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domingo, 31 de mayo de 2026

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL MISTERIO PRINCIPAL DE NUESTRA FE

   

                  El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

                  No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

                   Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



                    En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

                   La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

                   Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

                   Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

                   ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

                   Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

                   Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro Alimento en el Santísimo Sacramento del Altar.

                   Dios Espíritu Santo, que no es sino el Amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el Amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                    Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

                   - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

                   Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

                   1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las Tres Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: tres personas, pero una única Naturaleza Divina. Debemos creer este Misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la Fe no contradice la razón, pero la supera). Es el Misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

                   2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como Creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como Santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ejemplo, cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando. También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en Presencia de Dios.

                   3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

                   4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los tres enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

                   Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

                   Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

                   Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.




domingo, 26 de mayo de 2024

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

  

          El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

          No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

           Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.




                En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

               La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

               Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

               Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

               ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

               Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

               Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro alimento.

               Dios Espíritu Santo, que no es sino el amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

               - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

               Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

               1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las 3 Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: 3 personas, pero una única naturaleza divina. Debemos creer este misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la fe no contradice la razón, pero la supera). Es el misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

               2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ej., cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando (p. ej., el Rosario). También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en presencia de Dios.




               3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

               4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los 3 enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

               Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

               Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

               Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.



domingo, 3 de abril de 2022

ORACIONES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD: EL TRISAGIO ANGÉLICO

 


En el Nombre del Padre y del Hijo +
y del Espíritu Santo. Amén.

Señor, ábreme los labios

Y mi boca proclamará Tu alabanza

Dios mío, ven en mi auxilio

Señor, date prisa en socorrerme

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.


Acto de contrición

          Amorosísimo Dios, Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, sentidos y potencias, y por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa, Trinidad Misericordiosa, me pesa, Trinidad Amabilísima, me pesa Trinidad Santísima, de haberos ofendido.

          Sólo por ser Vos quien sois: propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos, y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma Bondad y Misericordia infinita que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.


Himno

Ya se aparta el sol ardiente
y así luz perenne unida
en nuestro pecho infunde amor,
Trinidad divina.

En la aurora te alabamos
Y también al medio día,
y pedimos que te hagamos
en el Cielo compañía.

Al Padre, al Hijo, y a Ti
oh Espíritu de vida,
ahora y siempre sean dadas
Alabanzas infinitas. Amén

             



SANTO TRISAGIO


Santo Dios, Santo fuerte, 
Santo inmortal, 

-ten mi­se­ri­cordia de nosotros


Padrenuestro y Avemaría


Repetir hasta 9 veces
las siguientes oraciones


Santo, Santo, Santo Señor 
Dios de los ejércitos. 
Llenos están los cielos 
y la tierra de Tu Gloria

-Gloria al Padre y al Hijo 
y al Espíritu Santo
Como era en el principio, 
ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. 
Amén


Al final de las nueve veces se dice:


Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, 
-líbranos Señor de todo mal.


               Las otras dos partes se dicen del mismo modo, comenzando por las palabras "Santo Dios, etc". Al terminar la última decena, todos dicen la siguiente 


Antífona

A Ti Dios Padre no engendrado, a Ti Hijo Unigénito, 
a Ti Espíritu Santo Paráclito, Santa e indivisa Trinidad, 
con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, 
te reconocemos, alabamos y bendecimos; 
Gloria a Ti por los siglos de los siglos.

Bendigamos al Padre, y al Hijo, 
con el Espíritu Santo

Alabémosle y en­sal­cémosle 
por todos los siglos


ORACIÓN

               Oh Dios To­do­poderoso y Eterno, que con la luz de la Verdadera Fe diste a Tus Siervos conocer la Gloria de la Trinidad Eterna, y adorar la Unidad en el Poder de Tu Majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma Fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por Cristo Nuestro Señor. R/. Amén.


Terminada la oración, todos añaden:

Líbranos, sálvanos, vivifícanos, 
¡oh Trinidad Beatísima!


Indulgencias que podemos lucrar
si rezamos el Santo Trisagio

          Esta oración provee 100 días de indulgencia una vez al día a los que, con corazón contrito, adorando a la Santísima Trinidad, rezaren devotamente dicho Trisagio. Esas indulgencias pueden ganarse tres veces los Domingos, y en la Fiesta y la Octava de la Santísima Trinidad, con tal de que se rece tres veces en dichos días. 

          Además, hay concedida Indulgencia Plenaria una vez al mes al que rezare diariamente este Trisagio Angélico, si confesado y comulgado visitare alguna iglesia y rezare en ella por las intenciones de la Santa Madre Iglesia. (Papa Clemente XIV, 6 de Junio de 1769 y 26 de Junio de 1770)




domingo, 27 de marzo de 2022

ORACIONES A LA SANTÍSIMA TRINIDAD: SÍMBOLO ATANASIANO


Por la señal + de la Santa Cruz, 
de nuestro enemigos + 
líbranos, Señor + Dios Nuestro. 

En el Nombre del Padre, y del Hijo + 
y del Espíritu Santo. Amén.





Antífona 

Gloria a Ti, Trinidad igual, única Deidad, 
antes de los siglos, y ahora, y siempre. 

(en Tiempo Pascual se agrega "Aleluya")


                Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la Fe Católica:

                Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente.

                Y ésta es la Fe Católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la unidad.

                Sin confundir las personas, ni separar la substancia.

                Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo.

                Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna.

                Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo.

                Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.

                Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo.

                Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.

                Y sin embargo no son tres eternos, sino un solo eterno.

                De la misma manera, no tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso.

                Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo.

                 Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un omnipotente.

                Del mismo modo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios.

                Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios.

                Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor.

                Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.

                Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada persona es Dios y Señor, la Religión Católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses o Señores.

                El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado.

                El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.

                El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente.

                Por tanto hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos.

                Y en esta Trinidad nada hay anterior o posterior, nada mayor o menor: pues las tres personas son coeternas e iguales entre sí.

                De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.

                Por tanto, quien quiera salvarse es necesario que crea estas cosas sobre la Trinidad.

                Pero para alcanzar la salvación eterna es preciso también creer firmemente en la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo.

                La Fe Verdadera consiste en que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo; Hijo de Dios, es Dios y Hombre.

                Es Dios, engendrado de la misma substancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la substancia de su Madre Santísima en el tiempo.

                Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana.

                Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad.

                El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos cristos, sino un solo Cristo.

                Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios.

                Uno absolutamente, no por confusión de substancia, sino en la unidad de la persona.

                Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre.

                Que padeció por nuestra salvación: descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

                Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

                Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos.

                Y los que hicieron el bien gozarán de Vida Eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno.

                Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar.


Gloria al Padre, al Hijo, etc...


Antífona 

Gloria a Ti, Trinidad igual, única Deidad, 
antes de los siglos, y ahora, y siempre. 

(en Tiempo Pascual se agrega "Aleluya")


        V. Señor, escucha mi oración.

        R.Y llegue a Ti mi clamor.


Los Sacerdotes añaden:

        V. El Señor esté con vosotros.

        R. Y con tu espíritu.


Oremos


                Oh Dios Todopoderoso y Eterno, que con la luz de la Verdadera Fe diste a Tus siervos conocer la gloria de la Trinidad Eterna, y adorar la Unidad en el poder de Tu Majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma Fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por Nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.

        R. Amén.




                El Símbolo es conocido como "Atanasiano" puesto que se le atribuye a San Atanasio de Alejandría (+373); se trata de un resumen de la Doctrina Cristiana centrado en el Dogma de la Santísima Trinidad. 

                Meditando en este símbolo Santa Teresa de Jesús encontró ayuda para comprender el gran Misterio trinitario: "Estando una vez rezando el Quicumque vult -escribe la Santa-, se me dio a entender la manera de cómo era un solo Dios y tres personas tan claramente, que yo me espanté y me consolé mucho. Hízome tan grandísimo provecho para conocer más la grandeza de Dios y sus maravillas..." (Libro de la Vida, cap. 25, punto 39. 1).




miércoles, 9 de junio de 2021

BEATA ANA MARÍA TAIGI, MÍSTICA EN MEDIO DE LO ORDINARIO

 

               Recuerda hoy la Santa Iglesia a la Beata Ana María Taigi, gran Mística, dotada de dones sobrenaturales desde que tenía veinticuatro años; a menudo se representaba ante sus ojos un "sol místico", una luz sobrenatural en forma de orbe que le permitía ver el estado de conciencia, las revoluciones y guerras, los objetivos de las sociedades secretas, las recompensas de los buenos y los castigos de los malos... muchos Obispos, Cardenales y hasta el mismo Papa acudieron a su consejo en busca de luz divina. 




               En ese "sol místico", Ana María Taigi vio varias veces los Últimos Tiempos, el Gran Castigo que limpiaría la tierra y la Iglesia, la destrucción de la Revolución y el “Restaurador” que lideraría una victoria más espléndida que nunca antes se había logrado.

               Monseñor Raffaele Natali, amigo de la Beata y Secretario del Maestro de Cámara de Pío VII, escribió al detalle las Profecías que Ana María Taigi recibía en estado de éxtasis; durante más de dos décadas compiló un total de 4000 folios manuscritos.

 

LOS TRES DÍAS DE OSCURIDAD      


               "Vendrá sobre toda la tierra una oscuridad intensa que durará tres días y tres noches. Nada podrá verse, y el aire estará cargado de pestilencia que reclamará principalmente, pero no solo, a los enemigos de la religión. Será imposible utilizar ninguna luz artificial durante esta oscuridad, excepto las velas benditas."

               "El que por curiosidad abra su ventana para mirar afuera, o salga de su casa, caerá muerto en el acto. Durante estos tres días, la gente debe permanecer en sus casas, rezando el Santo Rosario y suplicando a Dios misericordia. Todos los enemigos de la Iglesia, conocidos y desconocidos, perecerán en toda la tierra durante esa oscuridad universal, con la excepción de unos pocos a quienes Dios pronto convertirá, el aire será infectado por demonios que aparecerán bajo toda clase de formas horribles."




               Continúa contando cómo terminarán los Tres Días de Oscuridad con un Triunfo del Cielo:

               "Después de los Tres Días de Oscuridad, los Santos Pedro y Pablo, habiendo bajado del Cielo, predicarán en todo el mundo y designarán un nuevo Papa. Una gran luz brillará de sus cuerpos y se posará sobre el futuro Pontífice... habrá innumerables conversiones de herejes, que volverán al seno de la Iglesia; todos notarán la conducta edificante de sus vidas, así como la de todos los demás católicos. Rusia, Inglaterra y China vendrán a la Iglesia..."


Para leer una reseña biográfica 
de la Beata Ana María Taigi 
solo tiene que tocar aquí



domingo, 30 de mayo de 2021

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO

 

          El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

          No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

           Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.




                En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

               La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

               Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

               Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

               ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

               Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

               Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro alimento.

               Dios Espíritu Santo, que no es sino el amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

               - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

               Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

               1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las 3 Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: 3 personas, pero una única naturaleza divina. Debemos creer este misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la fe no contradice la razón, pero la supera). Es el misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

               2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ej., cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando (p. ej., el Rosario). También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en presencia de Dios.




               3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

               4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los 3 enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

               Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

               Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

               Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.



domingo, 17 de enero de 2021

...MÁS QUE LA CREACIÓN ENTERA...




               "Gran Amor de Dios a los hombres... dice San Juan "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga Vida Eterna..." y la mayoría de la Humanidad ni cree en este Amor Divino ni le interesa; hoy aun muchos que habían consagrado su vida al servicio y amor de Dios en el Sacerdocio o en la Vida Religiosa, abandonan su puesto como defraudados para darse libremente y con mayor intensidad al servicio y amor de las cosas profanas del Mundo; todo por falta de Fe en la Palabra de Dios sobre los bienes sobrenaturales. Amemos a Dios Padre con todo el corazón según nuestra obligación esencial y Su deseo y pidamos ilumine a todos con Fe viva para que Le amen con todo el corazón...Un acto de amor de Dios vale más que la creación entera."


Padre Manuel García Nieto SJ (*)


          * El Padre García Nieto nació en Macotera (Salamanca) el 5 de Abril de 1894. Ordenado Sacerdote diocesano entró después en la Compañía de Jesús, en Carrión de los Condes (Palencia). Profesor de Teología Pastoral y Teología Ascética y Mística en la Pontificia Universidad de Comillas, además de ser el Director Espiritual del Seminario. En Agosto de 1936 sería detenido por los anarquistas y a punto estuvo de ser martirizado. A partir de las Apariciones de Garabandal se convirtió en el Director Espiritual de Conchita González, la principal vidente. Murió con fama de Santo en Comillas, (Cantabria) el 13 de Abril de 1974, Viernes Santo.