domingo, 23 de junio de 2019

LA META DEL PONTIFICADO: SERVIR A LA VERDAD ÍNTEGRA Y AUTÉNTICA



          "Servir tan sólo a la Verdad es la única meta del Sumo Pontificado a través de los siglos; a la Verdad, Íntegra y Auténtica, no enturbiada por tiniebla alguna, ni plegada a ninguna condescendencia, y jamás separada de la caridad de Jesucristo”.


(Papa Pío XII, "Summi Pontificatus", 20 de Octubre de 1939)




Entonces, ¿puede un Papa válido enseñar el error?
Acaso, ¿no prometió Nuestro Señor que el infierno
 no prevalecería sobre la Santa Iglesia?


            La gran dificultad que se presenta para los católicos que se oponen al Concilio Vaticano II y a sus reformas es la de la autoridad papal, es decir, de qué manera se puede justificar el rechazo de la «nueva religión» cuando ésta es proclamada, al menos aparentemente, por la suprema autoridad.


            La solución propuesta por la Fraternidad San Pío X es la siguiente: "los Papas del Vaticano II son Papas verdaderos, pero no se les debe obedecer cuando nos ordenan creer algo falso o hacer algo malo." Sin embargo, esta solución puede aplicarse sin problema a las órdenes del Papa que obra en cuanto persona privada, pero cuando se trata del Magisterio Ordinario Universal o de las Leyes generales, que son Verdades infalibles, implica la defección de la Iglesia. En otros términos: un Papa verdadero, en virtud de la asistencia del Espíritu Santo, no puede enseñarnos cosas falsas u ordenarnos hacer el mal en nombre de la Iglesia.




            Entonces, la única solución que mantiene la indefectibilidad de la Iglesia consiste en afirmar que estos «Papas» que promulgan y difunden la defección de la Fe del Vaticano II y de la «nueva religión» no gozan en general de la autoridad Papal. Pero algunos de los que sostienen esta tesis afirman que dichos Papas están totalmente privados de la dignidad pontificia y otros, que sólo están privados parcialmente; es decir, formaliter (formalmente) y no, materialiter (materialmente).

             Esta segunda tesis fue expuesta por primera vez por Mons. Guérard des Lauriers en 1973; sin embargo, es ignorada por muchos y mal comprendida por casi todos....


S.E.R. Mons. Donald J. Sanbor

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