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viernes, 1 de mayo de 2026

SAN JOSÉ, "HOMO FABER", Modelo y Patrón de los trabajadores



                       No solo es San José modelo de todos los estados, sino también de diversas clases y oficios de la sociedad. Sin embargo, no puede negarse que lo es especialmente de aquellos que más parecido y semejanza tienen con el oficio que él ejercitó, "Homo faber" (1), tales son los obreros y artesanos. Estos pueden decir a boca llena que San José les pertenece, que es de los suyos.

                       Y es así, en verdad. San José se presta más directamente a la imitación de los obreros, porque obrero fue el Santo Patriarca; y por lo mismo, si vale decirlo, a los obreros y artesanos profesa especial cariño y está a primera vista más dispuesto a favorecer en igualdad de circunstancias.

                       Fácilmente se comprende que tenga San José predilección por los de su clase y oficio, y que se compadezca mejor de sus trabajos, por la sencilla razón de haber pasado por ellos y tener conocimiento experimental de los apuros en que suelen hallarse y de los vejámenes que a veces tienen que sufrir de parte de los patronos y de los ricos. Sabe por experiencia San José lo que es ganar su sustento cotidiano con el sudor de su frente; sabe cómo duele, después de haber estado trabajando con esmero y diligencia todo el santo día, cuando se esperaba el salario con una sonrisa de aprobación al presentar terminada la tarea, ver despreciada su obra, dejar descontento al que la encargó y recabar a duras penas, no sin bochorno, el precio estipulado; sabe qué es pasar un día y otro en forzosa ociosidad por falta de trabajo o excesiva multitud de brazos; qué es echarse encima la noche o acercarse el fin de semana sin poder llevar a casa lo necesario para comprar el sustento de la familia, y verse obligado a pedir que le presten fiado el pedazo de pan que han de llevarse los hijos a la boca. Todo eso y mucho más sabe San José como ninguno, y natural es que a ese conocimiento se siga la compasión y el amor hacia los que padecen las mismas miserias que un día padeció.

                      Pues por lo mismo es el más alto y perfecto modelo, y el que más autoridad tiene para instruir y consolar a obreros y artesanos. Porque San José, que pasó por todas esas molestias y contrariedades de la vida laboriosa, fue, no obstante, en su mortal carrera, feliz en cuanto se puede ser; y ahora que goza de inmenso valimiento en el Cielo, puede ya quiere favorecer a los artesanos y obreros como ninguno.

                       ¿De qué manera? ¿Haciendo que éstos naden en la abundancia? No. ¿Haciendo que desaparezcan de la vida las penas y trabajos? Tampoco. ¿Trayendo la nivelación social y aboliendo la diferencia de clases?. Mucho menos. ¿Pues cómo?. Con lo mismo que él fue relativamente feliz.

                       Lo que hizo relativamente feliz a San José es, en primer lugar, la Fe y la Religión. El conocimiento y esperanza de lo sobrenatural, de otra vida, de otros bienes que no consume el hollín, ni roban los ladrones, ni están expuestos a las vicisitudes de las cosas terrenas. A medida que esta Fe y esperanza crezcan y reinen en el corazón, decrecerá la estima de los bienes de este mundo y no se mirarán como la suprema felicidad del hombre. Nacerá de aquí la resignación cristiana y la confianza en Dios y en Su amorosa Providencia, que nunca desampara a los suyos y acude en la mayor necesidad, y nunca dejará de mover los corazones de los cristianos.

                       Cristo Nuestro Señor y San José, el hijo del artesano y el artesano, que vivieron en la oscuridad y llevaron una vida pobre y laboriosa. Entonces aparecerá con todo su esplendor la excelsa dignidad de los pobres y obreros en la Iglesia, y resonarán con eco potente, para consuelo de los humildes y resignados, las profundas palabras del Salvador del mundo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". Se amará la imitación de Cristo; seguirán con holgura las pisadas del Divino Maestro sobre la tierra, y ante la perspectiva de la corona inmarcesible que ha de ceñir eternamente las sienes del humilde y resignado artesano, parecerá menos dura la pobreza y más llevadera la condición de los obreros.

                       Quien se penetre bien de estas ideas, antes será envidiado que envidioso. Pues éstas fueron las que alimentaron y nutrieron el espíritu de San José, y las que él procurará inculcar en el espíritu de los obreros sus devotos.


Extraído de la "Vida de San José"
por el Padre Francisco de Paula García, SI


NOTA

                1) Expresión que deriva del pasaje "Nonne hic est fabri filius? Nonne mater ejus dicitur Maria...?"  (Evangelio de San Mateo, cap. 13, vers. 55); en el siglo IV, cuando San Jerónimo tradujo las Sagradas Escrituras del griego al latín, utilizó el término "faber", que se puede traducir por "artesano" o "carpintero"), que corresponde al término griego "tekton", indicando a alguien que trabaja con madera o piedra. 




miércoles, 13 de noviembre de 2024

SAN JOSÉ VIVIÓ POBRE Y MURIÓ POBRE

  



               Algunos escritores opinan que el Glorioso Patriarca San José, con la herencia de sus padres hubiera podido llevar una vida, si no rodeada de comodidades, pasajera y desahogada por lo menos;  pero conociendo ya desde los albores de su juventud cuánto agradaba a Dios la pobreza voluntaria, se abrazó interiormente con ella, esperando tiempo y sazón para desprenderse de todo y repartirlo con los pobres; y cuando siguiendo los designios del Eterno, contrajo matrimonio con la Reina de los Cielos, presto dio feliz cumplimiento a sus felices propósitos de pobreza, pues en compañía de su Esposa, y con su consentimiento y acuerdo, se despojó de todos sus bienes, distribuyéndolos generosa y caritativamente entre los menesterosos, contento de ganar el pan con el sudor de su frente.

               De esta suerte, bien se puede asegurar que San José, por su propia elección y con gran contento de su alma, se hizo pobre, vivió pobre y murió pobre, pues nada tuvo que legar en su tránsito ni a Jesús ni a su queridísima María, si no fueron las herramientas de su oficio. Pero su pobreza, tan santa y tan sublime, no fue perezosa ni holgazana, sino sumamente activa y diligente; de manera que trabajando con solícito afán, no solo atendía a las propias necesidades y a las de la familia, más también como éstas eran cortas e insignificantes, socorría igualmente con lo sobrante a los pobres del Señor.

               ¡Con qué brillo se manifestó esta edificante pobreza en su viaje a Belén!. Por verle tan pobre le rechazaron sus parientes y le despidieron en las posadas, hasta obligarle a hospedarse en una cueva, refugio de pastores errantes y abierta a todas las inclemencias del tiempo; y allí, sufriendo los rigores de la pobreza, vio recién nacido al Redentor del mundo, reclinado en un pesebre y envuelto en pobres pañales, permaneciendo pobremente allí por espacio de cuarenta días. Mucho sentía San José contemplar a las prendas más queridas de su alma rodeadas de tanta miseria, sin ni siquiera poder gozar de un camastro de pajas para tomar un descanso; pero, ¿qué podía hacer sino resignarse con la Divina Providencia?. ¿Puede imaginarse una pobreza más santa y elevada, pobreza semejante a la cueva de Belén?. San José no se queja, sino que adora, contento y agradecido los designios del Altísimo; saborea humildemente los efectos de la santa pobreza, y prendado de aquella pobrísima morada, no la hubiera trocado por los más suntuosos y espléndidos palacios del Universo.

               ¡Con qué gozo y veneración bendecía y alababa las disposiciones del Todopoderoso en preparar para Su Hijo Eterno, alojamiento tan miserable!. ¡Cómo se imprimían en su corazón aquellas lecciones que con su ejemplo soberano nos daba el Señor desde su entrada en el mundo!. No tardó mucho en confirmarlas son sus propios hechos, porque la ofrenda que presentó en el Templo, después de los cuarenta días del Nacimiento de Nuestro Señor, no fue sino la propia de los pobres, consistente en un par de palomas, señalada así por la Ley...


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI




miércoles, 4 de septiembre de 2024

BENDITA SEA TU HUMILDAD



               Cuando el Señor, en Su infinita Misericordia, promulgó el decreto de nuestra Redención, no sólo escogió en el tiempo todas las circunstancias que debían preceder, acompañar y seguir a su ejecución, sino que también determinó con toda precisión el oficio y orden de todos los que debían tomar parte en tan portentoso Misterio.



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               De aquí se sigue que, como María debió de estar comprendida inmediatamente después de Jesús en el el decreto de la Encarnación del Verbo y predestinada a ser augustísima Reina y Madre del Hijo de Dios, a la predestinación de la Virgen María debió seguir también inmediatamente la de San José, porque para ocultar al mundo este Misterio hasta que se realizara, así como para poner a salvo el Honor de la Madre y el buen Nombre del Hijo, era preciso que María fuera desposada con el varón más justo y humilde de la casa de David, y por eso no se concibe la predestinación de la Virgen Santísima sin contemplar a Su lado a Su castísimo Esposo, el Glorioso Patriarca San José.

               ...deduce el insigne Padre Morales que, así como el Nombre de Jesús es el primero que ab aeterno se escribió en el Libro de los Predestinados, como la cabeza de todos ellos, y el segundo el Dulcísimo Nombre de María, como Madre de Jesús, así en su proporción relativa, debió de ocupar el tercer lugar el Suavísimo Nombre de San José, como Esposo de María y fiel Guardián y sostén de Jesucristo.

               San Bernardo escribe que San José, y sólo San José, con preferencia a los más santos y distinguidos personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, fue constituido por Dios en la tierra como coadjutor o cooperador fidelísimo del gran Consejo, esto es, de la Encarnación del Verbo increado. San Bernardino de Siena encomia al Glorioso Patriarca por haber sido elegido por el Eterno, con generosa providencia, guarda y defensor de sus principales tesoros, Jesús y María. 

               He aquí el origen y vena inagotable de las grandezas de San José: su predestinación eterna a ser cooperador del Misterio más grande que adoraron los siglos.


"Vida de San José
por el Padre Francisco de Paula García, SI




miércoles, 28 de julio de 2021

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ ELIGIÓ SER POBRE



               Algunos escritores opinan que el Glorioso Patriarca San José, con la herencia de sus padres hubiera podido llevar una vida, si no rodeada de comodidades, pasajera y desahogada por lo menos;  pero conociendo ya desde los albores de su juventud cuánto agradaba a Dios la pobreza voluntaria, se abrazó interiormente con ella, esperando tiempo y sazón para desprenderse de todo y repartirlo con los pobres; y cuando siguiendo los designios del Eterno, contrajo matrimonio con la Reina de los Cielos, presto dio feliz cumplimiento a sus felices propósitos de pobreza, pues en compañía de su Esposa, y con su consentimiento y acuerdo, se despojó de todos sus bienes, distribuyéndolos generosa y caritativamente entre los menesterosos, contento de ganar el pan con el sudor de su frente.

               De esta suerte, bien se puede asegurar que San José, por su propia elección y con gran contento de su alma, se hizo pobre, vivió pobre y murió pobre, pues nada tuvo que legar en su tránsito ni a Jesús ni a su queridísima María, si no fueron las herramientas de su oficio. Pero su pobreza, tan santa y tan sublime, no fue perezosa ni holgazana, sino sumamente activa y diligente; de manera que trabajando con solícito afán, no solo atendía a las propias necesidades y a las de la familia, más también como éstas eran cortas e insignificantes, socorría igualmente con lo sobrante a los pobres del Señor.

               ¡Con qué brillo se manifestó esta edificante pobreza en su viaje a Belén!. Por verle tan pobre le rechazaron sus parientes y le despidieron en las posadas, hasta obligarle a hospedarse en una cueva, refugio de pastores errantes y abierta a todas las inclemencias del tiempo; y allí, sufriendo los rigores de la pobreza, vio recién nacido al Redentor del mundo, reclinado en un pesebre y envuelto en pobres pañales, permaneciendo pobremente allí por espacio de cuarenta días. Mucho sentía San José contemplar a las prendas más queridas de su alma rodeadas de tanta miseria, sin ni siquiera poder gozar de un camastro de pajas para tomar un descanso; pero, ¿qué podía hacer sino resignarse con la Divina Providencia?. ¿Puede imaginarse una pobreza más santa y elevada, pobreza semejante a la cueva de Belén?. San José no se queja, sino que adora, contento y agradecido los designios del Altísimo; saborea humildemente los efectos de la santa pobreza, y prendado de aquella pobrísima morada, no la hubiera trocado por los más suntuosos y espléndidos palacios del Universo.

               ¡Con qué gozo y veneración bendecía y alababa las disposiciones del Todopoderoso en preparar para Su Hijo Eterno, alojamiento tan miserable!. ¡Cómo se imprimían en su corazón aquellas lecciones que con su ejemplo soberano nos daba el Señor desde su entrada en el mundo!. No tardó mucho en confirmarlas son sus propios hechos, porque la ofrenda que presentó en el Templo, después de los cuarenta días del Nacimiento de Nuestro Señor, no fue sino la propia de los pobres, consistente en un par de palomas, señalada así por la Ley...


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 21 de julio de 2021

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, EL SANTO MÁS ENCUMBRADO EN EL PARAÍSO

 

               El Glorioso Patriarca San José goza ante Dios de poderoso valimiento, y que, después de la Virgen Santísima, ninguno de los Ángeles ni de los Santos, no ya le aventaja, pero ni siquiera le iguala. En el Cielo, aunque a todos comunica el Altísimo la Eterna Bienaventuranza, descubriéndoles claramente Su Divina Faz, y aunque a todos benignamente oye, según aquello que dice el Salmo 30 "Oculi Domini super iustos et aures eius in preces eorum", a los justos atiende el Señor y escucha benignamente sus preces. Con todo, así como les comunica diferente brillo, según los quilates de sus virtudes, así mira de una manera especial por los que más se distinguieron en Su servicio.




               San José fue el más parecido por sus gracias y perfecta correspondencia a la Reina de los Cielos, así lo debemos ensalzar por el más poderoso Abogado y eficaz intercesor, a quien en todas nuestras necesidades podamos acudir después de María. El mismo Papa Benedicto XIV, no menos distinguido por su saber que por su celo de la pureza de la Doctrina Católica, confesaba llanamente que San José había recibido gracias y prerrogativas tan grandes, excelsas, indubitables y peculiares, que jamás se habían comunicado a ningún otro Santo. Luego, ningún otro Santo, ni entre los más encumbrados, tiene para con Dios tan superior empeño e influencia.

               ¿Quién no acudirá entonces a tan grato Santo en todos sus apuros?. ¡Bellísima y segura subida es por la escala de José ir a María, de María a Jesús y de Jesús al Eterno Padre, para conseguir cuanto bien se pida!. Basta suplicar a José que muestre a la Virgen sus callos y sudores, y a la Virgen, que muestre a Jesús Su pecho y Sus lágrimas, y a Jesús, que muestre al Padre Eterno sus golpes y heridas, para lograr feliz resultado en nuestros ruegos. Con todo derecho, el Patriarca San José, intercediendo por sus devotos, pudiera recordar a Cristo y a María las fatigas y amarguras sufridas con tanta generosidad para buscarles un pedazo de pan, diciéndoles aquello del Profeta Isaías "...mirad, en mis manos os grabé, y vuestros muros tuve siempre delante de mis ojos". Porque ¿por quién respiró, por quién se desveló, por quién se despulsó y se pereció el Santo Patriarca José, en el periodo de treinta años, sino por Jesús y María, para proveer de lo necesario aquella Santa Casa?.

               ¡Qué Gloria!. ¡Qué Poder el de Nuestro Patriarca!. ¿Quién osará poner límites a su valimiento, cuando el mismo Rey de los Cielos quiso vivir sujeto a sus órdenes?. Pregonemos por todos los confines de la tierra que Nuestro Padre y Señor San José está tan revestido de tal influjo y poder, que ninguna de sus propuestas ha sido jamás rechazada...


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 30 de diciembre de 2020

JESÚS Y MARÍA: ALIMENTO ESPIRITUAL DE SAN JOSÉ


               De San José debe también entenderse lo que de María dice el Evangelista San Lucas, a saber: que conservaba con gran diligencia en su memoria todo cuanto oía sobre Jesús y sobre el cumplimiento de las Profecías. Grabados tenía en su mente los relatos, así de los Pastores y Magos que adoraron al Niño en Belén, como de Simeón y de de Ana que lo magnificaron en el Templo. ¡Con cuánto mayor empeño y fruición conferiría con su alma, haciendo de ellas su espiritual alimento, las palabras que brotarían de los Corazones y de los labios de Jesús y de María! 



Fe de erratas: en la imagen, al comienzo del texto léase "alegraría"


               Y claro está que esta continuación de oír los secretos divinos y con la cotidiana conferencia y consideración de ellos, aprovecharía en la inteligencia de las Santas Escrituras, ayudándole no para ello la lumbre superior de la Gracia y los hábitos infusos y adquiridos de la sabiduría, y sobre todo, la frecuente comunicación y enseñanza del Verbo increado.

               Hacen también algunos participante a San José del privilegio que muchos Doctores conceden a María Nuestra Señora: que no se interrumpía su contemplación durante el sueño; ya que se lee en la Vida de algunos Santos que varias veces, por gracia especial, durmiendo el cuerpo seguían con el alma desvelada y ocupada en cosas celestiales. 

               ¿No sabemos, por ventura, de nuestro Patriarca San José, con toda certidumbre, que mientras dormía estuvo conversando con los Ángeles sobre materias de su gobierno con tal lucidez como si estuviera en vigilia? Así aplican a la Virgen Santísima aquellas palabras de los Cantares "Yo duermo y mi corazón vigila", entendiéndolas, no solo por aquel fervor con que se repiten entre sueños los afectos y discursos en que con amorosa intensidad nos ocupamos durante la vigilia, sino también por la vela continuada de las facultades superiores, de suerte que, aunque duerma el cuerpo descansando de todo movimiento y sensación, el entendimiento y voluntad obran como perfectamente desvelados. 

                Así lo explica San Bernardino de Siena: "El sueño, que a nosotros nos abisma y sepulta los actos de la razón y libre albedrío, y, por tanto, el acto de merecer, no creo que obrara tales efectos en la Virgen, sino que su alma aun entonces tendía libre y meritoriamente a Dios, por lo cual aun en sueños contemplaba con mayor perfección que otro alguno en tiempo de vigilia." A San José, dotado por el Altísimo de infinidad de virtudes, le bastaba mirar en torno suyo y sin esfuerzo ninguno, encontraba objetos dignísimos que cautivaban su atención y sus afectos. 

               Decía Nuestro Señor a Sus Discípulos: "Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. ¡Cuántos reyes, patriarcas y profetas lo desearon y no les fue concedido!" ¿No se alegría sobre todo San José, más feliz que los Apóstoles y más venturoso que Abraham, no solo por haber visto con sus propios ojos al Redentor, más también por haber gozado de su conversación y de su compañía por espacio de tantos años?. 

               No es, pues, de maravillar que viviera continuamente en ferventísima oración; lo portentoso e inexplicable sería que, amaestrado en tan acreditada escuela, con instructor tan hábil y aventajado, no hubiera subido a mayor altura que los Santos más distinguidos por su elevada contemplación.


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 16 de diciembre de 2020

EL SUAVÍSIMO NOMBRE DE SAN JOSÉ, TERCERO EN EL LIBRO DE LOS PREDESTINADOS


               Cuando el Señor, en Su infinita Misericordia, promulgó el decreto de nuestra Redención, no sólo escogió en el tiempo todas las circunstancias que debían preceder, acompañar y seguir a su ejecución, sino que también determinó con toda precisión el oficio y orden de todos los que debían tomar parte en tan portentoso Misterio.




               De aquí se sigue que, como María debió de estar comprendida inmediatamente después de Jesús en el el decreto de la Encarnación del Verbo y predestinada a ser augustísima Reina y Madre del Hijo de Dios, a la predestinación de la Virgen María debió seguir también inmediatamente la de San José, porque para ocultar al mundo este Misterio hasta que se realizara, así como para poner a salvo el Honor de la Madre y el buen Nombre del Hijo, era preciso que María fuera desposada con el varón más justo y humilde de la casa de David, y por eso no se concibe la predestinación de la Virgen Santísima sin contemplar a Su lado a Su castísimo Esposo, el Glorioso Patriarca San José.

               ...deduce el insigne Padre Morales que, así como el Nombre de Jesús es el primero que ab aeterno se escribió en el Libro de los Predestinados, como la cabeza de todos ellos, y el segundo el Dulcísimo Nombre de María, como Madre de Jesús, así en su proporción relativa, debió de ocupar el tercer lugar el Suavísimo Nombre de San José, como Esposo de María y fiel Guardián y sostén de Jesucristo.

               San Bernardo escribe que San José, y sólo San José, con preferencia a los más santos y distinguidos personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, fue constituido por Dios en la tierra como coadjutor o cooperador fidelísimo del gran Consejo, esto es, de la Encarnación del Verbo increado. San Bernardino de Siena encomia al Glorioso Patriarca por haber sido elegido por el Eterno, con generosa providencia, guarda y defensor de sus principales tesoros, Jesús y María. 

               He aquí el origen y vena inagotable de las grandezas de San José: su predestinación eterna a ser cooperador del Misterio más grande que adoraron los siglos.


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 9 de diciembre de 2020

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, VIRGINAL GUARDIÁN DE LA REINA DE LOS ÁNGELES


              Ya hemos hablado anteriormente como San José, desde edad temprana, concibió el propósito de guardar perpetua virginidad, voto que, después de contraído el matrimonio, sabedor del mismo propósito y deseo de la Santísima Virgen, renovó con Ella, haciendo de si al Señor completa ofrenda, y a tan alto grado llevó esta angelical virtud, que su amantísima Esposa, que cual nadie en el mundo podía apreciarla, trataba y conversaba con él con la misma seguridad y paz que lo hacía con los Ángeles del Cielo.




               De esto se desprende que San José fue un Ángel, y más que un Ángel, en carne mortal; lo cual hace exclamar a San Bernardo: "¿Es posible que fuera solo virgen aquel que con tanta edificación fue continuo compañero y conviviente de su Virgen Esposa? ¿Aquel que la condujo de Nazareth a Egipto y de Egipto a Nazareth, viajando solo con Ella por caminos tan largos y solitarios? ¿Quién no ve aquí una virginidad superior a todo humano encarecimiento, una virginidad más que angelical?"

               En cuatro excelencias sobresalió San José particularmente respecto de su pureza. Fue la primera por la duplicidad de esta virtud, ya que la virginidad de los Ángeles es sencilla o de solo espíritu, y la de San José es doblada, o de alma y de cuerpo, y en ambas partes eminentísima. 

               La segunda, por su nobleza, dado que la virginidad de los Ángeles proviene de su misma naturaleza, y la de San José tiene por principio la gracia, por lo cual cuanto más noble y excelente de ésta que aquélla, tanto más resplandeció la virginidad de nuestro Santo que la de aquellos Espíritus celestiales. Convencido de esta verdad, exclamaba San Bernardo: "Buen Jesús, huélgome más de ser preferido a los Ángeles por gracia, que de ser Ángel por naturaleza". 

               La tercera, por más fructuosa y meritoria, porque la virginidad de los Ángeles se mantiene sin lucha ni victoria, y la de San José, aunque no tuvo que pelear contra los estímulos de la carne, fue, con todo, victoriosísima, por haber triunfado de las preocupaciones de su cuerpo, y así fue más gloriosa y meritoria.

               La cuarta, por más loable y calificada, puesto que los Ángeles, como puros espíritus, son incapaces de gozar deleites corporales, y, por tanto, son vírgenes por necesidad de su naturaleza, cuando el castísimo Esposo de María guardó toda su vida fresco y lozano el lirio cándido de la pureza, no por necesidad, sino por elección y voluntad propias, habiendo renunciado con propósito firme e inviolable a todos los placeres de la carne para agradar más a Dios, y por el amor acendrado que tuvo a esta celestial virtud.

               San José, por su pureza, fue más bien Ángel que hombre, y aún más que Ángel, pues mereció ser por ello digno Esposo y Guardián de la Reina de los Ángeles. Tenía Dios determinado que Jesús Nuestro Señor naciera bajo la sombra del virginal enlace de María y de José, porque, según sentencia de San Francisco de Sales, sólo de un matrimonio del todo y por todo incomparable por su angelical pureza, podría nacer el que por Su esencia es Purísimo.  


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 2 de diciembre de 2020

EL CORAZÓN DE SAN JOSÉ, MODELO DE AMOR Y PUREZA


               Al predestinar el Eterno al Glorioso Patriarca San José para ser padre adoptivo de Jesús, hubo de darle necesariamente un corazón de padre, digno del Hijo que le confiaba. Y si este cariño natural toma mayor incremento e intensidad cuanto mejor se ajustan los hijos a las nobles aspiraciones de los padres y más se desviven por su consuelo, ¿cuánto se acrecentaría en el amoroso corazón de San José, que nunca halló en las condiciones y conducta del Divino Infante sino motivos de satisfacción y complacencia, que superaban con mucho a todo cuanto podía esperar y desear de su filial correspondencia?




               Al contemplar San José a Jesucristo, no ya irreprensible, que esto solo sería poco digno de su grandeza, sino, además de perfecto y santísimo en todo género de virtudes, adornado también con divinos rayos de todas las perfecciones, como que era la fuente de toda justicia, saber y belleza, ¿podría con tales incentivos poner lindes a las llamas de su abrasado pecho?, ¿no era esto más que suficiente para derretirle en este fuego sagrado?.

               Si para cualquier alma bien dispuesta fuera hoguera de amorosas llamas gozar con ojos corporales siquiera una hora, de la vista de Cristo, con aquella hermosura y agrado con que trataba a sus amigos, ¿qué fuego no prendería en el corazón de San José, disfrutar de esta ventura por gran parte de su vida, conversando por tanto s años tan íntimamente con Él, comunicándole tan llana y dulcemente sus afectos y secretos, sirviéndole con no menos humildad que complacencia, viéndose de Jesús tan humilde y cariñosamente servido?.

               El Santo Patriarca San José destacó además por la pureza de intención, por la cual jamás se buscó a sí mismo ni a otra cosa humana ni terrena en todos sus pensamientos, palabras y obras, sino solo a Dios y a Su mayor Gloria. El Amor de Dios era el único inspirador de sus acciones, el único móvil de su corazón, el único anhelo de su alma. En medio de sus tareas, todo embebido estaba en Dios, y cuando el sudor bañaba su frente y sus miembros fatigados pedían descanso, no pensaba sino en Dios, y solo el recuerdo de que trabajaba por Dios le comunicaba bríos y fuerzas, hallando en el Divino Amor su verdadero reposo.

               Por el Amor de Dios de que estaba inflamado el corazón de San José puede deducirse el que tendría a su prójimo. Desde que la Luz de la Fe iluminó su alma, fue instruido perfectamente sobre la necesidad del Advenimiento del Mesías para la Redención del género humano; por eso San José no cesaba de unir sus ardientes súplicas a las voces de los Patriarcas que suspiraban fervorosos por la pronta llegada del Divino Libertador... "Yo enviaré de lo alto mi victoria, como rocío del cielo y lluvia de las nubes, y la tierra la recibirá; como fruto producirá la salvación y a su lado florecerá la justicia..." (Profeta Isaías, cap. 45, vers. 8)


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 18 de noviembre de 2020

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, DOCTOR Y MAESTRO


               Conquistó San José la aureola de Doctor, pues mereció ser colocado en el catálogo de aquellos ilustres hombres que la Santa Iglesia reconoce como Doctores y Maestros, ya que el Santo Patriarca poseyó gran fondo de doctrina acerca de los Misterios de la Fe. 




               ¿Quién podrá compararse con San José, ya sea en conocer los Misterios de la Religión, ya sea en verse favorecido con luces y revelaciones del Cielo acerca de las verdades dogmáticas? ¿Quién como él pudo gloriarse, salvo siempre la Virgen María, de haber frecuentado por treinta años seguidos la escuela de la Divina Sabiduría? Pudo pues San José, con suma facilidad y lustre ganarse la aureola de Doctor. Pero preguntamos ahora: ¿fue tal su lucimiento con esta ciencia que mereciera con toda justicia ese timbre de gloria?

               De Jesucristo Nuestro Señor se dice que es Maestro Supremo de los Doctores, que para conducirse como pauta y modelo de todos ellos empezó a obrar y enseñar: coepit facere et docere, esto es, "comenzó a hacer y a enseñar" (Hechos de los Apóstoles, cap. 1, vers. 1). Si nos es permitid comparar el cedro con el arbusto, lo grande con lo pequeño, lo infinito con lo criado, ¿no podremos decir algo parecido, ya que no otro tanto, de nuestro Doctor insigne San José?. Más con hechos que con palabras predicó a Jesucristo en Belén, en Egipto, en Nazareth, para edificación del mundo, y as u ejemplo hoy día mismo siguen muchos la pobreza, humildad y mansedumbre de que nos dio San José tan señaladas muestras.


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 17 de junio de 2020

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, VIRGEN Y MÁRTIR





            La Aureola de la Virginidad, sin contradicción alguna, circunda las sienes del castísimo Esposo de María; de manera que si en aquél concierto celestial de vírgenes que siguen al Cordero donde quiera que va y cantan un cántico que no se permite a otros cantar, la Reina Inmaculada capitanea a las castas esposas de Jesucristo, que crucificaron su carne con todas sus concupiscencias, San José acudilla detrás de Jesús a todos los varones que, vencedores de sí mismos, no mancillaron jamás el lirio de la pureza virginal. Es probable que mucho antes de sus desposorios con la Virgen sin mancilla había San José ofrecido con voto al Señor esta virtud angelical; y es cosa cierta y recibida por los Sagrados Doctores que, limpio de cuerpo y alma, después de su matrimonio prometió, junto con María, perpetua virginidad al Señor de toda pureza.

            La Aureola de los Mártires resplandece también en San José. No es la pena -dice San Agustín- sino el motivo de ella lo que hace Mártires. Así vemos a San Juan Evangelista, a Santa Tecla, a San Martín, Papa; a San Eusebio, Obispo, a San Silverio y a otros, los cuales, aunque por un portento de Dios no murieron en los tormentos, son venerados por la Iglesia como Mártires porque, en testimonio de su Fe, arrastraron tormentos capaces de quitarles la vida. Hay también Mártires de la Caridad, Mártires de Deseo, como San Francisco de Asís; hay Mártires de Corazón, como Nuestro Padre y Señor San José.

            No fue la espada del verdugo, sino agudísimos dardos de amor y de dolor los que traspasaron el alma del Santo Patriarca. Si nos paramos a meditar en el amor incomparable que San José profesó a Jesús, a quien quería, ya como su Dios y Criador, digno de amor infinito; ya como a hijo inmensamente amable por Su hermosura, sabiduría, bondad y por todos los atractivos que aprisionan el corazón, ¿no confesaremos que al oír de los labios de Simeón la triste profecía sufría un Martirio y pesar tan vivos, que solo Dios, que sondea los corazones, pudo perfectamente medir?.

            Y esta espada de dolor, clavada en lo más hondo de su corazón, la llevó atravesada por espacio de treinta años, reproduciéndose la herida, que nunca se cicatrizó, con la fuga y destierro a Egipto y con los demás trabajos y penalidades del resto de su vida, soportados todos por Jesús, su Dios y Señor, y únicamente por Jesús. El sabio Orígenes escribe que solamente por la huida a Egipto padeció San José más que todos los Mártires. 




            ¿Diremos que no derramó por Jesús ni una sola gota de sangre? Tampoco derramó María Su sangre por la Fe, y sin embargo, por la amargura y pena con que inundó su alma el pronóstico de Simeón, la veneramos todos los fieles como Reina de los Mártires. ¿Negaremos a San José la Gloria del Martirio, cuando en las mismas circunstancias sintió su corazón anegado de angustias?

            Los tormentos de otros Mártires terminaron con la muerte, pero el alma de San José estuvo en perpetuo dolor toda su larga vida, aún más allá del sepulcro. Iluminado por Dios y por la luz de las Santas Escrituras, conocía perfectamente la Pasión de Jesús, y su recuerdo continuo era para su alma una espada penetrante. 



"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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miércoles, 10 de junio de 2020

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ ESTÁ EN EL CIELO, A LA DIESTRA DE SU HIJO JESÚS


            El piadoso Juan Gerson, tan devoto como entusiasta de las Glorias del Santo Patriarca, resueltamente asegura que "San José, en el Cielo, fue colocado a la diestra de Jesús, es decir, en posesión de Sus bienes principales; porque, como dijo el Señor, donde Yo esté, allí estará Mi Ministro; y aquél parece que se ha de colocar más cerca de Jesús, en la Gloria del Cielo, que en el Ministerio de la Tierra le fue más allegado y conjunto, más diligente y fiel después de la Virgen, su Esposa".




            El valor de este argumento se refuerza si juntamos las razones de San Bernardino de Siena, citadas por casi todos los que escribieron posteriormente sobre estas materias.

            Colocan éstos a la Virgen Soberana en el Cielo, sentada en una cuarta Jerarquía, puesta debajo del Trono de la Divinidad, y sobre las otras tres de los bienaventurados, distinguiendo en ella dos órdenes: uno superior, en el cual está entronizada la Reina de los Cielos, y otro inferior, que ocupa el incomparable San José, Su Esposo, siendo ambos a dos glorificados en cuerpo y alma. 

            Porque así como la dignidad de María, por ser Madre de Dios, es incomunicable a otra criatura, y como a tal le pertenece en la celeste Jerusalén un asiento superior a todos los Ángeles y Santos, así la Dignidad de San José, como Esposo de la Virgen y por haber sido honrado con el nombre de Padre de Cristo, no menos en la opinión de los hombres que en la predestinación divina, no se puede comunicar a ningún otro Santo. ¿Cómo era dable que la Virgen María tuviera junto a sí a otro superior a Su Esposo, del cual recibió Jesús el título de hijo legítimo y los derechos hereditarios al trono de Israel, por cuanto brilló ante los hombres con el dictado y obligación de padre?




            Se puede asegurar que en el Cielo ocupa el Santo Patriarca el primer lugar en los premios, después de María. por cuanto después de Ella fue quien más amó a Jesucristo con amor natural, adquirido y sobrehumano, y quien con este triple amor fue de Jesús constantemente amado en grado superior al en que amaron y fueron amados aún aquellos que recibieron las primicias del Espíritu Santo, pues como prueba el docto Padre Suárez, son tan singulares los títulos y timbres de San José, y de orden tan aventajado sobre los demás Santos, que, como en sujetos tan diversos, no cabe entre él y ellos comparación ni semejanza.





miércoles, 3 de junio de 2020

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, ELEVADO POR ENCIMA DE LOS ÁNGELES


               En la vida de San José convenía, para el buen desempeño del oficio que el Eterno Padre le había confiado, que el Santo Patriarca fuera todo puro y santo, sin que experimentase el menor acto de rebeldía entre la carne y el espíritu, ni inclinación al mal, ni dificultad para el bien; esto es, que fuese digno padre adoptivo del Hijo de Dios, que quiso nacer de una madre virgen; y esto solo podía conseguirse librando al Glorioso Patriarca de la concupiscencia o apetito desordenado de las cosas sensuales, triste herencia del pecado original.



San José, Padre Adoptivo y Custodio del Sagrado Corazón de Jesús
ruega ahora y siempre por nosotros


               Esta santidad de San José le colocó en un grado más elevado que el de los Ángeles, porque estando destinados éstos a la custodia de los hombres, para la de Jesús y María no destinó el Señor legiones de Ángeles, sino a San José, a quien ambos vivieron sometidos. Ni la fe de los Patriarcas, ni la esperanza de los Profetas, ni la caridad de los Serafines, ni las austeridades de los Anacoretas, ni las virtudes de todos los Santos, igualan a la alta dignidad del Ministerio del Glorioso Patriarca. Por esto, sin duda, decía el Papa Benedicto XIV que las gracias y prerrogativas espirituales de San José son grandes, excelsas y tan propias de él, que a ningún otro Santo han sido comunicadas. 

                En los inescrutables designios de la Divina Providencia estaba determinado que el Verbo humanado tomase carne de la sangre de Abraham y de la estirpe de David, y de esta misma sangre y regia estirpe descendía el Patriarca San José, y de ello dio testimonio el mismo Arcángel Gabriel en la sobrenatural aparición en que le fue descubierto al Patriarca el Misterio de la Encarnación..."no temas , José, hijo de David", fueron las primeras palabras que le dirigió el Arcángel, y así lo confirman los Evangelistas en la genealogía  de Jesucristo por la línea legal paterna, casi idéntica a la natural materna, porque la Ley Antigua prescribía que los hombres de una tribu y parentela se casasen con mujeres de la misma tribu y parentela. Así sucedió entre los ascendentes de la Virgen María y de San José, ambos de la tribu de Judá y de la estirpe de David, y primos carnales, por ser Santa Ana, madre de la Virgen, hermana de Jacob, padre de San José. De todo lo cual resulta que la genealogía del Santo Patriarca es sobremanera gloriosa y se halla ilustrada por una larga serie de Patriarcas, Reyes y grandes personajes, como no podía menos de ser la rama del linaje humano de la que había de nacer el Mesías verdadero, según lo anunciado por los Profetas.

               Según los datos más auténticos San José nació en Belén, la ciudad de David, de quien descendía el Patriarca. Y fue precisamente a Belén a empadronarse cuando así lo ordenó el edicto de César Augusto. De esta manera se cumpliría la Profecía de Miqueas que anunciaba el Nacimiento del Mesías en Belén.




               En el Nacimiento de Jesús, la Gruta de Belén resonó con los conciertos angélicos y se anunció a los pastores la paz; del Nacimiento de María Nuestra Señora, nos dice la Iglesia que trajo la alegría a todo el mundo; sobre el Nacimiento de San Juan Bautista refieren la Sagrada Escritura que muchos fueron los que se alegraron; y siendo esto así, ¿qué no podría decirse del Nacimiento de San José, digno Esposo de María, a quien Jesús se mostró sumiso, superior al Bautista en su ministerio y en sus méritos? Seguramente fue celebrado por los Ángeles en el Cielo, por los hombres en la tierra, y aún podría decirse que por los Patriarcas en el Limbo, como un anuncio de que se acercaba la deseada Redención.




miércoles, 27 de mayo de 2020

LAS LÁGRIMAS DE JESÚS Y DE MARÍA EN LA MUERTE DE SAN JOSÉ


               No determinan los autores el tiempo que duró la vida del Patriarca San José en este mundo; lo que sí sabemos es que la pasó en medio de los cuidados y desvelos que reclamaba su calidad de Custodio, sustentador y amparo de la Sagrada Familia en las estrecheces de la existencia artesana, un anticipo de las delicias celestiales de la Vida Eterna. Como en concreto nada se sabe de las circunstancias de lugar y tiempo ni edad en que acaeció la muerte de San José, examinaremos brevemente las opiniones más o menos fundadas que se han emitido en este punto. 




              Suponen unos que murió poco tiempo después del hallazgo de Jesús en el Templo de Jerusalén; pero esto, además de repugnar a los benéficos planes de la Providencia acerca de los desposorios del Santo, como muy acertadamente advierten varios Padres de la Iglesia, se opone también a la interpretación natural y obvia de aquel dogma que nos dice que Jesús, después de hallado por sus padres en el Templo, volvió a Nazaret, y allí en todo les estaba sujeto y obedecía. Lo cual nos indica claramente que el Santo Patriarca vivió algún tiempo más de lo que suponen estos autores. 

               La opinión más en consonancia con la Sagrada Escritura es la que siguen el Padre Suárez, San Pedro Canisio y otros respetables, apoyados en San Jerónimo, San Bernardino y San Buenaventura, que dicen haber muerto San José cuando Cristo tenía veintinueve años, teniendo el Santo Patriarca sobre sesenta años de edad.

               Tenemos por cierto que el Glorioso Patriarca San José expiró de amor en los brazos de Jesús y de María; según enseñan algunos autores, Jesús se dignó preparar su cuerpo sagrado y virginal ungiéndolo con esencias y aromas para el sepulcro, y que luego le puso las manos sobre el pecho, y que, por último, le bendijo para que no fuera presa de la corrupción. No hay que dudar que el Salvador haría con José todo lo que los mejores hijos solían hacer con el cadáver de su padre; y en tanto que se disponían los funerales que la piedad y costumbres, habían introducido en aquel pueblo de Dios, Jesús y María, vestidos con las insignias de luto y tristeza, recibían los pésames por la muerte de prenda tan amada y trataban llorosos de su enterramiento.

               Porque si Cristo lloró viendo llorar a la Magdalena y al ver a Lázaro muerto, ¿no será cosa piadosa creer que lloraría también la muerte de San José, acompañando con Sus lágrimas las que por tal pérdida derramaría la Virgen en Su viudez? ¡Qué Gloria la de nuestro Patriarca! ¿Qué monarca, ni poderoso de la tierra, ni acaudalado del mundo, tuvieron jamás la honra de gozar tales padrinos a la cabecera que les ayudasen a bien morir, ni que fueran por su dichoso fin los enlutados lo que formaban toda la Gloria del Cielo?

              Dice Isidoro de Isla que el cortejo fúnebre que en seguimiento de Jesús y de María, los cuales presidían el duelo, acompañó el cadáver de San José, fue numeroso. Pusieron el sagrado cuerpo en el sepulcro de sus mayores; pero antes Jesús, derramando dulces y afectuosas lágrimas, levantaría Sus ojos al Cielo, y, rogando el Eterno Padre por la glorificación del que fue para con Él su sustituto en la tierra, volvería a bendecirle, dándole el último adiós. También se despediría, conformada y llorosa, su amantísima consorte, cubriendo al punto Su rostro con velo de dolor.

              Los amigos de San José acomodarían con gran reverencia los restos mortales del Santo, arrojarían sobre el sagrado cadáver flores y aromáticos ungüentos, y, por último, cerrarían la puerta del monumento, para volverse a la ciudad con la fúnebre comitiva.




               Según escribe San Jerónimo el Santo Patriarca fue enterrado en el valle donde estaban el sepulcro de Josafat y el Huerto de Getsemaní, entre los montes Sión y Olivete, en el mismo lugar en que descansaban las cenizas de sus ascendientes y donde más tarde fue depositado el cuerpo de su Santísima Esposa. 


"Vida de San José" 
por el Padre Francisco de Paula García, SI

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