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domingo, 9 de junio de 2019

BEATA ANNA MARÍA TAIGI, Patrona de las madres de familia y Mística


BREVE BIOGRAFÍA

               Anna María Taigi nació en Siena (Italia) el 29 de Mayo de 1769. Pertenecía a una honorable familia: su abuelo, Pietro Giannetti, dirigía una farmacia. Su hijo Luis, después de seguir los estudios que le permitan suceder algún día a su padre, se casa con una buena cristiana: María Santa Masi. Ana María sería la única hija del matrimonio. 

                Fue bautizada al día siguiente de su nacimiento; recibió los nombres de Anna María Antonia Gesualda. Durante los seis primeros años la vemos jugar entre los viñedos, olivos y rosales que, como muralla roja, coronan las arenosas llanuras de la Toscana.

             La mala gestión económica del cabeza de familia les lleva a la ruina y terminan mudándose a un barrio modesto de Roma. En esta situación de estrecheces transcurre su infancia, pero tiene la gracia de poder acudir a la escuela gratuita de la Vía Graziosa, regentada por las Hermanas del Instituto Maestre Pie, fundado por Santa Lucía Filipini. Junto a las clases de religión y cálculo Anna María recibe las enseñanzas propias del hogar. Los Domingos asiste en la parroquia a la catequesis semanal.

                  La situación familiar empeora: sin dinero y preso de la ira, Luis, el primer responsable, en vez de remediar su culpa, vuelve sus malos humores contra su única hija, maltratándola a diario.




               Despedida a poco de ir a la escuela por causa de una epidemia de viruelas, no podrá volver a ella por tener que ayudar a su madre en los oficios de la casa. Ha aprendido a leer, pero no a escribir, y jamás sabrá otra cosa que apenas garabatear su firma.

               El ambiente revolucionario y anticristiano de la época hace mella en el alma de una adolescente piadosa como Anna María. A pesar de sus pocos años Annette comienza a darse cuenta de todo esto. Oye las conversaciones de la calle y las noticias que cuentan las compañeras del taller donde ha comenzado a trabajar. Para llevar algún refuerzo al vacío erario familiar carda la seda y corta las viejas ropas en una pequeña tienda propiedad de dos hermanas solteras. De regreso a su casa lava la ropa y hace la comida, mientras su madre sirve de asistenta en varias casas para sacar con qué comer.

                En 1787 Anna María abandona el taller para ocupar una plaza de doncella en el palacio donde trabaja su padre. La patrona, encantada de sus condiciones domésticas, ofrece también un empleo a su madre, y desde entonces los Giannetti trasladan su residencia a dos habitaciones que amablemente les ha cedido la señora Sierra, su patrona. La indigencia de la familia ha terminado: su madre no tendrá ya que ir de asistenta por las casas y, al menos, no les faltará comida y techo en que cobijarse.

               En este palacio, mezcla de fortaleza y de convento, como todos los antiguos de Roma, es donde conoce a un criado que, dos veces por semana, les lleva provisiones desde el palacio Chigi. Domenico Taigi es hombre de buenas costumbres, de sólida piedad, aunque rudo, inculto y de vivo genio. Poco tiempo después se celebra la boda en la iglesia de San Marcelino y, como en todas las demás, hay una buena comida, se baila y se canta hasta el cansancio. Anna María acaba de cumplir veinte años y su esposo veintiocho.

               El Príncipe Chigi les cederá dos habitaciones de su palacio y allí pasarán su luna de miel y les nacerán seis de sus siete hijos. Llega el año de 1790 y la tempestad que va a purificar al mundo se encuentra próxima. Pero aún Dios no cree llegada la hora de su conversión. Durante los tres primeros años de su matrimonio Anna María sigue siendo la muchacha bonita, alegre y entusiasta de la vida mundana.

               En París ha estallado la revolución y la noticia corre de boca en boca entre el estupor de algunos y la alegría de no pocos. En Roma, junto a la columnata de Bernini la dulce mirada de Anna María se cruza con la de un religioso servita, el Padre Angelo. Este no había visto nunca a la joven, pero una voz interior le anuncia de repente: “Presta atención a esa mujer. Yo te la confiaré un día; tú trabajarás por su conversión. Ella se santificará porque yo la he escogido para santa”.

               A partir de entonces, Anna María comienza a no gustar las cosas de este mundo. Se despoja de su vanidad y busca el consuelo a su insatisfacción en la piedad. Va de uno a otro confesor en busca de consuelo y apoyo, hasta que un día entra en la iglesia de San Marcelo, donde se casó. Hay allí un confesonario y a él se dirige; el confesor no es otro que el Padre Angelo, que la reconoce por la voz y le dice: “¡Ah, al fin habéis venido, hija mía! El Señor os llama a la perfección y vos no debéis desatender su llamada”. Y acto seguido le cuenta el mensaje recibido en la plaza de San Pedro.

               En 1808 toma el hábito de Terciaria Trinitaria y quiere perfeccionarse más, pero la verdadera perfección consiste, como le dijo el Señor en una de sus Apariciones, en la mortificación de la propia voluntad, en ocultar dentro de lo posible a los ojos de los hombres las obras que se hacen, en ser buena, caritativa y paciente. Y Anna María sigue fielmente estos consejos del Maestro, si bien sería guiada por el Padre Fernando, confesor también de Isabel Canori.

                Quizá lo que más llama la atención de su vida es cómo ha sabido conjugar o ser perfecta en su estado matrimonial, máxime con su esposo Domenico; con él mostraría continuamente su paciencia: ni una disputa, ni un mal gesto en sus cuarenta y ocho años de matrimonio. Humildad y confianza en Dios fueron siempre sus armas para salir de los malos trances. Dios mismo le había revelado: “Yo seré tu guía en la vida de perfección”.

               Anna María vería morir a cuatro de sus hijos con santa resignación, aceptando siempre la Voluntad del Todopoderoso; sufrió calladamente las burlas de muchas personas que la consideraban una visionaria; jamás protesta por su humilde condición. Poco a poco, a través del dolor y sufrimiento su alma se va purificando.

               Mientras, en Francia, Napoleón Bonaparte se ha erigido emperador de los franceses. Sus ejércitos avanzan incontenibles por todos los suelos de Europa. Se profanan las iglesias, se hace mofa de la religión, se predice por doquier el fin de la cristiandad. Las ideas revolucionarias alcanzan su máximo esplendor. Anna María es la respuesta de Dios a todas estas cosas: al racionalismo triunfante, al orgullo de los poderosos, al materialismo del siglo. El Señor sigue fiel a su promesa: “Ensalzaré a los humildes y abatiré a los orgullosos”.



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               El 24 de Mayo de 1814, Anna María saldría con los romanos a recibir con lágrimas de júbilo al Papa Pío VII, que volvía del destierro impuesto por Napoleón; el Pontífice, en agradecimiento a la Virgen María, instituyó entonces la Fiesta de Nuestra Señora Auxilio de los Cristianos.

               La vida de Ana María es rica en hechos extraordinarios que se enlazan de nuevo, todos, con el sol misterioso que durante unos cuarenta  siete años es para ella manantial perenne de conocimientos sobre la vida presente y futura.

              Atestigua Don Rafael Natali, confidente de Ana María y testigo ocular de numerosos hechos extraordinarios que vive como huésped en la casa de Anna María durante unos veinte años: “El sol se le apareció en la habitación la primera vez mientras se daba la disciplina, era de una luz fosca y empañada; y a medida que ella progresaba en las virtudes, se volvía más claro y luminoso, y en poco tiempo se hizo más lúcido que siete soles juntos. Era, a su vista, de la grandeza de nuestro sol. Sorprendida Ana María por un sacro terror y por novedad tal, le preguntó al Señor su significado, y oyó que le respondían que era un espejo en el que vería el  bien y el mal”.

               Todos buscan el consejo de Anna María Taigi: gobernantes, cardenales y embajadores vienen a pedirle consejo o solución a sus problemas. Ella trata a todos igual. Nunca rehúsa el consuelo y la ayuda a nadie y jamás admite regalo ni limosna alguna. Y cuando, como en alguna ocasión, la Reina de Etruria María Luisa desterrada en Roma, quiere ayudarla dándole una casa y oro, ella le responde: “Señora, yo sirvo al más grande de los reyes y Él sabrá recompensarme espléndidamente”.

               Pero aún debe purificarse más. Como si fuera poco lo que ha tenido que sufrir, Dios le reserva siete meses de dolorosa agonía. A pesar de ello su eterna sonrisa no desaparece de sus labios. Lleva con alegría esta última prueba, sabiendo que sus días están contados. Por fin el 9 de Junio de 1837, rodeada de su marido y tres hijos, deja este mundo a los sesenta y ocho años de edad. Al día siguiente es enterrada en el nuevo cementerio de Campo Verano.

              Sería Beatificada por el Papa Benedicto XV; es declarada Patrona de las madres de familia y su cuerpo descansa, incorrupto, en la Basílica de San Criságono, de Roma.




miércoles, 5 de junio de 2019

LXV Aniversario de la Madre María Luisa Zancajo de la Mata, Alma Víctima de Amor


               La Madre María Luisa Zancajo de la Mata, nació el 4 de Noviembre de 1911, en Sinlabajos, Ávila (España). Desde temprana edad padeció una parálisis infantil que la dejó paralizada de las dos piernas para toda la vida.

               Muy joven hizo el Voto de Víctima de Amor. Amaba a Dios con un amor exclusivo, amor que crecerá hasta las más altas cimas de la unión transformante. Según su testimonio el trato con Jesús Nuestro Señor era cotidiano: cuando enfermó de difteria los médicos no acertaban a curarle, sin embargo, ella cuenta que se le apareció el Señor y le prometió que se curaría en tres días si dejaba de quejarse, aunque la avisaba de que este no sería su último padecimiento pues había sido designada para sufrir. 




               La familia se traslada a Madrid por falta de recursos en el pueblo natal; el padre está enfermo y tiene otras dos hermanas. Salen adelante con el trabajo de la madre y con las ayudas de la beneficencia pública. Vivía en el Asilo de San José y sufrió en su cuerpo y en su alma los desatinos de la guerra civil española.

               El día 7 de Diciembre de 1936 es una fecha histórica. María Luisa sale del convento-asilo de San José para no volver más a él como interna. Ahora se trata de sobrevivir en constante peligro de muerte, en plena zona republicana y en medio de los bombardeos que se producen sobre la ciudad de Madrid.

               Concluida la contienda, la joven María Luisa tiene otra nueva aparición: Nuestro Señor le pide ahora que funde una Congregación Religiosa llamada Misioneras de la Caridad y que unidos a los votos de pobreza, castidad y obediencia, asumieran un cuarto voto: "ser víctimas de amor".  A los 29 años fundó la Congregación de Misioneras de la Caridad y la Providencia, en Madrid, el 8 de Junio de 1941. 

               A pesar de la carestía en un país desolado por la Guerra Civil de unos años atrás, las hermanas fundadoras no pasaron nunca hambre:  diez kilos de alubias duraron seis meses pese a que se gastaban tres cuartos de kilo en cada comida; era imposible llevar al día el libro de cuentas porque siempre aparecía más dinero del que tenía que haber. También sucedía algo curioso con el aceite, cuyo bidón de arroba siempre estaba lleno pese a ir cogiendo lo necesario y no rellenarlo jamás. Estos hechos prodigiosos y otros, de tipo espiritual, acompañarían la vida de la Madre María Luisa y de su Congregación

               Su Director Espiritual, el Padre Manuel Soria Agudo, recogió innumerables testimonios de las estigmatizaciones de la Madre María Luisa Zancajo, así como de otros hechos sobrenaturales de los que él mismo fue testigo en varias ocasiones.
              
                Después de una vida de entrega total a su Divino Esposo, murió a los 42 años, el 5 de Junio de 1954, en Madrid. Sus restos reposan en la capilla de la Casa Madre en Hellín (Albacete) España.



                    Datos extraídos del libro "Yo soy testigo", Biografía de la Madre María Luisa Zancajo de la Mata, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad y de la Providencia, escrita por que fuera su Director, el Padre Manuel Soria Agudo.


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domingo, 2 de junio de 2019

RENOVAR LOS BUENOS PROPÓSITOS: LA CONSAGRACIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES


LOS BUENOS PROPÓSITOS

          Llegado el ecuador del año civil, hemos comenzado el Mes de Junio, que la piedad Católica ha consagrado tradicionalmente a Nuestro Señor, a Su Sacratísimo Corazón; después de rememorar al Patriarca San José en Marzo y el pasado Mayo a Nuestra Santa Madre, toca ahora volver la mirada hacia el Corazón que fue lacerado por el pecado de la Humanidad.

          Es de esa bendita Llaga de donde brotaron las más grandes misericordias para con el género humano, es de Su Corazón de donde tomamos las fuerzas y el aliento necesarios para continuar la batalla espiritual de cada día. Después de la Santa Cruz, no hay signo que mejor represente el Amor de Dios por Sus criaturas que el Sacrosanto Corazón del Salvador, víscera santa que latió en el seno de María, al unísono que el Inmaculado Corazón de Su virginal Madre. Jesús y María de hecho, nunca han dejado de acompasar Sus Corazones, ni este mundo ni en el Paraíso, ni el Sagrario, donde siguen desprendiendo fulgores de caridad, visibles para los que a Ellos se acogen con confianza.




          Urge pues, que rememores aquél PROPÓSITO que te sugerí cuando terminaba 2018: La Consagración personal a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Tranquilo, aún estás a tiempo, nunca es demasiado tarde cuando se trata de entregarse al Amor, pero no retrases más esta entrega. Qué mejor momento que éste, ahora, hoy mismo; así como Dios nos ama continuamente, que de la misma manera, dirijamos nosotros todos nuestros afectos hacia los Sagrados Corazones, sin dudar y con una confianza sin límites, como inmenso es el Amor que estos Santísimos Corazones sienten por ti y por mí.

AMOR QUE NUNCA DEFRAUDA

            Cuántas veces ponemos nuestra ilusión en los corazones ingratos, que son falibles y caprichosos; luego llega la realidad al comprobar qué pobre e interesado a la vez es el afecto humano... Por el contrario, el Corazón de Cristo sólo nos demanda ese amor que otros muchos le niegan, que viven como si Dios no existiera, rechazando Su gracia y presencia, o como diría San Francisco de Asís "el Amor no es amado"...

           Mira a tu alrededor, el mundo, la mayoría: son infelices que hoy corren por el camino del placer y el desenfreno, negando a Dios y sin esperanza en una vida eterna que debemos conquistar; se preocupan de cultivar el cuerpo, al que no le niegan nada... olvidan seguro que la carne un día, más pronto que tarde, se quedará en polvo y cenizas. Tú procura no disipar la vida en amores terrenales, mediocres y sin cimiento; por el contrario: concentra tus sentidos, tus anhelos, en conocer y tratar a Jesús Nuestro Señor, el que nunca fallará en Su amor por ti, el que te sostendrá cuando todo parezca que se viene abajo, el que entenderá tus debilidades y en el que te puedes apoyar en todo momento para superar cualquier prueba, por dura que se presente.

          Levanta el alma y el pensamiento hacia el Cielo; que tus miserias pasadas abonen este nuevo campo que te presento... terreno de cultivo, de nuevos y buenos propósitos, que tienes que limpiar antes de sembrar. Las malas hierbas han de ser arrancadas, para luego airear la tierra a base de trazar rectos surcos y hacer que así sea productiva; para ello, haz firme resolución de atajar los malos hábitos que tienes, identifícalos, reconoce tus faltas... A continuación, busca un sacerdote católico y confiésate después de haber hecho un buen exámen de conciencia, repasando uno a uno los Mandamientos de la Santa Ley de Dios. Por último, CONSÁGRATE en este Mes a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, pues son Ellos el mejor Refugio para quien desea vivir del Amor.

          No esperes a ser Santo para entregarte ya que, precisamente, uno se santifica a base de mucha oración y de una continua lucha en lo poco, contra nuestras propias tendencias. Leemos en el Evangelio de Lucas como aquella mujer que perdía sangre, no se sintió digna de dirigirse a Nuestro Señor y sin embargo, sólo su Fe, le bastó a Jesús como prueba de amor para curarla al momento; fue la confianza sin reservas en el Salvador la que la redimió de su vida y enfermedad. Igual tú: si sólo te lamentas de tus miserias en nada avanzarás, pero cuando las uses para vaciarte de ti, para abonar el terreno de tu alma, habrás hecho entonces la mitad del camino, pues Él te bendecirá con Su Gracia y ayuda, o lo que es lo mismo: Jesús  rociará las semillas de tus buenos deseos para hacerlas germinar en obras ciertas.

CONSOLAR A LOS SAGRADOS CORAZONES

          Si buscas tu consuelo personal o llenarte de fervor no llegarás lejos, pues el día que el Señor te visite con la Cruz del sacrificio, te apartarás de la vida de Piedad; por tanto, más que tu consuelo personal, ofrécete cada día por aquellas almas que son indiferentes; inmólate, ofrece tu cariño a Dios por esas personas que son frías con el Señor; entrega a Jesús, como un sacrificio, tus anhelos, miedos, problemas cotidianos... todo, para reparar el pecado de escándalo y de inmodestia que reina en el mundo. El mejor medio para lograr esa intimidad con Jesús es buscarla de la mano de María Su Madre: el rezo diario del Santo Rosario es la mejor manera de obtener la ayuda de la Virgen María, que siempre nos llevará a Su Divino Hijo Jesús, ya que en la corona del Rosario, meditaremos la Vida de estos dos Amores y de esa oración, surgirá el santo deseo de imitarles en todo. Sea pues ésta tu alegría y resolución en Junio: consolar a Jesús y a María por aquellos que los desprecian; recuerda que los buenos amigos son aquellos que comparten no las dichas, sino los momentos amargos.

          Crucifica tus gustos, tu conversación hueca, tus horas delante de la pantalla, algún deporte que suelas realizar... ese tiempo, dedícalo este Mes a meditar las grandezas del Corazón de Jesús; acércate por estas páginas para releer las Meditaciones Diarias, que estoy convencido te servirán para entender que cuando hacemos silencio en nuestro interior, podemos escuchar los latidos del Corazón de Jesús, Su continuo palpitar que no es más que una eterna jaculatoria de Amor sin medida...



sábado, 11 de mayo de 2019

CRUCIFICADOS SIN CRUZ: MARIE ROSE FERRON


                Breve reseña biográfica de un alma que se configuró con Cristo a través del sufrimiento.

               Marie Rose Ferron nació el 24 de Mayo de 1902 en Saint Germain de Grantham, Quebec (Canadá), siendo la décima hija de una familia de quince hijos. En 1906, cuando Rose tenía 4 años, su familia se mudó a Fall River, Massachusetts (Estados Unidos de América). En Mayo de 1925, la familia se muda otra vez, a Woonsocket, en el estado americano de Rhode Island, donde pasaría el resto de su vida.

               Desde muy pequeña destacó en la piedad cristiana; así, cuando tenía seis años, Rose tuvo una visión del Niño Jesús. "Lo vi con una cruz" , dijo, "y me miraba con tristeza a los ojos". Tal vez sería aquella aparición como el prólogo de la vida de sacrificio que Nuestro Señor le brindaría más adelante.







               Cuando tenía siete años, Jesús le enseñó una oración que Marie Rose recitaría a diario:
          "Señor Jesús, cuando reflexiono sobre las palabras que pronunciaste, "Muchos son llamados, pero pocos son escogidos, " comienzo a temblar por aquellos a quienes amo; Te ruego los mires con Misericordia: y he aquí que, con infinita ternura, colocas su salvación en mis manos, por así decirlo, porque todo se le promete a aquel que sabe cómo sufrir Contigo y por Ti. Mi corazón sangra bajo el peso de la aflicción, pero mi voluntad permanece unida a la Tuya, y clamo a Ti: '¡Señor, es por ellos que quiero sufrir!' ¡Quiero mezclar mis lágrimas con Tu Sangre para la salvación de aquellos a quienes amo! No harás oídos sordos a mi grito de tristeza y los salvarás"

                Desde muy temprana edad tuvo que ayudar a sus padres en la faena; sufre un accidente con apenas 13 años, que le obligará a llevar muletas para andar, por eso es comprensible que Marie Rose se viera destinada a estar discapacitada de por vida, y así un aire de tristeza y soledad dominara su niñez. 

                Otra aflicción que afectó profundamente a Marie Rose fue su incapacidad para asistir a la escuela."Me sentí como si estuviera ciega, a tientas en la oscuridad" , anotó en su diario. "No tenía nada que esperar, ninguna esperanza de mejorar mi condición. Contemplé mi ignorancia ante mis ojos, y eso me desanimó más que mis enfermedades. El tiempo, que suaviza todo, incluso los sufrimientos, aumentó el mío: me rompieron corazón." 

                Y es que ser Alma Víctima era sin duda la misión de Marie Rose. La madre de Marie Rose, Delima Mathieu Ferron, era de una rara virtud. Desde su primer embarazo, ella dedicó a cada uno de sus hijos recién nacidos al misterio del Rosario y, al tener quince hijos, completó las quince décadas. Marie-Rose, o simplemente Rose, como se la llamaba a menudo, estaba destinada a ser la niña dedicada al décimo misterio, la Crucifixión.

                Lo que es aún más notable es que a partir de entonces, Rose no participó de más alimentos sólidos. Durante once años, hasta su muerte, Rose tomó sólo alimentos líquidos e incluso esto a veces no pudo mantener. Al darse cuenta de que podía recibir la Sagrada Comunión, un sacerdote una vez le dio algunas pequeñas partículas no consagradas. Inmediatamente la enfermaron. Además, cuatro años antes de su muerte, ella ni siquiera bebió agua durante un período de tres meses.

                Su abstinencia de comida y bebida fue solo el comienzo de muchos fenómenos místicos 
extraordinarios y de profundo sufrimiento. A lo largo de todo este tiempo permaneció dócil a la autoridad, tanto médica como espiritual, y con delicada discreción intentó alguna vez evitar la publicidad. 
                          




           Durante los éxtasis que experimentaría en el lecho del dolor, no podía ser levantada, incluso por 4 hombres adultos, aunque no pesaba más de cincuenta kilos. 

                El Obispo Diocesano, Mons. Hickey, autorizó un oratorio privado al lado de la habitación de Rose. Cuando se decía allí la Misa, especialmente en las Fiestas de la Santísima Virgen, Rose soltaba éxtasis en las oraciones de apertura, pero siempre revivía en el momento de la Comunión. En general, en el instante en que recibía la Sagrada Hostia, su cabeza caía hacia atrás y nuevamente se sumía en éxtasis.De hecho, el amor de Rose por la Eucaristía fue intenso y durante años tan sólo se alimentaba del Pan Eucarístico; cualquier otro alimento le causaría severos trastornos digestivos. 

               A partir de Marzo de 1926, Rose comenzó a sufrir los Sagrados Estigmas de la Pasión; padeció las heridas de los azotes de la Flagelación; a partir de 1927, sufriría cada Viernes la Pasión de Jesús en su débil cuerpo. Un sacerdote que examinó estas heridas en 1930 escribió:  "La sangre me olía a un olor dulce, algo parecido a un perfume, mis manos se saturaron con él ... No era un olor transitorio, ya que el olor persistía hasta la mañana siguiente."

               Los estigmas del corazón comenzaron durante la época de Cuaresma de 1929. Trajeron dolores tan agudos a Rose que a veces se desmayó en la inconsciencia. Ella dijo que el dolor interior era "espantoso". A veces el dolor se sentía intensamente en su espalda, "donde la lanza parece haberse detenido". 


              Las heridas de la Corona de Espinas se asemejaban, en palabras de la madre, a "dos cuerdas pesadas que rodean su cabeza". Los agujeros hechos por las espinas hicieron que Rose sintiera "como si su cabeza se estuviera abriendo". Estos estigmas espinosos nunca desaparecieron por completo. Todavía eran visibles después de su muerte. Fueron pocos pero muy fieles los testigos de estas estigmatizaciones de los Viernes.

                Configurada con Cristo a través del dolor, Rose Ferrón sabía que estaba siendo torturada en el lugar de los demás y aceptó su vocación de llevar en su propio cuerpo el dolor físico que los libraba. En eso, también, ella se parecía a su Maestro, cuyo amor lo impulsó a soportar el castigo de la humanidad en su lugar.





                Durante sus últimos cinco años en la tierra, no portaba estigmas, excepto los de la cabeza. Pero sus sufrimientos no cesaron. Todos los viernes, la sangre corría a los miembros que habían soportado las heridas y causaban un dolor aún mayor que antes. 

               Mientras estaba en éxtasis el 13 de Abril de 1929, en presencia de seis visitantes, Rose le preguntó a su Salvador cuánto tiempo aún tenía que sufrir, y luego repitió en voz alta la respuesta:"¡Siete años!Comenzó a contar la edad que tendría después de siete años más, y se detuvo a los treinta y tres. Cristo pareció preguntarle si eso era demasiado largo, porque ella dijo con gran entusiasmo:"¡Oh, no! Ven a buscarme cuando quieras. Estoy listo para sufrir cien años, si lo deseas. Es mi sacrificio para permanecer."

               Como se le reveló previamente, Marie Rose Ferron murió en 1936 a la edad de treinta y tres años. La muerte la liberó del sufrimiento que la perseguía día tras día. "Dios y las víctimas son los únicos que saben lo que significa la palabra Cruz" , había comentado, y sus últimas dos semanas se llenaron con la abrumadora realización de la verdad de esta afirmación. Rose ya no podía ver. Sufría tantos dolores en la cabeza que el menor sonido era como un golpe, y cualquier ruido hacía que se desmayara. El último día de Abril de 1936, perdió completamente la audición y el habla.

               El 6 de Mayo, el Padre Boyer llamó a la una en punto de la mañana. "Entré a la habitación" , escribió en su biografía,"y cuando vi la condición en la que estaba, me conmoví. No podía reconocerla, estaba tan cambiada, su rostro no solo estaba desfigurado, sino también deformado. Tenía los ojos medio cerrados y en en sus esquinas se acumulaba sangre espesa, su tez era de color rojo cobre y su piel parecía áspera e hinchada, su respiración era dolorosa, su boca estaba abierta y retorcida con una expresión desgarradora. Era como un crucifijo moribundo, esperando la consumación de su martirio ". 




               Rose vivió cinco días más. En la muerte ella todavía tenía "la expresión de angustia incrustada en su rostro". Pero como las mujeres, a quienes ella misma había designado para preparar su cuerpo para el ataúd, le lavaban la cara, sus espantosas distorsiones desaparecieron. Un cambio vino sobre sus rasgos con cada golpe de la toalla. Su rostro apareció envuelto en una encantadora sonrisa. Era tan natural que un médico fue llamado específicamente para determinar su muerte. Seguramente era la belleza interior de sus virtudes la que irradiaba su rostro externo. 

              Después de un intenso período de sufrimiento en unión con Jesús por la conversión de los pecadores, Marie Rose Ferron tomó vuelo al Cielo el 11 de Mayo de 1936, a los 33 años, tal como Jesús le dijo en éxtasis unos siete años antes.Vestía el hábito de la Congregación Religiosa que había fundado después de las instrucciones de su Señor, aunque murió sin verlo progresar más allá de la aprobación del Obispo Hickey bajo el nombre de las Hermanas de Reparación de las Sagradas Llagas de Jesús. "Jesús necesitará esta Comunidad en poco tiempo" , había dicho ella.

              Queremos terminar con la Oración de Ofrecimiento con el que Marie Rose entregaba sus molestias y dolores a Nuestro Señor:  "Me ofrezco como víctima, un holocausto para vivir en constante caridad, rogándote, oh Jesús mío, para que me consumas sin cesar, para que pueda ser un víctima de Tu Amor ... "






jueves, 4 de abril de 2019

CENTENARIO DE LA MUERTE DE FRANCISCO MARTO, EL NIÑO VIDENTE DE FÁTIMA


          Se cumplen hoy cien años de la entrada en el Cielo de Francisco de Jesús Marto, uno de los tres niños que en 1917, tuvieron la gracia de recibir la visita de Nuestra Señora en Fátima, Portugal. Francisco nación en Aljustrel, el 11 de Junio de 1908, era hermano de Jacinta y primo de Lucía Dos Santos, las otras dos videntes; en el momento de la Primera Aparición (13 de Mayo de 1917) a Francisco apenas le faltaba un mes para cumplir los nueve años. 




               Aunque pocas personas lo saben, el niño tan sólo veía a Nuestra Señora, su hermana, Jacinta, la veía y escuchaba y tan sólo Lucía dialogaba con la Virgen, pero luego compartían con Francisco las confidencias con la Virgen.

             En una ocasión, mientras Lucía y Jacinta jugaban corriendo detrás de mariposas, Francisco se aisló para rezar. Después las dos niñas fueron a llamarlo:

   — Francisco, ¿no quieres venir a comer?


   — ¡No! Coman ustedes.

   — ¿Y a rezar el Rosario?

   — A rezar, después voy. Vuélvanme a llamar.

   — Pero, ¿qué estás haciendo aquí tanto tiempo?

   — Estoy pensando en Dios que está tan triste por tantos pecados... ¡Si yo pudiera darle alegría! (Y pasó el día en ayuno y oración). […]

   — Francisco, ¿qué te gusta más? [preguntó Lucía].

   — Me gusta más consolar a Nuestro Señor. ¿No te diste cuenta cómo la Santísima Virgen, todavía en el último mes, se puso tan triste cuando dijo que no ofendieran más a Dios Nuestro Señor, que ya estaba muy ofendido? Yo querría consolar a Nuestro Señor y después convertir a los pecadores, para que no le ofendan más”.




               En una ida a la escuela en Fátima, Francisco le dijo a Lucía: “Mira, anda tú a la escuela, que yo me quedo aquí en la iglesia con Jesús Escondido (en el Sagrario). De nada me vale la pena aprender, porque dentro de poco me voy al Cielo. Al salir me llamas”.

               Mas que nada Francisco quería ofrecer su vida para aliviar al Señor quien él había visto tan triste, tan ofendido. Incluso, sus ansias de ir al cielo fueron motivadas únicamente por el deseo de poder mejor consolar a Dios. Con firme propósito de hacer aquello que agradase a Dios, evitaba cualquier especie de pecado y con siete años de edad, comenzó a aproximarse, frecuentemente al Sacramento de la Penitencia.

               El día 28 de Diciembre de 1918, Francisco y Jacinta enfermaron gravemente, atacados por la terrible epidemia de bronconeumonía, que tantas víctimas causaba entonces en toda Europa.

               Jacinta le dijo a su hermano: “No te olvides de ofrecer [tus padecimientos] por los pecadores”. A lo que Francisco respondió:

              “Sí, pero lo ofrezco primero para consolar a Nuestro Señor y a Nuestra Señora y después es que lo ofrezco por los pecadores y por el Santo Padre”.
       
               Ya en vísperas de su muerte, le dijo a Lucía:

        — “Estoy muy mal; me falta poco para ir al Cielo.


        — Entonces vete; pero no te olvides allí de pedir mucho por los pecadores, por el Santo Padre, por mí y por Jacinta.

        — Sí pediré; pero mira: prefiero que pidas esas cosas a Jacinta, porque yo tengo miedo de que se me olvide en cuanto vea a Nuestro Señor. Sobre todo quiero consolarle a Él”.

          El proceso canónico registra, según la declaración del Padre Manuel Marques Ferreira, que poco antes de su fallecimiento, Francisco recibió la Sagrada Comunión “con gran lucidez y piedad”.

          El día 4 de Abril de 1919, a las 6 de la mañana, le dijo a su madre: “Oh madre mía, qué luz tan bonita”. Instantes después, el rostro de Francisco se iluminó con una sonrisa angelical, y él, sin agonía, sin una contracción, sin un gemido, expiró suavemente en su habitación. 

          El 17 de Febrero de 1952, sus preciosos restos mortales serían trasladados a la Basílica de Nuestra Señora de Fátima.





viernes, 1 de marzo de 2019

DÍAS DE CARNAVAL, HERIDAS AL CORAZÓN DE CRISTO que deben reparar las almas víctimas


                Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de su corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo, alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su Comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó, siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Sor Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales. 

                 Sólo después de su muerte, cuando contaba 33 años de edad, fueron compiladas sus confidencias con el Sagrado Corazón de Jesús y publicadas bajo el título "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"(1); el entonces Cardenal Pacelli -luego Papa Pío XII- envió una carta a la Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón en la que recomendaba la lectura y difusión del Mensaje de Reparación, Amor y Confianza que Sor Josefa escribió bajo el dictado de Nuestro Redentor.




               Las Cuarenta Horas que preceden a la Cuaresma se acercan. En estos días de Carnaval todo llama, en las casas religiosas, a más fervor y generosidad. La víctima escogida para reparar y salvar en unión con el Corazón de Jesús, ha de sentir, más que nadie esta llamada divina.

              El Viernes 4 de Febrero de 1921, aniversario de su llegada al Noviciado, se le aparece Jesús y mostrándoles el Corazón abrasado le dice:

                -"Todos los Viernes y sobre todo el primero de cada mes, te haré participar de la amargura de Mi Corazón y sentirás de una manera especial los tormentos de Mi Pasión. En estos días en que el infierno se abre para tragar tantas almas, quiero que te ofrezcas a Mi Padre como víctima para salvar el mayor número posible."

               El Domingo 6, Josefa se ha ofrecido para reparar las ofensas de los pecadores; Jesús se la aparece hacia las tres de la tarde en la capilla. Josefa sufre nada más verlo... según ella misma cuenta:

                  -"Daba compasión; la cara, los brazos, el pecho, los tenía llenos de heridas y de polvo. Mucha sangre le corría por la sagrada cabeza, pero el Corazón ardía como una brasa y estaba hermosísimo."

                 -"Estas heridas -dijo- me las causa el desamor de los hombres que, como locos, corren a su perdición".

              Josefa, dolorida por ver a Jesús en ese estado cruento pero al mismo tiempo, resplandeciente en Su Corazón, le preguntó:

             -"Pero, Señor, ¿cómo tenéis el Corazón tan hermoso y tan encendido? ¿No Os lo hieren los pecados del mundo?"

               Nuestro Señor entre lágrimas respondió:

              -"Sólo las almas escogidas hieren Mi Corazón".




miércoles, 20 de febrero de 2019

JACINTA MARTO, la niña vidente de Fátima: alma víctima por los pecadores


                 Nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima, el 11 de Marzo de 1910, y fue bautizada ocho días más tarde. 

                Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera una de las videntes de Nuestra Señora junto a su hermano Francisco y su prima Lucía; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir..."

                


               Víctima de la neumonía cayó enferma en Diciembre de 1918. Estuvo internada en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la D. María Godinho, a quien Jacinta llamaba "Madrina", a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

                Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de D. Estefanía, donde el día 20 de Febrero de 1920, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos sacramentos. Hizo su última confesión con el Padre Pereira dos Reis. A las 10:30 de la noche, la Virgen vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

                Fue celebrada la Misa de cuerpo presente en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cuerpo estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Fue transportada a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Fue trasladada para el cementerio de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta.

                El 1 de Mayo de 1951 fue finalmente trasladada a la Basílica del Santuario.


JACINTA Y EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

                Poco antes de ir a un hospital en Lisboa, Jacinta le reveló a Lucía:

               “— A mí ya me falta poco para ir al Cielo. Tú te quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la Devoción al Inmaculado Corazón de María. ¡Cuando haya que decir eso, no te escondas! Dile a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio de ese Corazón Inmaculado; que se las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a Su lado se venere el Corazón de María. Que pidan la paz a este Inmaculado Corazón porque Dios se la entregó a Ella. ¡Si yo pudiera meter en el corazón de todo el mundo la lumbre que tengo aquí en el pecho quemándome y haciéndome gustar tanto de los Corazones de Jesús y de María!”.

                 Por algunos dichos de la pequeña Jacinta podemos percibir la grandeza de su alma, la magnificencia de su inocencia, su profundo amor a Dios. Ella confió a su prima Lucía:

                “Pienso en Nuestro Señor y en Nuestra Señora… en los pecadores y en la guerra que va a venir… Va a morir tanta gente, ¡y casi toda va a ir al infierno!… Serán arrasadas muchas casas y matarán a muchos sacerdotes… ¡Qué pena! ¡Si dejaran de ofender a Nuestro Señor, la guerra no venía, ni iban para el infierno!… Mira, yo voy al Cielo, y tú, cuando veas de noche esa luz que aquella Señora dijo que vendría antes, huye hacia allí también”.

                Como ocurre con personas que conservan la inocencia, a Jacinta le gustaba meditar. Y ella lo confirmó: “Me gusta mucho pensar”. En una de sus meditaciones, la Virgen Santísima se le apareció, a fin de prepararla para su último calvario. “Me dijo (la Señora) que voy a Lisboa a otro hospital; que no te vuelvo a ver, ni a mis padres tampoco. Que después de sufrir mucho moriré sola. Pero que no tenga miedo, que Ella me irá a buscar para llevarme al Cielo”.



Siguiendo el ejemplo espiritual de Jacinta, que no era otro que el cumplimiento 
del pedido de Nuestra Señora, procura tú también vivir entregado a los Sagrados Corazones
 de Jesús y de María. Puedes imprimir la imagen y escribir tu nombre cuando estés decidido...


JACINTA Y SU AMOR POR LAS ALMAS

                 “Jacinta era también aquella a quien, me parece, la Santísima Virgen dio la mayor plenitud de gracias y conocimiento de Dios y de la virtud. Ella parecía reflejar en todo la presencia de Dios”. (Sor Lucía Dos Santos, prima de Jacinta y también vidente de Nuestra Señora de Fátima)

                 "Haced penitencia por los pecadores! Muchos van al infierno porque nadie reza y se sacrifica por ellos." - Tales palabras de Nuestra Señora encontraron profunda resonancia en Jacinta. ¡Y con que inquebrantable voluntad ella hacía penitencia!. Ella no vacilaba en ayunar, frecuentemente, un día entero sin comer o beber nada, dando alegremente su pan a los chicos pobres. Otros días, comía solamente aquello que más detestaba. Traía como penitencia una gruesa cuerda en torno a la cintura. ¡Nada, ningún sacrificio le parecía demasiado grande, tratándose de la salvación de las almas!

                 En su enfermedad -una tuberculosis que la llevó a la muerte- ofrecía principalmente sus dolores: "Sí, yo sufro, por eso ofrezco todo por los pecadores, para desagraviar al Inmaculado Corazón de María. Oh Jesús, ahora podéis salvar muchos pecadores porque este sacrificio es muy grande".

                Incluso en su dolorosa molestia se mostraba siempre paciente, sin reclamos, enteramente desprendida. Conducta que no correspondía a su carácter natural.

                 La propia Jacinta repetiría con frecuencia: "Gusto tanto de Nuestro Señor y de Nuestra Señora que nunca me canso de decir que los amo. Cuando digo eso muchas veces, ¡me parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema!" El amor ardiente a Jesús y María fue el amor que transformó a Jacinta y que hizo de ella una copia fiel de las virtudes de la Virgen Santísima. Que desde el Cielo siga intercediendo por nosotros y por el pronto advenimiento del Reino de María.




viernes, 8 de febrero de 2019

"EL AMOR Y EL SUFRIMIENTO UNEN AL ALMA ESTRECHAMENTE CON DIOS..."


                Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de su corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo, alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su Comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó, siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Sor Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales. 

                 Sólo después de su muerte, cuando contaba 33 años de edad, fueron compiladas sus confidencias con el Sagrado Corazón de Jesús y publicadas bajo el título "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"(1); el entonces Cardenal Pacelli -luego Papa Pío XII- envió una carta a la Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón en la que recomendaba la lectura y difusión del Mensaje de Reparación, Amor y Confianza que Sor Josefa escribió bajo el dictado de Nuestro Redentor.




               "El Lunes, 24 de Enero de 1921 -cuenta Sor Josefa- todo el día estuve suplicando a la Virgen que me ayudase. De repente, al empezar la adoración, me sentí totalmente en paz."

              La Virgen Nuestra Señora está a su lado, con Su sonrisa maternal y le revela:

               "Vengo, hija mía, a decirte que conviene que sufras. El amor y el sacrificio todo lo alcanzan. No te canses... Es por las almas."

               La Virgen desaparece, pero a la Aurora ha de seguir el Sol... 

              Al día siguiente, Martes 25 de Enero escribe Sor Josefa:

              "Vino Jesús al empezar la Misa. Le pregunté si había lastimado Su Corazón, pues ya sabe que esto es lo que más me duele"

              "No -respondió Él, lleno de bondad; Escucha esta palabra: el oro se purifica en el fuego; así tu alma se purifica y fortalece en la tribulación, y el tiempo de la tentación es de gran provecho para ti y para otras almas."

              Animada por tanta compasión, Josefa confía al Maestro su mayor ansiedad, el tormento más doloroso de estos días de prueba:

              "Jesús mío, tengo mucho miedo de que esto ponga en peligro mi vocación."

              Él le responde:

              "Quién podrá desconfiar de tu vocación, que ha resistido a tantas y tan fuertes tentaciones? Dos fines me propongo al permitirlas: 1º Convencerte de tu impotencia para el bien y de que todo lo que recibes es puro don gratuito de Mi bondad y de Mi Amor. 2º Servirme de tus sufrimientos para la salvación de muchas almas."

               "Sí, sufrirás para ganarme almas, porque eres víctima escogida por Mi Corazón. Pero nada te perjudicará. No lo consentiré."

               A esta regalada promesa, Sor Josefa responde con una nueva entrega, total y plenamente confiada.

               Al otro día, Miércoles 26 de Enero, Jesús insiste de nuevo en la necesidad de padecer. Así lo escribió la confidente del Sagrado Corazón:

               "Durante la oración vino y me hizo sentir los latidos de Su Corazón. Le pedí que me enseñara a marle y que nunca le causase pena. Como si se alegrara de estas palabras me dijo:

                "El alma que ama desea sufrir, y el sufrimiento aumenta el Amor. El Amor y el sufrimiento unen al alma estrechamente con Dios hasta hacerla una misma cosa con Él."

               Y al quejarse Josefa de su debilidad:

                "Nata temas. Yo Soy la misma fortaleza. Cuando el peso de la Cruz te parezca superior a tus fuerzas, pide socorro a Mi Corazón."

                En cuanto a la oscuridad en que a veces la deja, el Señor vuelve a repetir lo que ya le había indicado en otra ocasión:

               "¿No sabes dónde estoy, Josefa, con gran seguridad?... Déjate guiar. Mis ojos están fijos en ti; tú fíjalos en Mí y abandónate."




NOTAS ACLARATORIAS:


                1- Para conocer más de la vida de Sor Josefa Menéndez toque AQUÍ . Puede encontrar otros extractos de "Un Llamamiento al Amor" por la etiqueta que lleva el mismo nombre en el ÍNDICE DE TEMAS situado en el margen izquierdo de este Blog.