Dueño de mi vida

viernes, 13 de enero de 2017

EL AMOR MISERICORDIOSO (II) "PARA CORRESPONDER A MI PLAN DIVINO Y SATISFACER LOS DESEOS DE MI CORAZÓN"




"Quiero una Asociación del Amor Misericordioso
 para corresponder a mi plan divino
 y satisfacer los deseos de mi Corazón".


(Nuestro Señor a sor Mª Teresa Desandais
 (P. M. Sulamitis), 29 de Enero de 1919).






¿Qué es la Obra del Amor Misericordioso?


     Esta Asociación no tiene más Centro que el Corazón de Jesús.

     El Registro donde están inscritos los nombres, es el mismo Sagrado Corazón.

     El Director, es el Espíritu Santo, que con la cooperación de la Santísima Virgen,transformará las almas poco a poco para hacerlas vivir de la Caridad Evangélica (Amor y Misericordia) que es la vida misma del Corazón de Jesús.


(Extracto de "Los amigos de Jesús").


La Obra del Amor Misericordioso, es un gran regalo de la diestra del Excelso, que no ha sido abreviada a pesar de nuestras ingratitudes, es la que salvará a España, salvará al mundo entero. Él nos dice:
Confiad en Mi; no os abandonaré; tened confianza, os lo repito, a pesar de todo; aunque el universo entero pareciese bambolearse, ahí estoy Yo, que soy el Salvador, no perdáis la paz de vuestras almas; venid a Mi todos, yo os aliviaré, con vosotros estoy hasta la consumación de los siglos con tal de que permanezcáis conmigo en Caridad. La Caridad, he ahí el Mandamiento supremo de mi santa ley.
"A grandes males grandes remedios", dicen, y en verdad grande debe ser el remedio que se oponga a tan inmenso como es el mal que ahora nos aflige. El remedio supremo, eficaz, inmejorable, insustituible, es Jesús, Jesús más conocido, amado, mejor imitado, intensamente vivido, esta es la devoción y la obra del Amor Misericordioso, es el mismo Corazón de Jesús bien comprendido, su devoción mejor interpretada y aun completada y perfeccionada.
Santa Teresita del Niño Jesús se ofreció como víctima bajo este dulce nombre de Amor Misericordioso; y que esto sea muy del agrado divino lo muestra el hecho sorprendente de la gloriosa glorificación que Dios otorgó a la Santa. Ella, formada delicadamente por el Espíritu Santo en la escuela del Amor y de la confianza, es la que recibió el encargo de mostrar a las almas el camino de la sencillez evangélica y la infancia espiritual, que nos llevase a creer y a corresponder a las tiernas efusiones del Amor Misericordioso del Corazón de Jesús; ¿no es ella acaso la primera víctima del holocausto al Amor Misericordioso? 






          Bien se la podría llamar la precursora de esta obra, como lo es también en pos de ella Sor Benigna Consolata, Religiosa Salesa, de la que el mismo Jesús ha manifestado que la había escogido para abrir el camino de su Amor Misericordioso después de Santa Teresita, y la llamó su secretaria.
Pero ni Santa Teresita ni Sor Benigna Consolata habían recibido la misión de extender esta devoción, como la recibió P. M. Sulamitis, alma privilegiada, escogida por el mismo Jesús. Esta hermosa obra empezó a propagarse en Francia, lugar donde reside esta bendita alma, bajo la dirección del Padre Juan Arintero OP.
P. M. Sulamitis es un seudónimo que encubre el verdadero nombre de esta devota alma, escogida de Dios. Ella es la voz del que clama en el desierto, como la de un nuevo precursor, por la cual Dios nos llama, nos invita, nos amonesta; es la voz de un alma enamorada y pequeñita mano de la que Dios quiere servirse para recordarnos sus preceptos y su Amor; la eterna historia y el perenne esfuerzo de Jesús que los hombres conozcan su amor. Para informar nuestras almas en este espíritu e inflamarlas en el celo de esta cruzada evangélica, nada tan a propósito como las obritas y folletos, ya numerosos de esta alma piadosa que escribe a religiosos, sacerdotes, padres de familia, jóvenes y toda suerte de personas de todos los estados y condiciones.


(De la revista “Acción Antoniana” de los Franciscanos de Valencia, septiembre de 1932, número 140, con licencia eclesiástica).


domingo, 8 de enero de 2017

LA SAGRADA FAMILIA



     Esta fiesta no es tan antigua, pues fue el Papa León XIII quien en 1893 la concedió para ciertas diócesis y finalmente en 1921 el Papa Benedicto XV la extendió a la Iglesia Universal.

ORACIÓN A LA SAGRADA FAMILIA

     Oh Sagrada Familia de Nazareth! Vednos aquí postrados humildemente a vuestros pies para manifestaros nuestro amor e implorar vuestro poderoso patrocinio.
     Os reconocemos y confesamos por la Familia más santa, el modelo incomparable y perfecto de todas las familias. Os pedimos, Santos Protectores nuestros, echéis una mirada de piedad sobre todos los que constituimos la familia de esta casa.
     Haced que el Espíritu Santo con el fuego ardiente de su caridad, consuma todo aquello que pueda separarnos de vuestro amor.
     Alcanzadnos aquellas gracias que sabéis necesita nuestra familia y ardientemente desea nuestro corazón. Perdonadnos, si es que nuestra devoción hacia Vos no ha sido hasta ahora todo lo viva y ferviente que debiera.
     Acogednos bajo vuestro fidelísimo amparo; miradnos como cosa vuestra y protegednos en todos los peligros y adversidades. Amén.

jueves, 5 de enero de 2017

AMOR MISERICORDIOSO (I) :EL PADRE ARINTERO, APÓSTOL ESPAÑOL DEL AMOR MISERICORDIOSO




En la tarde de la vida,
 apareceré en Tu presencia con las manos vacías,
 porque no os pido, Señor, 
que contéis mis obras. 
Todas nuestras justicias
 son manchas ante Vuestros ojos.
 Yo quiero revestirme de Vuestra Justicia
 y recibir vuestro Amor
 la posesión eterna de Vos mismo…
 A fin de vivir un Amor perfecto,
 yo me ofrezco como víctima de holocausto
 a vuestro Amor Misericordioso…”

Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz



     En nuestro país, el gran difusor de la Devoción al Amor Misericordioso fue el Padre Fray Juan González Arintero; no hacía falta desarrollar una nueva espiritualidad, sólo tomar de la Biblia el núcleo mismo de la revelación. Dios es Enmanuel, un Dios-hombre por nuestros pecados, es misericordia, ternura, amor, fidelidad. En 1922, llegará a las manos del Padre Arintero un opúsculo en francés que traducía por “Centellitas ¡El don de Dios! O los secretos del Amor Divino”, al leerlo observó que en él se contenía la esencia evangélica del Amor Misericordioso. 
     Este pequeño escrito pertenecía, a la mística francesa Marie-Thérèse Desandais. “Librito verdaderamente digno de los nombres que lleva; sus líneas son, en efecto, como centellitas capaces de producir incendios de amor divino…” (La Vida Sobrenatural, 1930). En la madurez de su vida desarrollará sus tres grandes amores: el Amor Misericordioso (1922)la revista Vida Sobrenatural (1921) y la fundación del monasterio de clarisas de Cantalapiedra (1920).
    El Padre Fray Juan González Arintero nace en Lugueros, en León, el 24 de junio de 1860. Vistió el hábito dominico en el Convento de Corias (Asturias) en 1875, haciendo profesión al año siguiente. Sus estudios Eclesiásticos los realizará en Vergara, Corias, Valladolid, Roma y finalmente en Salamanca. Esta ciudad, también cursó la carrera de Ciencias físico-químicas en la Universidad de Salamanca, obteniendo el título de Licenciado. Sus primeras obras serán de carácter apologético, como El Diluvio Universal, La evolución y la filosofía cristiana, la Providencia y la evolución y finalmente, Desenvolvimiento y vitalidad de la Iglesia. En esta última obra se empieza a producir un cambio de mentalidad, abandonando las ciencias por la mística. Un cambio radical, será el camino nuevo que seguirá el Padre Arintero con obras como el Cantar de los Cantares, Cuestiones místicas, Grados de oración La verdadera mística tradicional. Desde esta nueva realidad mística, fundara la revista, todavía existente en la Orden dominica, La Vida Sobrenatural, propagándose por todo el mundo. La Orden condecoró al Padre Arintero con la máxima distinción, concediéndole el título de Maestro en Sagrada Teología.

Estampa original de la época del Padre Arintero

     Entre muchas de sus tareas realizadas como profesor y teólogo, se dedicó con entrega a traducir los escritos de P. M. Sulamitis (Marie-Thérèse Desandais) y a difundir la devoción del Amor Misericordioso en los últimos años de su vida. Vieron la luz los primeros artículos: “Los amigos de Jesús”, Pacto de Amor”, “El amor Misericordioso, etc. Esta difusión no sólo la realizará con escritos en Vida Sobrenatural o en conferencias, también a través muchos los folletos y hojitas por todo el país.
     Los contenidos de esta devoción, su autoridad y competencia en esta materia, hizo prosperar esta devoción, sobre todo en Madrid. En una de sus cartas a la mística francesa afirma que… Dios sea bendito que así quiso servirse de nuestra pobreza y miseria para enriquecer a tantos sedientos de la justicia que así ansían por beber en la fuente del Amor Misericordioso… En los últimos días de su vida, cercana ya la muerte, cuando hacía oración, sus ojos se clavaban en el cuadro del Amor Misericordioso, regalado por la mística Thérèse Desandais. Siempre lo tendrá a la vista hasta los momentos últimos, una vez fallecido se lo colocaron en el pecho, sería un 20 de febrero de 1928.


lunes, 2 de enero de 2017

EL SANTÍSIMO Y DULCE NOMBRE DE JESÚS





     El nombre de Jesús --dice Baur-- es un nombre inventado en el Cielo y traído de allí por el Ángel Gabriel, para comunicárselo a la Virgen en el instante de la Anunciación: Darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. Ahora bien, los nombres impuestos por el Cielo siempre significan un don gratuito otorgado por Dios. Siendo en Cristo este don de la gracia. La salvación de los hombres, con toda propiedad se le impuso el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador." (Santo Tomás de Aquino). 


     Y, ciertamente, "ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo por el cual podamos salvarnos" (Epist.). La devoción al nombre de Jesús es una preciosa herencia que recibimos de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán. El Beato Jordán de Sajonia, el Beato Enrique Susón, Santa Catalina de Siena y el Beato Juan de Vicenza, fueron apasionados devotos de este Santo Nombre. 

     Gregorio X, en 1274, confió a la Orden de Predicadores, en la persona del Maestro General, Beato Juan de Vercelli, "la predicación de la devoción que derrama dulzura sobre los corazones." Se erigieron Cofradías en las iglesias de la Orden, y tan florecientes, que alguna de las actuales, como en los EE. UU. pasa de tres millones y medio el numero de hombres asociados. El fin de la Cofradía es propagar la devoción y culto del Nombre de Jesús contra la blasfemia y profanación de los días festivos.


(Tomado del Misal de la Orden de Predicadores, editado en Valencia en 1958.)


BREVE CRONOLOGÍA
DE LA HISTORIA DE LA DEVOCIÓN
AL DULCE NOMBRE DE JESÚS

          Durante el Concilio de Lyon, año 1274, el Papa Gregorio X dictó una Bula encaminada a desagraviar los insultos que se manifestaban contra el Nombre de Jesús. Las órdenes de los Dominicos y los Franciscanos fueron las encargadas de custodiar y extender dicha devoción por toda Europa. Así, Gregorio X escribió una carta a Juan de Vercelli, el entonces Superior General de los Dominicos, donde declaraba, "Nos, hemos prescrito a los fieles… reverenciar de una manera particular ese Nombre que está por encima de todos los nombres…".

          Este acto resultó en la fundación de la Sociedad del Santo Nombre. Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco "como la miel en el panal" y San Francisco mismo escribió, "ningún hombre es digno de decir Tu Nombre". Luego, San Bernardo escribió sermones enteros sobre el Nombre de Jesús y dijo: "Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, un canto de delicia en el corazón". San Buenaventura exclama, "Oh, alma, si escribes, lees, enseñas, o haces cualquier otra cosa, que nada tenga sabor alguno para ti, que nada te agrade excepto el Nombre de Jesús".

          Con el nombre “Sociedad del Santo Nombre de Dios” es fundada en 1430, por Fray Diego de Vitoria en el Convento de San Pablo de la ciudad de Burgos la primera Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de España mediante la Bula "Salvatoris et Nómini Nostri Iesu Christi".

INDULGENCIA PLENARIA
AL MENTAR
 EL DULCE 
NOMBRE DE JESÚS

   Es Tradición Católica que en la hora de la muerte, pronunciar con los labios o el corazón el Dulcísimo Nombre de Nuestro Salvador, nos puede alcanzar la muy necesaria Indulgencia Plenaria; para ello, debemos cumplir las siguientes disposiciones:

   Primero, las mismas condiciones requeridas para ganar cualquier indulgencia: es decir, la persona debe estar en estado de gracia cuando se gane la indulgencia y debe tener la intención de ganar la indulgencia.

   Segundo, debe resignarse completamente a la voluntad de Dios al estar muriendo.

   Tercero, debe pronunciar el Santo Nombre de Jesús con sus labios, si es posible, y si no fuere capaz de hablar, al menos debe invocar el Santo Nombre de Jesús en su corazón.

   Subráyese especialmente esta última condición de pronunciar el Santísimo Nombre de Jesús. La Congregación de Indulgencias la pidió el 22 de septiembre de 1892 para ganar la indulgencia plenaria in articulo mortis. Es algo que fácilmente se pasa por alto, y por ello, le damos especial atención.




     El nombre de Jesús es el brillo de los predicadores, porque de Él les viene la claridad luminosa, la validez de su mensaje y la aceptación de su palabra por los demás. ¿De dónde piensas que procede tanto esplendor y que tan rápidamente se haya propagado la fe por todo el mundo, sino por haber predicado a Jesús? ¿Acaso no por la luz y dulzura de este
nombre, por el que Dios nos llamó y condujo a su gloria? Con razón el Apóstol, a los elegidos y predestinados por este nombre luminoso, les dice: en otro tiempo fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijo de la luz. 
    ¡Oh nombre glorioso, nombre regalado, nombre amoroso y santo! Por ti las culpas se borran, los enemigos huyen vencidos, los enfermos sanan, los atribulados y tentados se robustecen, y se sienten gozosos todos. Tú eres la honra de los creyentes, tú el maestro de los predicadores, tú la fuerza de los que trabajan, tú el valor de los débiles. Con el fuego de tu ardor y de tu celo se enardecen los ánimos, crecen los deseos, se obtienen los favores, las almas contemplativas se extasían; por ti, en definitiva, todos los bienaventurados del cielo son glorificados. 
     Haz, dulcísimo Jesús, que también nosotros reinemos con ello por la fuerza de Tu Santísimo Nombre. 
San Bernardino de Siena

jueves, 29 de diciembre de 2016

SOR JOSEFA MENÉNDEZ, LA CONFIDENTE DEL SAGRADO CORAZÓN




   Hoy es el Aniversario de la entrada en el Cielo de Sor Josefa Menéndez, una humilde religiosa lega, casi analfabeta y que jamás destacó en nada. Al morir, el mundo entero conoció las enormes gracias que el Sagrado Corazón de Jesús quiso regalar a esta sencilla mujer, que escribió, por estricta obediencia, todo cuanto el Divino Salvador quiso compartir con ella.

   Mentiría si no dijese que he leído "UN LLAMAMIENTO AL AMOR" cientos de veces; de hecho, tengo el libro completamente roto, deshojado, lleno de anotaciones, subrayados... lo leí por primera vez en 2005 y ya jamás mi vida volvió a ser igual. Cuando cerraba el libro de Sor Josefa Menéndez, sentía cada palabra del Sagrado Corazón de Jesús como dirigida a mí.

   Desde este modesto blog, he procurado hacerles llegar, sobre todo los viernes, pequeños extractos de esa joya de la espiritualidad; un buen apostolado, es copiar aquellos enlaces ya publicados y enviarlos por mails, colgarlos en Facebook o en las redes sociales que usen habitualmente.

   Les animo a todos a hacerse con un ejemplar de "UN LLAMAMIENTO AL AMOR"  y que divulguen su lectura, como eficaz apostolado de quienes desean que el Corazón de Jesús sea más conocido y amado.


BREVE BIOGRAFÍA
 
   Sor Josefa Menéndez nació en Madrid el 4 de Febrero de 1890, en un hogar modesto pero muy cristiano, bien pronto visitado por el dolor. La muerte del padre, dejó a la jovencita como único apoyo de su madre y de dos hermanas, a las que sostenía con su trabajo.

   Josefa hábil costurera, conoció las privaciones y preocupaciones, el trabajo asiduo y las vigilias prolongadas de la vida obrera, pero su alma enérgica y bien templada vivía ya del amor del Corazón de Jesús, que le atraía a sí irresistiblemente. Durante mucho tiempo deseó la vida religiosa, sin que le fuese dado romper los lazos que la unían al mundo; su trabajo era necesario a los suyos y su corazón, tan amante y tan tierno, no se resolvía a separarse de su madre, que a su vez creía no poder vivir sin el cariño y el apoyo de su hija mayor. Un día sin embargo, el divino llamamiento se hizo irresistible, exigiendo los mayores sacrificio.

   El 5 de Febrero de 1920, Josefa dejaba a su hermana ya en edad al cuidado de su madre y abandonaba su casa y su Patria querida, para seguir más allá de la frontera a Aquél cuyo amor divino y soberano tiene derecho a pedírselo todo.

   Sola y pobre se presentó en Poitiers, en el convento del Sagrado Corazón de los Feuillants, santificado en otros tiempos por la estancia en él de Santa Magdalena Sofía Baral. Allí se había reanudado hacía poco la obra de la Santa Fundadora y a su Sombra florecía de nuevo un Noviciado de Hermanas Coadjutoras del Sagrado Corazón.

   Nadie pido sospechar los designios divinos que ya empezaban a ser realidad. Sencilla y laboriosa, entregada por completo a su trabajo y a su formación religiosa, Josefa en nada se distinguía de las demás, desapareciendo en el conjunto. El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba, y una como sobrenatural intuición en cuanto a su vocación se refería, llamaba la atención de algunas personas que la trataron con más intimidad.




   Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad.

   Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió su Corazón. "Quiero – le dijo- que seas el Apóstol de mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar mis designios".

   Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el MENSAJE que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad.

   Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser.



   Cuatro años bastaron al Divino Dueño para acabar y perfeccionar su obra en Josefa, y confiarle sus deseos. Como Él había dicho, llegó la muerte en el momento señalado, dando realidad a sus palabras: "Como eres víctima por Mí escogida, sufrirás y abismada en el sufrimiento morirás". Así, oscuramente, murió el sábado 29 de diciembre de 1923, a los 33 años, consumida por la ardiente sed de las almas que le había comunicado el Corazón de Jesús.

   Y así habían de realizarse, de manera imprevista los designios de amor que Nuestro Señor Jesucristo le había manifestado el 7 de Octubre de 1923: "Pronto te llevaré a la claridad sin fin. Entonces mis palabras se leerán y se conocerá mi Amor."

   Pronto se dejó sentir la intercesión de Sor Josefa. El Corazón de Jesús cumplía su promesa: "Este será nuestro trabajo en el cielo: enseñar a las almas a vivir unidas a Mí". y otro día: "Mis palabras llegarán hasta los últimos confines de la tierra". Su corazón preparaba el camino que hoy descubre al mundo, hambriento de Verdad y de Caridad. 





martes, 27 de diciembre de 2016

SOR MARÍA TERESA DESANDAIS, APÓSTOL DEL AMOR MISERICORDIOSO


     En el siglo se llamó Adriana y nació en Francia en 1876. Educada en la fe católica desde niña, a los nueve años ya estaba determinada a ser religiosa. A los 20 años de edad, en 1896, ingresa en la Visitación de Dreux (Francia). A partir de 1902 fue bendecida con una serie de revelaciones místicas sobre el Amor Misericordioso de Jesús. Comenzó a escribir dichas experiencias sobrenaturales bajo el pseudónimo de “Sulamitis P.M.”.

     En 1912, sin tener conocimiento particular de pintura, pintó el cuadro del “Amor Misericordioso”: Cristo crucificado en el centro, con los ojos en el cielo y en el fondo una gran Hostia con las siglas JHS; del Corazón de Jesús irradian unos rayos de luz que iluminan la Biblia que se encuentra al pie del crucifijo con el versículo: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado"; también al pie de la Cruz se encuentra una corona real que indica el despojo de Nuestro Señor de su Gloria Divina para asumir nuestra naturaleza mortal convirtiéndose en Siervo.






     Desde 1915 la actividad literaria de Sor María Teresa fue aumentando considerablemente, y hacia el final de la Primera Guerra Mundial la doctrina del Amor Misericordioso, así como la imagen, ya se encontraba difundida por Francia y parte de Europa. En España, para poder difundir el mensaje del Amor Misericordioso, Sor María Teresa contó con la ayuda del Padre Juan Arintero González OP, Dominico español, publicando los mensajes en su revista  “Vida Sobrenatural” a partir de 1922.

     Sor María Teresa vivió en el monasterio de Dreux hasta 1940. Más tarde, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad se trasladó a Vouvant (y de nuevo a La-Roche-sur-Yon en 1997), donde después de una vida de dedicación y ocultación, murió en olor de santidad en 1943.

     La doctrina revelada a Sor María Teresa presenta a Dios que sale al encuentro del pecador y busca su conversión, favoreciendo en el alma una actitud de confianza, abandono filial y correspondencia generosa a la gracia divina. Otros aspectos comprendidos son la infancia espiritual, la ofrenda de la propia vida, el valor de las pequeñas acciones hechas por amor y la oración por los sacerdotes y religiosos.

sábado, 24 de diciembre de 2016

NAVIDAD LOS 365 DÍAS DEL AÑO


¿Murió la Navidad auténtica?

Con un poco de exageración, podría decirse que sí. Murió en el alma metalizada de tantos millones de hombres. Murió hasta en ciertos pesebres. Sí, en los pesebres progresistas, que nos exhiben la Sagrada Familia con los trazos y la fisonomía desfigurados por el arte moderno, y con connotaciones que inducen a la revolución social.

Pero si hay alguna exageración en decir que la Navidad murió, es verdad que ella aún conserva algunos destellos de vida. Vayamos en busca de ellos.

Los encontraremos ante todo -y abundantes- en el propio hecho de ser día de Navidad. Cada fiesta del calendario litúrgico trae consigo una efusión de gracias peculiares. Quieran o no quieran los hombres, la gracia llama a las puertas del alma más dulce, más suave, más insistente, en estos días de Navidad. Se diría que, a pesar de todo, flota en el aire una luz, una paz, un aliento, una fuerza de idealismo y dedicación que es difícil no percibir.

Además, en innumerables iglesias, en muchos hogares, el pesebre auténtico aún nos muestra la imagen del Niño Dios, que vino para romper las cadenas de la muerte, para aplastar el pecado, para perdonar, para regenerar, para abrir a los hombres nuevos e ilimitados horizontes de fe y de ideal, nuevas e ilimitadas posibilidades de virtud y de bien.




Dios aquí está, acogedor y a nuestro alcance, hecho hombre como nosotros, teniendo junto de sí a la Madre perfecta. Madre suya, pero también nuestra. Por medio de Ella, hasta los peores pecadores todo pueden pedir y esperar.

Allí también está San José, el varón sublime que reúne en sí la maravillosa antítesis de las más diferentes cualidades. Es Príncipe de la Casa de David y es también carpintero. Es defensor intrépido de la Sagrada Familia. Pero, al mismo tiempo, es padre tiernísimo y esposo lleno de afecto. Esposo perfecto, es sin embargo el esposo castísimo de Aquella que fue siempre Virgen. Padre verdadero, empero, no fue padre según la carne. Modelo de todos los guerreros, de todos los príncipes, de todos los sabios y todos los trabajadores que la Iglesia engendraría en esta tierra para el Cielo, él no fue principalmente nada de esto. Sus títulos más altos son dos: padre de Jesús, esposo de María. Títulos pequeños e inmensos, que al mismo tiempo, paradójica mente, pulverizan y comunican vida, nobleza y esplendor a todos los títulos de la Tierra.

Los pastores allí se presentan en amable intimidad con sus animales así como con Nuestra Señora, San José y el propio Niño Jesús. Es la imagen conmovedora del Dios excelso, que lleva la irradiación de su grandeza hasta el extremo de tocar y elevar hasta lo que hay de más humilde y pequeño entre los hombres. Y que, no contento con esto, atrae y cubre de bendiciones hasta las criaturas irracionales.

Al contemplar esto, nuestras almas crispadas se distienden. Nuestros egoísmos se desarman. La paz penetra en nosotros y en torno de nosotros. Sentimos que en nuestro prójimo algo también está ennoblecido y dulcificado. Florecen los dones del alma. El don del afecto. El don del perdón. Y, como símbolo, el ofrecimiento delicado y desinteresado de algún regalo.

Para que nada falte, el hermano cuerpo —como decía San Francisco— también tiene su parte en la alegría. Hecha la oración ante el pesebre, todos se sientan a la misma mesa. Se come sin glotonería. Se bebe sin embriaguez. Es la fiesta en que brilla la alegría de tener fe, de tener virtud, de haber realizado de modo sacro todas las acciones.




¿Alegría de Navidad? Sí. Pero mucho más que eso. Alegría de los 365 días del año, para el católico verdadero. Pues en el alma en la que, por la gracia, habita el Salvador, esa alegría dura siempre y jamás se apaga. Ni el dolor, ni la lucha, ni la enfermedad, ni la muerte, la eliminan. Es la alegría de la fe y de lo sobrenatural. La alegría del orden sacral.

"¡Oh! vosotros todos que pasáis por el camino, mirad y ved si hay un dolor semejante a mi dolor", exclamó Jeremías Profeta, anteviendo la Pasión del Salvador y la compasión de María.

Pero él también podría haber dicho, profetizando las alegrías cristianas perennes e indestructibles que la Navidad lleva a su auge: ¡Oh! vosotros que pasáis por el camino, mirad y ved si hay alegría semejante a la mía. ¡Oh! vosotros que vivís voluptuosamente para el oro, ¡oh! vosotros que vivís tontamente para la vanagloria. ¡oh! vosotros que vivís torpemente para la sensualidad, ¡oh! vosotros que vivís diabólicamente para la rebeldía y para el crimen: mirad y ved a las almas verdaderamente católicas, iluminadas por la alegría de la Navidad: ¿qué es vuestra alegría comparada con la de ellas?

No veáis en estas palabras provocación, ni desdén. Ellas son mucho más que esto.

Son una invitación a la Navidad perenne que es la vida del verdadero fiel: Christianus alter Christus- el cristiano es un otro Jesucristo.

No, no hay alegría igual. Aún cuando el católico esté, como Jesucristo Nuestro Señor, clavado en la cruz…

Plinio Corrêa de Oliveira, "Folha de São Paulo", 27 de Diciembre de 1970

lunes, 12 de diciembre de 2016

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, REINA DE MÉXICO, EMPERATRIZ DE LAS AMÉRICAS




  Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para oír Misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac. De repente oyó música que parecía el gorjeo de miles de pájaros. Muy sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña. Cesó la música y en seguida oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. 


   Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió a él. Ella habló en azteca. Le dijo que Ella era la Inmaculada Virgen María, Madre del Verdadero Dios. Le reveló cómo era su deseo más vehemente tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos solicitaren su amparo. "Y para realizar lo que mi clemencia pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo".

   Juan Diego se inclinó ante ella y le dijo: "Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo".

   Cuando Juan Diego llegó a la casa del Obispo Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho. Pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.

   Ese mismo día regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa. Ella le pidió volver a ver al Sr. Obispo el día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal.

   Juan Diego regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino había enfermado gravemente.

   Dos días más tarde, el día doce de Diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó".



   Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo:

   "Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia".

  Juan Diego subió y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: "Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas".

   Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.


¡VIVA LA VIRGEN SANTÍSIMA DE GUADALUPE!
¡VIVA LA EMPERATRIZ DE AMÉRICA!



jueves, 8 de diciembre de 2016

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA NUESTRA SEÑORA




"Pues la Iglesia de Cristo, diligente custodia y defensora de los dogmas a ella confiados, jamás cambia en ellos nada, ni disminuye, ni añade, antes, tratando fiel y sabiamente con todos sus recursos las verdades que la antigüedad ha esbozado y la fe de los Padres ha sembrado, de tal manera trabaja por limarlas y pulirlas, que los antiguos dogmas de la celestial doctrina reciban claridad, luz, precisión, sin que pierdan, sin embargo, su plenitud, su integridad, su índole propia, y se desarrollen tan sólo según su naturaleza; es decir el mismo dogma, en el mismo sentido y parecer."


"...la Virgen Santísima es el tabernáculo creado por el mismo Dios, formado por el Espíritu Santo, y que es verdaderamente de púrpura, que el nuevo Beseleel elaboró con variadas labores de oro, y que Ella es, y con razón se la celebra, como la primera y exclusiva obra de Dios, y como la que salió ilesa de los igníferos dardos del maligno, y como la que hermosa por naturaleza y totalmente inocente, apareció al mundo como aurora brillantísima en su Concepción Inmaculada. Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el Unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad."

Papa Pío IX
Bula "Ineffabilis Deus"