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viernes, 28 de noviembre de 2025

SANTA CATALINA LABOURÉ, Vidente de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa


                   Nació el 2 de Mayo de 1806, en la granja de Fain, situada en Fains les Moutiers, Francia; será inscrita en el registro con el nombre de Catalina, pero la llamarán familiarmente Zoé. Cuando apenas alcanza la edad de poder ayudar, la mandarán a cocinar, coser, ordeñar y a realizar todas las tareas domésticas. Quedó huérfana a los nueve años y así es enviada, junto a su hermana Marie Antoniette, a casa de un tío donde permanecen alrededor de dos años, abandonadas a su suerte.

                   De regreso a casa, ocupa el puesto de la madre en la dirección de la granja, teniendo sólo once años. Se levanta al amanecer y se acuesta tarde: además de ordeñar, se encarga de la lechería, donde se prepara la mantequilla y los quesos. También se encarga del gallinero, de la fruta y de la verdura, el alimento para los animales y para los hombres. 

                   Catalina será desde siempre un alma muy piadosa, por eso va con frecuencia a la Iglesia para rezar arrodillada por mucho tiempo, que le ocasionó una artrosis que padecerá de por vida. Ayunaba los Viernes y los Sábados.




                   A los dieciocho años tuvo un sueño profético, donde un viejo Sacerdote le informa de que Dios tiene proyectos para su vida. Más tarde descubrirá que este Sacerdote es San Vicente de Paúl. Con diecinueve años Catalina es aún analfabeta y su padre la inscribe en un instituto de Châtillon, donde es obligada a seguir cursos elementales con pequeñas de diez años, que la juzgaban estúpida. Ella, sintiéndose incómoda no comprende y abandona el curso.

                   De vuelta a casa reemprende la vida acostumbrada, pero anida en su corazón el deseo de hacerse monja. A los veintiún años, anuncia a su padre su intención de entrar en las Hijas de la Caridad: el padre se niega. La envía a París para que encuentre distracciones, luego a Châtillon para labrarse un futuro, pero todo es inútil.

                  A los veinticuatro años, 22 de Enero de 1830, Catalina Labouré inicia su Postulantado de tres meses junto a las Hijas de la Caridad, donde aprende a leer, a escribir y a servir a los pobres.

                   El 21 de Abril entra en la Casa Madre de la Congregación en Rue-du-Bac, donde vestirá el hábito de novicia y el nombre religioso de Catalina de la Caridad; de inmediato se le destina a desarrollar trabajos pesados, se despierta a las cuatro de la mañana las privaciones le cuestan poco, acostumbrada como estaba al rigor de su granja.

                    El 25 de Abril es el día del traslado de las reliquias de San Vicente de Paúl y el féretro permanece expuesto a la veneración de los fieles durante una semana. Catalina percibe la presencia del Santo Fundador y dialoga con él. En esta ocasión, y durante tres días consecutivos, se le aparece, sobre un pequeño relicario, en la capilla de las hermanas en Rue- du-Bac, el corazón de San Vicente.

                    Pasan algunos días y Catalina, durante la Santa Misa ve que la Hostia recién Consagrada por el Sacerdote, se transforma en el Rostro de Cristo; este fenómeno que durará hasta el final de su noviciado.

                    En la noche del 18 de Julio de 1830, Catalina es despertada por un Ángel en las facciones de un niño, vestido de blanco: la conduce a la Capilla, donde aparece la Santa Virgen en una aparición corporal; el diálogo entre ambas duraría más de dos horas. Nuestra Señora habla a Santa Catalina sobre el futuro y anuncia tiempos dolorosos para Francia y vaticina la muerte del Arzobispo de París para cuarenta años después. Catalina confía al Padre Aladel, su confesor, lo que ha visto pero el sacerdote no cree estas profecías catastróficas. Las palabras de la Virgen se confirmarán con la insurrección de París.

                    Pasan cuatro meses y el 27 de Noviembre, la Virgen reaparece mientras Catalina está en oración en la Capilla. Mientras transcurre la visión una voz interior le dice: "Haz grabar una medalla según este modelo". Informado de la visión el Padre Aladel, califica a Catalina como una chica exaltada.

                    Algunos días después, ya en el mes de Diciembre, Santa Catalina, como de costumbre, está rezando en la Capilla cuando la Virgen María se le vuelve a aparecer para confirmar a la vidente lo que le había manifestado en la anterior aparición: por último le informa que ya no se hará ver más, pero oirá su voz durante las oraciones.

                    En Otoño, Catalina comienza a sentir, otra vez, durante las oraciones las misteriosas elocuciones interiores. La Virgen insiste a Catalina para que hable al Padre Aladel, para que realice la medalla. Sólo tras la intervención del Arzobispo de París, Monseñor Quélen, se concede el consentimiento para acuñar la medalla y difundirla. Padre Aladel procede a ello. Los primeros ejemplares estarán disponibles para principios de Marzo de 1832: dos años han transcurrido en vano.

                   Estalla el cólera en París y mueren muchas víctimas, la medalla se distribuye y se revela como una ayuda entra el cólera y todos los males físicos, hasta tal punto de calificarla como "Medalla Milagrosa". En dos años se reparten veinte millones de copias y el éxito continua aumentando: es un triunfo popular. Santa Catalina continúa con una vida escondida y silenciosa: cura a los ancianos y les convierte.

                   En las Iglesias se multiplican las estatuas y las representaciones de las Apariciones de 1830; el Arzobispo de París hace venerar a la "Señora de la Medalla Milagrosa" y obtiene del Papa Gregorio XVI el solemnizar el 8 de Diciembre como la Fiesta de la Inmaculada Concepción.

                  En 1870, Napoleón III abdica en Sedan y se proclama la República. Francia asaltada por los prusianos se transforma en un campo de batalla: el asedio a París durará todo un año. La Casa Madre se convierte en ayuda urgente y Catalina deberá, con gran esfuerzo, garantizar 1200 menús diarios. Se va hacia la guerra civil con violencia, ejecuciones sumarias fomentadas por el odio hacia las clases acomodadas.

                   El 30 de Abril la situación se hace insostenible y las Hermanas deben dejar la Casa Madre a pesar de que Catalina profetiza el fin de la sublevación, que tuvo lugar el 31 de Mayo. Antes del fin, el 30 de Abril el Arzobispo de París, Monseñor Darboy, será ejecutado por los revolucionarios, como había sido vaticinado. Hubo muchas víctimas entre los religiosos.

                   En Septiembre de 1876  comienza a tener problemas cardíacos, las crisis que la mantienen en cama persisten, pero íntimamente siente que vivirá hasta final de año. En Diciembre se disloca una muñeca y la percepción de ser inútil la desmoraliza, robándole las últimas fuerzas. Debe guardar cama, pero la Hermana encargada de llevarle los alimentos y las medicinas, se olvida de encender el fuego casi siempre: así es privada de todo, hasta de lo necesario. La dejan sola todo el día.

                    El 30 de Diciembre Catalina pide la extremaunción. Aunque todos piensan que es demasiado pronto, ella insiste. El 31 a las 6:30 se dan cuenta de que Catalina está muriendo. La Comunidad se arrodilla en el cabezal de la moribunda y reza las invocaciones de la Medalla Milagrosa, Catalina se abandona, sin sufrimientos, entre los brazos de la Madre Celestial.

                    Fue beatificada por el Papa Pío XI el 28 de Mayo de 1933 y posteriormente canonizada por el Papa Pío XII el 27 de Julio de 1947: sus reliquias están expuestas en la Capilla en que tuvieron lugar las Apariciones. 


DEL DISCURSO DEL PAPA PÍO XII a los peregrinos 
llegados a Roma por la Canonización de Santa Catalina Labouré


                ¡Qué lección para el orgullo del mundo y para su hambre de ostentación! El amor propio hace como que se disimula y se viste de las apariencias del celo, pero es siempre el mismo, quien, como en otros tiempos junto a Jesucristo, susurra al oído el ” Manifesta teipsum mundo” (“Date a conocer al mundo”). Catalina Labouré ha llevado a cabo maravillosa y fructuosamente esta misión en la obscuridad, donde ha vívido cuarenta y seis años. Ahora ha llegado para ella la hora anunciada por el Apóstol: “Porque muertos estáis ya y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, que es vuestra vida, entonces apareceréis también vosotros, con El, gloriosos”. (Col. 3, 3-4).

                 En la Gloria, donde resplandece con plena luz allá arriba. junto a Jesucristo y a su Madre; en la Gloria, con la que brilla también acá abajo, por donde pasó ignorada, ella sigue siendo la mensajera de la Inmaculada. Está a vuestro lado, sacerdotes de la Misión e Hijas de la Caridad, infundiéndoos el fervor de vuestra santa vocación; está junto a vosotras, Hijas de María, que ella tanto amó y de la que es constante protectora, exhortándonos a la fidelidad, a la pureza, a la piedad y al apostolado; está junto a vosotros todos, pecadores, enfermos, débiles y afligidos, que levantáis los ojos repitiendo con confianza la invocación: “i Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!”.

                Por su intercesión las más abundantes gracias lloverán sobre vosotros a quinos de todo corazón damos, como prenda de las gracias divinas, Nuestra Bendición Apostólica”.




jueves, 27 de noviembre de 2025

RECIBIRÁN GRANDES GRACIAS, la Medalla Milagrosa de Nuestra Santa Madre



LA VIDENTE: SANTA CATALINA LABOURÉ

                   Nació el 2 de Mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña ( Francia ). Entró a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de Enero de 1830 y después de tres meses de postulantado, 21 de Abril, fue trasladada al noviciado de París, en el número 140 de la Rue du Bac.

                   Durante los nueve meses de su Noviciado, Sor Catalina fue bendecida con muchas gracias sobrenaturales, entre ellas la de ver todos los días al Señor en el Santísimo Sacramento.

                   El Domingo de la Santísima Trinidad, 6 de Junio de 1830, el Señor se mostró durante el Evangelio de la Misa como un Rey, con una cruz en el pecho. De pronto, los ornamentos reales de Jesús cayeron por tierra, lo mismo que la cruz, como unos despojos despreciables. "Inmediatamente - escribió Sor Catalina - tuve las ideas mas negras y terribles: que el Rey de la tierra estaba perdido y sería despojado de sus vestiduras reales. Sí, se acercaban cosa malas ".

                  El Domingo 18 de Julio 1830, víspera de la Fiesta de San Vicente de Paúl, la Maestra de Novicias les había hablado sobre la devoción a los Santos, y en particular a la Reina de todos ellos, María Santísima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el corazón de Sor Labouré el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Santísima Virgen. Como era víspera de San Vicente, les habían distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del Santo. Catalina, movida por la piedad, se lo tragó y se durmió pensando que San Vicente, junto con su Ángel de la Guarda, le obtendrían esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como era su deseo… 

EL ÁNGEL LA DESPIERTA PARA IR A VER A NUESTRA SEÑORA

                   Y así ocurrió cuando cerca de las once y media de la noche, oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y apartando un poco las cortinas de su cama miró del lado que venía la voz y vio entonces un niño vestido de blanco -que parecía tener como cuatro o cinco años- que le dijo: "Levántate pronto y ven a la Capilla; la Santísima Virgen te espera".

                   Sor Catalina vacila; teme ser notada de las otras novicias; pero el niño responde a su preocupación interior y le dice: "No temas; todas duermen muy bien. Ven yo te aguardo". Se viste con presteza y se pone a disposición de su misterioso guía, "que permanecía en pie sin separarse de la columna de su lecho."

                   Vestida Sor Catalina, el niño comienza a andar, y ella lo sigue. Por donde quiera que pasaban las luces se encendían. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado.

                   Al llegar a la puerta de la capilla la encuentra cerrada; pero el niño toca la puerta con su dedito y aquella se abrió al instante. Dice Catalina: "Mi sorpresa fue mas completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de medianoche". 

                   El niño la llevó al presbiterio, junto al sillón destinado al Padre Director, donde solía predicar a las Hijas de la Caridad, y allí se puso de rodillas, y el niño permaneció de pie todo el tiempo al lado derecho. La espera le pareció muy larga, ya que con ansia deseaba ver a la Virgen. Miraba ella con cierta inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas de vela, que solían detenerse para hacer un acto e adoración, la veían.

                   Por fin llegó la hora deseada, y el niño le dijo: "Ved aquí a la Virgen, vedla aquí".

                   Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio". Sor Catalina en el fondo de su corazón dudaba si verdaderamente estaba o no en presencia de la Reina de los Cielos, pero el niño le dijo: "Mira a la Virgen".

"LOS MOMENTOS MÁS DULCES DE MI VIDA..."

                    Entonces el niño le habló, no como niño, sino como el hombre más enérgico y palabras muy fuertes: -"¿Por ventura no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que más le agrade?"  Santa Catalina nos confiesa: “Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a Su lado, me arrodillé en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Santísima Virgen. Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí".

                   Ella me dijo cómo debía portarme con mi Director, la manera de comportarme en las penas y acudir (mostrándome con la mano izquierda) a arrojarme al pie del Altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunté que significaban las cosa que yo había visto, y Ella me lo explicó todo".




CONFIDENCIAS DE NUESTRA SEÑORA A SANTA CATALINA LABOURÉ

                   “Dios quiere confiarte una misión; te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la Gloria de Dios. Tú conocerás cuán bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que lo digas a tu Director. No te faltarán contradicciones; mas te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu Director con confianza y sencillez; ten confianza no temas. Verás ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración.

                   Los tiempos son muy calamitosos. Han de llover desgracias sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero se verá afligido por calamidades de todas clases (al decir esto la Virgen estaba muy triste). Venid a los pies de este Altar, donde se prodigarán gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres.

                   Deseo derramar gracias sobre tu Comunidad; lo deseo ardientemente. Me causa dolor el que haya grandes abusos en la observancia, el que no se cumplan las Reglas, el que haya tanta relajación en ambas Comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. Díselo al que esta encargado de ti, aunque no sea el Superior. Pronto será puesto al frente de la Comunidad. El deberá hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la Regla. Cuando esto suceda otra comunidad se unirá a las de ustedes.

                   Vendrá un momento en que el peligro será grande; se creerá todo perdido; entonces Yo estaré contigo, ten confianza. Reconocerás Mi visita y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos Comunidades. Mas no será lo mismo en otras Comunidades, en ellas habrá víctimas… (la Virgen llora al aclarar esto). El clero de París tendrá muchas víctimas…morirá el Señor Arzobispo.

                   Hija Mía, será despreciada la Cruz, y el Corazón de Mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles ( la Virgen no podía hablar del dolor, las palabras se anudaban en su garganta; semblante pálido). El mundo entero se entristecerá.” Ella piensa: ¿cuándo ocurrirá esto? y una voz interior asegura: cuarenta años y diez y después la paz.

                   La Virgen, después de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece.

NUESTRA SEÑORA ADVIRTIÓ Y TODO SE HA CUMPLIDO

                   Es necesario aclarar que todas las profecías que Nuestra Señora enunció a Santa Catalina, se fueron cumpliendo:

              Vemos así como la misión de Dios pronto le fue indicada con la revelación de la Medalla Milagrosa.

              También comprobamos como una semana después de esta aparición estallaba la Revolución. París sufrió saqueos, asesinatos y finalmente, era destronado Carlos X, sustituido por el "rey ciudadano" Luis Felipe I, gran maestro de la masonería.

              Con respecto al Superior, el Padre Aladel, se cumplió que fuese nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad.

              En 1870 (a los 40 años) llegó el momento del gran peligro, con los horrores de la Comuna y el fusilamiento del Arzobispo Monseñor Darboy y otros muchos sacerdotes.

              La última Profecía, donde la Santísima Virgen dijo entre lágrimas aquello de “será despreciada la Cruz, y el Corazón de Mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles. El mundo entero se entristecerá” cabría pensar que se cumplió por las muchas guerras que han asolado la humanidad, especialmente las dos mundiales… pero humildemente opino que ese desprecio de la Cruz, el traspasar el Corazón de Cristo que anuncia Nuestra Señora, hace referencia a una cuestión más espiritual que temporal; creo que la Virgen profetizó con aquellas palabras la Apostasía que actualmente sufre la Santa Iglesia después del nefasto "Concilio Vaticano II".

APARICIÓN DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1830

               La tarde del Sábado 27 de Noviembre de 1830, Sor Catalina se encontraba haciendo su meditación diaria, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hizo recordar la aparición anterior.

               Entonces aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría Su cabeza un velo blanco que sin ocultar Su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando después Santa Catalina quiso describir Su rostro, solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

               Sus pies se posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos, elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.

               La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto Sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.

              Tenía tres anillos en cada dedo; el mas grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y uno mas pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.

               Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, Ella la miró y dijo a su corazón:

              “Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que Yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.”

               Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo. El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.




LA MEDALLA MILAGROSA

               En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos"

               Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda .

              Oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una Medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza".

              La Aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la Medalla. En el aparecía una M, sobre la cual había una Cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los Corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.

              La misma Aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de Diciembre de 1830 y a principios de Enero de 1831. Nuestra Señora dijo a Catalina: "En adelante, ya no me verás , hija mía; pero oirás Mi voz en la oración".

              Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la Medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: "La "M" y los dos Corazones son bastante elocuentes".






jueves, 24 de octubre de 2024

DEBÍA RRODILLARME Y ABRIR ALLÍ MI CORAZÓN. Meditaciones de Santa Catalina Labouré, vidente de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa




               En la autobiografía que por obediencia escribió Santa Catalina Labouré, reflejó algunas experiencias sobrenaturales con las que el Cielo la bendijo, a destacar la de la Aparición de Nuestra Señora con la conocida como "Medalla Milagrosa", pero todo envuelto en un profundo amor a Jesús Sacramentado: "...después fui favorecida con otra gran gracia, la de ver a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, que lo vi todo el tiempo de mi seminario, exceptuadas las veces en que dudaba (es decir, cuando me resistía); entonces, la vez siguiente ya no veía nada, porque quería profundizar y dudaba de este misterio y creía equivocarme. El día de la Santísima Trinidad, Nuestro Señor se me apareció como un Rey, con la Cruz sobre su pecho, en el Santísimo Sacramento, fue durante la santa Misa en el momento del Evangelio, y me pareció que la Cruz se caía a los pies de Nuestro Señor, y me pareció que Nuestro Señor era despojado de todos sus ornamentos, todos caídos por tierra. Ahí fue cuando tuve los pensamientos más negros y más tristes, ahí fue cuando pensé que el rey de la tierra se vería perdido y despojado de sus vestiduras reales, todos los pensamientos que tuve no sabría explicarlos…" 

               Santa Catalina Labouré cuenta como el 18 de Julio de 1830, a las 11:30 de la noche, se despertó, porque alguien la llamaba. Descorrió las cortinas de su cama y vio a un niño, que le dijo: "Ven a la capilla, la Santísima Virgen te espera. No tengas miedo. Todas duermen profundamente". 

              Sor Catalina se viste rápidamente y sigue al niño que la conduce a la capilla. Después de una breve espera, el niño le anuncia: "La Santísima Virgen". Y aparece una Señora hermosa que, después de haberse postrado ante el Sagrario, va a sentarse en el sillón. Catalina, entonces, de un salto se pone de rodillas a su lado con las manos apoyadas en su regazo. Y ella misma escribe: "Fue el momento más dulce de mi vida. Me es imposible expresar lo que entonces experimenté… Ella me explicó cómo debía comportarme en las pruebas de la vida. Luego con la mano me indicó el Sagrario y me dijo que debía arrodillarme y abrir allí mi corazón, que en ese lugar encontraría todo el consuelo que necesitaba…"





viernes, 27 de noviembre de 2020

EL MOMENTO MÁS DULCE DE MI VIDA... JUNTO AL ALTAR, APOYADOS EN MARÍA

 

               Santa Catalina Labouré narra como la noche del 27 de Noviembre se le apareció gloriosa la Santa Madre de Dios...

               "Me sería imposible decir lo que experimentaba en aquel instante, lo que pasaba dentro de mí, me parecía que no veía a la Santísima Virgen. Entonces el niño me habló no como niño, sino como el hombre más enérgico y con las palabras más enérgicas. Mirando a la Santísima Virgen me puse de un salto a su lado, arrodillada sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en sus rodillas. Allí pasé el momento más dulce de mi vida, me sería imposible decir todo lo que sentí..."





               En esta maravillosa escena, la Divina Providencia quiso mostrarnos la gran necesidad que tenemos de adorar a Jesús Sacramentado -"...arrodillada sobre las gradas del altar"-, Cristo presente en los Tabernáculos Católicos, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, anonado bajo la apariencia de pan, escondido a los ojos corporales, pero que se muestra en toda Su Gloria en la visión del alma limpia... "dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Evangelio de San Mateo, cap. 5).

               La Aparición a Santa Catalina también nos enseña el mejor medio de llegar a Jesús, "mirando a la Santísima Virgen... con las manos apoyadas en Sus rodillas...". Y es que no hay camino más recto, senda más tranquila que cuando vamos asidos a la mano de Nuestra Santa Madre, pero para eso, debemos antes entregarnos a Ella sin reserva alguna, como niños que necesitan de su madre para alimentarse o andar; de su mano y procurando imitarla en todo, especialmente en las dos mayores virtudes con las que el Señor la bendijo: la Pureza y la Humildad. Pureza corporal y sobre todo, espiritual, siendo rectos siempre en el actuar, exigentes en la Caridad, justos en el obrar y firmes defensores de la Verdad Evangélica. En la Humildad, reconociendo nuestra nada y absoluta dependencia del Amor de Dios, verdadero tesoro y emblema del buen Católico, que antepone todo, familia, amigos, diversiones... con tal de salvar el alma.

               Solo así, de la mano de la Virgen Santísima, podremos sortear todas las pruebas y dificultades de este mundo terrenal, tan solo bajo Su Manto Protector, arribaremos seguros al puerto de la Patria Celestial.

               Que no te cueste invocarla cada vez que lo necesites, ante cualquier contratiempo, que como Madre Buena acudirá a tu llamada... pero a cambio ¿no tendrás tú que dedicarle a Aquella Reina que tantos favores te ha concedido unos minutos cada día? por ejemplo, ¿el rezo del Santo Rosario, o al menos Las Tres Avemarías?.             

               Sé apóstol de esta Medalla Milagrosa: llévala siempre contigo, prendida al pecho, en el Rosario, en tu bolso; intenta conseguir algunas otras para distribuir a aquellas personas que anden necesitadas, sobre todo, las más apartadas de Dios, pues aunque es cierto que la Medalla Milagrosa ha obrado muchos milagros corporales, también es necesario aclarar que lejos de ser un talismán, este regalo de la Virgen es un medio para vivir como buenos Cristianos, una fuerza celestial que nos sostiene en el cumplimiento de la Santa Ley de Dios.

               Procura besar con frecuencia Su Medalla Milagrosa y a la vez regálale aquella jaculatoria que enseñó a Santa Catalina Labouré... "María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos". 

               No te olvides de compartir este artículo... Solo en el Cielo podremos ver el bien que procuramos a las almas con este sencillo apostolado.




LA MEDALLA MILAGROSA: EL ESCUDO DEL REINO DE MARÍA


               Vemos, en una de las caras de la medalla, la Virgen María pisando el mundo, o sea, poniendo sus pies sobre el mundo como una afirmación de su realeza sobre toda la tierra; es exactamente la misma doctrina de la Realeza de la Santísima Virgen que fue recordada en Fatima, como una garantía de la Victoria de la Iglesia Católica: "Rusia esparcirá sus errores por el mundo entero, el Papa tendrá mucho que sufrir, la Iglesia será perseguida, pero al fin Mi Inmaculado Corazón triunfará." O sea, la Revolución anticristiana será derrotada y veremos la victoria del Corazón Inmaculado de María.




               Esa doctrina de la Realeza de María está afirmada de modo elocuente: Nuestra Señora tiene a Sus pies el mundo y aplasta una serpiente, lo que es perfectamente coherente con los otros símbolos de la medalla. Porque en esa misma cara de la medalla está escrito: ‘Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos’. Además, la Virgen está con las manos abiertas, como demostración de acogida, y de Sus manos salen rayos luminosos intensos, que son las gracias y los favores que, por Sus manos – es decir por Su intercesión – bajan del Cielo a la tierra. Es un símbolo de la Mediación Universal de María. Todas las gracias que vienen de Dios y se difunden por el mundo vienen por las manos de la Virgen, que son manos distribuidoras de una cantidad enorme de favores.

               Esas gracias que bajan a la tierra son la conversión de los pecadores, pero también las gracias para que los fieles se mantengan fieles, lo que incluye a veces el castigo de los enemigos de Dios, irreductibles a la Gracia Divina, para proteger a esos que se mantienen fieles hasta el fin. Todo eso sale de las manos de María Santísima como de un manantial.

               El reverso de la medalla es igualmente simbólico. Contiene los elementos de varias devociones que se conjugan. Vemos allí doce estrellas, al igual que en la corona de la Virgen aplastando la serpiente, que figura en el verso y que representa la Mujer de la que habla el Apocalipsis. Vemos también una gran "M" central, que es la "M" del Nombre de María, sobre la cual se apoya una Cruz.

               Finalmente, debajo de la "M" se ven dos corazones, el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, que son dos grandes devociones que constituyen, en realidad, una sola devoción. Es de esos Sagrados Corazones que nos llegan todas las Gracias necesarias para poder ser fieles a la Fe Católica y a los Diez Mandamientos en medio de la corrupción generalizada del mundo revolucionario moderno, impío e igualitario.

               La Medalla Milagrosa es una especie de escudo que la Virgen María nos entrega para la lucha contra todas las tentaciones del mundo y del demonio. Un escudo especialmente eficaz, teniéndose en vista las promesas contenidas en la Medalla Milagrosa y en la invocación a Nuestra Señora de Todas las Gracias. Y por la referencia a la Inmaculada Concepción que está aplastando la cabeza del demonio, porque Ella es particularmente eficaz en esta lucha que todos nosotros debemos emprender cada día contra el poder de las tinieblas".


Plinio Corrêa de Oliveira


Para leer una síntesis de las Apariciones

de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

solo tiene que tocar AQUÍ



martes, 31 de marzo de 2020

"LOS ENFERMOS RECOBRAN LA SALUD POR ELLA..."


"...deseamos que se sepa hasta en los últimos confines del Orbe Católico, cómo esta Devoción ha echado en nuestra Diócesis hondas raíces, y cada día se robustece y aumenta prodigiosamente por los enfermos, que por ella recobran la salud, y cómo las gracias y favores se multiplican a medida que entre nosotros se acude a la tierna Piedad de María Concebida sin pecado" 


Hyacinthe-Louis de De Quelen, Arzobispo de París, 
15 de Diciembre de 1836





               El diseño de la Medalla Milagrosa fue encargado por Nuestra Santa Madre la Virgen María, quien se lo manifestó a una Hija de la Caridad, hoy conocida como Santa Catalina Labouré. 

               Esta humilde religiosa se convirtió en Confidente de la Inmaculada Virgen María desde el anonimato de su convento; las Autoridades Eclesiásticas dieron fe de las Revelaciones privadas que Sor Catalina Labouré había recibido y autorizaron la acuñación de la Medalla, hecho que favoreció de sobremanera la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción en 1854.

               En Junio de 1832 se distribuían las primeras dos mil Medallas; en 1834 ya se había difundido más de medio millón, en 1835 un millón, y en 1839 había más de diez millones de Medallas circulando por varias naciones.

              Llevar con nosotros la Medalla Milagrosa, a ser posible bendecida por un Sacerdote, es una continua oración a Nuestra Señora María, a la que nos consagramos como Hijos, siendo esta Medalla el distintivo físico de tal privilegio, al tiempo que es recordatorio para elevar el corazón a esta Madre Buena, y pedirle Su ayuda cada vez que repitamos la Jaculatoria inscrita en la Medalla, "¡Oh, María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!"

              En 1853, Rusia quiso apoderarse de la Península de Crimea, en el Mar Negro para tener una salida al Mediterráneo, y  por tal motivo movilizó sus ejércitos contra Turquía, soberana de Crimea. Gran Bretaña y Francia, por su parte, enviaron también tropas, pero para defender a Turquía. Fueron batallas cruentas, con miles de muertos y muchos heridos por ambas partes. El Gobierno Francés, pidió entonces a las Hijas de la Caridad que fueran a Crimea para atender a los soldados heridos. 

               Las buenas monjas distribuían entre los militares la Medalla de Catalina Labouré y éstos comenzaron a curarse de tal manera, que todos los soldados pedían a las Hermanas "la Medalla que hacía milagros", y desde entonces se la conoce como la Medalla Milagrosa. 




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               La Medalla tuvo una difusión maravillosa; las innumerables gracias de conversión y de curación, hasta el punto que el Arzobispo de París, Monseñor Quelen ordenó una investigación oficial sobre la Medalla de la Hija de la Caridad. La investigación concluyó con la aprobación formal de las Apariciones de la Virgen a Catalina Labouré y el permiso para distribuir la Medalla Milagrosa.

               En 1846, tras la asombrosa conversión del judío Alfonso Ratisbona, el Papa Gregorio XVI confirmó con toda su Autoridad las disposiciones del Arzobispo de París.




miércoles, 27 de noviembre de 2019

LA MEDALLA MILAGROSA, insignia de los devotos de María Inmaculada




LA VIDENTE: SANTA CATALINA LABOURÉ.

               Nació el 2 de Mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña ( Francia ). Entró a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de Enero de 1830 y después de tres meses de postulantado, 21 de Abril, fue trasladada al noviciado de París, en el número 140 de la Rue du Bac.

               Durante los nueve meses de su noviciado, Sor Catalina fue bendecida con muchas gracias sobrenaturales, entre ellas la de ver todos los días al Señor en el Santísimo Sacramento.

               El Domingo de la Santísima Trinidad, 6 de Junio de 1830, el Señor se mostró durante el Evangelio de la Misa como un Rey, con una cruz en el pecho. De pronto, los ornamentos reales de Jesús cayeron por tierra, lo mismo que la cruz, como unos despojos despreciables. "Inmediatamente - escribió Sor Catalina - tuve las ideas mas negras y terribles: que el Rey de la tierra estaba perdido y sería despojado de sus vestiduras reales. Sí, se acercaban cosa malas ".

              El Domingo 18 de Julio 1830, víspera de la Fiesta de San Vicente de Paúl, la Maestra de Novicias les había hablado sobre la devoción a los Santos, y en particular a la Reina de todos ellos, María Santísima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el corazón de Sor Labouré el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Santísima Virgen. Como era víspera de San Vicente, les habían distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del Santo. Catalina, movida por la piedad, se lo tragó y se durmió pensando que San Vicente, junto con su Ángel de la Guarda, le obtendrían esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como era su deseo… 


EL ÁNGEL LA DESPIERTA PARA IR A VER A NUESTRA SEÑORA

               Y así ocurrió cuando cerca de las once y media de la noche, oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y apartando un poco las cortinas de su cama miro del lado que venia la voz y vio entonces un niño vestido de blanco, que parecía tener como cuatro o cinco años, y el cual le dijo: "Levántate pronto y ven a la Capilla; la Santísima Virgen te espera".

               Sor Catalina vacila; teme ser notada de las otras novicias; pero el niño responde a su preocupación interior y le dice: "No temas; todas duermen muy bien. Ven yo te aguardo". Se viste con presteza y se pone a disposición de su misterioso guía, "que permanecía en pie sin separarse de la columna de su lecho."

               Vestida Sor Catalina, el niño comienza a andar, y ella lo sigue. Por donde quiera que pasaban las luces se encendían. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado.

               Al llegar a la puerta de la capilla la encuentra cerrada; pero el niño toca la puerta con su dedito y aquella se abrió al instante. Dice Catalina: "Mi sorpresa fue mas completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de media noche". 




               El niño la llevó al presbiterio, junto al sillón destinado al Padre Director, donde solía predicar a las Hijas de la Caridad, y allí se puso de rodillas, y el niño permaneció de pie todo el tiempo al lado derecho. La espera le pareció muy larga, ya que con ansia deseaba ver a la Virgen. Miraba ella con cierta inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas de vela, que solían detenerse para hacer un acto e adoración, la veían.

               Por fin llego la hora deseada, y el niño le dijo: "Ved aquí a la Virgen, vedla aquí".

               Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio". Sor Catalina en el fondo de su corazón dudaba si verdaderamente estaba o no en presencia de la Reina de los Cielos, pero el niño le dijo: "Mira a la Virgen".


"LOS MOMENTOS MÁS DULCES DE MI VIDA..."

                Entonces el niño le habló, no como niño, sino como el hombre mas enérgico y palabras muy fuertes: -"¿Por ventura no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que mas le agrade?"  Santa Catalina nos confiesa: “Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a su lado, me arrodille en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Santísima Virgen. Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí".

               Ella me dijo cómo debía portarme con mi Director, la manera de comportarme en las penas y acudir (mostrándome con la mano izquierda) a arrojarme al pie del altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunté que significaban las cosa que yo había visto, y Ella me lo explicó todo".


CONFIDENCIAS DE NUESTRA SEÑORA A SANTA CATALINA LABOURÉ

               “Dios quiere confiarte una misión; te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la Gloria de Dios. Tú conocerás cuán bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que lo digas a tu Director. No te faltarán contradicciones; más te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu Director con confianza y sencillez; ten confianza no temas. Verás ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración.

               Los tiempos son muy calamitosos. Han de llover desgracias sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero se verá afligido por calamidades de todas clases (al decir esto la Virgen estaba muy triste). Venid a los pies de este Altar, donde se prodigaran gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres.



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               Deseo derramar gracias sobre tu Comunidad; lo deseo ardientemente. Me causa dolor el que haya grandes abusos en la observancia, el que no se cumplan las Reglas, el que haya tanta relajación en ambas Comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. Díselo al que esta encargado de ti, aunque no sea el Superior. Pronto será puesto al frente de la Comunidad. El deberá hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la Regla. Cuando esto suceda otra comunidad se unirá a las de ustedes.

               Vendrá un momento en que el peligro será grande; se creerá todo perdido; entonces Yo estaré contigo, ten confianza. Reconocerás Mi visita y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos Comunidades. Mas no será lo mismo en otras Comunidades, en ellas habrá víctimas… (la Virgen llora al aclarar esto). El clero de París tendrá muchas víctimas…morirá el Señor Arzobispo.

               Hija mía, será despreciada la Cruz, y el Corazón de Mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles ( la Virgen no podía hablar del dolor, las palabras se anudaban en su garganta; semblante pálido). El mundo entero se entristecerá.” Ella piensa: ¿cuándo ocurrirá esto? y una voz interior asegura: cuarenta años y diez y después la paz.

               La Virgen, después de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece.


NUESTRA SEÑORA ADVIRTIÓ Y TODO SE HA CUMPLIDO

               Es necesario aclarar que todas las profecías que Nuestra Señora enunció a Santa Catalina, se fueron cumpliendo:

          Vemos así como la misión de Dios pronto le fue indicada con la revelación de la Medalla Milagrosa.

          También comprobamos como una semana después de esta aparición estallaba la Revolución. París sufrió saqueos, asesinatos y finalmente, era destronado Carlos X, sustituido por el "rey ciudadano" Luis Felipe I, gran maestro de la masonería.

          Con respecto al Superior, el Padre Aladel, se cumplió que fuese nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad.

          En 1870 (a los 40 años) llegó el momento del gran peligro, con los horrores de la Comuna y el fusilamiento del Arzobispo Monseñor Darboy y otros muchos sacerdotes.

          La última Profecía, donde la Santísima Virgen dijo entre lágrimas aquello de “será despreciada la Cruz, y el Corazón de Mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles. El mundo entero se entristecerá” cabría pensar que se cumplió por las muchas guerras que han asolado la humanidad, especialmente las dos mundiales… pero humildemente opino que ese desprecio de la Cruz, el traspasar el Corazón de Cristo que anuncia Nuestra Señora, hace referencia a una cuestión más espiritual que temporal; creo que la Virgen profetizó con aquellas palabras la Apostasía que actualmente sufre la Santa Iglesia después del Concilio Vaticano II.




APARICIÓN DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1830

               La tarde del Sábado 27 de Noviembre de 1830, Sor Catalina se encontraba haciendo su meditación diaria, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hizo recordar la aparición anterior.

               Entonces aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría Su cabeza un velo blanco que sin ocultar Su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando después Santa Catalina quiso describir Su rostro, solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.

               Sus pies se posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos, elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.

               La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto Sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.

              Tenía tres anillos en cada dedo; el mas grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y uno mas pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.

               Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, Ella la miró y dijo a su corazón:

              “Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que Yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.”

               Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo. El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.




LA MEDALLA MILAGROSA

               En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos"

               Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda .

              Oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una Medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza".

              La Aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la Medalla. En el aparecía una M, sobre la cual había una Cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los Corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.

              La misma Aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de Diciembre de 1830 y a principios de Enero de 1831. Nuestra Señora dijo a Catalina: "En adelante, ya no me verás , hija mía; pero oirás Mi voz en la oración".

              Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la Medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: "La "M" y los dos Corazones son bastante elocuentes".




miércoles, 28 de noviembre de 2018

SANTA CATALINA LABOURÉ, la confidente de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa


SEMBLANZA DE SANTA CATALINA LABOURÉ


               Nació el 2 de Mayo de 1806, en la granja de Fain, situada en Fains les Moutiers, Francia; será inscrita en el registro con el nombre de Catalina, pero la llamarán familiarmente Zoé. Cuando apenas alcanza la edad de poder ayudar, la mandarán a cocinar, coser, ordeñar y a realizar todas las tareas domésticas. Quedó huérfana a los nueve años y así es enviada, junto a su hermana Marie Antoniette, a casa de un tío donde permanecen alrededor de dos años, abandonadas a su suerte.

               De regreso a casa, ocupa el puesto de la madre en la dirección de la granja, teniendo sólo once años. Se levanta al amanecer y se acuesta tarde: además de ordeñar, se encarga de la lechería, donde se prepara la mantequilla y los quesos. También se encarga del gallinero, de la fruta y de la verdura, el alimento para los animales y para los hombres. 





               Catalina será desde siempre un alma muy piadosa, por eso va con frecuencia a la Iglesia para rezar arrodillada por mucho tiempo, que le ocasionó una artrosis que padecerá de por vida. Ayunaba los viernes y los sábados.

               A los dieciocho años tuvo un sueño profético, donde un viejo sacerdote le informa de que Dios tiene proyectos para su vida. Más tarde descubrirá que este sacerdote es San Vicente de Paúl. Con diecinueve años Catalina es aun analfabeta y su padre la inscribe en un instituto de Châtillon, donde es obligada a seguir cursos elementales con pequeñas de diez años, que la juzgaban estúpida. Ella, sintiéndose incómoda no comprende y abandona el curso.

               De vuelta a casa reemprende la vida acostumbrada, pero anida en su corazón el deseo de hacerse monja. A los veintiún años, anuncia a su padre su intención de entrar en las Hijas de la Caridad: el padre se niega. La envía a París para que encuentre distracciones, luego a Châtillon para labrarse un futuro, pero todo es inútil.

              A los veinticuatro años, 22 de Enero de 1830, Catalina Labouré inicia su Postulantado de tres meses junto a las Hijas de la Caridad, donde aprende a leer, a escribir y a servir a los pobres.

               El 21 de Abril entra en la Casa Madre de la Congregación en Rue-du-Bac, donde vestirá el hábito de novicia, y de inmediato se le destina a desarrollar trabajos pesados, se despierta a las cuatro de la mañana las privaciones le cuestan poco, acostumbrada como estaba al rigor de su granja.

                El 25 de Abril es el día del traslado de las reliquias de San Vicente de Paúl y el féretro permanece expuesto a la veneración de los fieles durante una semana. Catalina percibe la presencia del Santo Fundador y dialoga con él. En esta ocasión, y durante tres días consecutivos, se le aparece, sobre un pequeño relicario, en la capilla de las hermanas en Rue- du-Bac, el corazón de San Vicente.

                Pasan algunos das y Catalina, durante la Santa Misa ve que la Hostia recién Consagrada por el sacerdote, se transforma en el Rostro de Cristo; este fenómeno que durará hasta el final de su noviciado.

                En la noche del 18 de Julio de 1830, Catalina es despertada por un Ángel en las facciones de un niño, vestido de blanco: la conduce a la Capilla, donde aparece la Santa Virgen en una aparición corporal; el diálogo entre ambas duraría más de dos horas. Nuestra Señora habla a Santa Catalina sobre el futuro y anuncia tiempos dolorosos para Francia y vaticina la muerte del Arzobispo de París para cuarenta años después. Catalina confía al Padre Aladel, su confesor, lo que ha visto pero el sacerdote no cree estas profecías catastróficas. Las palabras de la Virgen se confirmarán con la insurrección de París.

                Pasan cuatro meses y el 27 de Noviembre, la Virgen reaparece mientras Catalina está en oración en la Capilla. Mientras transcurre la visión una voz interior le dice: "Haz grabar una medalla según este modelo". Informado de la visión el Padre Aladel, califica a Catalina como una chica exaltada.

                Algunos días después, ya en el mes de Diciembre, Santa Catalina, como de costumbre, está rezando en la Capilla cuando la Virgen María se le vuelve a aparecer para confirmar a la vidente lo que le había manifestado en la anterior aparición: por último le informa que ya no se hará ver más, pero oirá su voz durante las oraciones.

                En Otoño, Catalina comienza a sentir, otra vez, durante las oraciones las misteriosas elocuciones interiores. La Virgen insiste a Catalina para que hable al Padre Aladel, para que realice la medalla. Sólo tras la intervención del Arzobispo de París, Monseñor Quélen, se concede el consentimiento para acuñar la medalla y difundirla. Padre Aladel procede a ello. Los primeros ejemplares estarán disponibles para principios de Marzo de 1832: dos años han transcurrido en vano.

               Estalla el cólera en París y mueren muchas víctimas, la medalla se distribuye y se revela como una ayuda entra el cólera y todos los males físicos, hasta tal punto de calificarla como "Medalla Milagrosa". En dos años se reparten veinte millones de copias y el éxito continua aumentando: es un triunfo popular. Santa Catalina continúa con una vida escondida y silenciosa: cura a los ancianos y les convierte.

               En las Iglesias se multiplican las estatuas y las representaciones de las Apariciones de 1830; el Arzobispo de París hace venerar a la "Señora de la Medalla Milagrosa" y obtiene del Papa Gregorio XVI el solemnizar el 18 de Diciembre como la fiesta de la Inmaculada Concepción.




              En 1870, Napoleón III abdica en Sedan y se proclama la República. Francia asaltada por los prusianos se transforma en un campo de batalla: el asedio a París durará todo un año. La Casa Madre se convierte en ayuda urgente y Catalina deberá, con gran esfuerzo, garantizar 1200 menús diarios. Se va hacia la guerra civil con violencia, ejecuciones sumarias fomentadas por el odio hacia las clases acomodadas.

               El 30 de Abril la situación se hace insostenible y las hermanas deben dejar la Casa Madre a pesar de que Catalina profetiza el fin de la sublevación, que tuvo lugar el 31 de Mayo. Antes del fin, el 30 de Abril el Arzobispo de París, Monseñor Darboy, será ejecutado por los revolucionarios, como había sido vaticinado. Hubo muchas víctimas entre los religiosos.

               En Septiembre de 1876  comienza a tener problemas cardíacos, las crisis que la mantienen en cama persisten, pero íntimamente siente que vivirá hasta final de año. En Diciembre se disloca una muñeca y la percepción de ser inútil la desmoraliza, robándole las últimas fuerzas. Debe guardar cama, pero la Hermana encargada de llevarle los alimentos y las medicinas, se olvida de encender el fuego casi siempre: así es privada de todo, hasta de lo necesario. La dejan sola todo el día.

                El 30 de Diciembre Catalina pide la extremaunción. Aunque todos piensan que es demasiado pronto, ella insiste. El 31 a las 6.30 se dan cuenta de que Catalina está muriendo. La Comunidad se arrodilla en el cabezal de la moribunda y reza las invocaciones de la Medalla Milagrosa, Catalina se abandona, sin sufrimientos, entre los brazos de la Madre Celestial.

                Fue beatificada por el Papa Pío XI el 28 de Mayo de 1933 y canonizada por Pío XII el 27 de Julio de 1947: sus reliquias están expuestas en la Capilla en que tuvieron lugar las Apariciones. 



DEL DISCURSO DEL PAPA PÍO XII a los peregrinos llegados a Roma 
por la Canonización de Santa Catalina Labouré




                ¡Qué lección para el orgullo del mundo y para su hambre de ostentación! El amor propio hace como que se disimula y se viste de las apariencias del celo, pero es siempre el mismo, quien, como en otros tiempos junto a Jesucristo, susurra al oído el ” Manifesta teipsum mundo” (“Date a conocer al mundo”). Catalina Labouré ha llevado a cabo maravillosa y fructuosamente esta misión en la obscuridad, donde ha vívido cuarenta y seis años. Ahora ha llegado para ella la hora anunciada por el Apóstol: “Porque muertos estáis ya y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, que es vuestra vida, entonces apareceréis también vosotros, con El, gloriosos”. (Col. 3, 3-4).

                 En la Gloria, donde resplandece con plena luz allá arriba. junto a Jesucristo y a su Madre; en la Gloria, con la que brilla también acá abajo, por donde pasó ignorada, ella sigue siendo la mensajera de la Inmaculada. Está a vuestro lado, sacerdotes de la Misión e Hijas de la Caridad, infundiéndoos el fervor de vuestra santa vocación; está junto a vosotras, Hijas de María, que ella tanto amó y de la que es constante protectora, exhortándonos a la fidelidad, a la pureza, a la piedad y al apostolado; está junto a vosotros todos, pecadores, enfermos, débiles y afligidos, que levantáis los ojos repitiendo con confianza la invocación: “i Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!”.

                Por su intercesión las más abundantes gracias lloverán sobre vosotros a quinos de todo corazón damos, como prenda de las gracias divinas, Nuestra Bendición Apostólica”.