lunes, 19 de junio de 2017

NOVENA AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA QUINTO

La presente Oración fue compuesta por Santa Margarita María de Alacoque, 
vidente y Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Muchas almas santas la han recitado desde entonces, pero merece la pena
destacar al Padre Pío de Pietrelcina, que la rezaba diariamente 
por todas aquellos fieles que se encomendaban a sus oraciones.





¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, 
llamad y se os abrirá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina llamo, 
busco y te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, todo lo que pediéreis a mi Padre 
en mi Nombre, El os lo concederá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina, 
pido al Eterno Padre en Tu Nombre la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán,
 mas mis palabras no pasarán." He aquí que, confiado en la infalibilidad 
de Tu Palabra divina, te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      Oh, Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos
 por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.


San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, 
ruega por nosotros.





domingo, 18 de junio de 2017

NOVENA AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA CUARTO

La presente Oración fue compuesta por Santa Margarita María de Alacoque, 
vidente y Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Muchas almas santas la han recitado desde entonces, pero merece la pena
destacar al Padre Pío de Pietrelcina, que la rezaba diariamente 
por todas aquellos fieles que se encomendaban a sus oraciones.





¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, 
llamad y se os abrirá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina llamo, 
busco y te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, todo lo que pediéreis a mi Padre 
en mi Nombre, El os lo concederá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina, 
pido al Eterno Padre en Tu Nombre la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán,
 mas mis palabras no pasarán." He aquí que, confiado en la infalibilidad 
de Tu Palabra divina, te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      Oh, Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos
 por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.


San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, 
ruega por nosotros.





sábado, 17 de junio de 2017

NOVENA AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA TERCERO

La presente Oración fue compuesta por Santa Margarita María de Alacoque, 
vidente y Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Muchas almas santas la han recitado desde entonces, pero merece la pena
destacar al Padre Pío de Pietrelcina, que la rezaba diariamente 
por todas aquellos fieles que se encomendaban a sus oraciones.





¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, 
llamad y se os abrirá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina llamo, 
busco y te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, todo lo que pediéreis a mi Padre 
en mi Nombre, El os lo concederá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina, 
pido al Eterno Padre en Tu Nombre la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán,
 mas mis palabras no pasarán." He aquí que, confiado en la infalibilidad 
de Tu Palabra divina, te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      Oh, Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos
 por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.


San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, 
ruega por nosotros.





viernes, 16 de junio de 2017

NOVENA AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS, DÍA SEGUNDO


La presente Oración fue compuesta por Santa Margarita María de Alacoque, 
vidente y Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Muchas almas santas la han recitado desde entonces, pero merece la pena
destacar al Padre Pío de Pietrelcina, que la rezaba diariamente 
por todas aquellos fieles que se encomendaban a sus oraciones.





¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, 
llamad y se os abrirá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina llamo, 
busco y te pido la gracia...


Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, todo lo que pediéreis a mi Padre 
en mi Nombre, El os lo concederá" He aquí que, confiado en Tu Palabra divina, 
pido al Eterno Padre en Tu Nombre la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío



      ¡Oh, Jesús mío! que dijiste: "en verdad os digo, los cielos y la tierra pasarán,
 mas mis palabras no pasarán." He aquí que, confiado en la infalibilidad 
de Tu Palabra divina, te pido la gracia...

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío


      Oh, Sagrado Corazón de Jesús, infinitamente compasivo con los desgraciados,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que te pedimos
 por medio del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre.



San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, 
ruega por nosotros.




jueves, 15 de junio de 2017

CORPUS CHRISTI. COMIENZO DE LA NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


     ¿Queréis ser felices en el amor a Jesús? Vivid pensando continuamente en la bondad de Jesús, bondad siempre nueva para vosotros. Ved cómo trabaja el amor de Jesús sobre vosotros. Contemplad la belleza de sus virtudes; considerad más bien los efectos de su amor que sus ardores; el fuego del amor es en nosotros algo pasajero, pero su verdad permanece. Comenzad todas vuestras adoraciones por un acto de amor, que así abriréis deliciosamente el alma a la acción de la divina gracia. Muchas veces os detenéis en el camino porque empezáis por vosotros mismos; otras os extraviáis, porque os fijáis en alguna otra virtud que no es la del amor. ¿No abrazan los niños a su madre aún antes de hacer lo que les manda? El amor es la única puerta del corazón.
     ¿Queréis distinguiros por la nobleza de vuestro amor?… Al que es el amor por esencia habladle del amor. Hablad a Jesús de su Padre celestial, a quien tanto ama; recordadle los trabajos que se ha impuesto por la gloria de su Padre e inundaréis su espíritu de felicidad. Él, en retorno, os amará cada vez más.
     Hablad a Jesús del amor que tiene a todos los hombres y veréis cómo la alegría y el contento ensanchan su divino pecho, al mismo tiempo que vosotros participáis de esos dulces afectos; habladle de la santísima Virgen y le renovaréis la dicha de un buen hijo que, como Jesús, ama entrañablemente a su madre; habladle de sus Santos y le glorificaréis reconociendo la eficacia de su gracia.
      El secreto del amor está en olvidarse, como san Juan Bautista, de sí mismo, para ensalzar y alabar a Jesucristo.
      El verdadero amor no atiende a lo que da, sino a lo que merece el amado.



     Si obráis de esta manera, satisfecho Jesús de vuestra conducta, os hablará de vosotros mismos, os manifestará su cariño y preparará vuestro corazón para que al aparecer en él los primeros rayos del sol de su divino amor quede abierto a la acción de la gracia, a la manera que la flor, húmeda y fría durante la noche, abre su corola al recibir los primeros fulgores del astro del día. Entonces su voz dulcísima penetrará en vuestra alma como el fuego penetra en los combustibles y podréis decir con la esposa de los Cantares: “Mi alma se ha derretido de felicidad a la voz de mi amado” (Cant 5, 4). Escucharéis esta voz en silencio, o mejor, en el acto más intenso y suave del amor: os identificaréis con Él.
     El obstáculo más deplorable al desenvolvimiento de la gracia del amor en nosotros es el comenzar por nosotros mismos tan pronto como llegamos a los pies del buen Maestro, hablándole, enseguida, de nuestros pecados, de nuestros defectos y de nuestra pobreza espiritual; es decir, que nos cansamos la cabeza con la vista de nuestras miserias, y contristamos el corazón oprimiéndolo por el pensamiento de tanta ingratitud e infidelidad. De esta manera la tristeza produce pena, y la pena desaliento; y, para recobrar libertad en presencia del Señor, no salimos de este laberinto sino a fuerza de humildad y de angustia y de sufrimiento.
     No procedáis así en adelante. Y comoquiera que los primeros movimientos de vuestra alma determinan, de ordinario, las acciones subsiguientes, ordenadlos a Dios y decidle “Amado Jesús mío, ¡cuánta es mi felicidad y qué alegría experimento al tener la dicha de venir a verte, de venir a pasar en tu compañía esta hora y poderte expresar mi amor! ¡Qué bueno eres, pues que me has llamado; cuán amable, no desdeñándote en amar a un ser tan despreciable como yo! ¡Oh, sí, sí; quiero corresponder amándote con toda mi alma!”.
     El amor os ha abierto ya la puerta del corazón de Jesús: entrad, amad y adorad.
“Amor a la Eucaristía, Directorio para la Adoración” 
de San Pedro Julián Eymard 


Hoy comienza la NOVENA
que culminará el Viernes 23 de Junio
SOLEMNIDAD 
DEL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS


miércoles, 14 de junio de 2017

SOR MÓNICA DE JESÚS, LA MÍSTICA AGUSTINA DEL SIGLO XX


    Su nacimiento tuvo lugar el 17 de mayo del año 1889 en un pequeño pueblo de la ribera de Navarra llamado Monteagudo, pequeño en habitantes -unos 1400- pero no en historia -su fundación parece remontarse a la época visigoda-, situado a la falda del Moncayo. Ese mismo día recibió el bautismo con el nombre de Basilia. Fue la tercera de los 10 hijos que tendrían sus padres, Eusebio Cornago y María Zapater.

     Basilia fue de niña muy normal, -la mamá solía decir que Basilia era la hija más guapa y salada que tenía-; bailaba muy bien la jota y otros bailes regionales. Aprendió a coser, a bordar; hacía punto (toquillas), labores de ganchillo y no se le daba nada mal la cocina. Era muy amiga de los animales y con predilección de los corderillos.

     Fue educada en una familia campesina de profundas raíces cristianas, de costumbres edificantes, de comportamiento cabal, sencillo, austero. A los cuatro años vio por primera vez a su ángel junto con el de una amiga. Basilia le pidió al suyo que le enseñara a amar mucho a Jesús. Sentía pasión por la Eucaristía. Se preparó intensamente a su Primera Comunión; ese primer encuentro con Jesús no lo olvidará nunca.




     A los 19 años pide su ingreso en el monasterio de Santa María Magdalena de Baeza, (Jaén) de monjas Agustinas Recoletas, fundado a mediados del siglo XVI.

     El 6 de enero de 1910 fue admitida a la Primera Profesión como Basilia de santa Mónica. Se le llamará Sor Mónica.

     Bien proporcionada, más bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros, de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado.

     “Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si estuviera siempre en la presencia de Dios y es que de hecho estaba siempre en Él y con Él, aunque atendía muy bien y con toda servicialidad a cuantos acudíamos a ella” (Testimonio de una monja del Monasterio).

     La vida de Sor Mónica transcurre entre las labores propias del monasterio a las que coopera conforme la obediencia y, sobre todo, el trato directo y espontáneo con Jesús, conformándose siempre a Su Voluntad, llenando las horas de vehementes y apasionados actos de amor a Dios, con confianza ciega en la Divina Providencia; contemplando y viviendo la Pasión de Cristo como cosa propia: “Así he aprendido a amarte más cada día, subiendo a la cruz contigo y padeciendo por ti”.

     El demonio le pone continuas asechanzas para apartarla del camino de la virtud. Sor Mónica lo vence, ayudada por la gracia divina, una y otra vez. Por encargo de su padre espiritual un día le pregunta: Por qué me tratas así, ¿qué te he hecho? A lo que el demonio responde: “¡Anda, maldita!, si no has hecho otra cosa que darme guerra desde que tienes uso de razón”. Escribe sor Mónica: “Jesús me libra de sus garras”.

     “Era muy devota del Divino Corazón de Jesús en la Eucaristía -dice una hermana- del que estaba locamente enamorada; por eso sentía muchísimo los ultrajes, desprecios, pecados, faltas y ofensas que se le hacían, y, en cambio, se regocijaba cuando le hacíamos honores, o se enteraba de que se los hacían”.

     El Ángel, a quién llamaba Hermano Mayor, a lo largo de su vida le aconseja, alienta, reprende; le explica la Voluntad de Dios y las verdades de nuestra fe; la urge a crecer en el amor de Dios y a mantenerse en su presencia; la estimula a amar a Jesús, a inmolarse por los pecadores y le ayuda en su conversión.

    Murió santamente el 14 de Junio de 1964.

    Y nos dejó una promesa: “Desde el Cielo miraré mucho más por vosotros”.




martes, 13 de junio de 2017

GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA


     San Antonio de Padua, aparte de gran santo, también fue un gran taumaturgo; de hecho sus milagros se cuentan por centenares. Después de su muerte se recopilaron cincuenta y tres milagros auténticos para su canonización, que fueron leídos ante el Papa Gregorio IX, quien lo canonizó antes del año de su muerte. 

          Los datos más seguros sobre su vida los tenemos en un contemporáneo suyo, religioso franciscano como él, que permaneció en el anonimato y que lo conoció y pudo realizar averiguaciones entre los que lo conocieron y recibieron los milagros, maravillosamente documentados.

          Fue San Antonio un gran teólogo y escriturista, que conocía a San Agustín a la perfección, pues antes de ser franciscano había sido canónigo regular de San Agustín. Pero quedó entusiasmado con el espíritu evangélico de los primeros franciscanos que llegaron a Coímbra, en Portugal, donde él residía. Quiso ser mártir y pidió ir a Marruecos. Sin embargo, una enfermedad le impidió predicar y llegó a Italia, donde pudo conocer a San Francisco, quien, al conocer que era docto, le encargó de la predicación y de la enseñanza teológica a sus hermanos religiosos. 

          Luchó con entereza contra los herejes de su tiempo para convencerlos con su predicación y milagros de las Verdades de la Fe Católica. El Papa Pío XII lo nombró Doctor de la Iglesia el 16 de Enero de 1946, mediante la Carta Apostólica "Exulta, Lusitania felix".





EL PAN DE LOS POBRES

          Tiene su origen en uno de los muchos prodigios atribuidos a San Antonio de Padua. Un niño, dejado sólo cerca de un recipiente lleno de agua, cayó dentro y se ahogó. La madre, desesperada, recurrió a su fe al Santo e hizo el voto de dar a los pobres tanto trigo como pesaba su hijito, si el niño resucitaba (cf. Rigauld, Vita, cap. X, 3). Y así fue. Nació entonces la devoción llamada "pondus pueri", el peso del niño, con fines benéficos.

           Los padres prometían a San Antonio tanto pan como el peso de sus chiquillos, para que los protegiera de las epidemias y de otros males. La pía práctica, disminuyó en la edad media y después desapareció.

           Sólo hacia finales del siglo XIX renació, por mérito principalmente de don Antonio Locatelli, difundiéndose en todo el mundo, hasta el punto de que en muchas iglesias, junto a la imagen o estatua de San Antonio, se encuentra la cajita con el letrero: "Pan de San Antonio".





lunes, 12 de junio de 2017

EL PURGATORIO O LA ESPERANZA DE VER A NUESTRO SALVADOR


    Las Almas en el Purgatorio tienen la voluntad, los deseos, en concordancia con la Voluntad de Dios, quien arroja sobre ellos Su bondad, y ellos, hasta donde pueden, son felices y se limpian de todos sus pecados. 

   En cuanto a la culpa, estas Almas llegan a estar limpias como lo estaban cuando Dios las creó. Dios perdona sus culpas inmediatamente al dejar este mundo si ha habido confesión de los pecados y arrepentimiento o voluntad de no cometerlos más. 





   Solo las manchas que han dejado los pecados es lo que deberá limpiarse mediante el fuego. Y una vez limpias de toda culpa y unidas ala voluntad de Dios, ellas ven con claridad el grado en el cual Él se les revela y ven cuán importante es disfrutarlo a Él, y que estas Almas han sido creadas para este fin.

   Además, son llevadas a unirse con Dios y movidas hacia Él en tal sabiduría, con Su natural instinto hacia las Almas funcionando en ellas, que ni argumentos ni figuras ni ejemplos podrían hacerlo claro cuando la mente conoce esto por medio de su sentimiento interno y lo comprende. Deseo, no obstante, hacer una comparación que viene a mi mente.

   Una comparación para mostrar con qué empuje y qué amor las Almas en el Purgatorio desean disfrutar a Dios. Si en todo el mundo no hubiera más que un pedazo de pan para saciar el hambre de todas las criaturas, y si ellas se vieran satisfechas sólo por verlo; entonces el hombre, si fuera saludable con instinto para comer, si ni comiera ni enfermara ni muriera, su hambre crecería incesantemente porque su instinto de comer no disminuiría.

   Sabiendo que sólo había ese pedazo de pan para satisfacerlo, y que aún estará hambriento, él caerá en un insoportable dolor. Tanto más si se acercara al pan y no pudiera verlo, su anhelo se reforzaría, su instinto se fijaría en ese deseo completamente. Si él estuviera seguro de no volver a verlo, estaría en el Infierno.

    Así pasa con las almas de los condenados que no tienen esperanza de ver su pan, que es Dios, el Verdadero Salvador, que les ha sido quitado. Pero las Almas en el Purgatorio tienen la esperanza de ver ese pan y se sienten satisfechas con ello. Por eso, sufren hambre, y soportan la pena que hará posible satisfacerlas con el Pan que es Jesucristo, Verdadero Dios, Salvador y nuestro Amor.



TRATADO DEL PURGATORIO
Santa Catalina de Génova






domingo, 11 de junio de 2017

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y SOR LUCÍA DE FÁTIMA



               La Santa Iglesia celebra hoy con solemnidad a la Santísima Trinidad. Coincidiendo con esta importante Festividad Católica, releamos la descripción que Sor Lucía Dos Santos, niña vidente de Fátima, nos hace de la Aparición de la Santa Trinidad con la que fue agraciada en Tuy, España, cuando era religiosa dorotea:


          “Estando sola una noche (para una Hora Santa, el 13 de Junio 1929) me arrodillé delante del comulgatorio de la capilla para rezar el ángelus, estando postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me puse de rodillas y continué rezando con mis brazos en cruz. La única luz venía de la lámpara del sagrario. De repente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una Cruz de luz que se extendía hasta el techo. En la parte más brillante, la parte superior de la Cruz, se veía el cuerpo de un hombre desde su rostro hasta la cintura; sobre su pecho había una paloma que brillaba de la misma forma. Clavado en la cruz estaba el cuerpo de otro hombre. Debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían algunas gotas de sangre del rostro del crucificado y de la herida de su pecho. Esas gotas se escurrían sobre la Hostia y caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Corazón Inmaculado en la mano”.




                    Esta es la visión hasta aquí, esta luminosa visión que iluminaba toda la capilla. Entonces ella dijo:

Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz) habían grandes letras, como si fueran de agua cristalina cayendo sobre el altar, que formaban estas palabras: Gracia y Misericordia

          Esto salía del lado izquierdo de la cruz; caían esas letras cristalinas como si fueran aguas cristalinas, como aguas bautismales perfectamente limpias, las palabras: Gracia y Misericordia. Esta es la visión de Tuy. Y también vemos la humildad de la vidente. Sor Lucía dice: “Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este Misterio que no me está permitido revelar”.

          De este modo fue la aparición y la apariencia.  Me gustaría simplemente hacer una observación aquí antes de discutir el mensaje. Cuán perfecto retrato de los fundamentos de la fe, de la fe católica. Cuán perfecto retrato de la Santísima Trinidad en el acto redentor del Santo Sacrificio de la Misa. Todo lo que Dios le ha pedido al hombre para creer, todo lo que Dios le ha pedido al hombre para hacer, está presente en esta aparición. Luego Sor Lucía habla del mensaje que se propagará por todo el mundo y creará un terremoto en todo el mundo. Sor Lucía dice: “Entonces Nuestro Señor me dijo:

Ha llegado el momento en que Dios le pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, llevar a cabo la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio”.

          El segundo pedido es este, parece diferente, parece como si le fuese extraño, pero el segundo pedido es perfectamente parte del primer pedido, van juntos.

          ¿Cuál es este segundo pedido? La Virgen dice:

Son tan numerosas las almas que la Justicia de Dios condena a causa de los pecados cometidos en mi contra que vengo para pedir reparación. Haz sacrificios tú misma por esta intención y reza”.




sábado, 10 de junio de 2017

EL CORAZÓN DE MARÍA, BELLA FUENTE QUE CALMA LA SED DEL ALMA



     Yo encuentro en vuestro Santo Evangelio, Jesús mío, que un día mientras estabais visiblemente en este mundo, yendo a pie de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, para llevar a las gentes la divina palabra de vuestro Padre, cansado y fatigado por el trabajo del camino, os sentasteis junto a la fuente, llamada fuente de Jacob; se encontraba allí una pobre mujer que había venido a sacar agua; vos aprovechasteis la ocasión para catequizarla. Entre las muchas santas instrucciones que le disteis, le dijisteis que teníais agua viva para dar, con esta propiedad que quienes bebían de ella, nunca más tendrían sed, es decir, no tendrían más sed de las aguas envenenadas que da el mundo a los que le siguen. 

     También encuentro en otro lugar del mismo Evangelio, que por vuestra infinita bondad para con los hombres, y encendido vuestro Corazón en deseo infinito de darles a todos de esta agua viva, estabais un día en el templo de Jerusalen en medio de una gran multitud, y gritasteis en alta voz diciendo: Si alguno tiene sed, que venga a Mí, y que beba (Jn. 7,37). Eso que hicisteis en esa ocasión, Señor mío, lo hacéis aún todos los días.

     Yo os veo, no ya junto a la fuente de Jacob, sino en medio de esta divina fuente de que se trata aquí, y os oigo gritar sin cesar: Si alguno tiene sed, que venga a Mí, y que beba. Venid a mí todos los que estáis cargados, fatigados y sedientos en el camino de este mundo, lleno de trabajos y de miserias: Venid a mí aquí, es decir, a la fuente, no de Jacob, sino del Corazón de mi Dignísima Madre, donde me encontraréis; pues he establecido aquí mi morada para siempre. 

     Yo hice esta Bella Fuente, y con mucho más amor para con mis hijos, que la que había hecho al principio del mundo para los hijos de Adán. la hice para vosotros; la he llenado de una infinidad de bienes para vosotros; estoy -en ella para vosotros; allí estoy para descubriros y distribuiros los tesoros inmensos que he ocultado en ella; estoy allí para refrigeraros, fortificaros y daros nueva vida con las aguas vivas de que rebosa; allí estoy para alimentaros con la leche y la miel y para embriagaros con el vino que de ella destilan. 

     ¡Venid, pues, a mí' Hace mucho tiempo, Salvador mío, que clamáis así!; pero son pocas las personas que abren los oídos a vuestra voz. Si el mundo no escucha al Maestro, tampoco escuchará al servidor. No importa, permitidme gritar con Vos, a fin de que el servidor imite al Maestro. ¡Oh!, quien me diera una voz bastante fuerte para ser escuchado... 


San Juan Eudes


viernes, 9 de junio de 2017

"EL CORAZÓN DE CRISTO SE DESBORDA EN AMOR DIVINO"

  
     En este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, ofrezcamos un poco de tiempo a la lectura y reflexión de la Encíclica "Haurietis aquas", del inmortal Pontífice Pío XII, para conocer y propagar la Devoción más necesaria de un católico.



     Nada, por lo tanto, prohíbe que adoremos el Corazón Sacratísimo de Jesucristo como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inexhausto que nuestro Divino Redentor siente aun hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo divino, y, en ella y por ella, a su divina voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en amor divino y humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que nuestro Redentor adquirió por los méritos de su vida, padecimientos y muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de su Cuerpo Místico.

     Así, pues, el Corazón de nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no sólo el símbolo, sino también, en cierto modo, la síntesis de todo el misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos así el amor increado del Verbo divino como su amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, su Esposa, según el Apóstol: «Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante sí llena de gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino siendo santa e inmaculada» (Efesios 5, 25-27)





jueves, 8 de junio de 2017

EL SACERDOTE ENGENDRA HIJOS PARA LA VIDA CELESTIAL Y ETERNA


     El comienzo de la perfección cristiana está en la humildad. «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11 29). Pues si bien consideramos la tan excelsa dignidad a la que por el bautismo y por la sagrada ordenación fuimos llamados, y si reconocemos nuestra propia miseria espiritual, necesario es que meditemos aquella divina sentencia de Jesucristo: «Sin mí nada podéis hacer» (Jn 15, 5).

     El sacerdote no deberá confiar en sus propias fuerzas, ni complacerse con desorden en sus propias dotes, ni andar buscando el juicio y alabanza de los hombres, ni aspirar ambicioso a las más altas dignidades, sino imitar a Cristo, que no vino «para ser servido sino para servir» (Mt 20, 28); niéguese, pues, a sí mismo, según el mandato del Evangelio (cf. Mt 16, 24)27, y no se apegue en su ánimo a las cosas terrenales con demasía, para así poder seguir, más fácil y más libremente, al Divino Maestro. Todo cuanto él tiene, todo cuanto él es, se deriva de la bondad y del poder de Dios; por lo tanto, si de algo quisiere gloriarse, recuerde bien las palabras del Apóstol: «Mas por lo que toca a mí mismo, no me gloriare sino de mis debilidades» (2Co 12, 5).

     Semejante espíritu de humildad, iluminado por la luz de la fe, obliga al hombre a inmolar, en cierto modo, su voluntad mediante la obligada obediencia. Fue el mismo Cristo quien estableció, en la sociedad por él fundada, una legítima autoridad, encargada de perpetuar la de El para siempre; por ello, quien obedece a los superiores, en la Iglesia, obedece al Redentor mismo.




     En tiempos como los nuestros, cuando el principio de autoridad es quebrantado con audacia y temeridad, es absolutamente necesario que el sacerdote, además de mantener firmemente en su espíritu los principios de la fe, reconozca y en conciencia admita tal autoridad no sólo como obligada defensa del orden religioso y social, sino también como fundamento de su propia santificación personal. Y puesto que los enemigos de Dios, con cierta astucia criminal, ponen todo su empeño en excitar y seducir las desordenadas ambiciones de algunos para que se rebelen contra la Santa Madre Iglesia, deseamos Nos elogiar, como es merecido, y sostener con paternal ánimo a ese tan gran ejército de sacerdotes que, precisamente por proclamar abiertamente su obediencia y por guardar incólume su más íntegra fidelidad hacia Cristo y hacia la autoridad por El constituida, fueron encontrados «dignos de sufrir contumelia por el nombre de Cristo» (Hch 5, 41), y no sólo contumelia, sino también persecuciones, cárceles y hasta la misma muerte.

     La actividad del sacerdote se ejercita en todo cuanto al orden de la vida sobrenatural se refiere, pues le corresponde fomentar el crecimiento de la misma y comunicarla al Cuerpo Místico de Cristo. Por ello ha de renunciar a todas las ocupaciones «que son del mundo», cuidarse tan sólo de «las que son de Dios» (1Co 7, 32, 33). Y porque ha de estar libre de las solicitudes del mundo y consagrado por completo al divino servicio, la Iglesia instituyó la ley del celibato, para que cada vez se pusiera más de relieve, ante todos, que el sacerdote es ministro de Dios y padre de las almas. Y gracias a esa ley de celibato, el sacerdote, lejos de perder por completo el deber de la verdadera paternidad, lo realza hasta lo infinito, puesto que engendra hijos no para esta vida terrenal y perecedera, sino para la celestial y eterna.

     Cuanto más refulge la castidad sacerdotal, tanto más viene a ser el sacerdote, junto con Cristo, «hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada».

     Mas para conservar con todo cuidado y en toda su integridad esta castidad sacerdotal, cual tesoro de valor inestimable, necesario es de todo punto atenerse con toda fidelidad a aquella exhortación del Príncipe de los Apóstoles, que todos los días repetimos a la hora de Completas: «Sed sobrios y vigilad» (1P 5, 8).

     Sí, mis amados hijos, estad muy vigilantes, porque vuestra castidad ha de enfrentarse con tantos peligros, así por la plena ruina de la moralidad pública, como por los atractivos de los vicios, que hoy con tanta facilidad os asedian, ya finalmente por aquella excesiva libertad de relaciones entre personas de distinto sexo, tan corriente en la actualidad, y que a veces llega audaz a querer penetrar aun en el ejercicio del ministerio sagrado. «Vigilad y orad» (Mc 14, 38), acordándoos de que vuestras manos tocan las cosas más santas; acordaos asimismo de que estáis consagrados a Dios, y de que sólo a El habéis de servir. Hasta el habito mismo que lleváis os advierte, que no debéis vivir para el mundo, sino para Dios. Empeñaos, pues, con ardor y valentía, confiando en la protección de la Virgen Madre de Dios, en conservaros cada día «nítidos, limpios, puros, castos, como conviene a ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios».


Papa Pío XII, Exhortación Apostólica "Menti Nostrae", 23 de Septiembre de 1950