miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, Aviso Celestial de la Apostasía


               Nuestra Santa Madre la Virgen Santísima nunca nos desampara, siempre se ha hecho presente en la Historia cuando las circunstancias así lo requerían; por eso vino a Zaragoza, en un milagro de bilocación -pues aún vivía en este mundo Nuestra Señora- para aparecerse al Apóstol Santiago y apoyar su labor evegalizadora, dejando muestra visible de Su paso en el glorioso pilar que aún se venera. Desde entonces, la Virgen ha continuado apareciéndose en multitud de lugares y la mayoría de las veces, a niños o almas muy humildes, a las que hace partícipes de Sus anhelos por la salvación de los hombres.

              La aparición que hoy rememoramos tuvo lugar en una meseta montañosa al sudeste de Francia, en el poblado de La Salette, en el distrito de Grenoble, cantón de Corps. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y Melania Calvat Mathieu de quince años estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días.




RELATO DE LA APARICIÓN
por Melanie Calvat

          El día 18 de Septiembre, de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola -relata Melania- como siempre cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacía mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero el, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de el, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.

           Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Ángelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

          Al día siguiente, sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero si un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

LA SEÑORA QUE LLORABA AMARGAMENTE

          Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella esta viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.



Imagen original de los videntes de Nuestra Señora de La Salette:
Maximino Giraud y Melanie Calvat



EL SECRETO DE LA VIRGEN

          La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra del crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luz más brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.

           Le dijo a los jóvenes que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada".

          Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto (1) que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría. A Melania le confiaría además la Regla de Vida para los Apóstoles de los Últimos Tiempos.

          La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?" Respondieron los dos: ¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

DESPUÉS DE LA APARICIÓN...

          Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura (aprox. 3-5 m.). Mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.





          Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.

          A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al párroco. Era un sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del domingo siguiente habló de la visita de la Señora y su petición. Cuando llegó a oídos del obispo que el párroco había hablado sobre la aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro sacerdote. Esto no es sorprendente ya que la Iglesia es muy prudente en no hacer juicios apresurados sobre apariciones.

          Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

           Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a misa. Las tiendas fueron cerradas los domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.


NOTAS ACLARATORIAS:

     1- Para conocer el texto del Secreto de la Salette tan sólo tiene que pulsar aquí...






martes, 18 de septiembre de 2018

SAN JOSÉ DE CUPERTINO, el Místico Penitente


Infancia

           Nació el 17 de J
unio de 1603, en un establo, mientras sus padres Felice y Franceschina, se escondían de los acreedores que les buscaban. Fue el menor de seis hermanos. Entre el hambre, las enfermedades (padeció sarna de pequeño) y la poca atención de la madre, José creció con deficiencias intelectuales y físicas. Un poco tonto, vamos. Donde no tenía deficiencias era en la fe, la piedad y la alegría. Siempre sonreía, a pesar de las burlas y el desprecio de sus convecinos. Ni siquiera le quisieron los franciscanos, los capuchinos le aceptaron por misericordia, para despedirle antes del año por torpe, olvidadizo y poco dado a los oficios. De vuelta al mundo, se colocó en casa de un pariente, que le echó por inútil. Su madre al verle aparecer de nuevo en casa, se deshizo de él, mandándoselo a su tío Donato, franciscano conventual, para que le emplearan como recadero al menos. Y llegó a Santa María della Grottella, que estaba en plena construcción. A esta imagen le tuvo mucha devoción el santo, pues consideraba ella había permitido le aceptasen en el convento, luego de suplicarle toda una noche con lágrimas.





Fraile y Sacerdote

          Pues admitido el santo como sirviente, los frailes le tomaron estima porque aunque era lento y despistado, era muy piadoso, humilde y siempre tenía buen trato para con todos. Y tanto aprecio le tomaron, que en 1625 le admitieron como religioso lego. Torpe era, pero suerte tenía un montón, pues cuando le propusieron estudiar para ser ordenado sacerdote, lo hizo por obediencia, aunque sabía que no iba a aprobar ni un examen. Sólo podía hablar con cierta soltura y explicar la frase evangélica “Bendito el fruto de tu vientre” ¡y fue la que le pidieron explicara, abriendo el sacerdote examinador, el Evangelio por una página al azar. El examen final, para aceptarle o no a la ordenación, era realizado por el Obispo en persona. Y este, luego de examinar a varios candidatos estaba cansado y dijo “¿Para qué examinar a todos los que quedan, si se ve están muy bien preparados?” Y se salvó Cupertino de ser examinado. El 18 de Marzo de 1628 fue ordenado y ya que la predicación se le daba fatal, optó por salvar almas mediante la oración y la penitencia. Y fue un campeón en esta: Ayunaba siempre, jamás comió carne ni bebió licor alguno. Se flagelaba casi diariamente, y con tal fervor, que la sangre salpicaba las paredes y el techo del minúsculo rincón donde lo hacía, llamado actualmente la “capilla de la sangre”. A pesar de ser sacerdote continuó trabajando como un lego más, ocupándose de las tareas más duras sin protestar ni pedir alivio.


El Místico

          Pero por lo que ha pasado a la fama José de Cupertino es por su profunda vida mística y unión con Dios. Sus éxtasis comenzaron el 4 de Octubre de 1630, fiesta de San Francisco, y eran tan frecuentes y elevados, que le prohibieron celebrar Misa en público, o asistir a cualquier otra devoción, por el asombro que causaba en los fieles. La sola mención de Dios, o un misterio de la Fe, lo transportaba y le hacía perder los sentidos. Y fue a más cuando comenzó a elevarse por los aires. Más de 70 éxtasis y elevaciones están perfectamente registrados por los religiosos u otras personas que fueron testigos. Como buen místico era humilde y obediente, al punto que bastaba la palabra del superior para que volviese de los éxtasis, a los que él llamaba “mareos” y retomara sus oficios.

        Hay tres casos que merecen relatarse, pues han pasado a la iconografía del santo: el primero es el de la cruz pesadísima que iba destinada a situarse junto al santuario de la Virgen, situado en lo alto de un monte. Ni diez obreros podían con ella, ante lo cual, el santo hizo una breve oración, tomó la cruz y elevándose por el aire, la depositó tranquilamente en el sitio elegido. El segundo, ocurrió frente al embajador de España y su mujer. Estos dos personajes quisieron conocerle, pues dudaban de lo que se contaba del fraile “volador”. José salió de la clausura y al entrar a la iglesia, miró la imagen de Nuestra Señora e inmediatamente entró en éxtasis y se elevó hasta la imagen, quedando su rostro a unos centímetros del de la Virgen. Luego de unos instantes de profunda oración, descendió al suelo. Y el último caso, hay que traerlo a colación pues ocurrió ante el mismo Papa Urbano VIII, al que le llegaron acusaciones de falsedad, hechicería y falacias de los frailes y de José de Cupertino. Hablando con el Papa, sin defenderse, quedó absorto y comenzó a elevarse. El Duque de Hannover, fue testigo del hecho y al ver aquello, abandonó la herejía protestante y se convirtió a la Fe Católica. Años después también convertiría al príncipe luterano John Frederick mientras San José de Cupertino celebraba la Misa.

           Aunque era inocente de las acusaciones de estafador, y así lo declaró el Santo Oficio luego de tres años de investigaciones, los superiores le enviaron a varios conventos lejanos (Asís, Fossombrone, y finalmente Ossimo en 1656) para alejarle de las multitudes y poner paz en Cupertino, pero daba igual, la gente ávida de portentos y milagros (más que del Evangelio), le seguían adonde iba. También padeció las noches oscuras de la fe, donde la sequedad espiritual es grande y Dios parece haberse escondido. Es un estado espiritual del alma en la que aunque no se perciben los consuelos de Dios, la fe actúa y es lo que sostiene al alma. Tal vez por ello siempre aconsejaba a todos: "Orad, no cansaros nunca de orar. Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que pide, recibe".

          También destacó José por su poder con los demonios, a los que conminaba en el nombre de Cristo. Llegó a liberar a varios posesos que le llevaban a su convento. Aunque no se sentía con fuerza para esto, lo hacía por obediencia a sus superiores. Era un buen confesor, tenía don de conciencias y sin que le dijeran nada, podía saber lo que pesaba a las almas. Y si le ocultaban un pecado, igualmente lo sabía, haciendo que el pecador lo reconociese. Igualmente tuvo el don de la bilocación, que se hizo evidente cuando pudo estar junto a su madre moribunda, mientras estaba en su celda de Asís. Y más de una vez se le vio multiplicar panes o miel. Más de un enfermo y moribundo salió de su presencia totalmente curado. A veces con solo besar su crucifijo, sin que el santo hablase o hiciese algo especial. Y con respecto a la profecía, conocidas son aquellas en las que anunció las muertes de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.


Camino del Paraíso

          El 15 de agosto de 1663 se le permitió celebrar la Santa Misa en público, por ser día de la Asunción. Y fue su última Misa, pues luego del éxtasis que vivió, cayó enfermo. Su estómago se negaba a recibir alimento alguno, arrojándolos al instante. Solamente podía recibir la Sagrada Comunión, que se le dio como Viático el 8 de Septiembre y murió el 18 del mismo mes, con solo 60 años. Fue enterrado el día 20, en la Capilla de la Inmaculada, a la izquierda del altar mayor. Las peregrinaciones y los portentos no demoraron en aparecer, siendo un flujo constante de devoción. En En 1688 se inició el Proceso Apostólico de Canonización, que será aprobado en 1690. En 1735 fue declarado “Venerable”, fue beatificado el 24 de Febrero de 1753, por el Papa Benedicto XIV y canonizado el 16 de Julio de 1767 por Clemente XIII. En 1767, el ministro General de los Conventuales, Domenico Andrea Rossi manda publicar su “Vida y Milagros”.

          Su cuerpo incorrupto se venera en Ossimo. Es abogado de los aviadores, del Ejército del Aire italiano y de los astronautas. También es patrono de los estudiantes con dificultades.



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lunes, 17 de septiembre de 2018

SAN FRANCISCO RECIBE LAS LLAGAS DE CRISTO NUESTRO SEÑOR


           Muchas veces se nos quiere representar la imagen de San Francisco como un Santo "alegre y feliz de la vida", que toleraba a todos y buscaba la paz a cualquier precio. Nada más lejos de la realidad. Quien ha leído "Las Florecillas de San Francisco" y conoce cuanto se ha escrito del Santo por parte de quienes lo conocieron personalmente, sabe bien que San Francisco era un hombre tan sólo preocupado en imitar en todo lo posible a Nuestro Señor Jesucristo.

            Por eso le vemos reprender sin titubeos a quien no cumple la Ley de Dios y preocupado por formar buenos frailes que guarden almas, que se preocupen de la santificación personal de todos los que se cruzan en sus caminos como mendicantes.

           San Francisco, como místico, gozaba de visiones del Cielo, lo que en muchas ocasiones, como ocurre con todas las almas que han saboreado la intimidad con Dios, busca la soledad y el retiro, sabedor que su final está cercano y desea compartir con Nuestro Señor hasta los dolores del Calvario, crucificándose con Él desde entonces hasta su muerte.





                Desde su conversión a Dios, San Francisco profesó una gran devoción a los Misterios de la Pasión del Señor y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo Crucificado. 

                En Septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de Su Dolorosa Pasión.

                Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. El Papa Benedicto XI concedió a la Orden Franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.

               El mismo San Buenaventura, franciscano y Doctor de la Iglesia nos cuenta sobre la Estigmatización de San Francisco:

                     “… mientras oraba…, vio bajar de lo más alto del Cielo a un Serafín que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se encontraba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Apareció entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies estaban extendidos a modo de cruz y clavados a ella. Dos alas se alzaban sobre la cabeza, dos se extendían para volar y las otras dos restantes cubrían todo su cuerpo…

                    Estaba sumamente admirado ante una visión tan misteriosa, sabiendo que el dolor de la Pasión de ningún modo podía avenirse con la dicha inmortal de un Serafín. Por fin, el Señor le dio a entender que aquella visión le había sido presentada así por la Divina Providencia para que el amigo de Cristo supiera de antemano que había de ser transformado totalmente en la imagen de Cristo crucificado no por el martirio de la carne, sino por el incendio de su espíritu. Así sucedió, porque al desaparecer la visión dejó en su corazón un ardor maravilloso, y no fue menos maravillosa la efigie de las señales que imprimió en su carne. Así, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, tal como lo había visto poco antes en la imagen del varón crucificado."

(Leyenda Mayor XIII, 3)

               También se conserva una carta original de la época, de un testigo ocular del Milagro de los Estigmas de San Francisco:

                      “Y ahora os anuncio un gran gozo y un nuevo milagro. El mundo no ha conocido un signo tal, a no ser en el Hijo de Dios, que es Cristo el Señor. No mucho antes de su muerte, el hermano y Padre nuestro Francisco, apareció crucificado, llevando en su cuerpo cinco llagas que son, ciertamente, los estigmas de Cristo. Sus manos y sus pies estaban como atravesadas por clavos de una a otra parte, cubriendo las heridas y del color negro de los clavos. Su costado aparecía traspasado por una lanza y a menudo sangraba.(…) Por tanto, hermanos, bendecid al Dios del Cielo y proclamadlo ante todos, porque ha sido misericordioso con nosotros, y recordad a nuestro Padre y hermano Francisco, para alabanza y gloria suya, porque lo ha engrandecido entre los hombres y lo ha glorificado delante de los Ángeles".

(Carta de Fray Elías, anunciando la muerte de San Francisco de Asís, 3 de Octubre de 1226)




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domingo, 16 de septiembre de 2018

EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO, traicionado por los modernistas (Parte 1)


Interesantes reflexiones de Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo Católico


              En estos tiempos difíciles para la Iglesia Católica, el Cuerpo Místico de Cristo está experimentando una crucifixión espiritual, podemos encontrar una poderosa fuente de consuelo y ayuda sobrenatural al pensar en la similitud extraordinaria que existe entre los acontecimientos gloriosos de la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo, y la crisis actual en la Iglesia.

               La primera observación que debemos hacer es decir que Nuestro Salvador Jesucristo fue rechazado por aquellos que deberían reconocerlo primero como el Mesías prometido y el Hijo de Dios. Como bien sabemos de los cuatro evangelistas, los escribas y los fariseos eran los enemigos más implacables de Cristo.





               Durante su actividad pública, Cristo Nuestro Señor enseñó de una manera tan maravillosa que se habló de Él: " Ningún hombre habló como Él"."(Evangelio de San Juan 7, 46) Su lenguaje era claro y conciso; Su estilo era tan simple que incluso la gente común entiende la verdad profunda, que enseñaron cuatro Evangelios con gran precisión de los grandes milagros de Nuestro Señor. Estas escrituras públicas, sobrenaturales, sin sombra de duda, certifican la Misión Divina de Jesucristo. 

              A pesar de las grandes enseñanzas y milagros de Nuestro Señor, escribas y fariseos, los sacerdotes del templo fueron los que le rechazaron y condenaron a muerte; alborotaron para que la mayor parte del pueblo elegido se volviesen contra Él y exigieron su muerte. Es llamativo y nos recuerda el rechazo y la condena de la Única Verdadera Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica, el Cuerpo Místico de Cristo, por los que antes eran los principales responsables de la Iglesia, pero quienes ahora han traicionado a la Iglesia Católica y la Verdadera Fe por el deseo ilusorio de crear un  falso ecumenismo, la hermandad de todas las religiones.

               La "Declaración Nostra Aetate" del "Concilio Vaticano II" reconoce explícitamente el Hinduismo, el Budismo, el Islam y el Judaísmo a pesar del hecho de que los hindúes y los budistas adoran a dioses falsos que los musulmanes niegan la Divinidad de Cristo y los Judíos no reconocen a Jesucristo como el Mesías. Esta Declaración del Vaticano II llega a la conclusión de que "La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo en estas religiones".

              ¿Alguna vez se ha preguntado acerca de la renuencia fuerte y emocional que la jerarquía moderna de la Iglesia del Vaticano II demuestra al catolicismo tradicional? En esta era ecuménica, en la cual la jerarquía moderna "retorciéndose en todas las direcciones" busca una unidad falsa entre todas las religiones (tanto cristianas como no cristianas), todas son recibidas y reconocidas con ternura. ¿No es irónico que todas y cada una de las religiones sean aceptadas por el Vaticano II, mientras no sean una religión católica tradicional? 

               Parece ser que no está de moda aquella Doctrina de Nuestra Fe Católica que enseñaba que era totalmente necesario pertenecer a la Única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo para poder ser salvos... esa Doctrina simplemente es inaceptable para los modernistas del "Concilio Vaticano II".

               En otras palabras, la doctrina del falso ecumenismo supone que cada una de las muchas y diferentes religiones, el hecho de que si el hombre es bueno y correcto y cumple con la obligación de adorar y alabar a Dios, la aceptación de Jesucristo, Sus enseñanzas y Su Iglesia no es realmente necesario para la salvación... Los católicos siempre han creído que Dios el Padre envió a Su Hijo Unigénito a este mundo para revelar el camino de la salvación a la raza humana de todos los tiempos. Para confirmar Su Misión Divina, Nuestro Señor Jesucristo, realizó los milagros más sorprendentes, fundó la Única Verdadera Iglesia y la dotó con autoridad infalible en las enseñanza de las verdades necesarias para la salvación y dio a esta Iglesia los medios de santificación de sus miembros a través de siete sacramentos y el Santo Sacrificio de la Misa.

               Es por esta razón que la Iglesia Católica antes del Vaticano II, prohibió a los católicos participar activamente en ritos no católicos. (1)

               Para resumir su enseñanza sobre el falso ecumenismo, el Papa Pío XI declara:
"Está claro, Venerables Hermanos, por qué la Santa Sede nunca ha permitido que sus fieles participen en convenciones no católicas". 

                El rechazo y la condena de Cristo por parte de los Sumos Sacerdotes hace casi 2000 años se parece mucho al rechazo actual y la condena de Su Cuerpo Místico, la Iglesia Católica, por parte de la jerarquía moderna. Para los líderes de la sinagoga, Jesucristo era un falso Mesías; para la jerarquía de hoy, los católicos tradicionales son cismáticos excomulgados.


(Continuará...)



Mons. Marco Antonio Pivarunas, Obispo Católico






NOTAS ACLARATORIAS: 

   El Canon 1258 del Código de Derecho Canónico (1917) gobierna:

          "Está prohibido participar activamente de alguna manera, es decir, participar en ritos no católicos".

   Del mismo modo, Canon 2316:

          "Cualquier persona con su propia unidad y conscientemente apoya la promoción de la herejía, o que participa (en contra de Canon 1258) en los ritos no católicos, es sospechoso de herejía"

               Para entender mejor la postura sedevacantista sólo toque aquí





SAN CORNELIO Y SAN CIPRIANO, MÁRTIRES POR LA FE CATÓLICA


               San Cornelio, de origen romano, fue elegido Papa el año 251, en plena persecución de Decio, para suceder al Papa mártir San Fabián. Dos años después muere San Cornelio en Civitavecchia, desterrado por Cristo, el mismo día, aunque no el mismo año, que San Cipriano, como dice San Jerónimo. Fue decapitado el 14 de Septiembre del 258; los fieles, empaparon pañuelos en su sangre martirial y las conservaron como preciosas reliquias.

               San Cipriano era africano, cartaginés. Tuvo como maestro a Tertuliano. Pero a diferencia del maestro, duro polemista, Cipriano buscaba siempre la armonía y la paz. Es una gran figura de la Iglesia occidental. Como escritor es inferior a Tertuliano. Su objetivo es convencer, exhortar.

               Había nacido de una familia pagana. Estudiaba para triunfar. Pero era un alma noble y vio que el paganismo no le satisfacía. Entonces se dedicó a estudiar la doctrina cristiana. El Evangelio fue para él una revelación. El sacerdote Cecilio le instruyó y se bautizó como Cecilio Cipriano.




             Su conversión fue radical. Repartió sus bienes a los pobres e hizo voto de castidad. Tenía un talento excepcional y una gran integridad de vida. El pueblo se fijó en él y fue nombrado obispo de Cartago.

               Un edicto del emperador Decio desencadenó la persecución de los cristianos, que fueron obligados a ofrecer sacrificios a los dioses romanos, bajo pena de muerte. La cristiandad del norte de África era floreciente - unos cien obispos - pero le faltaba madurez. Apenas publicado el edicto, muchos acudieron al Capitolio para ofrecer sacrificios a Júpiter. Incluso obispos y sacerdotes claudicaron.

               Hubo también muchos cristianos generosos que se mantuvieron fieles en los tormentos. Otros muchos huyeron. Cuando la multitud se juntaba en el anfiteatro, muchos gritaban: "Cipriano a los leones". Cipriano también huyó. Parecía que así podría defender mejor a su grey, que lo necesitaba.

               Cuando volvió a su sede, se encontró con un grave problema: Que hacer con los apóstatas y con los libeláticos que querían volver? Los libeláticos eran los que se procuraban un libelo de apostasía, como si hubieran sacrificado, para liberarse de la persecución.

               Había un partido de intransigentes, encabezados por Novaciano, que luego se hizo elegir anti-Papa contra Cornelio. Otros en cambio eran demasiado indulgentes, capitaneados por Donato y Felicísimo. En un Concilio reunido en Cartago se dieron normas con soluciones firmes e indulgentes.

               Tuvo algún conflicto con el Papa Esteban, pues Cipriano se negaba a que los obispos libeláticos Basílides de Astorga y Marcial de Mérida, que habían sido depuestos, volvieran a sus sedes. También defendía Cipriano que había que rebautizar, a los herejes que se convertían. Poco después se reconciliaba con el Papa Sixto II y moría mártir. Por lo demás, siempre defendió la unión con Roma, con la cátedra de Pedro: "No puede tener a Dios por Padre, quien no tiene a la Iglesia por Madre".

              Una nueva persecución fue promovida por el Emperador Valeriano. En su nombre le interrogó Paterno. Cipriano fue desterrado a Curubis. Luego Galerio Máximo le hizo volver a Cartago para tenerlo más cerca y vigilarlo mejor Cipriano sigue solícito la vida de sus fieles y a la vez está atento a los sucesos de la Iglesia universal. Se cartea con el clero de Roma, defiende a Cornelio, influye en las Galias, interviene en las Iglesias ibéricas. Cuando iba a ser ejecutado muchos cristianos le siguieron. Cipriano se arrodilló y se puso a rezar. Dispuso que diesen 25 monedas de oro al verdugo, y recibió el golpe mortal. Era el 14 de Septiembre del 258.


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sábado, 15 de septiembre de 2018

"MIRA MI DOLOR E IMÍTAME EN LO QUE PUDIERES..." los Siete Dolores de Nuestra Señora la Virgen María


               Oportuna conmemoración de la participación dolorosa que la Virgen Santísima tuvo en la Pasión y Muerte de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Si ayer recordábamos la Exaltación de la Santa Cruz, hoy dedicamos la mirada del alma hacia una Madre tan Buena y Santa que quiso sufrir con Su Divino Hijo las penas del Calvario.

              Esta Fiesta fue instituida por el Papa Benedicto XIII en 1727, recogiendo la Piadosa Tradición de los siglos cristianos y extendiéndola oficialmente por toda la Iglesia Católica.





¿CÓMO PODEMOS CONSOLAR A NUESTRA SEÑORA?

          Muy fácil: basta con tomar apenas diez minutos cada día. Leer y meditar de en uno en uno los Siete Dolores de la Virgen Santa, desde la Profecía del anciano Simeón hasta aquél momento de dolor inenarrable como fue el de Nuestra Señora cuando vio a su Hijo muerto, colocado en el sepulcro. Creo que por mucho que meditemos, jamás lograremos adentrarnos por completo en el drama de la María Santísima.

          Si a la meditación de los Siete Dolores, le añadimos la recitación lenta de un Avemaría después del enunciado de cada uno de Sus Dolores, tengamos por seguro que estamos ofreciendo una óptima reparación a la que es Medianera de todas las gracias entre Dios y los hombres.

          Para los más piadosos y amantes de Nuestra Señora, les recomiendo conseguir el Rosario de los Siete Dolores; se compone de siete grupos, con siete cuentas por grupo, para así mejor honrar los Dolores padecidos por la Siempre Virgen María.


PROMESAS DE NUESTRA SEÑORA A LOS DEVOTOS 
Y PROPAGADORES DE LA DEVOCIÓN 
A SUS SIETE DOLORES 

          Nuestra Santa Madre, es tan Bondadosa que no sólo nos pide que nos entreguemos a Ella mediante la meditación de Sus Dolores, sino que además, nos regala singulares gracias a los que le seamos fieles Esclavos y Apóstoles; la Virgen Santa apenas nos pide un poco de nuestro tiempo para consolarla y admitir así, que este mundo, sin Dios, sin Ella, es semejante a un barco sin timón...y a cambio, Ella, la Gran Madre, promete Siete Gracias a los que con devoción practiquen Y DIVULGUEN  esta necesaria devoción. De especial mención me parece que es la número seis, donde Nuestra Señora promete SU ASISTENCIA VISIBLE en nuestra agonía; acaso, ¿habrá mayor consuelo en esta vida que abandonarla acompañado de la que siempre vela por nosotros?.




SIETE GRACIAS QUE PUEDEN ADQUIRIR 
LOS DEVOTOS DE LOS SIETE DOLORES 

  
1ª-   Les concederé paz a sus familias.

2ª-   Serán iluminados sobre los Divinos Misterios.
 
3ª-   Los consolaré en sus dolores y los acompañaré en su trabajo.
 
4ª-   Les concederé todo lo que me pidan siempre y cuando esto no se oponga a la adorable voluntad de Mi Divino Hijo o a la santificación de sus almas.
 
5ª-   Los defenderé en sus batallas espirituales con el enemigo infernal y los protegeré en cada instante de su vida.
 
6ª-   Los ayudaré visiblemente en la hora de su muerte; verán la cara de Su Madre.
 
7ª-   He obtenido de Mi Divino Hijo, que todos aquellos que propagan esta devoción a Mis Lágrimas y Dolores, serán llevados directamente de esta vida terrenal a la eterna felicidad ya que todos sus pecados serán perdonados y Mi Hijo y Yo seremos su eterno consuelo y alegría.


             El Papa Clemente XII, concedió en 1734, una Indulgencia Plenaria y remisión de todos los pecados a quienes recen la Corona diariamente por un mes continuo y luego confesado y comulgado, rogase por la Santa Iglesia; al que verdaderamente arrepentido y confesado, o al menos con firme propósito de confesarse, rezare esta Corona, por cada vez 100 años de indulgencia.



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Para conseguir un Rosario de los Siete Dolores, puede realizar la consulta escribiendo a:

apostoladosanpiox@gmail.com

y visitar su página, donde podrá ver otros Rosarios artesanales. Sólo toque abajo:






viernes, 14 de septiembre de 2018

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ de Nuestro Señor. Glorioso Triunfo de la Fe Católica sobre los infieles



"Nos autem gloriari opórtet 
in Cruce Dómini nostri Iesu Christi"


"Debemos gloriarnos 
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14

   



         El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


         De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

         La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

        El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


        Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


         A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 





         El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.

          Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

          Fue Santo Toribio de Astorga, un importante Obispo, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.




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jueves, 13 de septiembre de 2018

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA: por donde Dios nos concede mayores gracias


                       En La Semana del Buen Cristiano dedicamos el día Jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran fortuna que tenemos los católicos de poder ir a visitar a Nuestro Señor en el Sagrario, que por nuestro amor ha bajado al Altar por manos de los sacerdotes, por quienes también dedicamos de manera especial nuestras oraciones de hoy.

                        Siempre que te sea posible, asiste con piedad sincera al Santo Sacrificio de la Misa y de no poder, guarda unos instantes en la intimidad de casa, figúrate frente al Sagrario, como si estuvieras realmente allí y reza la Estación a Jesús Sacramentado y la Comunión Espiritual; puedes hacer este acto de piedad varias veces en el día, según tus obligaciones y tu amor a Dios... piensa en aquellas almas que andan apartadas de Dios, que no asisten a la Santa Misa, que jamás comulgan; con tus Comuniones Espirituales puedes reparar a Jesús por tantas faltas de amor hacia Su Santísimo Sacramento. Únete a Su Dolor y Soledad en los Sagrarios, donde noche y día nos aguarda esperando nuestra limosna de cariño...




               Siendo la Misa como es de valor infinito, bastaría una sola para reparar, con gran sobreabundancia, todos los pecados del mundo y liberar de sus penas a todas las almas del purgatorio. Sin embargo, este efecto infinito no se nos aplica en toda su plenitud, sino en grado limitado y finito, según las disposiciones de nuestra alma. Está claro que no gana igual el que oye la Misa con tibieza y poca devoción que el que la oye con gran fervor y extraordinaria devoción. 

               No obstante, aun independientemente de nuestras disposiciones, la Misa como los demás Sacramentos, confieren la gracia ex opere operato, esto es, por su propia virtud intrínseca independientemente de las disposiciones del sujeto, con tal, naturalmente, que no ponga obstáculos a la gracia. Es de Fe que el valor de una Misa es infinito; pero ese valor no se nos aplica a nosotros en su totalidad sino en cierta medida según nuestras disposiciones. El mérito sobrenatural se valora, ante todo, por la virtud de la caridad. 

               La intensidad del amor de Dios con que se realiza una acción determina el grado de su mérito. Pero hay dos clases de mérito: el de condigno, que se funda en razones de justicia, y el de congruo, que no se funda en razones de justicia ni tampoco en pura gratitud, sino en la liberalidad del que recompensa. Por tanto, dos acciones hechas con la misma intención y el mismo grado de caridad, aunque en justicia pueda parecer que deba corresponderías el mismo mérito, en la práctica podrá haber un mérito muy desigual, porque congruamente Dios haya querido recompensarla más. Por eso, por la Misa, porque en ella se ofrece la Víctima más agradable a Dios, es por donde Dios nos concede mayores gracias.

              Es una verdad incontestable, que todas las religiones que existieron desde el principio del mundo establecieron algún sacrificio que constituyó la parte esencial del culto debido a Dios: empero, como sus leyes eran o viciosas o imperfectas, también los sacrificios que prescribían participaban de sus vicios o de sus imperfecciones. Nada más vano que los sacrificios de los idólatras, y por consiguiente no hay necesidad de mencionarlos. 

              En cuanto a los de los hebreos, aun cuando profesaban entonces la verdadera Religión, eran también pobres e imperfectos, pues sólo consistían en figuras: Infirma et egena elementa, según expresión del Apóstol San Pablo, porque no podían borrar los pecados ni conferir la gracia divina. 

               El Sacrificio, pues, que poseemos en nuestra Santa Religión es el de la Santa Misa, el único Sacrificio Santo y de todo punto perfecto. Por medio de él todos los fieles pueden honrar dignamente a Dios, reconociendo Su dominio soberano sobre nosotros, y protestando al mismo tiempo su propia nada. Por esta razón el Santo Rey David le llama Sacrificium justitiae, sacrificio de justicia, no sólo porque contiene al Justo por excelencia y al Santo de los Santos, o mejor dicho, a la Justicia y Santidad por esencia, sino porque santifica las almas por la infusión de la gracia y por la abundancia de dones celestiales que les comunica. 

               Siendo, pues, este Augusto Sacrificio el más venerable y excelente de todos, y a fin de que te formes la sublime idea que debes tener de un tesoro tan precioso, vamos a explicar sucintamente algunas de sus divinas excelencias, porque para explicarlas todas se necesitaba otra inteligencia superior a la nuestra.


Continuará...


(San Leonardo de Porto-Mauricio, en su obra "El Tesoro escondido de la Santa Misa")


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