lunes, 26 de octubre de 2026

LAS PUBLICACIONES (DIOS MEDIANTE) VOLVERÁN EN NOVIEMBRE


Me tomo unos pocos días
de necesario descanso.

Si es Voluntad de Dios volveré 
a publicar a partir del mes de 
Noviembre, dedicado a nuestras 
Hermanas las Benditas 
Ánimas del Purgatorio

En unión de oraciones 
y en los Sagrados Corazones




                    Vivimos a un ritmo que atropella los pensamientos. Entre pantallas, obligaciones laborales y el ruido constante... es fácil que el día transcurra como en piloto automático. Al final de la jornada, uno mira atrás y se da cuenta de que ha estado en todo menos en lo esencial. Nos movemos, decidimos y actuamos, pero a menudo con el depósito espiritual completamente seco.

                    La necesidad de mantener la Presencia de Dios y de nuestra Santa Madre en medio del ajetreo de la vida, no responde a un formalismo piadoso, ni a una carga insoportable, sino a una necesidad vital de orientación; cuando Jesús y María quedan relegados al rincón de los Domingos o a los momentos de crisis, el timón de la existencia lo toma la inercia, la prisa o la ansiedad.

                    Para contrarrestar esta deriva, la espiritualidad cristiana ha sabido siempre que no hace falta retirarse a una cueva para mantener el foco; de hecho, la vida ordinaria es el lugar donde esto debe librarse, y es aquí donde cobran todo su sentido herramientas tan sencillas y tradicionales como las jaculatorias y las oraciones breves.

                    Recurrir a fórmulas probadas a lo largo de los siglos no es caer en la repetición vacía, muy al contrario: son pequeños dardos de amor y atención lanzados hacia el Cielo en medio de la faena. Las breves oraciones, como Las Tres Avemarías, o recitar El Acto de Amor, deben ser como un susurro mental, una invocación rápida al comenzar una tarea pesada o un agradecimiento repentino por cuantas gracias y favores recibimos a diario.

                    Estas fórmulas tradicionales tienen la ventaja de estar destiladas por la experiencia de generaciones: son directas, sobrias, sin retóricas empalagosas ni sentimentalismos huecos, van al grano; sirven para recordar, en pocos segundos, quién lleva las riendas y hacia dónde caminamos.

                    Incorporar este hábito de oraciones breves a lo largo del día rompe la mundanidad que nos rodea, nos saca del bucle del ego y nos devuelve la perspectiva real de las cosas. Al final, se trata de convertir la jornada en un diálogo continuo, silencioso y práctico, donde la Presencia de Dios deja de ser una idea abstracta para convertirse en aire de Cielo...

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