viernes, 22 de febrero de 2019

EL MUNDO HA SIDO CRUCIFICADO PARA MÍ Y YO PARA EL MUNDO


                 Hoy Viernes es el día más indicado para recordar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; próximos ya a comenzar la Santa Cuaresma, debemos adentrarnos en aquél Viernes Santo, en los mismos sentimientos que atravesaron Su Divino Corazón durante los tormentos que por nosotros padeciera.

                 No faltan almas escrupulosas, pusilánimes más bien, que sólo pretenden buscar y gozar de un Jesús Resucitado, obviando totalmente Sus Dolores, desde la traición de Judas hasta la Crucifixión en el Gólgota. No quieras estar tú entre esas almas tibias, que aborrecen el sacrificio, la disciplina, la negación de sí mismos, la cruz diaria...

                 Únete a los que padecemos con alegría todas las pruebas que se nos plantean en el camino de la vida, porque si Cristo Nuestro Señor padeció por nosotros fue para que tuviésemos no sólo la Redención de nuestras almas sino para ser además, con Su Pasión, ejemplo de lucha continua, para que "jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo." (San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14)



El próximo Domingo 24 de Febrero
comenzaremos (Dios mediante) la 
Novena a la Santa Faz

Los interesados en recibir la Novena a la Santa Faz vía Whatsapp
 es necesario que nos escriban un mensaje con su NOMBRE y PAÍS, 
para incluirlos en un GRUPO DE LECTURA, 
en el cual sólo publica un administrador





                 Lloraba Santa Teresa y se lamentaba porque algunos libros le habían enseñado a dejar la meditación de la Pasión de Cristo, por ser impedimento que podía estorbarle la contemplación de la divinidad. Al caer la Santa en la cuenta del engaño exclamó: “Oh, Señor de mi alma y Bien mío, Jesucristo Crucificado!, no me acuerdo vez de esta opinión que tuve, que no me dé pena; y me parece que hice una gran traición, aunque con ignorancia. ¿Es posible, Señor mío, que cupo en mi pensamiento, ni una hora, que Vos me habíais de impedir para mayor bien?, ¿De dónde me vinieron a mí todos los bienes sino de Vos?…” Y luego añade: “Y veo ya claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleitaba” (1).

                 Por esta razón decía el Padre Baltasar Álvarez que por ignorar los tesoros que tenemos en Jesucristo, se pierden muchos cristianos: movido de este parecer, su meditación más frecuente y regalada versaba sobre la Pasión de Cristo, en la cual se recreaba, meditando de modo especial la pobreza, los desprecios y los Dolores de Jesucristo, y exhortaba a sus penitentes a que meditasen a menudo la Pasión del Redentor, diciéndoles que no creyesen haber hecho cosa de provecho si no llegaban a grabar en su corazón la imagen de Jesús Crucificado (2)



San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, 
en su obra "El amor del alma"


(1) Vida de Santa Teresa de Jesús, capítulo 22.
(2) Vida de Luis de La Puente, cap. 3, 2






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jueves, 21 de febrero de 2019

ROMA TRAICIONA LA MEMORIA DEL CAUDILLO FRANCO



"La Iglesia Católica ha tenido en Franco a un hijo muy suyo, como San Fernando, rey de España, o San Luis, rey de Francia. Aquellos que tratan de descalificarle buscan descalificar a la Iglesia." 

Monseñor José Guerra Campos, Obispo de Cuenca
Fue uno de los 59 procuradores que el 18 de Noviembre de 1976 en las Cortes Españolas
 votaron en contra de la Ley para la Reforma Política que derogaba
 los Principios Fundamentales del Movimiento


                Por desgracia, aquellas palabras del que fuera Obispo de Cuenca, hoy tienen más actualidad que nunca: la "iglesia católica romana", la que representa Bergoglio, da su bendición para retirar los restos del Caudillo Franco de su descanso en El Valle de los Caídos.

                Los católicos que hemos abrazado la integridad estamos curados frente a estos esperpentos modernistas, pero igualmente nos dolemos, por ver a tantas almas que prefieren seguir perdidas en una iglesia que ya poco le queda de "católica", salvo el nombre.

                Desenterrar los restos de Franco supone una grave afrenta a su memoria, a su amor por la Dios y por la Iglesia, a la que privilegió como buen católico después de SALVARLA de sus enemigos declarados; Franco ideó el Estado Confesional, benefició a los Seminarios, Conventos, reconstruyó iglesias devastadas por los rojos... pero son tan culpables los enemigos naturales que buscan el escarnio como los cobardes, que con su silencio -cuando no complicidad- han contribuido al hasta ahora intento de profanación.

                Blázquez y el resto de obispillos acomplejados callan como rameras, esperando que el Estado no cierre el grifo, no sea que se vean truncadas sus jubilaciones caribeñas... La Conferencia Episcopal Española apesta, está putrefacta, como lo está la iglesia oficial, que hasta la fecha ha vivido de las rentas de "la España nacionalcatólica", esa misma que ahora quieren remover de su tumba, para eliminar cualquier referencia que entrelace a Dios con España; pronto veremos más templos cerrados, más escándalos entre el "clero" modernista, monasterios cerrados por falta de vocaciones... la Apostasía continúa, a ritmo acelerado y directa a la debacle, aún nos queda por ver, y mucho. 

               Mientras tanto, los enemigos de la Cruz no duermen; sus cómplices, se pierden en excusas de "obediencia a las leyes civiles" y los rotarios que controlan Roma, dan su placet a los socialistas españoles...

               Sigamos rezando para que regrese pronto Nuestro Señor y restaure en Él todo el mundo.

            






LA DIVINA EUCARISTÍA: Jesús, el Amor infinito



               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.




               Jesús instituyó la Eucaristía para darse a las almas, para dar la vida sobrenatural, la santidad y la sabiduría de la santidad a las almas. Y se da y se comunica o infunde esas sus riquezas según las encuentra dispuestas o preparadas. 


               La humildad es el fundamento y la medida del amor del alma y de su limpieza y hermosura. La humildad le atrae. La Virgen nos lo enseñó cuando dijo en Su cántico de alabanza a Dios: "Alaba mi alma a Dios, llena de gozo, pues ha hecho en mi maravillas, porque miró la humildad de su sierva." La humildad es el fundamento y la medida del amor, de la limpieza y de las ansias del alma por hacer la Voluntad de Jesús y estar unida en Amor hacia Él. Jesús es el Amor infinito, y llena de Su Amor y de las virtudes al alma humilde, y establece en ella Su morada de Amor. La humildad atrae al Rey del Cielo, que viene para santificar el alma, para vivir en el alma y hacerla un Cielo por las virtudes. Un Cielo donde Él mora y está siempre acrecentando la hermosura del alma y su amor. 

               Jesús en la Encarnación fue el modelo y el endiosamiento de la humildad. Siendo Dios, tomó la naturaleza para redimirnos. Y fue y es el gran modelo de la humildad en la Divina Eucaristía, convirtiendo la sustancia del pan y del vino en Su propio Cuerpo y Sangre con Su Divinidad, para ser la vida sobrenatural del hombre y divinizarle, y bajo las especies sacramentales mora después de la Consagración, y se da al hombre en Amor para levantar al alma a que tenga vida divina. Misterio incomprensible a la razón humana mientras vive en la tierra y que admirará y alabará eternamente en el Cielo.

               Este Jesucristo de la Sagrada y Divina Eucaristía es el mismo, exactamente el mismo que el que está en el Cielo. En el Cielo me llenará de felicidad en Su misma felicidad, como llena de felicidad a los Ángeles y a los Bienaventurados. Pues Tú eres, Jesucristo, el Rey de la Gloria, teniendo como Dios la misma Gloria que el Padre y el Espíritu Santo, un sólo Dios y una única naturaleza divina e infinita en todas las perfecciones con ellos.

               Aquí en la Divina Eucaristía, busco y quiero acompañarle y le pido me llene de Su Amor entregándole yo el mío todo y con ello vivir en la esperanza y en la confianza que da el Amor mutuo, esa misma felicidad del Cielo, pues Dios es la felicidad y el verdadero Cielo.

               Aquí, en la Divina Eucaristía, vives, oh Jesús, conmigo y te haces mío, y me unes íntimamente a Ti, y me haces tuyo en Tu mismo Amor, y en compañía de la Virgen Tu Madre y mía., y te ame con Ella y con San José, en compañía de los Ángeles y Bienaventurados del Cielo.


Padre Valentín de San José, "La Divina Eucaristía, Su Comunión y prodigios"





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miércoles, 20 de febrero de 2019

JACINTA MARTO, la niña vidente de Fátima: alma víctima por los pecadores


                 Nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima, el 11 de Marzo de 1910, y fue bautizada ocho días más tarde. 

                Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera una de las videntes de Nuestra Señora junto a su hermano Francisco y su prima Lucía; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir..."

                


               Víctima de la neumonía cayó enferma en Diciembre de 1918. Estuvo internada en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la D. María Godinho, a quien Jacinta llamaba "Madrina", a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

                Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de D. Estefanía, donde el día 20 de Febrero de 1920, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos sacramentos. Hizo su última confesión con el Padre Pereira dos Reis. A las 10:30 de la noche, la Virgen vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

                Fue celebrada la Misa de cuerpo presente en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cuerpo estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Fue transportada a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Fue trasladada para el cementerio de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta.

                El 1 de Mayo de 1951 fue finalmente trasladada a la Basílica del Santuario.


JACINTA Y EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

                Poco antes de ir a un hospital en Lisboa, Jacinta le reveló a Lucía:

               “— A mí ya me falta poco para ir al Cielo. Tú te quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la Devoción al Inmaculado Corazón de María. ¡Cuando haya que decir eso, no te escondas! Dile a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio de ese Corazón Inmaculado; que se las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a Su lado se venere el Corazón de María. Que pidan la paz a este Inmaculado Corazón porque Dios se la entregó a Ella. ¡Si yo pudiera meter en el corazón de todo el mundo la lumbre que tengo aquí en el pecho quemándome y haciéndome gustar tanto de los Corazones de Jesús y de María!”.

                 Por algunos dichos de la pequeña Jacinta podemos percibir la grandeza de su alma, la magnificencia de su inocencia, su profundo amor a Dios. Ella confió a su prima Lucía:

                “Pienso en Nuestro Señor y en Nuestra Señora… en los pecadores y en la guerra que va a venir… Va a morir tanta gente, ¡y casi toda va a ir al infierno!… Serán arrasadas muchas casas y matarán a muchos sacerdotes… ¡Qué pena! ¡Si dejaran de ofender a Nuestro Señor, la guerra no venía, ni iban para el infierno!… Mira, yo voy al Cielo, y tú, cuando veas de noche esa luz que aquella Señora dijo que vendría antes, huye hacia allí también”.

                Como ocurre con personas que conservan la inocencia, a Jacinta le gustaba meditar. Y ella lo confirmó: “Me gusta mucho pensar”. En una de sus meditaciones, la Virgen Santísima se le apareció, a fin de prepararla para su último calvario. “Me dijo (la Señora) que voy a Lisboa a otro hospital; que no te vuelvo a ver, ni a mis padres tampoco. Que después de sufrir mucho moriré sola. Pero que no tenga miedo, que Ella me irá a buscar para llevarme al Cielo”.



Siguiendo el ejemplo espiritual de Jacinta, que no era otro que el cumplimiento 
del pedido de Nuestra Señora, procura tú también vivir entregado a los Sagrados Corazones
 de Jesús y de María. Puedes imprimir la imagen y escribir tu nombre cuando estés decidido...


JACINTA Y SU AMOR POR LAS ALMAS

                 “Jacinta era también aquella a quien, me parece, la Santísima Virgen dio la mayor plenitud de gracias y conocimiento de Dios y de la virtud. Ella parecía reflejar en todo la presencia de Dios”. (Sor Lucía Dos Santos, prima de Jacinta y también vidente de Nuestra Señora de Fátima)

                 "Haced penitencia por los pecadores! Muchos van al infierno porque nadie reza y se sacrifica por ellos." - Tales palabras de Nuestra Señora encontraron profunda resonancia en Jacinta. ¡Y con que inquebrantable voluntad ella hacía penitencia!. Ella no vacilaba en ayunar, frecuentemente, un día entero sin comer o beber nada, dando alegremente su pan a los chicos pobres. Otros días, comía solamente aquello que más detestaba. Traía como penitencia una gruesa cuerda en torno a la cintura. ¡Nada, ningún sacrificio le parecía demasiado grande, tratándose de la salvación de las almas!

                 En su enfermedad -una tuberculosis que la llevó a la muerte- ofrecía principalmente sus dolores: "Sí, yo sufro, por eso ofrezco todo por los pecadores, para desagraviar al Inmaculado Corazón de María. Oh Jesús, ahora podéis salvar muchos pecadores porque este sacrificio es muy grande".

                Incluso en su dolorosa molestia se mostraba siempre paciente, sin reclamos, enteramente desprendida. Conducta que no correspondía a su carácter natural.

                 La propia Jacinta repetiría con frecuencia: "Gusto tanto de Nuestro Señor y de Nuestra Señora que nunca me canso de decir que los amo. Cuando digo eso muchas veces, ¡me parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema!" El amor ardiente a Jesús y María fue el amor que transformó a Jacinta y que hizo de ella una copia fiel de las virtudes de la Virgen Santísima. Que desde el Cielo siga intercediendo por nosotros y por el pronto advenimiento del Reino de María.



martes, 19 de febrero de 2019

LOS ÁNGELES CUSTODIOS en la vida del Padre Pío (Parte I)


                Como cada Martes, procura honrar a tu Ángel Custodio, aquél mismo que Dios dispuso para ti desde el vientre de tu madre; el mismo que te acompañó al altar cuando recibiste el Bautismo y lo sigue haciendo cuando te acercas a recibir la Sagrada Comunión. Sin embargo, en el día a día, con las obligaciones familiares y del trabajo...¡cuántas veces olvidamos su presencia!. 

                 Nuestro Ángel Custodio es un espíritu celestial, que pese a su inmaterialidad puede ayudarnos en los quehaceres cotidianos: a llevar el trabajo con la alegría de estar en la presencia de Dios, sabedores que cumpliendo nuestras obligaciones estamos dando Gloria a Dios, pues Él ve nuestro esfuerzo por superarnos.

               El Ángel, como buen Guardián que vigila por los intereses de nuestra alma, nos aligera el trabajo, nos ahorra fatiga, para que podamos tener más intimidad con Jesús y María. Todo depende de ti, de que solicites su auxilio y confíes en su intercesión cuando tú no puedas más.

                Tu Ángel Custodio es el satélite que te recuerda la trascendencia de este mundo, donde todo es prueba a superar para nuestra santificación personal. No desprecies nunca la idea consoladora de tu Ángel Custodio, porque perderías la influencia benigna de un protector celestial, de un amigo que tendrás a tu lado en todo momento, incluso en la eternidad, donde sí podrás contemplarlo en su plenitud angelical.

                  Trata de ser un poco niño, abandona por un momento los prejuicios personales y del mundo, y retorna a la Fe sencilla de tus mayores, la que tanto les ayudó a ser buenos cristianos y santificarse a diario; repite despacio y varias veces a lo largo del día de hoy la oración que aparece más adelante y ten claro que pronto verás la ayuda inestimable de tu Ángel de la Guarda.




                El Padre Pío recomendaba a sus hijos espirituales que, en caso de dificultad, le enviaran a su Ángel para pedir por sus necesidades y él les ayudaría.

                El Padre Alessio Parente declaró: Cuando confesaba, les decía a los penitentes que, si no podían venir a verlo, le mandaran su ángel. Un día estaba en la terraza con él. Le pedí consejo para una persona y me respondió: “Déjame en paz, ¿no ves que estoy ocupado?”. Yo me callé, pero lo veía rezar el rosario y no me parecía demasiada ocupación. Pero él añadió: “¿No has visto todos estos ángeles custodios de mis hijos espirituales, que van y vienen?”. Yo le respondí: “No los he visto, pero lo creo porque usted cada día les repite a sus hijos que se los manden”.

                El mismo Padre Alessio nos refiere otro caso: Una tarde, después de haberlo ayudado a acostarse, me senté en el sillón, esperando que llegara el padre Pellegrino a cuidarlo. Mientras estaba esperando, sentía que el padre Pío rezaba el rosario y, a veces, interrumpía el rezo y decía frases como: “Dile que rezaré por él. Dile que intensificaré mis plegarias para obtener su salvación. Dile que llamaré al Corazón de Jesús para conseguir esa gracia. Dile que la Virgen no le negará esa gracia”.

                 El Padre Pierino Galeone, refiere que en 1947 estuvo 20 días en san Giovanni Rotondo. Las personas, viéndome siempre cerca del Padre Pío, me pedían encomendarle sus penas: la suerte de familiares desaparecidos en Rusia, la curación de un hijo, la solución de sus problemas, encontrar trabajo, etc. El Padre Pío siempre me respondía con dulzura y amor. Un día me dijo: Cuando tengas necesidad de algo, mándame tu Ángel y yo te responderé. Una mañana una mamá se me acercó llorando, antes de la Misa, para recomendarme a su hijo. El Padre Pío ya había subido al altar y yo no me atreví a hablarle, así que, conmovido, como me había aconsejado, le mandé a mi Ángel para encomendarle el hijo de aquella madre. Terminada la Misa, me acerco al Padre Pío y le encomiendo al joven. Y él me responde: “Hijo mío, ya me lo has dicho”. Entendí entonces que mi Ángel Custodio le había advertido oportunamente y el Padre Pío había orado por él.




                La Señora Pía Garella manifestó que en 1945, poco después de terminada la guerra, el 20 de Septiembre, se hallaba en el campo a unos kilómetros de Turín y deseó enviarle al Padre Pío un telegrama de felicitación por el Aniversario de sus llagas, pero no encontró a nadie que se lo pudiese enviar por estar en el campo. De pronto, se acordó de la recomendación del Padre Pío: Cuando tengas necesidad, mándame a tu Ángel…

                Entonces, se recogió unos momentos y le pidió a su Ángel que le diera personalmente la felicitación. A los pocos días, recibía una carta de una amiga de San Giovanni Rotondo, Rosinella Placentino, en la que le informaba que el Padre Pío le había dicho: Escribe a la Señora Garella y dile que le doy las gracias por la felicitación espiritual que me ha mandado.

(Continuará...)



lunes, 18 de febrero de 2019

Tríptico con la Doctrina sobre EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA


              A modo de recordatorio de la Doctrina Católica sobre el Santo Sacrificio de la Misa, te comparto este tríptico con una sencilla explicación y dos oraciones: la primera de Ofrecimiento de la Santa Misa (que bien se puede formular a diario, aunque no se asista físicamente a la Misa) y otra de Acción de Gracias, para después de la Comunión (que podemos recitar igualmente si hacemos una Comunión Espiritual). 

              Que siempre tengamos presente el VERDADERO SENTIDO del Sacrificio del Altar, sobre todo, en nuestra actitud interior, en procurar poner el corazón en cada momento de la Santa Misa y entender que estamos asistiendo al Drama del Calvario... 

               Cuando estés en el altar, en el Gólgota de la Redención, recuerda pedir a Nuestro Señor por este pobre hermano que escribe y que también te promete sus oraciones. Feliz semana. In Cordibus Iesu et Mariae.



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domingo, 17 de febrero de 2019

LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ -Tercer Domingo-


PREPARACIÓN

              Este ejercicio piadoso en honra del Glorioso San José apenas te llevará unos minutos; procura hacerlo teniendo cerca una imagen suya, que bien puede ser la que acompaña este artículo. Luego, recogido de las preocupaciones cotidianas, intenta adentrarte en espíritu en la casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?




Por la señal + de la Santa Cruz, etc.


               En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mi me pesa, pésame, Señor, de todo corazón de haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracias para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo.




DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ


           -Tercer Dolor: cuando la Sangre del Niño Salvador fue derramada en Su circuncisión.

     "Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por Nombre Jesús, como lo había llamado el Ángel antes de que fuera concebido en el seno materno" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 21).

          -Tercera Alegría: cuando Nuestro Señor recibió el Santísimo Nombre de Jesús.

     "Dará a luz un hijo, y le pondrás por Nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados" (Evangelio de San Mateo, cap. 1, vers. 21).

ORACIÓN 

              Glorioso San José, ejecutor obediente de la Ley de Dios: La Sangre Preciosa que en la circuncisión derramó el Divino Redentor, te traspasó el corazón; pero el Nombre de Jesús, que se le impuso, te llenó de consuelo.

              Por este dolor y gozo, te rogamos nos alcances la gracia de vivir luchando contra la esclavitud de los vicios, para tener la dicha de morir con el Nombre de Jesús en los labios y en el corazón.

             Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, para terminar diciendo

            San José, modelo y patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

            Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén






sábado, 16 de febrero de 2019

NO DISMINUYA JAMÁS SU DOMINIO SOBRE MÍ Acto de entrega a Nuestra Señora la Purísima Virgen María




               "Postrado a Tus pies, ¡oh Virgen única, Madre de Dios!, ¡Oh Cooperadora de la Encarnación de mi Dios!, yo, siervo de Tu Hijo, Te ruego me concedas el unirme firmemente a Dios y a Ti, el someterme a Tu Hijo y a Ti, el seguir a Tu Hijo y a Ti. A Él como a mi Creador; a Ti como a la Madre de mi Creador; a Él como al Señor de los Ejércitos, a Ti como a la Sierva del Dueño de todas las cosas; a Él como a Dios, a Ti como a la Madre de Dios; a Él como a Redentor; a Ti, como el instrumento de mi redención... 

                Si yo soy Tu siervo, es porque Tu Hijo es mi Señor. Tú eres mi Soberana, porque eres la Esclava de mi Señor. Yo soy siervo de la Sierva de mi Señor, porque Tú, mi Soberana, eres la Madre de mi Señor. ¡Oh Jesús, que yo pueda servir a Tu Madre de forma que pueda demostrarte que estoy a Tu servicio! 

                Reina Ella sobre mí, para que yo esté seguro de agradarte a Ti. No disminuya jamás Su dominio sobre mí para que eternamente seas Tú mi Señor... 

                Si deseo llegar a ser el siervo fiel de la Madre, es para ser siervo fiel del Hijo. Si quiero servir a Su Madre, es para que el Hijo sea mi Señor. Para demostrar que estoy al servicio del Señor, doy como prueba el dominio que Su Madre ejerce sobre mí..., porque servir a Su Esclava es servir al Señor, y redunda en honor del Hijo todo lo que se concede a la Madre, como se convierten en honor del Rey los homenajes de sumisión a la Reina.

                ¡Con qué entusiasmo deseo ser siervo de esta Soberana! ¡Con qué fidelidad me quiero someter a Su yugo!, ¡Con qué perfección intento ser dócil a sus mandatos!, ¡Con qué ardor trato de no sustraerme a Su dominio! ¡Con qué avidez deseo de no dejar de estar nunca en el número de Sus verdaderos siervos! Séame pues concedido el servirla por deber; que sirviéndola merezca Sus favores y pueda ser siempre irreprensible siervo Suyo."


San Ildefonso, Cardenal de Toledo






ANIVERSARIO DEL MILAGRO EUCARÍSTICO DE SANTAREM: la Sagrada Forma que sangra durante siglos


              Acontece esta historia en Portugal, en 1247 (1). Elvira Moniz era una sencilla mujer que vivía junto a su promiscuo esposo en la pequeña villa portuguesa de Santarem, situada a 65 kilómetros de Lisboa. Sus días transcurrían en la más completa rutina, mientras rumiaba en su interior las continuas relaciones que su marido mantenía con otra mujer del pueblo. El daño lo provocaba no solo el sufrimiento personal de saberse despreciada y traicionada por su pareja, sino también los comentarios maliciosos de sus vecinos.

              Tras intentar usar su astucia y el cariño para recuperar la atención de su esposo, y obtener como resultado el más rotundo de los fracasos, decidió hacer algo a espaldas de la gente. Un buen día se encaminó desesperada hacia la cercana vivienda de una conocida hechicera, a quien pidió consejo. La bruja, tras usar sus típicos artilugios de consulta, declaró firmemente que sólo había una forma de que Elvira recuperara el amor de su marido. Para ello debía realizar un complejo ritual mágico que solucionaría el problema de inmediato. Pero había un problema. Para llevar a cabo el misterioso prodigio necesitaba obtener una hostia consagrada, que debería conseguir la propia afectada.




             Aquello supuso un duro golpe para Elvira, cristiana muy devota, para quien ese acto constituía un horrible sacrilegio. Sin embargo, finalmente accedió a la petición.

              A los pocos días, concretamente el 16 de Febrero, la atormentada mujer se dirigió a la Iglesia de San Esteban, donde se confesó ante el sacerdote y pidió la comunión. Tras recibir la Sagrada Hostia, no la ingirió, sino que la conservó, saliendo inmediatamente del templo. En el exterior, extrajo con mucho cuidado la forma sacramental y la guardó entre sus ropas, encaminándose rápidamente hacia la casa de la hechicera.

              De pronto, Elvira notó cómo las miradas de los vecinos que se cruzaban con ella se dirigían hacia la parte de su cuerpo donde había escondido la hostia. Al observarse, se dio cuenta horrorizada de que sus ropas estaban manchadas de sangre. Cuando desanudó el pliegue en el cual había escondido la hostia consagrada descubrió que el líquido manaba de la misma. Algunos vecinos le preguntaron si estaba herida y si necesitaba que la llevaran a un médico. La sangre goteaba y manchaba el suelo.

             Elvira se estremeció de pánico y decidió esconderse en su casa, en la Rua das Esteras, muy cerca de la parroquia de San Esteban. Una vez allí, extrajo la hostia de su ropa y la colocó en el interior de un baúl de cedro, donde acostumbraba guardar sus pertenencias. La desgraciada mujer no sabía qué hacer y vivió momentos de angustia indescriptible.

              A altas horas de la noche, Pedro Moniz regresó a casa. Elvira no le contó nada de lo ocurrido. No podía descansar, atormentada por el sacrilegio que había cometido. De madrugada, se produjo un nuevo prodigio. Una luz muy intensa y blanca comenzó a salir por las ranuras del baúl de cedro, despertando a Pedro.

              Toda la casa estaba iluminada por aquel extraño resplandor. Descubrieron entonces a varios Ángeles en actitud contemplativa alrededor del baúl que contenía la Hostia Consagrada. Elvira comprobó que de nuevo comenzaba a sangrar y su esposo fue testigo presencial del milagro. Todo lo vieron a través de la madera del arca, que parecía haberse vuelto transparente gracias a la luz que emitía y a la que recibía de los Ángeles.

              Apresuradamente, la mujer le confesó a su esposo la historia de su sacrilegio. Ambos se arrepintieron de sus respectivos pecados, rezaron y se arrodillaron frente a la Hostia durante el resto de la noche.

              Nada más amanecer, fue requerida la presencia del sacerdote de San Esteban, quien comprobó el misterio de la Hostia sangrante y decidió devolverla a la iglesia. Para ello, se realizó una solemne procesión de retorno, en la cual participaron diversos cleros y laicos. La noticia se difundió por todo Santarem. La Hostia fue depositada en la iglesia, donde continuó sangrando abundantemente durante tres días.

               Finalmente se decidió colocar la reliquia en un recipiente fabricado con cera fundida. Durante muchas décadas fue conservado en dicho relicario y expuesto ante los fieles en una especie de cáliz, sobre el altar principal.

               Durante cerca de un siglo, los habitantes de Santarem y de los pueblos vecinos peregrinaron a iglesia de San Esteban para contemplar el cáliz con la sagrada hostia y rezar ante ella. Pero un día de 1340, el sacerdote abrió la iglesia y, siguiendo la rutina, se dirigió al sagrario para exponer la reliquia a la adoración de los fieles.

               Su sorpresa fue mayúscula al ver que el envase de cera se había reducido a pedazos. Sin embargo, sólo él tenía la llave del recinto y la puerta no había sido forzada. Milagrosamente, una cápsula de fino cristal, en cuyo interior se había depositado la sagrada forma, se había materializado de la nada. Para aumentar la tensión del momento, también apreció que aquellos fragmentos de cera del antiguo envase se habían solidificado con la sangre, adquiriendo un color mucho más oscuro. De manera inexplicable, los trozos de cera y la sangre se encontraban dentro del nuevo envase ovalado de cristal.

              La cápsula con la Hostia fue colocada de nuevo en el altar. En el siglo XVIII se introdujo la reliquia en una custodia de plata dorada, donde ha mantenido el mismo aspecto hasta nuestros días. El frasco con los fragmentos de cera solidificados por la sangre se encuentra a su lado. Ambas piezas pueden ser contempladas junto al relicario, en un trono eucarístico, sobre el altar mayor. Desde ese momento, la Parroquia de San Esteban sería conocida como la Iglesia del Santo Milagro.

               Desde que ocurrió el Milagro se realiza todos los años, en el segundo Domingo de Abril, una procesión con la Preciosa Reliquia que recorre desde la casa de los esposos hasta la iglesia de San Esteban. La casa de los esposos se convirtió en Capilla desde el año 1684.




               Importantes personajes de la monarquía lusitana han sentido desde antaño un gran interés por todo lo relacionado con esta Hostia. La Reina Isabel de Portugal visitaba con frecuencia este templo para admirarla. En dos de esas ocasiones, en 1295 y 1322, fue testigo de diversos prodigios y apariciones, cumpliéndose las peticiones que había realizado a la Santa Reliquia.

               También fueron varios los Pontífices que proclamaron las bondades del Milagro, convirtiendo la veneración de la Sagrada Forma en un ritual oficial. Los Papas Pío IV, Pío V, Pío VI y Gregorio XIV confirmaron los testimonios de los peregrinos. Todos ellos concedieron indulgencias plenarias a los fieles que oraban ante la Hostia Consagrada de Santarem.


               La Iglesia Católica ha intentado verificar de la manera más rigurosa la realidad del prodigio. En 1340 y 1612, se nombraron comisiones de investigación canónica. Con los medios a su alcance en su época, estos expertos verificaron su autenticidad, confirmando la antigüedad que se le atribuía y que la sangre continuaba fresca.


NOTAS ACLARATORIAS:

1- Según algunos historiadores el Milagro tuvo lugar en 1266, aunque tal vez la confusión venga de los muchos milagros que se obraron con la Sagrada Forma.



viernes, 15 de febrero de 2019

VIERNES...a los pies del Crucificado


              Como cada Viernes, procura seguir lo que marca el esquema de Piedad de LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO; busca un hueco a lo largo del día para unirte a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, pues fue precisamente el Viernes Santo, cuando consumó Su entrega por nosotros en la Cruz; ese día, Su Corazón Santísimo e Inocente, fue traspasado por la lanza y causó en Él una herida que aún hoy, es refugio seguro para los que desean vivir entregados al Amor que nada escatimó por nosotros... Te animo a que leas, a modo de reflexión, los siguientes párrafos que he entresacado de las Obras de San Alfonso María de Ligorio; que el recuerdo de la Pasión de Nuestro Señor, te ayude a sobrellevar los problemas cotidianos: que los veas no como una carga, sino como una cruz redentora que te acerca a Dios. Seguimos unidos en la oración y en los Sagrados Corazones.




               Confío que te ha de agradar esta mi obrita, por tener recopilados y en buen orden los principales pasajes de las Santas Escrituras que tratan del Amor que Jesucristo nos manifestó en el decurso de Su Pasión; pues no hay cosa más mueva al cristiano al Amor divino como las mismas palabras de Dios entresacadas de los libros santos.

               Amemos, pues, con todo corazón a Jesucristo, por ser Nuestro Dios, Nuestro Salvador y todo Nuestro Bien; por eso te convido a meditar todos los días sobre Su Dolorosa Pasión, porque en ella encontrarás todos los motivos que te puedan mover a esperar la vida eterna y alcanzar el Amor de Dios, en lo cual está cifrada nuestra salvación.

               Todos los Santos tuvieron especial devoción a Jesucristo y a Su Pasión, y por este camino llegaron a muy subida santidad. El Padre Baltasar Álvarez decía, como se lee en su vida, “que nadie pensase haber hecho cosa de provecho si no llegaba a grabar en su corazón la imagen de Jesús crucificado”; y por eso, su meditación más frecuente y regalada era ponerse a los pies del Crucificado, y allí se recreaba meditando de modo especial tres cosas: la pobreza, los desprecios y los dolores de Jesucristo, y se entretenía escuchando las lecciones que Jesús le daba desde la Cátedra de la Cruz.

               También tú puedes confiadamente llegar a la santidad si, a ejemplo de los Santos, procuras meditar con frecuencia lo que hizo y padeció tu adorable Redentor. Pídele que te inflame en Su Santo Amor, y pídeselo también a María, tu Reina y Señora, que se llama la Madre del Amor Hermoso.

                 El Amador de las almas, nuestro adorable Redentor, declaró que había bajado del Cielo a la tierra para encender en el corazón de los hombres el fuego de Su Santo Amor. “Fuego vine a traer a la tierra”, dice San Lucas, “¿y qué he de querer sino que arda? (1) .¡Ah! ¡y qué incendios de caridad no ha levantado en muchas almas, especialmente al patentizar por los dolores de Su Pasión y Muerte el amor inmenso que nos tiene!.




                 ¡Cuántos enamorados corazones ha habido en las Llagas de Cristo, como en hogueras de amor, se han inflamado de tal suerte, que para corresponderle con el suyo no titubearon en consagrarle sus bienes, su vida y todas sus cosas, superando con gran entereza de ánimo todas las dificultades que les salían al paso para estorbarles el cumplimiento de la Ley Divina, guiados por el Amor de Jesús, que no obstante ser Dios, quiso padecer tanto por amor nuestro!.

                Por esto el enamorado San Agustín, contemplando a Jesús Crucificado y cubierto de llagas, exclama: “Graba, Señor, Tus Llagas en mi corazón, para que me sirvan de libro donde pueda leer Tu dolor y Tu Amor; Tu dolor, para soportar por Ti toda suerte de dolores; Tu Amor, para menospreciar por el tuyo todos los demás amores.”

                Porque teniendo ante mis ojos el retablo de los muchos trabajos que por mí, Dios Santo has padecido, sufriré con paz y alegría todas las penas que me sobrevengan, y en presencia de las pruebas de infinito amor que en la Cruz me diste, ya nada amaré ni podré amar fuera de Ti. 

                 ¿De dónde, decidme, sacaron los Santos valor y entereza para soportar tanto género de tormentos, de martirios y de muertes, sino de la Pasión de Jesús Crucificado?

                 Al ver a San José de Leonisa, religioso capuchino, que querían atarle con cuerdas, porque el cirujano tenía que hacerle una dolorosa operación, el Santo, tomando en las manos el Crucifijo, exclamó: “¡Cuerdas!, ¿para qué las quiero yo? Aquí tengo a mi Señor Jesucristo clavado en la Cruz por mi amor, estas son las cadenas que me atan y me obligan a soportar cualquier tormento por Su Amor”. Y tendido en la mesa, sufrió la operación sin exhalar una queja (2) pensando en Jesús, que como profetizó Isaías, “guardaba silencio, sin abrir siquiera la boca, como el corderito que está mudo delante del que le esquila” (3).



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                 ¿Quién podrá decir que padece sin razón al ver a Jesús “despedazado por nuestras maldades?” (4). ¿Quién rehusará sujetarse a obediencia, so pretexto de que le mortifica, al recordar que Jesús fue obediente hasta morir?(5).

                ¿Quién se atreverá a hurtar el cuerpo de la humillación viendo a Jesús tratado como loco, como rey de burlas y como malhechor; al verle abofeteado, escupido y clavado en un patíbulo infame?.

                 ¿Y quién podrá amar a las criaturas y olvidarse del amor de Jesús al verle morir sumergido en el piélago de dolores y desprecios para ganar nuestro amor?

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, 
en su obra "El amor del alma"


(1) Evangelio de San Lucas, cap. 12, vers. 49
(2) Anales de los Capuchinos, A.1612, n.155
(3) Profeta Isaías, cap. 53, vers. 7
(4) Profeta Isaías, cap.5, vers. 5
(5) Carta de San Pablo a los Filipenses, cap. 2, vers. 8