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miércoles, 4 de mayo de 2022

Padre Mateo Crawley-Boevey, Apóstol de la Entronización del Corazón de Jesús




               El Padre Mateo Crawley-Boevey y Murga nació el 18 de Noviembre de 1875 en Tingo, cerca de Arequipa (Perú). Por el Sacramento del Bautismo recibió el nombre de Eduardo Máximo. Su padre era inglés y su madre peruana.

               Cuando contaba dos años de edad su familia se trasladó a Inglaterra, donde permaneció hasta que el niño cumplió los ocho años. Regresaron a Arequipa y luego tomaron rumbo hacia la ciudad chilena de Valparaíso.

               Desde su infancia sufrió frecuentes ataques de bronquitis y una laringitis constante. Su madre le aseguró un día: "Si Dios quiere que seas Sacerdote y Apóstol tendrá que hacer un milagro contigo, pues así como estás nunca podrás predicar".

               Se educó en el colegio de los religiosos franceses de la Congregación de los Sagrados Corazones. En esta corta etapa podemos observar la rica confluencia de idiomas con que contó la formación del futuro apóstol.

               Siendo estudiante en el colegio de los Sagrados Corazones tuvo lugar la muerte del Padre Damián de Molokai. Fue un hecho que animó al joven Mateo a entrar en la Congregación a la que perteneció el misionero belga.

              Contaba quince años de edad cuando pide permiso a sus padres para iniciar la vida religiosa, donde mudó su nombre civil por el de "Mateo". Al fin, tras una primera respuesta negativa de su padre, permiten a su hijo que tomase la opción que creyese más conveniente para su futuro.

              Inició su noviciado el 2 de Febrero de 1891. Antes de la profesión temporal su Padre Provincial enviaba al Superior General una carta fechada el 10 de Septiembre de 1892: "Mañana profesará un joven novicio peruano, un simpático joven, modelo de piedad, de penitencia y de excelente carácter".

               Es el mejor de todos desde que se inauguró el noviciado en América del Sur; hizo mucho bien a los seis novicios que recientemente llegaron de Francia. Ya desde el noviciado Mateo fue un apasionado de la eucaristía y de la adoración.

               El Padre General planeaba enviar a Mateo a realizar los estudios eclesiásticos en la Universidad de Lovaina, pero su Provincial logró retenerlo en Chile. En una carta al Superior General expresa que quiere ser un santo y verdadero religioso.




               Tras su Ordenación Sacerdotal en la Catedral de Santiago de Chile, el 17 de Diciembre de 1898, sus Superiores le ponen al frente de la Acción Social, una organización muy necesaria en el Valparaíso de la época, donde las clases trabajadoras eran explotadas en extremo. Trabajó también como profesor en el colegio y en la Universidad.

               Su dedicación a los más necesitados, a causa del terremoto que destruyó casi por completo Valparaíso el 16 de Agosto de 1906, le condujo a un estado de total agotamiento. Los médicos aconsejaron al Provincial que hiciera viajar al enfermo durante un largo tiempo.

               Estas prolongadas vacaciones darán un nuevo rumbo a su vida. Llegó al monasterio de Paray-le-Monial donde Santa Margarita María de Alacoque recibió las revelaciones del Corazón de Jesús.

               Aquí fue donde el Padre Mateo descubrió su misión en la Iglesia: la Entronización del Corazón de Jesús en los hogares, en los pueblos, en las ciudades y países. Y juntamente con esto la Hora Santa, la Consagración de las familias al Sagrado Corazón, la práctica renovada de los Primeros Viernes, la Adoración Nocturna y cuanto se refiere a la devoción al Corazón de Jesús.

               Antes de dejar Paray-le-Monial se consagró totalmente al Corazón de Cristo: Sagrado Corazón de Jesús, supremo amor de mi vida, yo me consagro a Ti en un espíritu de perfecto abandono a Tu divino Amor. En Tu gran Misericordia dígnate aceptarme a mí como una oblación de amor a fin de encender en todos los Sacerdotes el fuego de Tu Amor y el celo por Tu divino Corazón…

               De regreso a Chile, comienza a publicar innumerables folletos y libros, entre los que destacamos a lo largo de su trayectoria: "Jesús, Rey de Amor", "Hora Santa" y "Adoración Nocturna". Funda un secretariado y sale por las casas para entronizar al Corazón de Jesús en los hogares.

               Hacia el año 1912 eran ya ciento veinte mil las familias en las que había hecho la entronización. Esta entronización de la imagen del Corazón de Jesús había de ser el comienzo de una vida familiar profundamente transformada por el Amor de Jesús.

               De ahí pasó a la entronización en las escuelas, colegios, fábricas, hospitales, oficinas públicas y privadas, incluso en las imprentas. Los obispos de Chile publicaron en Abril de 1913 una Carta Pastoral colectiva recomendando la entronización y pedían al Papa Pío X que enriqueciera con indulgencias especiales dicha práctica.

               El Papa San Pío X concedió gustoso lo que pedían los obispos chilenos y su sucesor, Benedicto XV, extendió las indulgencias al mundo entero.

               El Padre Mateo continuaba predicando en parroquias, colegios, conventos, etc. Fundó la revista "El Primer Viernes" y escribía artículos en otras revistas y periódicos. Dejando Chile, se fue a Perú, Uruguay y Argentina.

               En 1914 viajó a Europa, llegando a París en el momento en el que las tropas alemanas se disponían a invadir la capital. Un dominico de Saint-Maximin resumió su impresión de esta manera: "Al principio, uno queda desconcertado por esa oratoria que no es oratoria, por esas frases elípticas, esas imágenes inesperadas, esos gestos apasionados… y luego, uno está cogido, se pone al unísono, y cuando al final el predicador hace aclamar a Cristo Rey: «Te amo, Jesús, porque eres Jesús», brotan lágrimas de muchos ojos".

               De Francia se trasladó a España, donde fundó treinta y ocho centros de la entronización. Logró entusiasmar al Nuncio, al Primado de Toledo y al Cardenal Arzobispo de Sevilla. Regresó a Francia, pasó después a Suiza, Austria, Holanda e Italia.

               En 1919 vuelve a España. Recorrió la costa del Mediterráneo, pasó por Andalucía, luego por Santander y el País Vasco. Con emoción asistió en el Cerro de los Ángeles a la dedicación del monumento y la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en España, hecha personalmente por el rey Alfonso XIII el 30 de Mayo de aquel año.

               En Sevilla pronunció el 19 de Febrero de 1921 una conferencia espiritual a las religiosas jerónimas del Monasterio de Santa Paula. La Comunidad, puesta de rodillas, oía con gran devoción la hermosa plática del Padre Mateo, mientras él permanecía de pie.

               La prelada le dijo: "Padre, Vd. me dispense, ¿no pudiera Vd. sentarse?" A lo que respondió el Sacerdote: "Madre, a las reinas no acostumbro yo a hablar sentado". Las religiosas quedaron edificadas al ver el respeto y veneración con que él las trataba.

               Desde 1913 hasta 1960 predicó en veintiocho países, llegando hasta China, Japón, India, Indochina, Ceilán, Corea, Filipinas, Manchuria, Hong-Kong, etc. En 1931 dirigió un retiro al episcopado portugués. El Patriarca de Lisboa manifestaba su admiración: "La predicación de este religioso es el más bello comentario al libro de ‘Los Hechos de los Apóstoles’, que se sepa".

               Otro empeño original de nuestro infatigable misionero fue la Adoración Nocturna en los hogares. Pío XI bendijo esta obra e hizo mención del Padre Mateo en su discurso del 29 de Mayo de 1930 a la Juventud Femenina Católica de Italia al felicitarlas por participar en la Adoración Nocturna en el hogar, que constituye un acto exquisito y delicado de piedad y amor cristiano para el Corazón de Jesús; un delicado acto de devoción que necesitó para iniciarse un corazón apostólico como el del Padre Mateo.

               Pío XI le concedió cinco audiencias y le envió otra carta autógrafa, como lo hiciera antes su predecesor Benedicto XV. En una de las audiencias, el Padre Mateo regaló al Papa un medallón con la imagen del Sagrado Corazón. El Papa le comentó: "La pondré en mi despacho y cuantas veces la mire te enviaré mi bendición". Y aún más patente queda la gran estima que tenía el Papa al Apóstol del Corazón de Jesús cuando el gobierno de Perú solicitó al Sucesor de Pedro el nombramiento del Padre Mateo para Arzobispo de Lima: "¿Qué quiere el señor Presidente de la República -contestó el Papa- que haga yo del Padre Mateo un coronel-comandante en plaza, o que le deje ser bombardero del Corazón de Jesús en todo el mundo?"



               Es imposible enumerar las tandas de ejercicios que dedicó a los Sacerdotes. Desde Chicago escribía en 1944: "No puedo dar abasto al trabajo que aquí me piden. En varias semanas he predicado a cerca de mil Sacerdotes durante cinco horas diarias, aparte de las confesiones que me ocupaban el resto del día". En Canadá llegó a dirigir treinta y seis tandas de ejercicios al Clero.

               El Jueves Santo de 1949 sufrió el primero de los muchos ataques de corazón que habían de sucederse en los once años que aún le quedaban de vida. Por aquellos días escribía "Todo me cansa y debo suprimir muchas de las cosas bellas que debo hacer, reteniendo únicamente las indispensables. Quiero decir que debo dejar mis pocas fuerzas para poder celebrar la Misa y recitar mis plegarias".

               A su enfermedad se añadió una úlcera en su pierna derecha. En 1959 ingresó en la clínica de Valparaíso donde un cáncer en la sangre le impidió celebrar la Santa Misa, que constituía el centro de su vida. Los médicos le amputaron la pierna herida por aparecer la gangrena el 14 de enero de 1960, pero la herida no se cerró y la gangrena apareció pronto en la otra pierna. Su Provincial expresaba en una carta: "El P. Mateo sufre atrozmente, pero todo lo soporta con un espíritu sobrenatural admirable". Y el propio enfermo escribía: "¡El cielo se aproxima… y así yo cantaré las misericordias del Señor eternamente!"

               El Superior General vino desde Roma a Valparaíso para visitarlo. El enfermo lo abrazó y, estrechando sus manos, pronunció su testamento: "Diga a todos que el Padre Mateo predica desde su cama y que insiste en la Adoración Nocturna en los hogares, que es la más preciosa flor de su apostolado".

               El "Apóstol mundial del Sagrado Corazón de Jesús", según la denominación de Pío XI, murió el 4 de Mayo de 1960, a los 84 años de edad.




miércoles, 30 de junio de 2021

LA ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN EN LOS HOGARES. "Es necesario que hoy me quede en tu casa..."

 
"La Entronización es la instalación de la imagen 
del Sagrado Corazón, como en un trono, 
en el sitio más noble de la casa, 
de tal suerte que Jesucristo Nuestro Señor 
reine visiblemente en los hogares Católicos" 

Papa Benedicto XV, 27 de Abril de 1915.  
Este mismo Pontífice concedió Indulgencia Plenaria a la familia 
que entronice en su casa la imagen del Sagrado Corazón; también una vez 
cada año en ese mismo día si, habiendo confesado y comulgado, renuevan 
el Acto de Consagración y visitan una iglesia u oratorio público rogando 
por las intenciones de la Iglesia.


               La conocida como Entronización del Sagrado Corazón de Jesús, tiene su origen en el fervor del Padre Mateo Crawley-Boevey y Murga, que para extender la Devoción al Sagrado Corazón, entendió que ésta debía estar presente en los hogares, para hacerse continua sobre todo, en los corazones de los niños, y también, como dulzura de los padres Católicos, para llevar con buen ánimo la tarea de educar a los hijos en la Santa Ley de Dios y de Su Iglesia.


¿CÓMO HACER LA ENTRONIZACIÓN 
DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS 
EN NUESTRA CASA?


               Lo ideal es conseguir una imagen del Sagrado Corazón, aunque también se puede hacer empleando una lámina dignamente enmarcada. Es necesario que sea un Sacerdote quien dirija el Acto de Entronización, puesto que tanto la imagen como la familia han de ser bendecidos (si la casa aún no estuviese bendecida, es necesario hacerlo antes de la Entronización).


FÓRMULA DE LA ENTRONIZACIÓN


               Es costumbre muy recomendable comenzar la Entronización del Sagrado Corazón leyendo la siguiente poesía, que invita al Rey de Amor a que tome plena posesión de todos los corazones de la familia.


¡ENTRA, SEÑOR!


Entra, Jesús: el día ya declina,
el astro rey hacia el ocaso inclina
su brillante fulgor;
no pases adelante, que anochece;
toma un descanso que el amor te ofrece;
¡entra en casa, Señor!
¡Entra en casa, Señor, y si cerradas 
hallas tantas moradas,
que un asilo a su Dios quieren negar...,
olvida entre nosotros su desvío;
mientras tengamos casa, Jesús mío,
¡Tú tendrás un hogar!
Entra, Señor; mas no como mendigo:
Nuestro Rey, nuestro Padre, 
nuestro Amigo, nuestro Todo serás...;
que si el error levanta sus banderas,
en este hogar Tú reinas y Tú imperas,
y homenajes y amor encontrarás.
Entra, Señor, aquí todos Te amamos,
y pues Rey Te aclamamos
de esta humilde mansión,
ya nuestros corazones se han ligado
y de su amor un trono te han formado:
coloca en él, Señor, tu Corazón.
Colócalo, Señor, y no receles,
somos vasallos fieles;
no encontrarás aquí ningún traidor...;
antes morir queremos que dejarte,
antes morir queremos que negarte,
Divino Rey de Amor.
Y si el mundo y los suyos te persiguen,
y si a este umbral quizá 
llegar consiguen… a Ti no llegarán,
que sabrán defenderte nuestras vidas...
los filos de sus armas deicidas,
ni tu pecho, ni los nuestros herirán.
Entra, Señor; estemos siempre unidos,
mezclados, enlazados, 
confundidos, de ese Pecho al calor;
viviendo todos de tu misma vida
como vive adherida
la enredadera al tronco bienhechor.
Juntos así el destierro cruzaremos,
así Contigo juntos gozaremos
las dichas que nos des...,
y si el dolor empaña nuestros ojos,
juntos también pondremos sus despojos
como perlas humildes a Tus pies.
Entra, Señor; ya izamos Tu bandera;
entra, Señor, y manda, reina, 
impera en este pobre hogar...,
pobre y desconocido,
pero con Tu Presencia enriquecido,
y muy feliz, porque Te sabe amar.




BENDICIÓN DE LA IMAGEN 
por parte del Sacerdote


     Oremos

               Omnipotente y Sempiterno Dios, que no repruebas el que se pinten las imágenes (o se esculpan las estatuas) de Tus Santos, a fin de que cuantas veces las vemos con los ojos de nuestro cuerpo, otras tantas nos determinemos a imitar los ejemplos de su santidad: te rogamos que te dignes bendecir (+) y santificar esta Imagen (o estatua) hecha en honor y memoria del Sacratísimo Corazón de Tu Hijo Unigénito Nuestro Señor Jesucristo; y concédenos que cuantos ante ella procuren honrar y consolar al Sacratísimo Corazón de Tu Unigénito Hijo, por Sus Méritos e intercesión obtengan de Ti la gracia en la vida presente y la Gloria en la Eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

               Rociada la imagen con agua bendita, se puede entonar un canto al Sagrado Corazón, mientras se ordena la procesión hasta el lugar donde va a quedar colocada la imagen, adornada, si fuera posible, con algunas flores, rezándose una vez allí, en voz alta y por todos, el CREDO, en testimonio explícito de la Fe Católica de toda la familia.


FÓRMULA DE LA CONSAGRACIÓN
(Aprobada por el Papa San Pío X)


                ¡Oh Sacratísimo Corazón de Jesús!, Tú manifestaste a Santa Margarita María el deseo de reinar sobre las Familias Cristianas; venimos a proclamar Tu absoluto dominio sobre la nuestra. De hoy en adelante queremos vivir en Tu Vida, queremos que en nuestra familia florezcan las virtudes por las cuales prometiste la paz en la tierra, y queremos desterrar de nosotros el espíritu mundano. Tú has de reinar en nuestros entendimientos por la sencillez de nuestra Fe, y en nuestros corazones por el amor que arderá para Ti solo, procurando nosotros mantener viva esta llama con la frecuente recepción de la Sagrada Eucaristía. 

               Dígnate, oh Corazón Divino, presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, apartar de nosotros los vanos cuidados, santificar nuestras alegrías, consolar nuestras penas. Si alguna vez alguien de entre nosotros tuviese la desgracia de ofenderte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que eres Bueno y Misericordioso con los pecadores arrepentidos. 

               Y cuando suene la hora de la separación, cuando venga la muerte a traer duelo en medio de nosotros, todos, así los que se vayan como los que se queden, estaremos conformes con Tus eternos decretos. Nos consolaremos pensando que ha de venir un día en que toda la familia reunida en el Cielo, podrá cantar eternamente Tus glorias y Tus beneficios.

               Dígnese el Corazón Inmaculado de María, dígnese el Glorioso Patriarca san José presentarte esta Consagración y recordárnosla todos los días de nuestra vida. Amén. ¡Viva el Corazón de Jesús Nuestro Rey!


               A continuación, la familia al completo, rezan juntos el Padrenuestro y el Avemaría



Diploma acreditativo de la Entronización;
toca sobre la imagen para verla en tamaño original

Oración final
Deberá ser rezada por el Sacerdote y toda la familia


               Gloria al Sagrado Corazón de Jesús, cuya Misericordia ha sido infinita con los miembros de este Cristiano Hogar, al escogerlo entre millares como herencia de amor y santuario de reparación por las ingratitudes humanas.

               Cuánta confusión Divino Jesús, esta porción de Tu rebaño fiel acepta el honor insigne de verte presidir nuestra familia. Cómo te adora en silencio y se regocija al verte compartir bajo el mismo techo las fatigas, los afanes y también los puros goces de estos hijos tuyos. Verdad es que no somos dignos de que Tú entres en nuestra humilde morada, pero Tú mismo dejaste escapar de Tus labios divinos, la palabra que nos tranquiliza cuando nos revelaste la hermosura de Tu Divino Corazón y nuestras almas que tanta sed tienen de Ti, ¡oh Buen Jesús! han encontrado en la preciosa herida de Tu Costado las aguas vivas que brotan hasta la Vida Eterna.

               Así, pues, contritos y confiados venimos a consagrarnos a Ti que eres la Vida Inmutable. Quédate entre nosotros, ¡oh Corazón Santísimo!, pues sentimos ansias supremas de amarte y de hacerte amar, porque Tú eres el fuego divino que ha de abrasar al mundo para regenerarlo. 

              ¡Ah, sí! Que esta casa sea Tu refugio tan dulce como el de Betania, donde encuentres solaz en las almas amigas que han escogido la mejor parte en la intimidad venturosa de Tu Corazón. Sea éste, Salvador amado el asilo pobre, pero cariñoso, de Egipto en el destierro de Tus enemigos.

               ¡Ven, Divino Jesús, ven!, pues en esta casa se ama con entrañable amor a la Virgen María, esa Madre tan tierna que Tú mismo nos diste. Ven a llenar con Tu dulcísima Presencia, los vacíos que la muerte y la desgracia han dejado entre nosotros. ¡Ah, si Tú, el amigo fidelísimo hubieras estado en nuestras horas de duelo, cómo se hubieran endulzado tantas lágrimas y cuánto bálsamo de paz hubiéramos sentido en aquellas heridas secretas que sólo Tú conoces.

               ¡Ven, porque se acerca tal vez para nosotros la tarde angustiosa de nuevos pesares y declina el día fugaz de nuestra juventud y de nuestras ilusiones. Quédate con nosotros, porque ya anochece y el mundo perverso quiere envolvernos en las tinieblas de sus negaciones, de sus vicios y vanidades y nosotros te queremos a Ti; porque sólo Tú, eres el Camino la Verdad y la Vida!.

               Exclama Jesús, como en otro tiempo: "Es preciso que desde hoy me den hospedaje en su casa". Sí, Dios mío, establece aquí Tu tabernáculo a cuya sombra vivamos en Tu compañía, nosotros que te proclamamos nuestro Rey porque no queremos que ningún otro reine sobre nosotros sino Tú.

               ¡Viva siempre amado, bendecido y glorificado en este hogar el Corazón Triunfante de Jesús! Venga a nosotros Tu Reino. Amén.


               Rezar ahora en voz alta una SALVE en homenaje de amor al Inmaculado Corazón de María. Terminamos con las siguientes Jaculatorias:

               Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros (Tres veces).

               Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros.

               San José, ruega por nosotros.

               Santa Margarita María, ruega por nosotros.


               Se termina el Acto de Entronización con todos arrodillados para recibir la bendición del Sacerdote. 


Extraído del libro Jesús, Rey de Amor
del Padre Mateo Crawley- Boevey