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miércoles, 29 de julio de 2026

SAN JOSÉ FUE CRECIENDO EN EL AMOR DE DIOS



                    Los padres de San José durante un tiempo fueron estériles, porque Dios quería que José fuera hijo de oración. A los 8 días de su nacimiento, como era costumbre entre los judíos, tuvo lugar la circuncisión y Dios concedió a José, además del Ángel de la Guarda, otro ángel que le fue hablando a lo largo de la vida muy a menudo, especialmente durante el sueño, instruyéndole en todo lo que debía hacer para agradar al Señor. 

                    Sus padres fueron al Templo de Jerusalén cuando llegó el tiempo en que por la Ley, las mujeres que habían dado a luz debían purificarse y ofrecer al niño; y luego rescatarlo según la Ley. 

                    El Demonio muchas veces intentó hacerle daño, pero estaba protegido por los dos ángeles que Dios le había asignado. El Ángel que le hablaba en sueños le advertía de todo lo que tenía que hacer ante las asechanzas del Maligno y José seguía fielmente sus órdenes. Así fue creciendo en el Amor de Dios, sintiendo desde niño un gran amor por Dios y deseando fervientemente la venida del Mesías prometido. 

                    Su madre tuvo una comunicación en sueños del Señor para que cuidara bien a su hijo José, porque tendría la gracia de ver al Mesías y conversar con él. Dios le concedió una inteligencia especial de modo que ya, desde que tenía 3 años, comenzó a leer para consuelo y alegría de sus padres. 

                    Cuando tenía 7 años, un día, mientras dormía, se le apareció el Ángel y le dijo cómo Dios había aceptado su propósito de conservarse virgen por todo el tiempo de su vida y le prometió su favor y ayuda especial. Otra vez entre otras, el Ángel le manifestó en el sueño que Dios le había destinado para hacerle un don muy grande y sublime, aunque no le dijo cuál sería. Pero Dios ya tenía previsto que lo iba a hacer padre adoptivo de Jesús y esposo de María. Él, por su parte, oraba intensamente para que Dios acelerara la venida del Mesías prometido. 

                    En otro sueño el Ángel le comunicó las virtudes que tendría el Mesías, cuando estuviera entre los hombres. Por Pascua iba con sus padres al Templo de Jerusalén y se preparaba con ayuno y oración, como lo instruía el Ángel. Precisamente, estando en el Templo, uno de los días cayó en éxtasis y así estuvo bastante tiempo, disfrutando de la alegría y del Amor de Dios. 

                    Por supuesto que Dios también permitió, como en la vida de todos los grandes Santos, que el Demonio lo tentara y molestara. En su casa fue por medio de algunos jóvenes libertinos, que se burlaban de él. Otra vez fue por medio de una mujer que iba a visitar a su madre y que le hablaba mal sobre José y por ello recibió algunos reproches de su madre, pero él lo ofrecía todo con paciencia al Señor. En alguna ocasión el Demonio lo tentó de vanagloria, como si fuera un Santo, y movía a algunos para que lo alabaran y exaltaran sus virtudes en público. El Demonio lo molestaba de diferentes maneras, pero nunca le fue permitido que lo tentara con respecto a la virtud de la pureza. 

                    Algo muy especial en su vida desde pequeño fue el amor que tenía hacia los enfermos y moribundos. Sabiendo lo compasivo que era, muchos acudían a él para que visitara a los enfermos graves, sobre todo si estaban ya en trance de morir. Una vez el Ángel le manifestó en sueños el gran peligro en el que estaban los moribundos y la necesidad que tenían de ser ayudados en sus últimos momentos. De hecho, los moribundos sentían gran consuelo cuando José los visitaba y oraba por ellos. Los demonios quedaban debilitados por sus oraciones y Dios le dio la gracia de que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia de José no perecieran en el Infierno, sino que fueran al Limbo de los Justos o Seno de Abraham, aunque tuvieran que pasar por el Purgatorio. A veces, era avisado por su Ángel sobre la necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones y él se despertaba y enseguida se ponía a orar...


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



miércoles, 8 de julio de 2026

EL ABOGADO DE LOS MORIBUNDOS



                    Llegó un momento en que José se enfermó y ya no podía trabajar. Estaba muy debilitado y caído de fuerzas. Jesús hacía sus veces en el taller y el pobre José le ayudaba en lo poco que podía. María le preparaba alguna comida especial y él permanecía mucho tiempo en oración y a veces, en éxtasis.

                    Un día se le presentó en sueños el Ángel y le manifestó que debía disponerse y prepararse para ofrecer los sufrimientos de su enfermedad. Tenía fuertes dolores de estómago y sufría desmayos y unos delirios causados, algunos por los dolores, otros por el amor ardiente que sentía hacia Dios. También tenía palpitaciones del corazón. Cuando Jesús se le acercaba y lo tomaba de la mano, José se tranquilizaba y caía fácilmente en éxtasis, no sintiendo durante ese tiempo mal alguno. Pero Dios lo probó con aridez de espíritu, quitándole el gusto interior por las cosas divinas. 

                    Una noche se sintió como abandonado de Dios. Pero Dios no lo abandonaba, solo lo estaba probando para que hiciera más méritos para la Eternidad. Uno de los días le fue revelado que su muerte estaba cercana. También le reveló que Dios lo había escogido y destinado a ser Abogado particular de los moribundos y quería que continuara esta caridad hasta el Fin del Mundo y que desde el Cielo realizase este oficio de asistente de ellos en su agonía.

                    Un día, después de un éxtasis, habló con Jesús y María. Les pidió perdón por todo lo que había faltado. Después Jesús lo tomó de la mano y él iba repitiendo continuamente: "Jesús, María", mientras Jesús le hablaba del Cielo y de Su Padre Celestial. Por fin, llegado su último momento, Jesús recibió su alma en Sus Santísimas manos y la hizo ver a María de modo que se consolara. Murió un Viernes, 19 de marzo, a la edad aproximada de 61 años. 

                    En esos momentos, Jesús tendría unos 30 años, listo para comenzar Su vida pública. Su cadáver fue acompañado por Jesús y María y algunos vecinos y piadosas mujeres del pueblo. También lo acompañaron los Ángeles que asistían a Jesús y María con cánticos de alabanza, aunque no eran vistos ni oídos por los presentes.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora




viernes, 1 de mayo de 2026

SAN JOSÉ, "HOMO FABER", Modelo y Patrón de los trabajadores



                       No solo es San José modelo de todos los estados, sino también de diversas clases y oficios de la sociedad. Sin embargo, no puede negarse que lo es especialmente de aquellos que más parecido y semejanza tienen con el oficio que él ejercitó, "Homo faber" (1), tales son los obreros y artesanos. Estos pueden decir a boca llena que San José les pertenece, que es de los suyos.

                       Y es así, en verdad. San José se presta más directamente a la imitación de los obreros, porque obrero fue el Santo Patriarca; y por lo mismo, si vale decirlo, a los obreros y artesanos profesa especial cariño y está a primera vista más dispuesto a favorecer en igualdad de circunstancias.

                       Fácilmente se comprende que tenga San José predilección por los de su clase y oficio, y que se compadezca mejor de sus trabajos, por la sencilla razón de haber pasado por ellos y tener conocimiento experimental de los apuros en que suelen hallarse y de los vejámenes que a veces tienen que sufrir de parte de los patronos y de los ricos. Sabe por experiencia San José lo que es ganar su sustento cotidiano con el sudor de su frente; sabe cómo duele, después de haber estado trabajando con esmero y diligencia todo el santo día, cuando se esperaba el salario con una sonrisa de aprobación al presentar terminada la tarea, ver despreciada su obra, dejar descontento al que la encargó y recabar a duras penas, no sin bochorno, el precio estipulado; sabe qué es pasar un día y otro en forzosa ociosidad por falta de trabajo o excesiva multitud de brazos; qué es echarse encima la noche o acercarse el fin de semana sin poder llevar a casa lo necesario para comprar el sustento de la familia, y verse obligado a pedir que le presten fiado el pedazo de pan que han de llevarse los hijos a la boca. Todo eso y mucho más sabe San José como ninguno, y natural es que a ese conocimiento se siga la compasión y el amor hacia los que padecen las mismas miserias que un día padeció.

                      Pues por lo mismo es el más alto y perfecto modelo, y el que más autoridad tiene para instruir y consolar a obreros y artesanos. Porque San José, que pasó por todas esas molestias y contrariedades de la vida laboriosa, fue, no obstante, en su mortal carrera, feliz en cuanto se puede ser; y ahora que goza de inmenso valimiento en el Cielo, puede ya quiere favorecer a los artesanos y obreros como ninguno.

                       ¿De qué manera? ¿Haciendo que éstos naden en la abundancia? No. ¿Haciendo que desaparezcan de la vida las penas y trabajos? Tampoco. ¿Trayendo la nivelación social y aboliendo la diferencia de clases?. Mucho menos. ¿Pues cómo?. Con lo mismo que él fue relativamente feliz.

                       Lo que hizo relativamente feliz a San José es, en primer lugar, la Fe y la Religión. El conocimiento y esperanza de lo sobrenatural, de otra vida, de otros bienes que no consume el hollín, ni roban los ladrones, ni están expuestos a las vicisitudes de las cosas terrenas. A medida que esta Fe y esperanza crezcan y reinen en el corazón, decrecerá la estima de los bienes de este mundo y no se mirarán como la suprema felicidad del hombre. Nacerá de aquí la resignación cristiana y la confianza en Dios y en Su amorosa Providencia, que nunca desampara a los suyos y acude en la mayor necesidad, y nunca dejará de mover los corazones de los cristianos.

                       Cristo Nuestro Señor y San José, el hijo del artesano y el artesano, que vivieron en la oscuridad y llevaron una vida pobre y laboriosa. Entonces aparecerá con todo su esplendor la excelsa dignidad de los pobres y obreros en la Iglesia, y resonarán con eco potente, para consuelo de los humildes y resignados, las profundas palabras del Salvador del mundo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Se amará la imitación de Cristo; seguirán con holgura las pisadas del Divino Maestro sobre la tierra, y ante la perspectiva de la corona inmarcesible que ha de ceñir eternamente las sienes del humilde y resignado artesano, parecerá menos dura la pobreza y más llevadera la condición de los obreros.

                       Quien se penetre bien de estas ideas, antes será envidiado que envidioso. Pues éstas fueron las que alimentaron y nutrieron el espíritu de San José, y las que él procurará inculcar en el espíritu de los obreros sus devotos.


Extraído de la "Vida de San José"
por el Padre Francisco de Paula García, SI


NOTA

                1) Expresión que deriva del pasaje "Nonne hic est fabri filius? Nonne mater ejus dicitur Maria...?"  (Evangelio de San Mateo, cap. 13, vers. 55); en el siglo IV, cuando San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras del griego al latín, utilizó el término "faber", que se puede traducir por "artesano" o "carpintero"), que corresponde al término griego "tekton", indicando a alguien que trabaja con madera o piedra. 




jueves, 19 de marzo de 2026

LE ROGUÉ QUE VELASE POR MÍ... el amor de Santa Teresita por San José



                    "¡Oh, qué bueno es San José!. ¡Cuántas cosas le he confiado y cuántas veces me ha respondido!"

                    "Desde mi infancia había sentido hacia San José una devoción que se confundía con mi amor a la Santísima Virgen... Rogué también a San José que velase por mí. Todos los días le rezaba la oración: “San José, padre y protector de las vírgenes”. Con esto, emprendí sin miedo el largo viaje..." (Historia de un alma, escrita por Santa Teresa de Niño Jesús y de la Santa Faz)

                    El amor y la confianza que Santa Teresita profesó a San José le acompañará en toda su vida; a él dedicará una poesía: 


Vuestra admirable vida en la sombra, 
José, se deslizó humilde y escondida, 
¡pero fue augusto privilegio vuestro 
contemplar muy de cerca 
la belleza de Jesús y María! 

¡Más de una vez, el que es Hijo de Dios,  
y entonces era niño y sometido en todo 
a la obediencia vuestra, sobre el dulce refugio 
de vuestro pecho amante descansó con placer! 

Y como vos, nosotros, en la tranquila soledad, 
servimos a María y Jesús, nuestro mayor cuidado 
es contentarles, no deseamos más. 

A vos, Teresa, nuestra Santa Madre,
acudía amorosa y confiada en la necesidad, 
y asegura que nunca su plegaria
dejasteis de escuchar. 

Tenemos la esperanza de que un día,
cuando haya terminado la prueba de esta vida,  
al lado de María iremos, Padre, a veros.
Bendecid, tierno Padre, nuestro Carmelo, 
y tras el destierro de esta vida ¡reunidnos en el Cielo! 


Santa Teresa del Niño Jesús, “A Nuestro Padre San José” (Poesía Nº 14)


                    ¡Qué hermoso será conocer en el Cielo todo lo que ocurrió en el seno de la Sagrada Familia! […] ¿Y San José?, ¡ay, cuánto lo quiero!. Él no podía ayunar, debido a su trabajo. Lo veo acepillar, y después secarse la frente de vez en cuando. ¡Qué lástima me da de él!. ¡Qué sencilla me parece que debió de ser la vida de los tres! […] 

                    …Lo que me hace mucho bien, cuando pienso en la Sagrada Familia, es imaginármela llevando una vida totalmente ordinaria. […] No, el Niño Jesús no hacía milagros inútiles como ésos, ni siquiera por complacer a Su Madre. Y si no, ¿por qué no fueron transportados a Egipto en virtud de un milagro, que, por lo demás, habría sido más necesario y tan fácil para Dios?. En un abrir y cerrar de ojos habrían sido llevados allá. Pero no, en su vida todo discurrió como en la nuestra. ¡Y cuántas penas, cuántas decepciones!. ¡Cuántas veces se le habrán hecho reproches al bueno de San José!. ¡Cuántas veces se habrán negado a pagarle su trabajo!. ¡Qué sorprendidos quedaríamos si supiésemos todo lo que sufrieron!. 


Santa Teresa del Niño Jesús, "Últimas conversaciones"



SAN JOSÉ, COLABORADOR EN EL PLAN DIVINO DE LA REDENCIÓN



                    La Redención de la Humanidad, que es el hecho central de toda nuestra Historia, determinó la caída del paganismo, el surgimiento y el triunfo de la Iglesia Católica, la implantación de una Civilización basada en concepciones completamente nuevas de la familia, del Estado, del individuo y de la Religión, que fueron los hechos iniciales y la causa del gran progreso.

                    La familia pagana, transformada y sobrenaturalizada por el contacto con los Sacramentos de la Iglesia, se transformó en foco admirable de perfección espiritual, y en escuela austera de disciplina de los instintos inferiores. 

                    El Estado pagano, transformado desde sus fundamentos por el Catolicismo, dejó de ser privilegio de plutócratas o demagogos, para ser antes que nada un admirable medio de distribución equitativa de la justicia y protección a todos los individuos. 

                    El individuo, que en el paganismo era presa de sus pasiones, vio abrirse delante de sí el admirable ideal de perfección espiritual predicado por el Hombre-Dios; y el hombre medieval, descendiente de los sibaritas de la Antigüedad, se transformó en el cruzado, en el asceta o en el filósofo cristiano. 

                    La Religión, en fin, consiguió traer al mundo, con sus Sacramentos, con la gracia de que es vehículo, y con el admirable apostolado jerárquico de la Iglesia, una continuidad de acción santificadora que ha sido la columna de la Civilización, y que es aún hoy el único obstáculo contra la acción invasora del Comunismo, como lo fue contra las invasiones bárbaras o musulmanas. 

                    Todos estos acontecimientos gloriosos tuvieron su origen en la Redención. San José, por la admirable correspondencia a la Gracia con que se distinguió, colaboró de modo eminente en el Plan Divino de la Redención. Y, como tal, es merecedor de una gran parte de la Gloria que, legítimamente, le cabe al Divino Salvador por la inmensidad de beneficios con que nos colmó. 

                    Vemos, pues, la admirable fecundidad de una vida que todas las circunstancias naturales tendían a volver estéril. Vemos la prodigiosa capacidad de acción de la Santidad, que en el recogimiento y en la humildad, colaboró directamente en acontecimientos mucho más importantes, y tuvo una participación incalculablemente más notable en toda la Historia de la humanidad que Alejandro con sus ejércitos, Kant con su saber arrogante, o Maquiavelo con su diplomacia astuta y amoral. 

                    Vida interior, por lo tanto. Vida interior intensa, constante, ilimitadamente ambiciosa, en el sentido espiritual de la palabra, es la gran lección que la Fiesta de San José nos deja. 

                    Íntimamente unidos a Nuestra Señora como lo fue San José, la grandeza de la lección no debe desanimar la escasez de nuestras fuerzas, pues debemos exclamar como aliento: Omnia possum in Eo qui me confortat - “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Filp. 4, 13)


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira



San José, 
Corredentor perfectísimo


                    José conoció y vivió anticipadamente el drama de la Pasión desde los primeros misterios de la Infancia de Jesús. Y acepta la parte que le corresponde en él, que fue precisamente sufrido en su corazón, a la vez que preparaba la Víctima y compadecía a nuestra Madre Dolorosa. El no asistir a él fue quizá uno de sus grandes dolores. Pero aceptó siempre los Planes Divinos de la Providencia. Y cuando Dios dio por cumplida su misión en la tierra, salió silenciosamente, inmolando su vida por la regeneración del mundo.

                    Con toda justicia el Cardenal Lépicier, verdadero y profundo teólogo entre los escritores de San José, le llama «Corredentor perfectísimo». Dios le dio un conocimiento especial de este misterio, valorando a la luz del mismo el ministerio para el que era elegido, pues le correspondía preparar y custodiar la Víctima, participando en grado eminentísimo en los frutos de Su Sacrificio y cooperando en la misma forma para el bien del género humano.

                    San José no solo coopera -como todos estamos llamados a hacerlo- a la redención subjetiva del género humano, que es la aplicación de los méritos adquiridos por Cristo a cada uno de los hombres, sino también a la redención objetiva o adquisitiva, a la Obra Redentora en general y desde Nazaret hasta su consumación en el holocausto del Calvario. También San José, a semejanza de María prestó su libre consentimiento a los planes divinos. Cuando el Ángel le revela el Misterio obrado en su esposa por obra del Espíritu Santo, la acoge inmediatamente en su casa y se entrega con su mayor solicitud al ministerio que se le pide, el cual comprende su colaboración a la Obra Salvadora de Jesús, ya que el Ángel le dice: «Dará a luz un Hijo, a quién pondrás por Nombre Jesús, porque salvará a Su pueblo de sus pecados». (Mt. 1, 23). José entrega todo su ser en manos de Dios y acepta los sufrimientos que le deben corresponder en el Plan Salvífico Divino, ofreciéndolos en unión del sacrificio de Cristo Redentor. Su sacrificio, aún sin presenciar en vida mortal el drama sangriento de la Pasión, fue perfecto. El Santo se inmola a sí mismo silenciosamente, viviendo anticipadamente en su corazón la crucifixión dolorosísima de Cristo, las amarguras indecibles de su Santa esposa. 

                    Puede afirmarse -con el Cardenal Lépicier- que San José participó más que ningún otro, después de la Santísima Virgen, en la Pasión de Cristo, cuyos dolores, en conjunto, fueron los mayores que pudo padecer ninguna criatura por su inseparable e íntima unión con Jesús y con María. El mar de amargura de ambos se refleja en el corazón de San José. Y en proporción a la unión está, por otro lado, el mayor conocimiento de este tremendo Misterio del Dolor que tuvo el Santo ya por la revelación del Ángel y la profecía de Simeón, ya también por las confidencias íntimas de Jesús y por los presentimientos que en su alma ponía el Espíritu Santo. 

                    Por su voluntaria aceptación de su vocación de Padre y Señor de Familia predestinada a ser instrumento de salvación del mundo entero ("causa salutis", Heb 5, 9) y generoso ofrecimiento a participar en la Cruz del Señor, para satisfacer más abundantemente, por todos los hombres, la cooperación dolorosa de San José es la mayor después de la de María -y como ella única y singular en cuanto participante con el Redentor en la redención objetiva, no solo aplicativa-, e incomparablemente mayor que la que puede atribuirse a otros Santos.


Padre Bonifacio Llamera O.P.
"Teología de San José", BAC, Madrid, 1953


Nuestro Padre y Señor San José
en las revelaciones que recibiera la mística Sor María de Jesús de Ágreda


                    En todo fue renovado y elevado, para tratar dignamente con la que era Madre del mismo Dios y esposa propia suya y para dispensar juntamente con Ella lo que era necesario al Misterio de la Encarnación y crianza del Verbo humanado... Y para que en todo quedase más capaz y reconociese las obligaciones de servir a su Divina Esposa, se le dio también noticia que todos los dones y beneficios recibidos de la mano del Altísimo le habían venido por Ella y para Ella y los de antes de ser Su esposo, por haberlo elegido el Señor para esta dignidad, y los que entonces le daban, por haberlos Ella granjeado y merecido..." 

                    Aunque trabajaba de sus manos, y también la Divina Esposa, jamás pedían precio por la obra, ni decían: esto vale o me habéis de dar ; porque hacían las obras no por interés, sino por obediencia o caridad de quien las pedía y dejaban en su mano que les diese algún retorno, recibiéndolo no tanto por precio y paga como por limosna graciosa. Esta era la santidad y perfección que deprendía San José en la escuela del cielo que tenía en su casa..."

                    El Santo José, aunque no era muy viejo, pero cuando la Señora del mundo llegó a los treinta y tres años estaba ya muy quebrantado en las fuerzas del cuerpo, porque los cuidados y peregrinaciones y el continuo trabajo que había tenido para sustentar a su esposa y al Señor del mundo le habían debilitado más que la edad ; y el mismo Señor, que le quería adelantar en el ejercicio de la paciencia y otras virtudes, dio lugar a que padeciese algunas enfermedades y dolores que le impedían mucho para el trabajo corporal...

                    Y para satisfacer a su afecto y obligación, honrando y venerando a la que conocía por Madre del mismo Dios, cuando a solas la hablaba o pasaba por delante de Ella la hincaba la rodilla con grande reverencia. Y aunque pudiera aliviar a San José la compasión de la amabilísima Señora, que con rara discreción se la mostraba de verle trabajado y cansado, pero a este alivio añadía la doctrina celestial, con cuya atención el Santo dichoso trabajaba más con las virtudes que con las manos..."

                    Según el concepto que yo tengo, si en el mundo hubiera otro hombre más perfecto y de mejores condiciones, ése diera el Señor por esposo a Su misma Madre, y pues le dio al Patriarca San José, él sería sin contradicción el mejor que Dios tenía en la tierra...

               Palabras de Nuestra Señora: "Hija Mía, aunque has escrito que Mi esposo San José es excelentísimo entre los Santos y Príncipes de la Celestial Jerusalén, pero ni tú puedes ahora manifestar su eminente Santidad, ni los mortales pueden conocerla antes de llegar a la Vida de la Divinidad, donde con admiración y alabanza del mismo Señor se harán capaces de este privilegio; el día último, cuando todos los hombres sean juzgados, llorarán amargamente los infelices condenados no haber conocido por sus pecados este medio tan poderoso y eficaz para su salvación (la devoción a San José), ni haberse valido de él para ganarse la amistad de Mi Divino Hijo, el Justo Juez.

               Y todos los del mundo han ignorado mucho los privilegios y prerrogativas que el Altísimo Señor concedió a Mi Santo Esposo José y cuánto puede su intercesión con su Majestad y Conmigo, porque te aseguro, muy querida hija, que en presencia de la Divina Justicia es uno de los grandes intercesores para detenerla contra los pecadores y alcanzar grandes mercedes.

               Y por la noticia y la luz que de esto has recibido y recién escrito, quiero que seas muy agradecida a la dignación del Señor y al favor que en esto hago contigo; y de aquí en adelante en lo que queda de tu vida procures adelantarte en la devoción y cordial afecto a Mi Santo Esposo José y bendecir al Señor, porque le favoreció con tantos dones y por el gozo que yo tuve de conocerlo. En todas tus necesidades te has de valer de su intercesión y solicitarle muchos devotos, y que las religiosas se fijen mucho en esto, pues lo que pide Mi Esposo José en el Cielo concede el Altísimo en la tierra y a sus peticiones y palabras tiene vinculados grandes y extraordinarios favores para los hombres, si ellos no se hacen indignos de recibirlos.

                Y todos estos privilegios corresponden a la perfección de este admirable Santo y a sus virtudes tan grandiosas, porque la Divina Misericordia se inclinó a ellas y le miró con mucho agrado, para conceder admirables misericordias para José y para los que acuden a su intercesión.


Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, 
Extraído de su obra "Mística Ciudad de Dios" 



domingo, 15 de marzo de 2026

SÉPTIMO Y ÚLTIMO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores"

     

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?



...lo hallaron en el Templo, 
sentado en medio de los doctores...



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Séptimo Dolorcuando sin culpa pierde a Jesús y lo busca por tres días.

"Le estuvieron buscando entre los parientes y conocidos, y al no hallarle, volvieron a Jerusalén en su busca". (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 44-45).

          -Séptima Alegríaal encontrarlo entre los doctores del templo.

"Al cabo de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas". (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 46)



ORACIÓN

               Oh Modelo de toda Santidad, Glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que, lleno de gozo, le hallasteis en el Templo, en medio de los doctores.

                Por este dolor y este gozo, os suplicamos con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor para que jamás nos suceda perder a Jesús por algún pecado grave. Mas, si por desgracia le perdiéramos, haced que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el Cielo y cantar eternamente con Vos Sus Divinas Misericordias...

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




miércoles, 11 de marzo de 2026

SAN JOSÉ, EJEMPLO VIVIENTE DE LA JUSTICIA CRISTIANA



                    ...para acelerar la Paz de Cristo en el Reino de Cristo, por todos tan deseada, ponemos la actividad de la Iglesia Católica contra el comunismo ateo bajo la égida del poderoso Patrono de la Iglesia, San José.

                    San José perteneció a la clase obrera y experimentó personalmente el peso de la pobreza en sí mismo y en la Sagrada Familia, de la que era padre solícito y abnegado; a San José fue confiado el Infante Divino cuando Herodes envió a sus sicarios para matarlo. Cumpliendo con toda fidelidad los deberes diarios de su profesión, ha dejado un ejemplo de vida a todos los que tienen que ganarse el pan con el trabajo de sus manos, y, después de merecer el calificativo de "Justo", ha quedado como ejemplo viviente de la Justicia Cristiana, que debe regular la vida social de los hombres.

                    Nos, levantando la mirada, vigorizada por la virtud de la Fe, creemos ya ver los nuevos cielos y la nueva tierra de que habla nuestro primer antecesor, San Pedro. Y mientras las promesas de los falsos profetas de un paraíso terrestre se disipan entre crímenes sangrientos y dolorosos, resuena desde el ciclo con alegría profunda la gran profecía apocalíptica del Redentor del mundo: "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (Libro del Apocalipsis, cap. 21, vers. 5).


Extractos de la Encíclica "Divini Redemptoris" 
del Papa Pío XI, 19 de Marzo de 1937



domingo, 8 de marzo de 2026

SEXTO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...Y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret..."

    

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...Y fue a vivir a una ciudad 
llamada Nazaret...



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Sexto Doloral regresar a su Nazaret por el miedo a Arquelao. 

"Él se levantó, tomó al niño y a su madre y regresó a la tierra de Israel. Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá" . (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 21-22).

          -Sexta Alegríaal regresar con Jesús de Egipto a Nazaret y la confianza establecida por el Ángel. 

"Y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los Profetas: será llamado Nazareno". (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 23)



ORACIÓN

               Oh Ángel de la tierra, Glorioso San José, que pudisteis admirar al Rey de los Cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el Ángel, vivisteis dichoso en Nazaret con Jesús y María.

                Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por Ellos.

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




miércoles, 4 de marzo de 2026

DE JOSÉ SOMOS CONDUCIDOS DIRECTAMENTE A MARÍA, Y A TRAVÉS DE MARÍA A LA FUENTE DE TODA SANTIDAD, JESÚS



                    ...vemos ante nuestros ojos una cierta continuidad y una serie de instituciones piadosas, que muestran que el culto al Santísimo Patriarca entre los Fieles de Cristo ha crecido gradualmente hasta nuestros días. Pero, considerando las amargas circunstancias por las que atraviesa hoy el género humano, parece que precisamente esta piedad debería ser fomentada con mucho más diligencia entre los pueblos y propagada mucho más... 

                    ...para que podamos retener a nuestros hombres, tantos como hay en todas partes, que se ganan la vida con sus manos y con su trabajo, en sus deberes, y preservarlos del contagio del socialismo; conservémoslo intacto, pues nada es más hostil a la Sabiduría Cristiana. Les proponemos especialmente a San José, a quien deben observar como guía especial en la vida y venerar como su Patrón.

                    Porque de un modo semejante a él pasó su vida, por lo cual Cristo Dios, siendo el Unigénito del Eterno Padre, quiso ser llamado "fabri filius", hijo del artífice. Pero adornó aquella humildad de lugar y fortuna con muchas y excelentes virtudes; es decir, aquellos entre quienes convenía que brillara la gloria de aquel que era el esposo de María Inmaculada y que se suponía que era el Padre del Señor Jesús. Por tanto, que todos aprendan del Maestro José a ver el presente, que fluye, a la luz del futuro, que perdura; y, consolados por los inconvenientes de la condición humana con la esperanza de los bienes celestiales, esfuércense por alcanzarlos obedeciendo a la Voluntad Divina, es decir, viviendo sobria, justa y piadosamente... los pobres, si son sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino en el ejemplo y Patrocinio del Bienaventurado José, así como en la caridad maternal de la Iglesia, que, de hecho, cuida cada día más de su condición.

                    A medida que crecía la devoción de nuestro pueblo a San José, empezó a crecer al mismo tiempo su devoción a la Sagrada Familia de Nazaret, de la que él era la augusta Cabeza: porque la una surge naturalmente de la otra. Porque de José somos conducidos directamente a María, y a través de María a la Fuente de toda Santidad, Jesús, quien consagró Sus virtudes domésticas en José y María con Su propia obediencia. Deseamos que las familias cristianas se renueven completamente y se conformen a estos grandes ideales de virtud. Así, pues, como la comunidad del género humano está fundada sobre el fundamento de la familia, cuando a la sociedad doméstica se le añade más firmeza, al ser más santa y fortificada por la castidad, la concordia y la Fe, por ese mismo hecho una nueva fuerza y ​​como sangre nueva se difundirá entre todos los miembros de la sociedad humana, fluyendo en ella toda virtud de Cristo; Y no sólo habrá una mejora en la moral privada, sino también en la vida común y en la disciplina civil.

                    ...confiando grandemente en su Patrocinio, a cuya vigilancia y providencia quiso Dios que se confiara a su Hijo Unigénito, la Virgen encarnada y Madre de Dios... que se anime a los Fieles a implorar aún con más insistencia el auxilio de San José, principalmente todos los Miércoles y continuamente durante todo el mes propio (Marzo), deseamos que todos ellos sean frecuentados en cada diócesis, tanto como sea posible.

                    ...sobre todo, por ser merecidamente considerado el auxiliador más presente de los moribundos, a quien acudieron Jesús y María cuando murió el mismo, los Venerables Hermanos serán aquella sociedad de personas piadosas que se fundó para rogar a José por los moribundos, para que continúe con todo el apoyo y favor de su autoridad, desde "la Buena Muerte", como desde "el Tránsito de San José", como por "el Agonizante".


Extractos del Motu Proprio "Bonum Sane", 
del Papa Benedicto XV, 25 de Julio de 1920


 

domingo, 1 de marzo de 2026

QUINTO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...TOMA AL NIÑO Y A SU MADRE Y HUYE A EGIPTO"

   

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...Levántate, toma al Niño 
y a Su Madre, y huye a Egipto...  



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Quinto Doloren su afán de educar y servir al Hijo del Altísimo, especialmente en la huida a Egipto. 

"El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al Niño y a Su Madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo" (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 13).

          -Quinta Alegríaal tener siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto. 

"De Egipto llamé a mi hijo" (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 15)



ORACIÓN

               Oh Custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, Glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en vuestra huida a Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

               Por este Dolor y este Gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para Ellos y muramos gozosos en Su Amor.

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




miércoles, 25 de febrero de 2026

SAN JOSÉ, EL PRIMER HOMBRE QUE CONSAGRÓ AL SEÑOR SU VIRGINIDAD




                    La Santa Iglesia Católica tributa a San José un culto singular, diferente y por encima del que se tributa al resto de Santos y Bienaventurados, el culto de "protodulía", esto es, perteneciente al primer Santo, después de la Virgen María, a la que corresponde el culto de "hiperdulía", muy por encima del culto con el que veneramos a los Ángeles y a los Santos.




                    Dice San Francisco de Sales que José y María eran como dos purísimos espejos, puestos el uno enfrente del otro, y que los rayos de Santidad que el Sol de Justicia, Cristo Jesús, enviaba a María, Ella con perfecta reverberación los comunicaba a San José; de manera que las virtudes de San José y de la Santa Virgen parecía iguales y las mismas.

                    Si la Virgen Inmaculada, por Su angelical pureza, fue proclamada Reina de las vírgenes, San José fue el primero de los hombres que con voto consagró al Señor su virginidad. Si la celestial belleza de María engendraba castidad en los que la miraban, San José con su ejemplar modestia inflamaba en amor de esta santa virtud. Si en el Corazón de María no hubo nunca ni el hálito de imperfección, el corazón de San José no experimentó jamás el ímpetu de la concupiscencia. Si la Santa Virgen fue más santa y perfecta que todos los Ángeles y Santos, San José es justísimo en grado inferior a María, pero superior a todos los demás Bienaventurados.