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martes, 3 de septiembre de 2019

JURAMENTO ANTI-MODERNISTA. Motu Propio: “SACRORUM ANTISTITUM”, San Pío X, 1 de Septiembre de 1910


          Yo… (decir nombre propio) abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las Verdades que la Iglesia por su Magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de Doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

          En primer lugar, profeso que Dios, Principio y Fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la Creación, como la causa por su efecto.




          En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la Religión Cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

          En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, Guardiana y Maestra de la Palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante Su Vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro,
Jefe de la Jerarquía y sobre sus sucesores hasta el Fin de los Tiempos.

          En cuarto lugar, recibo sinceramente la Doctrina de la Fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERÉTICA DE LA EVOLUCIÓN DE LOS DOGMAS, según la cual estos Dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio.

          Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el Depósito Divino confiado a la Esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

          Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la Fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del “subconsciente”, moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que es un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la Autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro Creador y nuestro Maestro.

         En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la Tradición Sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: El hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y Sus Apóstoles. 

          Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la Fe de los Padres sobre el criterio cierto de la Verdad que está, ha estado y estará siempre en el Episcopado transmitido por la Sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMÁS NI CREÍDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.

          Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e INTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos.



jueves, 15 de agosto de 2019

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO en cuerpo y alma


               Antiquísima y universal es la creencia del pueblo cristiano que afirma que Nuestra Señora la Virgen Santísima no sufrió la corrupción del sepulcro por no haber sido nunca contaminada con pecado alguno, ni original ni actual; por Misterio de Ángeles fue asunta a los Cielos en cuerpo y alma.

               Desde tiempo inmemorial se celebra con máximo esplendor esta Fiesta Litúrgica, que junto con la Navidad, Pascua y Pentecostés, constituye una de las cuatro fiestas más importantes del año.

               Escogida como fiesta mayor de muchos pueblos y titular de numerosas iglesias.

              El Misterio de hoy es conocido como Dormición y reposo de la Virgen para indicar la suavidad de Su muerte; Asunción para significar el momento en que el cuerpo de Nuestra Señora fue conducido gloriosamente al Cielo.

              En algunos lugares se celebran procesiones con la imagen de la Virgen muerta, puesta a la veneración de los fieles por unos días.


             La definición dogmática de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos, fue hecha el 1 de Noviembre del Año Santo de 1950, por el Papa Pío XII.




LA ENSEÑANZA DE LOS DOCTORES DE LA IGLESIA
acerca de la Asunción de María Nuestra Señora

          "¡Cuán activo y poderoso (...) es el amor divino! Que no os extrañe si os digo que Nuestra Señora de él murió, pues, llevando siempre consigo, en su corazón, las llagas del Hijo, las padecía sin consumirse, pero finalmente murió por el ímpetu del dolor. Sufría sin morir, pero al fin murió sin sufrir.

          ¡Oh amor de pasión! Si Su Hijo estaba en el Cielo, Su Corazón ya no estaba en Ella. Estaba en aquel cuerpo que amaba tanto, huesos de sus huesos, carne de su carne, y al Cielo volaba esa águila santa. Su Corazón, Su Alma, Su Vida, todo estaba en el Cielo: ¿por qué habían de quedarse aquí en la tierra?

          “Finalmente, luego de tantos vuelos espirituales, tantos arrebatos y tantos éxtasis, ese castillo santo de pureza y humildad se rindió al último asalto del amor, después de haber resistido a tantos. El amor la venció, y consigo se llevó Su Bendita Alma."

(San Francisco de Sales, Doctor la Iglesia)

          “Cuando entran los monarcas a tomar posesión de su reino, no pasan por las puertas de la ciudad, sino que, o se quitan del todo las puertas, o pasan por encima de ellas. Por eso, así como los Ángeles, cuando entró Jesucristo decían (S.23,7): Abrid príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria; así, ahora que María va a tomar posesión del Reino de los Cielos, los Ángeles que la acompañan claman a los que están adentro: Abrid, príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, y entrará la Reina de la Gloria.

          Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Mas al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan bella, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: "Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más bella de todas las criaturas.” 

          Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, comenzaron a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por siempre bienvenida, sed por siempre bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”.




          Luego se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina todos los Santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron todas las santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina porque fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; todas nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron también los Mártires a saludarla como a su Reina, porque con su gran constancia en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado e impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe. Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al Cielo, y en nombre de todos los Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado durante su permanencia en la tierra. Llegaron luego a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras profecías.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre éstos llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros padres Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al mundo la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por siempre Bendita!”

           Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús niño. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y de nuevo le dieron gracias por aquella amorosa visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por la cual recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado por medio de su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos padres San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, porque eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”

          Más, ¿Quién puede comprender el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién podrá explicar la alegría que sintió el Santo Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de todos los cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo podré yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su verdadera Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y recibir de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los momentos que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi Santa Esposa! …

          Por fin, todos los Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, la Gran Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de todas sus dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.

          Luego, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la Divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por todos los dones que su bondad le había concedido, y especialmente, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda comprender con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a Su Hija, el Hijo a Su Madre, el Espíritu Santo a Su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole Su Poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu Santo el Amor. Y todas las Tres Personas, colocando Su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina Universal del Cielo y de la Tierra, y mandaron a los Ángeles y a todas las criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”

 (San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia)



sábado, 13 de julio de 2019

LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE MARÍA, medio para evitar el camino hacia el infierno




               Durante la Tercera Aparición de María Santísima en Fátima, el 13 de Julio de 1917, Nuestra Señora mostró el Infierno a los tres pastorcitos que lo narran de la siguiente manera:

           "...vimos como un gran mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que flotaban en el incendio llevadas por las llamas que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados —semejante al caer de las chispas en los grandes incendios— sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa”.

               Asustados, y como pidiendo socorro, los videntes levantaron los ojos hacia Nuestra Señora, que les dijo con bondad y tristeza:

          “Visteis el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción  a Mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que Yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, vendrá otra peor”.

                Y la Virgen continuó:

           “Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida (1) sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”.

              Les enseñó además una jaculatoria para ser rezada al final de cada Misterio del Rosario:

          “Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del Infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente a las más necesitadas”.





               Es necesario notar que sabemos por la Fe -para que tengamos una idea de lo que es ese fuego del infierno- que se trata de un verdadero fuego. Es forzoso, por lo tanto, excluir la idea modernista de que el fuego del infierno es una expresión simbólica, que retrata los sufrimientos de carácter moral. Existe en el infierno el sufrimiento de carácter moral y ese sufrimiento es terrible. Es la privación de Dios, es la desesperación eterna, en la que la persona se siente colocada completamente fuera de su propia naturaleza, colocada en un pavoroso conflicto consigo misma. Pero junto con ese sufrimiento moral, existe un sufrimiento de orden físico que se ejerce sobre el alma. Hay un fuego verdadero en el infierno, que es realmente fuego y ese fuego quema el alma.

               Alguien podrá decir: “pero no puedo comprender cómo siendo el alma espiritual pueda ser quemada por el fuego”. Es muy fácil de comprender: el alma espiritual ¿no está ligada al cuerpo? Ella no está atada, por lo tanto, a algo de carácter material? Si ella está ligada a la materia, ¿por qué entonces no puede ser quemada por algo material? ¡Es evidente!

               San Alfonso de Ligorio dice que ese fuego es tan terrible, que la peor llama de la tierra quema tan poco en comparación con ese fuego, como una llamada pintada “quema”, en comparación con una llamada real de la tierra. Ustedes comprenden, por lo tanto, que los peores fuegos que aquí se ven, no son tan terribles cuanto el del infierno.

              Llamó la atención para el hecho de que Nuestra Señora haya dado énfasis especial a Su Inmaculado Corazón... Se ve entonces que es una de esas maravillas de la gracia que Nuestra Señora reservó para este tiempo de aflicción. Ella especialmente indica que debemos tener devoción al Inmaculado Corazón de Ella para salvarnos de nuestros pecados y especialmente del pecado de la Revolución, y principalmente de las raíces del pecado de la Revolución, que son el orgullo y la impureza.

              Si alguien quiere vencer al demonio del orgullo, al demonio de la impureza, conságrese al Inmaculado Corazón de María y haga una jaculatoria, por ejemplo, análoga a la que se hace al Sagrado Corazón de Jesús. Existe esa jaculatoria muy bonita: “Oh Jesús, manso y humilde de corazón, haced mi corazón semejante al Vuestro”.

               Podemos decir esto a Nuestra Señora: “Oh María, mansa y humilde de corazón, haced nuestro corazón contrarrevolucionario y humilde semejante al Vuestro”.



Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, 15 de Julio de 1967


NOTAS ACLARATORIAS:

               Con toda seguridad, esa señal a la que hace alusión Nuestra Señora en Su Mensaje, consistió en la aurora boreal que inundó los cielos de Europa y del Norte de África a finales de Enero de 1938, poco antes del estallido de la II Guerra Mundial, cumpliéndose así lo advertido por la Virgen a los niños videntes de Fátima. Fueron muchos los periódicos europeos que reflejaron en sus portadas el acontecimiento, entre ellos el español "La Vanguardia":

               “La aurora se presentó en forma de gigantesco abanico, abierto hacia el cielo y de rayos ligeramente convergentes sobre el Polo magnético de la Tierra. El intenso fulgor rosáceo, atravesado por multitudes de bandas de luz más blancas y brillantes, cual si procediesen de potentes reflectores enfocados hacia el cénit, se elevaba hasta unos 30 grados sobre el horizonte, con una anchura asimilar, casi doble a las dos bandas; cambiaba con frecuencia de posición, difuminándose unas, mientras se formaban otras a su lado. Aunque el color predominante fue el rosáceo, hubo también sus matices verdes y blancos”.

("La Vanguardia, 26 de Enero de 1938)


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sábado, 29 de junio de 2019

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles y Mártires, Columnas de la Iglesia




"Et ego dico tibi, quia tu es Petrus,
 et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam, 
et portæ inferi non prævalebunt adversus eam"

Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18


"...tenemos ante los ojos el camino 
por el que llegar a Cristo: la Iglesia.
Pues para eso la ha fundado Cristo, y la ha conquistado 
al precio de Su Sangre; y a Ella encomendó 
Su Doctrina y los preceptos de Sus Leyes, 
al tiempo que la enriquecía con 
los generosísimos dones de Su Divina Gracia 
para la santidad y la salvación de los hombres..."

E Supremi Apostolatus, Papa San Pío X, 4 de Octubre de 1903


              San Pedro y San Pablo están unidos por la Liturgia tanto en la celebración del día de su Martirio, el 29 de Junio, como en la celebración de la Consagración de sus Basílicas, el 18 de Noviembre. Para eso son dos columnas de la Iglesia estos Apóstoles, dispares en el origen y en el modo de cumplir su común mandato, pero unidos en idéntico testimonio martirial en la misma persecución. La Festividad de hoy recuerda a todos los cristianos en el mundo que la Fe Católica se fundamenta en la predicación fiel del Evangelio de Cristo Nuestro Señor y en la sangre bendita de los primeros discípulo que supieron ser leales hasta el Martirio.


LA SANTA IGLESIA CATÓLICA,
 SOCIEDAD PERFECTA

                "Por lo cual lamentamos y reprobamos asimismo el funesto error de los que sueñan con una Iglesia ideal, a manera de sociedad alimentada y formada por la caridad, a la que —no sin desdén— oponen otra que llaman jurídica. Pero se engañan al introducir semejante distinción; pues no entienden que el Divino Redentor por este mismo motivo quiso que la Comunidad por Él fundada fuera una Sociedad perfecta en su género y dotada de todos los elementos jurídicos y sociales: para perpetuar en este mundo la Obra Divina de la Redención.

               Y para lograr este mismo fin, procuró que estuviera enriquecida con celestiales dones y gracias por el Espíritu Paráclito. El Eterno Padre la quiso, ciertamente, como Reino del Hijo de su Amor; pero un verdadero Reino, en el que todos sus fieles le rindiesen pleno homenaje de su entendimiento y voluntad, y con ánimo humilde y obediente se asemejasen a Aquél que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte.




               No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los Pastores y Doctores han recibido de Cristo; pues estas dos realidades —como en nosotros el cuerpo y el alma— se completan y perfeccionan mutuamente y proceden del mismo Salvador nuestro, quien no sólo dijo al infundir el soplo divino: Recibid el Espíritu Santo, sino también imperó con expresión clara: Como me envió el Padre, así os envío Yo; y asimismo: El que a vosotros oye, a Mí me oye.

               Y si en la Iglesia se descubre algo que arguye la debilidad de nuestra condición humana, ello no debe atribuirse a su constitución jurídica, sino más bien a la deplorable inclinación de los individuos al mal; inclinación, que su Divino Fundador permite aun en los más altos miembros del Cuerpo Místico, para que se pruebe la virtud de las ovejas y de los Pastores y para que en todos aumenten los méritos de la Fe Cristiana. Porque Cristo no quiso excluir a los pecadores de la sociedad por Él formada; si, por lo tanto, algunos miembros están aquejados de enfermedades espirituales, no por ello hay razón para disminuir nuestro amor a la Iglesia, sino más bien para aumentar nuestra compasión hacia sus miembros."


Papa Pío XII, Encíclica "Mystici Corporis Christi",  29 de Junio de 1943


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domingo, 23 de junio de 2019

LA META DEL PONTIFICADO: SERVIR A LA VERDAD ÍNTEGRA Y AUTÉNTICA



          "Servir tan sólo a la Verdad es la única meta del Sumo Pontificado a través de los siglos; a la Verdad, Íntegra y Auténtica, no enturbiada por tiniebla alguna, ni plegada a ninguna condescendencia, y jamás separada de la caridad de Jesucristo”.


(Papa Pío XII, "Summi Pontificatus", 20 de Octubre de 1939)




Entonces, ¿puede un Papa válido enseñar el error?
Acaso, ¿no prometió Nuestro Señor que el infierno
 no prevalecería sobre la Santa Iglesia?


            La gran dificultad que se presenta para los católicos que se oponen al Concilio Vaticano II y a sus reformas es la de la autoridad papal, es decir, de qué manera se puede justificar el rechazo de la «nueva religión» cuando ésta es proclamada, al menos aparentemente, por la suprema autoridad.


            La solución propuesta por la Fraternidad San Pío X es la siguiente: "los Papas del Vaticano II son Papas verdaderos, pero no se les debe obedecer cuando nos ordenan creer algo falso o hacer algo malo." Sin embargo, esta solución puede aplicarse sin problema a las órdenes del Papa que obra en cuanto persona privada, pero cuando se trata del Magisterio Ordinario Universal o de las Leyes generales, que son Verdades infalibles, implica la defección de la Iglesia. En otros términos: un Papa verdadero, en virtud de la asistencia del Espíritu Santo, no puede enseñarnos cosas falsas u ordenarnos hacer el mal en nombre de la Iglesia.




            Entonces, la única solución que mantiene la indefectibilidad de la Iglesia consiste en afirmar que estos «Papas» que promulgan y difunden la defección de la Fe del Vaticano II y de la «nueva religión» no gozan en general de la autoridad Papal. Pero algunos de los que sostienen esta tesis afirman que dichos Papas están totalmente privados de la dignidad pontificia y otros, que sólo están privados parcialmente; es decir, formaliter (formalmente) y no, materialiter (materialmente).

             Esta segunda tesis fue expuesta por primera vez por Mons. Guérard des Lauriers en 1973; sin embargo, es ignorada por muchos y mal comprendida por casi todos....


S.E.R. Mons. Donald J. Sanbor

sábado, 22 de junio de 2019

TODAS LAS GRACIAS DEPENDEN DE NUESTRA SEÑORA


            "... la Virgen merece el título de Reina en cuanto Madre del Rey, pero no únicamente porque a Él le convenía ser hijo de una Soberana sobre las criaturas visibles e invisibles, los Ángeles y los Santos del Cielo, los hombres vivos, las Almas del Purgatorio, así como sobre los réprobos y demonios del Infierno.

            De tal suerte que, a partir de entonces, Dios ejecuta todas Sus obras y realiza todas Sus voluntades por intercesión de Su Madre. No sólo es el canal por donde pasa el Imperio del Rey, sino que es una Reina que decide por arbitrio propio, consonante con los designios de Él.




            Esa sapiencial disposición de la Beatísima Trinidad, al concederle tal poder a la Virgen, nos lleva a considerar otro precioso fundamento de la Realeza mariana: la prerrogativa de Medianera Universal de todas las gracias.

             Se da por sentado en Teología que, también por Voluntad divina, todos los dones celestiales nos son otorgados por medio de María Santísima, al igual que todas nuestras súplicas y oraciones solamente llegan al Trono de Dios si son presentadas por las maternales y compasivas manos de su Madre. 

            Él la ha constituido Dispensadora de Su inextinguible Tesoro de gracias y favores, y por medio de Ella desea atender nuestras peticiones.

             Si todos los Ángeles y Santos reunidos suplicaran algo en provecho de un fiel sin invocar la intercesión de María no obtendrían nada. Ella sola lo logra todo al pedir por nosotros. La Virgen, en relación con nuestras preces, es un incomparable altavoz que resuena en el Cielo. Transforma nuestras palabras, les da una melodía, un sonido, el valor de un himno, purifica nuestra pronunciación de todas las marcas de nuestro desorden y de nuestras insuficiencias. 

            Y no contenta con esto, acaba sustituyendo nuestra voz por la suya, pues nuestro timbre, bastante menos eminente que el de María, únicamente vale como un susurro que se une y se pierde en su cántico al Señor de la Creación.

             ...la Realeza de Nuestra Señora está en íntima conexión con el hecho de que sea Ella el canal de todas las gracias. Es la Reina de todo, porque todas las cosas son pedidas y otorgadas a través de Ella. Una verdad que es corroborada por el título de Omnipotencia Suplicante, con lo cual se explican aún más los atributos regios de la Santísima Virgen: para que sea genuinamente Soberana, conlleva que ante Dios tenga una influencia sin restricciones..."


"Materna y Omnipotente Realeza" 
Plinio Corrêa de Oliveira 




jueves, 20 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI


               Según la Tradición Católica, esta fiesta tuvo su origen en el siglo XIII en la Abadía de Mont Cornillón en la región de Liége (Lieja) en Bélgica. Fue la religiosa agustina Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquel entonces Priora de dicha Abadía, la que con sus visiones sobrenaturales, propició que se celebrase esta fiesta dedicada a la Santísima Eucaristía.

               Sor Juliana nació en Retines, cerca de Liége,  en el año 1193. Al quedar huérfana a los cinco años fue confiada a los cuidados de las agustinas de Mont Cornillón, junto con su hermana Agnes, donde fueron cuidadas y educadas. A los catorce años sintió una fuerte vocación religiosa e ingresó en las mismas agustinas donde llegó a ser superiora de la comunidad. Murió en Fosses el 5 de abril de 1258, a la edad de  65 años, y fue enterrada en Villiers. Santa Juliana deseaba que hubiera una fiesta especial en honor al Sacramento de la Eucaristía, ya que sentía una gran veneración a dicho sacramento. Este deseo se intensificó por unas visiones  que tuvo de la institución de la Iglesia bajo la apariencia de una luna llena con una mancha negra y que interpretó como la ausencia de la celebración de dicha solemnidad.




               Sor Juliana comunicó estas visiones a Monseñor Roberto de Thorete, entonces obispo de Lieja, al docto dominico Hugh, quien sería más tarde cardenal legado de los Países Bajos y también al archidiácono de Lieja Jacques Pantaleón, quien sería en 1261 el Papa Urbano IV. El Obispo Roberto, convencido por las visiones y por la  interpretación de las mismas y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración en honor al Sacramento de la Eucaristía se tuviera al año siguiente.

               La celebración tuvo lugar en 1247 en la iglesia de San Martín en Lieja pero sin la presencia de dicho Obispo porque había fallecido. No obstante muchos consideraban las visiones de Sor Juliana como fruto de su imaginación y a la muerte de su protector fue desterrada a Namur en dos ocasiones.

               Años más tarde, en Bolsena, al norte de Roma,  muy cerca de Orvieto donde el Papa Urbano IV (Jacques Pantaleón) tenía la residencia papal, se produjo un hecho milagroso conocido como el Milagro de Bolsena. Un  sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando el corporal.

               La venerada reliquia fue llevada en procesión a la presencia del Papa en Orvieto el 19 Junio de 1264. En Orvieto se conservan aún los corporales manchados por la Sangre Milagrosa y también se puede ver la piedra del altar manchada de sangre en Bolsena.

               El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hizo que se extendiera la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus", fechada el 8 septiembre de ese año de 1264. La fiesta se fijó para el jueves después de la octava de Pentecostés, otorgándose indulgencias a todos los fieles que asistieran al Santo Sacrificio de la Misa ese día.

               Poco después de la publicación del decreto moría el Papa Urbano IV (el 2 de Octubre de 1264) lo que obstaculizó la difusión de la fiesta. Pero en 1311 el Papa Clemente V en el Concilio general de Vienne, en Francia, ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.

                En 1317 el Papa Juan XXII promulga una recopilación de leyes y  extendió la fiesta a toda la Iglesia. Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración, sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.




                Finalmente, el Concilio de Trento declaró que fuese introducida en la Santa Iglesia la costumbre de que todos los años se celebrase este Sacramento con singular veneración y solemnidad.

                 "Después de la Consagración del pan y del vino se contiene en el saludable Sacramento de la Santa Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles..."

                 "...por la consagración del pan y del vino se convierte toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente transubstanciación la Santa Iglesia Católica"

                 "...que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este Santísimo Sacramento, y prestarle el culto de latría que se debe al mismo Dios"

(Sacrosanto Concilio de Trento, Sesión XIII)






miércoles, 19 de junio de 2019

DOCTRINA DE LA SANTA MISA: El Santo Sacrificio de la Misa, alimento y consuelo para los que desesperan




               Refiere el Papa Pío II que un Caballero de la provincia de Ostia estaba continuamente atormentado por una tentación de desesperación que le inducía a ahorcarse, lo cual había intentado Ya varias veces. Habiendo ido a entrevistarse con un santo religioso para exponerle el estado de su alma y pedirle consejo, el Siervo de Dios, después de haberle consolado y fortalecido lo mejor que pudo, le aconsejó que tuviese en su casa un sacerdote que celebrase allí todos los días la Santa Misa. El Caballero le dijo que lo haría gustosamente. Al mismo tiempo fué a recluirse en un castillo de su propiedad; allí un sacerdote celebraba todos los días la Santa Misa, que el Caballero oía con la mayor devoción. 

               Después de haber permanecido allí por algún tiempo con gran tranquilidad de espíritu un día el sacerdote le pidió permiso para ir a decir la Misa en una iglesia vecina en la que se celebraba una festividad extraordinaria; el Caballero no tuvo en ello inconveniente, pues se proponía ir también allí a oír la Santa Misa. Mas una ocupación imprevista le retuvo, sin que de ello se diese cuenta, hasta el mediodía. Entonces, lleno de espanto por haber perdido la Santa Misa, cosa que no le acontecía nunca, y sintiéndose otra vez atormentado por su antigua tentación, salió de su casa, y se encontró con un lugareño que le preguntó dónde iba. «Voy, -dijo el Caballero, a oír la Santa Misa.» «Es ya demasiado tarde -respondió aquel hombre- pues están todas celebradas.» Fue aquélla una noticia muy cruel para el Caballero, quien se puso a dar voces, diciendo: «¡Ay!, estoy perdido, pues se me escapó la Santa Misa». Él lugareño, que era amigo del dinero, al verle en aquel estado, le dijo: «Si queréis, os venderé la Misa que he oído y todo el fruto que de ella he sacado». El otro, sin reflexionar siquiera, lleno de pesar como estaba por haber faltado a la Santa Misa contestó: «Pues sí, aquí tenéis mi capa».




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               Aquel hombre no podía venderle la Santa Misa sin cometer un grave pecado. Al separarse, el Caballero no dejó, sin embargo, de proseguir su camino hacia la iglesia para rezar allí sus oraciones. Al volverse a su casa, después de sus prácticas piadosas, halló a aquel pobre paisano colgado de un árbol en el mismo lugar donde le había aceptado su capa. Nuestra Señor, en castigo de su avaricia, permitió que la tentación del Caballero pasase al avaro. Movido por un tal espectáculo, aquel Caballero dió gracias a Dios durante toda su vida, por haberle librado de un tan grande castigo, y no dejó nunca de asistir a la Santa Misa a fin de agradecer a Dios tantas bondades. A la hora de la muerte confesó que desde que asistía diariamente a la Santa Misa el demonio había dejado de inducirle a la desesperación. 




(P. Rossignoli, Maravillas divinas en la Sagrada Eucaristía, maravilla LXIII.ª)




domingo, 16 de junio de 2019

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y SOR LUCÍA DE FÁTIMA


               La Santa Iglesia celebra hoy con solemnidad a la Santísima Trinidad. Coincidiendo con esta importante Festividad Católica, releamos la descripción que Sor Lucía Dos Santos, niña vidente de Fátima, nos hace de la Aparición de la Santa Trinidad con la que fue agraciada en Tuy, España, cuando era religiosa dorotea:

          “Estando sola una noche (para una Hora Santa, el 13 de Junio 1929) me arrodillé delante del comulgatorio de la capilla para rezar el ángelus, estando postrada. Sintiéndome cansada, me levanté y me puse de rodillas y continué rezando con mis brazos en cruz. La única luz venía de la lámpara del sagrario. De repente una luz sobrenatural iluminó toda la capilla y sobre el altar apareció una Cruz de luz que se extendía hasta el techo. En la parte más brillante, la parte superior de la Cruz, se veía el cuerpo de un hombre desde su rostro hasta la cintura; sobre su pecho había una paloma que brillaba de la misma forma. Clavado en la cruz estaba el cuerpo de otro hombre. Debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían algunas gotas de sangre del rostro del crucificado y de la herida de su pecho. Esas gotas se escurrían sobre la Hostia y caían en el Cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Corazón Inmaculado en la mano”.




                    Esta es la visión hasta aquí, esta luminosa visión que iluminaba toda la capilla. Entonces ella dijo:

Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz) habían grandes letras, como si fueran de agua cristalina cayendo sobre el altar, que formaban estas palabras: Gracia y Misericordia

          Esto salía del lado izquierdo de la cruz; caían esas letras cristalinas como si fueran aguas cristalinas, como aguas bautismales perfectamente limpias, las palabras: Gracia y Misericordia. Esta es la visión de Tuy. Y también vemos la humildad de la vidente. Sor Lucía dice: “Entendí que era el Misterio de la Santísima Trinidad que se me había mostrado, y recibí luces en relación a este Misterio que no me está permitido revelar”.

          De este modo fue la aparición y la apariencia.  Me gustaría simplemente hacer una observación aquí antes de discutir el mensaje. Cuán perfecto retrato de los fundamentos de la fe, de la fe católica. Cuán perfecto retrato de la Santísima Trinidad en el acto redentor del Santo Sacrificio de la Misa. Todo lo que Dios le ha pedido al hombre para creer, todo lo que Dios le ha pedido al hombre para hacer, está presente en esta aparición. Luego Sor Lucía habla del mensaje que se propagará por todo el mundo y creará un terremoto en todo el mundo. Sor Lucía dice: “Entonces Nuestro Señor me dijo:

Ha llegado el momento en que Dios le pide al Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, llevar a cabo la consagración de Rusia a Mi Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio”.

          El segundo pedido es este, parece diferente, parece como si le fuese extraño, pero el segundo pedido es perfectamente parte del primer pedido, van juntos.

          ¿Cuál es este segundo pedido? La Virgen dice:

Son tan numerosas las almas que la Justicia de Dios condena a causa de los pecados cometidos en mi contra que vengo para pedir reparación. Haz sacrificios tú misma por esta intención y reza”.





FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD




          El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

          No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

          Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dió a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



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          La Fiesta de la Santísima Trinidad es como un Te Deum, que brota de nuestro pecho al terminar de conmemorar todos estos beneficios de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ella nos induce también a considerar cada Domingo como una fiesta dedicada a la Santísima Trinidad, y así es en realidad, pues cada uno de ellos nos trae a la memoria que el Padre nos ha creado y llamado, que el Hijo nos ha salvado y el Espíritu Santo nos ha santificado. Cada Domingo es el Día del Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y es que en realidad toda nuestra vida se desarrolla en bajo la acción de las Tres Divinas Personas, la vida natural y la vida sobrenatural. Los sacramentos, las bendiciones, las señales de la Cruz se dan en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, por lo que todo parte y regresa a la Santísima Trinidad.



lunes, 10 de junio de 2019

¿QUÉ PODEMOS OFRECER A NUESTRAS HERMANAS LAS ALMAS DEL PURGATORIO?




            A nuestras Hermanas, las almas retenidas en el Bendito Purgatorio, podemos ofrecer TODAS las obras buenas que practicamos en estado de gracia santificante, que tienen la virtud de producir cuatro efectos: meritorio, propiciatorio, impetratorio y satisfactorio.

       -El efecto meritorio, de nuestras buenas obras consiste en aumentar la gracia y la gloria del que la práctica, y este efecto no puede cederse a nadie.

       -El efecto propiciatorio es hacer a Dios propicio, aplacando la ira de Su Divina Justicia.

       -El efecto impetratorio está en alcanzarnos gracias y favores de parte de Dios.

       -El efecto satisfactorio, es aquel que nos permite pagar la pena temporal que merecemos por nuestros pecados. Sólo este último efecto -el satisfactorio- es el que podemos ofrecer a las Almas del Purgatorio mediante este Voto, a fin de que les sirva para completar la pena temporal que por sus pecados deben a la Justicia Divina y que están pagando en el Purgatorio. Sin embargo, ofreciendo este efecto satisfactorio, no nos quedaremos en la indigencia, sino que nos quedamos con los otros tres efectos de nuestras buenas obras.





PRIMER CONSUELO: LA ORACIÓN

             Es como un refrigerio que de nuestra alma sube al Cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria  de  sufragio.  Entre  las  oraciones  que podemos rezar prevalecen: el “Oficio de los Difuntos”, el Salmo 50, el Vía Crucis, y sobre todo, el Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la Santa Confesión y Comunión Sacramental ( o espiritual, que se puede hacer siguiendo el modelo de la estampa "Comunión Espiritual, de este blog); es necesario además, que en ocasión de la muerte de una persona querida, todos los parientes se confiesen y comulguen por el alma.

SEGUNDO CONSUELO: EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

             Para las Benditas Ánimas del Purgatorio, una sola Misa es de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto espiritual del Sacrificio del Altar:

      - Una parte va en beneficio de todos los miembros.

      - Otra parte va en ventaja del Sacerdote que celebra.

      - La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es  aplicable a las Almas Purgantes. Pero no basta celebrar una sola Misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

TERCER CONSUELO: LAS INDULGENCIAS

             La Indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Nuestro Redentor Jesucristo, de la Virgen Nuestra Señora y de los Santos, los cuales constituyen su Tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el Cielo. Hay indulgencia “Plenaria” y “Parcial”. Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los Difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.


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