sábado, 25 de marzo de 2017

LA ANUNCIACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, DÍA PRINCIPAL DE LOS ESCLAVOS DE NUESTRA SEÑORA




     San Luis María Grignión de Montfort, el Apóstol de la Esclavitud Mariana, tenía la Festividad de la Anunciación de Nuestra Señora, como el día principal para los Esclavos de María, pues en aquél día Nuestra Madre Bendita pronunció aquellas palabras que son compendio para un verdadero católico:


"Yo soy la esclava del Señor; 
hágase en mí lo que me has dicho".




PRÁCTICA EXTERIOR DE ENTREGA
como Esclavo de Amor a Nuestra Reina y Señora
 La Purísima Virgen María


     La primera es entregarse, en algún día señalado, a Jesucristo, por manos de María, cuyos esclavos nos hacemos, comulgar al efecto en ese día y pasarlo en oración. Y esta consagración ha de renovarse por lo menos todos los años en el mismo día.
 
      La segunda dar todos los años en el mismo día un pequeño tributo a la Santísima Virgen en testimonio de servidumbre y dependencia; tal es siempre el homenaje de los esclavos para con sus señores. Consiste, pues, este tributo en alguna mortificación, limosna o peregrinación, o en algunas oraciones. Lo importante es que, si no se le da mucho a María, debe al menos ofrecerse lo que se le presente con humildad y agradecido corazón.
 
       La tercera es celebrar todos los años con devoción particular la fiesta de la Anunciación, que es la fiesta principal de esta Devoción establecida para honrar e imitar la dependencia en que el Verbo Eterno por amor nuestro en este día se puso.


ORACIÓN DE LOS ESCLAVOS
 DE MARÍA NUESTRA SEÑORA


     Te saludo, María, Hija predilecta del Padre eterno. Te saludo, María, Madre admirable del Hijo. Te saludo María, Esposa fidelísima del Espíritu Santo. Te saludo, María, mi amada Madre, mi amable Señora, mi poderosa Soberana. Te saludo, mi gozo, mi gloria, mi corazón y mi alma. Vos sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia. Pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Vos todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada ni para mí, ni para otros.

     Si algo veis en mí que todavía no sea vuestro, tomadlo en seguida, os lo suplico, y haceos dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrade a Dios y plantad, levantad y producid todo lo que os guste.

     La luz de vuestra fe disipe las tinieblas de mi espíritu; vuestra humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; vuestra contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; vuestra continua vista de Dios llene de Su presencia mi memoria, la caridad de vuestro Corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a vuestras virtudes mis pecados; vuestros méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haced, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el vuestro para conocer a Jesucristo y su divina voluntad; que no tenga más alma que la vuestra para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el vuestro para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Vos.
 
     No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Vos el ver claro, sin tinieblas; para Vos el gustar por entero sin amargura; para Vos el triunfar gloriosa a la diestra de vuestro Hijo, sin humillación; para Vos el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios.

     Esta es, Bienaventurada Virgen María, la mejor parte que se os ha concedido, y que jamás se os quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro, sino el experimentar el que Vos tuvisteis: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Vos, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia os pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén a todo lo que hicisteis sobre la tierra cuando vivíais; amén a todo lo que hacéis al presente en el cielo; amén a todo lo que hacéis en mi alma, para que en ella no haya nada más que Vos, para glorificar plenamente a Jesús en mí, en el tiempo y en la eternidad. Amén.


EL SECRETO DE MARÍA
por San Luis María Grignión de Montfort




miércoles, 22 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, VIVE EN CUERPO Y ALMA EN EL PARAÍSO


Acerca de la piadosa creencia de que el Glorioso San José, al morir para este mundo, no conoció la corrupción de la carne puesto que fue resucitado y ascendió a los Cielos con Cristo Nuestro Señor

     San Francisco de Sales:”¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este glorioso Santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al Cielo?...Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el día del Juicio Cómo podemos dudar que nuestro Señor haría subir consigo al cielo en cuerpo y alma al glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía? ¡Cuántos besos le dio tiernísimamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el Cielo en cuerpo y alma”.(Sermón de San José.



     San Bernardino de Sena (+ 1444) lo afirma claramente: “Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su santísima Madre, a su padre putativo; de modo que como a esta la subió al cielo gloriosa en cuerpo y alma, así también el día de su resurrección unió consigo al santísimo José en la gloria de la resurrección; para que como aquella santa Familia –Cristo, la Virgen y José- vivió junta en la laboriosa vida y en gracia amorosa, así ahora en la gloria feliz reine con el cuerpo y alma en los cielos”(Sermo de S. Joseph, a. 3) 


     Padre Bonifacio Llamera, O.P.: "Parece razonable que la Familia Sagrada, integrada por Jesús, María y José, predestinada a iniciar la nueva vida divina del linaje humano con anterioridad a todos los demás cristianos, inicie también la vida gloriosa de la resurrección con anterioridad a todos los demás. Verdad es que Jesús y María son muy superiores a San José, pero esa superioridad no obstó para que el Santo Patriarca perteneciera a la Sagrada Familia y con nexo tan entrañable como el esponsal y paternal. No parece, pues, que estando ya resucitado Jesús, esté sin resucitar su padre, y estando ya resucitada María, esté sin resucitar su dignísimo esposo”...

     "...podemos, por tanto, creer que San José, nuestro amantísimo Patriarca, ha triunfado ya en cuerpo y alma, gozando como todos lo otros santos y de un modo absoluto, de la vida del alma, y también de la vidas del cuerpo, que a él principalmente le es debida, en la divina e inseparable compañía de Jesús y de María (La teología e San José, p. II, c. 6) 




martes, 21 de marzo de 2017

ROSARIO DE ALABANZAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS




Existe una sociedad en la que cada miembro 
se compromete a decir, cada día, cincuenta blasfemias contra la Santísima Virgen María, 
en contraposición de la cual se ha publicado el siguiente...

 ROSARIO DE ALABANZAS
 A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
 EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS
 
 OFRECIMIENTO

¡Oh María, Madre mía Inmaculada! Deseando desagraviarte de las ofensas que recibe Tu Purísimo Corazón, especialmente de las blasfemias que se dirigen contra Ti, te ofrezco estas alabanzas con el fin de consolarte por tantos hijos ingratos que no te aman, y consolar el Corazón de Tu Divino Hijo a quien tanto ofenden las injurias dirigidas contra Ti. Dígnate, Dulcísima Madre mía, recibir éste mi pobre obsequio; haz que te ame cada vez más, y mira con ojos de misericordia a esos desgraciados para que no tarden en arrojarse es tus maternales brazos. Amén.

Dígnate que te alabe, Virgen Sagrada.
Dame virtud contra tus enemigos.

(*) Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción
Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre
Bendito sea su Corazón Inmaculado
Bendita sea su Pureza Virginal
Bendita sea su Divina Maternidad
Bendita sea su Mediación Universal
Benditos sean sus Dolores y Lágrimas
Benditas sean las gracias con que el Señor la
Coronó como Reina de Cielos y Tierra
Gloria a María Hija del Padre, Gloria a María Madre del Hijo, 
Gloria a María Esposa del Espíritu Santo.

(Desde el * se repite cinco veces, y al final se añade):
Madre mía, te amo por los que no te aman, te alabo por los que te blasfeman,
 me entrego a Ti por los que no quieren reconocerte por Madre.


A.M.G.D. et B.M.V.M.C.


lunes, 20 de marzo de 2017

DE LAS PENAS DEL PURGATORIO



La absolución perdona las culpas mortales y la pena eterna se conmuta con la penitencia dada; pero ésta suele ser tan ligera que ha de continuarse en vida o en el Purgatorio.

Según dice San Vicente Ferrer, por un pecado venial se padece un año de Purgatorio; miremos los pecados cometidos y podremos calcular los años de Purgatorio que nos esperan. Y qué será de los pecados mortales que, aunque perdonados, debamos satisfacer del todo la culpa.

Las penas del Purgatorio parecen más largas de lo que son, porque las Almas saben el largo tiempo que han de sufrir , lo caro que han de pagar tan breves gustos, y que podrían haber podido enmendarse con facilidad y no lo hicieron.


Escucha a las Benditas Ánimas que nos dicen: “Cristianos, mirad lo largos y pesados que son nuestros sufrimientos. Tanto nos amabais antes y ahora nos tenéis olvidados entre atroces tormentos cuando más os necesitamos. Podéis aliviarnos con vuestras oraciones y sacrificios; no endurezcáis vuestros corazones y sed generosos con los que tanto os amaron en vida.”

domingo, 19 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, PATRÓN DE LA IGLESIA UNIVERSAL


     Nuestro Padre y Señor San José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Si está indisociablemente unido con su Hijo y Esposa virginales en la Redención objetiva desde los inicios de Nazaret hasta el Calvario , es lógico también que proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio en la aplicación de sus frutos salvíficos en el tiempo de la Iglesia nacida del costado abierto de los tres Corazones unidos de la trinidad de la tierra hasta la Parusía, tanto a los vivos como a los difuntos que se purifican en el Bendito Purgatorio.





     También San José, a semejanza de Nuestra Señora, prestó su libre consentimiento a los planes divinos. El Glorioso Patriarca entregó todo su ser en  manos de Dios y aceptó los sufrimientos que le deben corresponder en el plan salvífico divino, ofreciéndolos en unión del Sacrificio de Cristo Redentor. Su sacrificio, aún sin presenciar en vida mortal el drama sangriento de la Pasión, fue perfecto. San José se inmoló a sí mismo silenciosamente, viviendo de forma anticipada en su corazón la Crucifixión dolorosísima de Cristo, las amarguras indecibles de su Santa Esposa.

     La Santa Iglesia de Dios busca en San José el mismo apoyo, la fortaleza, la defensa y la paz que supo proporcionar a la Sagrada Familia de Nazaret, que fue como el germen en que ya se encontraba contenida toda la Iglesia. 

     El Patrocinio de San José se extiende a toda la Iglesia Universal, la Militante, la Purgante y la Celestial, en todos los tiempos y en todas y cada una de sus necesidades, sin excepción, pues es Corredentor Universal y Mediador paternal de la dispensación del tesoro redentivo que ha contribuido a adquirir para nosotros.





sábado, 18 de marzo de 2017

"UN APREMIANTE LLAMADO A LA TIERRA"...se cumplen las Profecías de La Salette






"He aquí a la bestia con sus súbditos,
 diciéndose salvador del mundo..."


Jorge Mario Bergoglio, que usurpa la Sede de Pedro, besando la mano de unos judíos,
"que no agradan a Dios y son enemigos a todos los hombres".
(II Tesalonicenses, cap. 2, ver. 15)


En un acto "ecuménico" con el presidente de la Confederación Luterana


Con un "obispo" anglicano. El Papa León XIII ya aclaró en su día
 que los anglicanos habían perdido la Sucesión Apostólica 
por alterar el Rito de Ordenación Sacerdotal









viernes, 17 de marzo de 2017

"LA FLECHA DE ORO": PARA DESAGRAVIAR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y ABRIR LOS TORRENTES DE LA GRACIA PARA LOS PECADORES


Sor María de San Pedro fue una monja carmelita en Tours, Francia que vivió de 1816 a 1848.
El 24 de noviembre de 1843, Nuestro Señor le comunicó las siguientes palabras:

La Tierra está repleta de crímenes. La violación de los primeros tres mandamientos de Dios ha molestado a mi Padre. El Santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el Santo Día del Señor profanado, saturado de cantidad de iniquidades. Estos pecados se han acumulado hasta el Trono de Dios y han provocado su ira, la cual estallará pronto si su justicia no es apaciguada. Jamás han llegado estos crímenes a tal punto”.


Anteriormente, Sor María de San Pedro había recibido una comunicación especial de Nuestro Señor el 24 de agosto de 1843:

Él me abrió Su Corazón, y juntando allí las fuerzas de mi alma, se dirigió a mí con estas palabras: ‘Mi Nombre es blasfemado en todas partes. Hasta los niños me blasfeman’. Él me hizo entender que este espantoso pecado lastima penosamente Su Divino Corazón más que cualquier otro. Por medio de la blasfemia el pecador maldice el Rostro de Dios, lo ataca abiertamente, anula la Redención y pronuncia su propia condenación y juicio.
La blasfemia es una flecha envenenada que siempre lastima su Divino Corazón. Él me dijo que desea darme una Flecha de Oro con la cual herir con delicias su Corazón y sanar esas heridas infligidas por la malicia de los pecadores".

Este es el origen de la oración que casi todos conocemos, "La Flecha de Oro".

En estos comunicados del Cielo, se le pidió a Sor María de San Pedro hacer una comunión de reparación por la profanación dominical (pecado contra el Tercer Mandamiento).
Sor María de San Pedro escribe:

“... Nuestro Señor me ordenó comulgar los domingos por estas tres intenciones particulares:
1) En espíritu de expiación por todas las tareas prohibidas que se hacen los domingos, que como día de observancia debe ser santificado;
2) Para apaciguar la Justicia Divina que estaba a punto de descargarse a causa de la profanación de los días de guardar;
3) Para implorar la conversión de aquellos pecadores que profanan los domingos, y para lograr la terminación del trabajo dominical prohibido”.



Nuestro Señor dijo que esta oración desencadena un “torrente de gracia para los pecadores”. Vemos que el Cielo facilita nuestra colaboración en la salvación de las almas. Podemos aprender de memoria estas oraciones que el Cielo nos ha dado y repetirlas para consolar a Nuestro Señor y hacerle reparación. De eso de trata: el Cielo nos pide constantemente hacer reparación.




jueves, 16 de marzo de 2017

COMO ÁNGELES ENTRE LOS HOMBRES


   Durante once siglos estuvo excluido del estado de clérigo todo el que hubiera cometido un solo pecado mortal después del bautismo, como lo recuerdan los concilios de Nicea (Can. 9, 10), de Toledo (1can. .2), de Elvira (Can. 76) y de Cartago (Can .68). Y si un clérigo después de las ordenes sagradas caía en pecado, era depuesto para siempre y encerrado en un monasterio, como se lee en muchas cánones (Cor, Iu. Can, dist. 81); y he aquí la razón aducida: porque la santa Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible. Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas (...). Y en el concilio de Cartago se lee: “Los clérigos que tienen por heredad al Señor han de vivir apartado de la compañía del siglo”. Y el concilio Tridentino va aún más lejos cuando dice que “los clérigos han de vivir de tal modo que su habito, maneras, conversaciones, etc., todo sea grave y lleno de unción (...). Decía San Crisóstomo que “el sacerdote ha de ser tan perfecto que todos lo puedan contemplar como modelo de santidad, porque para esto puso Dios en la tierra a los sacerdotes, para vivir como ángeles y ser luz y maestros de virtud para todos los demás” (...). El nombre de clérigo, según enseña san Jerónimo, significa que tiene a Dios por su porción; lo que le hace decir que el clérigo se penetre de la significación de su nombre y adapte a él su conducta (...) y si Dios es su porción, viva tan solo para Dios (...).


   El sacerdote es ministro de Dios, encargado de desempeñar dos funciones en extremo nobles y elevadas, a saber: honrarlo con sacrificios y santificar las almas. Todo pontífice escogido de entre los hombres es constituido en pro de los hombres, cuanto a las cosas que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados [Hebr. 5, 1]. Santo Tomás escribe acerca de este texto: “Todo sacerdote es elegido por Dios y colocado en la tierra para atender no a la ganancia y riquezas , ni de estimas, ni de diversiones, ni de mejoras domesticas, sino a los interés de la gloria de Dios” (In Hebr., 5, lect. I). Por eso las escrituras llaman al sacerdote hombre de Dios [1 Tm 6, 11], hombre que no es del mundo, ni de sus familiares, ni siquiera de sí propio, sino tan solo de Dios, y que no busca más que a Dios. A los sacerdotes se aplican, por tanto las palabras de David: Tal de los que le buscan es la estirpe (Sal 25, 6); esta es la estirpe de los que busca a Dios solamente. Así como en el cielo destinó Dios ciertos ángeles que asistiesen a su Trono, así en la tierra, entre los demás hombres, destinó a los sacerdotes para procurar su gloria. Por esto les dice el Levítico Os he separado de entre los pueblos para que seáis míos [Lev 20, 26]. San Juan Crisóstomo dice: “Dios nos eligió para que seamos en la tierra como ángeles entre los hombres” (...).


San Alfonso María de Ligorio
"La dignidad y santidad sacerdotal"




miércoles, 15 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, EL MAYOR AMOR DE JESÚS Y DE MARÍA




     Por lo mucho que amaron Jesús y María a San José, como a cuidadosísima y prenda preciosísima suya. Amóle el Hijo de Dios con tiernísimo amor, como declaró Su Majestad en una revelación que refiere Isidoro Isolano (Lib.1, cap. 4) por estas palabras: "Yo conversaba con él en todas las cosas, como si fuera su Hijo, en todo le era obediente, como los hijos a sus padres, y a amaba Yo a José, como a la niña de mis ojos. Fue José, a quien después de la Virgen, el Dulcísimo Niño Jesús besó más veces con su divina boca, se le colgó al cuello, limpió el sudor con sus benditas manos, e hizo otros innumerables regalos, que los niños amorosos suelen hacer a sus padres, que cualquiera de ellos bastara para enriquecer de bienes espirituales al alma más seca que hubiera en el mundo." 

     Singularísimo fue el amor que Nuestra Señora tuvo a Su Esposo San José; un Doctor importante afirma que después de Cristo a ninguna otra persona amó más la Virgen, que a San José. Amábale, como a prenda dada por Dios, para tan altos fines. Crecía este amor en la Virgen cada día más, con la ley del agradecimiento, que en Ella fue inviolable, aún de servicios muy pequeños, cuanto más de los que San José le hacía, que eran grandísimos. Aumentábale asímismo el amor, además de las obligaciones, la semejanza de costumbres , y condiciones, la ordinaria compañía de tantos años, sin ninguna ocasión de discordia, todo lo cual era imposible, que dejase de engendrar grandísimo amor y buena querencia.

     Comunicóle esta Gran Señora a San José, dice Ubertino (Lib.2, cap.6), todo cuanto tenía de tesoro en Su Corazón, según la capacidad de José. Dábale parte de su interior, pedíale la ayudase a dar gracias por las muchas mercedes recibidas; trataba con él sus altísimos pensamientos y deseos; queríale más la Virgen Santísima, que ninguna otra esposa del mundo ha querido a su esposo.

     De este grandísimo amor le nace a esta Reina, el enorme contento que recibe con los servicios, que le hacen a este glorioso Santo. Así lo dijo Ella misma a Santa Teresa: "Luego me pareció asirme las manos Nuestra Señora y díjome que le causaba un enorme contento el servir al Glorioso San José, y que creyese que lo que pretendía del Monasterio, se haría y en él se serviría mucho al Señor y a ellos dos y que nos lo guardarían." 



(Padre Francisco de Jesús María, Carmelita Descalzo)



martes, 14 de marzo de 2017

EL LIBERALISMO, ENEMIGO DEL REINADO DE JESUCRISTO


   "En el papel que queda adjunto con este, dejo unos apuntes que se pueden añadir a mis Instrucciones sobre la conducta que hay que observar con los liberales.

   Confieso, una vez más, que el Liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia, del Reinado de Jesucristo, y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde se exponga mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel grande que diga: El Liberalismo es pecado.

   Deseo y pido que me entierren con mi santo hábito religioso, como hijo de mi Gran Padre San Agustín, y que me sepulten en tierra en la capilla del Santísimo de la Catedral. En lo demás cúmplase lo que manda la Iglesia en el Pontifical sobre entierro del Obispo. En nada me puedo oponer a esa solemnidad, puesto que es ordenada por la Iglesia.

   Pido perdón de mis faltas en el desempeño de mi cargo pastoral; primero, a Dios Nuestro Señor; segundo, a mi amado Clero; tercero, a todos los fieles del Obispado, y a cuantos haya ofendido en el curso de mi vida, o en algo les haya perjudicado de alguna manera, ya sea por comisión, ya por omisión. A todos suplico rueguen a Dios por mi pobre alma.


   Concluyo diciendo que bajo al sepulcro con la gran pena de ver que se trata de descatolizar a Pasto, y de que bastantes de los que se llaman católicos tienen ya mucho de liberales, siendo éstos los que más contribuyen a que el error progrese, y llegando a tal ceguedad que no ven la luz de la verdad católica que condena ese modo de obrar. Pobres ciegos, conducen a otros ciegos, y todos van cayendo en los hondos abismos del error.

   La Concordia, tal como se ha entendido y practicado hasta ahora, ha sido una espantosa calamidad para la fe de estos pueblos. Comprendí los daños que vendrían con la Concordia desde un principio, y por eso protesté contra ella en el día mismo en que los liberales la proclamaban aquí, en una hoja suelta que dieron meses antes de posesionarse el Gobierno actual. No es posible que lobos y ovejas anden revueltos, sin que las ovejas reciban algún daño, sin un milagro de primer orden. Y creo que uno de los venenos más activos y eficaces con que cuenta el infierno, es la mezcla de la verdad y del error, de lo bueno y de lo malo. Y este veneno es el que están tomando muchos, y dándole a tomar a otros, y van muriendo los que lo toman a la verdad y a la virtud, con daño indecible para el Catolicismo.

   Yo he gritado contra ese mal, y aun he sufrido por gritar. No me arrepiento de haber gritado. Si en este punto tengo que arrepentirme, será el no haber gritado más.

   La fe se va perdiendo; el liberalismo ha ganado lo indecible, y esta espantosa realidad proclama, con tristísima evidencia, el más completo fracaso de la pretendida concordia entre los que aman el altar y los que abominan el altar, entre católicos y liberales.

   No cabe la tal concordia sin perjuicio del Catolicismo. Llegará pronto el tiempo en que desaparezca esta alianza aparente, y para vergüenza y castigo de los católicos que se han dejado engañar, no serán ellos los que lancen de sí a los liberales, sino que serán los liberales los que lancen a ellos.

   Firmo todo lo que precede en Pasto, a seis de Octubre de mil novecientos cinco."

Fray Ezequiel, Obispo de Pasto.