San Marcos era primo de Bernabé, una de las grandes figuras de la primitiva Iglesia y, al ser Bernabé levita y de Chipre, es natural que Marcos perteneciese a la colonia chipriota de Jerusalén y que fuese levita, como su primo. La actividad evangélica de San Marcos la inicia con Bernabé y Pablo, quienes cumplido su ministerio de llevar subsidios a la iglesia de Jerusalén, se volvieron a Antioquía llevándose consigo a Marcos.
Cuando más tarde Pablo y Bernabé visitaron las comunidades evangelizadas, Bernabé quiso llevar consigo a Marcos pero Pablo se opuso, pues no olvidaba que no les había acompañado a Panfilia. Como la divergencia de criterios fue irreductible, ambos se separaron en la tarea misional y “Bernabé tomando consigo a Marcos se embarcó para Chipre”. Los acontecimientos posteriores indican una plena reconciliación de San Pablo con Marcos.
Unos diez años más tarde encontramos a Marcos en Roma como intérprete de San Pedro y, un poco después, como escritor de su evangelio, según lo presenta la tradición. Su relación debía de ser muy antigua. Sabemos que liberado Pedro por el ángel, se dirigió a la casa de María, la madre de Marcos, donde era muy familiar.
Tal testimonio, junto con los datos de la tradición, hace suponer que Marcos se hallaba en Roma como intérprete de Pedro antes de que llegara San Pablo, con el que, olvidadas las diferencias de la primera separación, ahora le sirve como auxiliar, de consuelo y de gran utilidad para el ministerio. En Roma, hacia el año 60, debió de escribir el Evangelio conocido en la tradición como Evangelio según San Marcos.
Enviados de nuevo Bernabé y Saulo a la misión, para la que les había llamado el Espíritu Santo, embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas, teniendo a Marcos como auxiliar o diácono y una vez evangelizada la isla, al zarpar Pablo y los que con él estaban de Pafos a Perge de Panfilia, Marcos se separó de ellos y se volvió a Jerusalén.
Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. Los Hechos de San Marcos, un escrito de mitad del siglo IV, refieren que San Marcos fue arrastrado por las calles de Alejandría, atado con cuerdas al cuello.
Después lo llevaron a la cárcel y al día siguiente le volvieron a aplicar el mismo martirio hasta que falleció. Luego echaron su cuerpo a las llamas, pero los fieles lograron sacarlo y evitar su destrucción.
De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo
Hoy se celebraba en Roma la Robigalia, una fiesta mitológica en honor al dios de las culturas, luego reemplazada por la procesión cristiana de las Letanías Mayores que tenía lugar a lo largo de la Vía Flaminia hasta el Puente Milvio y donde luego se unía a San Pedro. Por lo tanto, la fiesta del evangelista Marcos tuvo que esperar casi hasta el siglo XII antes de ser incluida en el calendario romano.
Este retraso es tanto más sorprendente porque San Marcos fue uno de los primeros heraldos que, con San Pedro, anunciaron la Buena Nueva en Roma; además, escribió su Evangelio en la Ciudad Eterna, a petición de los mismos romanos, y cuando, poco después, Pablo pasó allí su primer encarcelamiento, Marcos le prestó con Lucas una afectuosa asistencia, como ya lo había hecho en favor del Príncipe de los Apóstoles.
Esta anomalía se explica fácilmente. Originalmente, las conmemoraciones litúrgicas de los santos tenían un carácter local y funerario, celebrándose exclusivamente cerca de sus respectivas tumbas. Como ni Juan, ni Lucas, ni Marcos, ni, hasta donde sabemos, ningún otro de los primeros compañeros de los Apóstoles terminaron sus días en Roma, los dípticos romanos no registran su deposición o natalis. Los calendarios de la Edad Media en Roma dependen principalmente de estas listas, por lo que así se explica su silencio.
Cerca del pórtico de Pallacinis, en la primera mitad del siglo IV, el Papa Marcos erigió una basílica que, con el tiempo, tomó el nombre del evangelista homónimo. Otras iglesias también, en la Edad Media, estaban dedicadas a San Marcos, como las de calcarario, in macello, etc.
Pero la espléndida basílica del Papa Marcos superó a todas en fama tanto por su belleza como por la excepcional importancia que adquirió en la historia: por eso en Roma se celebraba allí la estación en este día.
del Cardenal Ildefonso Schuster, Arzobispo de Milán























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