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domingo, 12 de abril de 2026

DOMINICA IN ALBIS


                   El nombre de «Dominica in albis» es uno de los más antiguos. En realidad es «in albis vestibus depositis», es decir, cuando los neófitos (los que habían sido bautizados en la Vigilia Pascual), asistían dicho Domingo a la celebración de la Santa Misa, habiendo ya depuesto (en las vísperas del sábado de la Octava) sus albas o vestiduras blancas, recibidas aquella noche en que renacieron a la vida eterna y que habían vestido durante toda la Octava.

                   Es también Domingo «de Quasimodo», ya que, como otros domingos importantes del Año Litúrgico (por ejemplo, Domingo «de Laetare» – IVº de Cuaresma), toma el nombre de las primeras palabras de la antífona del Introito (o canto de entrada). En este caso, la antífona es un texto de la 1ª Carta de San Pedro, cap. 2, vers. 2: Quasimodo geniti infantes, alleluia: rationabiles, sino dolo lac concupiscite, alleluia,alleluia, alleluia. "Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura".



                   Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros.

                  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

                  Jesús les dijo otra vez: La paz sea con vosotros. Como el Padre Me envió, también Yo os envío.

                  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

                   Tomás, uno de los Doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en Sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en Su costado, no creeré.

                   Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: La paz sea con vosotros. Luego dice a Tomás: Mete aquí tu dedo y mira Mis manos; trae tu mano y métela en Mi costado, y no seas incrédulo sino fiel.

                    Tomás le contestó: Señor mío y Dios mío.

                   Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, has creído. Bienaventurados los que sin ver creyeron.

                   Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos milagros que no están escritos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en Su Nombre.


Evangelio de San Juan, cap. 20, vers. 19-31



domingo, 5 de abril de 2026

LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: EL ARGUMENTO SUPREMO DE NUESTRA FE



                    La Resurrección representa el Triunfo externo y definitivo de Nuestro Señor Jesucristo, la derrota completa de Sus adversarios y el argumento supremo de nuestra Fe. San Pablo afirma que si Cristo no hubiera resucitado, nuestra Fe sería vana. Es en el espíritu sobrenatural de la Resurrección donde se fundamenta toda la estructura de nuestras creencias. 

                    Mucho se ha dicho… y se ha soñado con la resistencia de Santo Tomás a admitir la Resurrección. Quizás haya algo de exageración en esto. Lo que está claro es que tenemos ante nuestros ojos ejemplos de una incredulidad incomparablemente más obstinada que la del Apóstol. De hecho, Santo Tomás dijo que necesitaba tocar a Nuestro Señor con sus manos para creer. Pero, cuando lo vio, creyó inmediatamente, antes de tocarlo. San Agustín ve en esta dificultad inicial del Apóstol una disposición providencial: el Santo Doctor de Hipona dice que el mundo entero está suspendido del dedo de Santo Tomás, y que su gran meticulosidad al aceptar las razones para creer, sirve como garantía a todas las almas temerosas de todos los siglos sobre la objetividad de la Resurrección, que no es fruto de imaginaciones desbordadas.

                    Todo lo que se refiere a Nuestro Señor tiene una aplicación por analogía con la Santa Iglesia Católica. En la Historia de la Iglesia vemos a menudo que, cuando parecía irremediablemente perdida y todos los síntomas de una catástrofe inminente apuntaban a la debilidad de su organismo, siempre ocurrían acontecimientos que la mantenían viva contra todo pronóstico.

                    Resulta curioso que a veces no sean los amigos de la Santa Iglesia quienes acuden en su ayuda, sino sus propios enemigos. En una época muy delicada para el Catolicismo, como lo fue durante el reinado de Napoleón, se contó mil veces el curioso episodio en el Cónclave para elegir al Papa Pío VII, que tuvo lugar bajo la protección de tropas de los rusos, cismáticos, lideradas por un soberano cismático. En Rusia, la práctica de la Religión Católica se veía obstaculizada de mil maneras, sin embargo, las tropas de ese país aseguraron en Italia la libre elección de un Pontífice Soberano, precisamente en el momento en que la vacante de la Sede de Pedro había provocado la indignación de aquellos que -humanamente hablando- quizás nunca resucitarían.

                    Estos son medios maravillosos que la Providencia utiliza para demostrar que tiene el gobierno supremo de todas las cosas. Pero no pensemos que la Iglesia deba su salvación a Constantino, a Carlomagno, a Don Juan de Austria o a las tropas rusas: aun cuando parezca completamente abandonada, e incluso cuando parezca faltar el medio más indispensable para la victoria en el orden natural, podemos estar seguros de que la Santa Iglesia no morirá. Cuanto más inexplicable sea, humanamente hablando, la aparente resurrección de la Iglesia -aparente, enfatizamos, porque la muerte de la Iglesia jamás será real-, más gloriosa será la victoria.

                    En estos años turbulentos y tristes que vivimos, confiemos. Pero no confiemos en tal o cual poder, en tal o cual hombre, en tal o cual corriente ideológica, para que obre la restauración de todas las cosas en el Reino de Cristo, sino que debemos confiar en la Divina Providencia, que volverá a abrir los mares, moverá montañas y sacudirá la tierra entera si es necesario, para el cumplimiento de la divina promesa: "Las puertas del Infierno prevalecerán contra ella". 


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira



domingo, 20 de abril de 2025

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 


Si estáis alegre, miradle Resucitado; que sólo 
imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. 
Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! 
¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! 
Como quien tan bien salió de la batalla 
adonde ha ganado un tan gran Reino, 
que todo le quiere para vos, y a sí con Él. 
Pues ¿es mucho que a Quien tanto os da 
volváis una vez los ojos a mirarle? 

Santa Teresa de Jesús





                   "...el esplendor de la Resurrección es una invitación a los hombres a regresar a la Luz Vital de Cristo, a conformarse con Sus Enseñanzas sobre el mundo... almas y cuerpos, pueblos y civilizaciones, sus estructuras, sus leyes, sus proyectos. Ni el orgullo sin sentido ni el vano temor de dejarse inspirar por Cristo menoscaban su libertad o la autonomía de sus obras. Dios, quien desde el principio le ha ordenado al hombre que someta la tierra y trabaje en ella.

                   En cambio, sería una apariencia de Fe, destinada a la derrota, ese vago sentido del Cristianismo, diríamos casi, suave y vacío, que no va más allá de los umbrales de persuasión en la mente y amor en el corazón; que no es el fundamento y la corona de la vida, ni privado ni público; y eso ve en la Ley Cristiana una mera ética humana de solidaridad y cierta actitud para promover el trabajo, la técnica y el bienestar externo. Quienes ondean la bandera engañosa de este vago Cristianismo, lejos de flanquear a la Iglesia en la inmensa lucha que se les impone para salvaguardar los valores eternos del espíritu para el hombre del presente siglo, aumentan la confusión y se convierten en cómplices de los enemigos de Cristo. 


                  Sin embargo, la victoria no está garantizada para toda apariencia de Fe, sino para la Fe que adora en Cristo Crucificado al Hijo Unigénito de Dios, que resucitó "ascendió al Cielo y se sienta a la diestra del Padre, y nuevamente, lleno de Gloria, vendrá juzgar a los vivos y a los muertos "; a esa Fe, que se transforma en obras de plena Justicia, en la observancia de los Mandamientos y deberes; eso se concreta, en una palabra, en amar a Dios y, para Él y en Él, los hermanos, todos los hombres, especialmente los humildes y los pobres.


                   Fundada sobre la roca viva de la Fe, el único Custodio de su totalidad, la Iglesia levanta su estandarte salvador entre los pueblos, para que los creyentes verdaderos y activos trabajen, guiados por ella, la salvación común.


                   La Iglesia no teme nada del mundo, ya que vive el Misterio de la Pascua en todo momento con el saludo alentador, que también se promete, del Redentor Resucitado: " Pax vobis "  ¡La paz sea con vosotros!. Por la todopoderosa ayuda de Él, la Iglesia, ya que ella no ha temido en el pasado ni a los tiranos ni a los obstáculos puestos en contra de sus audaces beneficios, incluso en el campo de las conquistas civiles, por lo que ahora siente el coraje y la fuerza para enfrentar los problemas más espinosos que acosan a la humanidad, lo que es establecer la convivencia entre los pueblos en la Verdad, la Justicia y el Amor.




Papa Pío XII, Discurso por la Pascua de Resurrección, 
2 de Marzo de 1956





DOCTRINA SOBRE LA RESURRECCIÓN
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

(Del Catecismo Mayor del Papa San Pío X)


          - Qué nos enseña el quinto artículo: DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS: AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS? - El quinto artículo del Credo nos enseña: que el Alma de Jesucristo, separada ya del cuerpo, fue al Limbo de los Santos Padres y que al tercer día se unió de nuevo a Su cuerpo para no separarse jamás.


          - ¿Qué se entiende aquí por Infierno? - Por Infierno se entiende aquí el Limbo de los Santos Padres, es decir, el lugar donde las Almas de los Justos eran recogidas y esperaban la Redención de Jesucristo.


          - ¿Por qué las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la Muerte de Jesucristo? - Las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el cielo antes de la muerte de Jesucristo porque por el pecado de Adán el Cielo estaba cerrado, y convenía que el primero que entrase en él fuese Jesucristo, que con Su Muerte lo abrió de nuevo.


           - ¿Por qué Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección? - Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección para mostrar con evidencia que verdaderamente había muerto.


          - ¿Fue la Resurrección de Jesucristo semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados? - No, señor; la Resurrección de Jesucristo no fue semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados, porque Jesucristo resucitó por Su propia virtud, y los demás fueron resucitados por la virtud de Dios.






domingo, 7 de abril de 2024

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO. DOMINICA IN ALBIS


                El primer Domingo después de Pascua, celebra la Iglesia el Domingo in albis o de Quasimodo. También es frecuente referirse a él con el popular nombre de Pascuilla. Recibe el nombre de in albis, más correctamente, in albis vestibus depositis, "quitadas las vestiduras blancas", porque en la Iglesia primitiva, en este día, se recibía a los neófitos (recién bautizados en la Vigilia Pascual), que acababan de dejar sus túnicas blancas que portaban desde el Domingo de Pascua, en oración y penitencia, y se les recibía con inmensa alegría y como miembros de la Santa Iglesia Católica.

              Se despojaban de sus túnicas albas dando a entender que abandonaban unas vestiduras viejas, como si dejaran un mundo perteneciente al pasado y lleno de pecados para entrar, a través del Bautismo, a la vida de Cristo Resucitado.




               Es una Fiesta muy antigua que ya es constatada en occidente a finales del siglo IV cuya finalidad era la de prolongar durante una semana entera la Solemnidad del día de Pascua, única fiesta bautismal del año, para permitir a los neófitos saborear, en su original frescura, la alegría de su bautismo y dar gracias a Dios por el insigne beneficio que acababan de recibir.

               Recibe este Domingo el nombre de Quasimodo, de las palabras de la Primera Carta del Apóstol San Pedro (cap. 2, vers. 2), que el Sacerdote lee como antífona de entrada en la Misa del Domingo in Albis, y que son las siguientes:


Quasi modo geniti infantes, aleluia,
rationabile, sine dolo, lac concupiscite, 
aleluia, aleluia, aleluia.

Como niños recién nacidos, aleluya,
Ansiad la leche espiritual y pura, 
aleluya, aleluya, aleluya.

               Estos recién nacidos eran para la Iglesia los que se acababan de bautizar, los cuales se incorporaban a la comunidad en este Domingo, como se ha dicho, después de una semana de oración y penitencia. El Bautismo, en tanto en cuanto abre a los cristianos las puertas del cielo es denominado semen gloriæ, puesto que es la semilla de la Gloria, el germen de la vida en el Cielo.


EL EVANGELIO DE HOY
San Juan, cap. 20, vers. 19-31


              Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". 

              Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré". 

              Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros". Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira Mis Manos; trae tu mano y métela en Mi Costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Le dice Jesús: "Porque Me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído". 

              Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en Su Nombre.



domingo, 31 de marzo de 2024

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

Si estáis alegres, miradle Resucitado; que sólo
 imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. 
Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! 
¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! 
Como quien tan bien salió de la batalla 
adonde ha ganado un tan gran Reino, 
que todo le quiere para vos, y a sí con Él. 
Pues ¿es mucho que a Quien tanto os da 
volváis una vez los ojos a mirarle? 

Santa Teresa de Jesús



               "...el esplendor de la Resurrección es una invitación a los hombres a regresar a la Luz Vital de Cristo, a conformarse con Sus Enseñanzas sobre el mundo... almas y cuerpos, pueblos y civilizaciones, sus estructuras, sus leyes, sus proyectos. Ni el orgullo sin sentido ni el vano temor de dejarse inspirar por Cristo menoscaban su libertad o la autonomía de sus obras. Dios, quien desde el principio le ha ordenado al hombre que someta la tierra y trabaje en ella.

               En cambio, sería una apariencia de Fe, destinada a la derrota, ese vago sentido del Cristianismo, diríamos casi, suave y vacío, que no va más allá de los umbrales de persuasión en la mente y amor en el corazón; que no es el fundamento y la corona de la vida, ni privado ni público; y eso ve en la Ley Cristiana una mera ética humana de solidaridad y cierta actitud para promover el trabajo, la técnica y el bienestar externo. Quienes ondean la bandera engañosa de este vago Cristianismo, lejos de flanquear a la Iglesia en la inmensa lucha que se les impone para salvaguardar los valores eternos del espíritu para el hombre del presente siglo, aumentan la confusión y se convierten en cómplices de los enemigos de Cristo. 

              Sin embargo, la victoria no está garantizada para toda apariencia de Fe, sino para la Fe que adora en Cristo Crucificado al Hijo Unigénito de Dios, que resucitó "ascendió al Cielo y se sienta a la diestra del Padre, y nuevamente, lleno de Gloria, vendrá juzgar a los vivos y a los muertos "; a esa Fe, que se transforma en obras de plena Justicia, en la observancia de los Mandamientos y deberes; eso se concreta, en una palabra, en amar a Dios y, para Él y en Él, los hermanos, todos los hombres, especialmente los humildes y los pobres.

               Fundada sobre la roca viva de la Fe, el único Custodio de su totalidad, la Iglesia levanta su estandarte salvador entre los pueblos, para que los creyentes verdaderos y activos trabajen, guiados por ella, la salvación común.

               La Iglesia no teme nada del mundo, ya que vive el Misterio de la Pascua en todo momento con el saludo alentador, que también se promete, del Redentor Resucitado: "Pax vobis" , ¡la paz sea con vosotros!. Por la todopoderosa ayuda de Él, la Iglesia, ya que ella no ha temido en el pasado ni a los tiranos ni a los obstáculos puestos en contra de sus audaces beneficios, incluso en el campo de las conquistas civiles, por lo que ahora siente el coraje y la fuerza para enfrentar los problemas más espinosos que acosan a la humanidad, lo que es establecer la convivencia entre los pueblos en la Verdad, la Justicia y el Amor.


Papa Pío XII, Discurso por la Pascua de Resurrección, 
2 de Marzo de 1956



domingo, 9 de abril de 2023

UN DÍA NUEVO AL QUE BESARÁ UN SOL NUEVO

 

 ...esta noche del mundo tiene señales claras 
de un alba que vendrá, de un día nuevo 
al que besará un sol nuevo y más esplendoroso...




             La noche que precedió a la Resurrección de Jesús fue noche de desolación, de llanto y de tinieblas. Sus enemigos estaban satisfechos de haber por fin encerrado en la tumba al “seductor del pueblo”. Herido el Pastor, la pequeña grey se dispersó. Los amigos de Jesús, desolados y desconcertados, se ven obligados a esconderse por temor a los escribas y fariseos. Jesús está en la tumba. Yace su cadáver sobre la fría roca y todo su cuerpo está todavía llagado; sus labios están mudos. ¿Qué quedan ya de sus palabras, que sabían animar, confortar e iluminar, aquellas palabras suyas tan llenas de majestad y sabiduría? ¿Dónde está aquel su imperar a los vientos y tempestades; dónde su poder para eludir las diabólicas insidias de sus enemigos o para hacer frente valerosamente a su furor? ¿Dónde está su poder de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos? Todo (al parecer) ha terminado; y con él han quedado sepultados en la tumba no sólo los proyectos ambiciosos de algunos, sino también las discretas esperanzas de muchos. Todo ha terminado -van murmurando los hombres-, y en sus voces se ve la expresión de una desesperada tristeza. Todo ha terminado, parece que responden las cosas.

            Y, sin embargo, quien hubiese podido mirar a través de la piedra que cerraba el sepulcro, hubiera tenido la impresión de que los ojos de Jesús no estaban cerrados por la muerte sino por el sueño; allí no había traza de corrupción en sus miembros, y su rostro conservaba aún muy visibles las señales de su belleza sobrehumana, de su infinita bondad. Después de su muerte, el cuerpo de Jesús, como su alma, permaneció unido al Verbo, a la divinidad, que vive y obra en aquellos miembros. Pero apartada, en una casita modesta y silenciosa, arde una llama de Fe que nunca se apaga: María espera llena de confianza a Jesús.

            En esto, la tierra tiembla; el Ángel baja del Cielo, aparta la pesada piedra que cierra el sepulcro, y se sienta majestuoso y sereno sobre ella. Los soldados huyen y van a dar bruscamente a los enemigos de Jesús la primera prueba de su aplastante derrota. Es ya el alba.

            María Magdalena está corriendo casi sin saber adónde, movida por un amor que no sufre pausas ni admite reflexión; vedla, de repente, como desmayada ante Jesús, que la saluda con infinita ternura. Las piadosas mujeres, con el corazón alborotado por el anuncio que les diera el ángel, encuentran también a Jesús y vuelan a anunciar la resurrección a los apóstoles, para hacerles participantes de su alegría y de su paz. Entre tanto, Pedro ha recibido del Señor, con señal inefable, la certeza de su perdón. Y Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y halla a los apóstoles; les conforta, les tranquiliza, les deja su paz.

            Así quisiéramos, amadísimos hijos, que otra noche, la noche que ha caído sobre el mundo y que oprime a los hombres, viese pronto su alba y fuese besada por los rayos de un nuevo sol.

            Varias veces hemos hecho notar que los hombres de todas las naciones y de todos los continentes se ven forzados a vivir, desorientados y temerosos, en un mundo trastornado y perturbador. Todo se ha hecho relativo y provisional, porque es siempre menos eficiente y por lo mismo menos eficaz. El error, en sus formas casi innumerables, ha esclavizado las inteligencias de seres, por lo demás muy selectos y la inmoralidad de toda clase, ha llegado a tales grados de precocidad, de impudencia y de universalidad, que preocupan seriamente a los que piensan en la suerte del mundo. La humanidad parece un cuerpo infecto y llagado, en el que la sangre circula con dificultad, porque los individuos, las clases, y los pueblos se obstinan en seguir divididos, y por lo tanto, no se comunican mutuamente. Y cuando no se desconocen se odian, y conspiran y luchan y se destruyen.

            Pero también esta noche del mundo tiene señales claras de un alba que vendrá, de un día nuevo al que besará un sol nuevo y más esplendoroso.

            Muchos entrevén ya, y lo confiesan, que se ha llegado a esta noche del mundo porque Jesús ha sido apresado, porque se le ha querido desterrar de la vida familiar, cultural y social; porque se ha sublevado el pueblo contra Él, porque le han crucificado y dejado mudo e inerte.

            Pero hay una multitud de almas valientes y activas, conscientes de que la muerte y sepultura de Jesús solo fue posible porque entre los amigos de Él hubo quien le negase y le traicionase; ¡hubo tantos que huyeron asustados ante las amenazas de los enemigos! Estas almas saben que una acción oportuna, concorde y orgánica cambiará la faz de la tierra, renovándola y mejorándola.


Extracto del SERMÓN DE PASCUA, por el Venerable Papa Pío XII, 1957



domingo, 17 de abril de 2022

LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR, según las Revelaciones de Ana Catarina Emmerich




               Cuando se acabó el Sábado, Juan fue con las santas mujeres, las consoló. Pero no podía contener sus propias lágrimas por lo que se quedó con ellas solo un corto espacio de tiempo. Entonces, Pedro y Santiago el menor fueron también a verlas con el mismo propósito de confortarlas. Ellas prosiguieron con su pena después de que ellos se fueran.

               Vi el Alma de Nuestro Señor entre dos Ángeles ataviados de guerreros; era luminosa, resplandeciente como el sol del mediodía, la vi atravesar la piedra y unirse con el Sagrado Cuerpo. Vi moverse sus miembros, y el Cuerpo del Señor, unido con su Alma y con su Divinidad, salir de su mortaja brillante de luz. 

               Jesús resplandeciente, se elevó por medio de la peña. La tierra tembló. Uno de los ángeles guerreros, se precipitó del cielo al sepulcro como un rayo, apartó la piedra que cubría la entrada y se sentó sobre ella. Los soldados cayeron como muertos y permanecieron en el suelo sin dar señales de vida. Casio, viendo la luz brillar en el sepulcro se acercó, tocó los lienzos vacíos y se fue con la intención de anunciar a Pilato lo sucedido. Sin embargo aguardó un poco porque había sentido el terremoto y había visto al ángel apartar la piedra a un lado y el sepulcro vacío. Mas no había visto a Jesús.

               Mientras la Santísima Virgen oraba interiormente llena de un ardiente deseo de ver a Jesús, un ángel vino a decirle que fuera a la pequeña puerta de Nicodemo, porque Nuestro Señor estaba cerca. El corazón de María se inundó de gozo; se envolvió en su manto y se fue, dejando allí alas santas mujeres sin decir nada a nadie. Le vi encaminarse deprisa hacia la pequeña puerta de la ciudad por donde había entrado con sus compañeras al volver del sepulcro. Caminaba con pasos apresurados, cuando la vi detenerse de pronto en un sitio solitario. Miró a lo alto de la muralla de la ciudad y el alma de Nuestro Señor, resplandeciente, bajó hasta su Madre acompañada de una multitud de almas y Patriarcas. Jesús, volviéndose hacia ellos dijo: "He aquí a María, he aquí a mi Madre". Pareció darle un beso y luego desapareció.

               Las almas de los Patriarcas se inclinaron ante la Madre de Jesús. El Salvador mostró sus heridas a su Madre, que se prosternó para besar sus pies, mas Él la levantó y desapareció. Se veían luces de antorchas a lo lejos cerca del sepulcro, y el horizonte se esclarecía hacia el oriente, encima de Jerusalén.

               La Santa Virgen cayó de rodillas y besó el lugar donde había aparecido su Hijo. Debían ser las nueve de la noche. Sus rodillas y sus pies quedaron marcados sobre la piedra. La visión que había tenido la había llenado de un gozo indecible. Y regresó confortada junto a las santas mujeres, a quienes halló ocupadas en preparar ungüentos y perfumes. No les dijo lo que había visto, pero sus fuerzas se habían renovado, consoló a las demás y las fortaleció en su fe.

               Estaban las mujeres cerca de la pequeña puerta de Nicodemus cuando Nuestro Señor resucitó pero no vieron nada de los prodigios que habían acontecido en el sepulcro. Tampoco sabían que habían puesto allí una guardia, porque no habían ido la víspera a causa del Sábado. Mientras se acercaban se preguntaban entre sí con inquietud: "¿Quién nos apartará la piedra de la entrada?" Querían echar agua de nardo y aceite aromatizado con flores sobre el Cuerpo de Jesús. Querían ofrecer a Nuestro Señor lo más precioso que pudieran encontrar para honrar su sepultura. La que había llevado más cosas era Salomé, no la madre de Juan, sino una mujer rica de Jerusalén, pariente de san José.

               Decidieron que, cuando llegaran, dejarían sus perfumes sobre la piedra y esperarían a que alguien pasara para apartarla. Los guardias seguían tendidos en el suelo y las fuertes convulsiones que los sacudían, demostraban cuán grande había sido su terror. La piedra estaba corrida hacia la derecha de la entrada, de modo que se podía penetrar en el sepulcro sin dificultad. Los lienzos que habían servido para envolver a Jesús estaban sobre el sepulcro. La gran sábana estaba en su sitio pero sin su Cuerpo. Las vendas habían quedado sobre el borde anterior del sepulcro, las telas con que María Santísima había envuelto la cabeza de su Hijo estaban en donde había reposado esta.





domingo, 4 de abril de 2021

DOMINGO DE RESURRECCIÓN


               El Domingo de Pascua, el día primero de la semana de los judíos, las tres Marías se dirigen al sepulcro de Jesús Nuestro Señor. Un Ángel había retirado la piedra que cubría la entrada del monumento. María Magdalena, al encontrar la tumba vacía, empieza a buscar en el jardín; las otras mujeres penetran en el sepulcro, hablan con el Ángel y corren a anunciar la Nueva a los Discípulos. Magdalena sigue en el jardín y logra ver la primera al Señor. 



               Poco después llegan Pedro y Juan. También a Pedro se aparece Cristo resucitado. Al atardecer de aquel mismo día se presenta en el Cenáculo, en medio de los Apóstoles; y poco antes se había juntado en el camino a los dos Discípulos que iban de Jerusalén a Emaús. 

               Así transcurrió aquel día, el de la Resurrección, el día en el cual se realizó el acontecimiento central de la Historia, en torno al cual gira toda la Vida de Jesús, todos los acontecimientos de la vida humana y todas las fiestas del Año Litúrgico.

               Cristo ha sido inmolado, la muerte está vencida, se han abierto las puertas del Paraíso. Hemos llegado a la cima de la montaña, hemos rescatado el Aleluya, y hemos conquistado el triunfo: la Luz ha vencido a las tinieblas.


DOCTRINA CATÓLICA SOBRE

LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR


               - Si Jesucristo murió por todos los hombres, ¿por qué no todos se salvan? - Jesucristo murió por todos; pero no todos se salvan, porque o no le quieren reconocer o no guardan su ley, o no se valen de los medios de santificación que nos dejó.

               - ¿Basta para salvarnos que Jesucristo haya muerto por nosotros? - Para salvarnos no basta que Jesucristo haya muerto por nosotros, sino que es necesario aplicar a cada uno el fruto y los méritos de su pasión y muerte, lo que se hace principalmente por medio de los sacramentos instituidos a este fin por el mismo Jesucristo, y como muchos no reciben los sacramentos, o no los reciben bien, por esto hacen para sí mismos inútil la muerte de Jesucristo.

               - ¿Qué nos enseña el quinto Artículo de Fe: DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS: AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS? - El quinto artículo del Credo nos enseña: que el Alma de Jesucristo, separada ya del Cuerpo, fue al Limbo de los Santos Padres y que al tercer día se unió de nuevo a Su Cuerpo para no separarse jamás.

               - ¿Qué se entiende aquí por Infierno? - Por infierno se entiende aquí el Limbo de los Santos Padres, es decir, el lugar donde las almas de los Justos eran recogidas y esperaban la Redención de Jesucristo.

               - ¿Por qué las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la muerte de Jesucristo? - Las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la muerte de Jesucristo porque por el pecado de Adán el Cielo estaba cerrado, y convenía que el primero que entrase en él fuese Jesucristo, que con Su Muerte lo abrió de nuevo.

                - ¿Por qué Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección? - Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección para mostrar con evidencia que verdaderamente había muerto.

               - ¿Fue la Resurrección de Jesucristo semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados? - No, señor; la Resurrección de Jesucristo no fue semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados, porque Jesucristo resucitó por Su propia virtud, y los demás fueron resucitados por la virtud de Dios.


Catecismo del Papa San Pío X



domingo, 17 de mayo de 2020

SANTA MISA DEL V DOMINGO DE PASCUA... "...vosotros me amáis a Mí y habéis creído que yo he venido de Dios"


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SANTA MISA DEL V DOMINGO DE PASCUA
desde el Instituto Mater Boni Consilii
(Italia)






Evangelio de San Juan 
capítulo 16, versículos 23-30

               Cuando llegue ese día, ya no tendréis necesidad de preguntarme nada. Os aseguro que el Padre os concederá todo lo que le pidáis en Mi Nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en Mi Nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.

               Hasta ahora os he hablado en lenguaje figurado; pero llega el momento en que no recurriré más a este lenguaje, sino que os hablaré del Padre en forma clara y directa. Cuando llegue ese día, vosotros mismos presentaréis vuestras súplicas al Padre en Mi Nombre. Y no seré Yo quien interceda ante el Padre por vosotros, pues el mismo Padre os ama porque vosotros me amáis a Mí y habéis creído que yo he venido de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre.

               Los Discípulos le dijeron:

               — Cierto, ahora nos hablas claramente y no en lenguaje figurado. Ahora estamos seguros de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has venido de Dios.






domingo, 10 de mayo de 2020

SANTA MISA DEL IV DOMINGO DE PASCUA





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SANTA MISA DEL IV DOMINGO DE PASCUA
desde el Instituto Mater Boni Consilii
(Italia)





Evangelio de San Juan 
capítulo 16, vers. 5-14


              Mas ahora voy al que me ha enviado, y nadie de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os hablé estas cosas, vuestro corazón se llenó de tristeza. Pero os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya. Porque, si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero, si me fuere, os lo enviaré.

              Y Él viniendo, éste argüirá al mundo de pecado, de Justicia y de Juicio. De pecado, porque no creen en mí; de Justicia, porque voy al Padre y no me veréis más; de Juicio, porque el príncipe de este mundo está ya juzgado. 

              Muchas cosas tengo aún que deciros, mas no podéis llevarlas ahora; pero cuando viniere Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hacia la Verdad completa, porque no hablará de Sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras. Él me glorificará, porque tomará de lo Mío y os lo dará a conocer. Todo cuanto tiene el Padre es Mío.



lunes, 13 de abril de 2020

EL "REGINA CAELI", la Oración Pascual de Nuestra Santa Madre


              
              El Regina Cæli (Reina del Cielo) es una oración que los Católicos rezamos a la Virgen Nuestra Señora en lugar de la oración del Ángelus, durante el Tiempo Pascual, desde la Vigilia de Pascua hasta el mediodía del Sábado de Pentecostés; es una Tradición que se remonta al siglo XII y que fue extendida por los Frailes Franciscanos.

              Al igual que el Ángelus, es recomendable rezarla tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al caer el sol. 

               Que nunca nos cansemos de acudir a la que todo lo puede ante Dios; la Purísima Madre de Dios, en estos tiempos de angustia e incertidumbre, nunca abandona a Sus hijos, pero sostiene de forma especialísima, a los que acuden a Ella con la total confianza de que serán atendidos.





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Regina Cæli (español)

V/. Reina del Cielo, alégrate; Aleluya.
R/. Porque el que mereciste llevar en Tu seno; Aleluya.

V/. Resucitó según dijo; Aleluya.
R/. Ruega por nosotros a Dios; Aleluya;

V/. Gózate y alégrate, Virgen María; Aleluya.
R/. Porque resucitó en verdad el Señor; Aleluya.

Oración:

           ¡Oh, Dios!, que te dignaste alegrar al mundo por la Resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: concédenos, te rogamos, que por la mediación de la Virgen María, Su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.



Regina Cæli (latín)

V/. Regína Cæli, lætare; Alleluia.
R/. Quia quem meruisti portare; Alleluia.

V/. Resurrexit sicut dixit; Alleluia.
R/. Ora pro nobis Deum; Alleluia.

V/. Gaude et lætare, Virgo Maria; Alleluia.
R/. Quia surrexit Dominus vere; Alleluia.

Oremus:

           Deus, qui per resurrectionem Filii tui Domini nostri Iesu Christi mundum lætificare dignatus es, præsta, quæsumus, ut per eius Genetricem Virginem Mariam perpetuæ capiamus gaudia vitæ. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.





domingo, 12 de abril de 2020

LA GLORIOSA RESURRECCIÓN DE CRISTO NUESTRO SEÑOR




Si estáis alegre, miradle Resucitado; que sólo imaginar 
cómo salió del sepulcro os alegrará. 
Mas ¡con qué claridad y con qué hermosura! 
¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! 
Como quien tan bien salió de la batalla 
adonde ha ganado un tan gran Reino, 
que todo le quiere para vos, y a sí con Él. 
Pues ¿es mucho que a Quien tanto os da 
volváis una vez los ojos a mirarle? 

Santa Teresa de Jesús





               "...el esplendor de la Resurrección es una invitación a los hombres a regresar a la Luz Vital de Cristo, a conformarse con Sus Enseñanzas sobre el mundo... almas y cuerpos, pueblos y civilizaciones, sus estructuras, sus leyes, sus proyectos. Ni el orgullo sin sentido ni el vano temor de dejarse inspirar por Cristo menoscaban su libertad o la autonomía de sus obras. Dios, quien desde el principio le ha ordenado al hombre que someta la tierra y trabaje en ella.

               En cambio, sería una apariencia de Fe, destinada a la derrota, ese vago sentido del Cristianismo, diríamos casi, suave y vacío, que no va más allá de los umbrales de persuasión en la mente y amor en el corazón; que no es el fundamento y la corona de la vida, ni privado ni público; y eso ve en la Ley Cristiana una mera ética humana de solidaridad y cierta actitud para promover el trabajo, la técnica y el bienestar externo. Quienes ondean la bandera engañosa de este vago Cristianismo, lejos de flanquear a la Iglesia en la inmensa lucha que se les impone para salvaguardar los valores eternos del espíritu para el hombre del presente siglo, aumentan la confusión y se convierten en cómplices de los enemigos de Cristo. 


              Sin embargo, la victoria no está garantizada para toda apariencia de Fe, sino para la Fe que adora en Cristo Crucificado al Hijo Unigénito de Dios, que resucitó "ascendió al Cielo y se sienta a la diestra del Padre, y nuevamente, lleno de Gloria, vendrá juzgar a los vivos y a los muertos "; a esa Fe, que se transforma en obras de plena Justicia, en la observancia de los Mandamientos y deberes; eso se concreta, en una palabra, en amar a Dios y, para Él y en Él, los hermanos, todos los hombres, especialmente los humildes y los pobres.


               Fundada sobre la roca viva de la Fe, el único Custodio de su totalidad, la Iglesia levanta su estandarte salvador entre los pueblos, para que los creyentes verdaderos y activos trabajen, guiados por ella, la salvación común.


               La Iglesia no teme nada del mundo, ya que vive el Misterio de la Pascua en todo momento con el saludo alentador, que también se promete, del Redentor Resucitado: " Pax vobis "  ¡La paz sea con vosotros!. Por la todopoderosa ayuda de Él, la Iglesia, ya que ella no ha temido en el pasado ni a los tiranos ni a los obstáculos puestos en contra de sus audaces beneficios, incluso en el campo de las conquistas civiles, por lo que ahora siente el coraje y la fuerza para enfrentar los problemas más espinosos que acosan a la humanidad, lo que es establecer la convivencia entre los pueblos en la Verdad, la Justicia y el Amor.




Papa Pío XII, Discurso por la Pascua de Resurrección, 
2 de Marzo de 1956





DOCTRINA SOBRE LA RESURRECCIÓN
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

(Del Catecismo Mayor de San Pío X)


          - Qué nos enseña el quinto artículo: DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS: AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS? - El quinto artículo del Credo nos enseña: que el Alma de Jesucristo, separada ya del cuerpo, fue al Limbo de los Santos Padres y que al tercer día se unió de nuevo a Su cuerpo para no separarse jamás.


          - ¿Qué se entiende aquí por Infierno? - Por Infierno se entiende aquí el Limbo de los Santos Padres, es decir, el lugar donde las Almas de los Justos eran recogidas y esperaban la Redención de Jesucristo.


          - ¿Por qué las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la Muerte de Jesucristo? - Las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el cielo antes de la muerte de Jesucristo porque por el pecado de Adán el Cielo estaba cerrado, y convenía que el primero que entrase en él fuese Jesucristo, que con Su Muerte lo abrió de nuevo.


           - ¿Por qué Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección? - Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección para mostrar con evidencia que verdaderamente había muerto.


          - ¿Fue la Resurrección de Jesucristo semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados? - No, señor; la Resurrección de Jesucristo no fue semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados, porque Jesucristo resucitó por Su propia virtud, y los demás fueron resucitados por la virtud de Dios.