martes, 16 de octubre de 2018

225 ANIVERSARIO DE LA REINA MÁRTIR DE FRANCIA, María Antonieta de Habsburgo-Lorena


                       Hoy se cumplen 225 años desde el cruel asesinato de la Reina de Francia, María Antonia de Habsburgo-Lorena, mujer del Rey Luis XVI y Archiduquesa de Austria por derecho. En nombre de la Revolución que clamaba "libertad, igualdad y fraternidad" -alentada por masones y anticlericales- la joven Reina fue el chivo expiatorio de los odios del populacho y de la envidia de los mediocres. 

                     Eliminar la Monarquía era sinónimo de acabar con la Autoridad de Dios en la tierra, con los valores más elementales de la Civilización Cristiana, Jerárquica y ordenada, para implantar los nefastos principios del igualitarismo y el libertinaje; desde entonces, la llama revolucionaria no ha dejado de brotar una y otra vez frente a los valores tradicionales, que mantienen aún sus ascuas vivas.




              La mañana del 16 de Octubre de 1793, toda la gente de la ciudad de París se halla en las calles, en los balcones y en los tejados. La regia figura de María Antonieta, Archiduquesa de Austria por sangre, Reina de Francia y Navarra por su matrimonio, es abucheada e insultada; se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, condenada a morir en la guillotina, a los 37 años de edad, y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el Rey Luis XVI

            Cae la cabeza de la Reina y el verdugo la muestra a la muchedumbre que abarrota la plaza de la Revolución -la actual plaza de la Concordia, donde nace la avenida de los Campos Elíseos- y que grita con furia diabólica: ¡Viva la República!

           He aquí, señores, su tortura de Reina. Fue completa, nada faltó, y todo ella lo soportó con calma y resignación, arrancando, de vez en cuando, gritos de admiración de sus propios adversarios.

            Como esposa, María Antonieta sufrió el mayor de los martirios. Su marido, al cual ella dedicaba todos los sentimientos de una esposa católica ejemplar, después de ser blanco de las más crueles afrontas, fue, en fin, arrastrado a una muerte gloriosa para la posteridad, pero que parecía entonces absolutamente deprimente. De su prisión del Templo, oyó María Antonieta, ciertamente, el retumbar de los tambores anunciando que la Convención Nacional, en nombre de la igualdad, destruía al inocente representante de la realeza, en nombre de la libertad lo impedía despedirse, al borde de la tumba, de su pueblo a quien mucho amara, en nombre de la fraternidad le iría a quitar la vida en la guillotina.

            Pero, señores, fue la madre que, en María Antonieta, sufrió las más horrorosas torturas. Cuando la Convención fue a separa a María Antonieta de su hijo, esta, durante dos horas, cubriendo con su cuerpo el del inocente principito, luchó contra el brutal zapatero Simón y su bando siniestro, sólo abandonando al hijo cuando, de todo en todo, le faltaron las fuerzas para resistir. Largos fueron los meses de la separación. Sola, terriblemente sola, presa a la vista de un cuarto horrible de la prisión del Templo, la infeliz mujer tenía como único consuelo, y por lo demás poderoso, su oración. Hasta hoy, conserva Francia su libro de Misa, sobre el cual cayeron, con certeza, las lágrimas amargas de aquella madre que, en el auge de la infelicidad y del abandono, supo siempre agradecer a Dios el desamparo en que se encontraba.

                  Finalmente, fue ella procesada por el “Comité de Salud Pública”, por traicionar a la Patria, por ser una nueva Catalina de Médicis, por ser madre esposa y madre (…).





                 En el proceso, culminó su padecimiento. Su hijo, embrutecido por el alcohol, se volvió un verdadero animalillo, que tenía como único y constante sentimiento el miedo. Imagínese la escena: sobre un estrado, sentados los alguaciles que, en el proceso, se intitulaban de jueces. En una serie de bancos, media docena de individuos repugnantes, oliendo a alcohol, desempeñaban el papel de jurados. La Reina, delgada, en su larga ropa negra, de cabellos enteramente blancos, envejecida en su juventud abatida y triste, entra con toda la majestad de su decadencia aun altiva, aun bella, y siempre digna e invencible, en esta jaula donde su reputación y su corazón de madre van a ser despedazados por las fieras más desalmadas de la Historia francesa. El interrogatorio comienza brutal, felino, perverso. La Reina, o responde con dignidad, o se calla, desdeñando con su silencio la infamia de ciertas acusaciones.

                 He aquí que es introducido en la sala el príncipe heredero de los tronos de Francia y Navarra. Calzado de toscos suecos, con un gorro frígio en la cabeza, un aire embrutecido y triste de quien, hace mucho, padece todos los horrores de la barbaridad de un verdugo como Simón, y con la fisonomía estúpida de los alcohólicos inveterados, con una voz llorosa, lanza contra la madre las mayores injurias. He aquí señores, el cúmulo del sufrimiento. La escena, horripilante en sí, dispensa comentarios. Os diré solamente que la Reina, en un grito magnifico de corazón de madre ulcerado por el más atroz de los dolores, lanza, en la elocuencia de su alucinación, en el horror de su padecimiento dantesco, un apelo a todas las madres presentes, preguntándoles si creen en las injurias del niño. Y, como si la naturaleza humana, en el fondo de aquellos corazones de mujeres malvadas, comprimido por mucho tiempo, finalmente explota en la sala, una lluvia de aplausos, y un delirio de entusiasmo de aquel pueblo que fuera al tribunal para asistir feroz al desenlace del proceso, es tomado súbitamente de un formidable entusiasmo por su víctima, y María Antonieta, en el banco de los reos, en el auge de la ignominia recibe una formidable y sincera ovación de sus verdugos. ¿Qué decir, señores, de este lance histórico?

                 Vino, finalmente, la muerte. Dios, en su inmensa bondad, preparó en el Cielo el lugar digno de aquella que tanto había sufrido, amándolo más cuando le enviaba las penas, de que en la plenitud de sus placeres. En el día 16 de Octubre de 1793, cesó su largo martirio, en la guillotina cuya lámina, al mismo tiempo criminosa y caritativa, cortó el hilo de su extraordinaria existencia.

                  Así terminó la Soberana Mártir, cuya historia recuerda un minueto delicado y palaciego cuyas notas harmoniosas fuesen bruscamente sofocados por el rugido pavoroso de una horrenda farándula revolucionaria.



(Extracto del discurso pronunciado por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira 
en la Academia de Letras de las Congregaciones Marianas de Sao Paulo en 1928)




lunes, 15 de octubre de 2018

SANTA TERESA DE JESÚS, Compatrona de España


NACIMIENTO E INFANCIA

            Nació en la ciudad española de Ávila, el 28 de Marzo de 1515. Sus padres eran Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila de Ahumada.


            A los siete años era muy devota de leer vidas de santos, en especial de mártires, cosa que la motivó a "huir" de la casa paterna, junto a su hermano Rodrigo, para irse a tierra de misión y ser mártires de la Fe, pero la aventura les duró poco: un tío les encontró y los devolvió a los brazos de su madre. Cuando fueron reprendidos, Rodrigo acusó a Teresa como inventora de la idea del martirio.

            Después de aquél martirio frustrado, los piadosos hermanos resolvieron convertirse en ermitaños, por lo que empezaron a construir una celda en el jardín de la casa.

            En su habitación, la cándida Teresa, tenía un cuadro que representaba a Nuestro Señor hablando con la Samaritana; lo contemplaba con fervor y le repetía frecuentemente: "Señor, dame de beber para que nunca más tenga sed".





            Con apenas catorce años, sufrió la pérdida de su madre; inmersa en inmensa tristeza, acudió ante una imagen de Nuestra Señora y, como nos cuenta la misma Santa, "le rogué con muchas lágrimas, que me tomase por hija suya". Así, teniendo a la Madre de Dios como Madre y Señora, nunca se volvería a sentir huérfana, ni de carne, ni de espíritu.

            Fue por aquél entonces que Teresa y su hermanito Rodrigo se aficionaron por las lecturas de novelas caballerescas; en su autobiografía, la Santa reconocería cuánto mal le produjo: “Aquellos libros no dejaron de enfriar mis buenos deseos y me hicieron caer insensiblemente en otras faltas. Poco a poco empecé a interesarme por la moda, a tomar gusto por vestirme bien, a preocuparme mucho por el cuidado de mis manos, a usar perfumes y a emplear todas las vanidades que el mundo aconsejaba a las personas de mi condición.” Este cambio preocupó mucho a su padre, que decidió enviarla a estudiar con las agustinas de Ávila, con apenas quince años.

            Al poco tiempo, Teresa se enfermó y tuvo que volver a la casa paterna; fue allí donde reflexionó y se resolvió a hacerse religiosa carmelita en el Convento de la Encarnación, donde tenía un a buena amigo, Juana Suárez. Su padre, que al principio no aceptó la decisión de su hija, como la viese tan feliz y decidida, permitió que siguiese su camino como esposa de Cristo. Sin embargo, la delicada salud de Santa Teresa, la obligó a ponerse en manos de médicos y curanderas que no acertaban con los remedios necesarios. Tras tres largos años de padecimientos, recobraría su maltrecha salud.

EN EL CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN

            Por aquél entonces, la mayoría de los conventos, vivían de forma algo disipada; en la mayoría de ellos, se podía recibir a cualquier visita. Nuestra Santa, viendo aquello como normal, pasaba muchas horas de coloquio con los hombres, descuidando el diálogo amoroso de la oración; no pocas veces se excusaba a sí misma poniendo como pretexto su delicada salud. Años más tarde, consciente de la ligereza de su juventud, Santa teresa escribiría: “El pretexto de mi debilidad corporal no era suficiente para justificar el abandono de un bien tan grande, en el que el amor y la costumbre, son más importantes que las fuerzas. En medio de las peores enfermedades se puede hacer la mejor oración, y es un error pensar que sólo se puede orar en la soledad”.

            Pero aquella pérdida de tiempo en charlas sin sentido, quedó atrás cuando la Santa, que era muy devota de las imágenes de Nuestro Señor representado en Su Pasión, se detuvo un día ante un Crucificado muy sangrante; piadosamente le preguntó: “¿Señor, quién te puso así?”. Entonces, cuenta ella misma que sintió una voz que le respondía : “Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me pusieron así, Teresa”. Desde aquél momento, abandonó las conversaciones vanas y se dedicó con empero a la oración y el recogimiento.

EXPERIENCIAS MÍSTICAS

           Desde que Santa Teresa se retirase a la vida de oración, el Señor la bendijo con la gracia de múltiples apariciones, que a pesar de estar convencida de ser ciertas, algunos sacerdotes trataron de disuadirla de que eran engaños del demonio. Sin embargo, el Señor quiso poner en su camino al Padre Baltasar Álvarez, que le explicó que aquellas manifestaciones eran ciertamente divinas y no obra del maligno; le aconsejó que diariamente recitase el himno “Veni Creator Spiritus”, a fin de pedir el auxilio del Espíritu Santo y hacer siempre lo que fuese más agradable a Dios. Precisamente cuando recitaba un día esta oración, fue arrobada en éxtasis y escuchó, en el hondo de su alma, que el Señor le pedía “No quiero que converses con hombres, sino con los Ángeles”.

            Sin embargo, todos esos consuelos y gracias espirituales, fueron motivo de recelos y persecuciones aún por parte de aquellos que compartían con Teresa el hábito del Carmen. Por desgracia, su confesor el Padre Álvarez, era un hombre cobarde, que si bien no dejó de confesarla, jamás la defendió ante quienes la atacaban con saña. Pese a todo, el Señor no quiso dejarla sola, por eso, en 1557, San Pedro de Alcántara, la visitó en Ávila y dio testimonio de la veracidad de las gracias sobrenaturales con que Dios bendecía a Santa Teresa, aunque le advirtió que la persecución no cesaría en los años venideros.




LA TRANSVERBERACIÓN

            Uno de los momentos más cruciales en la vida de Santa Teresa tuvo lugar cuando fue transverberada en 1559. Escuchemos el episodio que ella mismo escribió: “Vi a mi lado un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. El ángel era de corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido, como si fuese uno de los ángeles más altos, que son todo de fuego. Debía ser uno de los que llamamos querubines. Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta parecía un ascua encendida. Me parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella.”

            Al año siguiente, en 1560, Santa Teresa, recordando la gracia de la Transverberación, hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Es de justicia reseñar aquí, que tras su muerte, cuando se hizo la autopsia al cuerpo de la Santa, se constató que su corazón tenía la cicatriz de una herida larga y profunda.

INICIA LA REFORMA DEL CARMELO

            Como ya dijimos más arriba, en pleno siglo XVI la mayoría de los conventos vivían de forma relajada; la Orden del Carmen no era la excepción, por eso vemos que el Convento de la Encarnación, las monjas salían de la clausura con cualquier pretexto, pasaban horas en la sala de reuniones, algunas monjas tenían doncellas a su servicio… para colmo, el elevado número de monjas (casi 140) no ayudaba a crear un espíritu de recogimiento.

            Santa Teresa llevaba veinticinco años viviendo en la Encarnación, cuando una sobrina suya, que también era monja del mismo convento, le sugirió crear un convento más pequeño, con un número reducido de monjas. La Santa entendió en aquellas palabras que el Señor la llamaba a volver a la Primitiva Regla Carmelitana y por eso se puso a la labor de fundar un convento reformado. Tuvo el apoyo espiritual de San Pedro de Alcántara, de San Luis Beltrány del Obispo de Ávila; ante semejantes amigos, el Padre Gregorio Fernández, Provincial de los Carmelitas, dio su consentimiento para la fundación del nuevo convento, pero ante las presiones que se generaron a raíz de la idea reformadora de Santa Teresa, retiró el permiso poco tiempo después.

            Pese a las negativas, el Padre Ibáñez, dominico, alentó a Santa Teresa a continuar con la Reforma del Carmelo; una piadosa viuda, Doña Guiomar, ofreció su ayuda económica y Doña Juana de Ahumada, hermana de la Santa, comenzó a construir un convento en Ávila, con la excusa de que sería una casa para su retiro. Por ese mismo entonces, llegó de Roma el permiso para fundar, lo que valió a San Pedro de Alcántara, a Francisco de Salcedo y al Dr. Daza para conseguir el favor del Obispo de Ávila, que de nuevo ofreció su apoyo a Santa Teresa.

            El nuevo convento quedó fundado el día de San Bartolomé de 1562; durante la Misa que se celebró por primera vez en la capilla, tomaron el velo de novicias la sobrina de la Santa y tres jóvenes más. Pero a los pocos días, la Superiora de la Encarnación, mandó a llamar a Santa Teresa y allí la retuvo con la autoridad del Provincial. Es entonces cuando Francisco de Salcedo y otros seglares que apoyaban el proyecto de la Reforma, enviaron a un sacerdote ante el Rey para que mediase por Santa Teresa, al tiempo que los Padres Dominicos Ibáñez y Báñez, ganaron el favor del Obispo de Ávila y del Provincial Carmelita. Gracias a estas gestiones, la Santa Fundadora pudo regresar al Convento de San José, pero esta vez, se le unieron otras cuatro religiosas del Convento de la Encarnación.

            Fue precisamente este primer convento de la Reforma Descalza, el que sería baluarte y señal del espíritu de Santa Teresa: estableció una estricta clausura y un silencio casi perpetuo; el convento carecería de rentas y en él reinaría la más estricta pobreza. Usarían sandalias en lugar de zapatos (de ahí que fuesen conocidas como “Descalzas”) y sólo comerían carne las enfermas. La Santa Fundadora dispuso que como mucho, cada convento sólo admitiría 21 monjas.

            En muy poco tiempo, la Reforma del Carmelo se extendió por toda España; la Santa, calificada por el Nuncio como “mujer inquieta y andariega”, obtuvo del Padre Juan Bautista Rubio, Superior General de los Carmelitas, licencia para fundar en Castilla dos conventos para la rama masculina, conocidos como Carmelitas Contemplativos. Pese a la gran labor que se le encomendó, Santa Teresa nunca dejó de desempeñar las labores más humildes, como las de limpieza o en la cocina.




FUNDACIONES

           En Agosto de 1567, se trasladó a Medina del Campo, donde fundaría el segundo convento de Carmelitas Descalzas. Después, a petición de la Condesa de la Cerda, fundó el de Malagón, al que siguieron los de Valladolid y Toledo.

           Cuando en Medina del Campo, Santa Teresa conoció a Juan de Yepes (San Juan de la Cruz), fundó para los Padres Carmelitas el Convento de Duruelo y el de Pastrana; el resto de las fundaciones masculinas las llevaría a cabo San Juan de la Cruz, fiel hijo y hermano del espíritu de la Santa.

            En 1570 se fundarían nuevos conventos en Segovia y Salamanca.

            El Papa San Pío V, enterado de la Reforma Descalza, nombró a Santa Teresa Priora del Convento de la Encarnación; la Santa obedeció pese a la natural repugnancia que le conllevaba por ser aquél lugar de donde más ataques recibía. Poco a poco, las religiosas de La Encarnación la fueron aceptando, a ella y su Reforma Descalza.

            En Beas, Santa Teresa conoció al Padre Gracián, fraile de la Reforma, que la convenció para que fundase un nuevo convento en Sevilla; éste sería, junto con el San José, el que causaría enormes problemas a la Santa, y es que una novicia que finalmente fue despedida del convento de Sevilla, denunció a Santa Teresa por “iluminadas” y otras horribles calumnias.

SEPARACIÓN ENTRE CARMELITAS CALZADOS Y DESCALZOS

            Por desgracia, hasta entre los que aman a Dios, se dan las miserias humanas más crueles; en la vida de Santa Teresa no faltaron las persecuciones, calumnias y difamaciones. Así, los carmelitas de Italia y los que en España no habían sido reformados, estaban recelosos de la Reforma iniciada por la Santa, por eso instigaron a las autoridades eclesiásticas y civiles para frenarla.

            Esas presiones contra Santa Teresa y su Reforma se plasmaron en un capítulo de la Orden Carmelita, donde se tomaron medidas para evitar que se siguiese extendiendo la obra de la Fundadora del Carmelo Descalzo. Al tiempo, el Nuncio Felipe de Sega, destituyó al Padre Gracián como visitador de los Carmelitas Descalzos y mandó a encarcelar a San Juan de la Cruz en Toledo, mientras que ordenó a Santa Teresa que se retirase al convento que ella eligiese y que no fundase más.

            Sin embargo, Santa Teresa, que era perseguida por aquellos que más debieran amarla, gozaba de la simpatía y hasta de la devoción de muchos seglares, que consiguieron que el propio Rey Felipe II intercediese a su favor.

            Por fin, en 1580, obtuvo una orden de Roma que segregaba a los Carmelitas Descalzos de los Calzados; la misma Santa dejó escrito: “Esa separación fue uno de los mayores gozos y consolaciones de mi vida, pues en aquellos veinticinco años nuestra Orden había sufrido más persecuciones y pruebas de las que yo podía escribir en un libro. Ahora estábamos por fin en paz, calzados y descalzos, y nada iba a distraernos del servicio de Dios.





ÚLTIMOS AÑOS DE VIDA

            Cuando se consumó la separación de los carmelitas, Santa Teresa contaba ya con sesenta y cinco años y se encontraba sumamente débil a consecuencia de las múltiples fundaciones, que en total fueron diecisiete.

            El Señor no la dejó de bendecir con la Cruz bendita del dolor ni en estos últimos días; su propia sobrina, que era priora del convento de Valladolid, fundado por la Santa, no la quiso recibir en él por motivos de herencia tras la muerte de su padre, Don Lorenzo, hermano de Santa Teresa. Uno de los abogados de la familia, trató con cierta crueldad a la Fundadora, que con sagacidad le respondió: “Quiera Dios trataros con la caridad que vos me habéis tratado a mí”.

           Tras la fundación del convento de Burgos, que fue la última que hizo, Santa Teresa se dispuso a volver a Ávila, pero tuvo que cambiar el itinerario hacia Alba de Tormes, llamada por María Henríquez, Duquesa de Alba. Nada más llegar al convento, tuvo que guardar cama debido a su delicadísimo estado. La Beata Ana de San Bartolomé, fidelísima hija y acompañante en sus fundaciones, refiere que la Santa le dijo: “Por fin hija mía, ha llegado la hora de mi muerte”. El Padre Antonio de Heredia, le dio los últimos sacramentos y aprovechó para preguntarle dónde quería ser sepultada. Santa Teresa, que en estos últimos años había padecido la incomprensión y hasta el desprecio por parte de algunos hijos, respondió: “¿Tengo que decidirlo yo?, ¿me van a negar aquí un agujero para mi cuerpo?”.

            Cuando el mismo Padre de Heredia le dio la Sagrada Comunión como viático, la Santa se pudo incorporar en la cama y exclamó: “Oh Señor, por fin ha llegado el momento de veros cara a cara”. Así, llena del Amor de Dios, murió en los brazos de la Beata Ana de San Bartolomé, a las nueve de la noche del 4 de Octubre de 1582.

            Como al día siguiente entraba en vigor la reforma del calendario gregoriano, su Fiesta quedó fijada para el 15 de Octubre. El Papa Urbano la declaró Compatrona de España, el 21 de Julio de 1627, a petición del Rey Católico Felipe III de España.

            Fue sepultada en Alba de Tormes, aunque una buena parte de sus restos han sido repartidos, como preciosas reliquias, por todo el Orbe Católico.



sábado, 13 de octubre de 2018

EL SANTÍSIMO ROSARIO DE NUESTRA SEÑORA, súplica diaria de los Hijos de María


          El Avemaría es la oración más hermosa que podemos dedicar a Nuestra Santa Madre; en el Santo Rosario, compuesto por 150 Avemarías, entrelazamos una verdadera cadena de súplicas y piropos a la Madre del Redentor, dedicándole una y otra vez el saludo del Arcángel San Gabriel y la súplica confiada de la Iglesia. 

          Esa bendita cadena del rezo diario del Santo Rosario -tan demandado por la Virgen en Sus últimas Apariciones- es la señal segura de la protección de la que además de Madre, es Reina de los Ángeles y Auxilio de los Cristianos; dime ahora ¿qué madre no se ocupa de alimentar y vestir a sus hijos?, ¿qué mujer abandona a su suerte al hijo necesitado?... de igual manera, ahora cuestiónate, ¿qué Señora no vigila de su patrimonio y de quienes lo cuidan?. 

          La Virgen, insisto, es Madre (nos la donó Nuestro Señor Jesucristo en el Calvario) pero también es Señora, y como tal, tiene poder y capacidad para interceder por tus asuntos, sean del calibre que sean, pues ¿qué habrá imposible para la Madre de Aquél que todo lo puede, que es Principio y Fin de todo?.

         No te canses de rezar el Rosario; no caigas en el error de muchos, que buscan consuelos o alivios con su rezo, pues ése no es el fin del Rosario, que es todo alabanza y súplica a Nuestra Santa Madre. Para rezar el Santo Rosario no hacen falta ganas, sólo un poco de Fe y amor a la Virgen; las ganas, las apetencias, son malas amistades para los cristianos y más para los que quieren ser devotos e imitadores de la Virgen. Busca en el rezo del Santo Rosario la compañía de la Virgen, Su Bendita presencia...y con ello quédate, con esa intimidad santa entre tu Madre y tú...así, en ese ambiente, ábrele tu corazón y ofréceselo, con sus pocas ganas y miserias...y así en cada Avemaría de tu Rosario diario.
      



               El Avemaría resume, en la más concisa síntesis, toda la teología cristiana sobre la Santísima Virgen. En el Avemaría encontramos una alabanza y una invocación. La alabanza contiene cuanto constituye la verdadera grandeza de María. La invocación contiene cuanto debemos pedirle y cuanto podemos alcanzar de Su bondad. La Santísima Trinidad reveló la primera parte. 

               Santa Isabel – iluminada por el Espíritu Santo– añadió la segunda, y la Iglesia –en el primer Concilio de Efeso (año 431) – sugirió la conclusión, después de condenar el error de Nestorio y definir que la Santísima Virgen es verdaderamente Madre de Dios. Ese concilio ordenó que se invocase a la Santísima Virgen bajo este glorioso título, con estas palabras: Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. 

               La Santísima Virgen recibió esta divina salutación en orden a llevar a feliz término el asunto más sublime e importante del mundo, a saber, la Encarnación del Verbo Eterno, la reconciliación entre Dios y los hombres y la Redención del género humano. Embajador de esta buena noticia fue el Arcángel San Gabriel, uno de los primeros Príncipes de la Corte Celestial.

               La salutación angélica o Avemaría, contiene la fe y esperanza de los Patriarcas, de los Profetas y de los Apóstoles. Es la constancia y fortaleza de los Mártires, la ciencia de los Doctores, la perseverancia de los Confesores y la vida de los religiosos. El Avemaría es el Cántico Nuevo de la Ley de la gracia, la alegría de los Ángeles y de los hombres y el terror y confusión de los demonios. Por la salutación angélica, Dios se hizo hombre, una Virgen se convirtió en Madre de Dios, las almas de los justos fueron liberadas del limbo, se repararon las ruinas del Cielo y los tronos vacíos fueron de nuevo ocupados, el pecado fue perdonado, se nos devolvió la gracia, se curaron las enfermedades, los muertos resucitaron, se llamó a los desterrados, se aplacó la Santísima Trinidad y los hombres obtuvieron la vida eterna.




               La salutación angélica es precisamente el Cántico Nuevo que David predijo se cantaría en la venida del Mesías. Hay un cántico antiguo y un cántico nuevo. El antiguo es el que cantaron los israelitas en acción de gracias por la creación, la conservación, la liberación de la esclavitud, el paso del Mar Rojo, el maná y todos los demás favores celestiales. El Cántico Nuevo es el que entonan los cristianos en acción de gracias por la Encarnación y la Redención. Dado que estos prodigios se realizaron por el saludo de ángel, repetimos esta salutación para agradecer a la Santísima Trinidad por tan inestimables beneficios.

               Alabamos a Dios Padre por haber amado tanto al mundo que le dio Su Unigénito para salvarlo. Bendecimos a Dios Hijo por haber descendido del Cielo a la tierra, por haberse hecho hombre y habernos salvado. Glorificamos al Espíritu Santo por haber formado en el seno de la Virgen María ese cuerpo purísimo que fue Víctima de nuestros pecados. Con estos sentimientos de gratitud, debemos rezar la salutación angélica, acompañándola de actos de fe, esperanza, caridad y acción de gracias por el beneficio de nuestra salvación...


San Luis María Grignión de Montfort
"El Secreto admirable del Santísimo Rosario"



viernes, 12 de octubre de 2018

ORDENACIÓN SACERDOTAL del Rvdo. Sr. Eduardo Murillo, Sociedad Sacerdotal Trento




         En el Templo del Inmaculado Corazón de María de Hermosillo, Sonora (México), ha recibido hoy la ordenación sacerdotal el Rvdo. Don Eduardo Murillo, de manos de Su Excelencia Reverendísima Monseñor Martín Dávila.

          Rogamos a nuestros amigos y seguidores la limosna de una oración por la perseverancia del neo-sacerdote.



Puede ver los vídeos de la ordenación en

SOCIEDAD SACERDOTAL TRENTO





NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DEL PILAR, cuando la Virgen se apareció al Apóstol Santiago en España


               La Santísima Virgen del Pilar de Zaragoza tiene el honor de ser la primera de las apariciones marianas de la historia. De acuerdo con la tradición, el día 2 de enero del año 40 de nuestra Era Cristiana, la Virgen Nuestra se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago y a un grupo de convertidos que se hallaban orando a orillas del Ebro. 

               Ahí les manifestó Su deseo de que se le diese culto para siempre en aquel lugar. Santiago y sus compañeros construyeron una capilla, siendo por tanto, el primer templo construido en honor de la Virgen María. Conviene subrayar que, a diferencia de otras Apariciones Marianas, se trata de una Aparición singular y única en la historia, ya que tuvo lugar cuando la Virgen todavía vivía en carne mortal. 

              El Papa Clemente XII estableció la fecha del 12 de Octubre para la Festividad de la Virgen del Pilar.

               "Después de la Pasión y resurrección del salvador y de su ascensión al Cielo, la Virgen María quedó encomendada al apóstol San Juan. De ella recibieron los apóstoles el impulso para salir a anunciar el evangelio en todo el mundo. El apóstol Santiago, hermano de Juan e Hijo de Zebedeo, movido por el Espíritu Santo se dirigió a las provincias de España. Antes de partir besó las manos de la Virgen y pidió su bendición.




              Ella lo despidió con estas palabras: "Ve, hijo, cumple el mandato del Maestro y por El te ruego que en aquella ciudad de España en que mayor número de hombres conviertas a la fe, edifiques una Iglesia en mi memoria, como yo te lo mostraré". Saliendo de Jerusalén, Santiago llegó a España y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo, donde sólo pudo bautizar a un hombre. Luego, entrando por Galicia, predicó en la ciudad de Padrón. De allí volviendo por Castilla se dirigió a Aragón, donde se encuentra Zaragoza, a orillas del Ebro. 

              En esta ciudad, luego de predicar muchos días, bautizó a ocho varones con quienes conversaba durante el día del reino de Dios. Por la noche, solo y descorazonado, se encamina por la ribera del río para descansar y orar en silencio. Durante la oración, una de esas noches oyó voces de Ángeles que cantaban: "Ave María llena de gracia..." al oírlos se postró de rodillas y vio sobre un pilar de mármol a la Virgen que le decía: "He aquí, Santiago, el lugar donde edificarás un templo en Mi memoria. Mira bien este pilar en que estoy, al que Mi Hijo y Maestro tuyo trajo de lo alto por mano de los Ángeles. Alrededor de él harás el altar de la capilla, en este lugar obrará la virtud del altísimo portentos y maravillas por Mi intercesión por aquellos que, en sus necesidades imploren Mi patrocinio. Este pilar permanecerá en este sitio hasta el fin del mundo y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos cristianos"

              Confortado por esta presencia de María, edificó un templo. Es la primera iglesia del mundo dedicada a la Virgen".


(Tradición oral que fue recogida en un manuscrito del siglo IX)






jueves, 11 de octubre de 2018

EL PADRE PÍO, LA NUEVA MISA Y LA FALSA IGLESIA


                Para algunas almas que andan despistadas con lo ocurrido en los últimos años de la vida del Padre Pío, me gustaría puntualizar algunos aspectos que actualmente son tergiversados por ignorancia o conveniencia y que tratan de presentar al místico estigmatizado como un santo "bonachón" y desenfadado que aceptó el cambio litúrigo y que incluso celebró la "misa nueva" dispuesta por Pablo VI. Ambas afirmaciones son del todo erróneas.




               El Padre Pío, dada la altísima idea que tenía del Santo Sacrificio de la Misa y la extraordinaria piedad con la que lo celebraba (hasta el punto de estarse dos horas en el altar) no vería con los mejores ojos los cambios que se estaban operando y que, claramente, eran pasos previos a algo de mayor envergadura y que llevaban en una dirección por lo menos extraña a la tradición litúrgica. Un testimonio que ilumina el pensamiento del Padre Pío a este respecto es el de su hijo espiritual y biógrafo, el abogado Antonio Pandiscia, el cual asegura que le dijo en cierta ocasión acerca del Misal Romano tridentino: “En confianza, siempre he seguido ese Misal; ¿por cuál razón tengo hoy que cambiar?”, lo que indica poco entusiasmo –por no decir ninguno– hacia la reforma litúrgica. Sin embargo, aceptó, por pura obediencia, celebrar de cara a los fieles, pero conservando el Misal de siempre y las rúbricas que siempre se usaron, como puede verse en la grabación que se hizo de su última Misa (que tuvo lugar el 22 de Septiembre de 1968, la víspera de su muerte).
               Alrededor de 1960, el famoso exorcista romano Gabriele Amorth, fallecido en 2016, conoció al Padre Pío de Pietrelcina y habló con él sobre La Tercera Parte del Secreto que Nuestra Señora de Fátima confiara a Sor Lucía, una de los tres videntes.
                El Padre Amorth habla sobre esto en una entrevista realizada en 2011, publicada recientemente por el periodista e investigador Don José María Zavala.
                El Padre Pío le dijo al Padre Amorth: “¿Sabes Gabriele? Satanás se ha introducido en el seno de la Iglesia y en muy poco tiempo llegará a gobernar una falsa iglesia . El Padre Amorth asegura que el Padre Pío estaba “realmente atormentado” por una cuestión que es “la gran Apostasía dentro de la Iglesia”.


OCTUBRE, MES DEL SANTÍSIMO ROSARIO
hoy JUEVES, ten la caridad de rezar por la Santidad Sacerdotal
y el aumento de vocaciones a la vida religiosa





LA MATERNIDAD DIVINA DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA, Madre de Dios y Madre Nuestra


Beáta Víscera Maríae Virginis, 
quae portavérunt Aeterni Patris Fílium

Bienaventuradas sean las entrañas de la Virgen María, 
que llevaron al Hijo del Eterno Padre 




"Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo)
 es verdaderamente Dios, y que por tanto, 
la Santísima Virgen es Madre de Dios, 
porque parió según la carne
 al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema."

Concilio de Efeso, año 431


               Entre los cuatro Dogmas Marianos (1), ninguno tan inculcado y venerado por la Liturgia Sagrada como el de la Maternidad Divina de la Bienaventurada Virgen María, por ser el principal y la raíz de todas las prerrogativas que distinguen a Nuestra Señora y la encumbran a la vez sobre las demás criaturas.

               Fue en el Concilio de Éfeso (año 431) cuando los Padres, reunidos bajo la presidencia de San Cirilo de Alejandría, legado al efecto del Papa San Celestino, excomulgaron al patriarca Nestorio y definieron la Divina Maternidad de la Virgen María, proclamándola Theotokos, Deípara o Madre de Dios, por ser la Madre de Cristo, el cual es Dios a la par que hombre.

               De donde resulta para la Virgen Madre "una dignidad casi infinita", como enseña Santo Tomás de Aquino, pudiéndola llamar de algún modo los Santos Padres como el complemento de la Trinidad, Su instrumento y cooperadora en la magna obra de la Encarnación y de la Redención.

               Pero al ser María Madre del Hijo de Dios por naturaleza, es también Madre de los hijos de Dios por adopción y por gracia. Este aspecto tenía menor relieve en la Liturgia; de ahí que ahora insista en él la Iglesia, por ser uno de los mayores consuelos que caben al hombre huérfano y pecador.

               María Nuestra Señora es Madre de todos los cristianos en el orden sobrenatural, por serlo Cristo, el cual se declaró a boca llena nuestro hermano mayor, dispuesto a compartir Su herencia con nosotros y su divina filiación. Es además Madre de los cristianos por Su cooperación en nuestro rescate, y mejor que Eva merece ser llamada "Madre de todos los vivientes".

                La Virgen es además Madre por Su amor y maternal solicitud, ya que fue Nuestro Señor Jecucristo quien nos hizo donación de Ella a través de San Juan en la agonía del Calvario.

               En 1931, coincidiendo con el decimoquinto centenario de la definición dogmática de María como Madre de Dios por el Concilio de Éfeso, el Romano Pontífice Pío XI decretó que se celebrase la Maternidad de Nuestra Señora el 11 de Octubre.



EL CATECISMO Y LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA



¿Son una misma Persona el Hijo de Dios y el Hijo de María?

          El Hijo de Dios y el Hijo de María son una misma Persona, esto es, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

¿Es la Virgen María Madre de Dios?

         Si, señor; la Virgen María es Madre de Dios, porque es Madre de Jesucristo, que es verdadero Dios.

¿De qué manera vino a ser María Madre de Jesucristo? 

         María vino a ser Madre de Jesucristo únicamente por obra y gracia del Espíritu Santo.


Catecismo Mayor de San Pío X
Capítulo IV, sobre el Tercer Artículo del Credo






NOTAS ACLARATORIAS:

          Dogmas marianos concernientes a Nuestra Señora la Virgen María, artículos de Fe Católica que todo fiel está obligado a creer: La Maternidad Divina, la Inmaculada Concepción, la Perpetua Virginidad, la Asunción de María. Los Dogmas Católicos constituyen la base inalterable de la Doctrina Católica y por lo tanto todo católico esta obligado a aceptar y creer en ellos de manera irrevocable, de lo contrario queda fuera de la Comunión de la Iglesia.

UN REGALO DE PARTE DE NUESTRA SEÑORA...¿serás tú el destinatario?


         Para animar a todos nuestros AMIGOS y SEGUIDORES, que a día de hoy superan los 130, a continuar con la piadosa y necesaria práctica del rezo cotidiano del Santo Rosario queremos ofrecer la posibilidad de conseguir un Rosario artesanal, confeccionado a mano en Córdoba, España, con material altamente resistente. Los hace un buen amigo y hermano que ha ofrecido varios para SER SORTEADOS entre quienes los leen asiduamente. 

         Participar en dicho sorteo es muy sencillo: basta con seguir este blog a través de una cuenta personal de Blogger; a cada alta registrada se le asignará el número correspondiente como seguidor y a final de este mes de Octubre, se elegirá al azar un número y se comprobará a quién pertenece esa suscripción. Posteriormente nos pondremos en contacto con el agraciado para hacerle llegar DE FORMA GRATUITA y sin costo alguno uno de los Rosarios que se sortean. 

         Se procederá después a un segundo y tal vez hasta un tercer sorteo, en el que obviamente serán eliminados los números anteriormente agraciados, a fin de que sean varias las personas beneficiadas.

          Seguiremos informando sobre la fecha exacta del sorteo. Que la Virgen premie a quien más lo necesite, Ella sabrá mejor que nosotros a qué manos habrán de ir estos Rosarios, que son cadenas de amor entre los hombres y el Paraíso.





         Para los que sintáis curiosidad por el trabajo de este artesano podéis visitar su página TOCANDO AQUÍ





miércoles, 10 de octubre de 2018

SAN FRANCISCO DE BORJA, de Duque a Sacerdote de Cristo



BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA

               San Francisco Borja y Aragón nació en Gandía (Valencia, España) el 28 de Octubre de 1510, primógenito de Juan de Borja y Enríquez de Luna, Duque de Gandía y de Juana, hija del Virrey de Aragón; entró muy joven al servicio de la corte de España, como paje de la hermana de Carlos V, la infanta Catalina. A los veinte años el Emperador le dio el título de Marqués de Lombay y sirvió en la Corte de Tordesillas, en Toledo, donde estaba recluida la Reina Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos.


               Se casó a los 19 años y tuvo ocho hijos. Sirvió como caballerizo mayor a la Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de Carlos V. A los 29 años de edad, después de la muerte de la Emperatriz, que le hizo comprender la caducidad de los bienes terrenos, resolvió “no servir nunca más a un señor que pudiese morir” y se dedicó a una vida más perfecta. Pero el mismo año fue elegido Virrey de Cataluña (1539-43), cargo que desempeñó a la altura de las circunstancias, pero sin descuidar la intensa vida espiritual a la que se había dedicado secretamente.




                 En Barcelona se encontró con San Pedro de Alcántara y con el Beato Pedro Favre de la Compañía de Jesus. Este último encuentro fue decisivo para su vida futura. En 1546, después de la muerte de la esposa Eleonora, hizo la piadosa práctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y el 2 de Junio del mismo año emitió los votos de castidad, de obediencia, y el de entrar a la Compañía de Jesús, donde efectivamente ingresó en 1548, y oficialmente en 1550, después de haberse encontrado en Roma a San Ignacio de Loyola y haber renunciado al Ducado de Gandía. El 26 de Mayo de 1551 celebraba su primera Misa.

                 Les cerró las puertas a los honores y a los títulos mundanos, pero se le abrieron las de las dignidades eclesiásticas. En efecto, casi inmediatamente Carlos V lo propuso como Cardenal, pero Francisco renunció y para que la renuncia fuera inapelable hizo los votos simples de los profesos de la Compañía de Jesús, uno de los cuales prohíbe precisamente la aceptación de cualquier dignidad eclesiástica. A pesar de esto, no pudo evitar las tareas cada vez más importantes que se le confiaban en la Compañía de Jesús, siendo elegido Prepósito General en 1566, cargo que ocupó hasta la muerte, acaecida en Roma el 30 de Septiembre de 1572.

             


               Fue un organizador infatigable (a él se le debe la fundación del primer colegio jesuita en Europa, en su sierra natal de Gandía, y de otros veinte en España), y siempre encontró tiempo para dedicarse a la redacción de tratados de vida espiritual. Se destacó por su gran devoción a la Eucaristía y a la Santísima Virgen. Incluso dos días antes de morir, ya gravemente enfermo, quiso visitar el santuario mariano de Loreto. Fue beatificado en 1624 y canonizado en 1671, uno de los primeros grandes apóstoles de la Compañía de Jesús.









martes, 9 de octubre de 2018

PAPA PÍO XII, "Pastor Angelicus", en su LX Aniversario


              Tal día como hoy en 1958, se despedía de este mundo el Último Príncipe de Dios, el Papa Pío XII; su familia había sido ennoblecida los  por los múltiples servicios que prestó a la Iglesia en la época que los Papas perdieron los Estados Pontificios. Eugenio María Pacelli sería el garante de la Aristocracia Romana, austera, piadosa y ejemplar, a la que siempre animaría, incluso ya siendo Pontífice, a ser estímulo para todas las clases sociales, bajo el Apostolado de la Tradición Católica.




               Según la conocida profecía de San Malaquías, Pío XII ostentó el título de "Pastor Angelicus" y el Papa, que no era ajeno a los escritos del Santo monje, aceptó y usó dicho título pues sentía que esa y no otra era su misión en la Barca de Pedro que había de manejar en época de mar enbravecido. La Providencia quiso que desde su apellido, Pacelli, "la paz que viene del Cielo", así como su escudo pontificio, con la paloma de Noé con el olivo en su pico, confluyeran en que Pío XII viese y padeciese la II Guerra Mundial, el que se enfrentó a los excesos del Fascismo y del Nazismo, ayudando y protegiendo a los más desfavorecidos del conflicto.

               Pío XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María en 1952 y así entregó a la Madre de Dios los designios de esta sociedad cada vez más apartada del amor de Dios. De esta Buena Madre predicaría Sus amores y la necesidad de consagrarnos a Ella mediante Su Escapulario del Carmen.

                El amor a la Virgen Santísima lo animó a enaltecer a Nuestra Señora proclamando el Dogma de la Asunción en 1950, que vino a ser la rúbrica sobre toda una tradición mariana que clamaba la Definición clara de la incorruptibilidad de María Virgen tras Su dormición y su Asunción en cuerpo y alma al Paraíso. Si algo destacó en Pío XII no dudemos que fue su empeño en corregir errores doctrinales a base de publicar numerosas encíclicas, donde exponía con claridad el Magisterio Católico frente a las novedades filosóficas que se cernían a las puertas de Roma.

              De cierto el Papa Pacelli fue "la paz venida del Cielo", pues con su doctrina y ejemplo Pío XII marcó una senda para los tiempos de iniquidad que llegaron tras su óbito, época en la que Dios ha dispuesto que estemos presentes para mantener vivas la Fe y la Doctrina Católicas de siempre en contraposición a las continuas novedades que aparecen y pretenden, como objetivo único, quitar a Dios del pensamiento de sus criaturas. 

              Estoy convencido que nunca se apagará la estela que Pío XII dejó en el firmamento de la Iglesia y que hoy, sesenta años después de abandonar esta tierra, brilla con fulgor de santidad al lado de Nuestra Señora, ante el Todopoderoso, a cuyos pies sigue intercediendo por la integridad de la Fe Católica.

Pius Papae Decimus Secundus, Pastor Angelicus, ora pro nobis




BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL ÚLTIMO PAPA CATÓLICO

          Eugenio María Giovanni Pacelli nació en Roma el 2 de marzo de 1876. Hijo de una familia dedicada al servicio papal, fue bautizado a los dos días por su tío, Mons. Giuseppe Pacelli.

          Realizó sus primeros estudios en Roma, destacando notablemente ya que contaba con una extraordinaria memoria y una vida muy disciplinada, elementos que hicieron de él un estudiante ejemplar. A pesar de su afición por la lectura, la música, la filatelia y la arqueología, estaba dotado de un espíritu sumamente piadoso y profundo, sin duda por la educación recibida en casa.

          Sintiéndose llamado al sacerdocio, ingresó en el Seminario de Capranica, para luego completar sus estudios en el Seminario de San Apolinario y en la Universidad Gregoriana; fue ordenado sacerdote el Domingo de Pascua de 1899 por Mons. Francesco Cassetta.

           Dos años después pasó a trabajar en la Secretaría de Estado del Vaticano. Habiendo culminado con éxito sus estudios en Derecho Eclesiástico y Civil el año 1902, fue contado, dos años más tarde, entre los colaboradores de la comisión a la que el Papa Pío X confió la revisión y nueva codificación de las leyes canónicas, con el objeto de promulgar un Código de Derecho Canónico actualizado. Mientras Pacelli dedicaba tiempo y esfuerzo a esta delicada y ardua tarea, pudo desempeñarse también como profesor de Diplomacia Eclesiástica en la Pontificia Accademia dei Nobili Ecclesiastici (1909-14). 

          En varias ocasiones tuvo el privilegio de representar a la Santa Sede, como cuando dio las condolencias en nombre del Vaticano a Eduardo VII de Inglaterra, al morir la Reina Victoria, o en 1908, al representar al Papa en el Congreso Internacional Eucarístico en Londres, donde conoció a Winston Churchill. En 1911 se le encargó además asistir a la coronación del Rey Jorge V de Inglaterra en nombre de la Santa Sede.

          Benedicto XV designó a Pacelli Nuncio Apostólico en Baviera, para lo cual lo  consagró Obispo titular de Sardes y lo elevó a la dignidad arzobispal en la Capilla Sixtina el 13 de Mayo de 1917...el mismo día y casi a la misma hora que tenía lugar la Primera Aparición de Nuestra Señora en Fátima. Años más tarde, en 1952, cumpliría con el deseo de Nuestra Señora de Fátima de consagrar Rusia a Su Inmaculado Corazón. 

          Pío XI lo elevó a Cardenal y dos meses más tarde lo designó como Secretario de Estado del Vaticano. Desde este nuevo estatus, Eugenio Pacelli negoció y firmó los Concordatos de la Santa Sede con el Ducado de Baden, la República de Austria y el Reino de Yugoslavia, además del Concordato entre la Santa Sede y la Alemania nacional-socialista.

         Viajó como Delegado Apostólico de Su Santidad por todo el mundo; destacando su participación en el Congreso Eucarístico de Buenos Aires en 1934, donde acudieron no sólo Obispos de Argentino sino de toda Hispanoamérica, dando así fiel testimonio de la Catolicidad de América.

          A la muerte del Papa Pío XI, la organización de la Sede Vacante correspondió a Pacelli por su cargo de Camarlengo. Después de un Cónclave de sólo dos días y a la tercera votación fue elegido Papa el 2 de Marzo de 1939. Diez días después fue coronado por el Cardenal Camillo Caccia Dominioni, Protodiácono de Santa Maria in Dominica.

          Una de sus primeras decisiones como Papa fue la de borrar del Índice las obras de Charles Maurras, fundador de la Action Française. También mandó realizar excavaciones bajo la Basílica de San Pedro, donde fueron hallados los restos del primer Papa. En cuestiones más temporales, siempre se posicionó contra el Comunismo y proclamó el anatema para aquellos católicos que se unieran a sus filas.




          Fue el primer Papa en desenvolverse con los medios de comunicación de la época; así fueron frecuentes sus radio mensajes y hasta sus apariciones en la televisión. Veía en los medios una manera imprescindible para hacer apostolado, especialmente por parte de los seglares.

          Su doctrina, fidelísima a la Sagrada Tradición Católica, quedó reflejada en más de cuarenta Encíclicas, cincuenta Cartas Apostólicas y una treintena de Constituciones Apostólicas entre otros documentos que fueron y son hoy día faro y guía para todo católico. 

          Destacó su ahínco por hacer del Sagrado Corazón de Jesús el estandarte de todo católico, del cual "Deseamos también vivamente que cuantos se glorían del nombre de cristianos e, intrépidos, combaten por establecer el Reino de Jesucristo en el mundo, consideren la devoción al Corazón de Jesús como bandera y manantial de unidad, de salvación y de paz" como escribiera en su Encíclica Haurietis Aquas.

          En su última enfermedad parece que fue reconfortado con visiones de Nuestro Señor y de la Madre de Dios, de la cual fue devotísimo esclavo y apóstol de Su Rosario y del Bendito Escapulario, en el cual quería Pío XII que los católicos "Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad". Entregó su santísima alma a Dios en la Residencia Papal de Castelgandolfo, el 9 de Octubre de 1958.