sábado, 21 de marzo de 2026

"LA SABATINA", la plegaria de cada Sábado a Nuestra Señora del Carmen



La Virgen liberará del Purgatorio
a las Almas que en vida mortal vistieron
el Santo Escapulario del Carmelo


                    Entre los devotos de la Virgen del Carmen, es bien conocido el llamado “Privilegio Sabatino”, creencia que sostiene que los que vistieron piadosamente el Escapulario del Carmen durante su vida, saldrán del Purgatorio el primer Sábado después de su muerte. Para un católico no es esta una cuestión discutible o dudosa, sino de obligada creencia ya que ha sido enseñada y refrendada -como a continuación se expondrá- por el Magisterio de varios Papas, y por tanto, verdad segura e infalible.

                    La Orden del Carmen consiguió del Papa Clemente VII en 1530, la Bula "Ex Clementi" que afirmaba que la Virgen Santísima ayudará con Sus ruegos y una especial protección después de su muerte a todos los que hayan vestido el Escapulario del Carmelo.

                    En 1566, el Papa San Pío V publicó el Motu Proprio "Superna dispositione", donde confirmaba las gracias, indulgencias y privilegios concedidos por la Iglesia a la Orden del Carmen, “también el Sabatino”. 

                    Tras las nuevas normas sobre las indulgencias, emanadas por el Concilio de Trento, será el Papa Gregorio XIII, en 1577, quien con el breve "Ut laudes" confirme de nuevo todas las indulgencias, gracias y privilegios anteriores, entre los que se incluye el “Privilegio Sabatino”, pero precisando que la ayuda de la Virgen ocurre “el Sábado después de su muerte, con Su continua protección, misericordiosos ruegos, méritos y especial protección”. 

                    Por eso, el “Privilegio Sabatino” siempre aparecerá ya incluido en el Índice de las indulgencias aprobadas por la Iglesia. Así lo vemos, por ejemplo, en el publicado por el Papa Inocencio XI en 1678, o en el de San Pío X en 1910. Y el Papa Pío XII, en 1950, en la conocida Carta Apostólica "Neminem profecto latet", dice: "Ni la piadosísima Madre dejará de intervenir para que Sus hijos detenidos en el Purgatorio por su faltas alcancen lo más pronto posible la Patria Celeste, por Su intercesión, según el tan conocido ‘Privilegio Sabatino’ transmitido por la Tradición”.

                    Nosotros podemos ayudar a esas pobres Almas que están retenidas en el Purgatorio, a fin de que sean liberadas lo antes posible por medio de nuestras oraciones, sacrificios y limosnas; así lo hizo Judas Macabeo cuando tras “recoger los cadáveres de los caídos en el combate, para enterrarlos junto a sus parientes en los sepulcros familiares (…) hicieron una oración para pedir a Dios que perdonara por completo el pecado que habían cometido” (2 Libro de los Macabeos, cap. 12, vers. 39.42). “Después recogió unas dos mil monedas de plata y las envió a Jerusalén, para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Hizo una acción noble y justa (…) Como tenía en cuenta que a los que morían piadosamente los aguardaba una gran recompensa, su intención era santa y piadosa. Por esto hizo ofrecer ese sacrificio por los muertos, para que Dios les perdonara su pecado” (2 Libro de los Macabeos, cap. 12, vers. 43.45). Y también San Pablo cuando ora a Dios por el eterno descanso de su amigo difunto: “Que el Señor tenga misericordia de la familia de Onesíforo; él me trajo alivio muchas veces y no se avergonzó de que yo estuviera preso. Al contrario, en cuanto llegó a Roma comenzó a buscarme sin descanso, hasta que me encontró. Que el Señor le conceda encontrar su misericordia en aquel día” (2 Carta a Timoteo, cap. 1, vers. 16-18).


Oración inicial


               En el Nombre del Padre, y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. Amén.

               Virgen del Carmen, llevamos sobre nuestro pecho Vuestro Santo Escapulario, signo de nuestra consagración a Vuestro Corazón Inmaculado. Madre querida, somos Vuestros hijos, unos hijos de Vuestra entera pertenencia.

               Nuestra consagración, Señora, nos exige una entrega sin reservas a Vuestra Sagrada persona, una dedicación generosa a Vuestro servicio, una fidelidad inquebrantable a Vuestro amor y una solicita imitación de Vuestras virtudes. Queremos vivir, conforme al viejo ideal carmelitano: en Vos, con Vos, por Vos y para Vos. 

               Gracias a Vuestro Bendito Escapulario, Virgen del Carmelo, somos miembros de Vuestro cuerpo místico del Carmelo y participamos de la consagración comunitaria de la Orden a Vos, que Sois su cabeza. Nuestra consagración se une pues, a la Orden de toda la Familia Carmelitana y acrecienta así su valor y eficacia. 

               Santa María, Abogada y Mediadora de los hombres, no podríamos vivir nuestra consagración con olvido de quienes son Vuestros hijos y nuestros hermanos. Por eso, nos atrevemos a consagraros la Iglesia y el mundo, nuestras familias y nuestra amada Patria.

               Os consagramos especialmente los que sufren en el alma o en el cuerpo: los pecadores, los tentados, los perseguidos, los marginados, los presos, los desterrados, los enfermos, los hambrientos…. 

               Madre y Reina del Carmelo, por nuestra consagración somos del todo Vuestros ahora en el tiempo; que los sigamos siendo también un día en la Eternidad. Así sea.



Angelical Salutación
a Nuestra Señora del Carmen


              1ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Ángeles, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque me habéis dado Vuestro Bendito Escapulario.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               2ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Arcángeles, y los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me habéis hecho especialísimo hijo Vuestro. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


                3ª. Madre mía, Madre de mi corazón y Reina de mi amor, os doy mi alma, mi vida, mi corazón, y quiero que os alaben las Virtudes y todas las criaturas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me habéis infundido la esperanza de que os veré en el Cielo.

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


                4ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis una y mil veces; las Dominaciones, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me defendéis de las tentaciones del enemigo. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               5ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Tronos, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario me protegéis contra todos los peligros. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               6ª. Madre mía del Carmen, bendita seáis; los Serafines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Bendito Escapulario Sois salud de mi alma. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


               7ª. Madre mía del Carmen y Reina de mi corazón, bendita seáis; los Querubines, los Santos y los Justos os llenen de alabanzas, porque con Vuestro Escapulario Sois la paz y la alegría de mi alma. 

   Dios te salve, María, llena eres de gracia etc.


Oración final


              Señor Dios Nuestro, que habéis honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la Bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de Vuestro Hijo; conceded a cuantos hoy celebramos su recuerdo que, guiados por Su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo ☩ y del Espíritu Santo. Amén.



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