SAN FABIÁN, PAPA
Fue el vigésimo Papa de la Iglesia Católica, ejerciendo entre los años 236 y 250.
Elegido Papa durante las persecuciones que contra los cristianos había ordenado el Emperador Decio, las extraordinarias circunstancias de la misma fueron relatadas por el historiador Eusebio de Cesarea, quien en el tomo sexto de su obra Historia de la Iglesia relata cómo estando reunidos los electores para seleccionar al sucesor del Papa Antero, una paloma se posó sobre Fabián, un granjero laico que se encontraba en Roma accidentalmente y como simple espectador. El pueblo tomó esto como una señal milagrosa de Dios que escogía a Fabián como su candidato e inmediatamente procedieron a ordenarlo Sacerdote y Obispo.
Debido al crecimiento de Roma, San Fabián dividió la ciudad en siete distritos poniendo a cargo de cada uno de ellos a un diácono para su gobierno y administración; el nuevo Papa además consagró a varios Obispos, entre ellos a San Denis de París al que envió a misionar las Galias, y según la Tradición, Fabián instituyó las cuatro órdenes menores (ostiario, lector, exorcista y acólito) previas al Sacerdocio. Estableció que todos los años el Jueves Santo fuese renovado el Santo Crisma y que se quemara el del año anterior. También reguló que el Santo Crisma debería prepararse con aceite mezclado con bálsamo.
San Fabián murió mártir el 20 de enero de 250, bajo la persecución de Decio y fue enterrado en la catacumba de San Calixto.
SAN SEBASTIÁN, MILITAR
San Sebastián nació alrededor del año 256; al era hijo de familia militar y noble, oriundo de Narbona, Galia (actual Francia), pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el Emperador Marco Aurelio Valerio Maximiano, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Entró a la vida militar en el 269, para poder ayudar a los cristianos que estaban prisioneros. En cierta ocasión, un cristiano, futuro mártir, estaba para desanimarse a causa de las lágrimas de sus familiares, pero el militar Sebastián lo animó a ofrecer su vida por Jesucristo, y así aquel creyente obtuvo el glorioso martirio. Dicen los antiguos documentos que Sebastián era Capitán de la Guardia en el Palacio Imperial en Roma, y aprovechaba ese cargo para ayudar lo más posible a los cristianos perseguidos.
Pero un día lo denunciaron ante el Emperador por ser cristiano. Maximino lo llamó y lo puso ante la siguiente disyuntiva: o dejar de ser cristiano y entonces ser ascendido en el ejército, o si persistía en seguir creyendo en Cristo ser degradado de sus cargos y ser martirizado. Sebastián declaró que sería seguidor de Cristo hasta el último momento de su vida, y entonces por orden del Emperador fue atravesado a flechazos. Aunque lo dieron por muerto, Sebastián fue rescatado por sus amigos y cuidado hasta su recuperación por una noble cristiana llamada Irene. A pesar de las advertencias para que huyera, Sebastián decidió permanecer en Roma, desafiando así al emperador Diocleciano y exhortándolo a abandonar el paganismo.
La sorprendente supervivencia de Sebastián desconcertó al emperador, quien ordenó su ejecución nuevamente, esta vez por golpes y garrote. Su cuerpo fue arrojado a un pozo, pero fue recuperado por devotos y enterrado con los honores debidos en la Vía Apia, en la catacumba que hoy lleva su nombre. San Sebastián falleció en el año 288.


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