martes, 17 de septiembre de 2019

LA ESTIGMATIZACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS; el fenómeno místico reservado a las almas santas




               Breve relato de cómo San Francisco de Asís recibió los Sagrados Estigmas de la Pasión:

               "Llegó el día siguiente, o sea, el de la fiesta de la Cruz , y San Francisco muy de mañana, antes de amanecer, se postró en oración delante de la puerta de su celda, con el rostro vuelto hacia el oriente; y oraba de este modo:

          - Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me concedas antes de mi muerte: la primera, que yo experimente en vida, en el alma y en el cuerpo, aquel dolor que Tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de Tu acerbísima Pasión; la segunda, que yo experimente en mi corazón, en la medida posible, aquel amor sin medida en que Tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores.

               Y, permaneciendo por largo tiempo en esta plegaria, entendió que Dios le escucharía y que, en cuanto es posible a una pura creatura, le sería concedido en breve experimentar dichas cosas. 

               Animado con esta promesa, comenzó San Francisco a contemplar con gran devoción la Pasión de Cristo y Su infinita Caridad. Y crecía tanto en él el fervor de la devoción, que se transformaba totalmente en Jesús por el amor y por la compasión. Estando así inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del Cielo un Serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo.

               Ante tal visión, San Francisco quedó fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración. Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la Cruz, experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la inmortalidad de un espíritu seráfico. Absorto en esta admiración, le reveló el que se le aparecía que, por disposición divina, le era mostrada la visión en aquella forma para que entendiese que no por martirio corporal, sino por incendio espiritual, había de quedar él totalmente transformado en expresa semejanza de Cristo Crucificado.

              Durante esta admirable aparición parecía que todo el monte Alverna estuviera ardiendo entre llamas resplandecientes, que iluminaban todos los montes y los valles del contorno como si el sol brillara sobre la tierra. Así, los pastores que velaban en aquella comarca, al ver el monte en llamas y semejante resplandor en torno, tuvieron muchísimo miedo, como ellos lo refirieron después a los hermanos, y afirmaban que aquella llama había permanecido sobre el monte Alverna una hora o más. Asimismo, al resplandor de esa luz, que penetraba por las ventanas de las casas de la comarca, algunos arrieros que iban a la Romaña se levantaron, creyendo que ya había salido el sol, ensillaron y cargaron sus bestias, y, cuando ya iban de camino, vieron que desaparecía dicha luz y nacía el sol natural."




Nuestro Señor concede a San Francisco la gracia
de liberar del Purgatorio a sus frailes y devotos

               "En esa Aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:

          - ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que Yo he hecho? Te he hecho el don de las Llagas, que son las señales de Mi Pasión, para que tú seas Mi portaestandarte. Y así como Yo el día de Mi Muerte bajé al Limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas Mis Llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al Purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las almas que encuentres allí de tus tres Órdenes, o sea, de los Frailes Menores, de las monjas y de los terciarios, y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la Gloria del Paraíso, a fin de que seas conforme a Mí en la muerte como lo has sido en la vida..."


"Florecillas de San Francisco de Asís" 
recopilación de episodios de la vida de San Francisco
y de sus primeros compañeros que se realizó hacia fines del siglo XIII.




La Estigmatización 
fenómeno místico reservado a las almas santas

               Los fenómenos místicos son manifestaciones extraordinarias que normalmente, acontecen en almas que tienen un trato asiduo con Dios; estos fenómenos se pueden desarrollar en el campo intelectual, en el afectivo, en el orgánico o en los tres a la vez. La mayor parte de los fenómenos místicos extraordinarios los producen las llamadas gratis dadas, que tienen por objeto inmediato o directo, no la propia santificación del que la recibe, sino la utilidad espiritual del prójimo, que se concede a un sujeto por encima del mérito de la persona, para que coopere a la utilidad de los demás y a la santificación de la Iglesia. 

              Según que la acción divina tenga su foco y asiento principal en el entendimiento, la voluntad o en el organismo del que los experimenta, podemos clasificar los fenómenos místicos en :

          1) Fenómenos de orden cognoscitivo/intelectual: visiones, locuciones, revelaciones, discernimiento de espíritus, hierognosis y otros. Así las llamadas apariciones marianas se pueden clasificar dentro de los fenómenos místicos extraordinarios, como revelaciones privadas.

          2) Fenómenos de orden afectivo : el éxtasis y los incendios de amor.

          3) Fenómenos de orden natural/orgánico: la estigmatización, las lágrimas y el sudor de sangre, la renovación o cambio de corazones, la inedia o el ayuno prolongado, la privación del sueño, la agilidad, la bilocación, la levitación, la sutileza, la luminosidad, el perfume sobrenatural. 


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domingo, 15 de septiembre de 2019

LA VIRGEN QUE LLORÓ SANGRE EN GRANADA





               El 13 de Mayo de 1982, una imagen de la Virgen Dolorosa que se veneraba en la Basílica de San Juan de Dios de Granada lloró sangre; fueron tan abundantes Sus lágrimas que hasta el pañuelo que llevaba entre las manos quedó empapado. Algunos devotos de Nuestra Señora conservan algodones con los que se empaparon las lágrimas de la imagen; entre esas personas, poseedoras de la reliquia se encuentra el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, quien aseguraría en privado "que en donde estuviese la imagen, seguiría llorando

              La Virgen de las Lágrimas era una imagen que en el siglo XIX había sido encontrada ilesa en medio de los escombros tras un terremoto en la zona y tras casi un siglo la familia que la guardaba la donó a la Basílica.

              Miles de personas acudieron a verla y a rogar por sus necesidades, pero casi de inmediato, el obispo modernista Méndez Alonso ordenó retirar la bendita imagen del culto y la hicieron desaparecer; la última pista la situaba en el Palacio Casa de los Pisa, propiedad de la Orden de San Juan de Dios y en donde había muerto su Fundador.







NUESTRA SEÑORA DE LOS SIETE DOLORES




               En el siglo V el Papa Sixto III consagró a María Nuestra Señora y a los Santos Mártires la Basílica Liberiana; en su ábside mandó colocar un mosaico en el que se representaba a la Santísima Virgen como Reina de los Mártires, pues Su unión con Su Divino Hijo en el Calvario, la hizo merecedora de tal título por soportar en Su Alma, mayores dolores y sufrimientos que todos los Mártires.

               La devoción a la Virgen Dolorosa arraigó en el pueblo católico a partir del siglo XIII, momento en el que aparece la Orden de los Servitas, consagrados a los Dolores de la Madre de Dios, que pronto popularizaron el hábito negro mediante su Orden Tercera. Nacieron entonces las dos conmemoraciones de esta Devoción: el Viernes de Dolores y el 15 de Septiembre. Ésta última, la que hoy celebramos, fue extendida a toda la Iglesia Universal por el Papa Pío VII, como gesto de agradecimiento a la Virgen tras ser liberado del exilio impuesto por Napoleón Bonaparte.

               La conmemoración de los Dolores antes de la Semana Santa, nos acerca a la meditación de la agonía que Nuestra Señora padeció a los pies de la Cruz; el recuerdo de este día es el del Dolor de María por la Santa Iglesia de Dios, sometida siempre a las pruebas, a las persecuciones y a los ataques de sus enemigos internos.

               Procura a lo largo de la jornada, honrar los Dolores de Nuestra Señora, mediante la recitación de Stabat Mater Dolorósa, compuesta en el siglo XIII por el franciscano Jacopone da Todi; otro método muy sencillo y que otras veces te he propuesto es el de meditar brevemente en Los Siete Dolores, acompañado de un Avemaría al final. Por último, y si el tiempo y la devoción te lo permiten, puedes recitar el Rosario de los Siete Dolores.


STABAT MATER DOLORÓSA
(traducción al español por Lope de Vega)


La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo 
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a Su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.




Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de Tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de Sus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo
en la Cruz, donde le veo,
Tu corazón compasivo. 
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.

Porque Su Pasión y Muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre Sus penas vea.
Haz que Su Cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi Fe y Amor indicio.

Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del Juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.

Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a Su Eterna Gloria. Amén. 



sábado, 14 de septiembre de 2019

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR


"Et Ego si exaltátus fúero a terra, 
ómnia traham ad Meípsum"

"Y cuando Yo sea exaltado sobre la tierra, 
todo lo atraeré hacia Mí"

Evangelio de San Juan, cap. 12, vers. 31




               El 14 de Septiembre del año 335 tuvo lugar la Dedicación de la Basílica constantiniana que cubría bajo sus bóvedas el Calvario donde entregó Su Vida Nuestro Señor, y a la vez el Santo Sepulcro.

               Cuenta la Historia que Cosroes II, rey persa de la dinastía de los sasánidas, que accedió al trono de manos del emperador bizantino Mauricio, rompió la alianza entre ambos imperios al ser asesinados dicho emperador y toda su familia por Focas, en noviembre del año 602, y aprovechó para atacar al imperio bizantino, reconquistando la provincia de Mesopotamia, tomando Damasco en el año 613, y Jerusalén en el año 614, causando graves daños a la Iglesia del Santo Sepulcro y llevándose consigo la Vera Cruz como trofeo que, se dice, colocó en el escabel de su trono para demostrar su desprecio por los cristianos. 

               Mientras tanto, depuesto y ejecutado el Emperador Focas por Heraclio, que fue proclamado Emperador del Imperio Bizantino en el año 610, comenzó una serie de campañas contra el imperio persa, al principio desastrosas, pues los persas conquistaron Palestina y Egipto, devastaron Anatolia, y llegaron hasta las misma puertas de Constantinopla; acordada la paz a cambio de onerosas condiciones - un tributo anual de mil talentos de oro, mil talentos de plata, mil vestidos de seda, mil caballos y mil vírgenes para el rey persa -, el emperador Heraclio la utilizó para reconstruir el ejercito imperial, y el 5 de Abril del año  622 partió de Constantinopla, agrupó sus fuerzas en Asia Menor, y lanzó una nueva contraofensiva que, en sucesivas campañas a lo largo de varios años, le llevó hasta las mismas puertas de Ctesifonte, la capital del imperio persa; el rey Cosroes II fue depuesto y asesinado tras un golpe de estado dirigido por su hijo Kavdad II que inmediatamente buscó un acuerdo de paz, aceptando la retirada de todos los territorios ocupados, un golpe del que el imperio persa ya no se recuperó.

               La Santa Cruz fue recuperada, y restaurada a su ubicación en Jerusalén en el año 630, en una ceremonia majestuosa en la que el emperador Heraclio, con toda la pompa propia del esplendor imperial bizantino, quiso cargar con la Vera Cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó avanzar hacia el recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. 

               El Patriarca de Jerusalén, Zacarías, que iba a su lado, le indicó que todo aquel esplendor imperial era contrario a la humildad y dolores de Cristo Nuestro Señor cuando iba cargando con la Bendita Cruz por el Vía Crucis; Heraclio comprendió y se humilló, despojado de su atuendo imperial, depuesta la majestad de sus mantos y de su corona, con ceniza en la cabeza, sayal de penitente y descalzo, la Santa Cruz se volvió ligera en sus brazos y pudo entonces avanzar sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde había sido venerada antes del saqueo.



viernes, 13 de septiembre de 2019

CONSAGRACIÓN PERSONAL AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (en díptico para imprimir)


               Fue un Viernes cuando Nuestro Señor Jesucristo era entregado, como un vil criminal, a la justicia de los hombres, a un puñado de pérfidos que no soportaban la Santidad de Jesús, y que por odio y envidia, maquinaron Su muerte; fue un Viernes cuando Su Divino Corazón palpitó más fuerte que nunca, con más Amor Divino, por todas y cada una de las almas... por ti y por mí. Aquél Viernes Santo, Jesús consumó Su Sacrificio en la Cruz y el mundo entero conoció la Redención del Cordero Inmaculado, sin mancha, que se inmolaba en el Altar del Calvario tras un cruento camino, donde no faltaron escarnios e insultos de la plebe, pero donde también Nuestro Señor, recibiría el consuelo de Su Madre, las lágrimas de las mujeres piadosas, la ayuda del Cirineo y la caridad de la Verónica al enjugar Su Divina Faz.

Cara A


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               Hoy, también Viernes, figúrate en ese entonces, en la ciudad Santa de Jerusalén, en el camino que lleva al Calvario... y ahora, decide cuál es el papel que deseas representar en el Drama de Cristo: ser uno más de la chusma que aún en nuestros días reniega e insulta a Dios hecho hombre, que lo ignora en el Sagrario, que lo menosprecia en Sus Sacerdotes, o por el contrario, puedes ser valiente y en contra de la mayoría que vocifera contra Jesús, puedes situarte a Su lado, en el Vía Crucis primero, para luego, terminar en lo alto del Monte Gólgota y en silencio, acompañar a la Virgen y a San Juan, para llorar con ellos el pecado de la Humanidad que ha crucificado a Nuestro Señor.

              Contemplar a Jesús Crucificado es meditar Su Amor infinito por cada alma; Amor que encierra en Su Sagrado Corazón, herido para brotar de Él la Divina Sangre que nos cubre y salva. ¿Qué mejor práctica para hoy, sino la de contemplar el Amor de Cristo, que no dudó en entregarse sin condiciones? ¿Qué mejor recordatorio sino el del Sagrado Corazón de Jesús, Tabernáculo viviente del Amor de Dios a las almas?

Cara B


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               Y después de la contemplación, viene el deseo de entrega, de consagración personal, porque - no nos engañemos- el Amor sólo puede ser correspondido con Amor... de ahí la piadosa queja de San Claudio de la Colombiere, "Él ama y no es amado...". De ti depende, de tu grado de amor para con Cristo Redentor, el querer vivir crucificado con Él o por el contrario, seguir perdido en la mayoría ingrata que lo ignora.



jueves, 12 de septiembre de 2019

EL DULCE NOMBRE DE MARÍA, salvación de todos los que la invocan


               Así como después de Navidad se celebra la Fiesta del Santo Nombre de Jesús, tras celebrar la Natividad de Nuestra Señora, es muy conveniente que honremos ahora el Santísimo Nombre de María, que parece significar "la Amada de Dios", tanto por su destino como Madre del Altísimo como por sus grandes y perfectas virtudes.

               San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la Devoción al Dulce Nombre de María; para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor Su excelencia, Sus grandezas y Su alta dignidad, que el Nombre de María. 

               También otros Santos como Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María y se constituyeron en resueltos propagadores de esta hermosa Devoción.

               La primera celebración litúrgica del Nombre de María tuvo lugar en España, en 1513, en la ciudad de Cuenca, después de que el Papa León X, concediera a la Catedral de la ciudad dedicar una Capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal de San Pío V en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el Canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo del Papa Sixto V, el 17 de Enero de 1587, poder seguir celebrando dicha Fiesta del Dulce Nombre de María en la Catedral, como Fiesta de la Octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la Diócesis de Cuenca.






               Pero el fervor mariano de los españoles y en particular, del religioso trinitario Beato Simón de Rojas,  obtuvo de Roma el 31 de Mayo de 1622, el permiso para celebrar el Dulce Nombre de María en todas las casas y capillas de la Orden de los Trinitarios de Castilla, así como en la Diócesis de Toledo

               Meses más tarde, el 5 de Enero de 1623, su  Católica Majestad el Rey Felipe IV logró la extensión de la Fiesta a todas las provincias españolas, de tal modo que pudiesen rezar el Oficio del Dulce Nombre de María, todos los Sábados (menos en Cuaresma y Adviento).

               En 1671, el Papa Clemente X autorizó la celebración del Dulce Nombre de María en todos los dominios españoles

               En 1683, el Papa Inocencio XI formó una gran coalición cristiana con el Emperador Leopoldo I, el Rey Juan III Sobieki de Polonia y tropas húngaras para repeler a los mahometanos que amenazaban con invadir Europa. Los ejércitos cristianos conseguirán vencer a los turcos a las puertas de Viena en 1683 y reconquistar Budapest tres años más tarde, con lo que Hungría se verá libre de la presión turca. Como recuerdo por la victoria en Viena, el Papa Inocencio XI proclamó la Festividad del Dulce Nombre de María el 12 de Septiembre de ese mismo año, extendiendo su celebración a toda la Iglesia Universal.

              



                       El Augusto Nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. 

              Este Nombre fue elegido por el Cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros. “Del Tesoro de la Divinidad –dice Ricardo de San Lorenzo– salió el Nombre de María”. 

              De él salió Tu excelso Nombre; porque las Tres Divinas Personas, prosigue diciendo, te dieron ese Nombre, superior a cualquier nombre, fuera del Nombre de Tu Hijo, y lo enriquecieron con tan grande poder y majestad, que al ser pronunciado Tu Nombre, quieren que, por reverenciarlo, todos doblen la rodilla, en el Cielo, en la tierra y en el infierno. 

               Pero entre otras prerrogativas que el Señor concedió al Nombre de María, veamos cuán dulce lo ha hecho para los siervos de esta Santísima Señora, tanto durante la vida como en la hora de la muerte.

               En suma, llega a decir San Efrén, que el Nombre de María es la llave que abre la Puerta del Cielo a quien lo invoca con devoción. Por eso tiene razón San Buenaventura al llamar a María “salvación de todos los que la invocan”, como si fuera lo mismo invocar el Nombre de María que obtener la Salvación eterna.

               También dice Ricardo de San Lorenzo que invocar este Santo y Dulce nombre lleva a conseguir gracias sobreabundantes en esta vida y una gloria sublime en la otra. Por tanto, concluye Tomás de Kempis: “Si buscáis, hermanos míos, ser consolados en todos vuestros trabajos, recurrid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Disfrutad con María, llorad con María, caminad con María, y con María buscad a Jesús. Finalmente desead vivir y morir con Jesús y María. Haciéndolo así siempre iréis adelante en los caminos del Señor, ya que María, gustosa rezará por vosotros, y el Hijo ciertamente atenderá a la Madre”.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



martes, 10 de septiembre de 2019

SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, Protector de las Almas del Purgatorio


           San Nicolás de Tolentino nació en San Angelo, pueblo que queda cerca de Fermo, en la Marca de Ancona, hacia el año 1245. Sus padres, muy pobres pero sumamente cristianos, lo bautizaron con ese nombre en honor a San Nicolás de Bari, al que se había encomendado la madre para quedarse embarazada. Desde niño fue un alma mortificada, que ayunaba tres veces por semana a base de pan y agua, que en no pocas ocasiones compartía con los pobres, por los que sentía especial afecto.

          Siendo muy joven, San Nicolás fue escogido para el cargo de canónigo en la Iglesia de Nuestro Salvador. Esta ocupación iba en extremo de acuerdo con su inclinación de ocuparse en el servicio a Dios. No obstante, el santo aspiraba a un estado que le permitiera consagrar directamente todo su tiempo y sus pensamientos a Dios, sin interrupciones ni distracciones.

          Con estos deseos de entregarse por entero a Dios, escuchó en cierta ocasión un sermón, de un fraile o ermitaño de la orden de San Agustín, sobre la vanidad del mundo, el cual lo hizo decidirse a renunciar al mundo de manera absoluta e ingresar en la Orden de aquel santo predicador. Esto lo hizo sin pérdida de tiempo, entrando como religioso en el convento del pequeño pueblo de Tolentino.




          Nicolás hizo su noviciado bajo la dirección del mismo predicador e hizo su profesión religiosa antes de haber cumplido los 18 años de edad. Lo enviaron a varios conventos de su orden en Recanati, Macerata y otros. En todos tuvo mucho éxito en su misión. En 1271 fue ordenado sacerdote por el Obispo de Osimo en el Convento de Cingole

          Su aspecto en el altar era angelical. Las personas devotas se esmeraban por asistir a su Misa todos los días, pues notaban que era un Sacrificio ofrecido por las manos de un Santo. Nicolás parecía disfrutar de una especie de anticipación de los deleites del Cielo, debido a las comunicaciones secretas que se suscitaban entre su alma tan pura y Dios en la contemplación, en particular cuando acababa de estar en el altar o en el confesionario.

          Durante los últimos treinta años de su vida, Nicolás vivió en Tolentino y su celo por la salvación de las almas produjo abundantes frutos. Predicaba en las calles casi todos los días y sus sermones iban acompañados de grandiosas conversiones. Solía administrar los sacramentos en los ancianatos, hospitales y prisiones; pasaba largas horas en el confesionario. Sus exhortaciones, ya fueran mientras confesaba o cuando daba el catecismo, llegaban siempre al corazón y dejando huellas que perduraban para siempre en quienes lo oían.

          También, con el poder del Señor, realizó innumerables milagros, en los que les pedía a los recipientes: "No digan nada sobre esto. Denle las gracias a Dios, no a mí." Los fieles estaban impresionados de ver sus poderes de persuasión y su espiritualidad tan elevada por lo que tenían gran confianza en su intercesión para aliviar los sufrimientos de las Almas en el Purgatorio. Esta confianza se confirmó muchos años después de su muerte cuando fue nombrado el "Patrón de las Santas Almas".

          Hacia los últimos años de su vida, cuando estaba pasando por una enfermedad prolongada, sus superiores le ordenaron que tomara alimentos más fuertes que las pequeñas raciones que acostumbraba ingerir, pero sin éxito, ya que, a pesar de que el santo obedeció, su salud continuó igual. Una noche se le apareció la Virgen María, le dio instrucciones de que pidiera un trozo de pan, lo mojara en agua y luego se lo comiera, prometiéndole que se curaría por su obediencia. Como gesto de gratitud por su inmediata recuperación, Nicolás comenzó a bendecir trozos de pan similares y a distribuirlos entre los enfermos. Esta práctica produjo favores numerosos y grandes  sanaciones.

          En conmemoración de estos milagros, el Santuario del Santo conserva una distribución mundial de los "Panes de San Nicolás" que son bendecidos y continúan concediendo favores y gracias.

          La última enfermedad del santo duró un año, al cabo de la cual murió el 10 de septiembre de 1305. Su fiesta litúrgica se conmemora el mismo día. Nicolás fue enterrado en la iglesia de su convento en Tolentino, en una capilla en la que solía celebrar la Santa Misa.




          A los cuarenta años de su muerte, su cuerpo fue hallado incorrupto y fue expuesto a los fieles. Durante esta exhibición los brazos del santo fueron removidos, y así se inició una serie de extraordinarios derramamientos de sangre que fueron presenciados y documentados.

          El Santuario no tiene pruebas documentadas respecto a la identidad del individuo que le amputó los brazos al Santo, aunque la leyenda se ha apropiado del reporte de que un monje alemán, Teodoro, fue quien lo hizo; pretendiendo llevárselos como reliquias a su país natal. Sin embargo, sí se sabe con certeza que un flujo de sangre fue la señal del hecho y fue lo que provocó su captura. Un siglo después, durante el reconocimiento de las reliquias, encontraron los huesos del Santo, pero los brazos amputados se hallaban completamente intactos y empapados en sangre. Estos fueron colocados en hermosas cajas de plata, cada uno se componía de un antebrazo y una mano.

          Nicolás de Tolentino fue canonizado por el Papa Eugenio IV, en el año 1446. Hacia finales del mismo siglo XV, hubo un derramamiento de sangre fresca de los brazos, evento que se repitió veinte veces; el más célebre ocurrió en 1699, cuando el flujo empezó el 29 de Mayo y continuó hasta el 1 de Septiembre. El monasterio agustino y los archivos del Obispo de Camerino (Macerata) poseen muchos documentos en referencia a estos sangramientos.


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domingo, 8 de septiembre de 2019

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, la criatura más amada por Dios


"El día de la Natividad de la Madre de Dios 
es Festividad de alegría universal, 
pues a través de Ella 
se renovó todo el género humano, 
y la aflicción de la madre Eva 
se convirtió en alegría"


San Juan Damasceno





ORÍGEN DE LA NATIVIDAD
 DE MARÍA NUESTRA SEÑORA
de las primeras Festividades de la Iglesia Católica


               La Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (finales del siglo VII) al establecer que se celebraran en Roma cuatro Fiestas en Honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

          Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Algunos dicen que nació en Nazaret, pero otros opinan que nació en Jerusalén, en el barrio vecino a la piscina de Bethesda. Ahí, ahora, hay una cripta, en la Iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar en el que nació la Madre de Dios.


          Si el nacimiento de la madre en una familia, señala una fecha de fiesta y regocijo, día de júbilo es también el presente para toda la Familia Católica, que tiene por Madre a la que es también Madre de Dios, la Santísima Virgen María.

          Y es que el nacimiento de la Purísima Virgen María tiene para el mundo entero una alta significación y trascendencia; al nacer Ella, despunta la aurora de la liberación del linaje humano, perdido por Eva, pero que será restaurado con ventaja por esta segunda Eva, que es verdadera Madre de los Vivientes, nacida libre del pecado original de nuestros primeros padres.


LA VIRGEN MARÍA NO FUE
 UNA MUJER CORRIENTE
pues fue elegida desde siempre 
para ser Madre del Redentor


          Aquella Niña era hermosa. Sus facciones proporcionadas y su cuerpo bello. Si Jesús Nuestro Señor, según canta el salmista, “fue el más hermoso de los hijos de los hombres” (1), ¿por qué no admitir lo mismo en favor de su Madre? De la extraordinaria belleza de Jesús es lógico deducir la extraordinaria belleza de María.

          María Santísima es inseparable de Su Hijo Jesús en el Plan Divino; en efecto, así como Cristo Nuestro Señor preside toda la Obra de la Creación, así preside en ella la Soberana Virgen María, porque habiendo sido escogida desde toda la Eternidad para darnos al Salvador, Ella con Su Hijo fue lo que Dios tuvo primero en vista al crear el mundo.

          Si Dios no ha negado a la Santísima Virgen gracia alguna de las que ha concedido a las criaturas, no puede negarse que María tuvo uso de razón y libre albedrío desde el instante de Su Concepción. Dotada de tal facultad adquirió inmediatamente el conocimiento de Dios, y por tanto, con un simple deseo de Su albedrío se lanzó con todo el afecto de Su Corazón Purísimo hacia Él, cumpliendo un acto perfectísimo de amor. De este modo, mediante Su acción personal, se dispuso a Su propia santificación.




          El Evangelio nos habla de este uso de razón en San Juan Bautista. Y si a él se lo dio, ¿le negaría Dios algo que le era debido a Su dignidad? ¿Permitiría que Su Madre fuese inconsciente de lo que el Altísimo obra en Ella?

         Si la Santísima Virgen tuvo el uso de razón y la libertad desde el momento de Su Concepción, es lógico que tuviera ciencia y, lo que es todavía mejor, que en ocasiones tuviera Visión Beatífica.

          Hay muchas opiniones sobre esta Visión Beatífica, pero coinciden los teólogos en que le fue concedida varias veces: al nacer, en la Encarnación, y en la Resurrección de Jesús.

          En cuanto a la ciencia infusa per se, le fue dada de una manera habitual y permanente. Así se explica que desde que nació y durante toda Su Infancia tuvo uso de razón acerca de las cosas divinas; que Su Alma desde Su creación no interrumpiese Sus actos de amor de Dios, y que aún durante el sueño tuviese altísima contemplación.

          También tuvo la Virgen María la gracia de la ciencia infusa per accidens, que es perfeccionamiento de la anterior, ya que la tuvo Adán desde su nacimiento y habitualmente. Recibió, infusas, desde Su Concepción, las virtudes morales naturales, las cuales necesitan para su perfeccionamiento de las virtudes intelectuales naturales.

          De la ciencia adquirida dicen los teólogos que, teniendo uso de razón desde el momento de su concepción pasiva, sus facultades sensibles se pondrían al unísono con las facultades intelectuales y desde que nació empezó a adquirir ciencia con su propio trabajo.


LA VIRGEN MARÍA JAMÁS 
COMETIÓ PECADO ALGUNO
ni hubo en Ella ningún error,
pues fue y es la criatura más amada de Dios


          Desde Su Concepción hasta la de Su Hijo no cometió tampoco pecado mortal ni venial, siendo así confirmada en el bien y en la gracia.

          La Santísima Virgen no tuvo imperfección voluntaria desde Su nacimiento, ya que ésta tiene parentesco con el pecado venial, y jamás lo cometió.

          Fue exenta del pecado original desde el primer instante de Su Concepción y recibió, por consiguiente, la gracia santificante, que actuó en Su Alma y la preparó para la Divina Maternidad.

          Ni los Ángeles ni los Santos recibieron en su concepción más gracias. Jamás amó Dios a nadie como a Ella, y como Él da tanta Bondad como Amor tiene a una persona, a María Santísima le dio más que a ninguna.

          La Virgen María recibió, desde Su Concepción, más gracia que la gracia final que recibiera cualquier Ángel o cualquier Santo.

          Recibió en su primera santificación todas las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo: la Fe, la Esperanza y la Caridad, así lo enseña el Concilio Tridentino, y lo mismo sucede con las “virtudes morales”.


NOTAS ACLARATORIAS


  (1) Salmo 45, vers. 2   "Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto Dios te ha bendecido para siempre".





sábado, 7 de septiembre de 2019

PRIMER SÁBADO, día de Reparación al Doloroso e Inmaculado Corazón de María


ORIGEN DE LA DEVOCIÓN 
DE LOS PRIMEROS SÁBADOS DE MES

           La joven Sor Lucía, vidente de Nuestra Señora de Fátima en 1917, era postulante en el Convento de las Doroteas en Pontevedra (España) cuando el 10 de Diciembre de 1925, tuvo una nueva aparición de Nuestra Señora la Virgen sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. 

           La Santísima Virgen puso su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía Su Corazón rodeado de espinas. El Niño Jesús le dijo: "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas."

           Inmediatamente dijo Nuestra Señora a Lucía:

           "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación"

           Lucía consultó a Nuestro Señor Jesucristo acerca de la confesión para los Primeros Sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: "Sí; todavía con más tiempo, con tal que Me reciban en estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María".

          La intención de hacer esta reparación al Inmaculado Corazón de María puede proponerse al principio. 



¿Por qué Cinco Sábados?
    
Después de haber estado Sor Lucía en oración, Nuestro Señor le reveló la razón de los cinco sábados de reparación: "Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:

      1- Blasfemias contra Su Inmaculada Concepción.

      2- Blasfemia Contra Su Virginidad.

      3- Contra Su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

      4- Contra los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada.

      5- Contra los que la ultrajan directamente en Sus sagradas imágenes.