domingo, 19 de mayo de 2024

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 19º

  

...y delirando de amor hacía 
sentir Su latido en cada corazón


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a su Mamá Reina: 

               Mamá dulcísima, mi pobre corazón siente la necesidad extrema de venir a Tus rodillas maternas para confiarte mis pequeños secretos, y confiarlos a Tu Corazón materno. Escucha, ¡oh! Mamá mía, al mirar los grandes prodigios que obró en Ti el Fiat Divino, siento que no me es dado el imitarte porque soy pequeña, débil, y además las luchas tremendas de mi existencia, que me arrojan por tierra y no me dejan mas que un hilo de vida. Mamá mía, ¡oh! cómo quisiera desahogar mi corazón en el Tuyo para hacerte sentir las penas que me amargan y el temor que me tortura, el que pueda dejar de cumplir la Divina Voluntad. ¡Piedad, oh Madre Celestial, piedad!. Escóndeme en Tu Corazón y yo perderé la memoria de mis males, para acordarme sólo de vivir de Voluntad Divina. 

Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús: 

               Hija queridísima, no temas, confíate en tu Mamá, vierte todo en Mi Corazón y Yo Me ocuparé de todo, te haré de Mamá, cambiaré tus penas en luz y Me serviré de ellas para agrandar los confines del Reino de la Voluntad Divina en tu alma; por eso haz todo a un lado por ahora y escúchame, quiero decirte lo que obró el pequeño Rey Jesús en Mi Seno materno, y como tu Mamá no perdió ni siquiera un respiro del pequeño Jesús. 

               Ahora hija Mía, la pequeña Humanidad de Jesús iba creciendo unida hipostáticamente con la Divinidad, Mi Seno materno era estrechísimo, oscuro, no había resquicio de luz, y Yo lo veía en Mi Seno materno inmóvil, envuelto dentro de una noche profunda. ¿Pero sabes tú quién formaba esta oscuridad tan intensa al infante Jesús?. La voluntad humana, en la cual el hombre voluntariamente se había envuelto, y por cuantos pecados cometía tantos abismos de tinieblas formaba alrededor y dentro de sí, de modo que lo dejaba inmóvil para hacer el bien. Y mi amado Jesús para poner en fuga las tinieblas de esta noche tan profunda, en la que el hombre se había vuelto prisionero de su misma voluntad tenebrosa, hasta perder el movimiento para hacer el bien, escogió la dulce prisión de Su Mamá y voluntariamente Se ofreció a la inmovilidad de nueve meses. 

               Hija Mía, si tú supieras cómo Mi Materno Corazón era martirizado al ver al pequeño Jesús en Mi seno, inmóvil, llorar, suspirar, Su latido ardiente palpitaba fuertemente, y delirando de amor hacía sentir Su latido en cada corazón para pedirles por piedad sus almas para encerrarlas en la Luz de Su Divinidad, porque Él por amor de ellos, voluntariamente había cambiado la Luz por las tinieblas, a fin de que todos pudieran obtener la verdadera Luz para ponerse a salvo. Hija mía queridísima, ¿quién puede decirte lo que sufrió Mi pequeño Jesús en Mi seno?. Penas inauditas e indescriptibles. Estaba dotado de plena razón, Era Dios y Hombre, y Era tanto Su Amor que ponía aparte los mares infinitos de alegrías, de felicidad, de luz, y sumergía Su pequeña Humanidad en los mares de tinieblas, de amarguras, de infelicidad, de miserias, que le habían preparado las criaturas, y el pequeño Jesús Se las ponía todas sobre Sus espaldas como si fueran Suyas. 

               Hija mía, el verdadero amor jamás dice basta, no mira las penas, y por medio de penas busca a aquél que ama; y sólo está contento cuando pone su vida para dar nuevamente la vida a aquél que ama. Hija Mía, escucha a tu Mamá, ¿ves qué gran mal es hacer tu voluntad? No sólo preparas la noche a tu Jesús y a ti, sino que formas mares de amargura, de infelicidad y de miseria, en los cuales quedas tan arrollada que no sabes cómo salir de ellos. Por eso sé atenta, hazme feliz al decirme: "Quiero hacer siempre la Divina Voluntad".

               Ahora escucha hija Mía, el pequeño Jesús, penando de amor está en acto de apresurarse para salir a la luz del día, Sus ansias, Sus suspiros ardientes y deseos porque quiere abrazar a la criatura, hacerse ver, mirarla para raptarla a Sí, no le dan más descanso, y así como un día se puso de centinela a las Puertas del Cielo para encerrarse en Mi Seno, así está en acto de ponerse como centinela a las puertas de Mi Seno, que es más que Cielo, y el Sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma su pleno mediodía. Así que para las pobres criaturas no habrá más noche, ni alba, ni aurora, sino siempre Sol, más que en la plenitud del mediodía. 

               Tu Mamá sentía que no lo podía contener más dentro de Mí, mares de luz y de amor Me inundaban, y así como dentro de un mar de luz lo concebí, así dentro de un mar de luz salió de Mi Seno materno. Hija querida, para quien vive de Voluntad Divina todo es Luz y todo se convierte en Luz, entonces en esta Luz, Yo, raptada esperaba estrechar entre Mis brazos a Mi pequeño Jesús, y en cuanto salió de Mi seno escuché Sus primeros gemidos amorosos, y el Ángel del Señor Me lo entregó entre Mis brazos y Yo lo estreché fuertemente a Mi corazón y le di Mi primer beso, y el pequeño Jesús me dio el Suyo. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para seguir la narración del Nacimiento de Jesús. 

El alma: 

               Mamá Santa, ¡oh! cómo eres afortunada, eres la verdadera Bendita entre todas las mujeres. ¡Ah! Te ruego por aquellas alegrías que probaste cuando estrechaste a Jesús a Tu Seno y le diste el primer beso, que por pocos instantes me cedas en mis brazos al pequeño Jesús, a fin de darle contento al decirle que juro amarlo siempre, siempre, y que no quiero conocer otra cosa que Su Divina Voluntad. 

Florecita: 

              Hoy para honrarme vendrás a besar los piecitos al Niñito Jesús, y le darás tu voluntad en Sus manitas para hacerlo jugar y sonreír. 

Jaculatoria: 

               Mamá mía, encierra en mi corazón al pequeño Jesús, para que me lo trasforme todo en Voluntad de Dios.



sábado, 18 de mayo de 2024

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 18º

 

...la Divina Voluntad hace cosas grandes 
e inauditas dondequiera que Ella reina


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a su Madre Reina: 

               Estoy nuevamente junto a Ti Mamá celestial, vengo a alegrarme Contigo, e inclinándome a Tus santos pies Te saludo llena de gracia y Madre de Jesús. ¡Oh! no encontraré más sola a mi Mamá, sino que encontraré junto Contigo a mi pequeño prisionero Jesús. Así que seremos tres, no más dos, junto a la Mamá, Jesús y yo. Qué fortuna para mí, que si quiero encontrar a mi pequeño Rey Jesús, basta encontrar a la Mamá Suya y mía. ¡Ah! Mamá Santa, desde la altura de Madre de un Dios en que Te encuentras, ten piedad de la miserable y pequeña hija Tuya, y di la primera palabra por mí al pequeño prisionero Jesús, que me de la gran gracia de vivir de Su Voluntad Divina. Mamá Celestial, Tu pobre hija tiene necesidad extrema de Ti, siendo Tú mi Madre y la Madre de Jesús, yo siento el derecho de estar junto a Ti, de ponerme a Tu lado, de seguir Tus pasos para modelar los míos. ¡Ah! Mamá Santa, dame la mano y condúceme Contigo, a fin de que yo pueda aprender a comportarme bien en las diversas acciones de mi vida. 

Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús: 

               Mi querida hija, hoy más que nunca te espero, Mi materno Corazón está henchido, siento la necesidad de desahogar Mi ardiente amor con Mi hija, quiero decirte que Soy Madre de Jesús, Mis alegrías son infinitas, mares de felicidad Me inundan, Yo puedo decir: Soy Madre de Jesús, Su criatura, Su esclava, y sólo al Fiat lo debo, me volvió llena de gracia, preparó la digna habitación a Mi Creador, por eso la Gloria, el Honor y el agradecimiento sean siempre al Fiat Supremo. 

               Ahora escúchame hija de Mi Corazón, en cuanto fue formada con la Potencia del Fiat Divino la pequeña Humanidad de Jesús en Mi seno, el Sol del Verbo Eterno se encarnó en Ella. Yo tenía mi Cielo formado por el Fiat todo adornado de estrellas fulgidísimas que centelleaban alegrías, bienaventuranzas, armonías de bellezas divinas, y el Sol del Verbo Eterno, resplandeciente de luz inaccesible vino a tomar Su puesto dentro de este Cielo, escondido en Su pequeña Humanidad, la cual no pudiéndolo contener, el centro del Sol estaba en Ella pero Su luz se desbordaba fuera, e invistiendo Cielo y tierra llegaba a cada corazón, y con Su golpe de luz llamaba a cada criatura, y con las voces de luz penetrante les decía: "Hijos míos, ábranme, denme el puesto en su corazón, he descendido del Cielo a la tierra para formar en cada uno de ustedes Mi Vida, Mi Madre es el centro donde reside y todos Mis hijos serán la circunferencia donde quiero formar tantas Vidas Mías por cuantos hijos hay". 

               Y la luz llamaba y volvía a llamar sin cesar jamás, y la pequeña Humanidad de Jesús gemía, lloraba, sufría espasmos y dentro de aquella Luz que llegaba a los corazones hacía correr Sus lágrimas, Sus gemidos y Sus espasmos de amor y de dolor. Ahora tú debes saber que para tu Mamá comenzó una nueva vida, Yo estaba al día de todo lo que hacía Mi Hijo, lo veía devorado por mares de llamas de amor, cada latido Suyo, respiro y pena, eran mares de amor que hacía salir, envolvía a todas las criaturas para hacerlas suyas por fuerza del amor y del dolor, porque tú debes saber que en cuanto fue concebida Su pequeña Humanidad, concibió todas las penas que debía sufrir hasta el final de Su Vida, encerró en Sí mismo a todas las almas, porque como Dios ninguno le podía huir, Su inmensidad encerraba a todas las criaturas, su omnividencia Le hacía presentes a todas; por eso Mi Jesús, Mi Hijo, sentía el peso y el fardo de todos los pecados de cada una de las criaturas. Y Yo, tu Mamá, Lo seguía en todo y sentí en Mi materno Corazón la nueva generación de las penas de Mi Jesús, y la nueva generación de todas las almas que como Madre debía generar junto con Jesús a la Gracia, a la Luz, a la Vida Nueva que Mi querido Hijo vino a traer a la tierra. 

               Hija Mía, tú debes saber que desde que Yo fui concebida te amé como Madre, te sentía en Mi Corazón, ardía de amor por ti, pero no entendía el por qué; el Fiat Divino Me hacía hacer los actos, pero Me tenía oculto el secreto, pero en cuanto se encarnó Me develó el secreto y comprendí la fecundidad de Mi Maternidad, que no sólo debía ser Madre de Jesús, sino Madre de todos, y esta Maternidad debía ser formada sobre la hoguera del dolor y del amor. Hija mía, ¡cuánto te he amado y te amo!. 

               Ahora escucha hija querida hasta dónde se puede llegar cuando el Divino Querer toma la vida obrante en la criatura y la voluntad humana lo deja hacer sin impedirle el paso. Este Fiat, que en naturaleza posee la virtud generativa, genera todos los bienes en la criatura, la hace fecunda, dándole la maternidad sobre todos, sobre todos los bienes, y sobre Aquél que la ha creado. Maternidad dice y significa verdadero amor, amor heroico, amor que se contenta con morir para dar vida a quien ha generado; si no hay esto, la palabra maternidad es estéril, está vacía y se reduce a palabras, pero en los hechos no existe. 

               Por eso hija Mía, si quieres la generación de todos los bienes haz que el Fiat tome en ti la vida obrante, el cual te dará la maternidad y amarás todo con amor de madre, y Yo, tu Mamá, te enseñaré el modo cómo fecundar en ti esta maternidad toda santa y divina. En cuanto llegué a Ser Madre de Jesús y Madre tuya, Mis mares de amor se duplicaron, y no pudiendo contenerlos todos, sentía la necesidad de expandirlos y de ser, incluso a costo de grandes sacrificios, la primera portadora de Jesús a las criaturas. 

               Pero qué digo ¿sacrificios?. Cuando se ama de verdad, los sacrificios, las penas, son refrigerios, consuelos y desahogos del amor que se posee. ¡Oh! hija Mía, si tú no pruebas el bien del sacrificio, si no sientes como él es causa de las alegrías más íntimas, es señal de que el Amor Divino no llena toda tu alma, y por lo tanto que la Divina Voluntad no reina como Reina en ti. Ella sola da tanta fuerza al alma, de volverla invencible y capaz de soportar cualquier pena. Pon la mano sobre tu corazón y observa cuántos vacíos de amor hay en él, reflexiona: aquella secreta estima de ti misma, aquel turbarte por cada mínima contrariedad, aquellos pequeños apegos que sientes a cosas y a personas, aquel cansancio en el bien, aquel fastidio que te causa lo que no te gusta, equivalen a otros tantos vacíos de amor en tu corazón, vacíos que, parecidos a la fiebre, te privan de la fuerza y del deseo de llenarte de Voluntad Divina. ¡Oh! cómo sentirías también tú la virtud refrescante y conquistadora en tus sacrificios si llenas de amor estos vacíos tuyos. 

              Hija mía, dame ahora la mano y sígueme, porque Yo continuaré dándote mis lecciones. Partí de Nazaret acompañada de San José, afrontando un largo viaje y atravesando montañas para ir a visitar en Judea a Isabel, que a avanzada edad, milagrosamente llegaba a ser madre. Yo iba a ella no para hacerle una simple visita, sino más bien porque ardía en deseos de llevarle a Jesús. La plenitud de gracia, de amor, de luz que sentía en Mí Me empujaba a llevar, a multiplicar, a centuplicar la vida de Mi Hijo en las criaturas. Sí hija Mía, el amor de Madre que tuve por todos los hombres y por ti en particular, fue tan grande, que Yo sentí la necesidad extrema de dar a todos a Mi querido Jesús, a fin de que todos lo pudieran poseer y amar. 

               El derecho de Madre que me fue dado por el Fiat, Me enriqueció de tal potencia, de multiplicar tantas veces a Jesús por cuantas eran las criaturas que lo querían recibir, éste era el más grande milagro que Yo podía hacer, tener pronto a Jesús para darlo a cualquiera que lo deseara. ¡Cómo me sentía feliz! Cuánto quisiera que también tú hija Mía, acercándote a las personas y haciendo visitas, fueras siempre la portadora de Jesús, capaz de hacerlo conocer y deseosa de hacerlo amar. 

               Después de algunos días de viaje llegué finalmente a Judea, y presurosa Me conduje a la casa de Isabel. Ella vino a mi encuentro festiva. Al saludo que le di sucedieron fenómenos maravillosos, Mi pequeño Jesús exultó en Mi Seno y fijando con los rayos de la propia Divinidad al pequeño Juan en el seno de su madre, lo santificó, le dio el uso de la razón y le hizo conocer que Él era el Hijo de Dios. Juan entonces saltó tan fuertemente de amor y alegría, que Isabel se sintió sacudida, golpeada también ella por la luz de la Divinidad de Mi Hijo, supo que Yo Me había convertido en la Madre de Dios, y en el énfasis de su amor, temblando de gratitud exclamó: "¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Señor venga a mí?". Yo no negué el altísimo Misterio, más bien lo confirmé humildemente. Alabando a Dios con el canto del Magnificat, canto sublime por medio del cual continuamente la Iglesia Me honra, anuncié que el Señor había hecho grandes cosas en Mí, Su Esclava, y por esto todas las gentes me habrían llamado Bienaventurada. 

               Hija mía, Yo Me sentía consumir por el deseo de dar un desahogo a las Llamas de Amor que me consumían, y de externar Mi secreto a Isabel, la cual, también ella suspiraba al Mesías sobre la tierra. El secreto es una necesidad del corazón que irresistiblemente se revela a las personas capaces de entenderse. ¿Quién podrá jamás decirte cuánto bien llevó Mi visita a Isabel, a Juan, a toda aquella casa?. Cada uno quedó santificado, lleno de alegría, advirtió alegrías insólitas, comprendió cosas inauditas, y Juan en particular recibió todas las gracias que le eran necesarias para prepararse a ser el precursor de Mi Hijo. 

              Hija queridísima, la Divina Voluntad hace cosas grandes e inauditas dondequiera que Ella reina; si Yo obré tantos prodigios fue porque Ella tenía Su puesto real en Mí. Si también tú dejas reinar al Divino Querer en tu alma, te convertirás también en la portadora de Jesús a las criaturas, sentirás también tú la irresistible necesidad de darlo a todos. 

El alma: 

               Mamá Santa, me abandono en Tus brazos. ¡Oh! cómo quisiera bañar Tus manos maternas con mis lágrimas, para moverte a compasión por el estado de mi pobre alma. ¡Ah! si me amas como Mamá enciérrame en Tu Corazón, y Tu amor queme mis miserias, mis debilidades, y la potencia del Fiat Divino que Tú posees como Reina forme su Vida obrante en mí, de modo que pueda decir: "Mi Mamá es toda para mí, y yo soy toda para Ella". Mamá Santa, ven, desciende junto con Jesús en mi alma, renueva en mí la visita que hiciste a Santa Isabel y los prodigios que obraste por ella. ¡Ah! sí, Mamá mía, tráeme a Jesús, santifícame, con Jesús sabré hacer Su Santísima Voluntad. 

Florecita: 

               Hoy para honrarme agradecerás al Señor a nombre de todos porque se encarnó y se hizo prisionero en Mi Seno, dándome el gran honor de elegirme como Madre Suya, y recitarás tres veces el Magnificat, en agradecimiento por la visita que Yo hice a Santa Isabel. 

Jaculatoria: 

               Mamá de Jesús, hazme de Mamá y guíame en el camino de la Voluntad de Dios, visita mi alma y prepara en ella una digna habitación a la Divina Voluntad.



viernes, 17 de mayo de 2024

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 17º

 

...quiere Tu Fiat para formar 
el cumplimiento de Su Fiat


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a su Mamá Celestial: 

               Mamá Santa, heme aquí de nuevo sobre Tus rodillas, soy Tu hija, quiero que pongas en mi boca el alimento de Tu palabra dulcísima, que me lleva el bálsamo para sanarme las heridas de mi mísera voluntad humana. Mamá mía, háblame, desciendan Tus potentes palabras en mi corazón y formen una nueva creación, para formar el germen de la Divina Voluntad en mi alma. 

Lección de la Soberana Reina: 

               Hija queridísima, es propiamente ésta la finalidad que amo tanto, el hacerte oír los arcanos celestiales del Fiat Divino y los portentos que puede obrar donde Mi Voluntad reina completamente, y el gran mal de quien se hace dominar por el querer humano, a fin de que tú ames Mi Voluntad para hacerla formar Su Trono en ti, y aborrezcas tu querer, para hacer de tu voluntad el escabel del Querer Divino, teniéndola sacrificada a Sus pies divinos. 

               Ahora hija Mía escúchame, Yo continuaba Mi vida en Nazaret, el Fiat Divino continuaba extendiendo en Mí Su Reino, para ello se servía de los más pequeños actos Míos, incluso de los más indiferentes, como era mantener el orden de la pequeña casita, encender el fuego, barrer, y todos aquellos servicios que se acostumbran en las familias, para hacerme sentir Su Vida palpitante en el fuego, en el agua, en el alimento, en el aire que respiraba, en todo, e invistiéndolos formaba sobre Mis pequeños actos mares de Luz, de Gracia, de Santidad, porque donde reina el Divino Querer, tiene la potencia de formar de las pequeñas naderías, nuevos cielos de belleza encantadora, porque Él, siendo inmenso, no sabe hacer cosas pequeñas, sino que con Su Potencia da valor a las pequeñeces y de ellas forma las cosas más grandes, de dejar atónitos cielos y tierra. Todo es santo, todo es sagrado para quien vive de Voluntad Divina. 

               Ahora hija de Mi corazón préstame atención y escúchame, unos cuantos días antes del descenso del Verbo sobre la tierra, Yo veía el Cielo abierto y el Sol del Verbo Divino a sus puertas, como para mirar sobre de quién debía emprender su vuelo, para volverse celestial Prisionero de una criatura. ¡Oh! cómo era bello verlo a las puertas del Cielo, como vigilando y espiando a la afortunada criatura que debía albergar a su Creador; y a la Trinidad Sacrosanta observando la tierra no más extraña a Ella, porque estaba la pequeña María que poseyendo la Divina Voluntad había formado el Reino Divino donde podía descender seguro, como en su propia habitación, en la que encontraba el Cielo y los tantos soles de tantos actos de Voluntad Divina hechos en Mi Alma. 

               La Divinidad regurgitó de amor y se quitó el manto de Justicia que desde tantos siglos había tenido con las criaturas, y se cubrió con el manto de Misericordia infinita, y decretaron entre Ellos el descendimiento del Verbo, y están en acto de hacer sonar la hora del cumplimiento. A este sonido Cielo y tierra quedan estupefactos y se pusieron atentos para ser espectadores de un exceso de amor tan grande y de un prodigio tan inaudito. 

               Tu Mamá se sentía incendiada de amor, y haciendo eco al amor de Mi Creador quería formar un solo mar de amor, a fin de que descendiera en él el Verbo, Mis plegarias eran incesantes, y mientras oraba en Mi habitación, un Ángel viene mandado del Cielo como mensajero del gran Rey, se Me pone delante e inclinándose Me saludó: "Ave, ¡oh! María, Reina nuestra, el Fiat Divino Te ha llenado de gracia. Ya ha pronunciado el Fiat porque quiere descender, está detrás de mí, pero quiere Tu Fiat para formar el cumplimiento de Su Fiat".

               Ante un anuncio tan grande, tan deseado por Mí, pero jamás había pensado que fuera Yo la elegida, quedé estupefacta y vacilé un instante, pero el ángel del Señor me dijo: "No temas Reina nuestra, Tú has encontrado gracia ante Dios, Tú has vencido a Tu Creador, por eso, para cumplir la victoria pronuncia tu Fiat". Yo pronuncié el Fiat, y ¡oh! maravilla, los dos Fiat se fusionaron y el Verbo Divino descendió en Mí. Mi Fiat que era valorado con el mismo valor del Fiat Divino, formó del germen de Mi humanidad la pequeñita Humanidad que debía encerrar al Verbo, y fue cumplido el gran prodigio de la Encarnación. 

               ¡Oh! potencia del Fiat Supremo, Tú Me elevaste tanto, de volverme Poderosa hasta poder crear en Mí aquella Humanidad que debía contener al Verbo Eterno, que Cielos y tierra no podían contener. Los Cielos se estremecieron y toda la Creación se puso en actitud de fiesta, y recreándose de alegría cantaban sobre la casita de Nazaret para dar los homenajes y saludos al Creador humanado, y en su mudo lenguaje decían: "¡Oh! prodigio de los prodigios, que sólo un Dios podía hacer, la inmensidad se ha empequeñecido, la potencia se ha vuelto impotente, Su altura inenarrable se ha abajado hasta el abismo del seno de una Virgen, y al mismo tiempo ha quedado pequeño e inmenso, potente e impotente, fuerte y débil". 

                Hija Mía querida, tú no puedes comprender lo que sintió tu Mamá en el momento de la Encarnación del Verbo. Todos Me apuraban y esperaban Mi Fiat, podría decir omnipotente. Ahora hija querida escúchame, cómo te debe importar el hacer y el vivir de Voluntad Divina, mi potencia existe todavía, hazme pronunciar mi Fiat sobre tu alma, pero para hacer esto quiero el tuyo, por sí solo no se puede hacer un verdadero bien, sino que siempre entre dos se hacen las obras más grandes. Dios mismo no quiso hacer las cosas por Sí solo, sino que Me quiso a Mí junto para formar el gran prodigio de la Encarnación, y en Mi Fiat y en el suyo formó la Vida del Hombre y Dios, se ajustó la suerte del género humano, el Cielo no estuvo más cerrado, todos los bienes venían encerrados en medio a los dos Fiat. 

               Por eso pronunciemos juntas Fiat, Fiat, y Mi amor materno encerrará en ti la Vida de la Divina Voluntad. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para narrar a Mi hija lo que siguió a la Encarnación. 

El alma: 

               Mamá bella, yo me siento sorprendida al escuchar Tus bellas lecciones. ¡Ah! Te ruego que pronuncies Tu Fiat sobre mí, y yo pronuncio el mío, a fin de que quede concebido en mí aquel Fiat que Tú tanto suspiras, que como vida reine en mí. 

Florecita: 

               Hoy para honrarme vendrás a dar el primer beso a Jesús y le dirás por nueve veces que quieres hacer Su Voluntad, y Yo repetiré el prodigio de hacer concebir a Jesús en tu alma. 

Jaculatoria: 

               Reina poderosa, pronuncia Tu Fiat y crea en mí la Voluntad de Dios.



jueves, 16 de mayo de 2024

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 16º

 

Yo Me adaptaba a la vida común,
nada hacía traslucir fuera de los
grandes mares de gracia que poseía


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a su Mamá Reina: 

               Mi Soberana Mamá, estoy de regreso para seguir Tus pasos. Tu amor me ata y como imán potente me tiene fija y toda atenta a escuchar las bellas lecciones de mi Mamá, pero esto no me basta, si me amas como hija enciérrame dentro del Reino de la Divina Voluntad, donde viviste y vives, y ciérrame la puerta de modo que, aunque lo quisiera, no pueda salirme más. Así Madre e hija haremos vida común y seremos felices las dos. 

Lección de la Reina del Cielo: 

               Hija Mía queridísima, si tú supieras cómo suspiro por tenerte encerrada en el Reino de la Divina Voluntad, cada lección que te doy son puertas que formo para impedirte la salida y son fortaleza para ponerle muros a tu voluntad, a fin de que comprenda y ame el estar bajo el dulce imperio del Fiat Supremo. Por eso sé atenta en escucharme, porque no son otra cosa que trabajo que hace tu Mamá para halagar y raptar tu voluntad y hacer vencer la Divina Voluntad sobre ti. 

               Ahora amada hija Mía escúchame, Yo partí del Templo con el mismo valor con el que entré y sólo por cumplir la Divina Voluntad, Yo fui a Nazaret y no encontré más a Mis queridos y santos padres. Iba acompañada sólo de San José, y Yo veía en él a Mi buen Ángel que Dios Me había dado para Mi custodia, si bien tenía legiones de Ángeles que Me acompañaban en el viaje. 

               Todas las cosas creadas Me hicieron reverencias de honor, y Yo agradeciéndoles di a cada cosa creada Mi beso y Mi saludo de Reina y así se llegó a Nazaret. Ahora, tú debes saber que San José y yo nos veíamos con reserva y sentíamos el corazón desbordante, porque el uno quería hacer conocer al otro que estábamos atados a Dios con el voto de virginidad perenne. Finalmente se rompió el silencio y ambos nos manifestamos el voto. 

               ¡Oh! cómo nos sentimos felices, y agradeciendo al Señor nos prometimos vivir juntos como hermano y hermana. Yo era atentísima en servirlo, nos mirábamos con veneración y la Aurora de la Paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si todos se miraran en Mí para imitarme!. Yo Me adaptaba a la vida común, nada hacía traslucir fuera de los grandes mares de gracia que poseía. 

               Ahora escucha hija Mía, en la casa de Nazaret Yo Me sentía más que nunca enfervorizada y rogaba que el Verbo Divino descendiera sobre la tierra. La Divina Voluntad que reinaba en Mí no hacía otra cosa que investir todos Mis actos de Luz, de Belleza, de Santidad, de Potencia, sentía que formaba el reino de la luz, pero la luz que siempre surge, el Reino de la Belleza, Santidad y Potencia que siempre crece, así que todas las cualidades divinas que el Fiat Divino extendía en Mí con Su reinar, me llevaban la fecundidad. 

              La luz que me invadía era tanta, que Mi misma humanidad quedaba de tal manera embellecida e investida por este Sol del Querer Divino, que no hacía otra cosa que producir flores celestiales; Yo sentía que el Cielo se abajaba hasta a Mí, y que la tierra de Mi humanidad subía, y Cielo y tierra se abrazaban, se pacificaban para darse el beso de paz y de amor, y la tierra se disponía a producir el germen para formar al Justo, al Santo, y el Cielo se abría para hacer descender al Verbo en este germen. 

               Yo no hacía otra cosa que subir y descender de Mi Patria Celestial y arrojarme en los brazos paternos de Mi Padre Celestial y le decía con el corazón: "Padre Santo, no puedo más, Me siento consumir, y mientras ardo siento una fuerza poderosa que quiere venceros, con las cadenas de Mi amor quiero ataros para desarmaros, a fin de que no tarden más, sobre las alas de Mi amor quiero transportar al Verbo Divino del Cielo a la tierra". Y rogaba y lloraba porque Me hubiera escuchado. Y la Divinidad vencida por Mis lágrimas y plegarias Me aseguró diciéndome: "Hija, ¿quién Te puede resistir?. Has vencido, la hora divina está cercana. Tú regresa a la tierra y continúa Tus actos en la Potencia de Mi Querer, y con éstos, todos quedarán sacudidos, y Cielo y tierra se darán el beso de paz". 

               Pero a pesar de esto Yo no sabía aún que debía ser la Madre del Verbo Eterno. Ahora hija querida, escúchame y comprende bien qué significa vivir de Voluntad Divina; Yo con vivir de Ella formé el Cielo y Su Reino Divino en Mi Alma, si no hubiera formado en Mí este Reino, jamás el Verbo hubiera podido descender del Cielo a la tierra, si descendió fue porque descendió en Su Reino que la Divina Voluntad había formado en Mí, encontró en Mí Su Cielo, Sus alegrías divinas, jamás el Verbo habría descendido dentro de un Reino extraño, ¡ah! no, no, quiso primero formarse Su Reino en Mí, y descender como vencedor a Su Reino, y no sólo esto, sino que con vivir siempre de Divina Voluntad, Yo adquirí por gracia lo que en Dios es naturaleza, la fecundidad divina para formar sin obra de hombre el germen para hacer germinar de Mí la Humanidad del Verbo Eterno. ¿Qué cosa no puede hacer la Divina Voluntad obrante en una criatura. Todo, y todos los bienes posibles e imaginables. Por eso lo que más Te debe importar es que todo sea en Ti Voluntad Divina, si quieres imitar a tu Mamá y hacerme contenta y feliz. 

El alma: 

               Mamá Santa, si Tú quieres, puedes, así como has tenido el poder de vencer a Dios hasta hacerlo descender del Cielo a la tierra, no Te faltará el poder de vencer mi voluntad, a fin de que no tenga más vida, yo en Ti espero y de Ti todo obtendré. 

Florecita: 

               Hoy para honrarme Me harás una visita en la casa de Nazaret y por homenaje Me darás todos tus actos, a fin de que los una a los Míos para convertirlos en Voluntad Divina. 

Jaculatoria: 

               Emperatriz Celestial, tráeme el beso de la Voluntad de Dios a mi alma.



miércoles, 15 de mayo de 2024

LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 15º

 

...el amor humano comparado con 
el divino se puede llamar sombras, 
pinceladas, átomos de amor...


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a su Mamá celestial: 

               Mamá Santa, hoy más que nunca siento la necesidad de estarme estrechada entre los brazos de mi Mamá, a fin de que aquel Divino Querer que reina en Ti, forme el dulce encanto a mi voluntad, para que la tenga encerrada y no se atreva a hacer cosas que no sean Voluntad de Dios. Tus lecciones de ayer me han hecho comprender la prisión en que pone a la pobre criatura la voluntad humana, y yo temo tanto que dé sus escapadas y tome su puesto de nuevo en mí, por eso me confío en mi Mamá, a fin de que me vigile tanto, que yo pueda estar segura de vivir siempre de Voluntad Divina. 

Lección de la Reina del Cielo: 

               Vamos hija Mía, ánimo y confianza en tu Mamá y propósito férreo de no dar jamás vida a tu voluntad. ¡Oh! cómo quisiera oír de tus labios: "Mamá mía, mi voluntad ha terminado, y todo el imperio lo tiene en Mí el Fiat Divino". Estas son las armas que la hacen estar muriendo continuamente, y vencen el corazón de tu Mamá para usar todas las artes amorosas de Madre, para que Su hija viva en el Reino de su Mamá. Para ti será dulce muerte, que te dará la verdadera vida, y para Mí será la más bella de las victorias que haré en el Reino de la Divina Voluntad, por eso confianza y ánimo en Mí, la desconfianza es de los viles y de aquellos que no están verdaderamente decididos a obtener la victoria, y por eso están siempre sin armas, y sin armas no se vence y se es siempre intermitente y vacilante en hacer el bien. 

               Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba Mi vida en el Templo y Mis escapadas para allá arriba, a Mi Patria Celestial; Yo tenía Mis derechos de hija de hacer Mis pequeñas visitas a Mi Familia Divina, que más que Padre me pertenecía, pero cual no fue Mi sorpresa cuando en una de estas visitas Mías Me hicieron conocer que era Voluntad de ellos que saliera del Templo, uniéndome con el vínculo de esponsalicio según el uso externo de aquellos tiempos, con un hombre santo llamado José, y retirarme junto con él a vivir en la casa de Nazaret. 

              Hija mía, en este momento de Mi vida, aparentemente parecía que Dios quería ponerme en prueba y en riesgo. Yo no había amado jamás a ninguno en el mundo, y como la Voluntad Divina tenía su extensión en todo Mi Ser, Mi voluntad humana no tuvo jamás un acto de vida, por eso en Mí faltaba el germen del amor humano, ¿cómo podía amar a un hombre, por cuan santo fuera, en el orden humano?. Es verdad que Yo amaba a todos, y era tanto el amor hacia todos, que Mi amor de Madre Me los había escrito con caracteres imborrables de fuego, uno por uno en Mi materno Corazón, pero esto era todo en el orden del Amor Divino, porque el amor humano comparado con el divino se puede llamar sombras, pinceladas, átomos de amor. 

               Sin embargo hija querida, lo que aparentemente parecía riesgo y como extraño a la Santidad de Mi vida, Dios se sirvió de ello admirablemente para cumplir Sus designios y concederme la gracia que Yo tanto suspiraba, esto es, que descendiera el Verbo a la tierra. Dios Me daba la salvaguarda, la defensa, la ayuda, a fin de que ninguno pudiera murmurar de Mí, sobre Mi honestidad, San José debía ser el cooperador, el tutor que debía tomar el interés de aquel poco de humano que se necesitaba, y la sombra de la Paternidad Celestial, en la cual debía ser formada nuestra pequeña familia celestial sobre la tierra. 

               Entonces, a pesar de mi sorpresa, rápidamente dije Fiat, sabiendo que la Divina Voluntad no me habría hecho mal, ni perjudicado Mi Santidad. ¡Oh! si hubiera querido poner un acto Mi voluntad humana, aun bajo el aspecto de no querer conocer hombre, habría mandado a la ruina los planes de la Venida del Verbo sobre la tierra. Así que no es la diversidad de los estados la que perjudica a la Santidad, sino la falta de la Divina Voluntad y el no cumplimiento de los propios deberes en el estado en el cual Dios llama a la criatura, todos los estados son santos, también el matrimonio, con tal que dentro esté la Divina Voluntad y el sacrificio exigido de los propios deberes, pero la mayor parte son indolentes y perezosos, y no sólo no se hacen santos, sino que forman del estado de cada uno, quién un Purgatorio y quién un Infierno. 

               Por eso en cuanto conocí que debía salir del Templo, Yo no hice movimiento alguno, esperando que Dios mismo moviera las circunstancias externas para hacerme cumplir Su adorable Voluntad, como de hecho sucedió. Los Superiores del Templo Me llamaron y Me dijeron que era su voluntad, y también la costumbre de aquellos tiempos, el que Yo debía prepararme al casamiento; Yo acepté. Milagrosamente la selección entre tantos, cayó sobre San José, y así se formó el esponsalicio y salí del templo. Por eso te ruego hija de Mi Corazón, que en todas las cosas, lo que más te importe sea sólo la Divina Voluntad, si quieres que los designios divinos se cumplan sobre ti. 

El alma: 

               Celestial Reina, Tu hija se confía a Ti, con mi confianza quiero herirte el Corazón, y esta herida diga siempre en Tu materno corazón: "¡Fiat! ¡Fiat! ¡Fiat!" Te pide siempre tu pequeña hija. 

Florecita: 

               Hoy para honrarme vendrás sobre Mis rodillas y recitarás 15 Gloria Patri para agradecer al Señor por todas las gracias que Me concedió hasta el quinceavo año de Mi vida, especialmente porque Me dio por compañía un hombre tan Santo, como era San José. 

Jaculatoria: 

               Reina poderosa, dame las armas para hacer guerra y vencer a la Voluntad de Dios.



martes, 14 de mayo de 2024

LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. MARTES 9º: LA FE

          



            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 9º: LA FE

            ¡Oh, defensor de la Iglesia y martillo de los herejes, San Antonio!. Fortificad en mí más y más la Fe, para que goce de sus beneficios incomparables en el tiempo y en la eternidad.     

A continuación rezamos un Padrenuestro
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.



LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DÍA 14º

 

...debes saber que sólo la 
voluntad humana cierra el Cielo


               Durante el Mes de María procuraré compartir a diario (si Dios quiere) unas meditaciones extraídas del libro "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad", de la mística italiana Luisa Piccarreta; advierto que cuando en el diálogo con la Madre de Dios encuentres que el interlocutor habla en femenino, no es porque este ejercicio esté destinado sólo a las mujeres, sino porque se refiere al alma, por lo que también un varón puede y debe practicarlo. 

               Estos escritos gozan de licencia eclesiástica, prueba de ello el “Nihil obstat”, que Monseñor Francesco M. Della Queva, Delegado del Arzobispo de Tarento (Apulia, Italia) concedió en la Fiesta de Cristo Rey de 1937. 

               Para obtener mejor provecho de esta lectura, procura recogerte en tu dormitorio o en un lugar discreto de la casa; sitúate ante una imagen de la Virgen que te inspire devoción, aunque se trate de una sencilla estampa; cierra los ojos y oídos corporales, eleva tu corazón al Cielo y busca en tu corazón la intimidad de hijo con Jesús Nuestro Señor y con la Celestial Madre. 

               Que la Santa Presencia de estos tus amores, Jesús y María, te acompañe a lo largo del día de hoy, y que Ellos sean siempre tu aliento y sostén en la lucha continua de la familia, del trabajo, de los problemas cotidianos...




Reza ahora, despacio y con devoción,
 tres Avemarías a Nuestra Santa Madre...


El alma a la Reina del Cielo: 

               Mamá Reina, heme aquí a Tu lado para seguir Tus pasos al entrar al Templo, y ¡oh! cómo quisiera que mi Mamá tomara mi pequeña alma y la encerrara en el Templo Vivo de la Voluntad de Dios, que me aislara de todos, excepto de mi Jesús y de Su dulce compañía. 

Lección de la Reina del Cielo: 

               Hija Mía queridísima, cómo es dulce tu susurro en Mi oído al oírte decir que quieres ser encerrada por Mí en el templo vivo de la Divina Voluntad, y que no quieres otra compañía sino la de tu Jesús y la Mía. ¡Ah! hija querida, tú haces surgir en Mi materno Corazón las alegrías de verdadera Madre, y si esto Me haces hacer, Yo estoy segura que Mi hija será feliz, Mis alegrías serán las suyas, y tener una hija feliz es la más grande felicidad y gloria de un corazón materno. 

              Ahora escúchame hija Mía, Yo llegué al Templo sólo para vivir de Voluntad Divina, Mis santos padres Me confiaron a los superiores del Templo, consagrándome al Señor, y mientras esto hicieron Yo estaba vestida de fiesta, cantaron himnos y profecías respecto al futuro Mesías, ¡oh! cómo se alegraba Mi Corazón, después, con valor di el adiós a Mis queridos y santos padres, besé su mano derecha, les agradecí por los cuidados que tuvieron de Mi infancia, y porque con tanto amor y sacrificio Me habían consagrado al Señor. Mi presencia pacífica, sin llorar y valerosa les infundió tal ánimo, que tuvieron la fuerza de dejarme y apartarse de Mí. 

               La Voluntad Divina imperaba sobre Mí, y extendía Su Reino en todos aquellos actos míos. ¡Oh! Potencia del Fiat, sólo Tú podías darme el heroísmo, que si bien tan pequeña, tuve la fuerza de separarme de quienes tanto Me amaban y que Yo veía que se sentían destrozar el corazón al separarse de Mí. 

               Ahora hija mía escúchame, Yo Me encerré en el Templo, y lo quiso el Señor para hacerme extender en Mis actos que debía hacer en Él, el Reino de la Divina Voluntad, para hacerme preparar el terreno con Mis actos humanos, y el Cielo de la Divina Voluntad que debía formarse sobre este terreno, a todas las almas consagradas al Señor. Yo era atentísima a todos los deberes que se acostumbraban hacer en aquel lugar santo, Yo era pacífica con todos, jamás di amarguras ni molestias a ninguno, Me sometía a los servicios más humildes, no le encontraba dificultad a nada, ni a barrer, ni a cocinar, cualquier sacrificio era para Mí un honor, un triunfo, ¿pero quieres saber por qué?. Yo no veía nada, todo para Mí era Voluntad de Dios, así que la campanita que me llamaba era el Fiat, Yo oía el sonido misterioso del Querer Divino que Me llamaba en el sonido de la campanita, y mi corazón se alegraba y corría para ir donde el Fiat Me llamaba. 

               Mi regla era la Divina Voluntad, a Mis superiores los veía como comandantes de un Querer tan Santo, por eso para Mí la campanita, la regla, los superiores, mis acciones, incluso las más humildes, eran alegrías y fiestas que Me preparaba el Fiat Divino, que extendiéndose también fuera de Mí Me llamaba a extender su Voluntad para formar Su Reino en los más pequeños de Mis actos, y Yo hacía como el mar, que esconde todo lo que posee y no deja ver otra cosa que agua, así hacía Yo, escondía todo en el mar inmenso del Fiat Divino, y no veía otra cosa que mar de Voluntad Divina, y por eso todas las cosas me llevaban alegrías y fiestas. 

               ¡Ah! hija Mía, en Mis actos corrías tú y todas las almas, Yo no sabía hacer nada sin Mi hija, era propiamente para Mis hijos que preparaba el Reino de la Divina Voluntad. ¡Oh! si todas las almas consagradas al Señor en los lugares santos hicieran desaparecer todo en la Divina Voluntad, cómo serían felices y convertirían las Comunidades en tantas familias celestiales y poblaría la tierra de muchas almas santas. Pero, ¡ay de Mí! debo decirlo con dolor de Madre, ¿cuántas amarguras, trastornos, discordias no hay?. Mientras la Santidad no está en el oficio que les toca, sino en el cumplir la Voluntad Divina en cualquier oficio asignado a ellas, porque es la pacificadora de las almas, fuerza y sostén en los sacrificios más duros. 

               Ahora préstame atención y escucha a tu Mamá que quiere dividir contigo Su fortuna. Yo continuaba Mi vida en el Templo, pero el Cielo no estaba cerrado para Mí, Yo podía ir cuantas veces quería, tenía el paso libre para subir y descender; en el Cielo tenía mi Familia Divina con la cual Yo ansiaba ardientemente y suspiraba el entretenerme con Ellos, la Divinidad misma Me esperaba con tanto amor para conversar Conmigo, para felicitarse y hacerme más feliz, más bella, más querida a los ojos de Ellos, por otra parte no Me habían creado para tenerme lejana, no, no, querían gozarme como hija, querían escucharme, cómo Mis palabras animadas por el Fiat tenían la potencia de poner paz entre Dios y las criaturas, amaban el ser vencidos por Su pequeña Hija y oírse repetir: "Descienda, descienda el Verbo sobre la tierra".

               Puedo decir que la misma Divinidad Me llamaba, y Yo corría, volaba en medio a Ellos, Mi presencia, porque no había hecho jamás voluntad humana, los correspondía del Amor y de la Gloria de la gran Obra de toda la Creación, y por eso Me confiaban el secreto de la historia del género humano, y Yo rogaba y volvía a rogar que se diera la paz entre Dios y el hombre. 

               Ahora hija mía, tú debes saber que sólo la voluntad humana cierra el Cielo, por eso no le era dado penetrar en aquellas regiones celestiales, ni de tener trato familiar con su Creador, por el contrario, la voluntad humana lo había arrojado lejos de Aquél que lo había creado. En cuanto el hombre se sustrajo de la Voluntad Divina se volvió miedoso, tímido, perdió el dominio de sí mismo y de toda la Creación, todos los elementos, porque dominados por el Fiat, permanecían superiores a él y le podían hacer mal. El hombre tenía miedo de todo, ¿y te parece poco hija Mía que aquél que había sido creado rey, dominador de todo, llegara a tener miedo de Aquél que lo había creado?. 

               Extraño hija Mía, y diría casi contra natura, el que un hijo tenga miedo de su padre, mientras que es natural que así como se genera, se genera al mismo tiempo amor y confianza entre padre hijo, y esto se puede llamar la primera herencia que toca al hijo, y el primer derecho que toca al padre. Así que Adán con hacer su voluntad perdió la herencia de su Padre, perdió su reino y se volvió el hazmerreír de todas las cosas creadas. 

               Hija Mía, escucha a tu Madre y pondera bien el gran mal de la voluntad humana, ella quita los ojos del alma y la hace volverse ciega, de modo que todo es tinieblas y miedo para la pobre criatura. Por eso pon la mano sobre tu corazón y jura a tu Mamá que quisieras morir antes que hacer tu voluntad. Yo, por no hacer jamás Mi voluntad no tenía ningún miedo con Mi Creador, ¿y cómo podía tener miedo si Me amaba tanto?. Y el Reino se extendía tanto en Mí, que con mis actos iba formando el pleno día para hacer surgir el nuevo Sol del Verbo Eterno sobre la tierra, y Yo conforme veía que se iba formando el día, así aumentaba Mis súplicas para obtener el suspirado día de la paz entre el Cielo y la tierra. Ahora, mañana te espero para narrarte otra sorpresa de Mi vida acá abajo. 

El alma: 

               ¡Oh! Mamá Santa, cómo son bellas Tus lecciones, cómo descienden dulces en Mi corazón. ¡Ah! Te ruego que extiendas en mí el mar del Fiat Divino y me lo amuralles alrededor, a fin de que Tu hija no vea y no conozca nada más que Voluntad Divina, de modo que navegando siempre en Ella, pueda conocer Sus secretos, Sus alegrías, Su felicidad. ¡Oh! cuántas veces también yo me sentía con temor, timidez, y como lejana de mi Creador, ¡ah! era mi voluntad humana que reinaba en mí, no la Divina, y por eso yo sentía sus tristes efectos. Si me amas como hija, toma mi corazón entre Tus manos y arroja de mí el miedo y la timidez que me impiden el vuelo hacia mi Creador, y en su lugar pon aquel Fiat que Tú tanto amas, y que quieres que reine en mi alma. 

Florecita: 

               Hoy para honrarme Me harás doce actos de amor, para honrar los doce años que viví en el Templo, rogándome que te admita en la unión de Mis actos, y pondrás en Mis manos todo lo que sientas de molestia, de temor, de desconfianza, a fin de que te los convierta en Voluntad de Dios. 

Jaculatoria: 

               Reina Mamá, enciérrame en el Sagrado Templo de la Voluntad de Dios.



lunes, 13 de mayo de 2024

REZAD EL ROSARIO TODOS LOS DÍAS, la primera Aparición de Nuestra Señora en Fátima

 


                  Mientras que Europa y medio mundo vivían sumergidos en medio de la Gran Guerra, Nuestra Señora quiso manifestarse a tres niños, naturales de una aldehuela portuguesa llamada Aljustrel, en la región de Fátima; eran dos hermanos,  Jacinta (7 años) y Francisco Marto (8 años), y su prima Lucía Dos Santos (10 años). De familias sumamente humildes pero muy cristianas, los niños eran analfabetos y pese a su corta edad y a fin de paliar las necesidades de la maltrecha economía familiar, ejercían como pastores.

                  Aunque los tres fueron propiamente videntes -ya que vislumbraron a Nuestra Señora como gracia espiritual- tan sólo Lucía conversaba con Ella; la pequeña Jacinta la veía y la podía escuchar pero no era capaz de hablarle, al tiempo que su hermano Francisco, tenía que conformarse con la contemplación de la bella Señora, pero no la escuchaba, ni podía tampoco hablar con Ella, por lo que Lucía destacaría como la principal interlocutora y testigo fiel de aquellas celestiales revelaciones.


DEL RELATO DE LAS APARICIONES
según las "Memorias" de Sor Lucía Dos Santos


PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL (en la Primavera de 1916)

               Por este tiempo, Francisco y Jacinta pidieron y obtuvieron permiso de sus padres para comenzar a guardar sus rebaños. Entonces acordamos pastorear nuestros rebaños en las propiedades de mis tíos y de mis padres, para no juntarnos en la sierra con los otros pastores.

               Un bello día fuimos con nuestras ovejas a una propiedad de mis padres, situada al fondo de dicho monte, mirando al saliente. Esa propiedad se llama «Chousa Velha». Alrededor de media mañana comenzó a caer una lluvia fina, algo más que orvallo. Subimos la falda del monte seguidas por nuestras ovejas, buscando un resguardo que nos sirviese de abrigo.

               Allí pasamos el día, a pesar de que la lluvia había cesado y el sol había aparecido, hermoso y claro. Comimos nuestra merienda, rezamos nuestro Rosario, y no recuerdo si no fue uno de aquellos Rosarios que solíamos rezar, cuando teníamos ganas de jugar, pasando las cuentas y diciendo solamente las palabras: "Padre nuestro y Ave María". Terminado nuestro rezo, comenzamos a jugar a las chinas. Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el día estaba sereno. Vemos, entonces, que, desde el olivar  se dirige hacia nosotros un joven de unos 14 ó 15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía transparente, como si fuera de cristal, y de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros, dijo: 

               – ¡No temáis!. Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo.

               Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras: 

               – ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman

              Después, levantándose, dijo: 

              – Rezad así. Los Corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas

              Sus palabras se grabaron de tal forma en nuestras mentes, que jamás se nos olvidaron. Y, desde entonces, pasábamos largos ratos así, postrados, repitiéndolas muchas veces, hasta caer cansados. Nadie pensó hablar de esta Aparición, ni recomendar secreto a los demás; el silencio se imponía por sí mismo. Era una gracia tan íntima, que no era fácil decir de ella la menor palabra.


SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL (en el Verano de 1916)

              Pasado bastante tiempo, en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta. De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo: 

               – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Sangrados Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de Misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios

               – ¿Cómo nos hemos de sacrificar? – le pregunté. 

               – En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que El es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe



TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL (entre Septiembre u Octubre de 1916)

              Pasó bastante tiempo y fuimos a pastorear nuestros rebaños a una propiedad de mis padres, que queda en la falda del mencionado monte, un poco más arriba que los Valinhos. Es un olivar al que llamábamos «Pregueira». Después de haber merendado, acordamos ir a rezar a la gruta que queda al otro lado del monte; para lo cual, dimos una vuelta por la cuesta y tuvimos que subir un roquedal que queda en lo alto de la «Pregueira». Las ovejas consiguieron pasar con muchas dificultades. 

               Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. El Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces: 

               Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación por las iniquidades, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

              Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: 

               – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios

              Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: "Santísima Trinidad... etc.", y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa.


LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA, DOMINGO 13 DE MAYO DE 1917

               Estando jugando con Jacinta y Francisco encima de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos, de repente, como un relámpago. 

             – Es mejor irnos ahora para casa –dije a mis primos–, hay relámpagos; puede venir tormenta. – Pues sí. Y comenzamos a descender la ladera, llevando las ovejas en dirección del camino. 

              Al llegar poco más o menos a la mitad de la ladera, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: 

              – No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.

              – ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.

              – Soy del Cielo.

              – ¿Y qué es lo que Vd. quiere?

              – Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí aún una séptima vez (1).

               – Y yo, ¿también voy al Cielo?

               – Sí, vas.

               – Y, ¿Jacinta?

               – También.

               – Y ¿Francisco?

               – También; pero tiene que rezar muchos Rosarios.

               Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor.

                – ¿María de las Nieves ya está en el Cielo?

                – Sí, está. (Me parece que debía de tener unos dieciséis años).

                – Y, ¿Amelia?

                – Estará en el Purgatorio hasta el Fin del Mundo. (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años).

               –¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

               – Sí, queremos.

               – Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la Gracia de Dios será vuestra fortaleza.



               Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: 

               – Oh Santísima Trinidad, yo os adoro. Dios mío, yo Te amo en el Santísimo Sacramento. 

               Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: 

             – Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra

               Enseguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez dijimos que habíamos visto abrirse el Cielo...


NOTAS ACLARATORIAS

              1- Esta "séptima vez" tuvo lugar la mañana del día 16 de Junio de 1921, cuando Lucía se despedía de la Cova de Iría. Se trataba de una Aparición particular y personal.


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