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viernes, 19 de noviembre de 2021

GRACIAS SOBRENATURALES EN SANTA GERTRUDIS por meditar la Pasión de Cristo




               De los muchos favores prodigados a Santa Gertrudis la Magna, Nuestro Señor otorgó cuatro gracias de especial importancia. En sus escritos, Santa Gertrudis definitivamente no nombra la primera; la llamó "la gran gracia" , y cuando intenta hablar de ello, su corazón inmediatamente se desborda de alabanza y gratitud hacia su Divino Esposo. Es sólo de un estudio cuidadoso de su vida que se puede conjeturar que esta gracia fue la impresión de las Sagradas Llagas de Nuestro Señor en su corazón, que fue recibida después y a través del ardiente deseo y la oración constante. Después de la primera visita de Nuestro Señor, ella escribió esta sublime oración en honor a Su Pasión:

              "Oh Señor Jesucristo, Hijo del Dios Viviente, concédeme que pueda aspirar a Ti con todo mi corazón, con deseo anhelante y con alma sedienta, buscando solo Tu dulzura y Tus delicias, para que toda mi mente y todo lo que hay dentro de mí. Suspiro ardientemente a Ti, que eres nuestra verdadera Beatitud.

               Oh Misericordioso Señor, graba Tus Llagas en mi corazón con Tu Preciosísima Sangre, para que pueda leer en ellas Tu dolor y Tu amor; y que el recuerdo de Tus Llagas permanezca siempre en lo más íntimo de mi corazón, para excitar mi compasión por Tus sufrimientos y aumentar en mí Tu amor. Concédeme también que desprecie a todas las criaturas, y que mi corazón se deleite solo en ti. Amén." 

               "Esta oración", escribió Gertrudis, "me gustó mucho. La memoricé y la recité con frecuencia. Una tarde, durante el mismo invierno... De repente me di cuenta de que Nuestro Señor se había dignado a escucharme, sentí, Dios mío, cómo imprimiste en mi corazón Tus adorables Llagas, así como están en Tu Sagrado Cuerpo. A pesar de mi extrema indignidad, Tu infinita Bondad ha conservado aún en esta hora la impresión ".

               Estamos seguros de que, aunque esta forma especial de estigma era espiritual y no física, Santa Gertrudis sufrió dolores tremendamente reales el resto de su vida. Sin embargo, su sufrimiento fue aliviado por el aumento de su devoción a la Pasión de Nuestro Señor.

               La segunda gracia, mencionada con frecuencia en su libro del Apocalipsis, ocurrió durante el Adviento, siete años después, mientras Santa Gertrudis asistía a la Santa Misa: "Después de haber recibido el Sacramento de la Vida, vi un rayo de luz, como una flecha, lanzarse de la Sagrada Llaga en Tu costado derecho, en el Crucifijo... Avanzó hacia mí y traspasó mi corazón. Entonces Tú me dijiste: 'Que la marea completa de tu afecto suba a Mí, para que todo tu placer, tu esperanza, tu alegría, tu dolor, tu miedo y cualquier otro sentimiento puedan ser sostenidos por Mi Amor! ' "

               Años más tarde, Santa Gertrudis escuchó las inspiraciones de un Sacerdote dominico que habló de la manera más impresionante sobre el Amor de nuestro Maestro Celestial: "El amor es como una flecha", dijo, "¡todo lo que disparemos con él, podemos llamarlo nuestro!" Estas palabras llenaron el corazón de Santa Gertrudis con vehemente amor y alegría y exclamó: "¡Ah! ¿Quién me concederá que pueda obtener tal flecha? Inmediatamente te traspasaría a Ti, el Único Amado de mi corazón, para poseerme a Ti." ¡eternamente!". Al instante vio a su Esposo celestial que llevaba una flecha de oro en su mano, y dijo: "Tú quisiste herirme; pero tengo una flecha de oro con la que te atravesaré para que tu herida no sane nunca". Esta flecha se hundió traspasó su corazón tan profundamente que su alma fue herida de tres maneras:

              1ª Todos los placeres terrenales se volvieron desagradables, y no había nada en el mundo que pudiera disfrutar o consolar su alma.

              2ª Provocó en su alma un ardiente deseo de estar unida a Dios, para que sintiera que podía vivir separada de Él o incluso respirar sin Él.

              3ª Le traspasó el alma de tal manera que casi la separó de su cuerpo, lo que la llenó de una oleada de delicias divinas.




               La tercera gracia especial consistió en un intercambio de corazones entre Nuestro Señor y Santa Gertrudis. Escribiendo sobre esto, ella dice: "Me has concedido Tu amistad secreta, abriéndome el arca sagrada de Tu Corazón deificado de tantas formas diferentes como para ser la fuente de toda mi felicidad. A veces, como una marca especial de nuestro mutuo amistad, Tú la cambiaste por la mía!". Después, la santa virgen sintió a su Divino Esposo vivir y amar en él, lo que en realidad está más allá de toda comprensión.

               La visita del Niño Jesús al corazón de Santa Gertrudis es el cuarto favor especial que obtuvo nuestra Santa. Su relato de esta gracia es de lo más exquisito: "Era el aniversario de la noche bendita de la Natividad de Nuestro Señor. En espíritu, traté de cumplir el oficio de sierva de la Gloriosa Madre de Dios cuando sentí que un tierno recién nacido, el Divino Niño fue puesto en mi corazón. En ese mismo instante, vi mi alma completamente transformada. 

               Entonces comprendí el significado de estas dulces palabras: "Dios será todo en todos" (I Carta a los Corintios, cap. 15, vers. 28). Mi alma, que se enriqueció con la presencia de mi Amado, pronto supo, por sus transportes de alegría, que poseía a su Esposo. Mi sed de Ti se satisfizo con estas palabras: 'Como Yo, en Mi Divinidad, soy la figura de la sustancia de Mi Padre, así también serás figura de Mi sustancia en Mi Humanidad. Como el sol comunica al aire su propio brillo y luz, así deificaré tu alma, penetrándola con los rayos de Mi Divinidad para prepararte para la unión más íntima Conmigo. ' "

               Dios Nuestro Señor no sólo concedió estas gracias extraordinarias a Santa Gertrudis, sino que también prometió grandes beneficios espirituales a todos los que sean devotos de la Santa Mística.



viernes, 19 de febrero de 2021

Sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo... sufriré con paz y alegría todas las penas que me sobrevengan




MEDITACIONES SOBRE LA PASIÓN 
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

"Mira a menudo y contempla 
la imagen de Jesús Crucificado..."

Por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia

             El Amador de las almas, nuestro adorable Redentor, declaró que había bajado del Cielo a la tierra para encender en el corazón de los hombres el fuego de Su Santo Amor. “Fuego vine a traer a la tierra”, dice San Lucas, “¿y qué he de querer sino que arda?  .¡Ah! ¡y qué incendios de caridad no ha levantado en muchas almas, especialmente al patentizar por los dolores de Su Pasión y Muerte el amor inmenso que nos tiene!.

             ¡Cuántos enamorados corazones ha habido en las Llagas de Cristo, como en hogueras de amor, se han inflamado de tal suerte, que para corresponderle con el suyo no titubearon en consagrarle sus bienes, su vida y todas sus cosas, superando con gran entereza de ánimo todas las dificultades que les salían al paso para estorbarles el cumplimiento de la ley divina, guiados por el amor de Jesús, que no obstante ser Dios, quiso padecer tanto por amor nuestro!.

             Por esto el enamorado San Agustín, contemplando a Jesús Crucificado y cubierto de llagas, exclama: “Graba, Señor, Tus Llagas en mi corazón, para que me sirvan de libro donde pueda leer Tu dolor y Tu Amor; Tu dolor, para soportar por Ti toda suerte de dolores; Tu Amor, para menospreciar por el tuyo todos los demás amores.”

             Porque teniendo ante mis ojos el retablo de los muchos trabajos que por mí, Dios Santo has padecido, sufriré con paz y alegría todas las penas que me sobrevengan, y en presencia de las pruebas de infinito amor que en la Cruz me diste, ya nada amaré ni podré amar fuera de Ti. 

             ¿De dónde, decidme, sacaron los Santos valor y entereza para soportar tanto género de tormentos, de martirios y de muertes, sino de la Pasión de Jesús Crucificado?

             Al ver a San José de Leonisa, religioso capuchino, que querían atarle con cuerdas, porque el cirujano tenía que hacerle una dolorosa operación, el Santo, tomando en las manos el Crucifijo, exclamó: “¡Cuerdas!, ¿para qué las quiero yo? Aquí tengo a mi Señor Jesucristo clavado en la Cruz por mi amor, estas son las cadenas que me atan y me obligan a soportar cualquier tormento por Su Amor”. Y tendido en la mesa, sufrió la operación sin exhalar una queja pensando en Jesús, que como profetizó Isaías, “guardaba silencio, sin abrir siquiera la boca, como el corderito que está mudo delante del que le esquila” .

             ¿Quién podrá decir que padece sin razón al ver a Jesús “despedazado por nuestras maldades?” . ¿Quién rehusará sujetarse a obediencia, so pretexto de que le mortifica, al recordar que Jesús fue obediente hasta morir?.

             ¿Quién se atreverá a hurtar el cuerpo de la humillación viendo a Jesús tratado como loco, como rey de burlas y como malhechor; al verle abofeteado, escupido y clavado en un patíbulo infame?.

             ¿Y quién podrá amar a las criaturas y olvidarse del Amor de Jesús al verle morir sumergido en el piélago de dolores y desprecios para ganar nuestro amor?



viernes, 29 de enero de 2021

Sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo... ¿quién acertará a entender las angustias que acosaron al Corazón de Jesús?

   



MEDITACIONES SOBRE LA PASIÓN 
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

"Mira a menudo y contempla 
la imagen de Jesús Crucificado..."

Por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia


               El Verbo Divino, amando a Su Padre infinitamente, aborrecía el pecado, por conocer bien su malicia, con infinito aborrecimiento. Y para desterrar el pecado del mundo, y para que no fuese ultrajada la Majestad de Su Padre, bajó del Cielo a la tierra y se hizo hombre, dispuesto a sufrir una muerte cruel e ignominiosa. Pero al entender que después de Su trabajo y  desvelos se habían de cometer tantos pecados en el mundo, este dolor, en concepto de Santo Tomás de Aquino, venció en intensidad y sentimiento al dolor que experimentaron todos los penitentes de sus propias culpas, y sobrepujó todas las congojas que puedan atormentar el corazón humano. La razón es clara: porque el sufrimiento en el hombre va siempre mezclado con algún alivio y consuelo, mientras que el dolor de Jesús fue puro, sin ningún refrigerio ni lenitivo.

               ¡Ah!, si yo os amase, Jesús mío, si yo os amase, me bastaría considerar lo mucho que por mí habéis padecido, para que se me tornasen agradables y llevaderos todos los dolores y oprobios y molestias del mundo. Inflamadme en vuestro Santo Amor, a fin de que sufra con alegría, o a lo menos con paciencia, los pocos trabajos que me enviéis. No permitáis que me sorprenda la muerte antes que pueda manifestaros mi agradecimiento por las muchas finezas de vuestro Amor. En todas las tribulaciones que me sobrevengan, mi deseo será repetiros sin cesar: Jesús mío, me abrazo con estas penas y trabajos para manifestaros mi amor; quiero sufrir para agradeceros y complaceros.

               Nos habla la historia de muchos penitentes que, iluminados por la Luz Divina, llegaron a comprender la malicia de sus pecados, muriendo en el acto de puro dolor. Ahora bien, ¿quién acertará a entender las angustias que acosaron al Corazón de Jesús al pasar por delante de Sus ojos todos los pecados del mundo, todas las blasfemias y sacrilegios, todas las deshonestidades y mil otros géneros de culpas que se habían de cometer en el mundo después de Su afrentosa Muerte?.

              Pues bien, todos estos crímenes, a manera de bestias feroces, se lanzaron sobre el Corazón de Jesús, para despedazarlo y consumirlo. Por esto nuestro amorosísimo Redentor, en las tristezas y agonías del Huerto, exclamaba: ¿Conque es éste, ¡oh mortales!, el pago que vais a dar al Amor infinito que estoy demostrando?. ¡Ay, si Yo advirtiese que para responder a Mi cariño aborrecierais el pecado y comenzaseis a amarme, ¡con cuánto gozo y alegría me lanzaría a la muerte por vosotros!