lunes, 19 de febrero de 2018

EL ACTO HEROICO DE CARIDAD en favor de las Benditas Ánimas del Purgatorio




          El Padre Gaspar Olider, sacerdote teatino devoto que vivió a principios del siglo XVIII, predicó la práctica de un tipo de caridad conocido como el Acto Heroico de caridad hacia las almas en el purgatorio. Esta devoción fue aprobada por la Iglesia y fue altamente indulgenciada por los Papas Benedicto XIII, Pío VI y Pío IX. A fin de que entendamos mejor este Acto Heroico, examinemos primero lo que se entiende por la palabra sufragio.

LA IGLESIA MILITANTE AYUDA A LA IGLESIA PURGANTE

          Toda obra buena que realizamos en el estado de gracia posee un valor triple: Tiene poder meritorio, impetrante y satisfactorio. El valor meritorio de nuestras buenas obras indica su capacidad para ganar un incremento en el mérito, el cual es un derecho a la recompensa celestial. Por consiguiente, toda buena dádiva le gana al que la realiza un incremento en la gloria celestial. Nuestros méritos son incomunicables: no podemos cederlos a los demás.

          Las impetraciones y satisfacciones, por el otro lado, sí son aplicables a los demás. El valor impetrante de nuestras buenas dádivas indica su poder para obtener de Dios un poco de Su gracia. Como sucede con cualquier oración, podemos ofrecer nuestras impetraciones por los demás. De igual manera, el valor satisfactorio de nuestras buenas obras, que es el poder que poseen para expiar el castigo temporal que se debe al pecado, puede aplicarse a las Almas del Purgatorio o pueden usarse para nuestro propio beneficio.

           Los sufragios es una palabra usada para incluir tanto las impetraciones como las satisfacciones: el doble valor de nuestras buenas acciones que pueden aplicarse a los demás. Las Almas en el Purgatorio no pueden orar por sí mismas ni ganar indulgencias, no pueden asistir a Misa ni recibir los sacramentos. No pueden sino sufrir para expiar el castigo temporal que se debe a sus pecados. Mediante nuestros sufragios, podemos aliviarles de sus sufrimientos y satisfacer por sus pecados. La caridad cristiana nos inspira, como miembros de la Iglesia Militante, a hacer todo lo que podamos por estos nuestros hermanos de la Iglesia Purgante.




¿QUÉ ES EL ACTO HEROICO?

          El Acto Heroico es una donación total a las almas del purgatorio de todo lo que podemos darles. Un decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 18 de Diciembre (1885) describe esta donación de la siguiente manera: “El Acto Heroico de Caridad, a favor de las Almas detenidas en el Purgatorio, consiste en esto: que un miembro de la Iglesia Militante [...] ofrece a Dios todas las obras satisfactorias que realizará durante su vida por las Almas en el Purgatorio, y asimismo todos los sufragios que puedan acumulársele tras la muerte.”

          El heroísmo de este acto en esto consiste: que por medio de él damos a las almas purgantes no solo el valor satisfactorio de todas las obras de nuestra vida, sino también todos los sufragios que se nos darán después de nuestra muerte, sin reservar nada con lo cual saldemos nuestra propia deuda. Por ello, el acto es uno de caridad desinteresado. Además, depositamos estos tesoros en las manos de la Santísima Virgen María, para que pueda ella distribuirlos, según le plazca, a todas aquellas almas que desea librar del purgatorio. Al hacer eso, sacrificamos también la libertad de aplicar nuestros sufragios a los difuntos de nuestra elección. Con ello entregamos a favor de todas las almas purgantes aun el placer de denotar el beneficiario de nuestra caridad. Por medio de esta devoción renunciamos a todo lo que se pueda renunciar: sin duda, una acción magnánima.

          ¿Cómo, entonces, se hace este Acto heroico? La Sagrada Congregación contesta en el decreto ya mencionado que un miembro de la Iglesia militante hace esta donación, “ya usando una fórmula hecha, ya simplemente por un acto de su voluntad.” Es importante, sin embargo, que uno comprenda todo lo que hace antes de realizar el Acto heroico, y, por lo tanto, debería consultarse al confesor antes de emprenderlo. Si alguno, después de realizar el Acto, llegara a lamentar haberlo hecho, puede revocarlo por un simple acto de su voluntad.

          Las dos indulgencias principales que se hallan anexadas a este acto son las siguientes: 1) los sacerdotes que la realizan reciben el privilegio personal de ganar una indulgencia plenaria para una Alma de su gusto cada vez que dicen Misa. 2) los fieles pueden ganar una indulgencia similar, aplicable únicamente a las Almas en el Purgatorio, cada vez que recibe la Sagrada Comunión y también cada lunes, día en que oyen Misa para los Difuntos.


Rvdo. P. Benedict Hughes 
Congregación de María Reina Inmaculada


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