Mostrando entradas con la etiqueta Diario de Conchita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de Conchita. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de noviembre de 2023

ÚLTIMA APARICIÓN DE NUESTRA DEL CARMEN EN GARABANDAL

  



               Relato de la última Aparición de Nuestra Santa Madre en Garabandal, el 13 de Noviembre de 1965, con la que fue favorecida Conchita González, que contaba entonces 16 años de edad y que había sido la principal vidente de la Virgen en las Manifestaciones que se desarrollaron en la pequeña aldea de la Provincia de Santander, desde Junio de 1961 hasta Noviembre de 1965.


"El Sábado ve a Los Pinos y allí me verás 
y me traes muchos objetos religiosos y Yo 
todos los besaré, para que tú los repartas 
y Mi Hijo por mediación de ellos haga prodigios" 


               "El Sábado, día 13 de Noviembre, tenía anunciado por la Virgen, en una locución que recibí en la Iglesia, que la vería en Los Pinos: especial Aparición para besar objetos religiosos y repartirlos después, ya que tienen gran importancia. Yo estaba con grandes deseos de que llegase ese día, para volver a ver a quien ha sembrado en mí la felicidad de Dios: a la Virgen con el Niño Jesús en Sus brazos. Estaba lloviendo, pero a mí no me importó. Subí a Los Pinos y llevaba conmigo muchos Rosarios que hacía poco me los habían regalado para repartirlos, y yo, como me había dicho la Virgen en la locución, los llevé para que los besara.  

               Subiendo sola a Los Pinos iba diciéndome, como muy arrepentida de mis defectos, que yo no caería más en ellos, porque me daba apuro presentarme delante de la Madre de Dios sin quitarlos. Cuando llegué a Los Pinos empecé a sacar los Rosarios que llevaba y estándolos sacando, oí una voz muy dulce, la de la Virgen, que se distingue entre todas, y me llamaba por mi nombre. Yo le he contestado: "¿qué . . .?" Y en ese momento la he visto, con el Niño Jesús en brazos. Venía vestida como siempre y muy sonriente. Yo le he dicho: —"Ya he venido a traerte los Rosarios para que los beses". Y Ella me ha dicho: —"Ya lo veo".



Conchita González, la principal vidente de Garabandal
durante un éxtasis en Los Pinos, en la zona alta del pueblo.
Allí vería por última vez a Nuestra Santa Madre...


               Después me ha dicho: —"¿Te acuerdas de lo que te dije el día de tu Santo, de que sufrirías mucho en la Tierra?... Pues te lo vuelvo a decir. Ten confianza en Nosotros y lo ofrecerás con gusto a Nuestros Corazones, por el bien de tus hermanos, porque así estarás más unida a Nosotros". 

               Yo le he dicho: —"Qué indigna soy, oh Madre nuestra, de tantas Gracias recibidas por Vos y todavía venir hoy a mí para sobrellevar la pequeña cruz que ahora tengo". Ella me ha dicho: —"Conchita, no sólo vengo por ti, sino que vengo por todos Mis hijos, con el deseo de acercarlos a Nuestros Corazones". Y me ha pedido: —"Dame, para que pueda besar todo lo que traes". Y se lo he dado todo. 

               Llevaba conmigo una Cruz y la ha besado y después me ha dicho: —"Pásala por las manos del Niño Jesús". Y yo lo he hecho y Él no ha dicho nada. Yo le he dicho: —"Esta Cruz la llevaré conmigo al convento", pero no me ha dicho nada. 

               Después de besarlos me ha dicho: —"Mi Hijo, por medio de este beso que Yo he dado aquí, hará prodigios. Repártelos a los demás"... —"Claro, yo así lo haré". Después de esto me ha pedido le diga las peticiones para los demás, que me habían encomendado.




                —"Será la última vez que Me veas aquí, pero estaré siempre contigo y con todos Mis hijos". Después añadió: —"Conchita, ¿por qué no vas a menudo a visitar a Mi Hijo al Santísimo?, ¿por qué te dejas llevar por la pereza, no yendo a visitarle cuando os está esperando de día y de noche?" 

                Como ya he escrito estaba lloviendo mucho y la Virgen y el Niño Jesús no se mojaban nada. Yo, cuando los estaba viendo no me daba cuenta de que llovía, pero cuando dejé de verlos estaba mojada. Yo le he dicho: —"¡Ay qué feliz soy cuando os veo! ¿Por qué no me llevas contigo ahora?" Y me ha contestado: —"Acuérdate de lo que te dije el día de tu Santo... al presentarte delante de Dios tienes que mostrarle tus manos llenas de obras hechas por ti en favor de tus hermanos y para Gloria de Dios". Se ha pasado ese feliz rato que he pasado con mi Mamá del Cielo y mi mejor Amiga.


Tomado del "Diario de Conchita"



lunes, 26 de julio de 2021

EL DIVINO NIÑO JESÚS EN LAS APARICIONES DE GARABANDAL


               Conchita dice en su Diario:

               "La Virgen, algunas veces trae el Niño en los brazos, muy chiquitín, como un nene recién nacido. Una carita redonda, parece el color como la Virgen, una boquita pequeña, un pelín un poco largo, rizoso; maninas pequeñas, un vestido como una túnica color azul cielo".

               Del Lunes día 3 de Julio de 1961, segundo día de ver a la Santísima Virgen, narra Conchita:





               "Según llegamos al cuadro se nos apareció la Virgen con el Niño Jesús pero no venían los Ángeles y Ella venía muy sonriente y el Niño también.

               Nosotras, lo primero que la dijimos fue:

               - ¿Dónde está San Miguel y el otro Ángel?.

               Ella se sonreía más, y la gente y padres que había nos daban objetos para que se los diésemos a besar y Ella lo besaba todo. A nosotras, como nos gustaba hacerle fiestas al Niño Jesús, cogimos piedras; yo las metía en las trenzas, Loli en las mangas y Jacinta se las daba a Él, pero no las cogía, se sonreía aun más. Mari Cruz le decía:

               -Yo, si quieres, te doy caramelos, que me los trajeron a mi hoy, y si te vienes conmigo te los doy.

               Él no decía nada y Ella nos hablaba mucho pero no nos dejó decirlo. Empezó la Aparición a las siete y media y terminó a las ocho. Cuando ya nos decía:

               - Con Dios os quedáis y conmigo también.

               A nosotras nos daba pena y la decíamos: ¡adiós!. Por último nos dijo:

               - Mañana me veréis también."

               Don Manuel Antón, Párroco de San Claudio, en la provincia de León, estaba un día en Los Pinos de Garabandal y nos cuenta con detalle lo que sucedió a Jacinta y Loli. Este día, Conchita estaba en Santander:

               "A la tercera o cuarta Avemaría del Primer Misterio, a la niña que dirigía el rezo se le cayó el rosario de la mano, y las dos lanzaron al unísono un "¡Ay!" apagado, quedando de golpe en la actitud extática que tantos conocen.

               Empezó entonces algo cuya belleza y emoción no hay manera de reflejar en palabras, ni aún logrando las mejores descripciones. Se veía clarísimamente que estaban en animada conversación con la Virgen.

               Sin dejar de mirar hacia arriba, trazaban a veces con la mano circulitos, crucecitas y otros signos o figuras en el suelo; allí ponían los objetos que antes, o después, levantaban en sus manos dándolos a besar a la Virgen.




               Yo no logré captar lo que decían, pero sí capté lo que empezaron a decir luego:

               - "¡Bájale... Bájale...!" y levantaban los brazos como queriendo recibir algo en ellos. Para mí era evidente que estaban pidiendo a la Virgen que bajara a su altura y les dejara el Niño. ¡Había un anhelo en sus ojos y en su súplica!

               Instantes después, dieron la impresión de que ya tenían en sus brazos lo que tanto deseaban, pues fueron bajando la vista e inclinándose suavemente hacia el Niño que parecía pasar de los brazos de una a los de otra. Mientras repetían:

               - ¡Ay, qué hermoso...! ¡Qué precioso...! Pero ¡qué hermoso es...!

               Puedo atestiguar que lo decían de un modo que impresionaba. Parecía que en aquellas palabras y en su mirar se les iba el alma, de amor y de gozo. Pude seguir por sus gestos el momento de devolver el Niño a la Madre, etc.

               Luego les oí:

               - "¡No te vayas...! ¿Cómo? ¿Tres cuartos de hora ya...?".

               Yo no había cronometrado el tiempo; pero allí cerca veo a un Sacerdote, luego me enteré de que era el Cura de Aguilar de Campoo, y él, mostrándome el reloj, me aseguró que era exactamente el tiempo que llevaban en éxtasis, pues había tenido buen cuidado de mirar la hora al comenzar."



viernes, 18 de junio de 2021

18 JUNIO DE 1961: PRIMERA APARICIÓN DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL EN GARABANDAL

 




              Era un Domingo por la tarde, donde nos encontrábamos todas las niñas jugando en la plaza. De repente Mari Cruz y yo pensamos ir a coger manzanas y nos dirigimos directamente allí (se trata del lugar donde se encuentra el manzano de la primera aparición), sin decir nada a nadie que íbamos a coger manzanas. 

              Las niñas al ver que nos alejábamos las dos solas nos preguntaron: -¿A dónde vais?-. Nosotras les contestamos: -¡Por ahí!-. Y seguimos nuestro camino, pensando cómo íbamos a apañárnosla para cogerlas. Una vez ahí nos pusimos a coger manzanas y cuando estábamos más entusiasmadas vimos llegar a Loli, a Jacinta y a otra cría que venía a buscarnos. 

              Al vernos coger manzanas exclamó Jacinta: -¡Ay Conchita, que coges manzanas!-. -¡Calla!- le contesté yo, -que te oye la señora del maestro y se lo dice a mi mamá- (Aniceta González, viuda, con cuatro hijos: Serafín, Aniceto, Miguel y Conchita). 

               Yo me escondí entre las patatas y Mari Cruz echó a correr por las tierras. Entonces Loli exclamó: -¡No corras Mari Cruz que te vimos, ya se lo diremos al dueño!-. Entonces Mari Cruz vuelve a donde mí y salimos de nuestro escondrijo para reunimos todas. Estando hablando llamaron a la cría que venía con Jacinta y Loli, y se fue. Nos quedamos las cuatro solas y pensándolo mejor, volvimos las cuatro a coger manzanas. 




               Cuando estábamos más divertidas oímos la voz del maestro, quien al ver que se movían tanto las ramas, creyó que eran las abejas y le dijo a su mujer Concesa: -¡Vete al huerto, que andan las abejas donde está el manzano!-. Nosotras al oírlo, nos entró mucha risa. Cuando ya nos llenamos los bolsillos echamos a correr para comerlas más tranquilamente en el camino o sea en La Calleja (es el camino pedregoso que va desde el pueblo a un bosquecillo de nueve pinos). 

                Estando entretenidas comiéndolas escuchamos un fuerte ruido como de trueno (es interesante recalcar que en Fátima, poco antes de la primera aparición del Ángel de la Paz, los pastorcillos oyeron el ruido de un trueno). Y nosotras exclamamos a la vez: -¡Parece que truena!-. Eso sucedió a las ocho y media de la noche (el "Gran Milagro" anunciado para Garabandal deberá producirse también a las ocho y media de la noche). 

               Una vez terminadas las manzanas digo yo: -¡Hay que gorda!. Ahora que cogimos las manzanas que no eran nuestras el demonio estará contento y el pobre Ángel de la Guarda estará triste-. Entonces empezamos a coger piedras y a tirárselas con todas nuestras fuerzas al lado izquierdo. Decíamos ahí estaba el demonio. Una vez cansadas de tirar piedras y ya más satisfechas empezamos a jugar a las canicas con piedras. De pronto se me apareció una figura muy bella con muchos resplandores que no me lastimaban nada los ojos. Las otras niñas Jacinta, Loli, y Mari Cruz al verme en este estado creían que me daba un ataque, porque yo decía con las manos juntas: -¡Ay!... ¡Ay!...- .

               Cuando ellas ya iban a llamar a mi mamá se quedaron en el mismo estado que yo y exclamamos a la vez: -¡Ay, el Ángel!-. Luego hubo un cierto silencio entre las cuatro... y de repente desapareció. Al volver normales y muy asustadas corrimos hacia la Iglesia, pasando de camino por la función del baile que había en el pueblo. Entonces una niña del pueblo, que se llama Pili González nos dijo: -¡Qué blancas y asustadas estáis!. ¿De dónde venís?-. Nosotras muy avergonzadas de confesar la verdad le dijimos: -¡De coger manzanas!- (La Visión parece haber acentuado en las niñas el remordimiento intenso y el arrepentimiento de su falta). Y ella dijo: -¿Por eso venís así?- . Nosotras le contestamos todas a una: -¡Es que hemos visto al Ángel!-. Ella dijo: -¿De verdad?- Nosotras: -...sí, sí...- y seguimos nuestro camino en dirección a la Iglesia, y esta chica, se quedó diciéndoselo a otras. 

               Una vez en la puerta de la Iglesia y pensándolo mejor nos fuimos detrás de la misma a llorar. Unas crías que estaban jugando nos encontraron y al vemos llorar nos preguntaron: -¿Por qué lloráis?- Nosotras les dijimos: -Es que hemos visto al Ángel-. Ellas echaron a correr a comunicárselo a la señora maestra. Una vez que terminamos de llorar a la puerta de la Iglesia, entramos en ella. En aquel mismo momento llegó la señora maestra toda asustada y en seguida nos dijo: -Hijas mías, ¿es verdad que habéis visto al Ángel?- .-¡Sí señora!-. -¿A la mejor es imaginación vuestra?- . -¡No, señora, no!. Hemos visto bien al Ángel-. 




                Entonces la maestra nos dijo: -Pues vamos a rezar una Estación a Jesús Sacramentado en acción de gracias.-

               Cuando hubimos terminado de rezar la Estación nos fuimos para nuestras casas. Ya eran las nueve de la noche y mi mamá me había dicho que fuera a casa de día, y yo ese día fui ya de noche. Cuando llegué a mi casa mi mamá me dice: -¿No he dicho yo, que a casa se viene de día?. 

               Yo toda asustada por las dos cosas: por haber visto aquella figura tan bella y por venir tarde a casa, no me atrevía a entrar a la cocina y me he quedado junto a una pared, muy triste y le dije yo a mi mamá -he visto al Ángel-. Ella me respondió: -¡Todavía de venir tarde a casa me vienes diciendo esas cosas!-. Yo le respondí de nuevo: -pues yo he visto al Ángel-. Ella me respondió lo mismo, pero ya más dudosa de que yo hubiera visto al Ángel. 

               Esto fue a las nueve y media de la noche. Después ya esa noche ya no hablamos más de ello, fue una noche corriente igual que las otras sin hablar nada, ni nada.


Extraído de el "Diario" de Conchita González, 1963


Toca AQUÍ para leer otros artículos
sobre las Apariciones de Garabandal




martes, 2 de julio de 2019

PRIMERA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN GARABANDAL


               La Santa Iglesia Católica recuerda hoy la Visitación de la Virgen Nuestra Señora a su prima Santa Isabel; el evangelista San Lucas nos narra como la Virgen María "se fue con prisas a la montaña", para alentar a su pariente, que por gracia de Dios quedó embarazada después de que ya se creía estéril para engendrar. 

               Justo hoy se cumplen 58 años de otra Visita de la Virgen a la montaña: en esta ocasión, la Madre de Dios eligió la Sierra de Peña Sagra, en Santander, provincia del norte de España, donde desde hace siglos se erige la modesta aldea de San Sebastián de Garabandal. Sería allí donde cuatro sencillas niñas, se convertirían en testigos de múltiples manifestaciones celestiales, que comenzaron el 18 de Junio de 1961 con la Visión del Arcángel San Miguel, como preámbulo de las Apariciones de Nuestra Señora, que a partir del 2 de Julio, visitaría durante años a las jóvenes videntes, así hasta 1965. 

               Conchita, la principal vidente de Garabandal, siguiendo las indicaciones de su Director Espiritual, el Padre Manuel García Nieto, - jesuita que falleció en olor de santidad en 1974- escribió un Diario, en el que recogería sus encuentros con la Madre de Dios. La redacción de ese Diario sería también refrendada por otro eminente jesuita, el Padre Lucio Rodrigo Llanos y finalmente recomendada por el dominico Padre Royo Marín, lo que indica la ortodoxia doctrinal de los acontecimientos de entonces en San Sebastián de Garabandal. De ese manuscrito, queremos extractar hoy la Primera Aparición de la Virgen María: 





               Eran las 6 de la tarde. Nos fuimos a la Calleja a rezar el Rosario, sin llegar allá se nos apareció la Virgen con un Ángel a cada lado. Venían con Ella dos Ángeles, uno era San Miguel y el otro no sabemos. Venía vestido igual que San Miguel, parecían mellizos. Al lado del Ángel de la derecha, a la altura de la Virgen, veíamos un ojo de estatura muy grande. Parecía el ojo de Dios. Ese día hablamos con la Virgen mucho y Ella con nosotras. Le decíamos todo: que íbamos todos los días al prado, que estábamos negras, que teníamos la hierba en morujos etc. . . . Ella se reía ¡como le decíamos tántas cosas! . . . Rezamos el Rosario viéndola a Ella y Ella rezaba con nosotras para enseñarnos a rezarlo bien [Como Conchita lo explica, al comienzo la Visión les enseñó a recitar bien el Rosario. Después la Visión decía sólo el Gloria.] y cuando terminamos el Rosario dijo que se iba. 


               Entonces nosotras le dijimos, que estuviera otro poquitín, que había estado muy poco. Ella se reía y nos dijo que el lunes volvería. Cuando se fue, a nosotras nos dio mucha pena. Entonces algunas personas nos iban a besar y a preguntarnos lo que nos había dicho. Otras, no lo creían porque decían que cómo la Virgen iba a hablar tanto pues le contamos muchas cosas. Pero la mayoría sí creía porque decían que era como una Madre que hace mucho que no la ve su hija y le cuenta todo. Con mayor razón nosotras que no la habíamos visto nunca y además ¡era nuestra Madre del Cielo! Nos llevaron a la sacristía y un Padre que se llama D. Francisco Odriozola; nos preguntaba a una por una y después decía a la gente lo que nosotras le habíamos dicho. Así se terminó el día 2, Domingo, ¡día muy feliz! porque hemos visto por primera vez a la Virgen. Con Ella estamos todos, siempre que queramos. 


               La Virgen viene con un vestido blanco, manto azul, 
corona de estrellucas doradas, no se le ven los pies, las manos estiradas con el escapulario en la derecha.

               El escapulario es marrón, el pelo largo color castaño oscuro ondulado, la raya en el medio, la cara alargada, la nariz alargada fina, la boca muy bonita con los labios un poquito gruesos, el color de la cara es trigueño, más claro que el del Ángel, diferente a la vez, muy bonita, una voz muy rara, no sé explicarla, no hay ninguna mujer que se parezca a la Virgen ni en la voz ni en nada (Es interesante comparar esta forma de escribir con otras que corresponden a experiencias místicas. Se suceden afirmaciones y negaciones, como dando a entender que lo dicho no se ajusta exactamente a lo que se ha vivido, ya que es algo que no puede explicarse con palabras). Algunas veces trae al Niño en brazos (la Visión ha dejado en repetidas ocasiones el Niño Jesús en brazos de las videntes; ellas dicen que sienten el peso del Niño, pero que en cierto modo es como si no lo tocaran) muy chiquitín como un nene recién nacido, una carita redonda, parece el color como el de la Virgen, una boquita pequeña, el pelín un poco largo, rubio, unas manos pequeñas, un vestido como una túnica azul.