerca de un recipiente lleno de agua, cayó dentro y se ahogó. La madre, desesperada, recurrió a su fe al Santo e hizo el voto de dar a los pobres tanto trigo como pesaba su hijito, si el niño resucitaba (cf. Rigauld, Vita, cap. X, 3). Y así fue. Nació entonces la devoción llamada "pondus pueri", el peso del niño, con fines benéficos.

           Los padres prometían a San Antonio tanto pan como el peso de sus chiquillos, para que los protegiera de las epidemias y de otros males. La pía práctica, disminuyó en la edad media y después desapareció.

           Sólo hacia finales del siglo XIX renació, por mérito principalmente de don Antonio Locatelli, difundiéndose en todo el mundo, hasta el punto de que en muchas iglesias, junto a la imagen o estatua de San Antonio, se encuentra la cajita con el letrero: "Pan de San Antonio".





lunes, 12 de junio de 2017

EL PURGATORIO O LA ESPERANZA DE VER A NUESTRO SALVADOR


    Las Almas en el Purgatorio tienen la voluntad, los deseos, en concordancia con la Voluntad de Dios, quien arroja sobre ellos Su bondad, y ellos, hasta donde pueden, son felices y se limpian de todos sus pecados. 

   En cuanto a la culpa, estas Almas llegan a estar limpias como lo estaban cuando Dios las creó. Dios perdona sus culpas inmediatamente al dejar este mundo si ha habido confesión de los pecados y arrepentimiento o voluntad de no cometerlos más. 





   Solo las manchas que han dejado los pecados es lo que deberá limpiarse mediante el fuego. Y una vez limpias de toda culpa y unidas ala voluntad de Dios, ellas ven con claridad el grado en el cual Él se les revela y ven cuán importante es disfrutarlo a Él, y que estas Almas han sido creadas para este fin.

   Además, son llevadas a unirse con Dios y movidas hacia Él en tal sabiduría, con Su natural instinto hacia las Almas funcionando en ellas, que ni argumentos ni figuras ni ejemplos podrían hacerlo claro cuando la mente conoce esto por medio de su sentimiento interno y lo comprende. Deseo, no obstante, hacer una comparación que viene a mi mente.

   Una comparación para mostrar con qué empuje y qué amor las Almas en el Purgatorio desean disfrutar a Dios. Si en todo el mundo no hubiera más que un pedazo de pan para saciar el hambre de todas las criaturas, y si ellas se vieran satisfechas sólo por verlo; entonces el hombre, si fuera saludable con instinto para comer, si ni comiera ni enfermara ni muriera, su hambre crecería incesantemente porque su instinto de comer no disminuiría.

   Sabiendo que sólo había ese pedazo de pan para satisfacerlo, y que aún estará hambriento, él caerá en un insoportable dolor. Tanto más si se acercara al pan y no pudiera verlo, su anhelo se reforzaría, su instinto se fijaría en ese deseo completamente. Si él estuviera seguro de no volver a verlo, estaría en el Infierno.

    Así pasa con las almas de los condenados que no tienen esperanza de ver su pan, que es Dios, el Verdadero Salvador, que les ha sido quitado. Pero las Almas en el Purgatorio tienen la esperanza de ver ese pan y se sienten satisfechas con ello. Por eso, sufren hambre, y soportan la pena que hará posible satisfacerlas con el Pan que es Jesucristo, Verdadero Dios, Salvador y nuestro Amor.



TRATADO DEL PURGATORIO
Santa Catalina de Génova






domingo, 11 de junio de 2017

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y SOR LUCÍA DE FÁTIMA



               La Santa Iglesia celebra hoy con solemnidad a la Santísima Trinidad. Coincidiendo con esta importante Festividad Católica, releamos la descripción que Sor Lucía Dos Santos, niña vidente de Fátima, nos hace de la Aparición de la Santa Trinidad con la que fue agraciada en Tuy, España, cuando era religiosa dorotea:


          “Estando sola una noche (para una Hora Santa, el 13 de Junio 1929) me arrodillé delante del comulgatorio de la capilla para rezar el ángelus, estando postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me puse de rodillas y continué rezando con mis brazos en cruz. La única luz venía de la lámpara del sagrario. De repente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una Cruz de luz que se extendía hasta el techo. En la parte más brillante, la parte superior de la Cruz, se veía el cuerpo de un hombre desde su rostro hasta la cintura; sobre su pecho había una paloma que brillaba de la misma forma. Clavado en la cruz estaba el cuerpo de otro hombre. Debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían algunas gotas de sangre del rostro del crucificado y de la herida de su pecho. Esas gotas se escurrían sobre la Hostia y caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Corazón Inmaculado en la mano”.




                    Esta es la visión hasta aquí, esta luminosa visión que iluminaba toda la capilla. Entonces ella dijo:

Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz) habían grandes letras, como si fueran de agua cristalina cayendo sobre el altar, que formaban estas palabras: Gracia y Misericordia

          Esto salía del lado izquierdo de la cruz; caían esas letras cristalinas como si fueran aguas cristalinas, como aguas bautismales perfectamente limpias, las palabras: Gracia y Misericordia. Esta es la visión de Tuy. Y también vemos la humildad de la vidente. Sor Lucía dice: “Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este Misterio que no me está permitido revelar”.

          De este modo fue la aparición y la apariencia.  Me gustaría simplemente hacer una observación aquí antes de discutir el mensaje. Cuán perfecto retrato de los fundamentos de la fe, de la fe católica. Cuán perfecto retrato de la Santísima Trinidad en el acto redentor del Santo Sacrificio de la Misa. Todo lo que Dios le ha pedido al hombre para creer, todo lo que Dios le ha pedido al hombre para hacer, está presente en esta aparición. Luego Sor Lucía habla del mensaje que se propagará por todo el mundo y creará un terremoto en todo el mundo. Sor Lucía dice: “Entonces Nuestro Señor me dijo:

Ha llegado el momento en que Dios le pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, llevar a cabo la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio”.

          El segundo pedido es este, parece diferente, parece como si le fuese extraño, pero el segundo pedido es perfectamente parte del primer pedido, van juntos.

          ¿Cuál es este segundo pedido? La Virgen dice:

Son tan numerosas las almas que la Justicia de Dios condena a causa de los pecados cometidos en mi contra que vengo para pedir reparación. Haz sacrificios tú misma por esta intención y reza”.




sábado, 10 de junio de 2017

EL CORAZÓN DE MARÍA, BELLA FUENTE QUE CALMA LA SED DEL ALMA



     Yo encuentro en vuestro Santo Evangelio, Jesús mío, que un día mientras estabais visiblemente en este mundo, yendo a pie de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, para llevar a las gentes la divina palabra de vuestro Padre, cansado y fatigado por el trabajo del camino, os sentasteis junto a la fuente, llamada fuente de Jacob; se encontraba allí una pobre mujer que había venido a sacar agua; vos aprovechasteis la ocasión para catequizarla. Entre las muchas santas instrucciones que le disteis, le dijisteis que teníais agua viva para dar, con esta propiedad que quienes bebían de ella, nunca más tendrían sed, es decir, no tendrían más sed de las aguas envenenadas que da el mundo a los que le siguen. 

     También encuentro en otro lugar del mismo Evangelio, que por vuestra infinita bondad para con los hombres, y encendido vuestro Corazón en deseo infinito de darles a todos de esta agua viva, estabais un día en el templo de Jerusalen en medio de una gran multitud, y gritasteis en alta voz diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a Mí, y que beba (Jn. 7,37). Eso que hicisteis en esa ocasión, Señor mío, lo hacéis aún todos los días.

     Yo os veo, no ya junto a la fuente de Jacob, sino en medio de esta divina fuente de que se trata aquí, y os oigo gritar sin cesar: Si alguno tiene sed, que venga a Mí, y que beba. Venid a mí todos los que estáis cargados, fatigados y sedientos en el camino de este mundo, lleno de trabajos y de miserias: Venid a mí aquí, es decir, a la fuente, no de Jacob, sino del Corazón de mi Dignísima Madre, donde me encontraréis; pues he establecido aquí mi morada para siempre. 

     Yo hice esta Bella Fuente, y con mucho más amor para con mis hijos, que la que había hecho al principio del mundo para los hijos de Adán. la hice para vosotros; la he llenado de una infinidad de bienes para vosotros; estoy -en ella para vosotros; allí estoy para descubriros y distribuiros los tesoros inmensos que he ocultado en ella; estoy allí para refrigeraros, fortificaros y daros nueva vida con las aguas vivas de que rebosa; allí estoy para alimentaros con la leche y la miel y para embriagaros con el vino que de ella destilan. 

     ¡Venid, pues, a mí' Hace mucho tiempo, Salvador mío, que clamáis así!; pero son pocas las personas que abren los oídos a vuestra voz. Si el mundo no escucha al Maestro, tampoco escuchará al servidor. No importa, permitidme gritar con Vos, a fin de que el servidor imite al Maestro. ¡Oh!, quien me diera una voz bastante fuerte para ser escuchado... 


San Juan Eudes


viernes, 9 de junio de 2017

"EL CORAZÓN DE CRISTO SE DESBORDA EN AMOR DIVINO"

  
     En este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, ofrezcamos un poco de tiempo a la lectura y reflexión de la Encíclica "Haurietis aquas", del inmortal Pontífice Pío XII, para conocer y propagar la Devoción más necesaria de un católico.



     Nada, por lo tanto, prohíbe que adoremos el Corazón Sacratísimo de Jesucristo como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inexhausto que nuestro Divino Redentor siente aun hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo divino, y, en ella y por ella, a su divina voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en amor divino y humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que nuestro Redentor adquirió por los méritos de su vida, padecimientos y muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de su Cuerpo Místico.

     Así, pues, el Corazón de nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no sólo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos así el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa, según el Apóstol: «Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante sí llena de gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino siendo santa e inmaculada» (Efesios 5, 25-27)





jueves, 8 de junio de 2017

EL SACERDOTE ENGENDRA HIJOS PARA LA VIDA CELESTIAL Y ETERNA


     El comienzo de la perfección cristiana está en la humildad. «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11 29). Pues si bien consideramos la tan excelsa dignidad a la que por el bautismo y por la sagrada ordenación fuimos llamados, y si reconocemos nuestra propia miseria espiritual, necesario es que meditemos aquella divina sentencia de Jesucristo: «Sin mí nada podéis hacer» (Jn 15, 5).

     El sacerdote no deberá confiar en sus propias fuerzas, ni complacerse con desorden en sus propias dotes, ni andar buscando el juicio y alabanza de los hombres, ni aspirar ambicioso a las más altas dignidades, sino imitar a Cristo, que no vino «para ser servido sino para servir» (Mt 20, 28); niéguese, pues, a sí mismo, según el mandato del Evangelio (cf. Mt 16, 24)27, y no se apegue en su ánimo a las cosas terrenales con demasía, para así poder seguir, más fácil y más libremente, al Divino Maestro. Todo cuanto él tiene, todo cuanto él es, se deriva de la bondad y del poder de Dios; por lo tanto, si de algo quisiere gloriarse, recuerde bien las palabras del Apóstol: «Mas por lo que toca a mí mismo, no me gloriare sino de mis debilidades» (2Co 12, 5).

     Semejante espíritu de humildad, iluminado por la luz de la fe, obliga al hombre a inmolar, en cierto modo, su voluntad mediante la obligada obediencia. Fue el mismo Cristo quien estableció, en la sociedad por él fundada, una legítima autoridad, encargada de perpetuar la de El para siempre; por ello, quien obedece a los superiores, en la Iglesia, obedece al Redentor mismo.




     En tiempos como los nuestros, cuando el principio de autoridad es quebrantado con audacia y temeridad, es absolutamente necesario que el sacerdote, además de mantener firmemente en su espíritu los principios de la fe, reconozca y en conciencia admita tal autoridad no sólo como obligada defensa del orden religioso y social, sino también como fundamento de su propia santificación personal. Y puesto que los enemigos de Dios, con cierta astucia criminal, ponen todo su empeño en excitar y seducir las desordenadas ambiciones de algunos para que se rebelen contra la Santa Madre Iglesia, deseamos Nos elogiar, como es merecido, y sostener con paternal ánimo a ese tan gran ejército de sacerdotes que, precisamente por proclamar abiertamente su obediencia y por guardar incólume su más íntegra fidelidad hacia Cristo y hacia la autoridad por El constituida, fueron encontrados «dignos de sufrir contumelia por el nombre de Cristo» (Hch 5, 41), y no sólo contumelia, sino también persecuciones, cárceles y hasta la misma muerte.

     La actividad del sacerdote se ejercita en todo cuanto al orden de la vida sobrenatural se refiere, pues le corresponde fomentar el crecimiento de la misma y comunicarla al Cuerpo Místico de Cristo. Por ello ha de renunciar a todas las ocupaciones «que son del mundo», cuidarse tan sólo de «las que son de Dios» (1Co 7, 32, 33). Y porque ha de estar libre de las solicitudes del mundo y consagrado por completo al divino servicio, la Iglesia instituyó la ley del celibato, para que cada vez se pusiera más de relieve, ante todos, que el sacerdote es ministro de Dios y padre de las almas. Y gracias a esa ley de celibato, el sacerdote, lejos de perder por completo el deber de la verdadera paternidad, lo realza hasta lo infinito, puesto que engendra hijos no para esta vida terrenal y perecedera, sino para la celestial y eterna.

     Cuanto más refulge la castidad sacerdotal, tanto más viene a ser el sacerdote, junto con Cristo, «hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada».

     Mas para conservar con todo cuidado y en toda su integridad esta castidad sacerdotal, cual tesoro de valor inestimable, necesario es de todo punto atenerse con toda fidelidad a aquella exhortación del Príncipe de los Apóstoles, que todos los días repetimos a la hora de Completas: «Sed sobrios y vigilad» (1P 5, 8).

     Sí, mis amados hijos, estad muy vigilantes, porque vuestra castidad ha de enfrentarse con tantos peligros, así por la plena ruina de la moralidad pública, como por los atractivos de los vicios, que hoy con tanta facilidad os asedian, ya finalmente por aquella excesiva libertad de relaciones entre personas de distinto sexo, tan corriente en la actualidad, y que a veces llega audaz a querer penetrar aun en el ejercicio del ministerio sagrado. «Vigilad y orad» (Mc 14, 38), acordándoos de que vuestras manos tocan las cosas más santas; acordaos asimismo de que estáis consagrados a Dios, y de que sólo a El habéis de servir. Hasta el habito mismo que lleváis os advierte, que no debéis vivir para el mundo, sino para Dios. Empeñaos, pues, con ardor y valentía, confiando en la protección de la Virgen Madre de Dios, en conservaros cada día «nítidos, limpios, puros, castos, como conviene a ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios».


Papa Pío XII, Exhortación Apostólica "Menti Nostrae", 23 de Septiembre de 1950



martes, 6 de junio de 2017

LA FE ÍNTEGRA Y SINCERA, COMO FUNDAMENTO Y RAÍZ DE LA CARIDAD

  



  ORIGEN DEL INTEGRISMO CATÓLICO

     INTEGRISMO es una palabra ‘acuñada’ en realidad, por el Papa San Pío X, el Papa antimodernista. Este Pontífice persiguió sin piedad al modernismo, convencido del daño que podía producir a la Iglesia. Bajo sus auspicios nació el ‘Sodalitium Pianum’ (o ‘Fraternidad San Pío V’), dirigido por Mons. Umberto Benigni (1862-1934), encargado de detectar a estos elementos en las diócesis y seminarios, y de expulsarlos. Se entiende entonces el odio de todos los medios progresistas hacia el Papa Sarto.
     San Pío X sostuvo y promovió a este grupo y a su prensa, a la que denominó ‘integrista’. Por eso, la denominación de ‘integrista’ debería ser un título de gloria para el católico. Así lo afirma el inmortal Sardá y Salvany en su obra ya clásica: ‘El liberalismo es pecado’. Queremos pues ser integristas.

LO QUE CONLLEVA SER INTEGRISTA

     Ser integrista significa defender la integridad del dogma, afirmar todas y cada una de las verdades de Fe que la Iglesia nos enseña; sea por su Magisterio Ordinario, sea por su Magisterio Extraordinario, con todo lo que significan estas verdades, con todas las consecuencias que se derivan de ellas.
     Significa estar convencidos de que la Fe es Una, y que si se niega la más pequeña de las verdades de Fe, o se la pone en duda, se las niega o pone en duda a todas.
     Ser integrista significa pues adherir y prestar asentimiento interno a la totalidad del Magisterio de la Iglesia, también a su Magisterio político, con todas las consecuencias que se desprenden de esto. Significa tener como enemigo mortal al liberalismo, y defender la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo.

     Como se ve, la palabra está preñada de sentido católico. Queremos pues, ser integristas.

EL INTEGRISMO, RESISTENCIA AL CONCILIO VATICANO II

     Hoy reinan el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, doctrinas éstas que la Iglesia de ayer, la Iglesia ‘integrista’ condenó en diferentes oportunidades.
     En nuestros días la Iglesia sufre una crisis espantosa, puede decirse que la peor de su historia dos veces milenaria.
     Nosotros, al igual que los católicos tradicionalistas, y contándonos entre ellos, señalamos al Concilio Vaticano II como desencadenante de la misma; y afirmamos que el Concilio contradice la enseñanza infalible y tradicional del Magisterio de la Iglesia, particularmente en las tres doctrinas que hemos dicho.
     Pero, ¿cómo es posible que los hombres de Iglesia, aun aquel que ocupa el más alto puesto, avalen doctrinas erróneas? ¿No es esto contrario a la infalibilidad y asistencia divina prometidas a la Iglesia?



"LA FE CATÓLICA ES DE TAL ÍNDOLE Y NATURALEZA, QUE NADA SE LE PUEDE AÑADIR NI QUITAR"

    "Queremos también que los católicos se abstengan de usar aquellos apelativos que recientemente se han introducido para distinguir unos católicos de otros, y que los eviten, no sólo como innovaciones profanas de palabras, que no están conformes con la verdad ni con la equidad, sino también porque de ahí se sigue grande perturbación y confusión entre los mismos.


     La fe católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: "Esta es la fe católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse". No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión católica; bástale a cada uno esta profesión: Cristiano es mi nombre, católico, mi apellido; procure tan sólo ser en efecto aquello que dice."

( Benedicto XV en su Encíclica Ad Beatíssimi, 1914 )







LA FE ÍNTEGRA Y SINCERA, COMO FUNDAMENTO Y RAÍZ DE LA CARIDAD      

      "Podrá parecer que dichos "pancristianos", tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. 
     Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: 'Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis'.
     Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.
     … la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo…" 


Papa Pío XI, Encíclica "Mortalium animos", 10, 6 de enero de 1928.





     



lunes, 5 de junio de 2017

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, ESPERANZA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO


        Santa Gertrudis la Grande, religiosa benedictina alemana del siglo XIII, fue bendecida con innumerables revelaciones privadas; de hecho, fue la primera en hablar de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús; hay quienes aseguran que en cierta ocasión que recibió la visita de Nuestro Señor, se recostó sobre Su pecho y escuchó los latidos de Su Corazón Sacratísimo.

          En medio de esas comunicaciones místicas, el Buen Jesús le confió una poderosa oración con la promesa de liberar mil Almas del Purgatorio por medio de su recitación piadosa. La fórmula no es mágica ya que implica un ofrecimiento de la Sangre Preciosa del Redentor unido a un ofrecimiento de todas las Santas Misas que en ese día se celebren a lo largo y ancho del Orbe Católico.




          Como enseña el Concilio de Trento A las Almas del Purgatorio se les puede socorrer por medio de los sufragios de los fieles, principalmente por el Sacrificio del Altar. Por eso, la Oración de Santa Gertrudis por las Almas del Purgatorio, bien seguro aliviará a muchas de esas pobres Almas y a otras muchas las liberará para siempre de sus penas, ya que se beneficiarán del provecho espiritual de esas Santas Misas que hemos ofrecido por su eterno descanso.

          Anímate a ser buen amigo y devoto de las Benditas Ánimas del Purgatorio y comparte este enlace entre tus conocidos. Imagina cuántas buenos católicos se animarán a rezar esta poderosa oración por las Almas del Purgatorio y cuántas de Ellas, agradecidas por tu apostolado en su favor, rezarán por ti cuando lleguen, libres de culpa alguna al Cielo, para contemplar la Faz de Dios por toda la Eternidad.



sábado, 3 de junio de 2017

"Y ESTÁ COLOCADA ENCIMA DE TODAS LAS CRIATURAS"...PRIMER SÁBADO DE MES


     La cristiandad hoy en día está de nuevo en decadencia. Nuestra Señora vino a Fátima para advertir de esta decadencia, del castigo, y la victoria con la famosa frase: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”. En ese mismo conjunto de apariciones en las que Ella anunció su victoria, Ella deseó aparecerse con el hábito de la Orden Carmelita, como una forma de confirmar su antigua predilección por ella e indicar que esta Orden será parte de su glorioso reinado. Con el hábito, Ella realizó simbólicamente una síntesis del pasado y el futuro, en el mismo momento en que Ella anunció el fin de una era y el comienzo de otra.

     Glorifiquémosla y pidámosle que nos prepare, a quienes somos carmelitas en espíritu, para pasar por el castigo y ser piedras vivas en el Reino de María.



(  Dr. Plinio Corrêa de Oliveira  )







viernes, 2 de junio de 2017

PRIMER VIERNES EN EL MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


"Yo te prometo, en la excesiva misericordia de Mi Corazón,
que Su Amor Omnipotente concederá a todos aquellos
que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos,
 la gracia de la penitencia final: 
No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, 
y mi Corazón Divino será Su refugio
en aquél último momento..."


(Revelación del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque)






jueves, 1 de junio de 2017

"YO TE ENSEÑARÉ MIS SECRETOS DE AMOR"


Palabras del Sagrado Corazón de Jesús, reveladas a Sor Josefa Menéndez
y que han sido recogidas en "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"


Yo enseñaré a los pecadores que la Misericordia de mi Corazón es inagotable, a las almas frías e indiferentes, que mi Corazón es fuego y fuego que desea abrasarlas porque las ama; a las almas piadosas y buenas que mi Corazón es el camino para avanzar en la perfección y por él llegarán con seguridad, al término de la bienaventuranza. Por último, a las almas que me están consagradas, a los sacerdotes, a los religiosos, a mis almas escogidas y preferidas, les pediré una vez más, que me den su amor y no duden nunca del mío; pero sobre todo, que me den su confianza y no duden de mi misericordia. ¡Es tan fácil esperarlo todo de mi Corazón!


   Yo daré a conocer que mi obra se funda sobre la nada y la miseria; éste es el primer eslabón de la cadena de amor que preparo a las almas desde toda la eternidad. Haré que las almas conozcan hasta qué punto las ama y perdona mi Corazón. Penetro el fondo de las almas, sus deseos de darme gusto, de consolarme y de glorifícarme: y el acto de humildad que sus faltas les obligan a hacer, viéndose tan débiles, es precisamente lo que consuela y glorifica mi Corazón. No importa que las almas sean débiles. Yo suplo lo que les falta.

   Yo te enseñaré mis secretos de amor y tú serás ejemplo vivo de mi Misericordia, pues sí por ti, que eres miseria y nada, tengo tanta predilección y te amo tanto, ¿qué haré con otras almas mucho más generosas que tú? Como no eres nada, ven... entra en mi Corazón... a la nada le es fácil entrar y perderse en este abismo de Amor... Así iré consumiendo tu pequeñez y tu miseria... Yo obraré en ti... Hablaré por ti... Me haré conocer por ti...

   Cuántas almas encontrarán la vida en mis palabras! ¡Cuántas cobrarán ánimo al ver el fruto de sus trabajos! Un actito de generosidad, de paciencia, de pobreza, puede ser un tesoro que gane para mi Corazón gran número de almas.