lunes, 18 de septiembre de 2017

LA INFILTRACIÓN JUDÍA EN LA IGLESIA CATÓLICA (Parte I) por el Rvdo. P. Hernán A. Vergara

En sucesivos artículos trataremos un tema ciertamente molesto, 
pero necesario de explicar: la infiltración judía en la Iglesia Católica.
De antemano agradecemos al Padre Hernán
 su desinteresada colaboración con este modesto blog.


Uno de los graves problemas que sufre la Iglesia Católica son los falsos católicos, que destruyen los cimientos de la Iglesia de Jesucristo. 

     “Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo... ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.” Papa San Pío X, Encíclica: “Pascendi”, 8 de Septiembre de 1907.




     Principalmente en la Edad Media, el judío era odiado por sus costumbres perversas, por la usura exagerada, por los crímenes rituales que realizaban en la clandestinidad; pero sobre todo eran odiados por sus burlas, profanaciones y sacrilegios a las cosas santas. Todo esto en una sociedad cristianísima era un verdadero crimen.

     “Ya era mucho que Felipe Augusto les concediese en 1206 cobrar el 43 por 100; pero sabemos que rara vez se contentaban con eso, sino que exigían el 52, el 86 por 100; y lo más sorprendente y escandaloso es que un estatuto de Francia les permitía el 170, mientras Ottocar de Bohemia les daba omnímoda libertad de prestar al interés que quisiesen… A la terrible odiosidad que engendraban tan exorbitantes usuras en los pobres esquilmados, añadíase de cuando en cuando el rumor de crímenes espantosos perpetrados por aquellos mismos judíos…” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 738.

     “Con más fundamento se les acusaba otras veces de mofarse de la religión cristiana, de profanar sacrílegamente las hostias consagradas, de asesinar el Jueves Santo a algún niño cristiano, en sustitución del cordero pascual, o de crucificarlo el Viernes Santo en burla y escarnio de la muerte de Cristo. Envueltos siempre en una niebla de misterio, con fama bien probada de usureros y aun de sacrílegos y criminales…” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 739.

     Por estas circunstancias, entre otras no menos importantes y sumamente delicadas, los judíos vivían por ley separados de los cristianos y se debían distinguir en su vestimenta, para evitar que pervirtieran a los bien intencionados; claramente lo señala la Historia de la Iglesia:

     “Desde el siglo XII, los judíos debían habitar separados de los cristianos en un barrio de los suburbios, que se decía en España judería y en otras naciones ghetto. Para que la distinción fuera más clara y consiguientemente se pudiesen evitar con más facilidad el trato mutuo y los noviazgos entre personas de una y otra religión, se les obligaba, máxime desde el Concilio IV de Letrán, a llevar en el traje un distintivo, consistente en un gorro puntiagudo y una franja amarilla o roja cosida al vestido. Prohibíaseles el cohabitar con mujeres cristianas en calidad de mancebas (el matrimonio era nulo) o como criadas o vender esclavos cristianos y el forzar a nadie a la circuncisión. 


     No podían desempeñar cargos oficiales, si bien esta ley fue violada frecuentemente por voluntad de los mismos reyes. Lo mismo se diga de la prohibición que tenían los cristianos de consultar a los médicos o cirujanos judíos, a no ser en caso de necesidad. El culto judaico no podía celebrarse en público, ni era lícito construir nuevas sinagogas donde no las hubiese, pero sí restaurar las existentes. (Los Sumos Pontífices) Gregorio IX y Honorio IV mandaron recoger los libros del Talmud, por el odio que respira y las horrendas calumnias que contiene contra Cristo y el cristianismo.” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; BAC, 1959, Tomo II, Parte II, Cap. XIV, pg. 737.

   Todo esto hacía imposible el desarrollo del pueblo judío en el mundo cristiano de los siglos XII, XIII y XIV; por su perfidia eran odiados los judíos, sujetos a toda clase de ataques al ser conocidas sus maquinaciones contra Dios, contra la Iglesia Católica y contra los hombres.

     Era imposible el desarrollo del pueblo judío en una sociedad completamente cristiana, la solución era: o abandonar el judaísmo o esconderlo a todas luces.

     Por lo cual se dieron las falsas conversiones a la religión católica, no por cuestiones de fe, sino por ser el medio más a propósito para desarrollarse: esconderse detrás de un nombre católico.




Continuará...

Nota sobre el autor: El Padre Hernán Vergara, sacerdote de Cristo, ordenado en Acapulco (México) el 7 de Octubre de 2004 por S. E. R. Mons. Martín Dávila Gándara, es actualmente Párroco de la Iglesia de Cristo Rey, en Baja California Sur.




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