martes, 9 de agosto de 2011

SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ, CARMELITA DESCALZA






Edith Stein nació en Breslau, Alemania, (hoy Broklaw, Polonia) el 12 de octubre de 1891. Fue la última de 11 hermanos de una familia judía devota. Ella murió en una cámara de gas de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.


Fue una estudiante brillante, quien en un comienzo se incorporó a la Universidad de Breslau en 1911 y luego se trasladó a la Universidad de Göttingen para continuar sus estudios bajo la tutela del famoso fundador de la fenomenología Edmund Husserl. El filósofo escogió a Edith Stein para ser su asistente de cátedra en la Universidad de Freiburg y declaró que ella era la mejor estudiante de doctorado que nunca había tenido, incluso fue más capaz que Heidegger quien también fue su pupilo al mismo tiempo que Edith. En 1916, culminó su tesis y obtuvo el Doctorado en Filosofía con el grado de summa cum laude.


Luego de que muchos de sus amigos fueran enrolados para servir en la Primera Guerra Mundial, Edith se enroló de voluntaria junto con otras estudiantes mujeres para trabajar en hospitales militares. Así, obtuvo trabajo en hospitales de enfermedades infecciosas y cuidó caritativamente del ejército austríaco, donde campeaba la tifoidea, la disentería y el cólera. Al término de su período como voluntaria en el hospital militar obtuvo la medalla de valor en reconocimiento a su servicio generoso.


Tras retornar de la experiencia de la guerra, retomó su vida de estudiante, pero las dudas profundas, el insaciable hambre de verdad volcado a la filosofía y el testimonio de muchos cristianos comenzaron a socavar en ella su hasta entonces radical ateísmo. Los diálogos con el filósofo Max Scheller -que paradójicamente se había apartado de la Iglesia-, pero sobre todo la lectura de la vida de Santa Teresa de Jesús, terminaron completando la obra que Dios había iniciado en ella: su conversión al catolicismo. El 1 de enero de 1922 recibió el bautismo.


Por este tiempo, Edith dejó su carrera como estudiante y aceptó el puesto de profesora de Alemán en el Colegio de las Hermanas Dominicas en Speyer. Allí, trabajó por 8 años como profesora y dividía su día entre el trabajo y la oración. Era conocida por ser una benévola y servicial profesora que trabajaba duro por trasmitir su material de manera clara y sistemática y su preocupación iba más allá de trasmitir conocimientos, incluía la formación a toda la persona, pues estaba convencida que la educación era un trabajo apostólico.


A lo largo de este período, Edith continuó sus escritos y traducciones de filosofía y asumió el compromiso de dar conferencias, que la llevó a Heidelberg, Zurich, Salzburg y otras ciudades. En el transcurso de sus conferencias, frecuentemente abordaba el papel y significado de la mujer en la vida contemporánea, hablando de temas como: "Ethos de las mujeres que trabajan", "Diferentes vocaciones de hombres y mujeres de acuerdo con Dios y la naturaleza" , "La Espiritualidad de la mujer cristiana", "Los principios fundamentales de la Educación de la mujer", "Problemas en la Educación de la Mujer", "La Iglesia, la mujer y la juventud" " y "El significado intrínseco del valor de la mujer en la vida nacional". Una lectura de sus textos revela claramente su oposición radical al feminismo y su fuerte compromiso al reconocimiento y desarrollo de la mujer, así como al valor de la madurez de la vida cristiana en la mujer como una respuesta para el mundo.


En 1931, Edith deja la escuela del convento para dedicarse a tiempo completo a la escritura y publicación de sus trabajos. En 1932, aceptó la cátedra en la Universidad de Münster, pero un año después le dijeron que debería dejar su puesto por su antecedente judío. Una caritativa universidad de administración le sugirió que trabajase en sus proyectos hasta que la situación de Alemania mejore, pero ella se negó. También recibió otra oferta de América del Sur, pero después de pensar bien la situación, Edith se convenció que había llegado el tiempo de entrar al convento. El 14 de octubre de 1933, a la edad de 42 años, Edith Stein ingresa al convento carmelita en Cologne tomando el nombre de Teresa Benedicta y reflejando su especial devoción a la pasión de Cristo y su gratitud a Teresa de Avila por su amparo espiritual.


En el convento, Edith continuó sus estudios y escritos completando los textos de su libro "La Finitud y el Ser", su obra cumbre.


En 1938 la situación en Alemania empeoró, y el ataque de las temidas S.S. el 8 de noviembre a las sinagogas (la Kristallnacht o "Noche de los Cristales") despejó toda duda acerca del estado verdadero de los ciudadanos judíos. El convento de los priores preparó el traslado de Edith al convento de Dutch en Echt y en Año Nuevo, el 31 de diciembre de 1938, Edith Stein fue llevada a Holanda. Allá en el convento de Echt, Edith compuso 3 hermosos actos de oblación, ofreciéndolos por el pueblo judío, por el evitamiento de la guerra y por la santificación de la Familia Carmelita. Después, reorganizó su vida enseñando Latín a las postulantes y escribiendo un libro acerca de San Juan de la Cruz.


Como la incineración y los cuartos de gas aumentaron en el Este, Edith, como miles de judíos en Holanda, empezó a recibir citaciones de la S.S. en Maastricht y del Consejero para los Judíos en Amsterdam.




Edith pidió una visa a Suiza junto con su hermana Rosa, con quien había vivido en Echt, para ser transferidas al Convento de Carmelitas de Le Paquier. La comunidad de Le Paquier informó a la Comunidad de Echt que podía aceptar a Edith pero no a Rosa. Para Edith fue inaceptable y por eso se rehusó ir a Suiza y prefirió quedarse con su hermana Rosa en Echt. Decidida a terminar


"La Ciencia de la Cruz", Edith usó todo momento para investigar, incluso hasta quedar exhausta.En la Comunidad Holandesa de Echt, la protección de Edith Stein en contra de la persecución de los judíos fue temporal. Mientras la policía nazi que exterminaba a los judíos era rápidamente implementada cuando Holanda fue ocupada, los judíos que profesaban la fe católica fueron inicialmente dejados en paz. Sin embargo, cuando el Obispo de Netherlands redactó una carta pastoral en donde protestaban severamente en contra de la deportación de los judíos, las reglas nazis reaccionaron ordenando la exterminación de los bautizados judíos.


Por esa razón, el domingo 2 de agosto a las 5 p.m., después de que Edith Stein había pasado su día como siempre, rezando y trabajando en su interminable manuscrito de su libro sobre San Juan de la Cruz, los oficiales de la S.S. fueron al convento y se la llevaron junto con Rosa. Asustada por la multitud y por no poder hacer nada ante la situación, Rosa se empezó a desorientar. Un testigo relató que Edith tomó de la mano a Rosa y le dijo tranquilamente: "Ven Rosa, vamos a ir por nuestra gente". Juntas caminaron hacia la esquina y entraron en el camión de la policía que las esperaba.Hay muchos testigos que cuentan del comportamiento de Edith durante esos días de prisión en Amersfoort y Westerbork, el campamento central de detención en el norte de Holanda; cuentan de su silencio, su calma, su compostura, su autocontrol, su consuelo para otras mujeres, su cuidado para con los más pequeños, lavándolos y cepillando sus cabellos y cuidando de que estén alimentados.


En medio de la noche, antes del amanecer del 7 de agosto de 1942, los prisioneros de Westerbork, incluyendo a Edith Stein, fueron llevados a los trenes y deportados a Auschwitz. En 1950, la Gazette Holandesa publicó la lista oficial con los nombres de los judíos que fueron deportados de Holanda el 7 de agosto de 1942. No hubo sobrevivientes. He aquí lo que decía lacónicamente la lista de los deportados:


Número 44070 : Edith Theresa Hedwig Stein, Nacida en Breslau el 12 de Octubre de 1891, Muerta el 9 de Agosto de 1942.

lunes, 8 de agosto de 2011

NUESTROS GLORIOSOS MÁRTIRES ( VIII )



   Nació en Adanero (Ávila) el 17 de mayo de 1869. Realizó sus estudios eclesiásticos en la capital de la diócesis, pasando después a Valladolid, donde obtuvo con brillantez la licenciatura en Derecho. Como sacerdote regentó dos canonjías: la magistral de León y la lectoral de Madrid. El 16 de enero de 1910  fue consagrado obispo en la iglesia de los Paúles de Madrid. Su primer campo pastoral fue la diócesis de Lugo, en donde permaneció durante diez años. En junio de 1920 fue a Jaén, punto de partida de su pontificado. En su escudo rezaba el lema: “Quien a Dios tiene, nada le falta”.


   El 18 de julio de 1936 estaban concentradas en la capital las fuerzas de la Guardia Civil de toda la provincia, al mando del teniente coronel Pablo Iglesias Martínez, el cual no hizo ninguna tentativa para alzarse, lo que facilitó el triunfo del Frente Popular, cuyos elementos más exaltados se lanzaron a la calle dispuestos a barrer los focos facciosos. Primero se dirigieron al palacio episcopal, reclamando a voces las armas que suponían existir en el interior. Cuando estaban intentando descerrajar las puertas a culatazos, el obispo se las abrió de par en par, comprobando las turbas que allí no había armas, pero prometieron volver. 


   En la mañana del 11 agosto le fue pasada al obispo una confidencia, haciéndole saber que su nombre y el de sus familiares figuraban en lista para aquella noche en el segundo tren que iba a salir con el mismo destino. Fueron unas trescientas personas las que fueron materialmente prensadas dentro del tren.


   El jefe de estación de Santa Catalina, inmediata a la de Atocha, Luis López Muñoz, testigo presencial, hizo la siguiente declaración una vez finalizada la contienda: 


   «Cuando hacia las doce del día 12 de agosto llegó el tren a la estación de Santa Catalina, grandes grupos de mozalbetes armados lo esperaban y comenzaban a dar gritos de alegría, pidiendo que se les entregaran los prisioneros. Entonces se presentaron dos camiones de guardias civiles y de Asalto, que intentaron conducir el tren hasta Alcalá de Henares; pero el populacho se opuso. Se llamó por teléfono al ministerio de la Gobernación y a la Dirección de la Guardia Civil consultando el caso; como las órdenes no eran muy concretas, se puso al aparato un individuo llamado Arellano, que, según parece, era el jefe de los libertarios, y tuteando al ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, le dijo que, si no les entregaban los prisioneros, matarían a los guardias. Contestación del ministro:”Si es la voluntad del pueblo, que se los entreguen”.


   Los guardias se retiraron, dejando el tren abandonado y en poder de los revoltosos, que le hicieron andar por la vía de Vallecas. Antes de llegar a este pueblo, en un sitio llamado Caseta del Tío Raimundo, detuvieron el tren, siendo aproximadamente las tres de la tarde. Allí fueron haciendo bajar a los prisioneros y los fusilaron en tandas. El que mató al señor obispo declara que lo hizo disparando una escopeta cargada de plomo a una distancia de metro y medio».


   Dos de los supervivientes, Jacobo Navarro y Leocadio Moreno, dijeron que el obispo cayó de rodillas, exclamando: 


   «Perdona, Señor, mis pecados y perdona también a mis asesinos».

COMUNIÓN EN LA MANO



   Jesús y María sean siempre en nuestras almas.


- ¿RECUPERAR, QUÉ? -


   Con cierta sorpresa compruebo que en algunos Blogs Católicos, se viene publicado con insistencia la noticia de la “recuperación de la comunión de rodillas y en la boca” por parte de S.S. Benedicto XVI; ante este curioso acontecimiento, debemos tener en cuenta:


   1º- Recibir la Sagrada Comunión de rodillas y en la lengua, JAMÁS HA SIDO PROHIBIDO, por lo tanto no hay nada que se haya recuperado en este sentido. La comunión bien recibida, de rodillas y en la lengua, no es la excepción, como pretenden hacernos creer. Por lo tanto, cuidemos bien las expresiones y no caigamos en el juego de palabras de los modernistas.


   2º- La recepción de la Sagrada Comunión en la forma tradicional, no es un privilegio por el cual debamos estar agradecidos, no: ES UN DERECHO DE LOS FIELES, al tiempo que supone UNA OBLIGACIÓN GRAVE DE LOS SACERDOTES respetar esta forma de comulgar tan digna y necesaria. Por favor, ¡basta ya de complejos!


   3º- La introducción de la sacrílega costumbre de recibir a Nuestro Señor Sacramentado en la mano, no responde más que a un abuso litúrgico más del post-Concilio Vaticano II; ya muchos sabréis que tras esta maniobra, está la firma de la Masonería.


- A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS -


   LA MALDITA COMUNIÓN EN LA MANO SÓLO SERRÁ ERRADICADA de   Nuestra Santa Iglesia, cuando el Santo Padre y todos los Obispos a él unidos, deploren esta horrenda práctica, reconociendo el origen que la motivó así como todos los sacrilegios que ha conllevado durante décadas.


   Mientras el Papa y algunos Obispos sigan “poniendo paños calientes”, lo único que van a conseguir es seguir confundiendo y creando división de opiniones. En un hogar cualquiera, donde un hijo se droga o se emborracha, un padre bueno no sólo le explica las consecuencias de sus actos, si no que, si es un padre que de veras ama a su hijo, si es necesario, le encierra en su habitación e impide que salga a la calle a continuar perdiéndose…¿ES TAN DIFÍCIL QUE EL PAPA PROHIBA DEFINITIVAMENTE LA COMUNIÓN EN LA MANO?…humildemente, creo que no.


- CUANDO COMPRENDAMOS… -


   Sí, cuando logremos entender al menos una milésima parte del sentido y valor sacrificial de la Santa Misa, donde se renueva el Drama del Calvario y con lágrimas comprendamos que ES EL MISMO CRISTO  el que se encuentra en la Sagrada Forma, ¿quién se atreverá todavía a tocar a Nuestro Señor?. Pero ese es el problema: parece ser que la Santa Misa ya no es Sacrificio, que ya Nuestro Señor no está presente en la Bendita Hostia… repasaos la “Carta a los Católicos perplejos” que he ido colgando en nuestro Blog y entenderéis mejor.


- OBRAS SON AMORES -


   Quitaros ya le venda, dejaos de cegueras y ved la realidad; la guerra no se gana con “batallitas”, sino con valor, con hombría, sin respetos o temores al qué dirán. Dad ejemplo en vuestras parroquias; que aunque se celebre el Novus Ordo, comulguéis de rodillas y en la lengua y si el sacerdote os lo prohíbe, dirigíos a mí, que os ayudaré a denunciarlo donde convenga.


   Me encomiendo a vuestras oraciones y os prometo las mías.


   In Cordibus Iesu et Mariae.


   Juan Diego Ortega, Tertio Ordine Carmelitarum.

sábado, 6 de agosto de 2011

NUESTRA SEÑORA, MAESTRA DE HUMILDAD.


“Jesucristo vino al mundo por medio de la Santísima Virgen, y por medio de Ella debe también reinar en el mundo.


La vida de María fue vida oculta; por eso el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater: madre oculta y escondida. Su humildad fue tan grande, que no hubo para Ella en la tierra anhelo más poderoso y constante, que pasar desconocida de sí misma y de toda criatura, para ser conocida de sólo Dios.


Dios Padre, a pesar de haberle comunicado su poder, consintió en que María durante su vida no obrase ningún milagro, al menos portentoso. Dios Hijo, a pesar de haberle comunicado su sabiduría, permitió que apenas hablase. Dios Espíritu Santo, a pesar de ser Ella su Esposa fiel, consintió en que los apóstoles y evangelistas dijesen de Ella muy poco, y solamente lo necesario para dar a conocer a Jesucristo.”

jueves, 4 de agosto de 2011

NUESTROS GLORIOSOS MÁRTIRES ( VII )



BEATA MARÍA GABRIELA HINOJOSA Y COMPAÑERAS

  Nace en el pintoresco e importante pueblo de Alhama (Granada), el 24 de julio de 1872. Para sus padres, Juan de Hinojosa y Manuela Naveros, llega como un regalo del cielo, pues todos sus hermanos son ya mayores. Pronto la bautizan dándole el nombre de Amparo, que luego cambiará por el de Mª. Gabriela en la vida religiosa. Al cumplir 7 años pierde a sus padres, y su hermano mayor Eduardo, que vive en Madrid la recibe con gran cariño en calidad de tutor. Como Amparo es de carácter jovial, alegre y afectuoso, hace las delicias de los suyos. Tiene un gran amor a la Virgen y se consagra a Ella. 

   Es precisamente a los pies de la gruta de Lourdes, donde siente la llamada de Jesús a la vida religiosa. Sólo tiene 15 años y responde con un sí, generoso; pero su hermano mayor la encuentra muy joven y decide esperar un poco. A sus 19 años entra en el Primer Monasterio de la Visitación de Madrid, y esta separación le fue muy dolorosa al igual que a toda su familia.

   Al entrar al Monasterio, emprendió con fervor su formación religiosa. Muy amante de la Orden  y de su vocación se penetró profundamente de su espíritu, llegando a ser una regla viva, para con todas sus Hermanas. Tenía una gran devoción a la Eucaristía y se la comunicaba a los demás. En 1936 al estallar la revolución, la Comunidad parte para Oronoz (Navarra), y Hermana Gabriela queda en Madrid, como superiora del grupo, para cuidar del Monasterio junto con otras Hnas. Cuando el convento fue asaltado, saqueado y ocupado por los anarquistas, el 18 de julio de 1936; las religiosas se ocultaron en el sótano de una casa vecina. Durante meses permanecieron en comunidad y en constante oración; habían expresado textualmente: "Hemos prometido ante Jesús, las siete reunidas, no separarnos". En noviembre, por una denuncia, fueron descubiertas; seis fueron fusiladas a quemarropa el día 18; otra, al pretender huir, fue detenida y retenida dos días en una cárcel improvisada para finalmente ser fusilada el día 23. 
Sus nombres eran: 

+Beata Teresa María (Laura) Cavestany y Anduaga,
+Beata Josefa María (María del Carmen) Barrera e Izaguirre, 
+Beata María Inés (Agnes) Zudaaire y Galdeano, 
+Beata María Angela (Martina) Olaizola y Garagarza,
+Beata María Gracia (Josefa Joaquina) Lecuona y Aramburu, y
+Beata María Cecilia Cendoya y Araquistán. 

   Las últimas palabras de la Sor María Gabriela que se conservan son: «Estamos rezando, dando gracias a Dios porque nos ha llegado la hora». Toda su vida fue de alabanza a Dios por todo lo que le había concedido.

EL CONFESONARIO DEL SANTO CURA DE ARS.


   “Puede decirse que se crucificó en el confesonario, libremente. Fue un “mártir de la confesión”, según frase de un testigo de su vida (el Rvdo. Raymond). Hubiera podido huir de los pecadores, retirarse al claustro o al desierto, pero por amor a las almas se quedó en su puesto. El que pasó la juventud en medio de los campos, respirando el puro aire de su tierra natal, permanecía clavado en aquél asiento, prisionero de los pecadores.


   Corazón delicado y sensible, amigo de las bellezas naturales, había recorrido en otros tiempos el risueño valle de Fontblin donde susurran los álamos; no le separaba de él sino las paredes de la iglesia y algunas casas de la aldea; sin embargo, durante treinta años, se privará voluntariamente del encanto, de la frescura y de la tranquilidad de aquellas alamedas.


   Sí, fue allí, entre aquellas tablas, en aquél ataúd anticipado, donde más tuvo que sufrir el Cura de Ars. Para atenuar un poco la dureza del asiento de su confesonario, intentaron algunas veces poner almohadillas llenas de paja; pero él las rechazó, como tampoco consintió en usar cerca del confesonario, estufa alguna durante los rudos inviernos. 


   Así, buscando las mortificaciones con el mismo afán que otros buscan los placeres, nunca estaba saciado de penitencia. Se imponía el sacrificio de no oler jamás una flor, de no comer fruta, de no beber una gota de agua en días de calor. Se había impuesto la ley de no manifestar disgusto por causa alguna, y de tener ocultas todas las repugnancias de la naturaleza. Dominaba la curiosidad de que pudiese sentir por las cosas más legítimas: ni siquiera manifestó deseos de ver el ferrocarril que pasaba a algunos kilómetros de Ars, y que cada día conducía para para él un gran número de forasteros.”

(Francis Trochu, “El Cura de Ars”, Editorial PALABRA. 16 Edición, Octubre 2009)

miércoles, 3 de agosto de 2011

MIÉRCOLES, día especialmente consagrado a SAN JOSÉ


   Nuestra Señora y el Patriarca San José se presentan a Dios entregándose virginalmente, en cuerpo y alma, en un abandono sencillo y total a la divina inspiración, desde su infancia -que tuvo presumiblemente también San José, según los escritos inspirados de almas santas como la Venerable Madre Ágreda y la M. María Cecilia Baij- sin saber a donde les conducía.


   He aquí la primera cooperación al don de plenitud de gracia inicial -maternal y paternal- que les otorgó Dios para el cumplimiento de sus planes salvíficos. A esta misericordia totalmente gratuita, cuando ambos conocen, en su momento, su vocación por ministerio angélico, responden abandonándose por completo a la Voluntad del Señor.

martes, 2 de agosto de 2011

DÍA MARTES:CONSAGRADO AL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA



   La existencia de los ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel...

   En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Smo. Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales... la presencia del Ángel de la Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.

   Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

   Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

   Santo Tomás de Aquino dividió los Coros angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».


Úrsula, de la Tercera Orden de San Francisco
           
¡Oh benignísimo Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida y tutor mío,
maestro, guía, defensor y sapientísimo consejero y fidelísimo amigo mío!,
a quien estoy encomendado por la bondad del Señor
desde el momento que nací, hasta la postrera hora de mi vida.

Tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos.
En las sombras de la noche, me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.

¡Cuánta reverencia os debo, sabiendo que estáis presente donde estoy!
¡Y con cuanta devoción os debo servir,
por el amor con que miráis por mí!
¡Y que gran confianza debo tener teniéndoos a mi lado,
para mi defensa!

Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.

Enséñame, Ángel Santo;
amparadme y guiadme por el camino derecho y seguro
a la Santa Ciudad y no permitáis que yo haga
en vuestra presencia cosa que os ofenda
y que no me atreviera a hacer sin vergüenza
delante de otro hombre como yo!
Representad mis deseos y miserias ante el Señor,
alcanzadme el remedio de ellas, en su infinita bondad.

Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.

En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.

lunes, 1 de agosto de 2011

1 DE AGOSTO: SAN ALFONSO Mª. DE LIGORIO




Nació cerca de Nápoles el 27 de septiembre de 1696. Sus padres fueron Don José, Marqués de Ligorio y Capitán de la Armada naval, y Doña Ana Cabalieri.

Nuestro santo fue el primogénito de siete hermanos, cuatro varones y tres niñas. Siendo aún niño fue visitado por San Francisco Jerónimo el cual lo bendijo y anunció: "Este chiquitín vivirá 90 años, será obispo y hará mucho bien".

A los 16 años, caso excepcional obtiene el grado de doctor en ambos derechos, civil y canónico, con notas sobresalientes en todos sus estudios.

Para conservar la pureza de su alma escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen y huía como de la peste de todos los que tuvieran malas conversaciones.

Su padre, que deseaba hacer de él un brillante político, lo hizo estudiar varios idiomas modernos, aprender música, artes y detalles de la vida caballeresca. Y en su profesión de abogado iba obteniendo resaltantes triunfos. Pero todo esto no lo dejaba satisfecho, por el gran peligro que en el mundo existe de ofender a Dios.

A sus compañeros les repetía: "Amigos, en el mundo corremos peligro de condenarnos".

Más tarde escribiría: "Las vanidades del mundo están llenas de amargura y desengaños. Lo sé por propia y amarga experiencia"

Su padre quería casarlo con alguna joven de familia muy distinguida para que formara un hogar de alta clase social. Pero cada vez que le preparaban algún noviazgo, la novia tenía que exclamar: "Muy noble, muy culto, muy atento, pero... ¡Vive más en lo espiritual que en lo material!.

Hubo un pleito famoso entre el Doctor Orsini y el gran duque de Toscana. El Dr. Alfonso defendía al de Orsini. Su exposición fue maravillosa, brillante. Sumamente aplaudida. Creía haber obtenido el triunfo para su defendido. Pero apenas terminada su intervención, se le acerca el jefe de la parte contraria, le alarga un papel y le dice: "Todo lo que nos ha dicho con tanta elocuencia cae de su base ante este documento".

Alfonso lo lee, y exclama: "Señores, me he equivocado", y sale de la sala diciendo en su interior: "Mundo traidor, ya te he conocido. En adelante no te serviré ni un minuto más".

Se encierra en su cuarto y está tres días sin comer. No hace sino rezar y llorar.

Después se dedica a visitar enfermos, y un día en un hospital de incurables le parece que Jesús le dice: "Alfonso, apártate del mundo y dedícate sólo a servirme a mí". Emocionado le responde: "Señor, ¿qué queréis que yo haga?".

Y se dirige luego a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced y ante el sagrario hace voto de dejar el mundo. Y como señal de compromiso deja su espada ante el altar de la Sma. Virgen.

Pero tuvo que sostener una gran lucha espiritual para convencer a su padre, el cual cifraba en este hijo suyo, brillantísimo abogado, toda la esperanza del futuro de su familia. "Fonso mío - le decía llorando - ¿Cómo vas a dejar tu familia? - y él respondía: Padre, el único negocio que ahora me interesa es el de salvar almas".

Al fin, a los 30 años de edad logra ser ordenado sacerdote. Desde entonces se dedica trabajar con las gentes de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades. Reúne a los niños y a la gente humilde, al aire libre y les enseña catecismo.

Su padre que gozaba oyendo sus discursos de abogado, ahora no quiere ir a escuchar sus sencillos sermones sacerdotales. Pero un día entra por curiosidad a escucharle una de sus pláticas, y sin poderse contener exclama emocionado: "Este hijo mío me ha hecho conocer a Dios". Y esto lo repetirá después muchas veces.

Se le reunieron otros sacerdotes y con ellos, el 9 de noviembre de 1752, fundó la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas). Y a imitación de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: "Soy enviado para evangelizar a los pobres".

Durante 30 años, con su equipo de misioneros, recorre campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente.

La gente al ver su gran espíritu de sacrificio, corría a su confesionario a pedirle perdón de sus pecados. Solía decir que el predicador siembra y el confesor recoge la cosecha.

Es admirable como a San Alfonso le alcanzaba el tiempo para hacer tantas cosas. Predicaba, confesaba, preparaba misiones y escribía. Hay una explicación: Había hecho votos de no perder ni un minuto de su tiempo. Y aprovechaba este tesoro hasta lo máximo. Al morir deja 111 libros y opúsculos impresos y 2 mil manuscritos. Durante su vida vio 402 ediciones de sus obras.

Su obra ha sido traducida a 70 lenguas, y ya en vida llegó a ver más de 40 traducciones de sus escritos.

Para su libro más famoso, Las Glorias de María, empezó San Alfonso a recoger materiales cuando tenía 38 años de edad, y terminó de escribirlo a los 54 años, en 1750. Su redacción le gastó 16 años.

Sus obras las escribió en sus últimos 35 años, que fueron años de terribles sufrimientos.

En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda. Quedó aterrado y dijo que renunciaba a ese honor.Pero el Papa no le aceptó la renuncia. "Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados" - exclamó - y aceptó. Tenía 66 años.

Estuvo 13 años de obispo. Visitó cada dos años los pueblos. En cada pueblo de su diócesis hizo predicar misiones, y él predicaba el sermón de la Virgen o el de la despedida.

Vino el hambre y vendió todos sus utensilios, hasta su sombrero y anillo y la mula y el carro del obispo para dar de comer a los hambrientos.

Cuando le aceptaron su renuncia de obispo exclamó: Bendito sea Dios que me ha quitado una montaña de mis hombros.

Dios lo probó con enfermedades. Fue perdiendo la vista y el oído. "Soy medio sordo y medio ciego - decía - pero si Dios quiere que lo sea más y más, lo acepto con gusto".

Su delicia era pasar las horas junto al Santísimo Sacramento. A veces se acercaba al sagrario, tocaba a la puertecilla y decía: "¿Jesús, me oyes?"

Le encantaba que le leyeran Vidas de Santos. Un hermano tras otro pasaban a leerle por horas y horas.

Preguntaba: ¿Ya rezamos el rosario? Perdonadme, pero es que del Rosario depende mi salvación . "Traedme, a Jesucristo", decía, pidiendo la comunión.

San Alfonso muere el 1 de agosto de 1787, (Tenía 90 años).

El Papa Gregorio XVI lo declara Santo en 1839. El Papa Pío IX lo declara Doctor de la Iglesia en 1875.

Para un devoto de la Virgen ninguna lectura más provechosa que Las Glorias de María de San Alfonso.

No hay gente débil y gente fuerte en lo espiritual, sino gente que no reza y gente que sí sabe rezar.
(San Alfonso)

LUNES: EL PURGATORIO DE LOS QUE JUZGAN A OTROS.


   María Simma, vidente de las Ánimas del Purgatorio nos relata como en 1954, un hombre fue a visitarla para preguntarle sobre el destino final de dos difuntos de su pueblo.


   Un mes después, María Simma le dijo: “La Señora S. está liberada y el Señor H. está en el fondo del Purgatorio”. Entonces, aquél hombre preocupado por la salvación de sus paisanos, hizo una mueca y le contestó: “No es posible, la Señora S. murió en el hospital a consecuencia de un aborto, ¿cómo puede estar ella liberada?. Mientras que el Señor H. llegaba el primero a la iglesia y salía el último…¿está en el fondo del Purgatorio?.
   María Simma dudo por un momento: “Quizás anoté mal la respuesta… volveré a preguntar”. Así lo hizo, pero recibió la misma respuesta. Cuando se reunió de nuevo con el interesado, éste, se negó a creer.


   Pasados unos días, una vecina del mismo pueblo, que conocía bien a ambos difuntos, se aventuró a hablar con la campesina vidente de las Almas del Purgatorio. Para sorpresa de María Simma, la mujer le ayudó a aclarar el por qué de la respuesta que había recibido del Purgatorio. “La gente del pueblo se enfadó con su respuesta- le confesó a María- pero a mí me fortaleció en la fe”. Y es que esta vecina conocía bien la vida de ambos difuntos:


   “Conocí a la Señora S. como si hubiese sido mi hermana. Es cierto  que era moralmente muy débil, pero sufría mucho por esto. Su debilidad en gran parte era la consecuencia de varios defectos heredados. 


   También es cierto que murió abortando, pero el sacerdote del hospital, que estaba presente y que le dio los últimos sacramentos dijo que le gustaría morir con los mismos sentimientos de penitencia que aquella mujer. Por eso, murió en Cristo y fue religiosamente enterrada. Sin embargo, el Señor H., que era muy asiduo a la iglesia, según salía de ésta, criticaba a todos. Incluso se atrevió a decir en el funeral de la Señora S. “una asquerosa como ella no merece ser enterrada en el cementerio”.


   María Simma le agradeció su explicación y le dijo: “Ahora está todo claro: el Dios Nuestro Señor no quiere que juzguemos a nadie. El Sr. H. juzgó a aquella mujer, sin embargo, Dios fue misericordioso con él, porque aún estando en el fondo del Purgatorio, lo salvó… y es que ,¡es tan peligroso juzgar a alguien!.

sábado, 30 de julio de 2011

NUESTRA SEÑORA Y EL PADRE PÍO


   El Padre Fray Paolo Covino, sacerdote capuchino que administró la Extremaunción al Padre Pío, nos cuenta el enorme amor que el Santo Estigmatizado profesaba a la Virgen Nuestra Señora:


   “El Padre Pío era un hombre de Dios. Rezaba por quien no rezaba. Apenas comía ni bebía. Llevaba siempre en la mano el Santo Rosario, su arma más poderosa contra el enemigo, la cual empleaba sin descanso. Llegaba a rezar quince o veinte rosarios completos al día. Él decía: “Haced amar a la Virgen. Ella os escuchará. Rezad el Rosario todos los días y Ella lo pensará todo”.


   El Padre Pío guardaba rosarios por todas partes: bajo al almohada, en la mesilla de noche, en los bolsillos… Una tarde, estando enfermo en la cama, como no encontraba el suyo, exhortó al Padre Honorato de San Giovanni Rotondo: “¡Muchacho, búscame el arma!, ¡dame el arma!.


   Al Obispo italiano Pablo Corta, que le visitó acompañado de un amigo suyo, oficial del ejército transalpino, le respondió sonriente cuando aquél le pidió en broma un billete al Cielo para el militar: “¡Para entrar en el Paraíso se requiere algo muy importante! Hay que contar con el billete de acceso a la Santísima Virgen. Si esto se logra, lo habremos conseguido todo. Ella es la Puerta del Cielo. El billete que te permite ingresar en el Paraíso es el Santo Rosario.”

viernes, 29 de julio de 2011

NUESTROS GLORIOSOS MÁRTIRES ( IV )

16 CARMELITAS DESCALZOS, MÁRTIRES DE TOLEDO

¡VIVA CRISTO REY!
   
   De la comunidad de los descalzos carmelitas de Toledo compuesta de 21 miembros en 1936,  fueron martirizados 16:  5 sacerdotes; 8 estudiantes de teología  y 3 hermanos no clérigos.  Fueron sacrificados  del 22 de julio  al 31 del mismo mes de 1936;  y el último en ser martirizado lo fue el 7 de septiembre de ese mismo año.
  
   Formaban los 16 una comunidad teresiana  compacta que  la muerte no disgregó sino que la consagró para siempre en la unidad. Juntos vivieron, juntos padecieron, juntos suben  a los altares, y los invocamos a todos ellos juntos...        


 (JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ, OCD)     


Beato Padre Eusebio del Niño Jesús
 y compañeros Mártires Carmelitas Carmelitas, rogad por nosotros

"QUE DESCANSES SIN MIEDO EN MI CORAZÓN"

Viernes: dedicado al SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS; Santa Misa y Comunión          para desagraviarle por tantos pecados como se cometen contra Él en la Sagrada Comunión, en especial , como desagravio por las comuniones en la mano.
 Contemplación del Vía Crucis, meditación sobre los dolores cruentos de Nuestro Señor, de su Preciosa Sangre y su Santa Faz.


jueves, 28 de julio de 2011

NUESTROS GLORIOSOS MÁRTIRES ( III )


BEATAS MÁRTIRES CLARISAS CAPUCHINAS
 
   Cinco monjas capuchinas pertenecían a monasterios situados en la Comunidad Valenciana: Agullent, Castellón y Valencia, y fueron martirizadas en suelo valenciano.

   Singular y llamativo por demás es el caso de las hermanas María Jesús, María Felicidad y María Verónica Masiá Ferragud, clarisas capuchinas de Agullent, y Josefa Masiá Ferragud, agustina descalza, todas ellas asesinadas junto con su anciana madre, María Teresa Ferragud Roig, intrépida mujer de Acción Católica, que tenía 83 años. Ésta fue detenida en compañía de sus cuatro hijas religiosas, que se habían refugiado en su casa y, ocultas en ella, llevaban una vida de oración junto a su madre.

   El día de Cristo Rey, 25 de octubre de 1936, fue inmolada, juntamente con sus cuatro hijas. Como una valerosa madre de los Macabeos, vio como, una a una, iban confesando a Cristo sus hijas hasta que ella, al final, también fue sacrificada por el gran ideal de la fe. Animó a sus hijas en la hora suprema del martirio con estas palabras: «Hijas mías, no temáis, esto es un momento y el cielo es para siempre». Cuando los milicianos cogieron a sus cuatro hijas para asesinarla, ella dijo: «Donde van mis hijas, voy yo». Delante de ella fueron cayendo una a una sus cuatro hijas religiosas y, al terminar de asesinarlas, le dijeron los milicianos: «Oye vieja, ¿tu no tienes miedo a la muerte?» Pero ella contestó: «Toda mi vida he querido hacer algo por Jesucristo y ahora no me voy a volver atrás. Matadme por el mismo motivo que a ellas, por ser cristiana. Donde van mis hijas voy yo». La madre no quiso dejar solas a sus hijas en manos de los verdugos y murió junto con ellas.

   Desde el primer momento fueron tenidas como mártires en la opinión general del pueblo, ya que fueron asesinadas por ser profundamente religiosas. Juntas fueron al martirio y juntas han sido beatificadas, la madre y sus cuatro hijas.

Beata María Jesús Masiá (en el siglo, Vicenta Masiá Ferragud), monja clarisa capuchina, nació en Algemesí (Valencia) el 12 de enero de 1882, y fue fusilada en la Cruz Cubierta de Alzira (Valencia) el 25 de octubre de 1936. Profesó en el monasterio de Capuchinas de Agullent (Valencia) el 26 de enero de 1902. Al inicio de la revolución española se vio obligada a abandonar el monasterio, y se refugió en casa de su madre en Algemesí. Ella y sus tres hermanas contemplativas fueron detenidas por los milicianos, y su madre quiso acompañar y compartir la suerte del martirio de las hijas. Las 5 fueron encerradas en un convento convertido en cárcel y luego fusiladas.

Beata María Verónica Masiá (en el siglo, Joaquina Masiá Ferragud), monja clarisa capuchina, nació en Algemesí (Valencia) el 15 de junio de 1884, y fue fusilada en la Cruz Cubierta de Alzira (Valencia) el 25 de octubre de 1936. Profesó en el monasterio de Capuchinas de Agullent (Valencia) el 26 de enero de 1904. Compartió el martirio de su madre y sus tres hermanas.

Beata María Felicidad Masiá (en el siglo, Felicidad Masiá Ferragud), monja clarisa capuchina, nació en Algemesí (Valencia) el 28 de agosto de 1890, y fue fusilada en la Cruz Cubierta de Alzira (Valencia) el 25 de octubre de 1936. Profesó en el monasterio de Capuchinas de Agullent (Valencia) el 20 de abril de 1910. Compartió el martirio de su madre y sus tres hermanas.

Beata Isabel Calduch Rovira, monja clarisa capuchina, nació en Alcalá de Chivert (Castellón) el 9 de mayo de 1882, y fue martirizada en Cuevas de Vinromá (Castellón) el 14 de abril de 1937. Profesó en el monasterio de Capuchinas de Castellón de la Plana el 28 de abril de 1901. Fue maestra de novicias. Cerrado su monasterio por fuerza de las circunstancias, se refugió en casa de su hermano. Fue arrestada el 13 de abril de 1937, vejada, maltratada y asesinada aquel mismo día junto al cementerio de Cuevas de Vinromá.

Beata Milagros Ortells Gimeno, monja clarisa capuchina, nació en Valencia el 29 de noviembre de 1882, y fue fusilada en el Picadero de Paterna (Valencia) el 20 de noviembre de 1936. Ingresó en el monasterio de Capuchinas de Valencia el 9 de octubre de 1902. Fue maestra de novicias. Obligada a dejar el monasterio a causa de la persecución religiosa, vivió escondida hasta que la descubrieron y arrestaron. Fue inmolada junto con su hermana y 15 Hermanas de la Doctrina Cristiana.

EL MILAGRO EUCARÍSTICO DE SIENA

 
   El milagro eucarístico permanente de Siena se manifiesta en la prodigiosa conservación contra toda ley física, química o biológica de 223 hostias frágiles, consagradas el 14 de agosto de 1730 en la basílica de San Francisco de Siena y en la misma noche, sacrílegamente profanadas por ladrones desconocidos, ávidos del sagrado vaso de plata que las guardaba.

   Gracias a la diligentísima búsqueda realizada por las autoridades religiosas y civiles, las sagradas Partículas fueron encontradas, casualmente, la mañana del 17 de agosto en el vecino santuario de Santa María de Provenzano, donde los sacrílegos ladrones las habían echado dentro de una caja de limosnas.
Caídas en medio del polvo, de las telarañas y del dinero de la caja, fueron piadosamente recogidas, cuidadosamente examinadas y debidamente identificadas. Tributado un homenaje de adoración y reparación por el pueblo, con una solemnísima procesión, fueron llevadas a San Francisco, en una apoteosis de cantos y de oraciones.

   Para satisfacer las demostraciones de fe y de amor por parte de los fieles que habían acompañado aquellas Partículas, los religiosos Menores conventuales no las consumieron. El tiempo pasaba, pero en ellas no se apreciaba ningún signo de alteración, como se hubiera podido esperar. Evidentemente, en los designios de la Providencia, aquella sacrílega profanación debía quedar, a través de los siglos, como un apologético testimonio de la presencia real de Jesús en la Santísima Eucaristía.


   Muchas veces, hombres ilustres las han examinado con los medios que el progreso ponía a su disposición, multiplicando, en el tiempo, causas y elementos que hubieran favorecido la corrupción (contactos, polvo, humedad). Pero la ciencia ha concluido siempre su examen afirmando: Las sagradas partículas están todavía frescas, intactas, físicamente incorruptas, químicamente puras, y no presentan principio alguno de corrupción.
Este fue el veredicto de la Comisión compuesta por eminentes profesores de física, higiene, química y farmacia, que realizó el gran examen científico del 10 de junio de 1914. Constataciones directas e inmediatas se renovaron en 1922, cuando el cardenal Juan Tocci puso las Santas Formas en un cilindro de cristal puro de roca.

   En 1950, las Hostias Milagrosas fueron cambiadas de ostensorio y puestas en uno más atractivo y rico que llamó la atención de otro ladrón. Éste, durante la noche del 5 de agosto,de 1951, cometió otro sacrilegio en contra de las hostias, pero esta vez solo se llevó el ciborio dejando las hostias en una esquina del tabernáculo. Después de contar 133 hostias, el Arzobispo las guardó selladas en un ciborio de plata. Fueron fotografiadas y colocadas en un relicario en el cual se encuentran hoy.


   Los Obispos y oficiales de la Iglesia fueron, solemnemente, en procesión con las Hostias a través de la ciudad, y las tuvieron expuestas por un tiempo.
Las hostias milagrosas son expuestas públicamente en varias ocasiones, pero especialmente el 17 de cada mes, que conmemora el día que fueron encontradas en el año 1730. En la fiesta de Corpus Christi, las hostias sagradas son llevadas en una triunfante procesión a través de las calles de Siena.

   El milagro eucarístico permanente de Siena, para el cual el tiempo se ha parado, ofrece a todos desde el más excéptico al más distraído la posibilidad de ver con los propios ojos y de tocar con las manos una de las más grandes maravillas de Cristo sobre la tierra, ante la cual la ciencia ha doblado la frente.

  El milagro que continúa, suscita en todos los hijos de Dios un deseo más ardiente del Pan vivo bajado del Cielo y un mayor amor hacia Aquel que se ha hecho nuestro compañero de viaje hasta la consumación de los siglos: por el hombre, por la vida y por la salvación del mundo.

Oración de Desagravio

Os adoro profundamente, oh Jesús mío, verdadero Pan de vida eterna, y con este acto de adoración es mi deseo desagraviaros de tantas heridas que causa cada día a vuestro Corazón la profanación de las iglesias, donde os dignáis permanecer bajo las Especies sacramentales, para ser amado y adorado de vuestros fieles.
En desagravio de tantas irreverencias, os ofrezco la Sangre que derramasteis por vuestras llagas, especialmente por la de vuestro Costado, y, encerrado espiritualmente en ella, repito cada instante:
Bendito y alabado sea en todo momento el santísimo y divinísimo Sacramento.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

lunes, 25 de julio de 2011

NUESTROS GLORIOSOS MÁRTIRES ( II )


BEATAS CARMELITAS MÁRTIRES DE GUADALAJARA, vírgenes ( + 1936)

   La persecución anticristiana de 1936, que buscó exterminar cualquier rasgo visible de la existencia de Dios, ciertamente logró arrasar con los templos, cometiendo los más terribles sacrilegios dentro de ellos, a cambio de eso, la Santa Iglesia ganó el fiel testimonio de miles de hombres y mujeres dispuestos a dar su vida por Cristo y su Iglesia. La sangre de los mártires, se trasformó en el perpetuo canto de victoria a través de los siglos, quedando grabado en la historia y en el cielo. Recordamos hoy a estas santas carmelitas mártires, que llevaron a plenitud su amor por Cristo, y que no dudaron en dar la vida por Él como testimonio de que sólo el vence y Reina, por sobre la maldad del hombre.


* * * * * 
   Desde el 29 de marzo de 1987 la Iglesia venera como Vírgenes Mártires, a las tres Bienaventuradas Monjas Carmelitas de Guadalajara. Sus nombres son: Beata María del Pilar, Beata Teresa del Niño Jesús y Beata María de los Ángeles.

   La Beata María del Pilar
nació en Tarazona (Zaragoza) el 30 de diciembre de 1877. Al bautizarla le pusieron por nombre Jacoba. Fue la última de once hermanos. Sus padres eran muy buenos cristianos y supieron educar dignamente a sus hijos. Ocho murieron de muy niños y los tres que quedaron se consagraron al Señor en la vida sacerdotal o religiosa. Tenía esta angelical niña un carácter apacible y bonachón. Dice ella que aprendió a rezar casi antes que a hablar. Sus padres iban todos los días a misa y en casa se rezaba el rosario y se leían las vidas de los santos.


   No quería ser monja como su hermana Severiana... pero después abrazó la vida carmelita y se entregó de lleno a ella... Las notas características suyas serían, sobre todo, un gran amor a la oración y soledad. Una profunda humildad, pues siempre se sentía la última de todas. El amor a Jesús Eucaristía y a la Virgen María fueron los polos de su vida. Poco antes de estallar la guerra, dijo a su Madre Priora: " - Madre, yo me ofrezco como víctima por V. Reverencia y por toda la Comunidad". El día 24 de julio de 1936, en plena calle, fue acribillada a balazos... Mientras expiraba, decía: " - Padre, perdónales. ¡Viva Cristo Rey!".

   Beata Teresa del Niño Jesús y de San Juan de la Cruz nació en Mochales (Guadalajara) el 5 de marzo de 1909. Al bautizarla le pusieron por nombre Eusebia. Sus padres se llamaron Juan y Eulalia. Sus mismos hermanos han contado el ambiente de piedad cristiana que se respiraba en su hogar: Su madre comulgaba cada día. Se rezaba el rosario en familia. Sus padres les educaban en el amor y temor de Dios. Era lógico que de tales fundamentos surgieran tallos muy fecundos para la Iglesia de Dios.


   Sus maestras y compañeras describen a Eusebia como un ejemplo de niña y de joven. Cuando tan sólo contaba doce añitos ya hizo dos votos que tanto influirían en su vida posterior: el voto de castidad y el de la esclavitud mariana. Varios caminos se abrieron ante ella. No era fácil elegir, pero una vez solucionadas las dificultades, saltó de alegría cuando el día 2 de mayo de 1925, a sus 16 años, atravesaba las puertas del Carmelo de Guadalajara.
Las notas distintivas de su espiritualidad serían: gran espíritu de trabajo, humildad, sencillez, amor a Jesús y María y celo misionero. El 24 de julio... la mataron a balazos después de haberla querido obligar a pecar, pero ella gritaba: " ¡ Viva Cristo Rey ! . . . "

   Beata María Ángeles de San José. Se llamó en el mundo Marciana Valtierra y nació en Getafe (Madrid) el 6 de marzo de 1905. Fue la última de diez hermanas. Al igual que su Madre Santa. Teresa perdió de niña a su madre y eligió a la Madre del cielo. Era muy hermosa. El 14 de julio de 1929 entraba en el Carmelo de Guadalajara en el que siete años después daría su vida por Cristo y la Iglesia.


   Era humilde, alegre, sencilla, fervorosa. Antes había dicho: "¡Qué dicha si pudiéramos derramar la sangre por Cristo!"... Fue la primera en morir acribillada por las balas en una calle de Guadalajara. Era la tarde del 24 de julio de 1936

EL PURGATORIO Y SANTA CATALINA


   Santa Catalina de Siena tuvo, como tantos otros santos, visiones del Purgatorio, y también del infierno. Aqui reproducimos una breve narración de una de sus experiencias místicas.

   ¿Qué vio usted, madre, durante ese tiempo y por qué retornó su alma al cuerpo? -le pregunté de nuevo-. Le pido encarecidamente que no me oculte nada.

   -Sepa, Padre -me contestó-, que mi alma penetró en un mundo desconocido y vio el premio de los justos y el castigo de los pecadores. Pero aquí me falla la memoria y la pobreza del lenguaje me impide hacer una descripción adecuada de esas cosas. Sin embargo le diré lo que pueda. Tenga la seguridad de que vi la ESENCIA divina y por eso sufro tanto al verme de nuevo encadenada al cuerpo. Si no me lo impidiese el amor a Dios y al prójimo, moriría de dolor. Mi gran consuelo está en sufrir porque tengo la seguridad de que mis sufrimientos me permitirán una visión más perfecta de Dios. De aquí el que las tribulaciones, en lugar de resultarme penosas, constituyen para mí una delicia. Vi los tormentos del infierno y los del purgatorio; no existen palabras con que describirlos. Si los pobres mortales tuvieran la más ligera idea de ellos, sufrirían mil muertes antes que exponerse a experimentar uno de esos tormentos por espacio de un solo día. Vi en particular los tormentos que sufren aquellos que pecan en el estado del matrimonio no observando las normas que él impone y buscando en él únicamente los placeres sensuales». Y como yo le preguntase por qué este pecado, que no es en sí peor que los demás, recibe tan duro castigo, me dijo: «-Porque se le presta poca atención y por consiguiente produce menos contrición y se comete con mayor facilidad. Nada hay tan peligroso como una falta, por pequeña que sea, cuando quien la comete no la purifica cuidadosamente con las aguas de la penitencia». 

   Catalina prosiguió después con lo que había comenzado. «Mientras mi alma contemplaba estas cosas, mi esposo celestial me dijo: ‘-Ves la gloria que pierden y los tormentos que sufren quienes me ofenden. Vuelve por consiguiente a la vida y muéstrales lo extraviados que están y el terrible peligro que los amenaza’. Y como mi alma se mostrase horrorizada ante el pensamiento de retornar al mundo, el Señor agregó: ‘-Lo exige así la salvación de muchas almas; en lo sucesivo ya no vivirás como antes. Abandonarás tu celda y continuamente irás de un lado a otro a través de la ciudad a fin de salvar muchas almas. Yo cuidaré de ti; te traeré y te llevaré; te confiaré el honor de mi SANTO NOMBRE y tu enseñarás mi doctrina a altos y a bajos, a legos, a sacerdotes y monjes; te daré un don de palabra y de sabiduría al que nadie podrá resistir. Te pondré en presencia de los Pontífices y de los gobernantes, tanto de la Iglesia como del pueblo para confundir así la arrogancia de los poderosos’. Mientras Dios se dirigía de esta manera a mi alma, me encontré de pronto, sin poder explicarme cómo, unida al cuerpo. Entonces me acometió una gran pena y vertí copiosas lágrimas durante tres días y tres noches; siempre que recuerdo esto no puedo reprimir los deseos de llorar, y, Padre, no se admire de esto: ¿puedo acaso evitar que mi corazón se sienta destrozado al recordar la gloria que llegué a poseer y de que ahora me siento privada? La salvación de mi prójimo es la causa de esto; si yo amo tan ardientemente a las almas cuya conversión ha puesto el Señor en mis manos, es porque me han costado muy caro. Me han separado de Dios; me han privado del goce de su gloria por un tiempo que todavía me es desconocido».

(Úrsula, de la Orden Tercera de San Francisco)