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sábado, 24 de octubre de 2026

EL ARCÁNGEL SAN RAFAEL Y CÓRDOBA: la alianza celestial de una ciudad bajo el manto de la Medicina de Dios


Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles 
que están al servicio del Señor y tienen 
acceso a la Gloria de Su Presencia


Tobías, cap. 12, vers. 15



                    El Arcángel San Rafael y la ciudad andaluza de Córdoba tienen una relación trazada no por el mero azar o la costumbre folclórica, sino por la viva huella de la Providencia en momentos de profunda angustia y tribulación.

                    El nombre Rafael proviene del hebreo ( רָפָאֵל, Refa-El) y se traduce literalmente como «Medicina de Dios» o «Dios ha curado». A diferencia de otros espíritus bienaventurados, las Sagradas Escrituras nos presentan a San Rafael en el libro de Tobías con una cercanía profundamente pedagógica y humana: es el médico que cura la ceguera del anciano Tobit, el compañero de viaje paciente y seguro del joven Tobías, el protector que ahuyenta las fuerzas del mal que atormentaban a Sara y el consejero prudente que guía los pasos de la familia hacia la fidelidad al Señor. Por ello, la Tradición lo ha venerado siempre como Patrono de los caminantes, médico de las almas y los cuerpos, y amparo en las horas de oscuridad.

                    Aunque la gran manifestación del Arcángel suele recordarse por los acontecimientos del siglo XVI, las raíces de esta alianza espiritual se remontan en realidad al siglo XIII. En el año 1278, apenas unas décadas después de la Reconquista, Córdoba atravesaba una de las etapas más oscuras de su historia al verse azotada por una devastadora epidemia de peste, acompañada por una severa pérdida de cosechas y hambruna.

                    Ante la mortandad imparable, el entonces Obispo de Córdoba, Don Pascual (Pascual Martínez), junto con el concejo y el pueblo, acudió a la oración ferviente y a las rogativas públicas. Las crónicas y la tradición local recogen que, tras encomendar la ciudad al «Médico de Dios», la peste comenzó a remitir de forma repentina e inexplicable para la medicina de la época. Aquel prodigio medieval sembró en la memoria colectiva cordobesa la primera e imborrable certeza de que el Arcángel San Rafael había tomado la ciudad bajo su especial amparo.



                    Trescientos años después de aquel auxilio, la peste volvió a amenazar a la ciudad. En 1578, en medio de un nuevo panorama de enfermedad y desolación, un venerable sacerdote, el Padre Roelas (Andrés de las Roelas) comenzó a recibir varias revelaciones privadas del Santo Arcángel.

                    Fue en la quinta y última aparición, en la noche del 15 de Noviembre de 1578, cuando el Arcángel confirmó y ratificó de forma definitiva su tutela sobre la población pronunciando las célebres palabras que han quedado esculpidas en el alma de Córdoba:

                    «Yo te juro, por Cristo Crucificado, que soy Rafael, Ángel a quien Dios tiene puesto por custodio de esta ciudad».

                    Al utilizar la fórmula «tiene puesto», el Arcángel no inauguraba una devoción nueva, sino que sellaba e imponía su refrendo a una protección que venía desempeñando ininterrumpidamente desde los días del Obispo Don Pascual. Tras este juramento, la epidemia cesó nuevamente de forma milagrosa.



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                    "El Santo Arcángel San Rafael, enviado por Dios para el bien de la familia del piadoso Tobías, desempeñó por nosotros los tres oficios que hizo por su amado Tobías:

                    Le sirvió de guía en su viaje, le libró del monstruo que quería devorarlo, y le enseñó la medicina con que curó la ceguera de su anciano padre.

                    Del mismo modo, este bienaventurado espíritu socorre a las almas devotas en el viaje de esta vida mortal hacia la patria celestial: es su guía seguro en el camino de la virtud, las defiende contra las acometidas del infernal dragón y les aplica el divino bálsamo de la gracia, con que abre los ojos de su entendimiento para que conozcan la verdad y contemplen las maravillas de Dios".


San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia

Tratado del Amor de Dios



martes, 24 de octubre de 2023

SAN RAFAEL ARCÁNGEL


...se encontró delante de él a Rafael, el ángel... 

(Libro de Tobías, cap. 5, vers. 4)

No pienses tal cosa ni te atormentes por ellos... 
porque un ángel bueno le acompañará, 
le dará un viaje fácil y le devolverá sano 

(Libro de Tobías, cap. 5, vers. 22)



San Rafael Arcángel del Convento de las Madres Mercedarias 
de la Inmaculada Concepción (Don Juan de Alarcón) de Madrid

               Según el Calendario Católico, la Santa Iglesia recuerda hoy a uno de los tres principales Arcángeles, a San Rafael, que etimológicamente significa "Medicina de Dios". En la Sagrada Escritura, en el Libro de Tobías, se cuenta cómo Dios envió al Arcángel San Rafael a ayudar al anciano Profeta Tobías, que estaba ciego, y a Sarah, la hija de Raquel, cuyos siete maridos habían muerto la noche del día bodas. San Rafael tomó la forma humana y se hizo llamar Azarías. Éste, acompañó a Tobías en su viaje, le ayudó en sus dificultades y le explicó cómo podía casarse con Sarah sin peligro alguno. En el mismo relato del Libro de Tobías, el mismo Arcángel se describe como “uno de los siete que están en la presencia del Señor” 


SAN RAFAEL ARCÁNGEL 
en la vida de Santa María Francisca


               Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715 - 1791) fue una mística de la Orden Tercera de San Francisco, hija de comerciantes de Nápoles, ciudad que entonces estaba bajo el dominio español; su vida de piedad y su celo por la salvación de las almas la llevó a compartir la Pasión con Cristo Nuestro Señor, siendo estigmatizada y bendecida con otras muchas gracias sobrenaturales; fueron tantos los testimonios acerca de su Santidad que finalmente sería canonizada por el Papa Pío IX en 1867. 

               Esta Santa tenía al Arcángel San Rafael como su mejor amigo: la consolaba en sus penas y la cuidaba en sus enfermedades. Un día, su Director Espiritual, el Padre San Francisco Javier María Bianchi, estaba con ella y sintió un "olor de Paraíso". Pidió a la Santa una explicación y ella le dijo: "No se maraville Su Paternidad, porque aquí en medio de nosotros está el Arcángel San Rafael".

               En 1786, Santa María Francisca estaba muy enferma y era incapaz del menor movimiento. Don Juan Pessiri, Sacerdote secular que en ocasiones la confesaba, quiso ayudarla y le llevó una taza de chocolate que colocó en la mesita de noche, diciéndole que se la tomara, mientras él iba a realizar algunos trabajos de su ministerio sacerdotal. La pobre enferma no sabía cómo obedecer, porque no podía moverse; y pidió ayuda a su gran protector San Rafael. Al instante, una mano invisible le presentó la taza y, después de tomar el chocolate, la recogió y la dejó en su lugar. Santa María Francisca, consolada y agradecida, le dio las gracias a Dios y a su celestial Arcángel.




               En otra oportunidad, se le presentó el Arcángel San Rafael como un joven vestido de blanco y de una extraordinaria belleza. El Arcángel le dijo: "Yo soy San Rafael. El Altísimo me ha enviado a curarte la llaga de tu costado, que está a punto de gangrenarse. Renueva tu fe en Dios y Él te bendecirá". Al día siguiente, la llaga del costado estaba sana. 

               El amable Arcángel hizo de enfermero y le ayudaba en tareas cotidianas, como cuando le cortaba el pan o le decía, con una dulce sonrisa, que ella no podía servirse sola; Santa María Francisca disfrutó de una gran familiaridad con el Arcángel, que era su especial protector y guardián.



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lunes, 24 de octubre de 2022

ARCÁNGEL SAN RAFAEL

 

“Yo soy Rafael, uno de los siete Ángeles 
que están siempre presentes 
y tienen entrada a la Gloria del Señor” 

(Libro de Tobías, cap. 12, vers 15)





EL GUARDIÁN DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA
(Andalucía - España)


               Los orígenes de la devoción a San Rafael Arcángel surgieron en la ciudad andaluza de Córdoba en el año 1278 cuando era azotada cruelmente por la peste. En ese año, se apareció el Arcángel San Rafael al Padre Simón de Sousa, religioso mercedario, comunicándole el deseo del Altísimo de que el Obispo de la ciudad, don Pascual, ordenara poner una imagen de San Rafael encima de una torre destacada, obligándose a celebrar fiesta en su honor y prestar veneración por la ciudad, y que con esto cesaría el contagio. El Prelado ejecutó el mandato, desapareciendo el terrible mal que castigaba a la ciudad.

                La siguiente fecha destacada en la historia entre San Rafael y Córdoba sería el año 1578, cuando el Arcángel se apareció en varias ocasiones al sacerdote Andrés de las Roelas, al que reveló que los huesos encontrados tres años antes en la Parroquia de San Pedro eran las reliquias a los Santos Mártires de Córdoba. 

               En otra de las Apariciones al mismo Padre Andrés de las Roelas, en los primeros días de Mayo de 1578, el Arcángel aseguró al presbítero haber sido elegido por el Altísimo como Guardián de la ciudad de Córdoba: “Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”. 

               Estas revelaciones fueron descritas por el Padre Roelas a otro sacerdote, el Padre Juan del Pino, quien las guardó con recelo hasta el año 1603, cuando las Autoridades Eclesiásticas de la Diócesis decidieron aprobar dichas Revelaciones.






martes, 19 de enero de 2021

HAY GOZO DELANTE DE LOS ÁNGELES DE DIOS

 


 "..hay gozo delante de los Ángeles de Dios 

por un pecador que se arrepiente..."


Evangelio de San Lucas, cap. 15, vers. 5


               La existencia de los Ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. El Papa San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». 

               El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: 

               -Un Ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. 

               -Un Ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. 

               -Un Ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. 

               -Un Ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al Arcángel San Rafael. 

               También en el Nuevo Testamento aparece el Ángel liberando a San Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel...

               En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales... la presencia del Ángel de la Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Beato Manuel Domingo y Sol.

               Desde que tenemos uso de razón en nuestros Hogares Cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

               Es Doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un Ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio Ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un Ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

               Santo Tomás de Aquino dividió los Coros Angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las leyes naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los reinos y naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres». 


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martes, 17 de marzo de 2020

"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", busquemos el auxilio de nuestro Ángel Custodio




Bendecid al Señor, vosotros Sus poderosos Ángeles 
que ejecutan Su Palabra obedeciendo Su voz 

(Salmo 103, vers. 20)


Oraciones especiales 
al Ángel Custodio de España


              En estas horas de forzada reclusión, de miedo ante una pandemia invisible, los Católicos debemos mantener la paz interior y mirar todo lo que está aconteciendo como una prueba más de la Misericordia de Dios, un momento que debemos aprovechar para adelantar en la Vida Espiritual. 

               No estamos solos: nos acompaña la mirada amorosa de la Virgen Santísima, la mejor Madre, que no desatiende a quien la busca con el corazón. También San José, Nuestro Padre y Señor, que es Custodio y Patrón de la Iglesia, y que así como defendió a Jesús y a María, será seguro Protector de sus devotos.

               Hoy Martes, que tradicionalmente hemos dedicado al Ángel Custodio, queremos pedir a nuestros amigos y lectores, la limosna de una oración al Ángel Custodio de España; que él interceda por esta tierra, bendecida por María en el Pilar de Zaragoza para animar la evangelización del Apóstol Santiago, regada por la Sangre de miles de Mártires, evangelizada por Santos Fundadores como Santo Domingo, Santa Teresa, San Ignacio... España, nación destinada a ser el trono del Sagrado Corazón de Jesús, desde donde Él mismo reinará "...y con más veneración que en otras partes", como Nuestro Señor prometiera al Padre Bernardo de Hoyos.

              No perdamos la esperanza... Él reinará, a pesar de todo y de todos; a nosotros nos toca rezar, desagraviar y luchar cada día, nuestra particular batalla, sin desaliento y teniendo como divisa aquella sentencia paulina "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Filipenses, cap. 4, vers. 13)

               La existencia de los Ángeles está fuera de duda y siempre la Iglesia los veneró y difundió su culto. San Gregorio Magno llega a decir esta hipérbole: «En casi todas las páginas de las Sagradas Escrituras está contenida la existencia de los Ángeles». El Antiguo Testamento habla repetidas veces de su acción prodigiosa en favor de los hombres: Un Ángel avisa a Lot del peligro que corre Sodoma y el castigo que va a recibir esta ciudad. Un Ángel conforta a la criada de Abrahán, Agar, cuando es despedida y camina por el desierto. Un Ángel socorre al Profeta San Elías y le alimenta con pan y agua fresca por dos veces cuando huye de la persecución de la reina Jezabel. Un Ángel acompaña y colma de gracia al joven Tobías y a su padre y demás familiares. Casi todo el libro de Tobías está en torno al Arcángel San Rafael. También en el Nuevo Testamento aparece el Ángel liberando a Pedro de las cadenas y abriéndole la puerta de la cárcel...

               En las vidas de los Santos, tanto antiguos, como Santa Inés, tanto de la Edad Media, como San Francisco de Asís, y, modernos, como Santa Micaela del Santísimo Sacramento, Santa Gema Galgani y San Francisco de Sales... la presencia del Ángel de la Guarda en sus vidas es como algo inseparable. Mucho lo vivió también el Obispo Manuel Domingo y Sol, principal promotor del culto al Ángel Custodio de España.

               Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.




               Es Doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un Ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada nación tienen su propio Ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un Ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

               Santo Tomás de Aquino dividió los Coros Angélicos en nueve categorías diferentes: «Los Serafines, Querubines y Tronos, forman la augusta corte de la Santísima Trinidad; las Dominaciones presiden el Gobierno del Universo; las Virtudes, la fijeza de las Leyes Naturales; las Potestades refrenan el poder de los demonios; los Principados tienen bajo su amparo a los Reinos y Naciones; lo Arcángeles defienden a las comunidades menores, y los Ángeles guardan a cada uno de los hombres».




jueves, 24 de octubre de 2019

ARCÁNGEL SAN RAFAEL, Guardián de la Ciudad de Córdoba


“Yo soy Rafael, uno de los siete Ángeles 
que están siempre presentes 
y tienen entrada a la Gloria del Señor” 

(Libro de Tobías, cap. 12, vers 15)




EL GUARDIÁN DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA
(Andalucía - España)


               Los orígenes de la devoción a San Rafael Arcángel surgieron en la ciudad andaluza de Córdoba en el año 1278 cuando era azotada cruelmente por la peste. En ese año, se apareció el Arcángel San Rafael al Padre Simón de Sousa, religioso mercedario, comunicándole el deseo del Altísimo de que el Obispo de la ciudad, don Pascual, ordenara poner una imagen de San Rafael encima de una torre destacada, obligándose a celebrar fiesta en su honor y prestar veneración por la ciudad, y que con esto cesaría el contagio. El Prelado ejecutó el mandato, desapareciendo el terrible mal que castigaba a la ciudad.

                La siguiente fecha destacada en la historia entre San Rafael y Córdoba sería el año 1578, cuando el Arcángel se apareció en varias ocasiones al sacerdote Andrés de las Roelas, al que reveló que los huesos encontrados tres años antes en la Parroquia de San Pedro eran las reliquias a los Santos Mártires de Córdoba. 

               En otra de las Apariciones al mismo Padre Andrés de las Roelas, en los primeros días de Mayo de 1578, el Arcángel aseguró al presbítero haber sido elegido por el Altísimo como Guardián de la ciudad de Córdoba: “Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, Ángel, a quien Dios tiene puesto por Guardián de esta Ciudad”. 

               Estas revelaciones fueron descritas por el Padre Roelas a otro sacerdote, el Padre Juan del Pino, quien las guardó con recelo hasta el año 1603, cuando las Autoridades Eclesiásticas de la Diócesis decidieron aprobar dichas Revelaciones.