viernes, 16 de noviembre de 2018

SANTA GERTRUDIS LA GRANDE, Virgen, Mística y Vidente del Sagrado Corazón de Jesús




SEMBLANZA DE LA PATRONA DE LOS MÍSTICOS


                Nació el 6 de Enero de 1256 en Eisleben (Turingia). A los cinco años de edad, fue enviada a estudiar al monasterio benedictino de Helfta donde su maestra, Santa Matilde, era su hermana de sangre y abadesa. Las dos santas estaban muy unidas en el amor al Señor. Gertrudis era muy atractiva e inteligente. Con el tiempo tomó el hábito en el mismo convento. Era amiga de Santa Mechtilde of Hackeborn (+1298), quien era de la misma comunidad y también tenía una especial devoción al Corazón de Jesús.

                Aun antes que Nuestro Señor se apareciera a Santa Margarita María, Santa Gertrudis la Grande tuvo una experiencia mística del Sagrado Corazón de Jesús.

                Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la Comunión frecuente, la Devoción a San José y sobre todo, la Devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con Santa Matilde y se cuenta que en dos visiones diferentes reclino la cabeza sobre el pecho del Señor y oyó los latidos de Su Corazón.

                Santa Gertrudis sufrió diez años de penosas enfermedades y murió el 17 de Noviembre de 1301 o 1302. Tenía alrededor de los cuarenta y cinco años.

                A la Santa se le atribuyen cinco libros que componen el "Heraldo de la amorosa bondad de Dios" (Comúnmente llamados "Revelaciones de Santa Gertrudis"). El primero fue escrito por amigos íntimos de la santa después de su muerte, el segundo fue escrito por la santa y los restantes fueron compuestos bajo su dirección.




                Sus escritos relatan visiones, comunicaciones y experiencias místicas. Habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Enseña al mismo tiempo que "la adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios".

                Ni Santa Gertrudis ni su hermana fueron canonizadas formalmente, pero el Papa Inocencio XI introdujo el nombre de Gertrudis en el Martirologio Romano en 1677. También el Papa Clemente XII ordenó que se celebrase su fiesta en toda la Iglesia de Occidente.


ORACIÓN al Sagrado Corazón de Jesús
compuesta por Santa Gertrudis
y que podemos recitar a lo largo del día a modo de jaculatoria





NUEVA EDICIÓN de la Oración Diaria al Sagrado Corazón de Jesús (versión para imprimir)


          En la Semana del Buen Cristiano procuramos dedicar los días viernes a la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, también a meditar en Su Pasión, cuyos dolores y sacrificios podremos encontrar si nos adentramos en este Divino Corazón, que es donde Cristo Nuestro Señor guardó con celo Sus deseos para comunicarlos sólo a Sus íntimos...






Para imprimir a doble cara o en un tarjeta, 
para poner en lugar visible, de marcapáginas de libros espirituales, 
sobre la mesa de trabajo, a modo de recordatorio...







jueves, 15 de noviembre de 2018

TODOS LOS FIELES DIFUNTOS DE LA ORDEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN


"Tengamos delante nuestros fundadores verdaderos, 
que son aquellos Santos Padres
de donde descendimos, que sabemos que 
por aquel camino de pobreza y humildad
gozan de Dios”

(Santa Teresa de Jesús)



                Los miembros de la Familia del Carmelo, unidos por un mismo amor a Jesucristo, Redentor del género humano y por la íntima unión con Su Amadísima Madre, Nuestra Señora, reciben consuelo y alegría de estos dos amores no sólo aquí en este mundo terrenal, sino que, inclusive tras cerrar los ojos para abrirlos en la eternidad, gozan en el Bendito Purgatorio del mismo afecto y protección.

                Así como ayer hacíamos memoria de todos los Santos y Bienaventurados Carmelitas que ya están en el Paraíso, hoy recordamos con piedad fraternal a cuantos vistieron el Escapulario y ahora están retenidos en la Cárcel de Amor del Purgatorio. 

                Si atendemos a diferentes revelaciones y a la misma piedad de Nuestra Señora por sus hijos predilectos, hemos de tener por seguro que esta Madre de Misericordia, visita habitualmente a sus hijos del Purgatorio para llevarles la alegría de Su presencia, que no sólo les alivia en sus penas, sino que en no pocas ocasiones, constituye el tramo final de la purga por los pecados cometidos en su vida terrenal.




                Recemos hoy especialmente por esas almas devotas que llevaron son santo orgullo el Escapulario, que demostraron ser hijos y Esclavos fieles de la Reina y Señora del Universo, pero que debido a la debilidad humana, dejaron pendiente algunas penas que ahora saldarán en el Purgatorio.

                No dejemos de ofrecer la Santa Misa de hoy por los Difuntos Carmelitas; ojalá que el rezo tranquilo del Santo Rosario lo podamos recitar también por esas Benditas Ánimas, así como cualquier sacrificio, por pequeño que sea, que seguro será de mucho alivio en medio de sus penas. Pero sobre todo, pensemos con cariño en esas pobres Almas, en su ejemplo de entrega a Nuestra Señora mediante Su Escapulario y que seamos también nosotros fieles en su uso y, sobre todo, en nuestra consagración personal a la Reina y Madre del Carmelo.




miércoles, 14 de noviembre de 2018

TODOS LOS SANTOS Y BIENAVENTURADOS DE LA ORDEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN


«Muchas veces y de diversas maneras, los Santos Padres 
dejaron establecido el modo como cada uno 
ha de vivir en obsequio de Jesucristo y servirle fielmente 
con corazón puro y buena conciencia»

(De la Regla del Carmelo)




                La Santa Iglesia Católica y en particular la Orden del Carmen -la Antigua Observancia y los Descalzos- hace memoria hoy de todos sus Santos y Bienaventurados que ya gozan de la Visión Beatífica en el Cielo.

                Durante su vida en este mundo, se constituyeron en verdaderos carmelitas, puesto que fueron moldeados bajo la figura maternal de Nuestra Señora la Virgen María; tuvieron la dicha de haber vivido en intimidad con Ella y de Ella ser verdaderos Apóstoles y Esclavos. De Nuestra Señora aprendieron a vivir en Cristo y sólo de Su Amor; en Ella se inspiraron para entregar su vida a la Iglesia Católica y a las almas...

                Que el ejemplo de estos Santos, sirva para suscitar nuevas generaciones de santidad en estos tiempos de Apostasía generalizada; jóvenes santos de hoy, que revestidos del Bendito Escapulario del Carmen, testimonien lealtad a la Doctrina Católica de siempre, aunque esa santidad haya de ser vivida en las catacumbas de la resistencia.




                La Gran Familia del Carmelo se divide en dos partes: Religiosos y Cofrades. Los Religiosos, que forman la parte principal de la Orden, se dividen a su vez en Orden Primera (frailes), Orden Segunda (Monjas) y la Orden Tercera (seglares, solteros, casados y viudos). Mientras que los Cofrades, son todos aquellos que llevan impuesto el Bendito Escapulario y que, sin pertenecer propiamente a la Orden, se benefician de las gracias espirituales de la misma: Santas Misas, oraciones, sacrificios...todo lo que los religiosos carmelitas consigan de provecho espiritual, redunda en los Cofrades del Escapulario.

                Oremos pues hoy, a lo largo del día, por todas esas buenas almas que un día en este mundo participaron del Espíritu del Carmelo y que ahora se encuentran retenidas en el Bendito Purgatorio. Tengamos esa caridad para con esas Almas que tan devotas fueron de Nuestra Señora y de Su Escapulario; tal vez cuando tengamos que partir de este mundo, nosotros también necesitaremos con seguridad de las oraciones de otros hermanos.

               Si ha leído este artículo y aún no lleva impuesto el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, ¿a qué espera para llevarlo? El Escapulario NO ES un talismán ni actúa por sí solo; necesita de un sacerdote católico que se lo imponga y cumplir con tres requisitos: vestir el Escapulario día y noche,guardar castidad según el estado del cofrade y rezar a diario el Santo Rosario. 

               Se presupone que en todo lo demás, el Cofrade del Escapulario del Carmen ha de procurar ser un católico ejemplar, cumpliendo la Santa Ley de Dios y las disposiciones de la Santa Madre Iglesia.







martes, 13 de noviembre de 2018

SANTA FRANCISCA JAVIER CABRINI, la Patrona de los Emigrantes


                «Que los pueblos aprendan de ella, que amó con amor ardiente a su patria y que esparció por otros países los tesoros de la caridad y de sus obras, que son llamados a formar una sola familia: una familia que no deben dividir las tribulaciones y las rivalidades, ni las enemistades eternamente preocupadas por vengar las antiguas injurias; una familia que se una en el amor fraterno, cuyo manantial se halla en el mandamiento de Cristo y en su divino ejemplo» 

Pío XII en la Canonización de Santa Francisca Javier Cabrini




               Francisca Cabrini nació el 15 de Julio de 1850 en la localidad de Sant'Angelo Lodigiano, en la región italiana de Lombardía. Desde pequeña quiso ser misionera y China era su destino preferido. Incluso practicaba ciertas privaciones para preparar su cuerpo y espíritu. Sus padres la enviaron a estudiar a una escuela de religiosas en Arluno para que se convirtiera en maestra.

               En 1870 la joven perdió a sus padres y vivió durante dos años con su hermana Rosa. Francisca quiso ingresar como religiosa en la congregación que administraba la escuela en la que se había formado, pero fue rechazada debido a su mala salud.

                Años más tarde, el Obispo de Lodi y el P. Serrati, un sacerdote que conocía las cualidades de la joven como profesora, la invitaron a ayudar en un pequeño orfanato, llamado la Casa de la Providencia y cuya fundadora, Antonia Tondini, llevaba una mala administración.

                 Tondini puso muchos obstáculos al trabajo de la Santa, pero Francisca no se desalentó y fundó la Comunidad de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, inspirada en la figura del misionero jesuita San Francisco Javier. Años más tarde, debido al mal carácter de Tondini, el Obispo cerró el orfanato y dijo a Francisca: “Vos deseáis ser misionera. Pues bien, ha llegado el momento de que lo seáis. Yo no conozco ningún instituto misional femenino. Fundadlo vos misma".

               La Santa y sus compañeras se trasladaron a un convento franciscano que estaba vacío. Redactó las Reglas, el Obispo las aprobó y abrió otras casas. Luego viajó a Roma para obtener el visto bueno de la Santa Sede. En el Vaticano se encontró con el entonces Arzobispo de Nueva York, Mons. Corrigan, quien le pidió que fuera con sus religiosas a Estados Unidos.

              En ese entonces, ella tuvo un sueño que le contó al Papa León XIII y este la animó que viaje a occidente y no a China. Venciendo su miedo al agua, debido a que cayó a un río cuando era niña, la religiosa se embarcó y llegó a Nueva York en 1889. Sin embargo, encontró una realidad pastoral muy dura porque la mayoría de los europeos que habían emigrado allí eran pobres y los sacerdotes habían sido enviados a ese lugar por mala conducta.

                Monseñor Corrigan tuvo problemas para recibir a la Madre Francisca y a sus religiosas y les aconsejó que regresaran a Italia. Pero la Santa estaba decidida y le dijo que el Santo Padre la había enviado a Estados Unidos y ahí se iba a quedar. En poco tiempo consiguió ayuda para fundar un orfanato y consiguió una casa para su Congregación.




                Con el paso del tiempo, las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón se fueron expandiendo por el país. Santa Francisca y sus compañeras se distinguían por la caridad con la que ayudaban a los emigrantes y a los pobres. La gente la quería y a la admiraba. Además, la Santa era conocida por ser muy estricta y su gran sentido de justicia.

                Viajó a Nicaragua, Argentina, Costa Rica, Panamá, Chile, Brasil, Francia e Inglaterra donde fundó casas, conventos, escuelas, hospitales y otras instituciones.

                En 1911 su salud empezó a decaer. Sin embargo, logró trabajar otros seis años más y falleció durante un viaje a Chicago el 22 de diciembre de 1917, cuando contaba 67 años.

                Fue Beatificada por el Papa Pío XI el 13 de Noviembre de 1938 y Canonizada por Pío XII el 7 de Julio de 1946; en 1950, el mismo Papa la proclamó Patrona de los Emigrantes.




lunes, 12 de noviembre de 2018

LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, resumen de la Piedad Católica


                 “El cristiano que comprende su Religión, está persuadido de que cada día es para él un Domingo, un día del Señor en el que fija su corazón y sus pensamientos todos; de que cada día es para él un Viernes, y aun un Viernes Santo, porque doma sus pasiones y recibe en su carne las impresiones de la Cruz de Jesucristo; de que cada día es para él una fiesta de Pascua, porque incesantemente se separa de este mundo de corrupción y pasa al mundo invisible e incorruptible, alimentándose con la Palabra y Carne del Verbo humanado; y finalmente de cada día es para él una Fiesta de Pentecostés, porque resucitó en espíritu con Jesucristo, subió con Él a los Cielos, hasta el Trono del Padre, donde está sentado con Jesucristo, y en Jesucristo, por el cual recibe la plenitud del Espíritu Santo”.

 (Orígenes, Contra Celso, Lib. VIII)



                Ha sido un empeño continuo dar a conocer LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO desde los inicios de este modesto Blog; una y otra vez hemos recordado las Verdades de Fe que entrañan las Devociones más tradicionales y que en otras épocas, ilustraban el entendimiento de aquellas almas sencillas que si bien eran iletradas, precisamente gracias a su Piedad tenían grandes conocimientos de la Doctrina Católica.

                El origen de dedicar cada día de la semana a una Devoción en particular tiene sus inicios en la Edad Media, y transmitido a través de los siglos, con pequeñas variaciones; el esquema final fue recogido en el maravilloso Catecismo de la Perseverancia del sacerdote francés Jean Joseph Gaume, editado por primera vez en 1854 y que ahora actualizamos al vocabulario y estilo de nuestros días.


               La siguiente estampa se ha diseñado para el Apostolado: se puede imprimir a modo de esquema, como parte de nuestro plan de vida espiritual. También es ideal esta estampa para niños que van a recibir a Jesús en la Primera Comunión.

                Aunque como casi siempre que publico algo, he pensado en los "niños grandes", aquellos que un día tuvieron fe y luego la perdieron... a esas almas que andan como ovejas sin Pastor, les he dedicado mis pobres esfuerzos en este apostolado virtual y cuento con la ayuda de Dios, me siga dando energía para seguir en esta labor.






BREVE EXPLICACIÓN DE
 LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO


                "No bastaba a la Iglesia haber desterrado el lenguaje de la idolatría; como madre tierna e ilustrada conocía la flaqueza de sus hijos, y por este motivo, y para conservar continuamente suspenso su fervor con nuevos objetos, piadosas y antiguas tradiciones consignaron a cada feria una devoción particular. El Domingo, o la primera feria, se consagró en todos los tiempos al Señor.

                A principios de la Edad Media, el Lunes, o segunda feria, estaba consagrado al culto especial del Hijo de Dios, la Sabiduría Eterna; mas adelante fue dedicado al Espíritu Santo, para implorar su asistencia al principiar las tareas de la semana, y finalmente en el día se consagra al alivio de las Almas del Purgatorio.

               El Martes, o tercera feria, está generalmente consagrado al culto de los Santos Ángeles y en especial al Ángel Custodio. 

               El Miércoles, o cuarta feria, es el día elegido por la devoción para honrar a San José, y alcanzar la gracia de una buena muerte. Desde los siglos apostólicos ha sido el Miércoles el objeto de una devoción particular en la Iglesia de Oriente y en la de Occidente... era un día de estación, es decir de ayuno y de reunión en los sitios de oración o en los sepulcros de los Mártires, a donde acudían muy temprano, y no salían hasta la hora nona, es decir hasta las tres de la tarde en que acababa la Misa y el pequeño ayuno que se practicaba en este día. Llamábase “pequeño ayuno”, porque tenía tres horas menos que el de la Cuaresma, de las cuatro Témporas y de las vigilias de las grandes festividades, y porque no era de obligación tan estricta, al menos en Occidente.

                Iguales ejercicios de piedad y de penitencia se practicaban el viernes o sexta feria. ¿Deseáis por qué había consagrado la Iglesia estos dos días a reanimar la devoción de sus hijos con el ayuno y la oración? En conmemoración de lo que sucedió a Nuestro Señor la antevíspera y el día de la Pasión. En el miércoles recordaba a sus hijos el consejo de los judíos, en que se había resuelto dar muerte a Jesucristo, y en el viernes les mostraba la ejecución del proyecto deicida. La Iglesia ha creído, por consiguiente, ¿y quién puede vituperarla? Que los crímenes de los hombres, verdadera causa de la muerte del Hijo de Dios, deberían ser para sus hijos un motivo de tristeza en estos dos días de la semana, así como su resurrección era para ellos motivo de consuelo y regocijo en el día domingo (San Agustín, Epístola XXXVI. Ad Casul. n. 30; Baron. Ann. 34, n. 168).

                La Iglesia griega, a pesar de sus tribulaciones y de las diversas revoluciones que ha sufrido, ha conservado hasta nuestros días la costumbre de ayunar todos los Miércoles y Viernes del año, con pocas excepciones. En la Iglesia latina, el ayuno de estos días fue libre hasta el siglo IX, pero se cambio después en simple abstinencia. La del Viernes fue muy pronto considerada como de obligación, y pasó a ser de Ley. Las abstinencia del Miércoles y del Sábado fue libre hasta el siglo XIV, pero habiéndose abolido paulatinamente la del Miércoles, se fortaleció de tal suerte la del Sábado, que llegó a ser tan indispensable como la del viernes.

                  El Jueves, o la quinta feria, se refiere, como sabéis, a un recuerdo tan consolador, que los fieles han honrado este día con un fervor particular. El Hijo de Dios instituyó en un Jueves el Sacramento de la Eucaristía, en el cual lega al género humano para siempre su carne y su sangre para que la comamos y la bebamos: Sacramento augusto que constituye al Salvador, triunfante en el cielo, en compañero de nuestra peregrinación, y en prisionero de su amor en nuestros tabernáculos. Los Jueves del año parecen haber sido destinados, especialmente desde la institución de la Festividad del Corpus, a renovarla, por los oficios públicos, como por las devociones particulares; de modo que casi sucede todos los Jueves del año, relativamente a la fiesta del Corpus, lo que todos los Domingos respecto de la Festividad de Pascua, es decir, que son aquellos una octava continua del Misterio de la Eucaristía, como estos de la Resurrección.

                El Viernes, o sexta feria, está consagrado a la Pasión. En Una gran parte de la Cristiandad se cerraban en este día los tribunales y el ayuno se observó en él tanto en Oriente como en el Occidente hasta el siglo IX. En esta época se trocó en una simple abstinencia, pero de la cual hizo la Iglesia una ley tan rigurosa que solo dispensa de ella en la Fiesta de Navidad, cuando cae en viernes. Los fieles tienen costumbre de añadir a las tres de la tarde de este día a la abstinencia la recitación de cinco Padre nuestros y cinco Ave Marías, en honor de las Cinco Llagas de Nuestro Señor.

                El Sábado fue durante muchos siglos tanta fiesta como los Domingos, y esto por varias razones: en primer lugar para honrar el descanso del Señor después de la Creación, y recordar al hombre que también él, imagen de Dios, creaba en cierto modo durante esta vida, y que entraría un día en el Sábado, o el descanso eterno, figurado por el séptimo día. En segundo lugar, se recuerda que el Salvador había escogido con frecuencia el día del Sábado para hacer curaciones y milagros, y para ir a predicar en las sinagogas. Esta consideración decidió al Emperador Constantino a dar su ley para que se honrase particularmente el Sábado.


 “Catecismo de Perseverancia” por el Padre Jean Joseph Gaume (1854)





domingo, 11 de noviembre de 2018

SAN MARTÍN DE TOURS, el soldado que compartió su capa con Cristo


Infancia y Juventud

               Nació en Sabaria, la antigua Panonia (actual Hungría) 
en el año 317, de padres paganos. Sin embargo, Martín conoció el cristianismo siendo muy joven, y comenzó a interesarse por la vida monástica, aún sin ser bautizado. Ante esto, su padre le alistó en el ejército cuando tenía 15 años, con vistas a que la rudeza y disciplina de la vida militar, a la par de una carrera exitosa, le hicieran olvidar su interés por Cristo.

               Sin embargo, en carrera militar fue donde el santo tuvo un encuentro personal con Cristo, que definiría toda su vida. Cuéntase que, estando destinado en Ambianum (la actual Amiens, Francia), un crudo día de invierno, cuando el Santo atravesaba por la puerta de la ciudad, vio a un pobre mendigo casi desnudo. Martín, con gran misericordia, cortó su manto en dos y le dio la mitad al mendigo. Los que pasaban se rieron de él por el su aspecto ridículo que tenía con media capa, pero a él no le importó. Esa noche tuvo una visión en la que veía a Cristo con su media capa puesta, que decía a los Ángeles: "¡Mirad, este es el manto que me dio Martín el catecúmeno!"




Militar y monje. 

               Luego de esto, en 356, Martín fue bautizado, teniendo dieciocho años; el joven sirvió en el ejército dos años más. Llegó a ser Tribuno, durante el Imperio de Juliano el Apóstata, participando en la campaña contra los francos y los allamanni, que habían invadido tierras del Imperio Romano. 

                Luego de esto, el Santo se fue a Poitiers, donde San Hilario le instruyó en Filosofía y Teología, Biblia y Santos Padres, con vistas a ordenarle diácono, viendo su capacidad de aprendizaje y su creciente fe. Sin embargo, Martín no quiso oír hablar de ello y se fue a Sabaria, con sus padres. En el camino fue asaltado por un ladrón, al cual perdonó y habló tan bien de Cristo, que el hombre se arrepintió al tiempo y se hizo un buen cristiano. Y él mismo relató el hecho a Sulpicio. Ya Martín en su casa, logró convertir a su madre a la Fe Católica. Además, predicó contra los arrianos, que cada vez eran más en Panonia, y por este hecho fue azotado y expulsado de la ciudad.

               Como su protector, San Hilario, había sido desterrado, Martín se fue a Milán, donde vivió como eremita y tuvo de discípulo a San Maurilio, al cual enseñó los rudimentos de las letras, las Sagradas Escrituras, junto con la piedad y el gusto por las cosas sagradas. De cuando en cuando Martín predicaba al pueblo milanés, por lo cual fue expulsado de la ciudad por el obispo arriano, que había usurpado la sede. Entonces se fue Martín a la Isla de Albenga, donde hizo vida eremítica en oración y penitencia.

                Dos años vivió allí, hasta que Hilario regresó a Poitiers, y Martín se fue con él, para seguir aprendiendo la vida monástica. Cuando estaba ya formado, Hilario fundó un recinto monástico y Martín fue de los primeros en formar parte. Allí realizó nuestro Santo su primer milagro: resucitó a un catecúmeno fallecido de fiebres, al cual Sulpicio también conoció y le narró el hecho. 

Obispo en contra de su voluntad 

               En 371 falleció San Lidoire , Obispo de Tours, y el pueblo quiso que Martín fuera su sucesor, pero como sabían que Martín se negaría, le mandaron llamar con la excusa de que visitara a una enferma, y estando de camino, le tendieron una emboscada y le llevaron a Tours a la fuerza. Los Obispos convocados para la ceremonia dudaban de la idoneidad de Martín para ser obispo, sobre todo dudaba Defensor, el Obispo de Angers; pero como el pueblo presionaba, no tuvieron más remedio de que ordenarle presbítero y Obispo, el 4 de Julio del mismo año. Martín siguió viviendo como monje aún después de haber sido nombrado Obispo; para ello se hizo construir una celda anexa a la iglesia, pero cansado del número de visitantes tenía, se fue a un lugar solitario a orillas del Loira, donde luego estaría la abadía de Marmoutier. Allí llegó a tener 80 discípulos, quienes vivían como él, vestido con ásperas pieles, comiendo solo una vez al día y teniendo todo en común. 




              Entre estos discípulos estuvo San Bricio, un chico pobre y pendenciero al cual Martín había tomado bajo su protección a pesar de ser arrogante y malandrín, y aunque una y otra vez le decepcionaba, el santo obispo no cejaba en llevarle al buen camino. Llegó a suspirar San Martín que "Si Cristo debió soportar a Judas, yo tengo que soportar a mi Bricio". Le redujo al redil de Cristo y Brició tomó le hábito monástico la primera comunidad fundada por Martín, y llegó a ser ecónomo de la misma. Y luego sería su sucesor en la sede de Tours. También fueron discípulos suyo, en estos casos según leyendas, San Florencio y San Romano de Garona.

               En las cercanías de su recinto había una aldea donde la gente adoraba a un pino y se resistían a dejar de hacerlo. Martín, viendo que cortar el árbol sería peligroso, ofreció a los paganos que cortasen el árbol, sentándose él en el sitio donde debía caer, para demostrarles que los dioses nada podían frente a Cristo. Así lo hizo y cuando estaba para caer, inexplicablemente, el árbol cayó justo al lado opuesto, derribando un templo de un ídolo. Esto provocó la conversión de los paganos, que levantaron una iglesia en sitio del templo. En otros lugares no tuvo tantas contemplaciones el otrora militar, pues por su propia mano destruía los santuarios paganos los ídolos, edificando iglesias sobre ellos. Por supuesto que no le salía gratis, en Levroux y en Autun le dieron de palos y si no llega a ser por los soldados del Imperio, le habrían matado. 

Muerte y sepultura.

               Martín murió en Candes el 9 de Noviembre de 401, a los 84 años de edad. Su cuerpo fue llevado a Tours; sus reliquias fueron trasladadas con toda solemnidad, nada menos que por 2000 monjes, que formaron cortejo fúnebre entonando salmos.

               Fue sepultado en día 11 en un cementerio a las afueras de la ciudad. En 412 San Bricio construyó allí una iglesia dedicada a San Esteban (en aquella época las iglesias sólo estaban dedicadas a los mártires) para custodiar el sepulcro. El 4 de Julio de 473 San Perpetuo de Tours trasladó las reliquias a una nueva iglesia, bellísima según cuenta San Gregorio de Tours, y que sería la primera del orbe cristiano en estar dedicada a un Santo no Mártir. Fueron las reliquias depositadas en un sepulcro de mármol, que fue veneradísimo durante siglos, a pesar de los desastres y renovaciones de la iglesia. Lo visitaron numerosos Santos, Prelados y Reyes. 




                Sin embargo, en 1562 los herejes calvinistas incendiaron el templo y en su odio anticatólico, profanaron las reliquias del Santo, solo salvándose un hueso y parte del cráneo, que se veneran en la Catedral de Tours. 

                Durante la Revolución Francesa la bella iglesia fue destruida en parte, y en 1802 demolida totalmente. Pero el culto a San Martín no decayó. El célebre P. Delahaye intentó reconstruir una basílica copiando la anterior, pero las nuevas calles y casas emplazadas donde había estado el sepulcro del Santo lo impedían. En 1857 Morlot, Arzobispo de Tours, compró las casas y comenzó la excavación del terreno. En 1860 se descubrió el sitio donde habría estado la tumba, pero era propiedad ajena. Compraron esas casas también y finalmente, siete días después, se halló el venerado sepulcro.





UN REGALO DE LA VIRGEN para nuestros Amigos y Seguidores


                 Queremos agradecer la fidelidad de nuestros lectores, especialmente de aquellos que nos siguen públicamente y que cuyos perfiles aparecen en el margen izquierdo de este Blog. A todos ellos -que son continuos en el Apostolado de difundir los artículos que aquí traemos- deseamos premiar de alguna manera mediante un SORTEO en el que el premio no es otro que un precioso Rosario artesanal; hecho a mano, con esmero y materiales resistentes, por un artesano de Córdoba (España). 

                Los agraciados no tendrán que correr con ningún tipo de gasto, ni tan siquiera el que ocasione el envío, que serán de parte del Administrador de este Blog.







sábado, 10 de noviembre de 2018

SAN ANDRÉS AVELINO, Protector contra la muerte repentina


BREVE SEMBLANZA

               Nació en 1521 en Castronuovo, un pequeño poblado en Sicilia: murió el 10 de Noviembre de 1608. El nombre que recibió a momento del bautismo fue de Lancelotto, el cual, por amor a la cristiandad cambió por el de Andrés, cuando ingresó a la Orden de los Teatinos. Desde su juventud fue un gran amante de la castidad. Luego de recibir su educación primaria en la escuela de Castronuovo, fue enviado a Venecia, a fin de completar los estudios en Humanidades y Filosofía. Siendo un joven bien parecido, su castidad fue frecuentemente en peligro por sus admiradoras femeninas y a fin de escapar de sus lances, se inclinó por los asuntos eclesiales. 




              Fue a Nápoles a estudiar Derecho, y obtuvo el grado de Doctor en Leyes y fue ordenado sacerdote a la edad de veintiséis años. Durante un tiempo, trabajó en la oficina de abogados en la corte eclesiástica de Nápoles. Un día, mientras defendía la causa de un amigo, una mentira se escapó de sus labios al cargo de la argumentación. Cuando, luego, sus ojos se posaron sobre el pasaje bíblico que dice: “La boca puede matar el alma” (Prob. I, 11) llegó a sentir gran remordimiento, y renunció a su profesión como abogado eclesiástico, y durante un tiempo se dedicó por completo a la santa meditación y a otros ejercicios espirituales.

               El Arzobispo de Nápoles, Carlos de Borromeo, le comisionó entonces a la reforma del convento de esa ciudad, el cual debido a la no observancia de disciplina, había llegado a ser una gran fuente de escándalo. 

               Con base en su propio ejemplo y su especial celo y comportamiento, restauró la disciplina religiosa del convento, pero no sin antes haber enfrentado grandes dificultades. Ciertos hombres débiles que acostumbraban tener encuentros clandestinos con las monjas, llegaron a exasperarse con las interferencias del santo, y una noche fue asaltado y severamente herido. Fue enviado entonces, al monasterio de los Teatinos a fin de recuperarse. En ese lugar, resolvió dedicarse por completo a Dios y entró en la Orden de los Teatinos, que recientemente en ese entonces habían sido fundados por San Cayetano. 




               En la Vigilia de la Asunción, fue investido, teniendo treinta y cinco años de edad. Luego de completar su noviciado, obtuvo permiso para visitar las tumbas de los apóstoles y los mártires en Roma, y a su retorno, fue nombrado maestro de novicios. Luego de tener esta oficina durante diez años, fue electo superior. Su celo por la observancia estricta de la disciplina y por la pureza de al realizar sus acciones, además de su gran humildad y sincera piedad, indujeron al General de la Orden a confiarle la fundación de dos nuevas casas de los teatinos, en Milán y la otra en Piacenza. Debido a sus esfuerzos, muchas casas de la orden se desarrollaron en varias diócesis de Italia. En su calidad de superior de estas nuevas sedes religiosas, tuvo mucho éxito en convertir a pecadores y herejes, por medio de su prudencia, en la guía de las almas, por la elocuencia de su prédica. Con ello, fueron muchos los que buscaron su orientación espiritual. 

              Uno de los más conocidos de sus discípulos fue Lorenzo Scupoli, el autor de un libro aún hoy día popular: “El Combate Espiritual”. San Carlos de Borromeo fue íntimo amigo de Avelino y buscó su consejo en los más importantes asuntos de la Iglesia. A pesar de prédicas infatigables, escucha de confesiones y visitas a los enfermos, Avelino todavía tuvo tiempo para escribir trabajos sobre ascetismo. Sus cartas fueron publicadas en 1731, en Nápoles, en dos volúmenes, y otros trabajos de su autoría en cinco volúmenes adicionales, los que fueron publicados tres años más tarde.

              El 10 de Noviembre de 1608, cuando estaba dando inicio al Santo Sacrificio de la Misa, tuvo una apoplejía, y luego de recibir la Comunión, murió como un Santo a la edad de ochenta y ocho años. En 1624, solamente a dieciséis años de su muerte, fue beatificado por Urbano VIII, y en 1712 fue canonizado por Clemente XI. Es venerado como Santo Patrono en Nápoles y en Sicilia, y se le invoca especialmente ante casos de muerte súbita. Sus restos permanecen enterrados en la Iglesia de San Pablo en Nápoles.




LA DEVOCIÓN DEL PAPA PÍO XI POR SAN ANDRÉS AVELINO

          "Entretanto los inviernos se iban sucediendo, los paseos por el jardín se fueron haciendo menos frecuentes y también menos recreativos. Los sinsabores y penalidades sufridas habían dado un zarpazo a la salud del Papa. El Padre Santo me había dicho varias veces que iba a durar poco, pero que esperaba no morir de enfermedad. No quería caer en manos de los hombres, sino directamente en las de Dios.

          “Rezo todos los días un Padrenuestro, Avemaría y Gloria en honor de San Andrés Avelino para que me ayude a tener una muerte repentina tan hermosa como la que tuvo él”

         “¡Qué horror, Dios mío!” – exclamé.

          “Sí, algo de susto para los que me rodean, pero… así es mejor… Se da menos quehacer…”

          “No, Beatísimo Padre: A subitánea et improvisa morte libera nos, Domine – repliqué.

          “¿Qué dice usted?” – me respondió el Papa.

           “La invocación de la Iglesia, Padre Santo: A subitánea et improvisa morte libera nos, Domine”.

          “Pero, ¿qué dice usted? – repitió más fuerte –. ¿No comprende que para nosotros los sacerdotes nunca es la muerte súbita e imprevista, aunque sea repentina? ¡Nosotros siempre estamos preparados y dispuestos para morir!” 

           ¡Qué lección! Quedé impresionado, ejemplarizado con aquella advertencia que me hizo mucho bien».


(Mons. Alberto Arborio Mella di Sant’Elia, Maestro de Cámara Pontificio del Papa Pío XI)





NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA, Madre Misericordiosa del Bendito Purgatorio


            Nada más hermoso y más digno de poseerse que la verdadera caridad. Éste es el fin de todo católico: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos".

            Hoy sábado, tradicionalmente dedicado a Nuestra Señora, pídele a Ella que te ayude a guiar tu mirada a las Benditas Ánimas del Purgatorio, que alargan su mano suplicando una limosna de misericordia; Ellas esperan de la bondad de los mortales que les ayude a calmar sus dolores y librarse de aquellas terribles purificaciones.

            No siempre podemos practicar en este mundo la caridad tal y como querría nuestro corazón, pero sí podemos ser grandes benefactores de las Almas del Purgatorio. Mayores y pequeños, enfermos y sanos, todos podemos socorrer a las Hermanas del Purgatorio con nuestras oraciones, Misas, comuniones, limosnas...

            Ojalá a partir de hoy comiences a ser devoto fiel de las Almas del Purgatorio, que una vez libres de sus penas, serán llevadas a la Presencia de Dios, en la compañía de la Virgen y de los Santos, donde no te quepa duda, se acordarán de ti, que tanto las ayudaste a alcanzar la felicidad eterna.


          

                 Muy felices son los devotos de Nuestra Piadosa Madre, pues no sólo son socorridos por Ella en la tierra, sino que también los asiste y consuela con Su protección en el Purgatorio. Y necesitando tanto más alivio cuanto más padecen, sin poder valerse por sí mismos, mucho más se empeña en socorrerlas esta Madre Misericordiosa. Dice san Bernardino de Siena que, en aquella cárcel de unas almas que son esposas de Jesucristo, María tiene como un cierto dominio y plenos poderes tanto para aliviar como para liberar de aquellas penas.

                En cuanto a aliviar, dice el mismo santo comentando las palabras del Eclesiástico: "Me paseé sobre las olas del mar" (Ecclo 24,8): "Es decir, visitando y socorriendo en las necesidades y en los tormentos de mis devotos que son mis hijos".

                 Dice el mismo santo que las penas del Purgatorio son llamadas olas porque son transitorias, a diferencia de las del infierno que no pasan jamás. Y se llaman olas del mar, porque son penas muy amargas. Afligidos por estas penas, los devotos de Nuestra Señora se ven constantemente visitados y socorridos por Ella. Ved cuánto importa, dice Novarino, ser devoto de esta Señora tan buena, pues Ella no sabe olvidarse de ellos cuando padecen en aquellas llamas. Y si María socorre a todas las Almas del Purgatorio, sin embargo Sus mayores indulgencias y cuidados son para las que le son más devotas.


San Alfonso Mª. de Ligorio, 
"Las Glorias de María"