martes, 15 de junio de 2021

JESÚS, REY DE AMOR

 

               El 17 de Agosto de 1922 Nuestro Señor se manifiesta a la Madre Yvonne-Aimée de Malestroit y le pide solemnemente que rece y haga rezar por la mañana y por la noche la jaculatoria: "Oh Jesús Rey del Amor, yo confío en Tu Bondad misericordiosa". (1)




               Jesús además le reveló: "¿Sabes que hay almas que no se atreven a pensar en Mí como su mejor Amigo y no se dan cuenta que Mi Corazón siempre está esperando recibirlas… Soy puro Amor y encuentro Mi felicidad en conocerlos cerca de ellos? Yo y dándoles Mi Amor en toda medida… Que se acerquen a Mí con humildad y respeto, pero también quiero que me consideren su Padre y se sientan a gusto Conmigo. Cariño y confianza infantil es lo que necesitan para hablar con Dios y Me entristece verlos venir a Mí casi con sospecha, con miedo y temblor, cuando lo único que quiero es su amor".


   NOTA

      1   Aprobada por el Papa Pío XI



LA VIDA INTERIOR: En todo me he ofrecido a Dios

 

               Santa Teresa, alma de amor y decidida, alma real y Esposa fiel de Jesucristo, se santificó y llegó a grado tan alto de amor viviendo con el entusiasmo y perfección de su corazón grande y con heroica abnegación la misma vida religiosa que determinó en su Regla. Pudo su amor más que las dolencias de su cuerpo. Fue admirada y amada de cuantas religiosas la trataron por esta misma delicadeza y, no obstante, un momento antes de su muerte en Alba, pide perdón a sus hijas presentes por las faltas cometidas contra las Constituciones y les suplica tengan grandísima fidelidad en cumplirlas, porque solo con eso serán Santas. La observancia religiosa fielmente vivida santifica.



               Guardar bien las Constituciones o vivir con perfección la observancia es asimilar todo el espíritu y toda la delicadeza del Evangelio; es amar con todo el corazón y con todas las fuerzas; no es vivir la sola materialidad y lo externo de las obras en sus tiempos precisos; esto haría de mí un sepulcro blanqueado; ni puedo decir me basta con vivir lo interno, que es donde está el amor y donde se encuentra a Dios, porque sería desobedecer formalmente a Dios. 

               Tengo que vivir lo interno y lo externo; poner todo mi esfuerzo y mi amor en vivir la delicadeza e intensidad del espíritu con todo el primor y detalle de las obras exteriores. Dios ha mandado lo interior y lo exterior; tengo que ofrecer a Dios mi cuerpo y mi alma, mis potencias y sentidos y también el tiempo y las circunstancias. Todo es de Dios, todo me lo ha impuesto Dios, en todo me he ofrecido a Dios. Las tentaciones y las caídas provienen del cuerpo, y es el cuerpo el que hace caer y consentir al espíritu.

                Por bello, por encantador que sea el cuerpo, si no está vivificado por el alma, causa repulsión y es un cadáver, y todo cadáver da miedo. Lo atrayente y subyugador lo pone la vida comunicada por el alma. Algo semejante acontece en la Vida Religiosa y aún en toda Vida Cristiana: son necesarias la materialidad del cumplimiento exterior de lo mandado y la exactitud externa de las obras prescritas en el tiempo y en las circunstancias. Sin esto no habrá ni orden ni armonía; sin esto no habrá espíritu de mortificación ni de mutua comprensión, ni recogimiento, ni apostolado eficaz y sobrenatural. 

               Pero no es suficiente que yo viva el detalle externo hasta en sus menores ápices; necesito vivir el alma, el espíritu que lo anima y da la vitalidad y el atractivo; necesito vivir la Presencia de Dios, la Vida Interior de amor a Dios, la sobrenaturalización de mis actos, la caridad divina y la caridad fraterna mostradas en la abnegación, en la paciencia, en la mansedumbre, en la bondad, en mis modales. Sin estas virtudes internas, las externas solo serían, como digo, un cadáver, que con su rigidez, inflexibilidad y dureza se harían repulsivas y antipáticas, y el convento, como mi persona, en lugar de ser una antesala del Cielo, parecería camino que conduce a lo sombrío de una prisión.


Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo



lunes, 14 de junio de 2021

Aniversario de la Confirmación de Santa Teresita: "...pronto sería una Cristiana perfecta"


               Santa Teresita Del Niño Jesús fue confirmada el 14 de Junio de 1884 por el Obispo de Lisieux, Monseñor Abel Antoine-Flavien Hugonin

               Poco después de mi Primera Comunión entré de nuevo en Ejercicios Espirituales para la Confirmación. Me preparé con gran esmero para recibir la visita del Espíritu Santo. No entendía cómo no se cuidaba mucho la recepción de este Sacramento de Amor.




                Normalmente, para la Confirmación sólo se hacía un día de retiro, pero como Monseñor no pudo venir para el día fijado, tuve el consuelo de pasar dos días de soledad. Para distraernos, la profesora nos llevó al Monte Casino, donde tomé a manos llenas margaritas gigantes para la Fiesta del Corpus. ¡Qué gozo sentía en el alma! al igual que los Apóstoles, esperaba jubilosa la visita del Espíritu Santo.

               Me alegraba al pensar que pronto sería una Cristiana perfecta, y, sobre todo, que iba a llevar eternamente marcada en la frente la cruz misteriosa que traza el Obispo al administrar este Sacramento. Por fin, llegó el momento feliz.

               No sentí ningún viento impetuoso al descender el Espíritu Santo, sino más bien aquella brisa tenue cuyo susurro escuchó Elías en el monte Horeb. Aquel día recibí la fortaleza para sufrir, ya que pronto iba a comenzar el Martirio de mi alma.

               Mi Leonia querida fue la madrina, y estaba tan emocionada, que no dejó de llorar durante toda la ceremonia. Recibió conmigo la Sagrada Comunión, pues aquel día feliz tuve la dicha de volver a unirme a Jesús.

               Pasadas estas fiestas deliciosas e inolvidables, mi vida volvió a la normalidad; es decir, tuve que reanudar la vida de pensionista, que tan penosa me resultaba.



SOR MÓNICA DE JESÚS, LA MÍSTICA QUE SE INMOLÓ POR LOS PECADORES

 



               Nació el 17 de Mayo del año 1889 en un pequeño pueblo de la ribera de Navarra llamado Monteagudo, situado a la falda del Moncayo. Ese mismo día recibió el Bautismo con el nombre de Basilia. Fue la tercera de los 10 hijos que tendrían sus padres, Eusebio Cornago y María Zapater.

               Basilia fue de niña muy normal, -la mamá solía decir que Basilia era la hija más guapa y simpática que tenía-; bailaba muy bien la jota y otros bailes regionales. Aprendió a coser, a bordar; hacía punto, labores de ganchillo y no se le daba nada mal la cocina. Era muy amiga de los animales y con predilección de los corderillos.

               Fue educada en una familia campesina de profundas raíces Cristianas, de costumbres edificantes, de comportamiento cabal, sencillo, austero. A los cuatro años vio por primera vez a su ángel junto con el de una amiga. Basilia le pidió al suyo que le enseñara a amar mucho a Jesús. Sentía pasión por la Eucaristía. Se preparó intensamente a su Primera Comunión; ese primer encuentro con Jesús no lo olvidará nunca.

               A los 19 años pide su ingreso en el Monasterio de Santa María Magdalena de Baeza, (Jaén) de Monjas Agustinas Recoletas, fundado a mediados del siglo XVI.

               El 6 de Enero de 1910 fue admitida a la Primera Profesión como Basilia de Santa Mónica. Se le llamará Sor Mónica.

               Bien proporcionada, más bien alta, de color agradable, morena y algo sonrosada. Ojos grandes y negros, de mirada profunda y dulce. Voz agradable. Su andar, muy natural aunque algo vivo. Gran personalidad. De temperamento alegre, simpático, muy equilibrado.

               “Su manera de ser inspiraba algo especial, sobre todo con la mirada, como si estuviera siempre en la presencia de Dios y es que de hecho estaba siempre en Él y con Él, aunque atendía muy bien y con toda caridad a cuantos acudíamos a ella” (Testimonio de una monja del Monasterio).

               La vida de Sor Mónica transcurre entre las labores propias del monasterio a las que coopera conforme la obediencia y, sobre todo, el trato directo y espontáneo con Jesús, conformándose siempre a Su Voluntad, llenando las horas de vehementes y apasionados actos de amor a Dios, con confianza ciega en la Divina Providencia; contemplando y viviendo la Pasión de Cristo como cosa propia: “Así he aprendido a amarte más cada día, subiendo a la cruz contigo y padeciendo por Ti”.

               El demonio le pone continuas asechanzas para apartarla del camino de la virtud. Sor Mónica lo vence, ayudada por la gracia divina, una y otra vez. Por encargo de su padre espiritual un día le pregunta: "Por qué me tratas así, ¿qué te he hecho?" . A lo que el demonio responde: “¡Anda, maldita!, si no has hecho otra cosa que darme guerra desde que tienes uso de razón”. Escribe sor Mónica: “Jesús me libra de sus garras”.




              “Era muy devota del Divino Corazón de Jesús en la Eucaristía -dice una hermana- del que estaba locamente enamorada; por eso sentía muchísimo los ultrajes, desprecios, pecados, faltas y ofensas que se le hacían, y, en cambio, se regocijaba cuando le hacíamos honores, o se enteraba de que se los hacían”.

              El Ángel, a quién llamaba Hermano Mayor, a lo largo de su vida le aconseja, alienta, reprende; le explica la Voluntad de Dios y las verdades de nuestra Fe; la urge a crecer en el amor de Dios y a mantenerse en su presencia; la estimula a amar a Jesús, a inmolarse por los pecadores y le ayuda en su conversión.

              Murió santamente el 14 de Junio de 1964. Y nos dejó una promesa: “Desde el Cielo miraré mucho más por vosotros”.


EL DON DE BILOCACIÓN EN SOR MÓNICA DE JESÚS


               Entre las muchas gracias sobrenaturales que recibió Sor Mónica de Jesús, quisiera destacar, a modo de prueba de autenticidad de estos dones místicos, que la sencilla religiosa, sin apenas formación intelectual, supo describir con exactitud el protocolo que entonces se observaba al saludar al Romano Pontífice: besar el anillo y a continuación el pie; contrastamos la descripción del fenómeno de bilocación de la religiosa agustina, que lo narra en carta a su Confesor, con el texto aparecido en la prensa de la época.

               Relato de Sor Mónica: "Cuando me enteré que los Reyes iban a visitar al Papa, le manifesté al Ángel el gusto que tendría yo de ver la primera impresión de los reyes delante de Su Santidad. Y ¿sabe lo que hizo? Me llevó. Yo llegué en el momento de presentarse delante de Su Santidad. En seguida el Rey se adelantó a postrarse de rodillas y le besó la mano y el pie, y lo mismo hizo la Reina. Muy poco rato estuve, pues yo no quería, pero gocé muchísimo de ver las alegrías de unos y de otros, no sólo al exterior sino también al interior"  



          Crónica de la Prensa: "La visita al Pontífice es una página histórica de enorme trascendencia. En las augustas personas de sus Soberanos, es el pueblo católico español quien se ha prosternado ante las sagradas plantas de Su Santidad, y ha besado la sandalia Pontificia. Por los labios del Rey, España ha hecho solemne declaración de su Fe Católica, jamás entibiada, de continuo puesta a prueba por los enemigos de la Iglesia..."


Para leer una biografía más extensa 
de Sor Mónica de Jesús solo tienes que 
tocar en el siguiente enlace



domingo, 13 de junio de 2021

LA APOSTASÍA ACTUAL: LA SACRÍLEGA COMUNIÓN EN LA MANO

 


"La administración del Cuerpo de Cristo 
corresponde al Sacerdote por tres razones: 
porque él consagra en la Persona de Cristo… 
porque el Sacerdote es el intermediario 
designado entre Dios y el pueblo… 
porque por reverencia a este  Sacramento, 
nada lo toca sino lo que está consagrado".


Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, III, q. 82, a. 13


               Aquellos modernistas, hijos del "espíritu del Concilio", que han argumentado el tema de recibir la Comunión en la mano, lo han hecho siempre usando la misma bandera, la de un arcaísmo litúrgico: “los primeros Cristianos lo hacían así”. (1) Sobre esta cuestión, el mismo Papa Pío XII, refiriéndose a quienes intentan hacer renacer “lo que se hacía antes” advirtió que “la liturgia de los tiempos pasados merece ser venerada sin ninguna duda; pero un uso antiguo por el mero hecho de su antigüedad no ha de ser considerado más apto y mejor ya en sí mismo (Encíclica Mediator Dei, nº 43, año 1947)

               Otros argumentan que Nuestro Señor dio en el Cenáculo la Comunión a los Apóstoles en la mano; pese a que el Evangelio no lo especifica y hubiese ocurrido así, los Apóstoles eran Sacerdotes y Obispos.

               Por último, entre los que defienden la sacrílega práctica de la Comunión en la mano, se encuentran los escrupulosos, aquellos que afirman que "comulgar en la mano es más higiénico"; este argumento es del todo blasfemo: presupone que el Sacrosanto Cuerpo de Cristo no tiene facultad alguna de sanación y que por el contrario, es susceptible de transmitirnos alguna enfermedad. Estos amigos de la pulcritud mal entendida, olvidan que Nuestro Señor tocó a los leprosos y que la hemorroísa, al tocar Su manto, quedó al momento curada... entonces ¿qué mal nos va a contagiar Aquel  que llegó a regenerar los ojos de un ciego de nacimiento?, ¿qué daño puede causarnos el contacto con las manos consagradas del Sacerdote que distribuye la Sagrada Comunión, si el Ministro de Dios es mucho más que el manto que sanó a la mujer que perdía sangre?.

               Muchos ignoran que en otras épocas de pandemia, los templos jamás se cerraron ni se dejó de administrar el Santo Viático a los enfermos; encontramos multitud de Santos y Venerables que entregaron su vida por los afectados, como el Padre Damián de Veuster con los leprosos de la isla de Molokai, San Carlos Borromeo en la ciudad de Milán o el Obispo Buenaventura Codina durante la pandemia de cólera en la isla de Gran Canaria...


EN LOS INICIOS DE LA IGLESIA...


               "Cada uno esté atento… que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo que debe ser comido por los fieles y no despreciado", Papa San Hipólito, año 236

               "Con qué precaución y veneración, cuando recibís el Cuerpo del Señor, lo conserváis de manera que no caiga nada o se pierda algo del don consagrado. Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra", Orígenes de Alejandría, año 253.

               "Comed este pan y no piséis sus migas… una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen", San Efrén de Siria, año 373

               "Excomúlguese a cualquiera que ose recibir la Sagrada Comunión en la mano", Concilio de Zaragoza, año 380




               "No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico, sino únicamente en su boca", Concilio de Rouen, año 650

               "Prohíbase a los creyentes tomar la Sagrada Hostia en sus manos, excomulgando a los transgresores", Concilio de Constantinopla, año 680

               "No se debe entregar la Eucaristía en manos de ningún laico, hombre o mujer, sino solamente en la boca. Si alguien transgrediese esto, dado que desprecia a Dios omnipotente, y no rinde honor a cuanto en él hay, que sea excluido del altar", Sínodo de Ruán, año 878

               "Esta costumbre de entregar la Eucaristía en la mano traía consigo el peligro de abusos… Con todo, más que el temor a los abusos, influyó, sin duda, la creciente reverencia al sacramento a que se diese más tarde la sagrada forma directamente en la bocaJungmann (2)



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NOTAS

        1     En la Iglesia primitiva, por respeto al Santísimo Sacramento, había que purificar las manos antes y después de comulgar, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua. Tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada. Un diácono supervisaba esta operación

        2     El Sacrificio de la Misa, B.A.C., Madrid 1963



SAN ANTONIO DE PADUA, EL PREDICADOR DE LA VERDAD CATÓLICA

   

               Nacido en Lisboa, ciudad principal del actual Portugal, de padres Cristianos e ilustres por su alcurnia, muchas e indudables señales dieron a entender, ya casi desde la aurora de su vida, que Dios Todopoderoso había sembrado en su corazón abundantes semillas de inocencia y sabiduría. Era un adolescente cuando vistió el hábito humilde de los Canónigos Regulares de San Agustín, entre los cuales durante once años se esforzó, con la mayor diligencia, por enriquecer su alma con las virtudes religiosas y colmar su espíritu con los tesoros de las doctrinas celestiales. 




               Elevado, después, a la Dignidad Sacerdotal por gracia divina, suspiraba por un modo de vida más perfecto, cuando los cinco compañeros Protomártires Franciscanos tiñeron con su sangre, en las santas misiones de Marruecos, los rojos amaneceres de la Orden Seráfica. Antonio, lleno de alegría por el triunfo tan glorioso de la fe cristiana, se inflamó de vivísimos deseos del martirio y se embarcó lleno de gozo rumbo a Marruecos, alcanzando felizmente las lejanas playas africanas.

               Poco después, afectado de una grave enfermedad, se vio forzado a reembarcar de vuelta a su patria. La fortísima tempestad, que embraveció el mar y sacudió la nave por uno y otro lado con la fuerza del viento y las olas desatadas, lo lanzó finalmente, por voluntad de Dios, a las costas de Italia. Allí era un desconocido para todos y él mismo a nadie conocía, por lo que pensó encaminar sus pasos a la ciudad de Asís, donde entonces se iban a reunir muchos Frailes y Maestros de su Orden. Llegado allí tuvo la dicha de conocer al Padre san Francisco, cuya dulce presencia le colmó el alma de tanta suavidad que lo enardeció con el soplo ardentísimo del espíritu seráfico.

               Al extenderse por todas partes la fama de la sabiduría celestial de Antonio y conocedor de ella el Seráfico Patriarca, quiso encomendarle el cargo de enseñar a los frailes, con aquellas palabras suavísimas que le escribió: «Fray Francisco a Fray Antonio, mi Obispo: salud. Me agrada que enseñes Sagrada Teología a los Frailes, con tal que, en su estudio, no apagues el espíritu de oración y devoción, como se contiene en la Regla». Antonio cumplió fielmente el oficio de su Magisterio, siendo constituido como el primer Lector de la Orden. Enseñó en la ciudad de Bolonia, que era entonces sede principal de estudios; después enseñó en Toulouse y, por último, en Montpellier, ambas ciudades famosísimas por sus estudios. Antonio enseñó a los Frailes y cosechó frutos abundantes sin menoscabar el espíritu de oración, como el Seráfico Patriarca le había encomendado, antes bien el Santo de Padua instruyó a sus alumnos no sólo con el magisterio de la palabra sino también con el ejemplo de su vida santísima, cultivando y defendiendo el cándido lirio de la pureza.




               Dios le manifestó con frecuencia cuánto era estimado por el Cordero Inmaculado, Jesucristo. Muchas veces, estando Antonio en su celda silenciosa dedicado a la oración, levantados dulcemente los ojos y el corazón al cielo, de repente se le aparecía el mismo Jesús, como niño pequeño, envuelto en una luz de radiantes fulgores, y echándose al cuello del joven franciscano le abrazaba y colmaba de tiernas caricias infantiles al Santo que, extasiado y convertido de hombre en ángel, «se apacentaba entre lirios» (Cantar de los Cantares, cap. 2, vers. 16) en compañía de los Ángeles y del Cordero.

               Como Antonio se sirvió, con frecuencia, de los textos y sentencias tomadas del Evangelio, con toda justicia y derecho merece ser llamado "Doctor evangélico". Efectivamente, de sus escritos no pocos Doctores, Teólogos y Predicadores de la palabra de Dios bebieron, como de una fuente perenne de agua viva, y ampliamente beben aún hoy, precisamente porque consideran a Antonio un maestro y le tienen por Doctor de la Santa Madre Iglesia. Los mismos Romanos Pontífices son los primeros que se han adelantado al pronunciar tal juicio y con su propio ejemplo. En efecto, Sixto IV en su Carta Apostólica Immensa, de 12 de marzo de 1472, escribe: «El Bienaventurado Antonio de Padua, como estrella en lo alto del firmamento, difundió el fulgor de su luz esplendidísima, pues él es quien ilustró, adornó y consolidó nuestra Fe Ortodoxa y la Iglesia Católica con las extensísimas prerrogativas de sus méritos y virtudes, con su profunda sabiduría y doctrina de las cosas divinas, y su predicación fervorosísima». Igualmente, Sixto V, en su Carta Apostólica sellada con su sello de plomo el 14 de enero de 1586, escribió: «El bienaventurado Antonio de Lisboa fue un varón de eximia santidad..., e imbuido, además, de la Sabiduría Divina».

               Sobre todo en Italia se hizo famoso el vigor de sus tareas apostólicas, pues aquí llevó adelante tan abrumadoras fatigas. Pero también en muchas provincias de Francia, porque Antonio sin hacer distinción alguna de nación o linaje abarcaba a todos con su dedicación activa, a los portugueses, paisanos suyos, a los africanos, italianos, franceses, a cuantos percibía que estaban necesitados de la Verdad Católica. En cuanto a los herejes, Albigenses, Cátaros y Patarenos, que pululaban casi por todas partes e intentaban entonces apagar la luz de la Verdadera Fe en los corazones de los Fieles creyentes, con tanto esfuerzo y éxito los combatió que mereció ser llamado "Martillo de los herejes"».




               No podemos omitir aquí, por la magnitud de su peso y su importancia, el grandioso elogio que tributó al Santo de Padua el Papa Gregorio IX después de oír predicar a Antonio y comprobar su admirable comportamiento vital, llamándole "Arca del Testamento" y "Archivo de las Sagradas Escrituras". Es igualmente digno de ser recordado que en el mismo día 30 de Mayo de 1232, en el que el taumaturgo paduano fue inscrito en el Catálogo de los Santos, casi once meses después de su dichosa muerte, al final del Solemne Rito Pontifical de su Canonización, el mismo Papa Gregorio entonó con su propia voz la antífona propia de los Doctores de la Iglesia: «¡O Doctor optime, Ecclesiae Sanctae lumen, Beate Antoni, Divinae Legis amator, deprecare pro nobis Filium Dei!»(«¡Oh, Doctor excelente, luz de la Iglesia Santa, Bienaventurado Antonio, amador de la Ley Divina, ruega por nosotros al Hijo de Dios!»).


Papa Pío XII
Carta Apostólica del 16 de Enero de 1946
EXULTA, LUSITANIA FELIX
por la que declara a San Antonio de Padua
Doctor de la Iglesia Universal



sábado, 12 de junio de 2021

EL DESEO DE JESÚS: INSTAURAR LA DEVOCIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA





               En el transcurso de la segunda Aparición de Nuestra Señora en Fátima, la Virgen manifestó la intención de Su Hijo, "Jesús quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón...". Fijémonos bien que Nuestra Santa Madre sólo trasmite el deseo imperativo de Su Divino Hijo, "Jesús quiere", Nuestro Señor no lo ruega, lo dispone, y como en Evangelio, la Purísima Madre una vez más pide "haced lo que Él os dice" (Evangelio de San Juan, cap. 2, vers. 1-11)

               Añadió la Virgen a Lucía sobre los beneficios espirituales de quienes se hicieran devotos de Su Corazón, asegurando que aquellas almas que practicasen esta Devoción "serán queridas por Dios como flores" puestas por Ella para adornar Su Trono. La Virgen misma es pues quien desea que la amemos fijándonos en Su Inmaculado Corazón, en el que según el Evangelista San Lucas, meditaba las gracias que recibía constantemente del Altísimo. Amar al Corazón de María, tener una imagen suya delante, nos ha de animar a contemplarla e imitarla en Sus virtudes, especialmente en la humildad y en la pureza. 

               Tengamos presente que el Corazón de María se ha convertido en el Sagrario donde Jesús mismo vive y desea esparcir Su Misericordia, pero siempre será más benévolo y generoso si lo hacemos por mediación de Su Madre, si recurrimos a Su Corazón bondadoso que todo lo puede alcanzar de Su Hijo amado; el corazón de una madre siempre tiene espacio para la comprensión de nuestras debilidades, cuánto más el de la Virgen que es Nuestra Santa Madre, que nos ganó como hijos a los pies del Calvario, y que desde entonces, hasta nuestros días, no nos ha dejado ni por un instante, cuidando de sus devotos que acuden a Ella con la confianza de un hijo que se sabe escuchado.

               Sea el Corazón de María nuestra Devoción predilecta por la Virgen; sea Su Corazón siempre venerado con el de Su Hijo Nuestro Señor y que ambos, formen nuestra mística bandera en la batalla contra los enemigos del alma.





LOS OTROS MENSAJES DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA


               Si bien el ciclo oficial de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima terminaron el 13 de Octubre de 1917, con el conocido como Milagro del Sol, los tres niños continuaron recibiendo la celestial visita de la Virgen María, a veces visiblemente, en otras ocasiones en forma de locuciones interiores y también como simples inspiraciones, colmadas de Ciencia de Dios. 

               Así, Nuestra Señora había predicho en la Aparición del 13 de Julio de 1917 que "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados...", cita que cumplió Nuestra Santa Madre el 10 de Diciembre de 1925, cuando se manifestó a Sor Lucía, la única superviviente entonces, cuando ésta era Religiosa Dorotea en Pontevedra (España).




                En Mayo de 1943, Nuestro Señor le dice: "Deseo ardientemente que se propague en el mundo el Culto y la Devoción al Corazón Inmaculado de María, porque este Corazón es el imán que atrae todas las Almas a Mí, y el fuego que irradia sobre la tierra el rayo de Mi Luz y de Mi Amor, es la fuente inagotable que hace brotar sobre la Tierra el agua viva de Mi Misericordia".

               En el verano de 1943 Sor Lucía se enferma gravemente. Entonces, Monseñor Da Silva, ante el peligro de muerte de Sor Lucía, le da la orden de escribir la Tercera Parte del Secreto, pero por más de dos meses Sor Lucía no encuentra la fuerza para hacerlo: "Este fenómeno -diría la misma Sor Lucía- que me impide poner por escrito el Tercer Secreto no es debido a causas naturales".

                 El 3 de Enero de 1944, Sor Lucía recibiría un consuelo sobrenatural: "Sentí entonces una mano amiga, tierna y maternal que me tocaba el hombro; levanté los ojos y vi a mi querida Madre del Cielo: ‘No temas, Dios ha querido probar tu obediencia; estate en paz y escribe lo que te piden, pero no lo que te ha sido dado a comprender de su significado’. Una vez que lo hayas escrito, colócalo en un sobre, ciérralo, escóndelo y escribe en su exterior que no podrá ser abierto hasta 1960, por el Cardenal Patriarca de Lisboa o por el Señor Obispo de Leiría.

                 Y sentí mi espíritu inundado por una luz misteriosa que es Dios, y en Él he visto y oído: la punta de la lanza como una llama que se desprende, que toca el eje de la Tierra y ella tiembla: montañas, ciudades, países y pueblos con sus habitantes quedan sepultados. El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordan, inundan y arrastran consigo en un torbellino, casas y personas en un número que no se puede contar, es la purificación del mundo del pecado en el que se encuentra inmerso. El odio, la ambición, provocando la guerra destructiva.

                  Después escuché en el palpitar acelerado del corazón y en mi espíritu una voz ligera que decía: ‘en el tiempo, una sola Fe, un solo Bautismo, una sola Iglesia, Santa, Católica, Apostólica. ¡En la Eternidad, el Cielo!’. Esta palabra ‘Cielo’ llenó mi corazón de paz y de felicidad, a tal punto que, casi sin darme cuenta, seguí repitiéndola por mucho tiempo: ¡el Cielo, el Cielo!
". (1)

                Años después, Sor Lucía sería trasladada al Convento Carmelita de San José, en Coimbra (Portugal), donde tomaría el hábito del Carmelo Descalzo el 13 de Mayo de 1948, con el nombre en religión de Madre Sor María Lucía del Corazón Inmaculado.


En Mayo de 1946, Sor Lucía, todavía Religiosa Dorotea,
visita los lugares de las Apariciones de Fátima




                 El 26 de Diciembre de 1957, el Padre Agustín Fuentes llegó al Convento de San José de Coimbra, donde tenía concertada una entrevista oficial con Sor Lucía, como Vice Postulador de la Causa de Beatificación de sus primos, Francisco y Jacinta, los otros videntes de Fátima. Entre otras declaraciones, Sor Lucía afirmó que "..la Santísima Virgen, en estos Últimos Tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida de nuestras familias, sean familias del mundo o Comunidades Religiosas; o la vida de los pueblos y naciones. No hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Y luego, la Devoción al Corazón Inmaculado de María Santísima, poniéndonosla como Sede de la Clemencia, de la Bondad y el Perdón; y como Puerta segura para entrar al Cielo..."


NOTAS

        1 Um caminho sob o olhar de Maria. Editorial Carmelo de Coimbra, 2013.



viernes, 11 de junio de 2021

REINARÉ EN ESPAÑA, Y CON MÁS VENERACIÓN QUE EN OTRAS MUCHAS PARTES

 

              El Padre Bernardo de Hoyos (1711-1735), tuvo muchas visiones que recibió del Señor y de Santos como el Apóstol San Juan, encontrándose con él “arrimado al Corazón de Jesús” tras recibir la Comunión. Explica sobre San Juan: “con cuánta razón se le da en la Vida de Santa Gertrudis el título de Portero del Corazón de Jesús; por lo cual es casi inseparable el amor al Corazón de Jesús de un tierno afecto a este Santo Evangelista.




              Resalta en sus escritos cómo Santa Gertrudis le pregunta a San Juan Evangelista que por qué habiendo reposado sobre el Santísimo Pecho y Corazón del Señor en la Última Cena no escribió sobre el Sagrado Corazón en su Evangelio. Le responde San Juan: “El dar noticia de las pulsaciones y movimientos del Corazón de Jesús, quedó reservado para los tiempos futuros, en los cuales, oyendo los inflamados afectos del Corazón de Jesús, se encienda el mundo envejecido y resfriado en el amor de Dios”.

              Esa Misión la encomendó el Señor en España al Padre Bernardo de Hoyos, que providencialmente conoció la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús cuando le pidieron que buscara una copia del libro que describía tal devoción. Ante el Señor Sacramentado, Bernardo se ofreció a extender el culto, y al día siguiente, el 4 de Mayo, 1733, mientras adoraba al Santísimo Sacramento, le fue revelado que el Señor: “quería por mi medio extender el culto de su Corazón Sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su Corazón adorado y reverenciado, y entendí que había sido disposición suya especial [que le hubieran encargado buscar ese libro].

              El 14 de Mayo en 1733, explica cómo recibió La Gran Promesa: 

                 “Dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mi sólo, sino para que por mí las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos, y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús: Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes...

              Esa Devoción al Sagrado Corazón de Jesús se extendería por medio del mismo Señor. Sería la Providencia Divina la que obraría para llevarlo a cabo, como lo entendió el humilde instrumento que eligió, el Padre Bernardo de Hoyos: “...dejemos obrar al Señor; no hay que hacer de nuestra parte más que lo que él inspirare. Altamente se me ha impreso una máxima que refiere el Padre Causino de nuestro santo Director: ‘que no apresuremos las horas de la Providencia”.




              Por eso podía decir el Padre Hoyos a pesar de los problemas que se presentaban para la difusión de la Devoción: “mírolo todo en el Divino Corazón, y déjolo a su Providencia, que acaso dirige a algún fin, lo que a nosotros mortifica, y me inclino no poco a esto”. Cuando estaba repasando un manuscrito para su publicación, le pidieron que acompañara a un compañero suyo que tenía que ir al campo por orden del médico. El Padre Bernardo de Hoyos obedeció de inmediato por obediencia, retrasando por ello la tan deseada publicación.

              A pesar de eso, sentía “una tranquilidad admirable de espíritu, dejando todos mis deseos en el Corazón mismo de Jesús y yendo dulcemente o dejándome llevar de la amorosa providencia de nuestro Dios, en la cual miraba con una inalterable paz todas las dilaciones y demoras.” Comprendía: “cuán agradable música dan a la Santísima Trinidad las mínimas obras nuestras, ofrecidas por medio del Corazón de Jesús.



ASPIRACIONES AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 



               Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales.

               El 27 de Noviembre de 1923 se encuentra cansada, apenas transcurrirá un mes hasta que el Señor la llame a Su Reino, tal vez por eso, Jesús se le vuelve a mostrar, como una beatífica visión de paz.

                Escribe Josefa: "Hoy, durante la adoración, no se me ocurría nada, y por no pasar el tiempo sin decir nada, he leído muy despacio las Letanías del Sagrado Corazón. Después he leído las oraciones de la Novena de la Confianza y al llegar a la jaculatoria que dice "A Tu íntima unión con Tu Padre Celestial" , ha venido Jesús muy hermoso, resplandeciente y vestido con una túnica como de oro. 



                   Su Corazón estaba todo encendido y de Su Llaga salía mucha luz. He renovado los votos, y le he pedido perdón por estar tan fría y no saber qué decirle. Le he dicho que no es por falta de amor, pues creo que le amo más que todo lo del mundo: Jesús me escuchaba y me miraba. Me ha contestado:

                   "Mira, Josefa, esta oración que estabas haciendo, me es tan agradable y es de tanto valor, que supera a todas las reflexiones más elocuentes y sublimes que pueden hacer las almas. Porque, en efecto, ¿qué puede haber de más valor que la unión de Mi Corazón con Mi Padre Celestial?... Cuando las almas rezan esta oración, se funden, por así decirlo, con Mi Corazón... Aceptan el beneplácito divino, sea cual fuere sobre ellas, se unen a Dios, y por tanto hacen el acto más sobrenatural que se puede hacer en la tierra, porque empiezan en parte la vida del Cielo, que consiste en la perfecta e íntima unión de la criatura con su Creador. Sigue Josefa, sigue tu oración. Con ella doras, reparas, mereces y amas... Sí, sigue tu oración que sigo Mi Obra."



EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: LA FIESTA DEL AMOR DE DIOS A LOS HOMBRES


...te pido que el primer Viernes 
después de la Octava del Corpus 
se celebre una Fiesta especial 
para honrar a Mi Corazón...

Revelación del Sagrado Corazón de Jesús
a Santa Margarita María de Alacoque,
en Paray-le-Monial, Junio de 1675




               La herejía protestante en el siglo XVI y el error jansenista en el XVII, habían puesto todos los medios posibles para desfigurar uno de los Dogmas esenciales del Cristianismo, cual es el Amor de Dios a todos los hombres.

              Era pues necesario que el Espíritu de Amor, que rige siempre a la Santa Iglesia, encontrase un medio nuevo para oponerse a la herejía avasalladora, a fin de que la Esposa de Cristo, lejos de disminuir su amor a Jesús, lo sintiese acrecentado cada día más y más.

              En el Culto Católico, esa norma tan segura de nuestra creencia, fue donde se verificó tal manifestación, al instituirse la Festividad del Corazón Sacratísimo de Jesús.

              Las dos vírgenes benedictinas Santa Gertrudis y Santa Matilde, en el siglo XIII, tuvieron una visión muy clara de toda la magnitud de la devoción al Sagrado Corazón; San Juan Evangelista, se apareció a la primera y le anunció que "la revelación de los dulcísimos latidos del Corazón de Jesús, que él mismo había oído al recostarse sobre Su Pecho, estaba reservada para los últimos tiempos, cuando el mundo, envejecido y enfriado en el Divino Amor, tendría que calentarse con la revelación de estos Misterios". (1)

              Este Corazón, dicen las dos Santas, es un Altar sobre el que Cristo se ofrece al Padre como Hostia perfecta y en todo agradable. En este Corazón se ennoblecen y se tornan gratas al Padre las alabanzas y acciones de gracias que a Dios damos y todas cuantas buenas obras hacemos.

             Para que este culto fuese público y oficial, la Providencia suscitó primeramente a San Juan Eudes, el cual compuso ya en 1670 un Oficio y Misa del Sagrado Corazón. Después escogió Dios a Santa Margarita María de Alacoque, a la que Jesús mostró Su Corazón en Paray-le-Monial, el 16 de Junio de 1675, entonces Domingo del Corpus, y le mandó que estableciese una Fiesta del Sagrado Corazón el Viernes que sigue a la Octava del Santísimo Sacramento. Del Beato Claudio de la Colombière, jesuita y confesor de la vidente salesa, heredó la Compañía de Jesús el celo por extenderla.

              Esta Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no se relaciona con ningún Misterio particular de la Vida del Salvador, sino que los abarca todos, y por ende, la Devoción al Sagrado Corazón se extiende a todos los beneficios que durante el año nos ha prodigado la Caridad Divina. Ésta es pues la Fiesta del Amor de Dios a los hombres.





                 "...del Corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la Sangre de la Redención; y del mismo fluye abundantemente la gracia de los sacramentos que a los hijos de la Iglesia comunican la vida sobrenatural, como leemos en la Sagrada Liturgia: «Del Corazón abierto nace la Iglesia, desposada con Cristo... Tú, que del Corazón haces manar la gracia».

               Nada, por lo tanto, prohíbe que adoremos el Corazón Sacratísimo de Jesucristo como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel Amor inexhausto que Nuestro Divino Redentor siente aún hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo Divino, y, en ella y por ella, a Su Divina Voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en Amor divino y humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que Nuestro Redentor adquirió por los méritos de Su Vida, Padecimientos y Muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel Amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de Su Cuerpo Místico.

               Así, pues, el Corazón de Nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la Divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no sólo el símbolo, sino también, en cierto modo, la Síntesis de todo el Misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en Él y por Él adoramos así el Amor increado del Verbo Divino como Su Amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un Amor y por el otro Nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, Su Esposa, según el Apóstol: «Cristo amó a Su Iglesia y se entregó a Sí Mismo por Ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la Palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante Sí llena de Gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino siendo Santa e Inmaculada"...


Papa Pío XII, Encíclica "Haurietis Aquas", 15 de Mayo de 1956



     NOTAS ACLARATORIAS

               1- Santa Gertrudis, Heraldo del Divino Amor, Liv. IV, c.4 




jueves, 10 de junio de 2021

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 9: Yo te sostendré

        

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


               Procura recogerte de las distracciones cotidianas; en silencio, en tu dormitorio o en donde estés tranquilo, ponte en Presencia de Dios, arrodillado; sé consciente de que te acompañan además Nuestra Santa Madre, tu Ángel Custodio y el Bendito San José...

               Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICCIÓN 


               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

               Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 


MEDITACIÓN DÍA 9




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Guarda silencio por unos minutos y a continuación,
lleno de confianza en la ayuda del Sagrado Corazón 
reza la siguiente súplica...