jueves, 17 de noviembre de 2011

DON NICOLÁS GODOY HERRERA, MARGINADO POR SER BUEN SACERDOTE ( I )


   Seguro que muchos de vosotros conocéis a algún sacerdote que ha sido castigado precisamente por eso, por ser bueno, por ser santo y celoso pastor de las almas. De todos lados me llegan noticias de sacerdotes marginados (el Padre Milán en Santiago de Chile, el Padre Ricardo Ruiz en Madrid, el Padre Muñoz en Barcelona…) ya no sólo por sus propios compañeros, sino -que es lo más cruel- por sus obispos, que en lugar de ser padres para sus curas, se convierten en jueces y hasta en verdugos. 


   La mayor parte de las veces, estas persecuciones vienen motivadas por alguno de los dos pecados más feos: la soberbia y la impureza; en muchos casos, estos buenos sacerdotes, son calumniados precisamente de aquellos dos pecados… y es que cuando uno quiere hacer daño a un ministro del altar, lo mejor - y más fácil - es acusarlo de cualquier cosa en materia sexual; son mentiras muy certeras, ya que la honra siempre quedará en entredicho. Es paradójico que precisamente es la impureza la que habita en el alma de sus acusadores… así, cuando alguien habla poniendo en duda la pureza de un sacerdote, se le podría aplicar aquello de  “piensa el ladrón…“ 


RECORDANDO A DON MANUEL RIVERO


   Hace unos meses, compartía con vosotros la penosa situación a la que había sido sometido un sacerdote muy querido, Don Manuel Rivero. Sin embargo, en esta Diócesis de Canarias, su caso no ha sido excepcional; por eso, es de justicia dar a conocer otra historia de marginación a un sacerdote, por su fidelidad a la Santa Iglesia y su celo por ayudar a jóvenes con vocación al sagrado ministerio. Curiosamente, antiguo compañero de Seminario y gran amigo de Don Manuel Rivero.


   Este buen sacerdote no es otro que Don Nicolás Godoy Herrera, al que conozco desde niño y que fue mi Director Espiritual entre los once y los diecisiete años. Por eso, conociéndole como le conocí, insisto, es de justicia contar su persecución y la bochornosa operación de “acoso y derribo” a la que fue sometido; persecución planeada por compañeros sacerdotes y ejecutada por el anterior Obispo de Canarias, Mons. Echarren Ystúriz, que dejó esta diócesis hundida, en una miseria espiritual de la que no termina de recuperarse aún hoy.


EL ESTILO DE DON NICOLÁS GODOY


   Don Nicolás Godoy, levantó el alma de varias parroquias, algunas situadas en zonas marginales; a pesar de ser licenciado en cuatro disciplinas, Doctor en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, jamás despreció una parroquia por pobre que fuese ésta. 


   Tiene un carisma especial para los jóvenes, sabe conquistarnos y llenarnos el corazón con amor de Dios. Que no piense el que esto lee, que era Don Nicolás el típico cura que le dice a los jóvenes lo que éstos quieren oír… nada más lejos de la realidad: con cariño, pero con contundencia, nos enseñaba la fealdad del pecado y sus consecuencias. Nos hacía entender nuestra nada y miseria, para abandonarnos confiados en los brazos de Aquél que todo lo puede; al fin, nos animaba a ser valientes, fuertes, temerosos de Dios y apóstoles entre nuestros amigos.


   Aún recuerdo aquellas romerías, para ver a la Virgen, en el mes de Mayo, la construcción de capillas a Nuestra Señora en cada barrio de su última Parroquia, la de San José de la Montaña -en el barrio de Trapiche-  sus retiros, sus charlas … cuando hacíamos los Primeros Viernes en su Parroquia de Santa María de Guía… ¡aquello era apoteósico!: Don Nicolás, revestido con ornamentos antiguos, pero pulcrísimos, nos sumergía a todos los oyentes, en el misterio de la  Misericordia Infinita del Sagrado Corazón.


   Y es que Don Nicolás fue siempre famoso por su oratoria; escucharle y verle, era algo que personalmente me hacía estremecer. Sólo un sacerdote santo y sabio como él, podía conmover. Jamás he vuelto a escuchar prédicas con tanta vehemencia y que, en no pocas ocasiones, me hicieron llorar. No exagero cuando digo que este sacerdote era un auténtico maestro de oratoria: podía pasar su cálida voz cuando hablaba del Amor de Dios, darle fuerza a las palabras cuando hablaba de las verdades eternas, utilizar un hilo de voz, casi íntimo, cuando se refería a las miserias humanas, como si estuviese en ese momento en el confesonario, exponiéndonos nuestros pecados…


   Pero no era sólo su prédica la que impactaba: su vida toda era un llamado continuo a la adoración, a la alabanza, a hacer de nuestro día a día una ofrende permanente. Así, no faltaba ni un solo día a la adoración de Jesús Sacramentado, en el Sagrario; la lectura espiritual, el rezo del Santo Rosario, de el Breviario, innumerables jaculatorias a lo largo del día… y claro, la Santa Misa, donde se transportaba.


LA SANTA MISA DE DON NICOLÁS GODOY


   Y es que cada Misa de este santo sacerdote era un auténtico drama, como en el Calvario. Llegaba al altar con una solemnidad impresionante, pero sin arrogancia, consciente de que él no era el protagonista, sino el que iba a prestar su manos y su boca a Cristo Nuestro Señor. Apenas levantaba la mirada, como Jesús atado a la columna, humilde, pobre, paciente… según iba transcurriendo la Santa Misa, llegado el momento del ofertorio, su voz se volvía casi imperceptible; su mirada, con los ojos entrecerrados, apenas se posaba sobre el misal. 


   Llegado el momento sublime de la Consagración, su cuerpo se tensaba, dudaba, como el que se siente indigno de operar el  milagro de traer a Cristo al ara de Altar. Las palabras de la consagración, las pronunciaba sumamente pausadas, con un tono de voz compungido, doloroso casi; se respiraba lo sagrado, lo inmortal, lo eterno. Ahora, recordando a Don Nicolás Godoy en la consagración, me vienen a la mente las palabras se San Juan Crisóstomo: “Cuando veas a un sacerdote en el Altar, piensa y míralo como  la mano de Cristo invisible a tus ojos”. Creo que nunca he vuelto a asistir a una Misa tan bien celebrada como aquellas.

(CONTINUARÁ…)

2 comentarios:

  1. ¡Cómo entiendo lo que dices de este santo sacerdote!
    Tengo la suerte de tener como director espiritual a un sacerdote de ese estilo que casi nadie comprende porque defiende a Cristo con uñas y dientes. Por Él hace lo posible y lo imposible. Es curioso que suelan tener casi las mismas formas de ser. La Santa Misa la vive de manera especial que nos llega a conmover, la oratoria es espléndida y te quedas embobada cuando habla de Cristo, y el amor que le tiene lo transmite por los cuatro costados. Es su espiritualidad, su todo, es un conjunto que hace de él un santo. Todo es pura santidad que conmueve y te hace ser mejor de lo que eres realmente. Es una gracia especialísima la que el Señor le regala cada día y para colmo es simpático aunque tiene un carácter muy fuerte. Es un roble que para/ante Dios se convierte en puro algodón.

    Gracias por este reconocimiento a ese tipo de sacerdotes.

    Feliz día.

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  2. Gracias por compartir la admirable vida de este sacerdote, Bendito sea Dios por el amor con el que el Padre Nicolás Godoy vive su ministerio. Jesús, Eterno Sacerdote, lo asista y ayude a perseverar en medio de las persecuciones. Lamentablemente el perfil actual de sacerdote está bastante desdibujado...los seminarios en su mayoría buscan formar futuros sacerdotes sin mucha piedad, ni amor a la Santa Misa, menos al confesionario...finalmente​ quieren futuros sacerdotes que no lo parezcan, asi "no asustan a la gente"...qué absurdo tan grande. Lamentablemente la "dictadura de las mayorías" a "cautivado" a la grey con una imagen impostora de sacerdote, pues les parece normal que al sacerdote le guste más oficiar la Santa Misa con galletitas, que con la Hostia y de un modo digno...la grey se a acostumbrado a que su Pastor no les invite a confesarse, mucho menos les exhorta a que ejerzan una vida de virtud...menos les habla de ser santos, pues ni al "sacerdote" le interesa...y esto lo digno no antojadizamente, sino porque lo he visto, escuchado y vivido. A Dios gracias, después de muchos años sin conocer un buen Pastor, he conocido a un santo sacerdote, el Padre Milan Tisma, quien inspira respeto por su entrega abnegada al Altar, entre otras cosas. Un sacerdote santo, como el Padre Nicolás Godoy. Oremos por ellos, no podemos abandonarlos en esta lucha +

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