21- Con el mayor afecto que pude indiqué al religioso que,
aun cuando le sirviera de un pequeño sacrificio, tuviera la bondad
de contarme esa historia de Barlaam y Josafat, pues decía era tan
instructiva, y yo, para instruirme, me había acercado hasta él.
Empezó diciendo así: -En los Años Cristianos se escribe esta hermosa historia (1),
hermosa y edificante en grado máximo. Pero esta historia no ha tenido realidad; es una leyenda o una novela religiosa, como diríamos hoy, atribuida al gran escritor y pensador San Juan Damasceno, y muy digna de él. La escribió un monje solitario de la Laura
de San Sabas (2), uno de tantos monjes innominados y sabios
como han vivido en los conventos y en las soledades. Tuvo grandísima influencia en los escritores medievales, como te decía, y la tuvo aún mayor en las almas consagradas a Dios y a alcanzar la perfección en los conventos. Es obra literaria como novela y es magnífica obra espiritual, apologética y aun histórica.
Expone compendiosa y admirablemente las verdades del Cristianismo y sus pruebas y exalta con elegancia y viveza la grandeza
de ánimo y los heroísmos de virtudes de las almas consagradas a
Dios en la soledad, en el retiro y alejamiento del mundo, en una vida pobre y penitente y de íntima y extraordinaria comunicación con
Dios, en oración continua y trato con el Cielo.

Las almas retiradas con Dios en soledad, que han renunciado
a todos los bienes materiales, a los altos y renombrados puestos
de la sociedad y hasta del mismo trono, son almas excepcionalmente grandes y preclaras; realizan todos los heroísmos por Dios y
por la esperanza del premio del Cielo; dejan las grandezas de la tierra por las más excelsas del Cielo, y renuncian al agradable trato de
los hombres de sociedad y a sus pasatiempos por el trato con Dios
y sus Bienaventurados y por la sobrenatural herencia del Cielo. Resalta en este libro el hermosísimo fruto del apostolado de la contemplación y la fortaleza en confesar la Fe cuando sobreviene la
persecución. Deseando estoy -le dije- ver la doctrina y la acción de
esos dos personajes que, siendo de ficción, han llegado a ser tenidos por Santos históricos; muy hermosa y de grande realismo tiene
que ser esa creación para haber sido recibida con tanto aplauso
por los grandes talentos y escritores medievales. Ciertamente lo es -me dijo-, y de muy sólida doctrina. El
resumen te hará comprender mejor las palabras y sentencias que
luego te citaré.
22- Barlaam es un solitario que vive en un desierto; vive sólo
para Dios en vida muy santa. Es Sacerdote con eminente formación
científica. Dios le ha comunicado en su soledad que el hijo único
del rey es de una condición magnífica. Mucho deseó el rey aquel
hijo, pues no tenía descendencia y mucho le ama. Ordena que su
hijo no vea ninguna escena de tristeza ni de pena y le instala en un
espléndido palacio con todas las comodidades para hacerle la vida
feliz. Encarga su educación a Zardán, persona de toda su confianza.
Abener, así se llama, es rey en la India de una nación que no
se nombra; es pagano y perseguidor de los Cristianos.
Barlaam, inspirado por Dios, deja la soledad del desierto y se
viene a vivir a la corte. Hombre de mucha ciencia y de excepcionales dotes de simpatía y atracción, se gana la voluntad de Zardán.
Dios le inspira que vaya a la ciudad para hacerse cargo de la educación del hijo del rey. Zardán, encantado de las cualidades de
Barlaam, le encarga la educación de Josafat, que éste es el nombre del hijo del rey. Nadie podrá hacerlo como Barlaam. Se cumple la voluntad de Dios y el fin para que inspiró a Barlaam ir a la corte.
Barlaam impone a Josafat de un modo extraordinario en las
ciencias y le forma en los modales que es un encanto; calladamente le ha inculcado también las razones de la verdad de la Religión
Cristiana. El rey y Zardán están entusiasmados con la formación
que Barlaam ha dado a Josafat. Aún ignoran que es Cristiano.
Un día llega a conocimiento del rey que su hijo es Cristiano. No
puede explicárselo, pues sólo trata con él Zardán y el que le educa.
Barlaam se ha vuelto a la soledad; ni Zardán ni el rey sabían que
Barlaam era Cristiano; sólo veían un hombre sabio y admirablemente encantador.
Intenta el rey hacer apostatar a su hijo del Cristianismo valiéndose de los hombres más sabios del reino; pero Josafat, que asimiló bien las razones de la verdadera religión y vive sus virtudes,
convence a los sabios de la verdad y, lejos de apostatar él, se convierten ellos al Cristianismo. Después de muy complicados y difíciles percances, muy propios de la intriga de la novela, termina Josafat teniendo la alegría de convertir a su propio padre.
El rey Abener, ya convertido, ha intentado reparar el mal que
había causado antes con la persecución y ha constituido regente
de una parte del reino a su hijo Josafat, que gobierna admirablemente y es la delicia de todos sus súbditos.
Cuando muere su padre, el rey, Josafat su hace cargo de todo el reino con general alegría.
Barlaam se había vuelto a la soledad del desierto, pero dejó
tan convencido y persuadido a Josafat de practicar la virtud y vivir
la perfección como lo más hermoso y lo más importante, que, aun
cuando Josafat estaba en el trono y gobernaba maravillosamente y
con la admiración de todos, suspiraba por vivir santamente en la
soledad como su maestro Barlaam y en su compañía.
Quiere ser santo, estar consagrado a Dios, lejos de los peligros, y un día renuncia muy solemnemente al trono y nombra rey a
Baraquías, un fervoroso Cristiano y un hombre de mucho valer,
perseguido antes por su padre; y Josafat, entre las lágrimas de todos, se retira a la soledad, a vivir vida santa en compañía de su
maestro y estar allí consagrado a Dios. En la soledad vivió muchos
años muy santamente vida como de ángel, durante la vida de Barlaam y después de su muerte (3).
23- Esta es la historia muy resumida; está escrita con mil intrigas y episodios muy interesantes. Pero si Josafat ha renunciado
al trono y ha escogido la vida retirada y penitente de la soledad, ha
sido por la esperanza del premio del Cielo y para asegurar el Cielo
como su maestro le hizo comprender.
Perdona que haya sido algo
extenso en referirla, pero es el gran argumento -como terminarás
de ver, oyendo sus razones- de que obraron tan heroicamente por
la esperanza del premio del Cielo, como obramos todos. La Fe y la
esperanza fueron su victoria, moviéndole al heroísmo que realizó.
Siempre es el premio del Cielo. Como lo fue en ellos, lo es actualmente en tantas almas heroicas, penitentes, recogidas y santas. Y
es el Cielo lo que me mueve a mí también.
-Si no ha sido breve la historia- le dije -me lo ha parecido
a mí, y desearía conocer las razones que tenían, pues me agradarán no menos que la historia.
-No dudo-añadió- que te agradarán y te enseñarán que
abrazar esa vida no es algo estéril, sino el apostolado más fecundo
y provechoso para la Iglesia y para la sociedad.
Que en la soledad,
con penitencia y oración, se compran las almas y se obtienen las
Gracias del Cielo y, sobre todo, se asegura la propia salvación. Para
asegurarla se preguntó a sí mismo Josafat: ¿Qué adelanta el hombre con ganar todo el mundo, si es a costa suya y perdiéndose a sí
mismo? (Lc 9, 25). Su respuesta fue que voló a la soledad, a vivir el
Amor de Dios, a santificarse, a inmolarse.
Cuando Josafat llegó a la soledad santa y encontró a Barlaam,
éste le saludó con alborozo y le dio el parabién de su huida del
trono y de la llegada y abrazo a la soledad, y en su enhorabuena le
salen de los suavísimos labios y de su cultísima y persuasiva inteligencia las mismas razones que tú has venido a pedirme a mí en
este retiro, y te las voy a repetir, porque yo no puedo decírtelas con
más encantadora viveza con que Barlaam se las dijo a Josafat.
Piensa que el hombre siempre ha sido el mismo. Como es
hoy, ha sido en los siglos que nos precedieron.
Como para obrar
libre y desaprensivamente intenta hoy engañarse a sí mismo con
razones aparentes, intentó engañarse en los tiempos pasados e intentará en los que han de venir.
Si estudias al hombre individual y a la sociedad, observarás
que el olvido de la Vida Eterna con sus premios a la virtud en el Cielo y sus penas al vicio en el Infierno, lleva a buscar el regalo y la
comodidad en la tierra, o, como ahora dicen, al hedonismo. La falta
de Fe o la crisis de Fe producen el olvido del Cielo o viene por el olvido del Cielo y del Creador del Cielo. Si no hay premio, ¿para qué
practicar la virtud ni mortificarse? ¿Cómo se ha de tratar con Dios
si no se le considera presente, y menos si no se cree en su existencia?. La Fe es la victoria del mundo y del extravío de los sentidos
y del Demonio.
Instruyendo Barlaam a Josafat, le da la noción del Cielo como
premio de la virtud para el cual hemos sido criados y adonde van
los buenos para ser felices en Dios. El Cielo es la felicidad eterna;
el Cielo es estar en la Vida de Dios y vivirla. Nos impiden ir al Cielo
el desorden del mundo y el desorden del pecado. Huyendo del
mundo se preserva de la ocasión y se trata con Dios. Se asegura la
salvación y le da estas razones: Como es muy difícil que uno ande
con el fuego y ni siquiera sienta la molestia del humo, es también
sobremanera difícil que estando atado con los lazos de los negocios de este mundo y dedicado a sus cuidados, a sus confusiones y
a vivir entre riquezas y delicias, pueda caminar, sin extraviarse, por
el camino de los Mandamientos de Dios y conservarse puro e incólume...
Con esta determinación de guardar limpia el alma, se disponían los llamados por Dios a quitarse de todas las ocasiones y
afectos torcidos y a limpiarse de toda mancha en el alma y en el
cuerpo. Como veían que sólo podían realizar esto viviendo los
Mandatos de Cristo y que era casi imposible vivirlos en medio del
mundo, abrazaron para ellos un modo de vida diferente en todo al
modo de vivir del mundo, pero muy conforme al consejo divino, que
les ordenaba dejar todos los bienes que tuvieran, empezando por
los padres o los hijos, los amigos y parientes, y luego las riquezas y
regalos; que despreciaran todas las comodidades de este mundo; y
se marcharon a las soledades y establecieron en ellas su morada
como si fueran desterrados: "Vivían necesidad, angustiados, afligidos.
El mundo no era digno de estos hombres. Iban como perdidos
por las soledades, por los montes; se recogían en las cuevas de la
tierra" (Heb 11, 37) Se alejaban de las mundanas alegrías y regocijos
y pasaban escasez en el pan y en el vestido.
Dos causas les movieron a abrazar esta vida: una, para que, no viendo ninguna de las cosas que halagan el corazón, no sintieran ni aun tentación de ellas y se les borraran por completo de la
memoria, y así limpios, creciera en su alma el amor y los deseos de
los bienes celestiales y divinos.
La otra, para ser Mártires de deseo y de obra por la mortificación del cuerpo y tener la corona del martirio verdadero, pues en
cuanto de ellos dependía, habían abrazado la Pasión de Cristo y
esperaban ser participantes de Su Reino. Pensando conseguir esto
del modo más prudente y seguro, escogieron vivir la vida monástica y eremítica o solitaria (4).
El alma de Josafat estaba limpia y preparada para recibir la
semilla de la virtud, y Barlaam la iluminó con la hermosura de la
aspiración a la perfección, diciéndole: Estas almas nobles y valientes marchan juntas por el mismo camino para arribar a las moradas de la Gloria, que el Padre de las luces tiene preparadas para
todos los que le amaron .
Cuántos se sienten abrasados por el
deseo de alcanzar el Cielo, desprecian cuanto tienen de gloria humana o terrena y se esfuerzan por llegar muy pronto a la Presencia
de Dios.
Entusiasmado con esta nobilísima idea del Cielo y con el deseo de la vida santa de las almas consagradas y de que el gozo del
Cielo está en proporción del Amor a Dios y de las virtudes, exclama:
Verdaderamente, son Bienaventurados y mil veces benditos estos
que, abrasados en Divino Amor e inflamados en la Caridad del Cielo,
miraron todo lo demás como nada. Y si derramaron lágrimas y
permanecieron día y noche en llanto, fue para asegurar la alegría
eterna. Se humillaron a sí mismos en la tierra para ser grandemente ensalzados en el Cielo.
Afligieron su cuerpo con sed y con hambre y con prolongadas vigilias para ser en el Cielo colmados de las
delicias y alabanzas del Paraíso. Por la pureza del corazón fueron
en el desierto tabernáculo del Espíritu Santo, como lo dice la Divina
Escritura: Pondré mi morada y me pasearé en ellos.
Bienaventurados son y mil veces benditos ellos, porque, viendo claramente la vaciedad de estas cosas presentes y la inestabilidad e inconstancia de las prosperidades de los hombres, las renunciaron y llegaron a alcanzar aquella vida que nunca fenece, ni
tiene entrada en ella el dolor o la muerte.
24- ¡Qué impresión tan cargada de luces de inmortalidad y
de Cielo embarga el ánimo cuando, como un nuevo Simeón con Jesús en los brazos, abraza Barlaam a Josafat en el silencio de la soledad:
...que convierte mi vivir
en anticipo del Cielo
que se empieza a presentir! (5).
Luz purísima de Gloria les envuelve y aleteos de Ángeles los
acarician, y de sus labios brota, como en armonía de inmortalidad
gloriosa, esta alabanza al heroísmo de Josafat en dejar el trono y
vivir con Dios en soledad, esperando el Cielo: Magníficamente has
hecho, amado hijo, en venir a esta soledad. Hijo, vuelvo a decir: hijo de Dios y heredero del Cielo, pues con toda cordura sobreestimaste y preferiste el Amor de Jesucristo a todos los bienes caducos
e inseguros y los vendiste todos para comprar la preciosa margarita
que supera a todo por su valor... El Señor te conceda los bienes
eternos por los perecederos e inseguros que dejaste por Dios (6).
Esta es, muy resumida, la hermosísima leyenda. Para mí son
más convincentes y más persuasivos las razones y los argumentos
que me enseñan las historias que los meramente especulativos;
aquí verás la aclaración a las dudas y a la confusión que tú traías
por las actuales doctrinas y modos de vivir. Me pedías te lo explicara. No sé hacerlo con más perfección que ésta.
-Ni podía presentarme otro argumento más convincente y
eficaz que éste- le dije -ni sé cómo agradecérselo. Aquí oigo la
voz de Jesús por Su Evangelio; aquí me hablan los Santos, y Dios
hace milagros aprobando su conducta. Aquí veo cómo estos Santos tenían presente ganar el premio del Cielo, premio que excede toda
ilusión; es el premio de la felicidad sin término, como de la infinita
magnanimidad de Dios.
Muy agradablemente veo que Dios da ese
Cielo en proporción de la generosidad con que se le entregaron las
almas en amor, y vivieron para Él en la tierra teniendo por única
aspiración hacer en todo Su Voluntad. ¿Cómo le agradeceré la
bondad, el amor y la claridad con que me lo ha hecho ver? ¡Y cómo
envidio este retiro y silencio en que vive y le admiro!
Muy gratamente impresionado y con muy clara luz en la inteligencia y mayor paz en el alma, y grande decisión y alegría en la
voluntad, me despedí muy agradecido. Dentro de mí sentía como
un gratísimo eco que me repetía: dejarlo todo por Dios para vivir a
Dios. Ofrecerse todo a Dios para vivir el amor más hermoso y santificador. Ser todo de Dios en luz de Fe y esperanza del Cielo. Y la
imaginación me presentaba llenos de luz a San Pablo el Ermitaño, subiendo al Cielo entre multitud de Ángeles, con los Profetas y con
los Apóstoles, y a San Julián, de cuya boca ven salir la paloma
blanquísima y subir al Cielo entre armonías sobrenaturales que todos oyen, y a Santa Teresa de Jesús, a quien vienen a buscar Jesús y la Virgen con las once mil vírgenes y con ellas entrar triunfante en la Gloria, y tantos Santos más que tuvieron muerte tan hermosa. Y el eco agradabilísimo continuaba repitiendo: el Cielo, el Cielo;
todo lo hicieron por el Cielo, y al Cielo subieron y en el Cielo son felices. ¡Mil veces dichosos ellos! ¡Dios mío, que no salga yo del camino del Cielo! Dadme vuestro Cielo.
Y la memoria insistente me repetía la frase de San Antonio,
que "compraba oro con tierra", o sea Cielo con tierra. Y la respuesta de San Nivardo a sus hermanos cuando le comunicaron le dejaban todos los bienes para consagrarse ellos a Dios en el convento:
"Me dejáis la tierra, y vosotros escogéis el Cielo; no es justo; yo
también dejo los bienes"; y se consagró con sus hermanos a Dios.
NOTAS
1) P. Juan Crosset: Año Cristiano, 27 de Noviembre; P. Ribadeneira: Leyendas de Oro, 27 de Noviembre,
2) Sancti Joannis Damasceni Opera; De Barlaam et Josaphat Historia. cap.
XII.
3) Id., id, cap. II.
4) Id., cap. XII.
5) Poesía de una Carmelita Descalza de Duruelo.
6) De Barlaam et Josaphat Historia. cap. XXXVIII.