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martes, 24 de febrero de 2026

LA FAZ DE JESUCRISTO, poderosa arma contra Satanás


Oh, Faz adorable, que haces 
estremecer a los demonios, 
ten misericordia de nosotros



                    Adoremos la adorable Faz de Jesús, ante quien debe doblarse toda rodilla, en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno, que permite a los demonios acercársele y contemplar Sus rasgos. 

                    Bajo el velo de humanidad, Su Divinidad sólo tiene que manifestarse por sí Misma, bastando un momento para arrojar a los enemigos de Dios y a todos los injustos al abismo. 

                    Jesús quiso ser tentado por el Demonio, quiso someterse a sus asaltos. La Luz Increada no tuvo miedo de estar a menudo en presencia del Ángel de las tinieblas. En el desierto el Tentador se le acercó, y sugirió al Divino Penitente las tres tentaciones que tienen como origen la triple concupiscencia del orgullo, del amor a las cosas terrenas, y de la sensualidad. 

                    Jesús no las combatió con nada, excepto dulzura y paciencia. Se opuso a ellas con calma, energía y dignidad, con una mirada de Sus ojos, con una palabra salida de Su boca divina.  A menudo tendrá ocasión de expulsar al espíritu impuro fuera de los cuerpos de los poseídos, y fuera de las almas de los pobres pecadores, su forma de actuar será siempre la misma.  

                    Quiere enseñarnos que mientras permanezcamos en la tierra, tendremos que luchar contra esto "un león rugiente que siempre busca a quien devorar". Si se trató con rigor al Maestro, igual debe ser con el discípulo. ¡Acaso los Santos no soportaron la tentación en proporción a la altura de Santidad que habían alcanzado!. 

                    La tentación no es un pecado. El pecado consiste en una voluntad perversa y en el consentimiento; la voluntad siempre permanece libre. El Diablo siempre merodeará el corazón con ruidosos rugidos, él no puede entrar en él, y enlodar su pureza, a menos que se lo permitamos voluntariamente.

                    ¿Cuál es el requisito, Oh mi Dios, a fin de no sucumbir?. Desconfiar de las criaturas, confiar en Vuestra Gracia, recurrir a vuestro Poder: "Señor, muéstranos Tu Santa Faz y seremos salvos". 

                    Oh Buen Jesús, a la hora del peligro, al momento en que las aguas de la iniquidad están a punto de desbordar mi corazón, mostradme Vuestra Faz Divina; y el Demonio, desarmado y vencido, volará lleno de confusión a sus oscuros abismos: Ostende Faciem Tuam, et salvi erimus. 

                    Es a la hora del peligro que los polluelos se refugian bajo las alas de su madre, y las ovejas bajo el cayado de su Pastor. Cuando no encontramos reposando en los pastos del Señor, nada tenemos que temer a los dardos del Enemigo; por un momento, podemos olvidarnos de él cuando nos viene toda ayuda; pero de repente, dejemos se nos presente el Enemigo, y es entonces cuando nos apresuraremos a arrojarnos al Seno del Padre, quien puede defendernos. 

                    Armados con el pensamiento que estamos bajo la Mirada de Dios, como buenos soldados combatiremos bajo la mirada de su líder, probaremos a Dios nuestra fidelidad y amor, lucharemos contra el Enemigo, venceremos sus tramas alejándonos del pecado y de las ocasiones que nos conducen a él.  

                    Contra las tentaciones de orgullo, el alma Cristiana sólo tiene que considerar la Faz de su Dios cubierta de oprobios, ensangrentada y desfigurada, a fin de expiar las rebeliones de su criatura culpable, contra las tentaciones de sensualidad, sólo tiene que pensar en sus sufrimientos, contra las tentaciones de apego a los bienes mundanos, sólo tiene que contemplar a Cristo desnudo sobre la Cruz, y ante tal vista, ¿quién no se sentirá fortalecido a luchar el buen combate del Señor?.

                    Una vez se le apareció el Demonio a uno de los Siervos de Cristo, quien ya le había infringido la más de las ignominiosas derrotas. San Martín se encontraba en oración, en su celda. De repente se miró bañado en una luz púrpura; seguido vio ante sus ojos a un personaje resplandeciente de luz, de rostro sereno y aire gozoso, envuelto en traje real, su frente coronada con una diadema. "Martín", "Soy Cristo, adórame". El Santo se detuvo y reflexionó un momento: "Mi Señor Jesús", respondió, "¿acaso no me anunciaste que Te aparecería vestido de púrpura y coronado con una diadema?. Por mi parte, si no Te veo con el Rostro bajo lo que sufriste, con Tus estigmas y Tu Cruz, no creeré que eres Tú". Ante estas palabras, el fantasma se desvaneció. 

                    Si deseamos poner al Demonio a volar, recordemos entonces de la Pasión de Nuestro Señor, y contemplemos Su Santa Faz desfigurada por el pecado. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

Christo igitur passo in carne, 
et vos eadem cogitationi armamini 
(I Pedro, 1,4) 

Armémonos contra el Demonio 
con el pensamiento de Cristo crucificado.


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903


jueves, 26 de diciembre de 2024

EL ADIÓS DE LA TARDE A JESÚS SACRAMENTADO



Estampa devocional diseñada para ser impresa a doble cara. 
Permitida su difusión, sin fines comerciales

               ¡Oh Jesús mío! Prisionero Celestial, ya el sol está en el ocaso y las tinieblas invaden la tierra, y Tú quedas solo en el Tabernáculo de Amor. Me parece verte triste por la soledad de la noche, no teniendo en torno a Ti la corona de Tus hijos y de Tus tiernas esposas, que al menos Te hagan compañía en Tu voluntario cautiverio. 

               Oh mi Prisionero Divino, también yo siento que el corazón se me oprime por tener que alejarme de Ti, y me veo forzada a decirte adiós, pero qué digo, ¡oh Jesús!, nunca jamás adiós, no tengo ánimo de dejarte solo, adiós Te digo con los labios pero no con el corazón, más bien mi corazón lo dejo junto Contigo en el Sagrario, contaré Tus latidos y Te corresponderé, por cada uno, con un latido de amor; numeraré Tus afanosos suspiros, y para darte consuelo Te haré descansar en mis brazos; seré Tu vigilante centinela, estaré atenta para ver si alguna cosa Te aflige o Te da dolor, no sólo para no dejarte nunca solo, sino para tomar parte en todas Tus penas. 

               ¡Oh, Corazón de mi corazón! ¡Oh Amor de mi amor! Deja ese aire de tristeza y consuélate, no resisto verte afligido. Mientras con los labios Te digo adiós, Te dejo mis respiros, mis afectos, mis pensamientos, mis deseos y todos mis movimientos, que enlazando entre ellos continuos actos de amor, unidos a los Tuyos Te formarán una corona, Te amarán por todos. ¿No estás contento, ¡oh! Jesús. Parece que me dices que sí, ¿no es verdad?. 

               Adiós, ¡oh! Amante Prisionero, pero aún no he terminado, antes de irme quiero dejar también mi cuerpo ante Ti, intento hacer de mi carne, de mis huesos, tantos diminutos pedazos para formar tantas lámparas por cuantos Sagrarios existen en el mundo, y de mi sangre hacer tantas llamitas para encender estas lámparas, y en cada Sagrario quiero poner mi lámpara, que uniéndose a la lámpara del Sagrario que Te ilumina la noche, Te dirá: “Te amo, Te adoro, Te bendigo, Te ofrezco reparación y Te doy las gracias por mí y por todos”. 



               Adiós, ¡oh! Jesús, pero escucha una última cosa: “Hagamos un pacto, y el pacto sea que nos amemos más; Tú me darás más amor, me encerrarás en Tu Amor, me harás vivir de Amor y me sepultarás en Tu Amor; estrechemos más fuertemente el vínculo del Amor”. Sólo estaré contenta si me das Tu Amor para poder amarte de verdad. 

               Adiós ¡oh! Jesús, bendíceme, bendice a todos, estréchame a Tu Corazón, aprisióname en Tu Amor, y dándote un beso en el corazón Te dejo, adiós, adiós. 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, “Libro de Cielo, Vol. 11



martes, 29 de octubre de 2024

LA FAZ DE JESÚS Y MAGDALENA


Oh, Faz adorable, cuya modestia 
y dulzura atrajo a justos y pecadores, 
ten piedad de nosotros


               Había una mujer de gran renombre en la ciudad, y esta mujer era una pecadora. El poder de una mirada de Jesús, la generosidad del amor de Magdalena, estos son los dos misterios que presenta este pasaje del Evangelio, tan consolador para el alma cristiana. 

               Delante de Ti, ¿quién puede llamarse a sí mismo justo, Oh mi Dios? Tus ojos divinos, que iluminan los esplendores del Cielo, aún en los Ángeles descubren manchas, esos espíritus que son tan puros.

               ¿Cómo me atreveré a comparecer ante Ti? La consideración de Tu misericordia hacia María Magdalena serán mi esperanza y mi consuelo.  

               Cierta tarde, de acuerdo con una piadosa tradición, María Magdalena estaba sentada a la puerta de su lugar de habitación, inhalando el balsámico aire de la primavera, cuando un grupo de viajeros pasaron frente a ella. Uno de ellos, quien parecía ser un profeta, estaba explicando la Ley, y cuando se acercó donde estaba Magdalena, ella escuchó estas palabras: "Os digo que aún habrá gozo en el Cielo por un pecador que haga penitencia". Y al mismo tiempo, alzando su cabeza, arrojó, con sus ojos, una mirada a Magdalena, y la mirada de la Faz Divina se encontró con la mirada de la pecadora. 

               Unos días después, Jesús fue invitado a una fiesta en la casa de un fariseo, cuando apareció una mujer, llevando una jarra de alabastro lleno de un delicioso perfume. Derramándolos sobre los pies del Salvador, los enjugó con sus lágrimas, y luego se los secó reverentemente con su cabello. 

               "Muchos pecados le son perdonados", le dijo inmediatamente el Salvador, "porque ha amado mucho". Tal fue la recompensa de la pecadora. 

               La primera mirada que la Faz Divina lanzó sobre ella fue un destello de gracia; la segunda mirada hizo que Magdalena cayera a los pies de Jesús, para levantarla de nuevo, purificada, curada y renovada. 

               Oh incomparable Faz de Jesús, mira también sobre mi pobre alma, y conviérteme como a la Magdalena. 

               Luego de encontrarse con Jesús, María Magdalena regresó a su casa paterna, la cual había olvidado hace mucho tiempo. Pasaron varios meses en medio de los gozos que acompañaron su regreso, de los placeres por los deberes cumplidos, y de la unión fraterna.  

               Sucedió un día, que el divino Maestro, se apareció en el umbral del lugar de habitación de Lázaro y sus hermanas. Fatigado por sus trabajos apostólicos. Vino a Betania, a pedir reposo en medio de sus amigos. Magdalena fue la primera en comprender la felicidad de poseer al Salvador. De rodillas a sus pies, escucha, contempla, adora, y pronto merece escuchar estas palabras consoladoras que caen de los labios del Mesías: "María, ha escogido la mejor parte, y no le será quitada". Las recibe, las pone en su corazón, y de ahí en adelante se agarra a Jesús, para nunca de nuevo separarse de Él. Por dondequiera busca una mirada de su Faz Divina, y en el día de la prueba, se precipita sobre Él exclamando "Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".

               En el Calvario, la pecadora, permanece al lado de la Virgen de los Dolores; embalsama el cuerpo de su Maestro, se sujeta a su sepulcro, y es una de los primeros que merece la gracia particular, de recibir la primera mirada de la Santa Faz resucitada. 

               Alma mía, mira tu modelo: una pecadora como Magdalena, una mirada de la Faz de Jesús cae sobre ti, para tocarte y convertirte. Busca siempre esta Divina Mirada, y si no se te permite disfrutar durante largo tiempo de los deleites de la contemplación, ve y anuncia al mundo, como Magdalena, la felicidad de haber encontrado de nuevo a Jesús y las maravillas de su Amor.


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Faciem Tuam Domine requiram".  
Buscaré Señor Tu Faz
(Salmo 31)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903



jueves, 26 de septiembre de 2024

ORACIÓN DE OFRECIMIENTO PARA RECITAR DESPUÉS DE COMULGAR A JESÚS SACRAMENTADO



Estampa devocional diseñada para ser impresa a doble cara. 
Permitida su difusión, sin fines comerciales

               "Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba pensando cómo ofrecer una cosa más especial a Jesús, cómo mostrarle mi amor y darle mayor gusto; y le he dicho: "Queridísimo Jesús mío, Te ofrezco mi corazón para Tu satisfacción y Tu eterna alabanza, y Te ofrezco todo mi ser, hasta las mínimas partículas de mi cuerpo, como otros tantos muros que pongo delante de Ti, para impedir toda ofensa que Te hagan, aceptando todas sobre mí, si fuera posible y como a Ti Te guste, hasta el día del Juicio; y ya que quiero que mi ofrecimiento sea completo y Te satisfaga por todos, quiero que todas las penas que tenga que soportar, recibiendo yo las ofensas que Te hagan, Te compensen por toda la Gloria que habrían debido darte los Santos que están en el Cielo cuando estaban en la tierra, la que Te debían dar las Almas del Purgatorio y la Gloria que Te deben todos los hombres pasados, presentes y futuros; Te las ofrezco por todos en general y por cada uno en particular". 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 4, 3 de Octubre de 1901




martes, 30 de abril de 2024

LA SANTA FAZ Y EL APÓSTOL PEDRO


Oh, Faz adorable, 
cuya divina mirada traspasó 
el corazón de San Pedro 
con una flecha de dolor y amor, 
ten piedad de nosotros.


               Jesús se encontraba a orillas del lago de Genesareth, y Andrés vino y dijo a sus hermanos "Hemos encontrado al Mesías".  De inmediato le condujo a Jesús, habiendo visto a Simón -Intuitus autem eum Jesus- , en el mismo instante le dijo "Tú eres Simón, hijo de Juan, de ahora en adelante te llamarás Cefas, que quiere decir piedra". Admiremos el poder y la eficacia de la mirada de Jesús. 

               Él vuelve Su Santa Faz sobre un pobre pescador, y descubre en él lo que hasta entonces nadie había visto, un alma elegida, un futuro pescador de hombres, él quien estaba destinado a ser la piedra angular sobre la que habría de edificar Su Iglesia. 

               Esta mirada penetró tanto el alma de Pedro, que inmediatamente abandonó sus redes y su familia, y siguió a su Maestro.

               ¿Acaso no fue también una mirada de los ojos del Salvador, que cayeron sobre mi alma, en el instante en que quizás me encontraba lejos de la grey celestial, y que, iluminándome con un rayo de gracia, me capacitaron para comprender la nada de las cosas creadas, y la felicidad de seguir al Divino Maestro? 

               Oh, Señor, obra Tu tierna mirada para que brille una vez más, y señálame el camino que debo seguir, a fin de que de ahora en adelante evite las sendas del vicio y el error.  

               "Aunque todos se escandalicen de Ti, Yo nunca me escandalizaré" , replicó el Apóstol a su Maestro en la víspera de Su Pasión; y como castigo de su arrogante confianza en sí mismo, Jesús permitió que las palabras dichas por una sirvienta hicieran que Su Vicario le negara por tres veces y afirmara con juramento que no conocía al hombre. 

               ¡Oh, Jesús, qué lección! ¡Pero, mira! apenas se había consumado la caída antes que el Salvador piense en nada más que en levantar de nuevo a Su Apóstol. Se olvida de Sus propios sufrimientos e ignominias, y vuelve hacia él Su Faz adorable; un rayo de luz de amor, proveniente de los ojos del Maestro, penetra el corazón del discípulo infiel, y Pedro confiesa su culpa. "Flevit amare", dice el Evangelio, "lloró amargamente", y tan amargamente, que un riachuelo de incesantes lágrimas trazó sobre la cara de Pedro un surco imborrable. 

               ¿No es la historia de Tu Apóstol de alguna manera la mía?.  ¿Cuántas veces no Te he negado por el pecado?. ¡Cuántas me has levantado de nuevo con una mira tierna de Tus ojos!. 

               Pero, Oh mi Jesús, ¿se ha asemejado mi contrición a esa del Apóstol penitente?. Dame su verdadero dolor por mis culpas, y que aprenda, contemplando Tu augusta Faz, desfigurada por mis pecados, de aquí en adelante a llevar una vida de reparación y amor. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Conversus Domini respexit Petrum, 
egressus foras, Petrus flevit amare". 
Y el Señor, volviéndose, miró a Pedro, 
y Pedro, saliendo, lloró amargamente. 
(Evangelio de San Lucas, 22, 61)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903





jueves, 25 de abril de 2024

ORACIÓN DE OFRECIMIENTO PARA RECITAR DESPUÉS DE COMULGAR A JESÚS SACRAMENTADO



Estampa devocional diseñada para ser impresa a doble cara. 
Permitida su difusión, sin fines comerciales

               "Habiendo recibido la Santa Comunión, estaba pensando cómo ofrecer una cosa más especial a Jesús, cómo mostrarle mi amor y darle mayor gusto; y le he dicho: "Queridísimo Jesús mío, Te ofrezco mi corazón para Tu satisfacción y Tu eterna alabanza, y Te ofrezco todo mi ser, hasta las mínimas partículas de mi cuerpo, como otros tantos muros que pongo delante de Ti, para impedir toda ofensa que Te hagan, aceptando todas sobre mí, si fuera posible y como a Ti te guste, hasta el día del Juicio; y ya que quiero que mi ofrecimiento sea completo y Te satisfaga por todos, quiero que todas las penas que tenga que soportar, recibiendo yo las ofensas que Te hagan, Te compensen por toda la Gloria que habrían debido darte los Santos que están en el Cielo cuando estaban en la tierra, la que Te debían dar las Almas del Purgatorio y la Gloria que Te deben todos los hombres pasados, presentes y futuros; Te las ofrezco por todos en general y por cada uno en particular". 


Nuestro Señor a Luisa Piccarreta, "Libro de Cielo", Vol. 4, 3 de Octubre de 1901




martes, 23 de abril de 2024

EL BESO DEL TRAIDOR SOBRE LA FAZ DE JESÚS


Oh, Faz adorable, 
besada por Judas el traidor, 
ten piedad de nosotros


               Jesús, habiendo terminado su oración, regresó donde sus discípulos y les dijo "Levantaos, vamos ; mirad, está cerca el que habrá de traicionarme". Apenas había terminado de hablar, cuando Judas se presentó a la cabeza de una tropa armada con espadas y antorchas, para llevarse al Señor conforme el signo que les había dado a ellos... "Aquél, a quien yo bese, ése mismo es, lleváoslo rápidamente". Y mira que el traidor en verdad se acerca a Jesús, y le da un beso infame sobre Su augusta Faz, diciendo "Te saludo, Maestro", ¡qué hipocresía y qué ultraje! 

               Nuestro Señor había colmado a Judas con bondad, lo había llamado a la gloria del apostolado, lo había honrado con el don de realizar milagros, y había confiado a su cuidado los recursos de los que podía disponer el rebaño que le había seguido. 

               Después de haberle lavado sus pies, lo había admitido al primer banquete eucarístico y se le había dado Él mismo en la Santa Comunión... ¡Que Comunión sacrílega, oh, Buen Maestro, ¡y que terrible el resultado de ella! ¡El ultraje infringido sobre Jesús por el traidor se dirige a Su Corazón, y se manifiesta en Su Santa Faz!. 

               Cuán dolorosa para el Salvador fue la traición de Su apóstol. Jesús la recibe y Él aún llama a Judas su amigo "Amice, ad quid venisti?" (Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 50).

               Era tanto como para decirle "Aunque ya no Me amas más, Yo siempre te amo, y Mi Corazón permanece abierto para ti, a pesar de la vergüenza que cubre Mi Rostro". 

               Perdón, Señor, perdón, mil veces, perdón por el beso traidor. Ah, ojalá con mi amor consolara Tu Corazón, y por mis reparaciones lavara Tu Faz divina por las afrentas recibidas en el Huerto de la Agonía. 

              ¡Cuántas veces, ah! ¡no ha sido renovado el beso de Judas! Conozco un hombre, oh, Dios mío, a quien colmaste con el exceso de Tu ternura, y en cuya alma, sumergida en la inmundicia del pecado, Te compadeciste. Tú la alzaste y la sumergiste en el baño de la Salvación, la acercaste a Tu Corazón, y la alimentaste en Tu mesa con el Pan de los Ángeles, y todavía este hombre Te traiciona. Y este pecador soy yo mismo, oh Señor, yo que he despedazado Tu Corazón, con mi ingratitud, y con mis iniquidades. He cubierto Tu Faz adorable de vergüenza. 

               Por último, no me permitas traicionarte con una Comunión sacrílega, con un beso hipócrita. Ah, Señor, sería mejor para mí morir mil veces que de nuevo traicionarte. Inclina sobre mí Tu Faz misericordiosa. Que escuche, caer de Tus labios, la dulce palabra pronunciada en el huerto "Amice", amigo... Sí, Jesús, de ahora en adelante, seré Tu amigo. ¡Qué insensatez traicionarte por una locura pasajera de orgullo, de sensualidad y de avaricia!. ¿En mi última hora que habré cosechado de ello?

               Amarte como un fiel apóstol, tal debe ser el pósito de mi vida; reparar los ultrajes que Te he infringido, será de ahora en adelante mi única ocupación, para que un día pueda escuchar pronunciar de Tus labios, ya no más un amable reproche, sino lleno de ánimo y salvación "Amice, ad quid venisti?" Y yo responderé "¡Señor, a alabarte, a amarte, a bendecirte por toda la Eternidad!


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Osculetur me osculo oris Sui".  
Que me bese con los besos de Su boca 
(Cantar de los Cantares, 1, 1)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903




viernes, 28 de julio de 2023

ORACIONES DICTADAS POR NUESTRO SEÑOR a la mística Sor Josefa Menéndez ( I ) PARA REPARAR LOS PECADOS QUE SE COMETEN DURANTE ESTA HORA



               Nuestro Señor había fijado en Sor Josefa Menéndez una mirada de predilección, y por eso, desde su entrada a la vida religiosa le manifestó Su Corazón y Su sed de salvación de las almas, asociando íntimamente a Sor Josefa a los sufrimientos de Su Pasión. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió Su Corazón. "Quiero – le dijo- que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios".

               Entre las numerosas Revelaciones con que fue bendecida Sor Josefa, hemos querido extraer algunas de las oraciones que Nuestro Señor y Su Santa Madre enseñaron a la humilde religiosa lega; por su brevedad y sobre todo, por su riqueza teológica y espiritual, recomendamos y animamos a que las impriman para poder rezarlas habitualmente.





martes, 13 de junio de 2023

SERÁN AMADAS DE DIOS ESTAS ALMAS. La revelación del Inmaculado Corazón de María

 



            La Segunda Aparición de Nuestra Señora en la aldea portuguesa de Fátima, tuvo lugar según lo había anunciado la Virgen en Mayo, "...quiero que vengáis aquí los días trece de cada mes...". En esta ocasión, coincidiría con la Fiesta de San Antonio, muy celebrado en Portugal. Los niños videntes, Lucía, Francisco y Jacinta, a pesar de tener conocimiento de las fiestas del pueblo, prefirieron apartarse para ir al encuentro de aquella Señora tan hermosa que les había asegurado que venía del Cielo.  

            Al llegar a la Cova de Iría, los videntes notaron nuevamente un resplandor, al que llamaban relámpago, pero que no era propiamente tal, sino el reflejo de una luz que se aproximaba. Algunos de los espectadores, que en número de cincuenta, aproximadamente, habían acudido al lugar, notaron que la luz del sol se oscureció durante los primeros minutos del coloquio. Otros dijeron que la copa de la encina, cubierta de brotes, pareció curvarse como bajo un peso, un momento antes de que Lucía hablara. Durante el coloquio de Nuestra Señora con los videntes, algunos oyeron un susurro como si fuese el zumbido de una abeja.

          Lucía: ¿Vuestra Merced qué quiere de mí?

          Nuestra Señora: Deseo que vengáis aquí el trece del mes próximo, que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero.

          Lucía pidió la curación de una persona enferma.

          Nuestra Señora: Si se convierte, se curará dentro de este año.

          Lucía: Quería pedirle que nos llevara al Cielo.

          Nuestra Señora: Sí, a Jacinta y Francisco los llevaré pronto; pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace le prometo la salvación; y serán amadas de Dios estas almas como flores puestas por Mí para adornar Su Trono.




          Lucía: ¿Y me quedo sola?

          Nuestra Señora: No, hija. ¿Tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.

          "Al decir estas últimas palabras –cuenta Lucía– abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de aquella luz tan intensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Francisco y Jacinta parecían estar en la parte que se elevaba hacia el Cielo y yo en la que se esparcía por la tierra. Delante de la mano derecha de Nuestra Señora había un Corazón rodeado de espinas que parecía se le clavaban por todas partes. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación..."

          Cuando se desvaneció esta Visión, la Señora, envuelta todavía en la luz que Ella irradiaba, se elevó del arbusto sin esfuerzo, suavemente, en dirección al Este, hasta desaparecer del todo. Algunas personas más próximas notaron que los brotes de la copa de la encina estaban inclinados en la misma dirección, como si los vestidos de Nuestra Señora los hubiesen arrastrado. Sólo algunas horas más tarde volvieron a su posición natural.