jueves, 10 de agosto de 2017

EL JOVEN MÁRTIR DE CRISTO REY: ANTONIO MOLLE LAZO


NACIMIENTO E INFANCIA

     Antonio Molle nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) el 2 de abril de 1915, Viernes Santo, y al poco pasó por delante de la casa la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno: todo parecía presagiar desde el principio el final martirial de nuestro personaje. Hijo de Carlos Molle Gutiérrez y de María Josefa Lazo, fervientes católicos y de firmes convicciones patrias, aprendió de ellos la firmeza en los principios, la devoción religiosa y el valor de la vida familiar.

     A los cinco meses marcharon por motivos laborales del padre a Jerez de la Frontera, donde se asentarían definitivamente. No se puede decir, desde luego, que la familia conociera en ningún momento una situación económica boyante, sino que siempre vivieron de forma más bien modesta: en ocasiones incluso el padre y los hijos quedaron en el paro laboral.



Devota estampa que se ha hecho para colocar en ella pedacitos
de un corporal que estuvo en contacto con la tumba del Mártir


     En Jerez, Antonio se formó en la escuela y creció en su primera etapa de niño y adolescente en el Colegio del Buen Pastor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle). No destacó nunca en los estudios, que le costaban bastante, pero sí lo suplió, en cambio, por el notable esfuerzo puesto en ellos. 

DEVOTO DEL ROSARIO Y TERCIARIO CARMELITA

     Asimismo, resaltó por su calidad humana en el trato con los demás, la reciedumbre de carácter que poco a poco se iba forjando y la piedad religiosa que mostró desde pronto como miembro de las congregaciones devocionales que los Hermanos de La Salle tenían en el colegio. También se inició de forma temprana en el amor a Jesucristo Rey, conforme a la instauración de su fiesta por el papa Pío XI en 1925, año en el que precisamente recibió la primera Comunión. Por otro lado, recibió de niño el Escapulario del Carmen, quedando vinculado al Convento de los Padres Carmelitas Calzados de Jerez como Terciario. Resaltó por su devoción mariana y por el rezo del Santo Rosario.

     A los 15 años, en 1930, terminó sus estudios en el colegio, si bien permaneció unido a él mediante la asociación de antiguos alumnos y en las prácticas de piedad y los entretenimientos de éstos, y emprendió la vida laboral. En un primer momento, fue admitido como meritorio en la estación de ferrocarril de Jerez de la Frontera: un empleo en el que no ganaba un salario, sino que había de hacer méritos para poder pasar a ocupar una plaza ya remunerada. Jamás escondió su fe religiosa en un ambiente más bien hostil, dominado por los marxistas, sobre todo socialistas, quienes finalmente consiguieron a nivel nacional que los empleos ferroviarios quedaran restringidos a hijos de trabajadores del ramo.






     De este modo, Antonio Molle se vio en la calle y hubo de buscar trabajo. Lo encontraría como escribiente en unas bodegas y más tarde como taquillero en un teatro, conociendo la realidad del paro obrero en algunos momentos breves, dada la crítica situación económica de la España republicana. 

     En todo este tiempo, Antonio fue forjando una personalidad firme en sus convicciones, hasta el punto de animar a otros amigos a ir a las iglesias de los barrios más conflictivos para asistir a la Santa Misa, a pesar de las amenazas de los socialistas a los católicos que vivían allí o que iban a esos templos. 

     Con 16 años, en 1931, Antonio Molle se afilió a la Juventud Tradicionalista de Jerez de la Frontera. La simpatía hacia el carlismo le venía por línea familiar, pero fue ante todo la defensa de la Fe, de la España Católica y de los derechos de la Iglesia lo que le decidió a dar el paso. Le gustaba mucho asistir a las reuniones y tertulias del Círculo Tradicionalista y de la Sección de Juventud, tratar con sus amigos acerca de los problemas presentes, entretenerse allí mismo en distracciones y juegos, comprometerse en las actividades, etc. Con valentía se entregaba a colaborar en las campañas electorales y en la distribución de la propaganda y pegadas de carteles, pese a la violencia desencadenada por las formaciones marxistas.

DETENCIÓN Y ENCARCELAMIENTO

     En febrero de 1936, el Frente Popular llegó al poder y se acentuó la persecución religiosa. El 2 de abril, día de su cumpleaños, habían de pasar por la estación de ferrocarril unos batallones del Ejército y Antonio fue con un montón de hojas debajo del brazo para repartirlas entre los soldados al grito de: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Rey!”.

     Poco después fue detenido y conducido a la cárcel de Jerez. Allí, como los antiguos mártires, se mostró pleno de alegría y entonaba los numerosos cánticos religiosos que conocía, como el Cantemos al Amor de los amores, el Corazón Santo, Tú reinarás y la Salve, Regina. Frente a las prohibiciones de los carceleros para cantar, se dedicó a escribir en las paredes la letra, con lo cual hubieron de dejarlo por imposible.
 
     Recibía la visita de sus amigos y sólo lamentaba no poder oír la Santa Misa ni comulgar, ya que estaba prohibido. Así que se entregó de lleno al rezo del Santo Rosario, solo o con otros católicos que fueron llegando también allí por la persecución religiosa y política que se estaba desatando en España. Pidió a los amigos que le llevaran libros religiosos y sobre todo se dedicó a leer con gran interés las historias de los mártires, encontrando gran consuelo en lo que ellos habían padecido, a la vez que pensaba que lo que él sufría no era digno de parangonarse con sus gestas.



Detente con los colores nacionales de fondo, muy similar al que
usaron los Requetés como Antonio Molle durante la Cruzada de 1936


     En poco tiempo, el alma de Antonio se estaba transformando hacia una entrega absoluta, heroica y martirial. Su modelo eran los mártires y su corazón se encendía cada vez más en ansias de martirio por amor de Cristo, al que se pisoteaba en España. Otro devoto tradicionalista, encerrado con él en la cárcel de Jerez por aquellos días y con quien hablaba largos ratos, ha transmitido muchas de estas noticias y ha referido que le dijo un día: Sufriré los más grandes tormentos antes que apostatar de mi Dios. A la cárcel fue a parar asimismo su hermano Carlos, detenido por defender con otros jóvenes el convento de Santo Domingo de Jerez, de los dominicos, frente al asalto de las turbas marxistas. Por fin, el 16 de mayo, fue puesto en libertad.
MARTIRIO HEROICO

     El 18 de julio de 1936, el Alzamiento iniciado en Melilla el día antes se extendió por otras partes de España y triunfó pronto en Jerez, Cádiz y Sevilla. Antonio Molle se reunió entonces con los otros “requetés”, los combatientes carlistas, para formar una unidad a disposición de las autoridades militares y que sería el origen del Tercio de Nuestra Señora de la Merced. Los requetés profesaban una sincera fe religiosa y una honda devoción, especialmente hacia Cristo Rey y la Virgen María, teniéndose a sí mismos como auténticos cruzados y confiando en la restauración de la España católica.

     El día 10 de Agosto, fiesta de San Lorenzo, se celebró Misa en el convento de las Hermanas de la Cruz (fundadas por Santa Ángela de la Cruz), pues la iglesia de Peñaflor había sido profanada por los marxistas, y Antonio asistió y comulgó. Algunos han dicho que tal vez se ofreciera en ese momento como víctima de inmolación al Señor, según supusieron por el aspecto tan recogido que presentaba y porque cayó mártir a las pocas horas, pero no existe ningún otro dato que pueda corroborar esa victimación. Lo que sí es muy probable es que realizase una aceptación de la muerte, habitual entre los requetés.

     Ese mismo día 10 se produjo un fuerte ataque de los milicianos frentepopulistas a Peñaflor, que cogió de sorpresa a los defensores; el pueblo finalmente no sería perdido por éstos al llegar refuerzos, pero entretanto se produjo el martirio de Antonio Molle.

     Habiendo permanecido para defender a las Hermanas de la Cruz y a otras mujeres, en un acto de caballerosidad, fue apresado por los milicianos, que le sometieron a una tremenda paliza y a vejaciones, burlándose de él e intentando hacerle blasfemar y renegar de su fe. Gracias a algunos testigos, el relato de lo acontecido es bien conocido. Intentaron varias veces que gritara: “¡Muera la religión!” y “¡Viva Rusia!”; a lo cual sólo respondía: “¡Viva Cristo Rey!” y “¡Viva España!” También, cuando le amenazaban con ir a matarle y a beber su sangre, dijo: Me mataréis, pero Cristo triunfará”. 

     De los labios de Antonio, sin embargo, no se escuchó ningún insulto. Ante su negativa a blasfemar y a renegar de la fe, le mutilaron las orejas y le sacaron los ojos y parte de la nariz, pero únicamente decía: “¡Ay, Dios mío!” y seguía profesando: “¡Viva Cristo Rey!Recibía golpes en todo el cuerpo, pero fundamentalmente en la cabeza. Sobre su pecho seguía llevando, también ensangrentado, el “Detente” con el Corazón de Jesús sobre el fondo de la bandera española.

     Comprendiendo que llegaba ya su final, pues uno de los asesinos dijo que iba a dispararle, extendió cuanto pudo sus brazos en forma de cruz, colocó sus piernas asemejándose a las del Crucificado y, con todas cuantas fuerzas pudo sacar aún de su interior, gritó con voz potentísima: “¡Viva Cristo Rey!



 
      Entonces le fusilaron así, en posición de cruz. Cayó al suelo de la carretera, con los brazos abiertos y cruzada su pierna derecha sobre la izquierda. Algunas gotas de sangre habían coloreado sus alpargatas blancas. Eran aproximadamente las cuatro de la tarde. Conservaba todavía cierto movimiento y algunos quisieron rematarle, pero otro les gritó: “¡No arrematarlo, dejadlo que sufra!” Sin embargo, muchos no se contentaron con esto y le volvieron a propinar golpes y cuchilladas. Finalmente, dejó de respirar y su corazón se detuvo. Murió en la carretera y quedó allí solo.

FAMA DE SANTIDAD

     Las fuerzas nacionales consiguieron finalmente mantener Peñaflor y entonces se recogió el cadáver de Antonio. De inmediato, los testigos contaron el relato de lo sucedido y se le dio fama de muerte martirial. En la iglesia, restaurado el culto tras las destrucciones y la profanación, se celebró una Misa por su alma y por otros caídos en la localidad. Los restos de su sangre fueron también enseguida besados por la gente. El cadáver, con honores militares, fue trasladado a Jerez de la Frontera, donde recibió sepultura, y tiempo después se llevó desde el cementerio a la Iglesia del Carmen ante el creciente número de visitas de devotos a su sepultura.

martes, 8 de agosto de 2017

EL SANTO CURA DE ARS, COMO DEBE SER UN CURA




BREVE BIOGRAFÍA

Natural de Dardilly ( Francia ), donde nació el 8 de Mayo de 1786, sintiendo vocación 
para el sacerdocio, encontró dificultades tan serias en los estudios eclesiásticos
 que sólo pudo superarlas por especial auxilio divino.

 Nombrado cura de la pequeña aldea de Ars, por su celo convirtió a la parroquia;
 de todos los puntos de Francia acudía la gente para confesarse con el humilde sacerdote
 que permanecía noches enteras en el confesonario. 

Entró en el Paraíso el 4 de Agosto de 1859, sin embargo, la Santa Iglesia 
señaló su festividad para tal día como hoy, 8 de Agosto.




ALGUNOS HECHOS MÍSTICOS DEL SANTO CURA DE ARS

   En un mundo descreído como el nuestro, urge desempolvar una realidad olvidada por muchos, atacada por unos pocos y colmada de indiferencia por la mayoría... me refiero a la faceta mística de los Santos. Muchas veces leemos en las vidas de los Bienaventurados capítulos referentes a su amor por Dios y las almas, de su fuerte devoción a Nuestra Señora, de su anhelo por asemejarse a Cristo Nuestro Señor, pero algunos tratan de enterrar la unión espiritual con el Creador y Señor de todo lo creado, Aquél que puede consolar a los que le aman especialmente, con gracias y dones sobrenaturales.

   Nos empeñamos en creer que los Santos sólo fueron personas con un mayor grado de virtud que el resto de los mortales, pero olvidamos que también los Santos son como una chispa del Poder de Dios que fluye a través de ellos con naturalidad, por la fuerza de su deseo de amar y hacer amar al Señor. 

   Esa sobrenaturalidad en medio de lo natural, de lo cotidiano, no vuelve al Santo un ser alejado de los problemas y necesidades de su prójimo, al contrario: saborear la belleza de lo sobrenatural, eleva al alma no sólo para provecho espiritual propio, sino que la impele a gritar a todos la necesidad de ser santos.

   San Juan María Vianney, quien hace ciento cincuenta y cuatro años dejó este mundo para encontrarse con Dios para siempre, saboreó muchas veces esa sobrenaturalidad, ese anticipo del Cielo, pero en la tierra. Como Santo, procuraba esconder esos pequeños favores celestiales, que en ocasiones desvelaba a compañeros sacerdotes ( seguramente porque el Santo Cura dudaba hasta de sus propios sentidos )  y en otros , simplemente era descubierto por alguno de sus devotos parroquianos, como veremos en los relatos siguientes.

EL SANTO CURA DE ARS 
Y EL SANTO SACRIFICO DE LA MISA

      Los que tuvieron la dicha de asistir a las Misas celebradas por el San Juan María Vianney, notaron la transfiguración que se producía en el sacerdote santo. Él mismo era consciente, por eso en más de una ocasión pidió que no le mirasen mientras celebraba el Sacrificio del Altar. Según relato de un contemporáneo, aquél ángel de la fe y serafín por el amor, tenía al celebrar "los ojos de fuego que iluminaban su rostro" (1). 

      Otro testimonio es el de Andrés Treve, que con frecuencia le ayuda a Misa: "Vi con frecuencia que su actitud recogida tenía todas las apariencias del éxtasis". Instintivamente, le miraba uno de los pies "para ver si todavía tocaban el suelo".


      El mismo Cura de Ars, con piedad cuasi infantil, comentó a Catalina Lassagne, una fiel parroquiana: "¡Oh, qué hambre tenía durante la Misa!. Cuando ha llegado el momento de comulgar, he dicho al Señor: Dios mío, alimentad mi cuerpo y mi alma; y el hambre ha cesado por completo". Según testimonio de la misma Catalina Lassagne, un sacerdote dijo del Santo Cura que "Tiempo vendrá, en que le Cura de Ars no vivirá sino de la Eucaristía".

      Según el Rvdo. Toccanier, "la opinión general en Ars era de que gozaba de la presencia visible del Salvador en la Eucaristía". No sería extraño, ya que en palabras del mismo San Juan María Vianney "Después de la Consagración, cuando tengo a Nuestro Señor en mis manos, me olvido de mí", o aquellas otras donde desveló que "Cuando Nuestro Señor está sobre el Altar durante la Misa, al pedirle por los pecadores, lanza rayos de luz para cubrirles sus miserias y convertirles."

      Hacia 1850, en una de sus instrucciones a los peregrinos que se iban a confesar con él, les dijo: "Ved que somos del todo terrenales, y nuestra fe nos presenta los objetos a trescientas leguas de distancia, como si Dios estuviera al otro lado de los mares. Si tuviéramos una fe viva, a buen seguro que le veríamos allí, en el Santísimo Sacramento. Hay sacerdotes que lo ven todos los días en el Santo Sacrificio de la Misa."

(1) Palabras del General Des Garets ( Panégyrique du B. Vianney, 6 de Agosto de 1918)





domingo, 6 de agosto de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

     Hoy, es el abismo de la luz inaccesible. Hoy, sobre el Tabor, la efusión infinita del resplandor divino brilla ante los apóstoles. Hoy Jesucristo se manifiesta como maestro de la Antigua y de la Nueva Alianza… Hoy sobre el Tabor, Moisés, el legislador de Dios, el padre de la Antigua Alianza, asiste como un servidor, a su Maestro, Cristo, el dador de la Ley. Y reconoce su designio al que lo había iniciado en el pasado por prefiguración; esto es lo que significa, en mi opinión, «ver a Dios de espalda” (Ex 33, 23). Ahora ve claramente la gloria de la divinidad, «albergado en la ranura de la roca» (Ex 33, 22), pero «esta roca era Cristo» (I Co 10, 4), como Pablo lo ha enseñado expresamente: el Dios encarnado, Verbo y Señor…


     Hoy el padre de la Nueva Alianza, que había proclamado a Cristo como Hijo de Dios diciendo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16), ve al padre de la Antigua Alianza, que se mantiene cerca del donante de la una y otra, y que le dice: “He aquí El que es. He aquí, entonces, del que he dicho que surgirá un profeta (Ex 3, 14; Dt 18, 15; Hch 3, 22) – como yo, en cuanto hombre y como jefe del nuevo pueblo pero por encima de mí y de toda criatura, que dispone para mí y para ti, los dos alianzas, la Antigua y la Nueva”…
      Venid pues, ¡obedezcamos a David el profeta! ¡Cantemos a nuestro Dios, cantemos a nuestro Rey, cantemos! “Él es el Rey de toda la tierra» (Sal. 46, 7-8). Cantemos con sabiduría; cantemos con alegría… Cantemos también al Espíritu «que lo sondea todo, incluso las profundidades de Dios” (I Co 2, 10), veamos, en esta luz del Padre, que es el Espíritu iluminando todas las cosas, la luz inaccesible, el Hijo de Dios. Hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad… Las cosas humanas pasan a ser las de Dios, y las divinas las de los humanos.

San Juan Damasceno, Homilía sobre la Transfiguración





sábado, 5 de agosto de 2017

APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES y Primer Sábado de mes, dedicado al Inmaculado Corazón de María




ORÍGENES DE LA DEVOCIÓN

      Una antigua tradición cuenta que en Roma vivían unos esposos ricos, de nobles familias patricias, que deseaban donar su fortuna a fin de hacer alguna obra buena en favor de la religión cristiana. En la noche del 5 de agosto del año 358, escucharon en sueños una voz que les decía: “Acudan mañana al Monte Esquilino y en el sitio donde haya nieve, allí deben levantar un templo a la Santísima Virgen”.

      Al día siguiente acudieron al lugar señalado, situado en una de las siete colinas de Roma, y encontraron, con gran sorpresa, una franja de terreno cubierta de nieve en pleno verano. Con el apoyo del Papa Liberio, se empezó a construir el templo dedicado a Nuestra Señora, conocido más tarde como Basílica Liberiana, siendo el primer templo dedicado a la Madre de Dios y puesta bajo el título de Nuestra Señora de las Nieves. Con el tiempo, el templo se fue deteriorando, pero para mantener  aquél bendito lugar dedicado a la Virgen, se construyó otro templo en el año 434, ocupando en la actualidad ese milagroso lugar la Basílica de Santa María la Mayor, que es una de las cuatro basílicas mayores de Roma y una de las cinco patriarcales asociadas con la Pentarquía: San Juan de Letrán, San Lorenzo Extramuros, San Pedro, San Pablo extramuros y la citada.

PATRONA DE LA ISLA DE SAN MIGUEL DE LA PALMA
(Archipiélago Canario, España)

      La presencia de Nuestra Señora de Las Nieves en La Palma está envuelta en la leyenda. La Bula del Papa Martino V, fechada en Roma el 20 de noviembre de 1423, hace mención a “Santa María de la Palma” y su llegada a la Isla se asienta sobre las hipótesis de algunos cronistas, que se refieren a viajes de frailes irlandeses o navegantes del Mediterráneo, misiones del Obispado de Telde o incursiones de los normandos asentados en las islas orientales desde comienzos del siglo XV.



EL VOLCÁN SOFOCADO POR LA VIRGEN

Existe un documento de especial interés y que se refiere a la erupción del volcán de San Antonio, ocurrida en 1677. La versión corresponde al visitador Juan Pinto de Guisla, venerable beneficiado de la parroquia de El Salvador y visitador general de La Palma, testigo presencial, según parece, del acontecimiento y que se expresa en los siguientes términos:

      “Ha padecido esta isla diversas veces la calamidad de estos volcanes, en la parte que mira al sur, o mediodía, como se reconoce por la tierra quemada reducida a riscos que llaman “mal país”, en que convierte la materia que arroja de sí, y aún está muy viva la memoria del último que reventó por principio del mes de Octubre del año 1646, que duró hasta 18 de Diciembre del mismo año, en que se celebra la fiesta de la Expectación de Ntra. Señora, día en que amaneció de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Ntra. Señora de las Nieves, cuya Santa Imagen se venera como Patrona de esta isla y a cuyo patrocinio se recurre en sus mayores aflicciones y necesidades, como se recurrió en aquélla trayéndola a la Parroquia de esta ciudad, donde estaba colocada cuando cesó el volcán, y se cubrió de nieve”.





viernes, 4 de agosto de 2017

SANTO VIACRUCIS, Segunda Estación: "JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS", por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


         Siguiendo el esquema de piedad de LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedicamos este día viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar en reparación al Mismo Corazón, los sufrimientos que padeció Nuestro Señor en Su Dolorosa Pasión.

         Un sencillo método, para aquellos que se inician en esta necesaria devoción o para aquellos que carecen de mucho tiempo, es centrarnos en una de las Estaciones del Santo Viacrucis, si bien siempre será lo ideal rezarlo completo, para poder lucrar las indulgencias que lleva concedidas.






     Se inicia así, mi adorado Señor, vuestra caminata hacia el lugar de la inmolación. El Padre Celestial no quiso que fueseis muerto por un golpe fulminante. Vos habríais de enseñarnos durante Vuestra Pasión, no sólo a morir, sino también enfrentar a la muerte. Enfrentarla con serenidad, sin vacilación ni flaqueza, caminando incluso hacia ella con el paso resuelto del guerrero que avanza hacia el combate; he ahí la admirable lección que me dais.

     Frente al dolor, Dios mío, cuánta es mi cobardía. Ora contemporizo antes de tomar mi cruz; ora retrocedo, traicionando el deber; ora, por fin, yo lo acepto, pero con tanto tedio, tanta molicie, que parezco odiar el peso que vuestra voluntad me pone sobre los hombros.

     En otras ocasiones, ¡cuántas veces cierro los ojos para no ver el dolor! Me ciego voluntariamente con un optimismo estúpido, porque no tengo el coraje de enfrentar la prueba, y por eso me miento a mí mismo: no es verdad que la renuncia a aquel placer se me impone para que no caiga en el pecado; no es verdad que debo vencer aquel hábito que favorece mis más arraigadas pasiones; no es verdad que debo abandonar aquel ambiente, aquella amistad, que minan y destruyen toda mi vida espiritual; no, nada de esto es verdad… cierro los ojos, y arrojo a un lado mi cruz.

     ¡Jesús mío, perdonadme tanta pereza, y por la llaga que la Cruz abrió en vuestros hombros, curad, Padre de las Misericordias, la horrible llaga que abrí en mi alma durante todos los años vividos con relajamiento interior y con condescendencia conmigo mismo!




Para leer las Estaciones del Vía Crucis publicadas hasta el momento
sólo tiene que tocar AQUÍ







jueves, 3 de agosto de 2017

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, UN TRIBUTO DE AGRADECIMIENTO


"...el sacerdote que celebra una Misa tributa a Dios honra infinitamente mayor, sacrificándole a Jesucristo, que la que todos los hombres le tributarían muriendo por Él, con el sacrificio de sus vidas. Además, el sacerdote con una sola Misa tributa a Dios más honor que el que le han tributado y tributarán todos los Ángeles del Cielo, con María Santísima, quienes no pueden tributarle culto infinito, como el sacerdote que celebra en el Altar.



En la imagen, el Obispo Monseñor Guérard des Lauries, de la Orden de Predicadores


Añádase que el sacerdote, al celebrar, ofrece a Dios un tributo de agradecimiento digno de Su Bondad Infinita por todas las gracias concedidas hasta a los Bienaventurados del Paraíso, tributo de agradecimiento, digno de Dios, que todos los Bienaventurados juntos no le pueden tributar. De donde se desprende que, aun en este respecto, la dignidad del sacerdote está por encima de todas las dignidades, aun celestiales. Además, «el sacerdote es embajador enviado por el universo entero ante Dios, para interceder y alcanzar sus gracias en favor de todas las criaturas», como se expresa San Juan Crisóstomo; y San Efrén añade que «el sacerdote trata familiarmente con Dios». En una palabra, que para el sacerdote no hay puerta cerrada.

Jesucristo murió para crear un sacerdote. No era necesario que el Redentor muriese para salvar al mundo, pues bastaba que derramase una gota de sangre, que vertiera una sola lágrima, que prorrumpiese en una plegaria, y hubiera alcanzado la salvación de todo el mundo, porque, como esta oración hubiera sido de infinito valor, habría bastado para salvar no uno, sino mil mundos.

Con todo, para crear un sacerdote fue necesaria la muerte de Jesucristo; de no haber sido así, ¿dónde se hubiera hallado la Víctima que hoy ofrecen a Dios los sacerdotes de la Nueva Ley, Víctima Santísima e Inmaculada, capaz de tributar a Dios honores dignos de la divinidad? Ya apuntamos que todas las vidas de los hombres y de los Ángeles son incapaces de tributar a Dios un honor infinito, como se lo tributa un solo sacerdote con una sola Misa.



miércoles, 2 de agosto de 2017

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, Doctor de la Iglesia, Perfecto Hijo de María


"No desconfíes, pecador;recurre en todas tus necesidades a María; 
llámala en tu socorro, que la encontrarás siempre
 preparada a socorrerte, porque es voluntad de Dios
 que nos auxilie en todas las necesidades."





     Nació cerca de Nápoles el 27 de Septiembre de 1696. Sus padres fueron Don José, Marqués de Ligorio y Capitán de la Armada naval, y Doña Ana Cabalieri, por lo que nuestro Santo era de noble cuna Patricia.

     Siendo aún muy pequeño, sus nobles padres reciben en su palacete al misionero San Francisco de San Jerónimo, que profetiza sobre el niño: "Este niño vivirá hasta los noventa años, llegará a ser Obispo y hará grandes cosas por Dios."

     Para conservar la pureza de su alma escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen y huía como de la peste de todos los que tuvieran malas conversaciones.

     Al fin, a los 30 años de edad logra ser ordenado sacerdote. Desde entonces se dedica trabajar con las gentes de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades. Reúne a los niños y a la gente humilde, al aire libre y les enseña catecismo.

     Se le reunieron otros sacerdotes y con ellos, el 9 de noviembre de 1752, fundó la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas). Y a imitación de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: "Soy enviado para evangelizar a los pobres".


     Durante 30 años, con su equipo de misioneros, recorre campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente.

     En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda. Quedó aterrado y dijo que renunciaba a ese honor.Pero el Papa no le aceptó la renuncia. "Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados" - exclamó - y aceptó. Tenía 66 años.

     Estuvo 13 años de obispo. Visitó cada dos años los pueblos. En cada pueblo de su diócesis hizo predicar misiones, y él predicaba el sermón de la Virgen o el de la despedida.
Vino el hambre y vendió todos sus utensilios, hasta su sombrero y anillo y la mula y el carro del obispo para dar de comer a los hambrientos.

     Cuando le aceptaron su renuncia de obispo exclamó: Bendito sea Dios que me ha quitado una montaña de mis hombros.

     Incansable Apóstol de Jesús Sacramentado y de Nuestra Señora, empeñó su vid en la salvación de las almas mediante la predicación y la escritura de más de 100 obras, que a día de hoy se reeditan, sobresaliendo LAS GLORIAS DE MARÍA, que todo buen devoto de la Virgen debería leer.

     San Alfonso muere el 1 de agosto de 1787, a los 90 años.

     El Papa Gregorio XVI lo canonizó en 1839 y el Papa Pío IX lo declaró Doctor de la Iglesia en 1875.






APOSTOLADO DEL WHATSAPP


RECIBA NUESTRAS PUBLICACIONES VÍA WHATSAPP 
y compártalas con los suyos 
para extender el Reino de Cristo y María en las almas.



Si desea recibir resumen e imagen de las publicaciones mediante whatsapp, sólo tiene que enviar un mensaje
 con su nombre y el del país del que nos escribe al

 ‭‭+34 665 489 138‬‬
(España)

Que Dios se lo pague y Nuestra Señora se lo premie.




martes, 1 de agosto de 2017

LA INDULGENCIA PLENARIA DE LA PORCIÚNCULA, PRIVILEGIO QUE OBTUVO DE NUESTRO SEÑOR el Seráfico San Francisco de Asís


     Cada año todos los fieles que visiten una iglesia franciscana en cualquier lugar del mundo desde el mediodía de hoy, 1 de agosto, y todo el 2 de agosto, podrán obtener la llamada indulgencia plenaria de la Porciúncula.
     Este don requiere además las condiciones habituales para ganar una Indulgencia Plenaria:
-Visita a una iglesia o capilla de la Orden Franciscana
-Confesión sacramental (hacer una buena y dolorosa confesión, a no ser que la persona que quiera ganarla se confiese cada ocho o quince días, pero todos deben estar arrepentidos, en el acto de ganar la indulgencia, de todos sus pecados, hasta de los veniales. Puede hacerse ocho días antes o dentro de los siete días siguientes.
-Comunión eucarística, entre el 1 y el 2 de Agosto, si bien al igual que la Confesión, si la persona es habitual a recibir la Sagrada Comunión, le vale entre los 7 días anteriores o posteriores. 
-Rezar al menos un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por la Restauración del Papado (nuestra posición es la de Sedevacante desde 1958) y la oración que aparece en la estampa que presentamos más abajo.

NOTA IMPORTANTE
Todas aquellas piadosas almas que han hecho el llamado Voto de Esclavitud Mariana o bien el Voto de Ánimas, igualmente pueden ofrecer y aplicar esta Indulgencia Plenaria por el alma de un difunto en particular.



GLORIOSA APARICIÓN DE NUESTRO SEÑOR Y LA VIRGEN SANTÍSIMA
A SAN FRANCISCO DE ASÍS
     Una de las cosas que más afligían al Padre San francisco durante su vida en este mundo, la constituían las ofensas que se hacían a Dios con tantos pecados y la perdición eterna de tantas almas que los cometían. Una noche de 1216, en que más abundaba en estos sentimientos, se le apareció un Ángel de parte de Dios, dándole orden para que fuese a la pequeña iglesia (porziuncola chiesa) que él había reparado en honra de la Reina de los Ángeles. 

     Al llegar allí, entre vivísimos resplandores de gloria y majestad y multitud de ángeles y serafines que llenaban el templo, vio a Nuestro Señor Jesucristo, vivo y gloriosísimo, y a su divina Madre la Dulcísima Virgen María. Extático y fuera de sí San Francisco cayó en tierra y, así postrado, oyó la voz de Jesús que le decía:

 “Pues tantas son tus lágrimas y afanes por la salvación de las almas,
 pídeme, Francisco, lo que quieras”.

 Replicó Francisco:
 “¡Señor y dios Altísimo!, yo, miserable pecador,
 os suplico, por intercesión de vuestra Santísima Madre, que concedáis la gracia 
de que todos los que vengan confesados a esta iglesia alcancen perdón e indulgencia
 de todos sus pecados y queden en vuestra presencia lo mismo que quedaron 
después de recibir el santo bautismo”

Respondió la voz divina: 

“Mucho pides, Francisco, pero por ruegos de mi Madre, 
a quien has puesto por intercesora, te concedo esa gracia. 
Acude a mi Vicario en la tierra para que te la confirme”.

     Francisco se presentó al Papa, que lo era entonces Honorio III, y, con sencillez y humildad, le dijo: “Santísimo Padre, vengo a solicitar una indulgencia plenísima para todos los pecadores que, habiéndose confesado, vengan a visitar la iglesia que yo he reparado”. Díjole el Papa: “No es costumbre conceder una indulgencia tan grande a tan poca cosa; pero, dime –añadió–, ¿cuántos años quieres que dure esta gracia?”. Replicó San Francisco: “Padre Santo, yo no pido años sino almas, y no soy yo, sino mi Señor Jesucristo quien lo quiere”. Al oír esto el Papa Honorio se sintió interiormente movido por Dios y dijo por tres veces: “Me place, me place, me place conceder esta gracia”.



LAS ROSAS DE SAN FRANCISCO

     Faltaba determinar el día en que se había de ganar este jubileo tan extraordinario, y vencer las dificultades que ponían los cardenales diciendo que esta indulgencia y jubileo, sin ninguna carga de ayunos, limosnas ni otras obras determinadas, menoscabaría los de Roma, Jerusalén, Santiago y otros que suele conceder la Iglesia.


Estampa que contiene hojas del rosal del Milagro de San Francisco, 
así como astillas de la silla del Santo, de su celda y de la Capilla de la Porciúncula.
Lleva el sello de la Orden Franciscana como garantía de autenticidad.



     San Francisco continuaba rogando a Dios y haciendo penitencia; hasta llegó a arrojarse desnudo, en el rigor del invierno, en un espinoso zarzal, ensangrentándose todo su cuerpo. Al instante el zarzal se vistió de verdor y brotó frescas y fragantes rosas, unas blancas y otras encarnadas. Además, una luz inefable sobre la engalanada zarza y multitud de ángeles convidaban a San Francisco con melodiosos cánticos para que fuese otra vez a la iglesia de la Porciúncula. San francisco cogió del florido zarzal doce rosas blancas y doce encarnadas, todas muy hermosas, pasó con ellas la senda deslumbradora del monte, que todo parecía arder sin consumirse, entró en la iglesia y, delante de Jesucristo y de la divina Madre, que le aguardaban como la vez primera, cayó de rodillas y fijó su pensamiento en la indulgencia, oyendo estas palabras: “Por los ruegos de mi Madre te concedí, Francisco, la gran Indulgencia, y para ganarla, sea el día en que mi apóstol Pedro, encarcelado por Herodes, se libró milagrosamente de las cadenas. Llévale a mi Vicario esas rosas que has tomado de la zarza, en testimonio de lo que has visto y oído. Yo moveré su corazón y cumpliré tu deseo”.

     San Francisco fue a Roma, llevando las rosas consigo y acompañado de cuatro compañeros que habían sido testigos de la visión, y obtuvo la confirmación de la indulgencia para el 1º de agosto, desde las vísperas de ese día hasta la puesta del sol del siguiente 2 de agosto, según el mismo Jesucristo nuestro Señor se lo había concedido.

     Muchos milagros se obraron después, a favor de la autenticidad de esta indulgencia, entre otros el haber manifestado el Señor cuán hermosas salían de los templos franciscanos las almas que habían entrado manchadas, y cuántas salían muy gloriosas del Purgatorio por las visitas que por ellas se hacían.