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domingo, 12 de julio de 2026

¿ESTAMOS OBLIGADOS A OBEDECERLES?

 


                    Ahora no se persigue a los lobos carniceros; ahora, Sacerdotes, Obispos y Cardenales atacan los mismos Dogmas, que la Teología secular de la Iglesia había enseñado como la Verdad Revelada. Ahora se lanzan las censuras más graves de la Iglesia, para aquéllos, que tienen la audacia de defender lo que aprendieron en las aulas eclesiásticas de mayor prestigio, de Sacerdotes eminentes por su ciencia teológica...

                    Aunque falte el Papa, aunque, por un imposible, faltasen todos los Obispos, la Iglesia no quedaría sin Cabeza, porque nunca la ha abandonado, ni la abandona, ni la abandonará Cristo, que es su Divina Cabeza y cumple perennemente Sus infalibles promesas: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos".

                    Falta el Vicario, falta el lugarteniente, falta el administrador; pero no falta la Cabeza. Si, por un imposible, el Papa y los Obispos en su mayoría se apartasen de la Verdadera Doctrina de Cristo, si se opusiesen a la Tradición Apostólica, de un modo palpable y manifiesto, ¿podríamos decir que siguen siendo los visibles representantes de Jesucristo y que nosotros estamos obligados a obedecerles, contra los dictámenes de nuestra conciencia, contra las no interrumpidas enseñanzas del Magisterio auténtico e infalible, contra la misma Doctrina revelada, que ha llegado a nosotros por la Tradición y la Escritura y por el mismo Magisterio de la Iglesia?. 

                    Vale la pena citar aquí el pasaje elocuente de la Epístola de San Pablo a los Gálatas (II, 11), en el que San Pablo, con libertad de espíritu y anteponiendo a Dios sobre los criterios o conveniencias humanas, reprende a San Pedro, primer Papa, por sus condescendencias con los judaizantes. En ese pasaje aparece claramente la dependencia que el sumo ejercicio de la autoridad humana ha de tener respecto a la autoridad suprema e infinita de Dios. He aquí las palabras del Apóstol: "Mas, cuando Cefas (Pedro) vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas, cuando llegaron aquéllos, se retractaba y se apartaba, por temor a los que eran de la circuncisión. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas, cuando yo vi que no andaban rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas (Pedro) en presencia de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles, a judaizar? Nosotros somos judíos de nacimiento, y no pecadores procedentes de la gentilidad; mas, sabiendo que el hombre es justificado, no por obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros mismos hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados, por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley; puesto que por las obras de la Ley no será justificado mortal alguno".

                    Nadie puede condenar la actitud y los enérgicos conceptos, con que el Apóstol de las gentes reprocha la debilidad, las condescendencias, el disimulo del Jefe visible de la Iglesia, por complacer a los judaizantes y evitar así los compromisos, que una actitud franca y honesta respecto a la gentilidad convertida pudiera ocasionarle de parte de aquellos falsos hermanos, que, cristianos en apariencia, seguían adheridos a la Ley mosaica. 

                    Esta es la situación actual, en el mejor de los casos. El Papa Montini (Pablo VI) ha tolerado, disimulado, aparentado condescender con las exigencias absurdas, anticatólicas y, en muchos casos, abiertamente heréticas, de los dirigentes del "progresismo", ya sean Cardenales, Obispos, Clérigos o simples laicos. ¿Qué hubiera dicho y hecho San Pablo, ante esa caótica situación, ante esa "autodemolición" de la Iglesia, ante esas condescendencias por complacer en "ecuménico" diálogo, a los "separados", cuya ambición es reducir nuestra Iglesia a una vergonzosa secta, a una rama seca, desgajada del tronco de la Cruz de Cristo? ¿Qué hubiera opinado el Apóstol de los Gentiles ante el silencio inexplicable de la mayoría de los obispos, que más se preocupan por ajustar la Iglesia al mundo, que en predicar "oportune et importune" la doctrina austera que implica la Cruz de Cristo?

                    San Pablo reprendió en Pedro la simulación, la hipocresía, el disimulo, para acomodarse, siquiera fuera en las apariencias, a las exigencias de los judaizantes. Pablo fustigaría ahora, la claudicación, la tolerancia, la desviación manifiesta de la doctrina recibida, que pretende cambiar el Reino de Dios y Su Justicia, por la utópica "justicia de los hombres", que hoy llamamos "justicia social". 


Extractos de "Sede Vacante: Paulo VI no es Papa legítimo" 
por el Padre Joaquín Sáenz y Arriaga



NOTA

            "No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los Pastores y Doctores han recibido de Cristo; pues estas dos realidades —como en nosotros el cuerpo y el alma— se completan y perfeccionan mutuamente y proceden del mismo Salvador Nuestro, quien no sólo dijo al infundir el soplo divino: "Recibid el Espíritu Santo", sino también imperó con expresión clara: "Como me envió el Padre, así os envío Yo; y asimismo "el que a vosotros oye, a Mí Me oye" (Papa Pío XII, Encíclica "Mystici Corporis Christi", 29 de Junio de 1943)



BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL AUTOR

                    El Padre Joaquín Sáenz y Arriaga nació en Morelia, Michoacán, México, el 12 de Octubre de 1899. A los 13 años ingresó en la Compañía de Jesús, cursando en el Seminario de Loyola en Barcelona, España, en 1916. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma y obtuvo tres doctorados: en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico. Fue ordenado Sacerdote el 30 Abril de 1930 por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. 

                    En 1952 abandonó la Compañía de Jesús. Durante la década de 1960, se opuso firmemente a las reformas del Concilio Vaticano II y a la implementación de la nueva misa (Novus Ordo). Junto a los entonces sacerdotes Moisés Carmona y Adolfo Zamora, fundó la Unión Católica Trento en México, e inspiró a tradicionalistas en Estados Unidos a crear organizaciones similares para mantener el culto católico previo a las reformas. El Padre Joaquín Sáez y Arriaga entregó su alma a Dios el 28 de Abril de 1976 en la Ciudad de México, a los 76 años. 


domingo, 5 de julio de 2026

LOS QUE SE APARTAN DE LA VOLUNTAD SANTÍSIMA DE CRISTO



                    La "SEDE VACANTE" puede durar y, de hecho, ha durado vacante, según consta en la Historia de la Iglesia, por largo tiempo, sin que esa vacancia del pontificado signifique, en manera alguna, la desaparición de la misma Iglesia. Si afirmásemos lo contrario, tendríamos que decir que el nombramiento del sucesor del Papa muerto debería hacerse simultáneamente con la muerte de su predecesor, ya que, de lo contrario, la Iglesia misma, al no tener Papa, quedaría sin fundamento, y el edificio de la Iglesia vendría por tierra. Muere el Pontífice reinante, pero no muere el Papado, la institución misma de Cristo. 

                    Por eso, así como puede morir un Papa y durar por largo tiempo la legítima elección de su sucesor; así es posible que el Papa, aparentemente legítimamente electo, pueda ser un anti-Papa, un impostor, un infiltrado; y, sin embargo, aun en estas circunstancias aflictivas, el Papado y la Iglesia, como Obra Divina, permanecen incólumes. Recordemos, por ejemplo, el caso del Papa Luna (1), tenido y acatado como verdadero Papa por muchos católicos y aún por Santos que están ahora canonizados por la Iglesia; y, sin embargo, no era Papa.

                    La Obra de Cristo no falla, ni puede fallar, aunque los hombres, consciente o inconscientemente, se confabulen para destruirla, aunque los lobos, revestidos con pieles de oveja se introduzcan fraudulentamente en el aprisco, aunque todo el poder humano parezca unirse para aplastar la resistencia de los que nos empeñamos en defender la Fe Tradicional y Apostólica. 

                    Una cosa es la Iglesia y otra cosa muy distinta los hombres que forman parte de la Iglesia. Esposa de Cristo, Obra e institución del Hijo de Dios, la Iglesia es Santa, es incorruptible; según nos lo aseguran las Promesas del Divino Fundador: las puertas del Infierno no prevalecerán en contra de Ella; mientras que los hombres -cualquiera que sea su jerarquía- son, por su naturaleza (a no ser que estén confirmados en gracia) frágiles, falibles, expuestos a caer en las mayores miserias, como nos lo enseña la Historia misma de la Iglesia. 

                    Es un gran error, es contrario a la Doctrina Católica pensar que cualquier jerarca, por el hecho de ocupar el puesto que ocupa, por el hecho de ser Obispo, o ser Papa, es ya un "santo", es impecable, es siempre y en todo infalible. De suyo, como enseña la Teología Católica, así como los Religiosos, que voluntariamente abrazaron los consejos evangélicos, están obligados no a ser "perfectos", sino a tender a la perfección, así también, los Obispos y mucho más el Papa deben ser perfectos, deben practicar la perfección cristiana, conforme lo exige la excelsa dignidad que tienen, los sumos poderes que han recibido y el bien espiritual de las almas a ellos confiadas. Pero, una cosa es lo que "debe" ser y otra lo que es en realidad. 

                    Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la "inerrancia" de la Iglesia, nosotros confesamos como Dogma de nuestra Fe Católica, es personalmente ni impecable, ni infalible. En la Cátedra de San Pedro se han sentado grandes Santos, pero también insignes pecadores. 

                    De lo dicho se sigue, me parece, que la "Sede de Pedro" pueda estar, en un tiempo, más o menos largo, "vacante" o "impedida" o por la muerte del Papa o porque el Papa que ocupa esa "Sede" falla gravemente al cumplimiento de sus deberes primordiales, o porque, aunque venerado por una porción del Pueblo Cristiano, como legítimo sucesor de Pedro, es un infiltrado, un anti-papa, un lobo revestido de piel de oveja.

                    Al afirmar estas humanas posibilidades -confirmadas desgraciadamente por la Historia de la Iglesia- no estamos, en manera alguna, ni atacando, ni negando la institución de Cristo. Como dice Belloc, nada prueba tanto la divinidad de la Iglesia, su inerrancia, su indestructible duración, garantizada por las Promesas de Cristo, como las miserias humanas, los errores gravísimos de aquéllos que, por su autoridad, deberían ser la garantía y la defensa de la Verdad y de la Santidad de la Iglesia de Dios, a ellos confiada. Si la Iglesia fuese obra humana, ya los hombres hubiesen acabado.

                    ...la Cabeza de la Iglesia es Cristo; que el Papa es el Vicario, el representante visible de esta Cabeza, en la Iglesia Universal, así como los Obispos lo son en sus diócesis, aunque dependientes y subordinados al Papa; que el Cuerpo Místico de Cristo no tiene dos o más cabezas, porque "Pedro, en fuerza del Primado, no es sino el Vicario de Cristo, por cuanto no existe más que una Cabeza primaria de este Cuerpo, es decir, Cristo". Cristo y su Vicario constituyen una sola Cabeza como lo enseñó solemnemente el Papa Bonifacio VIII (2). Y, lo que se dice de los sucesores de Pedro, se debe decir, salva siempre su dependencia del Primado, de todos los Obispos, en sus diócesis. 

                    Siendo Cristo la verdadera Cabeza de la Iglesia y el Papa, Su Vicario, Su representante visible; así como los Obispos, en sus respectivas diócesis, sigúese que, cuando los Obispos o el Papa se apartan, en su Doctrina o en sus disposiciones, de la Voluntad Santísima de Cristo, dejan de ser Sus representantes, sus lugartenientes; dejan de ser cabeza visible de la Iglesia. El Vicario, el representante, el lugarteniente, en tanto será tal, en cuanto se identifique con las Enseñanzas y los Preceptos del Maestro.


Extractos de "Sede Vacante: Paulo VI no es Papa legítimo" 
por el Padre Joaquín Sáenz y Arriaga



NOTAS

            1- En 1394, el Cardenal aragonés Pedro de Luna fue elegido Pontífice en Aviñón (Francia), adoptando el nombre de Benedicto XIII, compitiendo directamente con el Papa de Roma en ese momento, Bonifacio IX. Para solucionar definitivamente la crisis, se convocó un Concilio que depuso a los Papas rivales y eligió a uno nuevo y único, Martín V.

            2- Bula "Unam Sanctam", 18 de Noviembre de 1302


BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL AUTOR

                    El Padre Joaquín Sáenz y Arriaga nació en Morelia, Michoacán, México, el 12 de Octubre de 1899. A los 13 años ingresó en la Compañía de Jesús, cursando en el Seminario de Loyola en Barcelona, España, en 1916. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma y obtuvo tres doctorados: en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico. Fue ordenado Sacerdote el 30 Abril de 1930 por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. 

                    En 1952 abandonó la Compañía de Jesús. Durante la década de 1960, se opuso firmemente a las reformas del Concilio Vaticano II y a la implementación de la nueva misa (Novus Ordo). Junto a los entonces sacerdotes Moisés Carmona y Adolfo Zamora, fundó la Unión Católica Trento en México, e inspiró a tradicionalistas en Estados Unidos a crear organizaciones similares para mantener el culto católico previo a las reformas. El Padre Joaquín Sáez y Arriaga entregó su alma a Dios el 28 de Abril de 1976 en la Ciudad de México, a los 76 años. 



jueves, 23 de diciembre de 2021

NO COMPROMETEREMOS LA VERDAD



               En estos tiempos especialmente, debemos tener caridad y prudencia para todos los que están abiertos a la Verdad y se mueven en el tiempo de Dios y no en el nuestro. 




                Muchos "tradicionalistas" han malinterpretado de alguna manera la caridad con el pensamiento post-Vaticano II, que es la razón de la división entre los diversos grupos "tradicionalistas". No comprometeremos la Verdad, pero entenderemos muy bien cuán confusos son estos tiempos, especialmente aquellos que vivieron los cambios después del Concilio Vaticano II. 

             Por lo tanto, nuestra misión es ser parte de la solución y no del problema. Nuestra preocupación es la salvación de las almas y no la condena de las almas, que está reservada solo para Dios. Por otro lado, no decir toda la verdad no es una opción para nosotros, pero dispensar la verdad de acuerdo con la situación de cada persona es clave en estos tiempos. Dios envió a muchos Santos diferentes que trabajaron de muchas maneras diferentes con la única Verdad.

          Son muchos los Católicos sinceros, que ante la carencia del ejercicio de su Autoridad en las jerarquías eclesiásticas, incluyendo en ellas al mismo Papa, para reprimir la herejía que cunde, abiertamente o solapadamente, en la Iglesia, fomentando no solamente la confusión, sino la defección de muchísimas almas, Sacerdotes y fieles, se preguntan con ansiedad si la Autoridad ha claudicado y, unida al enemigo, conspira, consciente o inconscientemente, en la destrucción de la Iglesia. 

           Y, ante esta tangible crisis de la Autoridad, todos se preguntan, ¿hasta dónde estamos obligados los súbditos a obedecer a los que mandan, cuando ellos se abstienen de mandar, cuando imponen reformas que están mudando totalmente las estructuras de la Iglesia, cuando soslayan la difusión de los más graves y evidentes errores, cuando, abusando de su autoridad, impiden la legítima defensa de la Verdad, cuando ponen los Divinos Misterios en las manos profanas, cuando toleran y respaldan esa obra nefanda de corrupción espiritual y moral de los jóvenes seminaristas, los futuros pastores de las almas?.



Padre Joaquín Sáenz y Arriaga