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jueves, 25 de agosto de 2022

ALIMENTARLO CON MI AMOR

   


               ¿Hay abandono de Sagrario? Para responder con rigor lógico, distingo dos clases de abandono de Sagrario: uno que pudiera llamarse exterior y otro interior o espiritual. Llamo abandono exterior a la ausencia habitual y voluntaria del Sagrario por parte de los católicos que lo conocen y pueden ir a visitarlo […] El abandono interior es ir al Sagrario con el cuerpo y no con el alma. Ir a él y no estar en él...

               ¡Oh, Dios mío! ¡Los Sagrarios abandonados! ¡Sagrarios de llaves enmohecidas de no servir; de vecinos que no conocen ni las palabras Eucaristía, Comunión, Santísimo Sacramento! Los Sagrarios sin niños que cariñosamente alboroten. Sin doncellas que perfumen con su pureza y su recato. Sin viejecitas que se consuelen. Sin lágrimas de arrepentidos. Sin suspiros de amadores. Sin rodillas de agradecidos. Sin... ¡Dios mío, Dios mío, sin nada que te halague, que te confiese, que te haga sentir! ¡Sin nada!. 

               Si fuéramos consecuentes con nuestra fe en la Presencia Real de Jesucristo en nuestros Sagrarios, ¡cómo deberíamos pensar, querer, sentir y proceder de manera distinta a la forma en que pensamos, queremos, sentimos y procedemos!.

               Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario, y yo sé que andando por ese camino encontraré hambrientos de muchas clases y los saciaré de pan...

               ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma! ¡Ay! ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse!. 

               El Evangelio no es sólo la historia de las mayores finezas y generosidades divinas, sino la de los mayores abandonos humanos […] ¡Eucaristía! ¡Evangelio siempre nuevo y siempre vivo! ¡Historia viviente de finezas y generosidades divinas, pero sin fin! ¡Hombres! ¡hombres!, ¿será también la Eucaristía la historia de vuestros grandes abandonos?.... 

               ¿Verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca?. 

               De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario, entreví para mi Sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado […] Ser Cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi Sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que Su Vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. 


Obispo Manuel González



jueves, 28 de enero de 2021

EL CORAZÓN DE JESÚS EN EL SAGRARIO


                “Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el Huerto de Getsemaní… Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a Mi Padre, te levantarás entre once y doce de la noche; y prosternada, pegando el rostro con la tierra, procurarás no sólo aplacar la Ira Divina pidiendo gracia para los pecadores, sino también endulzar de alguna manera, la amargura que sentí por el abandono de Mis Apóstoles, a quienes reprendí por no haber podido velar una hora Conmigo”. 


(Revelación del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque)


               Resulta, pues, de estas palabras que la Hora Santa es una de las prácticas más queridas del Sagrado Corazón de Jesús. Tiene por objeto consolarle por la ingratitud de los hombres; reparar las ofensas de los pecadores, obtener gracias particulares para los agonizantes, consuelo para las personas afligidas y en fin, excitarnos a una viva contrición.

             Se puede hacer la Hora Santa delante del Santísimo Sacramento, o transportándose en espíritu al pie de un Tabernáculo, porque no se debe consolar sólo la agonía dolorosa de Getsemaní, sino también la agonía incesante, si podemos decirlo así, del Dios de la Encarnación; pues el mismo que sufrió la primera, soporta la segunda, abandonado en los Sagrarios-Calvarios.

             No hay prescripta para emplear devotamente en la Hora Santa, ninguna meditación particular; pero las palabras de Nuestro Señor, indican que conviene meditar su dolorosa agonía, sus profundas humillaciones y su amor, pagado con tantas ingratitudes; así como deplorar el perdón de nuestros pecados, y los ultrajes hechos a la Majestad divina en el discurso de los siglos.

             El Ejercicio de la Hora Santa se hace el Jueves antes de medianoche, en la Iglesia o en cualquier otro lugar. Para pasar devotamente la Hora Santa se desprende de las palabras de Nuestro Señor, que conviene meditar Su Dolorosa Agonía, Sus profundas humillaciones, Su Amor pagado con tanta ingratitud y deplorar nuestros pecados y todos los ultrajes hechos a la Majestad Divina en el curso de los siglos.





               Estar en el Sagrario significa venir del Cielo todo un Dios, hacer el milagro más estupendo de sabiduría, poder y amor para poder llegar hasta la ruindad del hombre, quedarse quieto, callado y hasta gustoso, lo traten bien o lo traten mal, lo pongan en casa rica o miserable, lo busquen o lo desprecien, lo alaben o lo maldigan, lo adoren como a Dios o lo desechen como mueble viejo... y repetir eso mañana, y pasado mañana, y el mes que viene, y un año, y un siglo, y hasta el fin de los siglos... y repetirlo en este Sagrario y en el templo vecino y en el de todos los pueblos... y repetir eso entre almas buenas, finas y agradecidas, y entre almas tibias, olvidadizas, inconstantes y almas frías, duras pérfidas, sacrílegas...

               Eso es estar el Corazón de Jesús en el Sagrario, poner en actividad infinita un Amor, una paciencia, una condescendencia tan grandes por lo menos como el poder que se necesita para amarrar a todo un Dios al carro de tantas humillaciones. 

               ¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra que dice a mi Fe más que todas las maravillas de la tierra y todos los milagros del Evangelio, que da a mi esperanza la posesión anticipada de todas las promesas y que pone estremecimientos de placer divino en el amor de mi alma!.

               Sabedlo, demonios que queréis perderme, que tratáis de sonsacarme, enfermedades que ponéis tristeza en mi vida, contrariedades, desengaños, que arrancáis lágrimas a mis ojos y gotas de sangre a mi corazón, pecados que me atormentáis con vuestros remordimientos, cosas malas que me asediáis, sabedlo, que el Fuerte, el Grande, el Magnífico, el Suave, el Vencedor, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí en el Sagrario mío!

              Padre Eterno, ¡bendita se la hora en que los labios de Vuestro Hijo Unigénito se abrieron en la tierra para dejar salir estas palabras: "Sabed que Yo estoy todos los días con vosotros hasta la consumación de los siglos!"

             Padre, Hijo y Espíritu Santo, benditos seáis por cada uno de los segundos que está con nosotros el Corazón de Jesús en cada uno de los Sagrarios de la tierra.

Obispo Manuel González


Toca aquí para conocer al completo

LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO




jueves, 12 de noviembre de 2020

POR SU CORAZÓN VIVE EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO


               El alma devota del Sagrado Corazón de Jesús se ejercitará muy especialmente en actos de amor divino, puesto que este Corazón es ante todo el asiento y el símbolo de ese amor; y como el Santísimo Sacramento es la prenda sensible y permanente del Amor, en la Eucaristía el alma encontrará al Corazón de Jesús, y de este Corazón Eucarístico aprenderá a amar.




              Nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la Divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del amor y de las gracias del Sagrado Corazón para con los hombres. ¿Por qué separar al Corazón de Jesús de su Cuerpo y de su Divinidad? ¿No es cierto que por Su Corazón vive en el Santísimo Sacramento y que por Él se halla Su Cuerpo vivificado y animado? Jesús Resucitado no muere ya. ¿Por qué separar ya Su Corazón de Su Persona y querer hacerle morir, por decirlo así, en nuestro espíritu? Este Corazón vive y palpita en la Eucaristía, no ya con la Vida del Salvador pasible y mortal, capaz de tristeza, de agonía, de dolor, sino con una vida resucitada y consumada en la Bienaventuranza.

               Sepamos honrar al Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía y hagamos de manera que siempre anden unidas estas dos cosas en nuestras devociones, sin admitir nunca separación entre el Sacratísimo Corazón de Jesús y la Santísima Eucaristía.


Beato Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas


               El Cuerpo y la Sangre de Cristo son necesarios para la salvación eterna. Privados de la Sagrada Comunión es conveniente hacer a menudo Comuniones Espirituales y así aumentar en nuestra alma el deseo de recibir a Jesús Sacramentado; aprovecha y procura hacer Comuniones Espirituales POR TODAS AQUELLAS ALMAS que no comulgan o lo hacen mal...






jueves, 7 de mayo de 2020

JESÚS A LOS SACERDOTES: Tú, el que todas las mañanas puedes tomar entre tus dedos la Hostia Consagrada


               Déjame que ante todo te pregunte como en otro tiempo a Mis apóstoles: ¿tú quién dices que Soy Yo? Y después de esa pregunta Mía y de la respuesta tuya, igual seguramente a la de Pedro, insto: ¿Y te has puesto a pensar en lo que ese Padre es para Su Hijo y ese Hijo es para Su Padre? ¡Lo que Mi Padre me quiere! 





              Junta en una caricia todos los cariños buenos de la tierra de padres a hijos, de hijos a padres, de hermanos a hermanos, de amigos a amigos, reúne en un beso la explosión de todos los besos que han brotado de labios de madres desde el primer día que las hubo, pon en una llama todo el fuego que ha salido de corazones amantes desde el primer momento en que se amaron los hombres, y ni aquella caricia, ni aquel beso, ni esta llama llegarán a ser una sombra del Amor con que Mi Padre me ama. 

              Hablando tu lenguaje humano tan escaso de vocablos que expresen con propiedad lo grande y lo bello, y mucho menos lo Infinito, te diré que, si en Dios cupieran desatinos y locuras, Mi Padre Celestial me quiere hasta la locura y el desatino y tanto que Su única ocupación de Señor Eterno, infinitamente Sabio, Bueno, Poderoso, es esto: recrearse y complacerse en Su Hijo. 

              Y si sigues no escandalizándote de este lenguaje humano aplicado a hablar de cosas tan subidas e inefables, te diré que la Creación entera con sus Ángeles, sus hombres y sus insectos, con sus soles y sus arenas, con sus aires y sus aguas y sus tierras y sus fuegos, y la Redención con sus anonadamientos de Belén, Cenáculo y Calvario, con sus glorias de Tabor y Resurrección, con sus donaciones inefables de Eucaristía, de Virgen Madre y de Iglesia, no son otra cosa que explosiones de Amor del Padre Celestial para Su Hijo. 

               Sí, todo lo del Cielo, lo de la Tierra y lo de los abismos lo puso Mi Padre en Mis manos y lo hizo para Mí y lo sometió a Mi Juicio. (…) ¿No nada en placer tu alma al saber que el mundo con sus distintos reinos y jerarquías, no es otra cosa que un poema cantado y hecho cantar en honor de Su Hijo por el Amor de un Padre infinitamente Bueno, Sabio, Poderoso? ¿No desaparecen de ante tus ojos medrosos todos los miedos y horrores y tenebrosidades de la vida al enterarte de que toda ella no es en definitiva sino el festín de bodas aparejado por el gran Rey a Su Hijo y que toda tu misión en ella es sentarte a gozar del festín, comer de lo que te presenten y cantar?... ¿Comprendes ahora la palabra que tantas veces repetí en Mi Evangelio: TODO, ¿te enteras bien? TODO lo que pidan al Padre en Mi Nombre se lo dará para glorificar a Su Hijo, o bien: Yo se lo daré para que el Padre sea glorificado en el Hijo? 

               Sacerdote, después de meditar lo que el Hijo vale delante de Su Padre, ¿volverás a dejar que entre en tu corazón el miedo o el engreimiento? ¿Tú, el dueño de la llave del Sagrario en que se quedó a vivir el Hijo? ¿Tú, el que todas las mañanas puedes tomar entre tus dedos la Hostia Consagrada que es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo de Dios? Siendo tuyo el Hijo de Dios, ¿te podrá negar algo el Padre Celestial? Y si lo cuidas bien en tu Sagrario, buscándole mucha y buena compañía de almas, y en las almas preparándolas para que Él se sienta a gusto en ellas, ¿has pensado en la gratitud que te guardará Su Padre?




Obispo Manuel González
en su libro "Aunque todos yo no"




jueves, 16 de abril de 2020

EL ABANDONO DEL SAGRARIO: El escándalo que más ruinas trae a las almas...





               "Mira, Sacerdote Mío, despreocúpate tú de la sugestión del número y preocúpate más de la calidad. Más que llenarme de gente Mis iglesias, preocúpate en llenármela de buen olor de Comuniones fervorosas, de adoraciones rendidas, de suspiros de Amor, de aspiraciones de Esperanza, de inspiraciones de Fe, de oraciones bien rezadas, de lágrimas de pecadores, de propósitos eficaces de enmienda, de vida intensamente eucarística.

              Déjame a Mí multiplicar la gente cuando tú con Mi gracia, multipliques la alegría que en Mí y en ti ha de producir el olor de esas cosas buenas.

              Llena Mi templo de olor de cosas buenas y Yo te prometo que ese olor se extenderá por las calles y las casas de tu feligresía, y verás cómo la iglesia tuya será pequeña, y tendrás que levantar más iglesias para los que han de venir…

               Pero sabe que no puede haber cosas buenas con mi Sagrario cerrado. Mira que hombres y obras que no pasen por el Sagrario abierto, no pueden oler bien y al fin y a la postre olerán a muerto.

              Mira que si te duelen las injusticias que padecen los pobres, las penas de los enfermos, los escándalos de los niños…, te debe doler sobre todo dolor el Abandono que padezco en el Sagrario, que es la injusticia de más urgente y transcendental reparación y la pena que más enardece y el escándalo que más ruinas trae a las almas…"



Obispo Manuel González 
en su libro, "Aunque todos yo no"




jueves, 19 de diciembre de 2019

LA DIVINA EUCARISTÍA: EL CAMINO QUE VA AL SAGRARIO




               “!Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma! ¡Ay! ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse!”.

               Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo a cabo. Pero sobre todo encontré... Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades, mi Fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba... Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más […] Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido... Una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio: lo triste del «no había para ellos posada en Belén». Lo triste de aquellas palabras del Maestro: «Y vosotros ¿también queréis dejarme?» ¿Verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca?”.


               “¡Oh, Dios mío! ¡Los Sagrarios abandonados! ¡Sagrarios de llaves enmohecidas de no servir; de vecinos que no conocen ni las palabras Eucaristía, Comunión, Santísimo Sacramento! Los Sagrarios sin niños que cariñosamente alboroten. Sin doncellas que perfumen con su pureza y su recato. Sin viejecitas que se consuelen. Sin lágrimas de arrepentidos. Sin suspiros de amadores. Sin rodillas de agradecidos. Sin... ¡Dios mío, Dios mío, sin nada que te halague, que te confiese, que te haga sentir! ¡Sin nada!”. 

               “Si fuéramos consecuentes con nuestra Fe en la Presencia Real de Jesucristo en nuestros Sagrarios, ¡cómo deberíamos pensar, querer, sentir y proceder de manera distinta a la forma en que pensamos, queremos, sentimos y procedemos!”.

               “Ya lo sabéis, se nos piden obras, obras de reparación eucarística, de atracción al Sagrario, de, y permitidme la palabra, eucaristización del mundo [...] Eucaristizar: La acción de volver a un pueblo loco de amor por el Corazón Eucarístico de Jesús”. 




               “Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario, y yo sé que andando por ese camino encontraré hambrientos de muchas clases y los saciaré de pan; descubriré niños pobres y pobres niños, y me sobrará el dinero y los auxilios para levantarles escuelas y refugios para remediarles sus pobrezas; tropezaré con tristes sin consuelo, con ciegos, con sordos, con tullidos y hasta con muertos del alma o del cuerpo, y haré descender sobre ellos la alegría de la vida y de la salud. Yo no quiero, yo no ansío otra ocupación para mi vida de obispo que la de abrirle muchos atajos a ese camino del Sagrario. Atajos entre ese camino y los talleres, y las fábricas de los obreros, y las escuelas de los niños, y las oficinas de los hombres de negocios, y los museos y centros de los doctores, y los palacios de los ricos, los tugurios de los pobres…"


Obispo Manuel González 
Aunque todos...


jueves, 2 de mayo de 2019

HORA SANTA DEL MES DE MAYO... "Vosotros podéis beber Mis lágrimas..."


"Mi Alma está triste hasta el punto de morir; 
quedaos aquí y velad conmigo" 

Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 38 



              La devoción de la HORA SANTA tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en el Huerto de Getsemaní, la víspera de Su muerte en la noche del Jueves al Viernes Santo.

              Su institución se debe a Nuestro Señor mismo, que la pidió a Su fiel Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Orden de la Visitación, en estos términos: 


                    “Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el Huerto de Getsemaní… Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a Mi Padre, te levantarás entre once y doce de la noche; y prosternada, pegando el rostro con la tierra, procurarás no sólo aplacar la Ira Divina pidiendo gracia para los pecadores, sino también endulzar de alguna manera, la amargura que sentí por el abandono de Mis Apóstoles, a quienes reprendí por no haber podido velar una hora conmigo”.


                El compromiso formal es de una hora de Adoración Nocturna al mes; pero muy numerosos son los que la hacen dos veces y aun cada semana. Esto por la santificación del Hogar y la conversión de pecadores.

                La idea dominante que inspira todo el hermoso ejercicio de la Hora Santa y de la Adoración Nocturna es éste: Jesús Agonizante en Getsemaní está triste hasta la muerte y pide a los tres Apóstoles preferidos que velen con Él una hora, que le consuelen. Y como los apóstoles soñolientos, así a Margarita María, Jesús le dice en tono de súplica: ¡levántate, ven y consuélame!.

                Consolar al Corazón dolorido de Jesús, poner en la Llaga de su Costado, bálsamo de
amor y ternura, y esto con mortificación, con generosidad en el sacrificio, ¡tal es el sublime ideal de nuestra vela nocturna! 

                La Hora Santa es, pues, una hora de deliciosa intimidad entre el Adorable Agonizante de Getsemaní y nosotros, sus confidentes y amigos. 



MEDITACIONES del Padre Mateo Crawley
 para LA HORA SANTA

(Busquemos la intimidad con Jesús en Getsemaní; apaguemos la televisión,
 el teléfono móvil...alejemos de nuestra mente preocupaciones mundanas 
pues no hay nada más reconfortante que descansar en el Corazón de Jesús)


                Adorámoste, Jesús Sacramentado, y bendecímoste, que por la gracia de Tu Corazón Divino estás redimiendo el mundo... Sálvanos en Él, como lo prometiste a tu sierva Margarita María... sálvanos, te lo rogamos, por el amor de Tu Madre Inmaculada...

(De rodillas, y con gran recogimiento interior, pedidle luz para conocer su Divino Corazón y gracia para amarle y darle gloria)

                Confidencia de Jesús. No me habéis elegido vosotros a Mí... Yo os he predestinado a vosotros y os he seleccionado entre millares para que participéis aquí, en Hora Santa y sublime de intimidad conmigo, de las confidencias, de las ternuras y de las gracias que os tengo reservadas en Mi lastimado Corazón...

                Acercaos, tendedme los brazos, arrancadme las espinas, brindadme consuelo..., pues desfallezco de amor y de amargura..., acercaos. ¡Oh he amado tanto..., tanto!...

                Si os encontráis aquí en la cena deliciosa de Mi Caridad, vecinos al Señor de los Ángeles, sintiendo los ardores de Mi Corazón... es porque os preferí gratuitamente. Vosotros sí que sois los Míos..., habéis sido los siervos y sois, ahora, los hijos...

                Venid, pues, y comed conmigo, a la sombra de Getsemaní, el pan de mMs dolores... Necesito desahogar Mi Alma con vosotros, pues en Ella hay tristezas que los Ángeles no conocen, y lágrimas que no corren en el Cielo... Siento ansias de hablaros en confidencia dolorosa, la más íntima... Que si no podéis penetrar todo el abismo de Mis congojas, no importa; lleváis, como Yo, una fibra que solloza, y que, herida por la tempestad, gime con angustia...

                Los Espíritus Angélicos vienen a sostenerme en este Huerto de la Agonía...; pero vosotros estáis mucho más cerca que ellos del mar de Mis quebrantos...; vosotros podéis beber Mis lágrimas..., podéis endulzarlas, sufriendo Mi Pasión y Mis dolores... 

                Desentendeos, pues, del mundo, dejad su mentira y el recuerdo de sus devaneos, y aquí, a Mis plantas, condoleos con el Dios encarcelado, que quiere participaros Amor doliente, Amor crucificado..., aquel Amor que, entre estremecimientos de agonía, dio la paz y dio la vida al mundo.


(Para leer el texto completo sólo tiene que tocar AQUÍ)




jueves, 11 de abril de 2019

LA HORA SANTA: velar con Jesús en Getsemaní


               La devoción de la HORA SANTA tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en el Huerto de Getsemaní, la víspera de Su muerte en la noche del Jueves al Viernes Santo.

              Consiste en pasar una hora entera en oración, de las once a las doce de la noche de ese día todas las semanas. Su institución se debe a Nuestro Señor mismo, que la pidió a Su fiel Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Orden de la Visitación, en estos términos: 

                    “Todas las noches del Jueves al Viernes, te haré participante de aquella mortal tristeza que quise sentir en el Huerto de Getsemaní... Y para acompañarme en la humilde oración que presenté entonces a Mi Padre, te levantarás entre once y doce de la noche; y prosternada, pegando el rostro con la tierra, procurarás no sólo aplacar la Ira Divina pidiendo gracia para los pecadores, sino también endulzar de alguna manera, la amargura que sentí por el abandono de Mis Apóstoles, a quienes reprendí por no haber podido velar una hora conmigo”.




              Resulta, pues, de estas palabras que la Hora Santa es una de las prácticas más queridas del Sagrado Corazón de Jesús. Tiene por objeto consolarle de la ingratitud de los hombres; reparar las ofensas de los pecadores, obtener gracias particulares para los agonizantes, para las personas afligidas y en fin, excitarnos a una viva contrición.

             Se puede hacer la Hora Santa delante del Santísimo Sacramento, o transportándose en espíritu al pie de un Tabernáculo, porque no se debe consolar sólo la agonía dolorosa de Getsemaní, sino también la agonía incesante, si podemos decirlo así, del Dios de la Encarnación; pues el mismo que sufrió la primera, soporta la segunda, abandonado en los Sagrarios-Calvarios.

             No hay prescripta para emplear devotamente en la Hora Santa, ninguna meditación particular; pero las palabras de Nuestro Señor, indican que conviene meditar su dolorosa agonía, sus profundas humillaciones y su amor, pagado con tantas ingratitudes; así como deplorar el perdón de nuestros pecados, y los ultrajes hechos a la Majestad divina en el discurso de los siglos.

             El Ejercicio de la Hora Santa se hace el Jueves antes de medianoche, en la Iglesia o en cualquier otro lugar. Para pasar devotamente la Hora Santa se desprende de las palabras de Nuestro Señor, que conviene meditar Su Dolorosa Agonía, Sus profundas humillaciones, Su Amor pagado con tanta ingratitud y deplorar nuestros pecados y todos los ultrajes hechos a la Majestad Divina en el curso de los siglos.

             Recomendamos las Meditaciones para este fin compuestas por el Padre Mateo Crawley-Boevey, de la Congregación de los Sagrados Corazones y que poco a poco iremos compartiendo (si Dios quiere) los próximos Jueves...



jueves, 21 de febrero de 2019

LA DIVINA EUCARISTÍA: Jesús, el Amor infinito



               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...


               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.





               Jesús instituyó la Eucaristía para darse a las almas, para dar la vida sobrenatural, la santidad y la sabiduría de la santidad a las almas. Y se da y se comunica o infunde esas sus riquezas según las encuentra dispuestas o preparadas. 


               La humildad es el fundamento y la medida del amor del alma y de su limpieza y hermosura. La humildad le atrae. La Virgen nos lo enseñó cuando dijo en Su cántico de alabanza a Dios: "Alaba mi alma a Dios, llena de gozo, pues ha hecho en mi maravillas, porque miró la humildad de su sierva." La humildad es el fundamento y la medida del amor, de la limpieza y de las ansias del alma por hacer la Voluntad de Jesús y estar unida en Amor hacia Él. Jesús es el Amor infinito, y llena de Su Amor y de las virtudes al alma humilde, y establece en ella Su morada de Amor. La humildad atrae al Rey del Cielo, que viene para santificar el alma, para vivir en el alma y hacerla un Cielo por las virtudes. Un Cielo donde Él mora y está siempre acrecentando la hermosura del alma y su amor. 

               Jesús en la Encarnación fue el modelo y el endiosamiento de la humildad. Siendo Dios, tomó la naturaleza para redimirnos. Y fue y es el gran modelo de la humildad en la Divina Eucaristía, convirtiendo la sustancia del pan y del vino en Su propio Cuerpo y Sangre con Su Divinidad, para ser la vida sobrenatural del hombre y divinizarle, y bajo las especies sacramentales mora después de la Consagración, y se da al hombre en Amor para levantar al alma a que tenga vida divina. Misterio incomprensible a la razón humana mientras vive en la tierra y que admirará y alabará eternamente en el Cielo.

               Este Jesucristo de la Sagrada y Divina Eucaristía es el mismo, exactamente el mismo que el que está en el Cielo. En el Cielo me llenará de felicidad en Su misma felicidad, como llena de felicidad a los Ángeles y a los Bienaventurados. Pues Tú eres, Jesucristo, el Rey de la Gloria, teniendo como Dios la misma Gloria que el Padre y el Espíritu Santo, un sólo Dios y una única naturaleza divina e infinita en todas las perfecciones con ellos.

               Aquí en la Divina Eucaristía, busco y quiero acompañarle y le pido me llene de Su Amor entregándole yo el mío todo y con ello vivir en la esperanza y en la confianza que da el Amor mutuo, esa misma felicidad del Cielo, pues Dios es la felicidad y el verdadero Cielo.

               Aquí, en la Divina Eucaristía, vives, oh Jesús, conmigo y te haces mío, y me unes íntimamente a Ti, y me haces tuyo en Tu mismo Amor, y en compañía de la Virgen Tu Madre y mía., y te ame con Ella y con San José, en compañía de los Ángeles y Bienaventurados del Cielo.


Padre Valentín de San José, "La Divina Eucaristía, Su Comunión y prodigios"





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jueves, 10 de enero de 2019

LA DIVINA EUCARISTÍA: Jesús, íntimo compañero


               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.




                "Dios nos ha creado para el Cielo. Para verle a Él, que es el Cielo verdadero. Y en Dios veremos todas las cosas. Y en Dios conoceremos toda la creación. El más santo que amó más a Dios en la tierra, le verá y conocerá mejor en el Cielo eternamente. 

                No podemos dejar de desear el Cielo consciente o inconscientemente, porque no podemos dejar de tender a nuestro fin último, al fin para el cual Dios nos creó, ni podemos dejar de desear el bien, ser felices y vivir la felicidad perfecta. Y Dios nos creó para el mismo Dios que, repito, es la felicidad y el Cielo verdadero, porque el Cielo y la felicidad es el cúmulo de todos los bienes. Todos deseamos y buscamos la felicidad, y la felicidad infinita es Dios y sólo Dios puede dar la felicidad.

                La Eucaristía, por lo mismo que es la Persona de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, real, presente, infinito en Sí y glorioso en Sí, es la soberana Majestad y la Omnipotencia y se ha de recibir con todo el honor y toda la veneración. La preparación para recibirla con el alma limpia -y debiera ser con una vida muy santa-, ha de hacerse con mucha atención, recogimiento y grande amor. Toda preparación no es bastante para la reverencia que se merece. Se va a recibir al Santo de los Santos, a Dios infinito, Omnipotente y de soberana Majestad, de augusto señorío e imponente grandeza.

               (...) la mejor preparación es el silencio en íntimo recogimiento y atención a Jesús-Dios, que tenemos dentro del pecho, escuchar a Jesús y mirarle con amor callado, agradecido y suplicante.

                Deseamos hablar y ver a Jesús. Que le miremos, le hablemos y le pidamos. En esos momentos está dentro del pecho, más aún: dentro, íntimo en el alma.

                El alma santa acompaña a Jesús. Le mira en el Sagrario y pide a Jesús haga de su pecho un sagrario vivo y perenne. Con algunas almas lo ha hecho permaneciendo las especies sacramentales continuamente en el pecho. Le llevaban dentro en amor y le miraban. Jesús era su íntimo compañero; le trataban en intimidad..."


Padre Valentín de San José, "La Divina Eucaristía, Su Comunión y prodigios"





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jueves, 20 de diciembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Alimento para vencer al mundo


               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.




                Jesucristo, realmente presente, aunque oculto, en la Hostia Divina, es adorado por la Iglesia como Dios. Ella le tributa los honores debidos a sólo Dios; se postra ante el Santísimo Sacramento como los moradores de la Corte Celestial ante la majestad soberana de Dios. Aquí no hay distinción: grandes y pequeños, reyes y vasallos, sacerdotes y fieles todos de cualquiera clase y condición que fueren, hincan su rodilla ante el Dios de la Eucaristía: ¡Es Dios! No basta la adoración a la Iglesia para atestiguar su fe, sino que quiere que vaya acompañada de espléndidos y públicos honores. Esas suntuosas basílicas son expresión de su fe en el santísimo, Sacramento. No ha querido construir sepulcros, sino templos que sean como un cielo en la tierra, donde su Salvador y su Dios encuentre un trono digno. 

                Con la más delicada atención y solícito cuidado ha dispuesto la Iglesia, descendiendo hasta los menores detalles, todo lo que se refiere al culto de la Eucaristía. No ha querido confiar a nadie este cuidado de honrar a su divino esposo, porque cuando se trata del santísimo Sacramento, todo es grande, importante, divino. Lo más puro que da la naturaleza, lo más precioso que se encuentra en el mundo, quiere consagrarlo al servicio regio de Jesús. Todo el culto de la Iglesia se refiere a este misterio, todo tiene un sentido ultraterreno y espiritual, posee alguna virtud, encierra alguna gracia.

                Cuando vemos postrados a los creyentes delante del sagrario, no podemos menos de exclamar: ¡Aquí hay alguien más grande que Salomón, superior a todos los ángeles! Está Jesucristo, ante el cual se dobla toda rodilla, lo mismo en el cielo que en la tierra y en los abismos del infierno. En presencia de Jesús sacramentado no hay grandeza que no se eclipse ni santidad que no se humille: todo ante Él queda como reducido a la nada.

                El que comulga puede estar seguro que conseguirá de Jesús las gracias que necesita para dominar las pasiones. Él mismo ha dicho: “Tened confianza en mí, que yo he vencido al mundo”. Él dijo a la tempestad: “Enmudece” y dice ahora al orgulloso, al avaro, al que siente en su interior la furia de los apetitos desordenados, al esclavo de sus concupiscencias y malos deseos: “Rompe tus cadenas... y vete en paz”. El que comulga se siente más fuerte. Al salir del santo banquete podría decir con san Pablo: “Dominaremos todos los obstáculos por aquél que nos ha amado”. Se ha operado un cambio súbito: interiormente se enciende en el corazón un fuego repentino. Dígasenos ahora: si Jesucristo no se hallara realmente presente en la sagrada Hostia, ¿podrían realizarse estos prodigios? ¡Ah, no!, que la naturaleza es más fácil de formar que de reformar. Cuesta mucho más al hombre corregirse y vencerse a sí mismo que practicar una buena obra exterior cualquiera, por difícil que sea, aunque sea heroica. El hábito es una segunda naturaleza. Sólo la Eucaristía, al menos ordinariamente y ateniéndonos a la experiencia, comunica el poder necesario para reformar los malos hábitos que nos dominan. 



Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana




jueves, 8 de noviembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Su Corazón Glorioso vive en el Santísimo Sacramento


                Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...


               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.


           
LECTURA-MEDITACIÓN


                La Devoción al Sagrado Corazón tiene doble objeto: se propone, en primer lugar, honrar, por medio de la adoración y del culto público, el Corazón de carne de Jesucristo y, en segundo lugar, tiende a honrar aquel Amor infinito que nos ha tenido desde Su creación y que todavía está consumiéndole por nosotros en el Sacramento de nuestros altares.

                ...al honrar el corazón de Jesús, no suprimimos lo restante del compuesto divino del hombre-Dios, ya que al honrar a Su Corazón lo que en realidad pretendemos es celebrar todas las acciones..., la vida entera de Jesucristo, que no es otra cosa que la difusión de Su Corazón al exterior.

                De la misma manera que los ojos ven y los oídos oyen, así también el corazón ama; es el órgano de que se sirve el alma para manifestar los afectos y el amor. En el lenguaje vulgar se confunden estos dos términos, y se emplea la palabra corazón para significar el amor y viceversa. El Corazón de Jesús fue, por ende, el órgano de Su Amor; cooperó en la obra de Su Amor, siendo el vehículo del mismo amor; experimentó todas las sensaciones de amor que pueden conmover al corazón humano, con la diferencia de que, amando el Alma de Jesucristo con un amor incomparable e infinito, Su Corazón es una hoguera inmensa de amor de Dios y de los hombres, y de esta hoguera salen de continuo las llamas más ardientes y más puras del amor divino. 

                Esas llamas le abrasaron desde el primer instante de su concepción hasta el último suspiro de Su vida y después de la Resurrección no han cesado ni cesarán jamás de abrasarle. El Corazón de Jesús ha latido y late cada día con innumerables Actos de Amor, cada uno de los cuales da más gloria a Dios que la que pueden darle todos los actos de amor de los Ángeles y de los Santos. Por consiguiente, entre todas las criaturas corporales es la que más contribuye a la Gloria del Creador y la que más merece el culto y el amor de los Ángeles y de los hombres. 

                ...todo el amor de la vida mortal del Salvador, Su Amor infantil en el Pesebre, Su Amor lleno de celo apostólico por la Gloria de su Padre durante Su predicación, Su Amor de Víctima sobre la Cruz..., todos esos amores se hallan reunidos y triunfantes en Su Corazón Glorioso que vive en el Santísimo Sacramento. Aquí debemos buscarle para alimentarnos de Su Amor. También está en el Cielo, pero para los Ángeles y los Santos ya coronados. En la Eucaristía está para nosotros: nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la Divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del Amor y de las Gracias del Sagrado Corazón para con los hombres...

                El Corazón de Jesús vive en la Eucaristía, supuesto que Su Cuerpo está allí vivo. Es verdad que este Corazón Divino no está allí de un modo sensible, ni se le puede ver, pero lo mismo ocurre con todos los hombres. Este principio de vida conviene que sea misterioso, que esté oculto: descubrirlo sería matarlo; sólo se conoce su existencia por los efectos que produce. El hombre no pretende ver el corazón de un amigo, le basta una palabra para cerciorarse de su amor. ¿Qué diremos del Corazón Divino de Jesús? Él se nos manifiesta por los sentimientos que nos inspira, y esto debe bastarnos.


Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana