viernes, 22 de abril de 2016

LAS SANTAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR Y LA HERMANA Mª. MARTA CHAMBÓN



Habiéndose presentado al Papa Pío XI el pequeño libro titulado "La Hna. María Marta Chambon y las Santas Llagas", el cardenal Gasparri, Secretario de Estado, escribía en nombre del Santo Padre el 18 de mayo de 1924: "Él (el Papa Pío XI) se ha regocijado con su lectura y desea de corazón que las virtudes y vida ejemplar de esta religiosa y verdadera sierva de Dios encuentren amplia difusión y sean conocidas en todas partes".



   María Marta Chambón era hermana lega en el monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, en Chambéry (Francia). Entre otras tareas, atendía el comedor de las niñas, la limpieza de algunas clases, y cuidaba de la huerta. También asistía a los actos propios de la comunidad.

   Nació en 1841 y entró en el convento a los 18 años. Desde 1866 se le manifestó el Señor en numerosas ocasiones. En septiembre de 1867 le dijo el Señor: "Yo te he escogido para hacer revivir en los actuales tiempos, tan difíciles, la devoción a mis Santas Llagas".

ALGUNOS MENSAJES QUE NUESTRO SEÑOR 
CONFIÓ A LA HERMANA MARTA CHAMBÓN




    "Hija mía: Cada vez que ofrecéis a mi Padre los méritos de mis divinas Llagas, ganáis una inmensa fortuna. Sois semejantes a aquel que encontrara en la tierra un gran tesoro; pero como vosotras no podéis conservar esta fortuna, Dios la vuelve a tomar, y mi divina Madre también, para devolvérosla en el momento de la muerte y aplicar sus méritos a las almas que los necesitan; porque debéis hacer valer la fortuna de mis santas Llagas. ¡No hay que quedarse pobres, porque vuestro Padre es muy rico!... ¿Vuestra riqueza?... ¡Es mi santa Pasión! ¡El que está necesitado, que venga con fe y confianza, que saque constantemente del tesoro de mi Pasión y de los agujeros de mis Llagas!".

    "Mi Padre se complace en el ofrecimiento de mis sagradas Llagas y de los dolores de mi divina Madre. Ofrecérselos, es ofrecerle su gloria, ofrecer el Cielo al Cielo.¡He aquí con qué pagar, por todos los que tienen deudas! Porque ofreciendo a mi Padre el mérito de mis santas Llagas, satisfacéis por los pecados de los hombres".

    "Hay que confiar todo a mis divinas Llagas y trabajar, por sus méritos, en la salvación de las almas".

"El pecador que diga la oración siguiente: 'Padre Eterno: Os ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo para curar las de nuestras almas', obtendrá su conversión".

"Padre Eterno, te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para que sanes 
las llagas de nuestras almas"

    "No hay que temer mostrar mis Llagas a las almas... ¡El camino de mis Llagas es tan sencillo y tan fácil para ir al Cielo!".

    "Cerca de los enfermos hay que repetir a menudo esta aspiración: 
"¡Jesús mío, perdón y misericordia 
por los méritos de Vuestras Santas Llagas!"
Esta oración aliviará al alma y al cuerpo".

    

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