martes, 22 de enero de 2019

EL ÁNGEL DE FÁTIMA, ante la impiedad del mundo pidió a los niños "reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios"

   
               Desde que tenemos uso de razón en nuestros hogares cristianos se nos infunde la devoción al Ángel de nuestra Guarda y se nos recomienda que no demos oído al ángel malo que nos instigará al pecado y que tratemos de oír siempre al Ángel bueno que nos inspirará lo que hemos de hacer y hemos de evitar.

               Es doctrina comúnmente admitida que, al nacer, el Señor ya nos señala un Ángel para nuestra custodia y que cada familia, cada pueblo, cada Nación tienen su propio Ángel. El sabio Orígenes ya decía algo parecido en el siglo III: «Sí, cada uno de nosotros tenemos un Ángel que nos dirige, nos acompaña, nos gobierna, nos amonesta y presenta a Dios nuestras plegarias y buenas obras».

               Dios se vale de Sus Ángeles como Mensajeros entre el Cielo y la Tierra, para advertirnos y ayudarnos, por eso, nunca dejemos de invocar con confianza y piedad sincera, a nuestro Ángel Custodio ante cualquier dificultad: estas criaturas celestiales gozan de nuestra compañía y nos alientan siempre a obrar el bien; su mayor tristeza será que no los tratemos como verdaderos aliados.

               A lo largo de los siglos, los Ángeles han intercedido en momentos de dificultad, como los brazos de Dios que tocan la tierra para bendecirla o para amonestarla por su olvido de Dios. Éste es el caso que aconteció en Fátima, en 1916, algunos meses antes de que Nuestra Señora se apareciese a los tres niños Lucía, Francisco y Jacinta. Quiso Dios preparar a los que serían los videntes de la Virgen María mediante tres visitas celestiales del que se identificaría como "el Ángel de Portugal". (1)

               Como cada Martes, honremos de manera especial a los Santos Ángeles Custodios, en particular al nuestro; que el relato que hoy te traigo de las Apariciones del Ángel en Fátima, te ayuden a extraer buenos propósitos tras su lectura, entre otros, un mayor amor a los Corazones de Jesús y de María, necesitados de tu amor y reparación...






PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL Outeiro do Cabeço, Aljustrel, Primavera de 1916

Cuenta Lucía Dos Santos:

               Sólo habíamos jugado unos momentos cuando un viento fuerte sacude los árboles y nos hace levantar la vista para ver qué pasaba, pues el día estaba sereno. Comenzamos a ver, a cierta distancia, sobre los árboles que se extendían en dirección al este, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven transparente más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol.

               A medida que se aproximaba fuimos distinguiendo sus facciones: era un joven de unos catorce o quince años, de una gran belleza. Estábamos sorprendidos y absortos; no decíamos ni una palabra.

              Al llegar junto a nosotros nos dijo:

           – “No temáis, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo”.

               Y arrodillándose, inclinó su frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar:

           – “Dios mío, yo creo, adoro, espero y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman”.

               Después de repetir esto tres veces se irguió y dijo:

           – “Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”.

              Y desapareció.

              El ambiente sobrenatural que nos rodeaba era tan intenso, que casi no nos dimos cuenta de nuestra propia existencia durante mucho tiempo y permanecimos en esta posición en que nos había dejado repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan intensa y tan íntima que ni entre nosotros nos atrevíamos a hablar. Al día siguiente todavía sentíamos nuestro espíritu envuelto por esa atmósfera, que sólo muy lentamente desapareció.

              Ninguno pensó en hablar de esta aparición ni en recomendar secreto. Se imponía por sí solo. Era tan íntima, que no era fácil decir sobre ella la menor palabra. Quizá nos hizo tan fuerte impresión por ser la primera en que así se manifestaba.



SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL, en el pozo de la casa de los padres de Lucía, Verano de 1916

               Mientras jugaban los niños se les aparece el Ángel a ella y a sus primos:

          – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de Misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

          – ¿Cómo nos tenemos que sacrificar?, pregunté.

          – De todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así la paz sobre vuestra patria. Yo soy su Ángel de la Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con resignación el sufrimiento que Nuestro Señor os envíe.

                Y desapareció. Estas palabras del Ángel se grabaron en nuestro espíritu como una luz que nos hacía comprender quién era Dios, cómo nos amaba y quería ser amado; el valor del sacrificio y cómo le era agradable; y cómo en atención a él, convertía a los pecadores.





TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL, Gruta del Cabeço, final del Verano de 1916
         
               En cuanto llegamos allí, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo...” No sé cuantas veces habíamos repetido esta oración cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vemos al Ángel trayendo en la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspendida una hostia de la que caían, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:

          – Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Vuestro amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación por las iniquidades, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

               Después se levantó, tomó de nuevo en la mano el Cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia a mí. Lo que contenía el Cáliz se lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:

          – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

                De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: – “Santísima Trinidad...” Y desapareció.


NOTAS ACLARATORIAS

1- Según algunos teólogos, Dios Nuestro Señor designa un Ángel Protector para cada nación. Otros se inclinan por pensar que se trataba del Arcángel San Miguel, como Guardián único de todas las naciones. Ocurrirá décadas más tarde en San Sebastián de GARABANDAL.





lunes, 21 de enero de 2019

DOCTRINA CATÓLICA sobre el Purgatorio y el Limbo


               Para despejar las dudas que sobre el Bendito Purgatorio muchos hermanos nos plantean, quiero exponerte de forma sencilla, la Doctrina Católica Tradicional sobre la cuestión, además de animarte a ser muy devoto de las Almas que allí se purifican de sus pecados y que, gracias a tu ayuda, pueden verse libres de sus penas.


¿Quién va al Purgatorio?

               Va al Purgatorio el que muere en gracia de Dios y tiene alguna deuda de pena. Esta deuda de pena puede ser:

1º- Por pecados veniales; y

2º- Por no haber hecho la debida penitencia de los pecados mortales, perdonados en cuanto a la culpa y pena eterna.

               Con la confesión bien hecha se perdonan siempre las culpas graves y la pena eterna, pero no siempre queda perdonada toda la pena temporal. Dios, al perdonar el pecado mortal, ordinariamente conmuta la pena eterna en una pena temporal. Esta pena temporal debe pagarse en esta vida o en el Purgatorio.

                En esta vida se paga haciendo obras buenas, especialmente cumpliendo la penitencia impuesta por el confesor.




El Purgatorio es un lugar de expiación temporal


              Las Almas del Purgatorio, cuando han satisfecho del todo por sus pecados, van al Cielo. Dios, infinitamente Justo, ninguna obra buena o mala deja sin premio o castigo, aunque se trate de cosas pequeñas.

              Los que mueren con solos pecados veniales no merecen el infierno, ni pueden ir al Cielo, porque nada manchado puede entrar en él. Debe, pues, existir un lugar para que las almas se purifiquen antes de entrar en el Cielo.
   
              En el Bendito Purgatorio se padece la privación de la vista de Dios, el tormento del fuego y otras penas. El mayor dolor de las benditas Ánimas es no poder ver a Dios y pensar que, siendo Él infinitamente Bueno, le han ofendido.

               Las Almas, al verse manchados con el pecado, con gusto se sumergen en aquellas llamas, y aun quisieran fueran más ardientes para purificarse más pronto.

              Aprendamos de las benditas Ánimas a aborrecer el pecado, aún leve, sobre todo mal.


Los sufragios


               Se llaman Sufragios las obras buenas que se hacen a favor de las benditas Ánimas del purgatorio.Podemos socorrer a las Almas retenidas en el Purgatorio, y aún librarlas de esta Cárcel con oraciones, indulgencias, limosnas y otras buenas obras, y, sobre todo, con la Santa Misa.

               Los sufragios son sólo a manera de súplicas, que la divina justicia acepta en la medida que cree conveniente. Por esto un alma no siempre obtiene infaliblemente todos lo efectos de los sufragios aplicados a ella especialmente.

               La Santa Iglesia aprueba que se repitan los sufragios para un mismo difunto. Hacen muy mal los que no se acuerdan de aliviar con sufragios a las Almas de sus difuntos. Algunos sólo procuran que el entierro sea muy suntuoso, y nada o muy poco hacen para el alivio del alma.

               La devoción por las Almas del Purgatorio es utilísima, porque hace practicar muchas obras buenas, causa gran alegría en el Cielo y ayuda en gran manera a conseguir la salvación de quien practica esta devoción.

               Seamos, pues, muy devotos de las Benditas Ánimas del Purgatorio. Procuremos socorrerlas, oyendo Misa y comulgando muy a menudo, aun diariamente, si nos es posible; recemos por su liberación el Santo Rosario, el Vía Crucis, etc.

                Para no desaprovechar ninguna de las muchas indulgencias que la Iglesia nos regala, podemos hacer el Voto de Ánimas, que consiste en ceder para siempre a favor de las Almas del Purgatorio, toda la parte satisfactoria de nuestras buenas obras, y todos los sufragios que otros hicieren por nosotros. Esta es devoción buena y práctica, con la cual libraremos a muchas Almas de sus tormentos purificadores y las haremos entrar para siempre en el Cielo.




Limbo de los niños


                Va al Limbo de los niños el que muere con el solo pecado original. El que muere antes del uso de razón sin el bautismo, muere con el sólo pecado original.

                En el Limbo no se sufre nada; se goza la felicidad natural. Dios hizo, pues, un gran beneficio a los que están en el Limbo, dándoles la existencia; podría haberles dejado en la nada de donde los sacó. 

                Los que mueren después del uso de razón van al Cielo o la infierno, según que hayan o no cumplido la Santa Ley de Dios.



En el Aniversario del Martirio del Rey Luis XVI




                Tal día como hoy, el 21 de Enero de 1793, a las diez y veintidós minutos, en nombre la "libertad, igualdad y fraternidad" era guillotinada Su Muy Cristiana Majestad, Luis XVI, el Benéfico, Rey de Francia y Navarra, descendiente de San Luis; entregaba su alma a Dios en el patíbulo revolucionario cuando tenía 38 años. Se consumaba así el Martirio de un monarca que sólo supo amar a su nación hasta el último aliento, momento en el que pudo escuchar las palabras del sacerdote que le convidó "Hijo de San Luis, mirad al Cielo".

               Su propio verdugo, recordando el fatídico día dejaría, escrito: "El Rey afrontó toda aquella situación con una compostura y un temple que nos dejó atónitos a cuantos allí nos encontrábamos. Sigo convencido de que aquella firmeza suya la había extraído de los principios de la Religión".

               Después de la ejecución, un joven de la Guardia Nacional recogió la ensangrentada cabeza y la mostró al pueblo paseándose por el patíbulo. La chusma gritaba «¡Viva la República!». La mayoría de los presentes comenzó a entonar La Marsellesa, mientras algunos espectadores empezaron a bailar en círculo alrededor del horripilante escenario. 

              A semejanza del Drama del Calvario, en donde la soldadesca se repartió a suertes la ropa de Nuestro Señor, un ayudante del verdugo subastó las prendas y la coleta del Rey que habían cortado antes de amarrarlo a la tabla. Los guardias, mientras tanto, colocaron el cadáver junto con la cabeza en un cesto de mimbre que trasladaron a un carro. Éste se dirigió más tarde al cementerio de La Magdalena, donde fue inhumado. 

              Años más tarde, llegada la Restauración (1815-1830), bajo el reinado de su hermano Luis XVIII, sus restos serían trasladados junto a los de la Reina María Antonieta a la Basílica de Saint-Denis, donde fueron enterrados con el debido decoro a su condición.




LAS TRES MENTIRAS REVOLUCIONARIAS


                Si el Cisma Protestante de Lutero rompió el orden espiritual de la Cristiandad, la Revolución Francesa rompió el orden social. El famoso trilema "Libertad, Igualdad, Fraternidad" constituye todo un programa anticristiano. Hoy en día estos principios, junto con la famosa Declaración de los Derechos del Hombre de 1791, forman la base del sistema democrático-liberal vigente en los países occidentales, otrora católicos.

               La libertad, colocada como bien absoluto, aún por encima de la Verdad, de Dios y de Su Santa Ley, es un error satánico en el que muchos han caído y del que no se quieren enmendar. "La verdad os hará libres" sentenció Nuestro Señor, porque sólo en Su Verdad, en el reconocimiento de Su dominio sobre todas las almas seremos realmente libres.

               La igualdad, mal entendida por los revolucionarios, que intentan que todos los seres nazcan y vivan en igualdad de condiciones, sin tener en cuenta el abolengo, formación, méritos personales... cuando ha sido Dios mismo quien con el ejemplo de la Creación nos enseña que deben existir diferentes clases y órdenes si bien todos dependen unos de otros. El Papa León XIII aclara la cuestión en su Encíclica Quod Apostolici Muneris de 1878:

         "La desigualdad del derecho y del poder se derivan del mismo Autor de la naturaleza, del cual toma su nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra.

        Mas los lazos de los príncipes y súbditos de tal manera se estrechan con sus mutuas obligaciones y derechos, según la doctrina y preceptos católicos, que templan la ambición de mandar, por un lado, y por otro la razón de obedecer se hace fácil, firme y nobilísima."

               La tercera mentira revolucionaria, la fraternidad, es absurda en sí, pues busca hermanar a los hombres pero sin un Padre común; no ocurre igual en nuestra Santa Religión donde Nuestro Señor nos mandó a amarnos como hermanos, ya que somos todos hijos de un mismo Dios Creador.

             

domingo, 20 de enero de 2019

LA CONVERSIÓN DEL JUDÍO ALFONSO RATISBONNE por medio de la Medalla Milagrosa




                Alfonso Tobie Ratisbonne (1812-1884), abogado, banquero muy rico, judío pero libertino e indiferente hacia la religión. Despreciaba particularmente a la Iglesia Católica y al clero. Se dolía amargamente de que su hermano Teodoro se había convertido y ordenado sacerdote.

                En 1842, Ratisbonne se encontraba en Roma. Allí se encontró con el Barón De Bussiéres, francés converso del protestantismo, hombre devoto y conciente de su responsabilidad de evangelizar. Este le contó de los milagros que estaban ocurriendo por medio de la Medalla Milagrosa. Pero Ratisbonne lo rechazó tildándolo de supersticioso.  

                El Barón no se dio por vencido y desafió a Ratisbonne a someterse a una simple prueba sobre la eficacia de la medalla. Debía llevarla y rezar el Memorare (1) todos los días. 

                Ratisbonne, ante la insistencia del Barón y para demostrar que nada le iba a persuadir a convertirse, se puso la medalla.  El Baron un grupo de amigos se comprometieron a rezar por la conversión de Ratisbonne. Entre ellos, el conde Laferronays, que estaba muy enfermo y ofreció su vida por la conversión del “joven judío”.  Ese mismo día entró en la Iglesia y rezó 20 Memorares por esa intención, sufrió un ataque al corazón, recibió los sacramentos y murió.

                El día siguiente, el 20 de Enero de 1842, el Barón se encontró con Ratisbonne cuando iba a la iglesia de Sant´Andrea delle Fratte, cerca de la Plaza de España en Roma, para hacer los arreglos de un funeral. Los dos entraron en la iglesia y Ratisbonne se quedó mirando las obras de arte mientras su amigo estaba en la rectoría. De pronto, el altar dedicado a San Miguel Arcángel se llenó de luz, y se le apareció, majestuosa, la Virgen María, tal como en la imagen de la medalla que llevaba al cuello. El se arrodilló y se convirtió. Mas tarde escribió:





                  "La Virgen no pronunció ninguna palabra, pero yo lo comprendí todo... experimenté un cambio tan completo que creí ser otro, la alegría más ardiente brotó del fondo de mi alma; no podía hablar... no sabría dar cuenta de las verdades de las cuales había adquirido conocimiento y fe. Todo lo que puedo decir es que cayó el velo que tenía ante los ojos; no un solo velo, sino que se desvaneció la multitud de velos que me rodeaba... salí de un abismo de tinieblas, vi al fondo del abismo las miserias extremas de las que había sido sacado por obra de una misericordia infinita... tantos hombres descienden tranquilamente a este abismo con los ojos cerrados por el orgullo y la indiferencia... Se me pregunta cómo he aprendido estas verdades, pues es cierto que nunca he abierto un libro de religión, ni he leído nunca una sola página de la Biblia: todo lo que sé es que, entrando en la iglesia, lo ignoraba todo, y saliendo, lo veo todo claro... no teniendo ningún conocimiento literal, interpreté el sentido y el espíritu de los dogmas, todo esto entró en mí, y estas impresiones, mil veces más rápidas que el pensamiento, no solamente conmovieron mi ánimo, sino que lo dirigieron hacia una nueva vida... Los prejuicios contra el Cristianismo ya no existían, el amor de Dios había tomado el lugar de cualquier otro amor."

                El 31 de Enero recibió el Bautismo, la Confirmación y la Comunión de manos del Cardenal Patrizi. Cambiaría su segundo nombre por el de María, en honor a la Señora que le libró de las tinieblas.

                La conversión de Ratisbonne fue muy famosa y tuvo gran impacto en una cultura muy influenciada por el racionalismo, que rechaza las realidades espirituales. En 1847 Alfonso Ratisbonne fue ordenado sacerdote jesuita. Su hermano  inspirado por su conversión fundó la congregación de “Nuestra Señora del Sión”, con sede en Israel, cuyo carisma es la evangelización del pueblo judío (Romanos 11, 25-26). Con el tiempo, Ratisbonne abandonaría la Compañía de Jesús con el permiso de sus superiores para unirse a su hermano en la obra de Tierra Santa. Allí le llamaría el Señor el 6 de Mayo de 1884, después de desgastar su vida por la conversión de los judíos.

                La imagen de San Miguel del altar del milagro en Sant´Andrea delle Fratte ha sido remplazado por una gran pintura de la Virgen, según Ratisbonne la describió y que reproducimos en la siguiente estampa junto a la oración "Memorare" o "El Acordaos" en su versión en español.




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sábado, 19 de enero de 2019

LA TRADICIONAL SABATINA a Nuestra Señora la Virgen del Carmen

  
                LA SABATINA es como piadosamente se llama a las oraciones que se dedican a Nuestra Señora del Carmen los Sábados, por la Promesa que Ella misma pronunciara, asegurando la liberación del Purgatorio de los devotos de Su Escapulario en ese mismo día tras su muerte. (1)





ACTO DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN


Virgen del Carmen, llevamos sobre nuestro pecho Vuestro Santo Escapulario, signo de nuestra consagración a Vuestro Corazón Inmaculado. Madre querida, somos Vuestros hijos, unos hijos de Vuestra entera pertenencia.
Nuestra consagración, Señora, nos exige una entrega sin reservas a Vuestra Sagrada persona, una dedicación generosa a Vuestro servicio, una fidelidad inquebrantable a Vuestro amor y una solicita imitación de Vuestras virtudes. Queremos vivir, conforme al viejo ideal carmelitano: en Vos, con Vos, por Vos y para Vos. 
Gracias a Vuestro Bendito Escapulario, Virgen del Carmelo, somos miembros de Vuestro cuerpo místico del Carmelo y participamos de la consagración comunitaria de la Orden a Vos, que Sois su cabeza. Nuestra consagración se une pues, a la Orden de toda la Familia Carmelitana y acrecienta así su valor y eficacia. 
Santa María, Abogada y Mediadora de los hombres, no podríamos vivir nuestra consagración con olvido de quienes son Vuestros hijos y nuestros hermanos. Por eso, nos atrevemos a consagraros la Iglesia y el mundo, nuestras familias y nuestra amada Patria.
Os consagramos especialmente los que sufren en el alma o en el cuerpo: los pecadores, los tentados, los perseguidos, los marginados, los presos, los desterrados, los enfermos, los hambrientos….Madre y Reina del Carmelo, por nuestra consagración somos del todo Vuestros ahora en el tiempo; que los sigamos siendo también un día en la Eternidad.
Así sea.


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Antífona

     Hoy recordamos a Nuestra Señora la Virgen María, Madre Hermosa del Carmelo. Hoy los hijos de Su amor cantamos Sus misericordias. Hoy la Estrella del mar brilla ante Su pueblo como signo de esperanza y de consuelo.
Oración
              Señor Dios Nuestro, que habéis honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la Bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de Vuestro Hijo; conceded a cuantos hoy celebramos su recuerdo que, guiados por Su ejemplo y protección, lleguemos hasta la cima del monte de la perfección que es Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


(1)
LA "BULA SABATINA"
confirmación del Privilegio de ser liberado del Purgatorio
si en vida se ha usado el Escapulario del Carmen y se ha observado
 la Santa Ley de Dios y los preceptos de la Iglesia Católica


                "...a mí estando suplicando arrodillado se mostró la Virgen carmelita diciéndome el siguiente discurso: Juan, Juan, Vicario de Mi amado Hijo, como Yo te libraré de tu adversario, te hago Papa Vicario con la ayuda de mis súplicas dirigidas a Mi dulcísimo Hijo, lo que yo obtuve graciosamente: tú debes conceder la gracia y la confirmación amplia para Mi Santa y devota Orden de los Carmelitas comenzado por Elías y Eliseo en el monte Carmelo... Y el día en que tales partan de este mundo y vayan al Purgatorio, Yo, como Madre, descenderé graciosamente el Sábado después de su muerte y los que encuentre en el Purgatorio los libraré y los llevaré al Monte Santo de la Vida Eterna..."

De la Bula Sabatina del Papa Juan XXII, 3 de Marzo de 1322




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viernes, 18 de enero de 2019

"NO TE CANSES DE SUFRIR..."


                Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de su corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo, alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su Comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó, siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Sor Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales. 

                 Sólo después de su muerte, cuando contaba 33 años de edad, fueron compiladas sus confidencias con el Sagrado Corazón de Jesús y publicadas bajo el título "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"(1); el entonces Cardenal Pacelli -luego Papa Pío XII- envió una carta a la Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón en la que recomendaba la lectura y difusión del Mensaje de Reparación, Amor y Confianza que Sor Josefa escribió bajo el dictado de Nuestro Redentor.




                En la noche del 9 de Enero de 1921, Sor Josefa está recogida en su celda, el Señor le repite lo que necesita para consagrarse del todo a Él. Jesús se comunica con ella con lenguaje adaptado a la sencillez de Su discípula, en una lección de vida interior que sería el camino trazado para Josefa. Ella misma lo recogerá así:

                "En Su mano derecha tenía una cadenita; era como de brillantes y dentro había tres llavecitas pequeñas, doradas y muy bonitas."

                Le dice Jesús: "Mira, una, dos, tres, son de oro. ¿Sabes lo que son estas llaves?... Pues cada una encierra un gran tesoro y quiero que tú te apoderes de él.

                 El primero es un gran abandono a todo cuanto Yo te pida, directa o indirectamente, confianza en la bondad de Mi Corazón, que está siempre cuidando de ti. Así repararás los pecados que cometen las almas que dudan de Mi Amor.

               El segundo es una gran humildad, ya reconociendo tu nada, ya humillándote delante de todas tus Hermanas, y pidiendo, según Yo te mandaré, ser humillada de tu Madre (Superiora). Así repararás la soberbia de muchas almas.

               El tercero es una gran mortificación en tus palabras y en tus actos. Quiero también que te mortifiques corporalmente, cuanto la obediencia te permita y recibas con verdadero deseo los sufrimientos que Yo te hago sentir. Así repararás las faltas de mortificación de tantas almas y me consolarás, en algún modo, de las ofensas que recibo, con tantos pecados de sensualidad y regalo. 

              Por último, esta cadenita que sujeta las tres llaves, es un amor ardiente y generoso que te permitirá vivir abandonada y entregada, humilde y mortificada... ¡No te canses de sufrir!, ¡si supieras cómo aprovecha a las almas!"


   NOTAS ACLARATORIAS:


                1- Para conocer más de la vida de Sor Josefa Menéndez toque AQUÍ . Puede encontrar otros extractos de "Un Llamamiento al Amor" por la etiqueta que lleva el mismo nombre en el ÍNDICE DE TEMAS situado en el margen izquierdo de este Blog.








LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO




"Hizo el Señor con él un pacto de paz y le constituyó Príncipe 
para que posea para siempre la dignidad sacerdotal" 

Libro del Eclesiástico, cap. 45, vers. 30.


                En el Calendario Tradicional, se conmemora esta muy antigua fiesta, que el Papa Paulo IV extendió a toda la Iglesia; se conmemora el hecho de haberse establecido San Pedro en Roma para ejercer su Ministerio Pontifical, convirtiendo a la que era capital del paganismo en centro de la Religión Católica.

                Una Cátedra es la silla que se reserva al Obispo, desde la cual preside las funciones litúrgicas y desde donde predica a los fieles. La Cátedra original del Apóstol San Pedro era de madera de acacia, pero con el paso de los siglos se fue deteriorando, por lo que se revistió de madera de roble en los laterales y se le añadieron láminas de mármol. Con los siglos necesitaría una nueva restauración, por lo que el Papa Alejandro VII encargó al artista Bernini, una obra digna para albergar el sillón usado por San Pedro; el resultado aún hoy lo podemos contemplar en un maravilloso trono, que se apoya sobre las imágenes de cuatro Doctores de la Iglesia: San Agustín, San Ambrosio, San Atanasio y San Juan Crisóstomo.




LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO, ASISTIDA POR EL ESPÍRITU SANTO
DESDE NO SE PUEDE PREDICAR EL ERROR

       
               El carisma prometido por Cristo a Pedro y a sus legítimos sucesores en la cátedra romana de una especial asistencia del Espíritu Santo en el ejercicio de su poder soberano de enseñar, y juzgar de la verdad en todo aquello relacionado con la fe o las costumbres, sin error posible alguno, y que él puede comunicar por modo de participación al resto de la Iglesia, bien en forma ordinaria, bien en forma extraordinaria.” 

Cardenal Billot "De inmutabilitate Traditionis"





jueves, 17 de enero de 2019

Nuestra Señora de la Esperanza, la Virgen de Pontmain


          A mediados de Enero de 1871 el ejército pruso dominaba dos terceras partes de Francia y estaba a pocas millas de la villa de Pontmain (unos 500 habitantes). En la zona se desató una epidemia El 17 de Enero, a eso de las 12:30, hubo un terremoto en Pontmain. Todo iba mal. La gente escondía sus pertenencias para evitar que cayesen en manos de los prusos. Decían desesperados: "Para qué rezar. Dios no nos oye".

          El Padre Guerin, que había sido el párroco por 35 años y había reconstruido la iglesia destruida por la Revolución Francesa, pidió a los niños que oren a la Virgen por protección. Entre esos niños había dos hermanos muy piadosos: Eugenio y José Barbadette. El martes 17 de Enero habían comenzado como monaguillos en la Santa Misa, recitando el Rosario y haciendo las estaciones de la cruz por las intenciones del hermano mayor que había sido reclutado por el ejército francés.




                Esa misma noche uno de los hermanos, Eugenio, de 12 años de edad, salía del establo de su familia cuando vio en el cielo una hermosa señora, en el aire, unos 20 pies por encima de los techos. La señora tenía un vestido azul oscuro cubierto de estrellas doradas, un velo negro y una corona de oro. Sus brazos extendidos como en la medalla milagrosa pero sin los rayos. Eugenio se quedó mirándola con asombro por unos 15 minutos. Cuando su padre y su hermano de 10 años, José, salieron del establo, Eugenio grito: "¡Miren allí! ¡Encima de la casa! ¿Qué ven?" José describió a la Señora tal cual como lo hizo Eugenio. Pero el padre no la vio y les ordenó con severidad que regresen al establo a preparar el alimento de los caballos. Sin embargo, un poco después, el padre les dijo que salgan y miren de nuevo. Otra vez la vieron. José repetía: "¡Qué bella es!, ¡Qué bella es!" La madre de los niños, Victoria Barbadette, vino entonces y le dijo a José que se callara porque estaba llamando la atención de los vecinos. Sabiendo que los niños eran honestos y no mentían, dijo: "Es quizás la Virgen Santísima quien se os aparece. Ya que la ven, recemos cinco padrenuestros y cinco avemarías en su honor".

                Después de recitar las oraciones en el establo, para no llamar la atención, la Señora Barbadette preguntó a sus hijos si todavía veían a la Señora. Cuando dijeron que sí, ella fue a buscar sus lentes y regresó con su hermana Louise, pero ninguna de las dos vio a la Señora.

               La Sra. Barbadette llamó a las hermanas religiosas y le advirtió a sus hijos: "Las hermanas son mejores que ustedes. Si ustedes ven, ellas ciertamente también verán." La hermana Vitaline no pudo ver a la Virgen pero ella sabía que los niños eran honestos. Entonces fue a la casa de un vecino y le pidió a dos niñas pequeñas, Francoise Richer (11 años) y Jeanne-Marie Lebosse que fueran con ella. Las niñas vieron a la Virgen y la describieron igual que los niños.

               Llega entonces la Hermana Marie Edouard y al escuchar lo que decían las niñas, fue a buscar al Padre Guerin y a otro niño, Eugenio Friteau (6 años y medio). Eugenio también vio a la Virgen. Para entonces había unas 50 personas reunidas. Agustín Boitin, un niño de sólo 25 meses quiso alcanzar la Virgen y dijo: "¡El Jesús! ¡El Jesús!" Sólo estos seis niños podían ver a la Virgen. Los adultos no podían ver a la Virgen pero sí las tres estrellas que aparecieron junto a la Virgen.

          La Virgen se puso triste porque la gente no creía a los niños y estaban discutiendo. Entonces el Padre Guerin les pidió que se callaran y rezaran. Dijo: "Si solo los niños la ven es porque ellos son mas dignos que nosotros". La gente se arrodilló y rezaron el Rosario. La expresión de la Virgen demostraba que ella estaba atenta a las oraciones. Gradualmente esto causó que la Virgen apareciera mas alta y bella.




               Gradualmente apareció bajo los pies de la Virgen un mensaje en letras doradas que los niños deletrearon en voz alta: "Pero, recen Mis hijos".

               La Hermana Marie Edouard entonces dirigió a los presentes en el canto de las letanías de la Santísima Virgen. El mensaje continuó: "Dios pronto os concederá lo que piden" . Llegó la noticia de que el ejército enemigo estaba en Laval, muy cerca de Pontmain. El mensaje del cielo continuó: "Mi Hijo se deja conmover"

               Cuando los niños anunciaron este mensaje, el Padre Guerin le pidió a todos que cantaran un himno de alabanza. La Hermana Marie Edouard dijo, "¡Madre de Esperanza, tan dulce nombre, protege nuestro país, ruega por nosotros, ruega por nosotros!" Los niños exclamaban: "¡Que bella es!"

                Al final del himno, el mensaje desapareció. La gente entonces cantó un himno de arrepentimiento y reparación a Jesús. Entonces lo niños exclamaron: "¡Miren, se está poniendo triste otra vez!"




               Frente a la Virgen apareció un crucifijo color de sangre. Encima de este, una inscripción en letras mayúsculas y rojas con un fondo blanco: "JESUCRISTO". La Virgen miraba a la Cruz y sus labios temblaban de emoción. José recordó ese momento toda su vida y escribió: "Unos meses mas tarde vi a mi propia madre sobrecogida de dolor por la muerte de mi padre. Uno sabe cuanto esa escena puede afectar el corazón de un niño. Sin embargo, recuerdo que pensé que la angustia de mi madre no era nada en comparación con la de la Virgen María."

               Mientras rezaban llegó un carretero con la noticia de que los prusos habían tomado la cercana ciudad de Laval. La gente respondió, "Aun si (los prusos) estuviesen a la entrada del pueblo, ya no debemos temer!" A las 8:30 p.m., la gente cantó, "Ave, Maris Stella," y el crucifijo desapareció. Ella de nuevo sonrió y dos pequeñas cruces aparecieron sobre sus hombros. Ella bajó sus manos y un velo blanco la fue cubriendo desde los pies hasta la corona.

                Alrededor de las 8:45 p.m., los niños dijeron: "ha terminado". Durante el tiempo preciso de la aparición, el general pruso Von Schmidt, que estaba listo para arrasar con el pueblo de Laval en dirección a Pontmain, recibió órdenes del alto mando de no tomar la ciudad. La invasión de la Bretaña nunca se efectuó ya que el 28 de Enero, 11 días después de la aparición, se firmó el armisticio entre Francia y Prusia.



                La intercesión milagrosa de la Madre Bendita trajo la paz. Los 38 soldados de Pontmain regresaron sin un rasguño. Los dos hermanos videntes de la Virgen María, Eugenio y José, se hicieron sacerdotes; una de las niñas Jean-Mary Lebossé se hizo monja, y la otra, Francisca, maestra. En su vida nunca faltaron agravios por parte de aquellos que no creían en la intervención divina de Nuestra Señora.

               En la Fiesta de la Purificación, el 2 de Febrero de 1872, el Obispo Wicart de la Diócesis de Laval, publicó una carta pastoral otorgando aprobación canónica a la Aparición. El Papa Pío XI concedió la Misa y el Oficio en honor a Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain. La Virgen fue coronada solemnemente por el Cardenal Verdier, Arzobispo de París el 24 de Julio de 1934.



San Antonio Abad, ejemplo de renuncia al mundo


                Según el Calendario Católico, la Santa Iglesia hace hoy memoria de uno de los primeros Santos eremitas

               San Antonio, al igual que San Pablo Eremita, fue uno de los primeros ascetas cristianos que se retiraron del mundo en busca de Dios en la soledad más absoluta. Conocemos de su vida gracias al Obispo San Atanasio, insigne defensor de la Fe Católica.

                Nació en Egipto hacia el año 250, siendo hijo de campesinos acomodados.

                En cierta ocasión, durante la Santa Misa, escuchó las Palabras de Jesús: "Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres". 




                Al morir sus padres, San Antonio entregó su hermana al cuidado de las vírgenes consagradas , distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiró al desierto, donde comenzó a llevar una vida de penitencia. Hizo vida eremítica en el desierto, donde encontró a San Pablo Ermitaño.

               Organizó comunidades de oración y trabajo. Pero prefirió retirarse de nuevo al desierto. Allí logró conciliar la vida solitaria con la dirección de un monasterio. Viajó a Alejandría para apoyar la Fe Católica ante las herejía arriana.

               Tuvo muchos discípulos; trabajó en favor de la Iglesia, confortando a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, y apoyando a San Atanasio en sus luchas contra los arrianos.

               Una colección de anécdotas, conocida como "Apotegmas" demuestra su espiritualidad evangélica clara e incisiva.

               Murió hacia el año 356, en el monte Colzim, próximo al mar Rojo. Se dice que de avanzada edad pero no se conoce su fecha de nacimiento.

                Se afirma que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima.​ Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. 

                La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, fundada por esas fechas, se puso bajo su advocación. La iconografía lo refleja, representando a san Antonio con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia que vino a ser su emblema.

                Tras la caída de Constantinopla, las reliquias de Antonio fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois.



De la Carta a Teodoro 
por San Antonio Abab

                 "Si alguien se entrega a Dios de todo corazón, Dios tiene piedad de él y le concede el Espíritu de conversión. Este Espíritu da testimonio ante él de cada uno de sus pecados para que ya no vuelva a caer en ellos. A continuación le revela los adversarios que se levantan ante él y le impiden librarse de ellos, luchando vigorosamente con él para que no persevere en su conversión. Si a pesar de todo conserva el ánimo y obedece al Espíritu, que le exhorta a convertirse, el Creador se apresurara tener piedad del trabajo de su conversión. Y viendo las aflicciones que impone a su cuerpo: oración incesante, ayunos, súplicas, estudio de la Palabra de Dios, alejamiento del mal, huida del mundo y de sus obras, humildad y pobreza de corazón, lágrimas y perseverancia en la vida monástica, - viendo, digo - su trabajo y su paciencia, el Dios de misericordia tendrá piedad de él y lo salvará."




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