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domingo, 5 de marzo de 2023

DON NICOLÁS GODOY HERRERA. Primer Aniversario

 

Pequeño recuerdo de gratitud al que durante 
tantos años me acompañó, como Director, 
Padre y Amigo en la batalla espiritual.
Me encomiendo y os encomiendo a su intercesión




Ego sum pastor bonus 
et cognosco meas, 
et cognoscunt me meae

 St. Ioannem, 10, 14



lunes, 7 de marzo de 2022

IN MEMORIAM, DON NICOLÁS GODOY HERRERA, SACERDOTE DE CRISTO

 

               El pasado 5 de Marzo, primer Sábado de Mes, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, entregaba su alma a Dios el Reverendo Don Nicolás Godoy Herrera. 




               Había nacido en el pueblo de Mogán, el 10 de Septiembre de 1935, en una familia que regaló a la Iglesia dos hijos Sacerdotes.

               Hombre de enorme cultura y dotado de un particular carisma para los jóvenes, era Licenciado y Doctorado en Sagrada Teología, Derecho Civil y Derecho Canónico por la Universidad de Navarra; ordenado Sacerdote en la Capilla del Seminario Mayor de Canarias, el Sábado 22 de Septiembre de 1962, por Monseñor Pildain. 




               En sus casi 60 años de Sacerdocio, Don Nicolás sirvió a la Iglesia primero como formador del Seminario, luego como Juez del Tribunal Eclesiástico además de celoso Párroco; fue un maravilloso predicador, que recorrió varias islas invitado para sermones solemnes; Don Nicolás emocionaba con su oratoria y encendía a las almas con sus arengas, porque su prédica era una continua exposición del sincero amor que profesaba a Dios y a la Virgen, de su entrega por el rebaño de Cristo, por quien no escatimó en tiempo y sacrificios personales, esfuerzos que darían muchos y abundantes frutos.

               Conquistó para Cristo a casi medio centenar de jóvenes que terminarían siendo sacerdotes; esta labor trajo consigo la envidia y los ataques de muchos, que trataron de mermar la moral de Don Nicolás, que en todo momento guardó silencio y se refugió en la oración tranquila, si bien sufrió mucho por aquella injusta persecución; mantuvo siempre una profunda vida interior, en la que solo buscaba la intimidad con Jesús y el consuelo de la Virgen María, a quien manifestaba su amor sin ningún complejo. Precisamente por amor a la Virgen, solía llevar en el dedo meñique un rosario de metal, como recordatorio de entrega a la Madre de Dios y testimonio de amor al Rosario. 




               Don Nicolás vivió enamorado de Cristo y de su Sacerdocio, con plenitud e integridad, en tiempos buenos y en épocas desfavorables, pero no se conformó con su entrega personal sino que siempre buscó -y alentó a que otros hiciéramos lo mismo- a niños y jóvenes donde dejar olor a Cristo, mediante un apostolado basado en la oración y en la amistad sincera. 

               Sus últimos años fueron acrisolados por la enfermedad, haciendo de la cama el último altar donde culminar la ofrenda de su vida, signada por la Cruz de Nuestro Señor y perfumada por el amor a María Inmaculada.

               Por todo ello, por esa fidelidad sin medida, seguro que Dios Nuestro Señor habrá premiado ya a este santo Sacerdote.

               Que desde el Cielo siga intercediendo por nosotros.


jueves, 1 de diciembre de 2011

DON NICOLÁS GODOY HERRERA, MARGINADO POR SER BUEN SACERDOTE ( III , última parte )

( Viene de los días 18 y 25 de Noviembre )


EL CELO POR LOS JÓVENES CON VOCACIÓN


             En los anteriores artículos, he descrito con torpes y pobres pinceladas la vida ejemplar de este buen sacerdote. Pero hoy, que concluyo mi personal testimonio y homenaje al que fuera el sacerdote más influyente en mi vida, no quiero dejar de lado dos elementos que -a mi entender- han marcado el ministerio sacerdotal de Don Nicolás Godoy: su entrega desinteresada por los jóvenes llamados al sacerdocio y la cruel persecución que se derivó de esa heroicidad.





             Es difícil calcular el número de chavales que nos beneficiamos de su apostolado, de su buena dirección espiritual. Fuimos muchísimos los que en su día acudimos a él en busca de apoyo y consejo; la mayoría, son hoy sacerdotes fieles, amantes de la Santa Iglesia, hombres entregados en cuerpo y alma al sagrado ministerio sacerdotal. 

             A continuación, algunos de los nombres y diócesis donde fueron ordenados aquellos sacerdotes, hijos espirituales de Don Nicolás Godoy: 

  -Ilmo. Sr. Don Roberto Rivero, Coronel-Capellán del Ejército del Aire.
  -Ilmo. Sr. Don César Sarmiento González, Capellán de la Guardia Civil, Cádiz.
  -Don Braulio Acosta Machín, (Archidiócesis Primada de Toledo).
  -Don Ignacio Loyola Pinto y de Sancristóval (Archidiócesis de Salta, Argentina).
  -Don Roque Rodríguez de la Guardia (Diócesis de Tenerife).
  - Don José Luis Rodríguez Guerra (Diócesis de Tenerife).
  -Don José Luis Baute (+) ( Diócesis de Tenerife).
  -Don Juan Antonio Guedes (Diócesis de Tenerife).
  -Don Vicente Spuig (Diócesis de Tenerife).
  -Don Sergio Tadeo (Diócesis de Tenerife).
  -Don Jesús Santana (Diócesis de Alcalá de Henares).

             Aclaro que éstos sólo son algunos que recuerdo; otros -como fue mi caso- no terminamos la carrera sacerdotal; unos pocos optaron por la vida religiosa y tampoco faltaron los seglares consagrados en el Opus Dei.

             Creo que ante semejante elenco, cualquiera podrá entenderme cuando aseguro que Don Nicolás Godoy Herrera, fue un sacerdote entregado plenamente al apostolado a favor de aquellos que sentían la vocación de servir al Señor y a la Iglesia desde el Altar. 

             Semejante proeza, sacar adelante tantas vocaciones, merecería ya no sólo un premio en el Cielo -que a bien seguro el Señor le tiene reservado-, sino que humanamente hablando, sería justo pagarle ya en este mundo. 

             A esa clase de sacerdotes tan notablemente entregados, los Obispos los agasajan con alguna canonjía o incluso con la dignidad de Prelado Doméstico de Su Santidad. En el caso de nuestro querido Don Nicolás, ocurrió lo que la caridad cristiana -y hasta el sentido común- entenderían como una tiranía cruel y sin escrúpulos.

            Y es que sus desvelos por los jóvenes con vocación, llegó hasta el extremo de poner en entredicho su honra y su buen nombre. Como podéis apreciar en la lista que más arriba expuse, ninguno de ellos se ordenó en la Diócesis de Canarias, a pesar de ser todos naturales de la Las Palmas, Diócesis de Canarias.

             ¿Por qué entonces enviaba Don Nicolás a los chicos que dirigía espiritualmente a otras diócesis?. Para entender su postura, es necesario aclarar aquí y ahora la pésima situación en la que se encontraba -y aún se encuentra- la Diócesis de Canarias y en particular, su Seminario Diocesano. 


LA RUINA ESPIRITUAL DE LA DIÓCESIS DE CANARIAS


             La que otrora fuera una diócesis modélica, semillero de vocaciones, referente por su clero bien formado, sufrió como otras tantas, los abusos y el desenfreno post-conciliar; la autodemolición espiritual comenzó con la llegada en 1967 del pésimo Obispo Infantes Florido, que salió huyendo en 1978 tras el sospechoso robo de las joyas de la Patrona, la Virgen del Pino.

             La llegada en el mismo año de Mons.Echarren, Obispo abiertamente progresista, no hizo más que echar sal sobre la herida abierta; aquél pésimo Pastor, fue peor que una peste, como el caballo de Atila, ya que por donde pasó jamás volvió a crecer la hierba: el Seminario Diocesano quedó prácticamente vacío, dos Rectores del mismo se secularizaron, otros muchos sacerdotes abandonaron el ministerio… En medio de aquella catástrofe, el Señor siguió llamando a jóvenes al servicio sagrado, pero estos chicos se resistían a ingresar en un Seminario donde a bien seguro, perderían la vocación.





             Muchos de ellos, conociendo la ortodoxia de Don Nicolás Godoy, acudieron a él, como ovejas sin pastor; Don Nicolás, a pesar de que al principio se resistió, tuvo que aceptar la triste realidad y procuró los medios y contactos necesarios para que aquéllos muchachos, aquellos valientes, se fuesen a formar a seminarios católicos. Todo ello lo hizo con exquisita discreción, ya que no quería parecer un traidor a su Diócesis ni a su Obispo.


LA HORA DE SUBIR AL CALVARIO; PERSEGUIDO POR EL OBISPO


             El estupor del Obispo Echarren y de los formadores del Seminario de Canarias, fue in crescendo, cuando empezaron a percatarse de la desbandada de vocaciones; la mayoría cruzaron a la isla hermana de Tenerife, lo que motivó que Mons. Echarren acordase con el Obispo de Tenerife no recibir más vocaciones en aquélla diócesis.

             Para ese entonces, ya recaía sobre Don Nicolás Godoy la sospecha de estar detrás de que aquellos aspirantes al sacerdocio, decidieran poner tierra por medio, huyendo de la progresía y el modernismo del Seminario de Las Palmas. Por eso, allá a mediados de los años noventa, Mons. Ramón Echarren, le hizo llamar, y entre el Obispo y sus más estrechos colaboradores, prepararon un auténtico juicio cuya sentencia ya estaba firmada antes de empezar el proceso. De alguna manera, aquella infamia, fue parecida a la que sufrió San Luis Mª. Grignión de Montfort, cuando se le prohibió predicar misiones en casi la totalidad de las diócesis de Francia.

             El pobre Don Nicolás, que amaba a su Obispo como a un padre, sólo alcanzó a decir que en “el estado espiritual en el que se encontraba el Seminario de Canarias, no podía, por motivos de conciencia, enviar allí a ningún joven.” Apeló pues a su conciencia, la de un sacerdote católico, consciente de los males que nos afligen, que como denunciara San Pío X en la Encíclica Pascendi:  "hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo..."

             Le despojaron pues de su amada Parroquia de Santa María de Guía y lo confinaron al humilde barrio de Trapiche, cuya iglesia está dedicada a San José de la Montaña; ese fue quizás su único consuelo: aquél buen hombre, que bien me enseñó que “nunca había que escatimar nada por una vocación sacerdotal”, ahora viviría más oculto aún de los hombres, pero bajo el amparo de Nuestro Padre y Señor San José. 

             Pero Don Nicolás, como Cristo, calló y obedeció, pero siempre decidido a continuar su labor en favor de las vocaciones que a él se acogían. Todo ello pese al castigo de ser arrancado de una buena parroquia, de ser marginado por sus propios compañeros sacerdotes, algunos de los cuales, le dieron de lado y hasta le negaron el saludo.

             Viene a mi mente la poesía de nuestra Doctora Carmelita, que bien podríamos aplicar a ese estilo de vida de Don Nicolás Godoy, tan despreocupado del sentir de los hombres y tan apegado a la Voluntad de Dios: “Mi honra sea el abatimiento/ y mi palma el padecer,/ en las menguas mi crecer y en menoscabos mi aumento./ En olvido mi memoria,/ mi alteza en humillación,/ en bajeza mi opinión, / en afrenta mi victoria.”

             Hoy, que a muchos les falta la valía para denunciar esa injusta persecución, o lo que es peor, para reconocer que si han llegado a ser ministros sagrados, ha sido gracias a la dirección de Don Nicolás Godoy, me niego a callar; por eso, jamás dejaré de agradecer al Altísimo por este santo sacerdote, que tanto bien procuró a mi alma; sus consejos, su entrega y sobre todo, su ejemplo, imprimieron una huella que el tiempo y mis muchos pecados, nunca podrán borrar. ¡Gracias Señor, por bendecirnos con santos, sabios y valientes sacerdotes!

AD MAIOREM DEI GLORIAM