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sábado, 14 de junio de 2025

SOR MÓNICA DE JESÚS, Mística y Alma Víctima

  



                       Nació el 17 de Mayo del año 1889 en un pequeño pueblo de la ribera de Navarra llamado Monteagudo, situado a la falda del Moncayo. Ese mismo día recibió el Bautismo con el nombre de Basilia. Fue la tercera de los 10 hijos que tendrían sus padres, Eusebio Cornago y María Zapater.

                       Basilia fue de niña muy normal, -la mamá solía decir que Basilia era la hija más guapa y simpática que tenía-; bailaba muy bien la jota y otros bailes regionales. Aprendió a coser, a bordar; hacía punto, labores de ganchillo y no se le daba nada mal la cocina. Era muy amiga de los animales y con predilección de los corderillos.

                       Fue educada en una familia campesina de profundas raíces Cristianas, de costumbres edificantes, de comportamiento cabal, sencillo, austero. A los cuatro años vio por primera vez a su ángel junto con el de una amiga. Basilia le pidió al suyo que le enseñara a amar mucho a Jesús. Sentía pasión por la Eucaristía. Se preparó intensamente a su Primera Comunión; ese primer encuentro con Jesús no lo olvidará nunca.

                       A los 19 años pide su ingreso en el Monasterio de Santa María Magdalena de Baeza, (Jaén) de Monjas Agustinas Recoletas, fundado a mediados del siglo XVI.

                       El 6 de Enero de 1910 fue admitida a la Primera Profesión como Basilia de Santa Mónica. Se le llamará Sor Mónica.

                       Bien proporcionada, más bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros, de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado.

                       Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si estuviera siempre en la presencia de Dios y es que de hecho estaba siempre en Él y con Él, aunque atendía muy bien y con toda caridad a cuantos acudíamos a ella” (Testimonio de una monja del Monasterio).

                       La vida de Sor Mónica transcurre entre las labores propias del monasterio a las que coopera conforme la obediencia y, sobre todo, el trato directo y espontáneo con Jesús, conformándose siempre a Su Voluntad, llenando las horas de vehementes y apasionados actos de amor a Dios, con confianza ciega en la Divina Providencia; contemplando y viviendo la Pasión de Cristo como cosa propia: “Así he aprendido a amarte más cada día, subiendo a la cruz contigo y padeciendo por Ti”.

                       El Demonio le pone continuas asechanzas para apartarla del camino de la virtud. Sor Mónica lo vence, ayudada por la gracia divina, una y otra vez. Por encargo de su padre espiritual un día le pregunta: "Por qué me tratas así, ¿qué te he hecho?" . A lo que el demonio responde: “¡Anda, maldita!, si no has hecho otra cosa que darme guerra desde que tienes uso de razón”. Escribe sor Mónica: “Jesús me libra de sus garras”.

                      Era muy devota del Divino Corazón de Jesús en la Eucaristía -dice una hermana- del que estaba locamente enamorada; por eso sentía muchísimo los ultrajes, desprecios, pecados, faltas y ofensas que se le hacían, y, en cambio, se regocijaba cuando le hacíamos honores, o se enteraba de que se los hacían”.



Tumba de Sor Mónica de Jesús

                      El Ángel, a quien llamaba Hermano Mayor, a lo largo de su vida le aconseja, alienta, reprende; le explica la Voluntad de Dios y las verdades de nuestra Fe; la urge a crecer en el amor de Dios y a mantenerse en su presencia; la estimula a amar a Jesús, a inmolarse por los pecadores y le ayuda en su conversión.

                      Murió santamente el 14 de Junio de 1964. Y nos dejó una promesa: “Desde el Cielo miraré mucho más por vosotros”.


EL DON DE BILOCACIÓN EN SOR MÓNICA DE JESÚS


                       Entre las muchas gracias sobrenaturales que recibió Sor Mónica de Jesús, quisiera destacar, a modo de prueba de autenticidad de estos dones místicos, que la sencilla religiosa, sin apenas formación intelectual, supo describir con exactitud el protocolo que entonces se observaba al saludar al Romano Pontífice: besar el anillo y a continuación el pie; contrastamos la descripción del fenómeno de bilocación de la religiosa agustina, que lo narra en carta a su Confesor, con el texto aparecido en la prensa de la época.

                       Relato de Sor Mónica: "Cuando me enteré que los Reyes iban a visitar al Papa, le manifesté al Ángel el gusto que tendría yo de ver la primera impresión de los reyes delante de Su Santidad. Y ¿sabe lo que hizo? Me llevó. Yo llegué en el momento de presentarse delante de Su Santidad. En seguida el Rey se adelantó a postrarse de rodillas y le besó la mano y el pie, y lo mismo hizo la Reina. Muy poco rato estuve, pues yo no quería, pero gocé muchísimo de ver las alegrías de unos y de otros, no sólo al exterior sino también al interior"  



                  Crónica de la Prensa: "La visita al Pontífice es una página histórica de enorme trascendencia. En las augustas personas de sus Soberanos, es el pueblo católico español quien se ha prosternado ante las sagradas plantas de Su Santidad, y ha besado la sandalia Pontificia. Por los labios del Rey, España ha hecho solemne declaración de su Fe Católica, jamás entibiada, de continuo puesta a prueba por los enemigos de la Iglesia..."


Para leer una biografía más extensa 
de Sor Mónica de Jesús solo tienes que 
tocar en el siguiente enlace




jueves, 22 de mayo de 2025

SANTA RITA DE CASIA, Mística y estigmatizada



              Nació en Mayo del año 1381. Su casa estaba cerca del pueblecito de Cascia, entre las montañas, a unas 40 millas de Asís, en la Umbría, región del centro de Italia.

              Sus devotos padres eran Antonio Mancini y Amata Ferri a los que se conocía como los "Pacificadores de Jesucristo", pues los llamaban para apaciguar peleas entre vecinos. Ellos no necesitaban discursos poderosos ni discusiones diplomáticas, solo necesitaban el Santo Nombre de Jesús, su perdón hacia los que lo crucificaron y la paz que trajo al corazón del hombre. Sabían que solo así se pueden apaciguar las almas.

             Enseñaron a Rita desde niña todo acerca de Jesús, la Virgen María y los más conocidos santos. Rita, al igual que Santa Catalina de Siena nunca fue a la escuela a aprender a escribir o a leer; para Santa Rita su único libro era el Crucifijo.

FORZADA AL MATRIMONIO

             Queriendo ser religiosa toda su vida, sus padres escogieron para ella un esposo, Paolo Ferdinando, lo cual no fue una decisión muy sabia. Pero Rita obedeció. Quiso Dios así darnos en ella el ejemplo de una admirable esposa, llena de virtud, aun en las mas difíciles circunstancias. 

             Después del matrimonio, su esposo demostró ser bebedor, mujeriego y abusador. Rita le fue fiel durante toda su vida de casada. Encontró su fortaleza en Jesucristo, en una vida de oración, sufrimiento y silencio.  Tuvieron dos gemelos, los cuales sacaron el temperamento del padre. Rita se preocupó y oró por ellos.

             Finalmente, después de veinte años de matrimonio y oración por parte de Rita, el esposo se convirtió, le pidió perdón y le prometió cambiar su forma de ser. Rita perdona y el deja su antigua vida de pecado y pasaba el tiempo con Rita en los caminos de Dios. Esto no duró mucho, porque mientras su esposo se había reformado, no fue así con sus antiguos amigos y enemigos. Una noche Paolo no fue a la casa. Antes de su conversión esto no hubiera sido extraño, pero en el Paolo reformado esto no era normal. Rita sabía que algo había ocurrido. Al día siguiente, lo encontraron asesinado.

             Su pena fue aumentada cuando sus dos hijos, que ya eran mayores, juraron vengar la muerte de su padre. Las súplicas no lograban disuadirlos. Fue entonces que Santa Rita, comprendiendo que mas vale salvar el alma que vivir mucho tiempo, rogó al Señor que salvara las almas de sus dos hijos y que tomara sus vidas antes de que se perdieran para la eternidad por cometer un pecado mortal. El Señor respondió a sus oraciones. Los dos padecieron una enfermedad fatal. Durante el tiempo de enfermedad, la madre les habló dulcemente del amor y el perdón. Antes de morir lograron perdonar a los asesinos de su padre. Rita estuvo convencida de que ellos estaban con su padre en el Cielo.

MILAGROSA ENTRADA EN EL CONVENTO

             Al quedar viuda no se deja vencer por la tristeza y el sufrimiento. Santa Rita quiso entrar con las hermanas Agustinas, pero no era fácil lograrlo. No querían una mujer que había estado casada. La muerte violenta de su esposo dejó una sombra de duda. Ella se volvió de nuevo a Jesús en oración.  Ocurrió entonces un milagro. 

             Una noche, mientras Rita dormía profundamente, oyó que la llamaban ¡Rita, Rita, Rita! esto ocurrió tres veces, a la tercera vez Rita abrió la puerta y allí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan el Bautista del cual ella había sido devota desde muy niña; le pidieron que los siguieran. Después de correr por las calles de Roccaporena, en el pico del Scoglio, donde Rita siempre iba a orar sintió que la subían en el aire y la empujaban suavemente hacia Cascia. Se encontró arriba del Monasterio de Santa María Magdalena en Cascia. Entonces cayó en éxtasis. Cuando salió del éxtasis se encontró dentro del Monasterio, ante aquel milagro las monjas Agustinas no pudieron ya negarle entrada.  Es admitida y hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años de consagración a Dios.

             Durante su primer año, Rita fue puesta a prueba no solamente por sus superioras, sino por el  mismo Señor. Le fue dado el pasaje de la Escritura del joven rico para que meditara. Ella sentía en su corazón las palabras, ¡Si quieres ser perfecta!

             Santa Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario.

RECIBE LA CORONA DE ESPINAS

             Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Cascia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que a su retorno al monasterio le pidió fervientemente al Señor ser participe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió los estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza. A la mayoría de los santos que han recibido este don este don exuden una fragancia celestial. Las llagas de Santa Rita, sin embargo despedían olor a podrido, por lo que debía alejarse de la gente...

             Durante 15 años vivió sola, lejos de sus hermanas monjas. El Señor le dio una tregua cuando quiso ir a Roma para el primer Año Santo. Jesús removió la estigma de su cabeza durante el tiempo que duró la peregrinación. Tan pronto como llegó de nuevo a casa el  estigma volvió a aparecer y teniéndose que aislar de nuevo.

             Los últimos años de su vida fueron de expiación.  Una enfermedad grave y dolorosa la tuvo inmóvil sobre su humilde cama de paja durante cuatro años.  Ella observó como su cuerpo se consumía con paz y confianza en Dios. Al morir la celda se ilumina y las campanas tañen solas.

MUERTE Y ENTRADA EN EL PARAÍSO

             Su muerte, acaecida el 22 de Mayo de 1457, cuando tenía 76 años, fue su triunfo. La herida del estigma desapareció y en lugar apareció una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia. Debía haber sido velada en el convento, pero por la muchedumbre tan grande se necesitó la iglesia. Permaneció allí y la fragancia nunca desapareció. Por eso, nunca la enterraron. El ataúd de madera que tenía originalmente fue reemplazado por uno de cristal y ha estado expuesta para veneración de los fieles desde entonces.  Multitudes todavía acuden en peregrinación a honrar a la santa y pedir su intercesión ante su cuerpo que permanece incorrupto. 

          Fue Beatificada por  el Papa Urbano VIII en 1627 y el 24 de Mayo de 1900 sería canonizada por el Papa León XIII.