martes, 31 de mayo de 2011

31 DE MAYO: LA VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA

“Dios Padre dio al mundo su Unigénito solamente por medio de María. Por más suspiros que exhalaron los patriarcas, por más ruegos que hicieron los profetas y los santos de la antigua ley durante cuatro mil años para poseer este tesoro, sólo María lo mereció y halló gracia delante de Dios por la fuerza de sus suplicas y la alteza de sus virtudes. Como el mundo, dice San Agustín, era indigno de recibir al Hijo de Dios inmediatamente de manos del Padre, se lo entregó a María para que el mundo lo recibiese por Ella.
Dios Hijo se hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por María.
Dios Espíritu Santo formó a Jesucristo en María; pero después de haberle pedido a Ella su consentimiento por medio de uno de los principales ministros de su corte.”

(San Luis María Grignión de Montfort)


MARTES: DEDICADO A LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

Los Santos Custodios no sólo nos protegen, sino que además son los mensajeros de las gracias. Cuando queramos cuidar de alguien que se encuentre lejos, darle consuelo o bien le queramos bendecir en la distancia, enviémosle a nuestro Ángel Custodio como embajador espiritual de nuestra presencia.


lunes, 30 de mayo de 2011

CADENA DE LA ESCLAVITUD MARIANA ( I )



En este mes de Mayo, mes dedicado a Nuestra Señora, consagrémonos por entero a Ella, como Soberana nuestra; que toda nuestra vida, nuestras obras y anhelos sean siempre por María en María con María y para María.

El signo exterior más claro de esta consagración interior, es el uso de la Cadena de la Esclavitud, de la podemos colgar la medalla-escapulario y la conocida como Medalla Milagrosa, tan bendecida e indulgenciada por la Iglesia.

LUNES: DEDICADO A LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO


Nuestra Santa Madre la Iglesia, nos enseña que el Purgatorio es Dogma de Fe y que aquél que no crea en su existencia, está fuera de la Iglesia.

No nos cansemos pues, de recordar a estas Almas Benditas, que pese a sus sufrimientos, están más cerca de Dios que nosotros. Seamos apóstoles y propagadores de esta hermosa y obligada devoción.

Es una gran obra de caridad rezar ya no sólo por los vivos, sino por los difuntos. ¿Qué clase de hijo no rezaría por el descanso eterno de sus padres?.
¡Cuánta ingratitud tienen los que se olvidan de aquellas personas -aún no siendo familiares- que tanto les ayudaron en vida y ahora sólo necesitan de sus oraciones y sacrificios para liberarse del Purgatorio!

Sigamos reflexionando acerca de las revelaciones privadas que confiaban las Almas del Purgatorio a la humilde campesina María Simma; en sus escritos comprobamos que aquellas almas, pese a estar purgando los pecados que cometieron en este mundo, no se apartan de nosotros y tienen conocimiento de cuanto acontece en este mundo. De alguna manera, son nuestros “custodios”; y es que una madre o un padre, aunque estén en el Purgatorio, nunca dejarán de velar por nosotros, si bien es verdad que ya no pueden hacer gran cosa por nosotros.

Lo único y que más nos conviene hacer por estas almas, es rezar por ellas a diario, ofreciendo en cuanto que podamos, el Santo Sacrificio de la Misa, que es lo que más les alivia y ayuda. Hagámoslo aunque tan sólo sea por el sano de interés de conseguir intercesores en el Cielo cuando sean liberadas del Purgatorio.

sábado, 28 de mayo de 2011

SÁBADO: CONSAGREMOS ESTE DÍA A NUESTRA SEÑORA

 Leamos y meditemos esta hermosa reflexión de su Gran Apóstol, San Luis Mª. Grignión de Montfort


jueves, 26 de mayo de 2011

JUEVES: DEDICADO AL SANTÍSMO SACRAMENTO


JUEVES: dedicado al SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR y a los sacerdotes; la Santa Misa, Comunión y el Rosario por la santificación de los sacerdotes. Si es posible, entre las once y doce de la noche, Hora Santa de reparación por los pecados de todos los consagrados, como pidió el Sagrado Corazón a Santa Margarita Mª. de Alacoque.

lunes, 23 de mayo de 2011

LUNES: DEDICADO A ORAR POR LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO.

 
Que nunca dejemos en el olvido a nuestros padres, hermanos y deudos; si la Misericordia de Dios lo permite, muy probablemente nosotros también iremos un día al Purgatorio...y allí, ¿no desearemos que los nuestros rueguen por nosotros, para que seamos liberados de aquellos suplicios purificadores?.

Al final de la vida, seremos examinados en el amor y eso solo nos llevaremos para presentarnos ante el Señor: las buenas obras. Rezar por nuestros hermanos retenidos en el Purgatorio, es una gran obra de caridad, de amor hacia aquéllos que ya no pueden hacer nada para su completa salvación. No los olvidemos.

sábado, 21 de mayo de 2011

SÁBADO DE NUESTRA SEÑORA

Sigamos en este Mes de la Virgen, dedicándole de forma especial los sábados y que esa costumbre la extendamos a todos los sábados del año.



viernes, 20 de mayo de 2011

MENTI NOSTRAE ( X ) Pío XII sobre la Santidad de la Vida Sacerdotal



Sí, mis amados hijos, estad muy vigilantes, porque vuestra castidad ha de enfrentarse con tantos peligros, así por la plena ruina de la moralidad pública, como por los atractivos de los vicios, que hoy con tanta facilidad os asedian, ya finalmente por aquella excesiva libertad de relaciones entre personas de distinto sexo, tan corriente en la actualidad, y que a veces llega audaz a querer penetrar aun en el ejercicio del ministerio sagrado. Vigilad y orad, acordándoos de que vuestras manos tocan las cosas más santas; acordaos asimismo de que estáis consagrados a Dios, y de que sólo a El habéis de servir. Hasta el hábito mismo que lleváis os advierte, que no debéis vivir para el mundo, sino para Dios.

Empeñaos, pues, con ardor y valentía, confiando en la protección de la Virgen Madre de Dios, en conservaros cada día nítidos, limpios, puros, castos, como conviene a ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.

Y a este propósito juzgamos oportuno exhortaros de modo especial para que, en la dirección de asociaciones y cofradías femeninas, os mostréis tales como corresponde a los sacerdotes: evitad toda familiaridad; y, siempre que fuere necesaria vuestra actuación, sea ésta como de ministro sagrado. Y en la misma dirección de tales asociaciones encerrad vuestra actividad en aquellos límites que vuestro ministerio sacerdotal exige.

VIERNES: DEDICADO A DESAGRAVIAR AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS


Aunque ya lo he hecho otras veces, no me canso de recomendaros la lectura de "UN LLAMAMIENTO AL AMOR", que consiste en las revelaciones privadas del Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez; es un libro que llega el alma y nos enseña el gran amor que Ese Divino Corazón siente por nosotros; también, gracias a la profundidad que se almacena en aquéllas páginas, entenderemos cuán miserables y pobres somos si no le tenemos a Él.

lunes, 16 de mayo de 2011

MENTI NOSTRAE ( VIII ) Exhortación Apostólica de Pío XII sobre la Santidad de la Vida Sacerdotal


En tiempos como los nuestros, cuando el principio de autoridad es quebrantado con audacia y temeridad, es absolutamente necesario que el sacerdote, además de mantener firmemente en su espíritu los principios de la fe, reconozca y en conciencia admira tal autoridad no sólo como obligada defensa del orden religioso y social, sino también como fundamento de su propia santificación personal. Y puesto que los enemigos de Dios, con cierta astucia criminal, ponen todo su empeño en excitar y seducir las desordenadas ambiciones de algunos para que se rebelen contra la Santa Madre Iglesia, deseamos Nos elogiar, como es merecido, y sostener con paternal ánimo a ese tan gran ejército de sacerdotes que, precisamente por proclamar abiertamente su obediencia y por guardar incólume su más íntegra fidelidad hacia Cristo y hacia la autoridad por El constituida, fueron encontrados dignos de sufrir contumelia por el nombre de Cristo, y no sólo contumelia, sino también persecuciones, cárceles y hasta la misma muerte.

jueves, 12 de mayo de 2011

13 DE MAYO: NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

  

   Jugaban los tres videntes en Cova da Iría cuando vieron dos resplandores como de relámpagos, después de los cuales vieron a la Madre de Dios sobre la encina. Era “una Señora vestida toda de blanco, más brillante que el sol y esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos del sol más ardiente”, describe la Hna. Lucía.

   Su rostro, indescriptiblemente bello, no era “ni triste, ni alegre, sino serio”, con aire de suave censura. Tenía las manos juntas, como para rezar, apoyadas en el pecho y orientadas hacia arriba. De la mano derecha pendía un rosario. Su vestido parecía hecho sólo de luz. La túnica era blanca, así como el manto, orlado de oro, que cubría la cabeza de la Virgen y le llegaba hasta los pies. No se le veía el cabello ni las orejas.

   Lucía nunca pudo describir los trazos de la fisonomía, pues le resultaba imposible fijar la mirada en el rostro celestial, que la deslumbraba. Los videntes estaban tan cerca de Nuestra Señora (a un metro y medio de distancia, más o menos), que se encontraban dentro de la luz que la cercaba o que difundía. El coloquio se desarrolló de la siguiente manera:

Nuestra Señora: No tengáis miedo; yo no os hago daño.
Lucía: ¿De dónde es Vuestra Merced?
Nuestra Señora: Yo soy del cielo (y Nuestra Señora levantó la mano para señalar el cielo).
Lucía: ¿Y qué es lo que Vuestra Merced quiere de mí?
Nuestra Señora: Vengo para pediros que volváis aquí durante seis meses seguidos los día trece y a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Y volveré aquí una séptima vez.
Lucía: ¿Yo también iré al cielo?
Nuestra Señora: Sí, vas a ir.
Lucía: ¿Y Jacinta?
Nuestra Señora: También.
Lucía: ¿Y Francisco?
Nuestra Señora: También, pero tiene que rezar muchos rosarios.
Lucía: María de las Nieves, ¿está ya en el cielo?
Nuestra Señora: Sí, ya está.
Lucía: ¿Y Amelia?
Nuestra Señora: Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.
¿Queréis ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que os quiera enviar en reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?
Lucía: Sí, queremos.
Nuestra Señora: Vais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.
Fue al pronunciar estas últimas palabras (“la gracia de Dios, etc.”), cuando abrió las manos por primera vez, comunicándonos una luz tan intensa como el reflejo que de ellas se expandía. Esta luz nos penetró en el pecho hasta lo más íntimo de nuestra alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios, que era esa luz, más claramente que lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior, también comunicado, caímos de rodillas y repetimos interiormente:

– “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.

Pasados los primeros momentos la Virgen añadió:

– “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”.
Enseguida –describe la Hna. Lucía– comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la distancia. La luz que la circundaba iba como abriendo un camino en la oscuridad de los astros.

MENTI NOSTRAE ( VI ) Exhortación Apostólica de Pío XII sobre la Santidad de la Vida Sacerdotal

   La vida sacerdotal, del mismo modo que se deriva de Cristo, debe toda y siempre dirigirse a El. Cristo es el Verbo de Dios, que no desdeñó tomar la naturaleza humana, que vivió su vida terrenal para cumplir la voluntad del eterno Padre, que difundió en torno a sí el aroma del lirio, que vivió en la pobreza, que pasó haciendo el bien y sanando a todos; que, en fin, se inmoló como hostia por la salvación de los hermanos.

   Ante vuestros ojos tenéis, amados hijos, el cuadro de aquella tan admirable vida: empeñaos con todo esfuerzo por reproducirla en vosotros, acordándoos de aquella exhortación: Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis como yo he hecho.

ÁNGEL DE FÁTIMA ( III )



La tercera aparición ocurrió al final del verano o principio del otoño de 1916, nuevamente en la Gruta del Cabeço y, siempre de acuerdo con la descripción de la Hna. Lucía, transcurrió de la siguiente forma:

En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...” No sé cuantas veces habíamos repetido esta oración cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vemos al Ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspendida una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:

– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los infinitos méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.

Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la hostia, y me dio la hostia a mí. Lo que contenía el cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:
– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.
De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: – “Santísima Trinidad...” Y desapareció.

Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al Ángel en todo, es decir, nos postrábamos como él y repetíamos las oraciones que él decía. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa, que nos absorbía y aniquilaba casi por completo. Parecía como si nos hubiera quitado por un largo espacio de tiempo el uso de nuestros sentidos corporales. En esos días, hasta las acciones más materiales las hacíamos como llevados por esa misma fuerza sobrenatural que nos empujaba. La paz y felicidad que sentíamos era grande, pero sólo interior; el alma estaba completamente concentrada en Dios. Y al mismo tiempo el abatimiento físico que sentíamos era también fuerte.

No sé por qué las apariciones de Nuestra Señora producían en nosotros efectos muy diferentes. La misma alegría íntima y la misma paz y felicidad, pero en vez del abatimiento físico, sentíamos una cierta agilidad expansiva; en vez del aniquilamiento ante la divina presencia, era un exultar de alegría; en vez de esa dificultad para hablar, un cierto entusiasmo comunicativo. No obstante, a pesar de todos estos sentimientos, yo sentía la inspiración de callar, sobre todo algunas cosas. En los interrogatorios, esta inspiración interior me indicaba las respuestas que, sin faltar a la verdad, no descubriesen lo que debía por entonces ocultar.

Las apariciones del Ángel, en 1916, fueron precedidas por otras tres visiones, de abril a octubre de 1915, en las cuales Lucía y otras tres pastorcitas (María Rosa Matías, Teresa Matías y María Justino) vieron, también en el outeiro do Cabeço y suspendida en el aire sobre la arboleda del valle, como una “nube más blanca que la nieve, algo transparente y con forma humana”. Era “una figura como si fuese una estatua de nieve a quien los rayos del sol hacían algo transparente”. La descripción es de la propia Hna. Lucía.

miércoles, 11 de mayo de 2011

ÁNGEL DE FATIMA ( II )


CONTINUAMOS PREPARANDO EL 13 DE MAYO, ANIVERSARIO DE LAS APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA, RECORDANDO LA SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL DE PORTUGAL A LOS TRES JÓVENES VIDENTES.

La segunda aparición tiene que haber ocurrido sobre mitad del verano, cuando, debido al gran calor, llevamos los rebaños a casa hacia el mediodía para regresar por la tarde.
Pasamos las horas de la siesta a la sombra de los árboles que rodeaban el pozo de la quinta llamada Arneiro, que pertenecía a mis padres.

De pronto vimos al mismo Ángel junto a nosotros.

- ¿ Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad! ¡Rezad mucho!. Los Corazones de Jesús y de María tiene sobre vosotros designios de misericordia. ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!

-¿Cómo hemos de sacrificarnos?- pregunté.

-De todo lo que pidierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.

Estas palabras hicieron una profunda impresión en nuestros espíritus como una luz que nos hacía comprender quién era Dios, cómo nos amaba y deseaba ser amado, el valor del sacrificio, cuánto le agrada y cómo concede en atención a esto la gracia de conversión a los pecadores. Por esta razón, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor cuanto nos mortificaba, no buscando jamás otros caminos de mortificación y penitencia, sino lo de quedar durante horas con las frentes tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos enseñó.

MIÉRCOLES, DEDICADO A SAN JOSÉ



*** Revelación a Sor María de Jesús de Agreda sobre San José ***

"Hija mía, aunque has escrito que mi esposo San José es excelentísimo entre los santos y príncipes de la celestial Jerusalén, pero ni tú puedes ahora manifestar su eminente santidad, ni los mortales pueden conocerla antes de llegar a la vida de la Divinidad, donde con admiración y alabanza del mismo Señor se harán capaces de este privilegio; el día último, cuando todos los hombres sean juzgados, llorarán amargamente los infelices condenados no haber conocido por sus pecados este medio tan poderoso y eficaz para su salvación (la devoción a San José), ni haberse valido de Él para ganarse la amistad de mi Divino Hijo, el justo juez.

Y todos los del mundo han ignorado mucho los privilegios y prerrogativas que el Altísimo Señor concedió a mi Santo Esposo José y cuánto puede su intercesión con su Majestad y conmigo, porque te aseguro, muy querida hija, que en presencia de la Divina Justicia es uno de los grandes intercesores para detenerla contra los pecadores y alcanzar grandes mercedes.

Y por la noticia y la luz que de esto has recibido y recién escrito, quiero que seas muy agradecida a la dignación del Señor y al favor que en esto hago contigo; y de aquí en adelante en lo que queda de tu vida procures adelantarte en la devoción y cordial afecto a mi Santo Esposo José y bendecir al Señor, porque le favoreció con tantos dones y por el gozo que yo tuve de conocerlo. En todas tus necesidades te has de valer de su intercesión y solicitarle muchos devotos, y que las religiosas se fijen mucho en esto, pues lo que pide mi Esposo José en el Cielo concede el Altísimo en la tierra y a sus peticiones y palabras tiene vinculados grandes y extraordinarios favores para los hombres, si ellos no se hacen indignos de recibirlos.

Y todos estos privilegios corresponden a la perfección de este admirable Santo y a sus virtudes tan grandiosas, porque la Divina Misericordia se inclinó a ellas y le miró con mucho agrado, para conceder admirables misericordias para José y para los que acuden a su intercesión".
Fuente. "Mística Ciudad de Dios"  de la Venerable María de Jesús de Agreda con aprobación por decreto de los Papas Inocencio XI y Clemente XI"

martes, 10 de mayo de 2011

ÁNGEL DE FATIMA ( I )



La primera aparición del Ángel tuvo lugar en la primavera o en el verano de 1916, en una gruta del “outeiro do Cabeço”, cerca de Aljustrel, y se desarrolló de la siguiente manera, conforme narra la Hna. Lucía:

Sólo habíamos jugado unos momentos cuando un viento fuerte sacude los árboles y nos hace levantar la vista para ver qué pasaba, pues el día estaba sereno. Comenzamos a ver, a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al este, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven transparente más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol.

A medida que se aproximaba fuimos distinguiendo sus facciones: era un joven de unos catorce o quince años, de una gran belleza. Estábamos sorprendidos y absortos; no decíamos ni una palabra.
Al llegar junto a nosotros nos dijo:

– “No temáis, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo”.

Y arrodillándose, inclinó su frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar:

– “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”.

Después de repetir esto tres veces se irguió y dijo:

– “Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”.
Y desapareció.

El ambiente sobrenatural que nos rodeaba era tan intenso, que casi no nos dimos cuenta de nuestra propia existencia durante mucho tiempo y permanecimos en esta posición en que nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan intensa y tan íntima que ni entre nosotros nos atrevíamos a hablar. Al día siguiente todavía sentíamos nuestro espíritu envuelto por esa atmósfera, que sólo muy lentamente desapareció.

Ninguno pensó en hablar de esta aparición ni en recomendar secreto. Se imponía por sí solo. Era tan íntima, que no era fácil decir sobre ella la menor palabra. Quizá nos hizo tan fuerte impresión por ser la primera en que así se manifestaba.

MENTI NOSTRAE ( IV ) Exhortación Apostólica de Pío XII sobre la Santidad de la Vida Sacerdotal

Según las enseñanzas del Divino Maestro, la perfección de la vida cristiana tiene su fundamento en el amor a Dios y al prójimo; pero este amor ha de ser férvido, diligente, activo. Y, si así estuviere conformado, en cierto modo encierra ya en sí todas las virtudes; y por ello, con toda razón, puede llamarse vínculo de perfección.

Cualesquiera sean las circunstancias en que se encuentre el hombre, necesario es que dirija sus intenciones y sus actos hacia tal ideal.

A ello, pues, viene obligado de modo particular el sacerdote. Porque todos sus actos sacerdotales por su misma naturaleza-esto es, en cuanto que el sacerdote ha sido llamado a tal fin por divina vocación, y para ello ha sido adornado con un divino oficio y con carismas divinos- es necesario que tiendan a ello: pues él mismo tiene que asociar su actividad a la de Cristo, único y eterno Sacerdote: y necesario es que siga e imite a Aquél que, durante su vida terrenal, tuvo como fin supremo el manifestar su ardentísimo amor al Padre y hacer Partícipes a los hombres de los infinitos tesoros de su corazón.

lunes, 9 de mayo de 2011

MARÍA SIMMA, APÓSTOL DEL PURGATORIO




MARÍA SIMMA: LA VIDENTE Y APÓSTOL DEL PURGATORIO

“Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes, y se las has dado a conocer a los sencillos” (Mt. 11,25-26)

María Ágata Simma, nació el 5 de Febrero de 1915 en Sonna, a unos treinta kilómetros al este de Feldkirch, en Austria. José Antonio, su padre se ganaba la vida como vigilante y después como agricultor en las tierras de su hermano Juan Simma, donde conoció a Aloisa Rinderer; se casó con ella a pesar de la diferencia de dieciocho años que había entre ellos. Ambos eran muy pobres.

Vivían en una casa vieja y desde muy temprana edad, los hijos de aquél matrimonio humilde, empezaron a trabajar para ganarse la vida: los varones como obreros y las hijas como nodrizas.

Ya de niña, María Simma era muy piadosa y asistía regularmente a las clases de religión que daba el párroco, el Padre Carlos Fritz. Desde siempre albergó en su corazón la idea de ser monja y por eso ingresó en tres conventos, pero fue rechazada en todos por su pésima salud.

Trabajó como criada y después de la muerte de su padre, vivió sola en casa de éste; para sostenerse cultiva una pequeña huerta y vive gracias a la caridad de los buenos vecinos.

Gracias a la formación que recibió en los conventos, su vida espiritual giraba en torno a un grandísimo amor a la Virgen Nuestra Señora, una tierna devoción a las Almas del Purgatorio, por las que de continuo se ofrecía para aliviarlas en sus sufrimientos: También oraba intensamente por el éxito de las misiones.

Hizo voto de pureza y de esclavitud a la Santísima Virgen, según las enseñanzas de San Luis Grignión de Montfort; también se ofreció a Nuestro Señor con el voto de alma víctima a favor de las Almas del Purgatorio; en ello entendió su vocación: ayudar a las Benditas Ánimas con la oración, el sufrimiento expiatorio y el apostolado.

Desde la época del nacismo, ayudó a los niños en la formación religiosa, dándoles instrucciones complementarias, demostrando así su gran talento y habilidad.

A partir de los treinta y cinco años, María Simma comienza a recibir de forma individual, la visita de almas retenidas en el Purgatorio; todas le exponen el motivo por el cual tienen que purgar sus pecados y muchas de ellas le piden oraciones para su liberación. En algunos casos, María, por fidelidad a su voto de alma víctima, tiene que sufrir por ellas, para que así puedan llegar limpias al Cielo.

Murió el día de San José de 2004.

viernes, 6 de mayo de 2011

SÁBADO DE NUESTRA SEÑORA

En este mes de Mayo, dedicado a Nuestra Señora, sigamos leyendo y meditando a su Gran Apóstol, San Luis Mª. Grignión de Montfort.



VIERNES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS



Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

 Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido.


 Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.


En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea. 

             San Claudio de la Colombiere

jueves, 5 de mayo de 2011

MENTI NOSTRAE ( II ) Exhortación Apostólica de Pío XII sobre la Santidad de la Vida Sacerdotal



Ciertamente que las necesidades actuales, hoy tan crecidas, de la sociedad, exigen cada vez más la perfección de los sacerdotes; pero téngase bien en cuenta que ellos están ya antes obligados -por la misma naturaleza del santísimo ministerio que Dios les ha confiado- a tender hacia la santidad, y ello siempre en todas las circunstancias y por todos los medios.

4. Como han enseñado Nuestros Predecesores, y singularmente Pío X y Pío XI así como Nos mismo también lo hemos mostrado en las encíclicas Mysticis Corporis y Mediator Dei el sacerdocio es, ciertamente, el gran don del Divino redentor: pues éste, a fin de perpetuar hasta el final de los siglos, la obra de la redención, por él consumada en su sacrificio de la Cruz, confió su potestad a la Iglesia, a la que quiso hacer partícipe de su único y eterno sacerdocio. El sacerdote es como otro Cristo, porque está sellado con un carácter indeleble, por el que se convierte casi en imagen viva de nuestro Salvador; el sacerdote representa a Cristo, el cual dijo: Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros, el que a vosotros os escucha a mi me escucha.

Consagrado, como por una divina vocación, a este augustísimo misterio, está constituido en lugar de los hombres en las cosas que tocan a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Necesario es, por lo tanto, que a él recurra todo el que quiera vivir la vida del Divino Redentor y desee recibir fuerza, consuelo y alimento para su alma; en él también habrá de buscar la necesaria medicina quienquiera que desee levantarse de sus pecados y tornarse al recto camino. Por ese motivo, todos los sacerdotes con plena razón podrán aplicarse a sí mismos aquellas palabras del Apóstol de las Gentes: Cooperadores somos... de Dios.

miércoles, 4 de mayo de 2011

MENTI NOSTRAE ( I ) Exhortación Apostólica de S.S. Pío XII sobre la santidad de la vida sacerdotal


    En nuestra alma resuena siempre aquella voz del Divino Redentor cuando dijo a Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿Me amas más que éstos?... Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas; y también aquella otra con que, por su parte, el Príncipe de los Apóstoles exhortaba a los Obispos y a los fieles de su tiempo, al decirles: Apacentad la grey de Dios, que está entre vosotros..., haciéndoos modelo de vuestra grey

   2. Meditando con atención, tales palabras, juzgamos que es oficio muy principal de Nuestro ministerio el hacer todo lo posible cada día para que sea más eficaz la labor de los sagrados Pastores y sacerdotes, que como fin necesario tiene el conducir al pueblo cristiano para que evite el mal, venza los peligros y adquiera la santidad y ello es más necesario aún en nuestros tiempos, cuando pueblos y naciones, a causa de la reciente cruelísima guerra, no sólo experimentan graves dificultades, sino que se hallan sometidos a una profunda perturbación espiritual mientras los enemigos del catolicismo, con mayor audacia a causa de las circunstancias de la sociedad, con odio criminal y con disimuladas asechanzas se empeñan por apartar de Dios y de su Cristo a los hombres todos.

   Restauración cristiana, cuya necesidad todos los buenos admiten actualmente, que Nos incita a dirigir Nuestro pensamiento y Nuestro afecto de modo especial a los sacerdotes de todo el mundo, porque bien sabemos la humilde, vigilante y entusiasta actividad de ellos, pues viven entre el pueblo y, al conocer plenamente sus dificultades, sus penas y sus angustias, así espirituales como materiales, pueden con las normas evangélicas renovar las costumbres de todos y establecer definitivamente, en el mundo, el reinado de Jesucristo, reino de justicia, de amor y de paz

   Pero de ningún modo será posible que el ministerio sacerdotal logre con plenitud alcanzar aquellos efectos que corresponden adecuadamente a las necesidades de nuestra época, si los sacerdotes no brillan, ante el pueblo, que les rodea, con el brillo de una santidad insigne, y si no son dignos ministros de Cristo, fieles dispensadores de los misterios divinos de Dios, eficaces colaboradores de Dios, preparados para toda obra buena.

DECLARACIÓN DE MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE, el 21 de Noviembre de 1974, en el Seminario Internacional San Pio X en Ecóne - Suiza





Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma Católica guardiana de la Fe Católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa Fe, a la Roma Eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

Todas esas reformas, en efecto, contribuyeron y contribuyen todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, al aniquilamiento del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, los seminarios, la catequesis, enseñanza nacida del liberalismo y del protestantismo, condenada repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

“Si llegara a suceder, dice san Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).

¿No es esto acaso lo que nos repite el Santo Padre hoy? Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia.

No es posible modificar profundamente la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi”. A la misa nueva corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas, Iglesia carismática, pentecostal, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre. Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma.

Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras.

Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdote, la institución de la Iglesia, por la Iglesia de siempre y codificado en los libros aparecidos antes de la influencia modernista del Concilio, esperando que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna.

Y haciendo esto, con la gracia de Dios, el auxilio de la Virgen María, de San José, de San Pío X, estamos convencidos de mantenernos fieles a la Iglesia Católica y Romana, a todos los sucesores de Pedro, y de ser los “fideles dispensatores mysteriorum Domini Nostri Jesu Christi in Spiritu Sancto”. Amén.