En tiempos del Emperador de Oriente Constantino IV (771-797) y de Irene, su madre y regente (780-790), Teófilo era un joven capitán militar, que había crecido en la ciudad de Constantinopla; con el tiempo sería destinado como Pretor al mando de la base bizantina en Chipre. Durante un ataque de la flota árabe contra la isla, Teófilo fue hecho prisionero y llevado ante el califa Harun ar-Rasid, el cual intentó obtener su apostasía de la Fe Católica.
Sus restos mortales, fueron exhumados de las Catacumbas de San Saturnino y Trason, en Roma; en la tumba, encontraron además una ampolla con sangre, muy seguramente del Santo Mártir, ya que esa era la costumbre piadosa: recoger la sangre derramada por la Fe, que luego se colocaba en el interior de un recipiente de perfumes.
Posteriormente, en 1861, sus martiriales huesos serían colocados en una preciosa estatua de cera y ricamente adornados, al estilo de su condición de Pretor: túnica blanca y capa color sangre. Esta hermosa reliquia sería entregada al jesuita Padre Manuel Gil, que la llevaría a la iglesia de San Francisco de Borja, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, donde hasta ahora reposan, tristemente sin culto público.
Para conocer más sobre San Teófilo y el triste destino de sus reliquias
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