miércoles, 4 de marzo de 2026

ANIVERSARIO DE LUISA PICCARRETA

  



NACIMIENTO Y PRIMEROS AÑOS

               Luisa Piccarreta nació el 23 de Abril de 1865, Domingo “in Albis”, el primero después de Pascua y a finales del mismo día de su nacimiento sería bautizada en la Iglesia Matriz del pueblo. Su padre gestionaba los campos de la familia Mastrorilli, por lo que con su mujer y sus cinco hijas, se trasladaba durante largas temporadas a una finca situada en la meseta de Murgia, en Puglia. Desde temprana edad era normal que Luisa niña dedicara mucho tiempo a esconderse, para sumirse por largas horas en la oración; comenzaba para Luisa la aventura divina que la llevaría por las sendas del sufrimiento y de la Santidad.

               A los 9 años, y según las costumbres de la época, Luisa recibió el mismo día la Primera Comunión y la Confirmación, y comenzó a escuchar la voz de Jesús en su interior; como Maestro la corrige y guía en la vida espiritual para que alcance la perfección, educándola en la mortificación de la voluntad de amor. 

               Con apenas 11 años se unió a las "Hijas de María", Congregación laical, asistida en Corato por el Sacerdote Fray Michele De Benedictis, e inicialmente ubicada en la iglesia del ex convento de los Capuchinos. En este lugar se encuentra también un Instituto femenino de señoritas, hijas de familias pudientes, confiado a las Religiosas de la Caridad de la Inmaculada Concepción de Ivrea. Aquí Luisa frecuentará sólo las primeras clases de la escuela elemental, teniendo a las Religiosas como maestras.

               A los dieciocho años aproximadamente, desde el balcón de su casa, situada en la entonces Calle Nazario Sauro -actualmente Vía Luisa Piccarreta- tuvo la visión de Jesús sufriente bajo la cruz, que, elevando Sus ojos hacia ella, pronunció estas palabras: "¡Alma, ayúdame!". Desde ese momento se encendió en Luisa un ansia insaciable de padecer por Jesús y por la salvación de las almas. Así comenzaron aquellos sufrimientos físicos que, añadidos a los espirituales y morales, llegaron al heroísmo.

LA "PETRIFICACIÓN" O "ESTADO HABITUAL"

               Sus padres no notaron la intensa vida interior de Luisa hasta que en la Primavera de 1888, cuando estaba en la hacienda en la localidad llamada "Torre Desesperada", Luisa manifestó un misterioso y siempre más frecuente estado de sufrimiento que la hacía perder los sentidos y la sumía en un estado de "petrificación" durante el cual tenía visiones de Nuestro Señor Jesucristo, quien la escogió como víctima. 

               Los fenómenos de la pérdida de los sentidos y de la rigidez corporal se suceden cada vez más frecuentemente, tanto que la obligan a permanecer en la cama; son algo así como los preludios de aquello a lo que Luisa llamará "vida nueva". Pronto empiezan las incomprensiones familiares y la visita del médico, que incapaz de dar un diagnóstico certero, no encuentra nada mejor que sugerir la "visita" de un Sacerdote; aparece el Padre agustino Cosma Loiodice, que conocía a Luisa a través de la Congregación de las Hijas de María. Con gran sorpresa, sólo la bendición sacerdotal la libró de inmediato del estado de "petrificación" en que se encontraba y esto seguirá sucediendo durante aproximadamente cuatro años.

               En ausencia de Fray Cosma algunos Sacerdotes rehusaron asistir a Luisa, por la "complejidad" de los hechos sobrenaturales que padecía; tampoco faltaron clérigos que la tildaron de "neurótica" o "exaltada" (1) . Es entonces cuando su madre interviene y se dirige al Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe Bianchi de Dottula, para que designe a un Sacerdote que se ocupe de la vida espiritual de Luisa. El Prelado dispone que sea Don Michele De Benedictis el nuevo Confesor.

               Luisa abre el corazón a su Director Espiritual y le cuenta por primera vez lo que le sucede cuando pierde los sentidos, todo lo referente a sus visiones y a su vida interior. En este período se inicia otro fenómeno que luego acompañará a Luisa durante el resto de la vida: después de haber comido, en un espasmo, se vio obligada a devolver lo que había comido; a pesar de devolverla, todos los que fueron testigos alguna vez del hecho, aseguraban que la comida se presentaba en perfectas condiciones y acompañada de un agradable perfume. Don Michele, no está del todo convencido de lo extraordinario de esos fenómenos, por eso la prueba imponiéndole con la "obediencia" muchas cosas que ciertamente no le darán alivio.



              En la segunda quincena de Noviembre de 1887, Luisa, con el consentimiento de su Director, acepta quedarse completamente postrada en cama, ofreciéndose como "víctima voluntaria". Inicialmente cree que debe ser por cuarenta días para implorar la paz por la guerra en África, pero más adelante entenderá que Jesús le pide que este sacrificio sea continuo por el resto de su vida. Hasta su muerte, alrededor de 60 años, permanece en su lecho, sentada, sin enfermedad ni llagas por la posición, aparentemente recostada sobre tres almohadas que realmente no toca, sino que sirven para ocupar el espacio. Mientras por la noche cae en su "estado habitual" de malestar con la "petrificación", con frecuencia su alma deja su cuerpo para estar con Jesús y escuchar Sus enseñanzas. En muchas ocasiones la habitación de Luisa emanará perfumes sobrenaturales, diversas fragancias que dejarían una sensación de paz en todos los que las percibían.

TERCIARIA DOMINICA

               Luisa profesará como Terciaria Dominica con apenas 17 años, en la cripta del Santuario de Santa María Greca; como es costumbre al ingresar en una Orden, torna su nombre por el de Sor Magdalena. Este amor por la Orden de Santo Domingo lo plasma en una sincera devoción por el Fundador y también por la gran Santa Catalina de Siena, cuyas fiestas prepara cada año con una Novena en su honor, también rezará hasta el final de su vida el Oficio propio de los Terciarios Dominicos.

              El 21 de Octubre de 1888, Festividad de la Pureza de la Virgen María, vive el primer Desposorio Místico con Jesús en presencia de la Virgen María y de Santa Catalina de Siena. Éste se renueva el 7 de Septiembre de 1890, vísperas de la Natividad de María, con la presencia de la Santísima Trinidad, y obtiene el don de poder percibir sensiblemente la "habitación" de las Tres Divinas Personas en su alma. Finalmente, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1894, vive el místico Desposorio de la Cruz en los lugares de la Pasión en Jerusalén. En esta ocasión recibe los estigmas pero que, después de haberlo pedido insistentemente, quedarán invisibles; gracias a esta experiencia recibiría también una profunda conciencia de sus pecados, sintiendo por ellos un vivo dolor.

               Cuando en 1898 Don Michele De Benedictis deja la dirección espiritual de Luisa, el Arzobispo Tommaso de Stefano nombró como sucesor al Canónigo Don Gennaro Di Gennaro, que la acompañará durante veinticuatro años.

               A causa de su definitiva inmovilidad, el Papa León XIII concedió a Luisa el privilegio de poder asistir a la Santa Misa en la casa en la que vivía con sus padres y con su hermana Angelina, que atendía a su hermana paciente; si dispuso un sencillo pero digno Altar y todo lo necesario; el privilegio de celebrar la Santa Misa en su habitación, junto al lecho donde permanecía Luisa, sería confirmado por el Papa San Pío X en 1907. 

               Debido a la extrema reserva de Luisa, el nuevo Confesor, después de haber escuchado lo que le sucedía durante la rigidez corpórea o "estado habitual", como le llamaba la propia Luisa, le ordena por obediencia escribir un diario espiritual en el cual debía anotar con diligencia cuanto escuchaba y veía. Al ofrecimiento de su postración en cama se añade "la cruz de escribir" a la cual será fiel, redactando cerca de diez mil páginas, desde el 28 de Febrero de 1899 hasta el 28 de Diciembre de 1938. Dos meses después de haber comenzado a escribir el segundo cuaderno, el Confesor le pide que escriba lo acontecido en su vida pasada, antes de "padecer" los continuos éxtasis. Obedeciendo una vez más, Luisa escribiría así los cuadernos que constituirán una verdadera autobiografía espiritual.

             Pese a su permanencia en la cama, Luisa se sustentará y pagará el estipendio de la Santa Misa con su trabajo de encaje de "bolillos", arte que aprendió de niña y que enseñará a varias jóvenes; su casa además de ser una escuela de tejer es una escuela de vida espiritual, de la cual no sólo participarán las aprendices-discípulas, sino también muchas otras personas que comenzaron a frecuentarla, para escuchar su consejo y pedir sus oraciones.

               Son las idas y venidas de tanta gente, las que despertarán la envidia y malos quereres de gente impía, que calumnia a Luisa y a la vez presionan al Arzobispo, entonces Mons. Tommaso de Stefano; el Prelado dispuso en 1902 que el Confesor se ausente unos días de la casa de Luisa. La prohibición duraría unos veinte días, tiempo que Luisa permanecería totalmente rígida, en un éxtasis continuo del que sólo podría haber salido con la habitual bendición sacerdotal. Al año siguiente, en 1903, es el propio Arzobispo de Trani el que decide ir en persona visitar a Luisa para interrogarla, concluyendo con un juicio positivo. 

EL PADRE ANÍBAL DE FRANCIA Y LAS PRIMERAS PUBLICACIONES

               En 1919 ePadre Aníbal María de Francia, Fundador de los Padres Rogacionistas y de las Hijas del Divino Celo, es nombrado Confesor extraordinario de Luisa, y lo será hasta 1927; quedó conquistado de inmediato por la espiritualidad de la mística de Corato, a quien visita repetidamente. De manera particular le fascina su modo de meditar la Pasión de Nuestro Señor, tanto como le pide que escriba en un cuaderno a parte de sus reflexiones. Nace así la obra de la que se encargó él mismo de publicar en 1915, con el título original de "El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con afectivas consideración y reparaciones", ahora conocidas como "Las Horas de la Pasión". 

               Ante el gran éxito de las pías reflexiones, decide publicarlo en una nueva edición del mismo año y luego otras, en 1917 y 1925. El texto fue enriquecido progresivamente con otras prácticas y algunas oraciones. Pero sobre todo con un Apéndice que contiene por primera vez algunas páginas del Diario con el título "Tratado de la Divina Voluntad". El Papa San Pío X, que tenía gran estima y recibía muy frecuentemente en audiencia privada al Padre Aníbal de Francia, recomendó la lectura de "Las Horas de las Pasión" y animó al Venerable Fundador que las diese a conocer (2).

               Hasta 1926, el Padre Aníbal revisó los primeros 19 volúmenes del Diario, y como resultado de la correspondencia entre Luisa y él, se preparó a publicar los textos. De hecho, el Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe María Leo, lo había nombrado "Censor Eclesiástico" para las publicaciones en su Diócesis; después de haber obtenido el "Nihil Obstat" del Padre Aníbal, concedió el mismo Prelado el "Imprimatur", directamente en los primero 18 tomos manuscritos del Diario. La muerte de Padre Aníbal, sin embargo, impidió la realización de este proyecto editorial.

               Según el Padre Aníbal, en el Prefacio que él mismo escribiera para "El Reloj de la Pasión" declaró acerca de Luisa: "Esta Esposa de Jesús crucificado que pasa la noche en éxtasis dolorosos y en toda clase de padecimientos, al verla luego durante el día medio sentado en una cama, trabajando entre las agujas y los alfileres, nada, nada se transparenta, en lo más mínimo de una persona que durante la noche haya sufrido tanto, nada, nada que deje entrever algo de extraordinario, de sobrenatural, al contrario: en todo su aspecto es una persona sana, alegre y jovial. Habla, conversa, en ocasiones ríe, pero tiene pocas amigas. En ocasiones algún corazón atribulado se confía a ella, le pide oraciones. Escucha benignamente, consuela, pero nunca habla para profetizar, jamás una palabra que deje entrever alguna revelación. El gran consuelo que presenta, es siempre uno, siempre el mismo argumento: la Divina Voluntad".

               La estima que Luisa tenía por el Padre Aníbal la llevaría a aceptar la invitación de mudarse el 7 de Octubre de 1928 a la casa de las Hijas del Divino Celo, en Corato, que fue construida y consagrada, por deseo expreso de su Fundador, a la "Divina Voluntad" (3).

                A su muerte, Don Gennaro es remplazado como Confesor Don Francesco De Benedictis (1868-1926). Pero el haber muerto también prematuramente fue sustituido por Don Benedetto Calvi (1886-1968) aquí, en colaboración con el rogacionista Padre Pantaleone Palma, que le dio un nuevo impulso a la publicación del Diario. De hecho, en 1939 vio la luz una nueva publicación con el título: "En el Reino de la Divina Voluntad. Historia de un alma. Primera Parte. Alba que surge", del que fueron publicados varios volúmenes. 

               También, en 1932 se publicó el libro: "La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad. Meditaciones para el mes de Mayo". Obra que será reeditada en 1933 y en 1937. Finalmente, Don Benedetto, publica en 1934 la 5ª edición del "Reloj de la Pasión" con el supuesto del Tratado sobre la Divina Voluntad. Estas obras fueron traducidas en alemán en dos Volúmenes (1936 y 1938) por el benedictino Fray Ludwig Beda.



LA CONDENA DE LOS ESCRITOS

                A partir de finales de 1930 surgieron las primeras incomprensiones y una primera advertencia de la Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Vaticano, buscando el supuesto provecho económico percibido de Luisa por las publicaciones y la cuestión de la necesidad del Sacerdote para hacer que volviera en sí de su "estado habitual".

               Las reacciones de los Superiores por la denuncia llegan de inmediato con la prohibición de continuar con las publicaciones. Surgen polémicas también a nivel doctrinal y en relación a la "misión especial y única" de Luisa para dar a conocer las verdades sobre "el vivir en la Divina Voluntad de Jesús".

               La investigación del Santo Oficio, seguida de otras señalaciones, llegó a su culmen en 1938; en en el mes de Julio el Santo Oficio dispuso la inscripción de las obras de Luisa en el "Índice de libros prohibidos". El Observatorio Romano del 11 de Septiembre publicó el Decreto y un artículo adjunto, explicando las motivaciones de la sentencia, que tildaba los escritos de Luisa Piccarreta de "excesivo misticismo".

               A pesar de tan dura prueba, pocos días después Luisa encontró fuerzas para escribir una carta en la cual se sometía a la obediencia de la Autoridad de la Iglesia, reprobando y condenando en sus mismos escritos lo que la Iglesia reprobó. Humillada, es obligada a dejar su estancia en la casa que para ella había dispuesto el Padre Aníbal de Francia y la trasladan a una habitación privada, en donde vivirá los últimos años de su vida en una pobreza casi miserable.

MUERTE DE LUISA

               "Luisa la Santa" - como solían llamarla sus conciudadanos - entregaba su alma al Todopoderoso en la mañana del 4 de Marzo de 1947, después de una fuerte pulmonía; su cuerpo no sufrió la rigidez cadavérica y durante tres días su cuerpo queda expuesto al público; se pudo constatar que sus miembros estaban flexibles a excepción de las vértebras de la columna, que impidieron que fuese extendida en el ataúd... por esta razón se dispuso un ataúd especial, en el que Luisa podría caber sentada, posición en la que todos la llegaron a conocer. Sería amortajada con el hábito de Terciaria Dominica y el "Fiat" bordado sobre su pecho.

               A sus honras fúnebres asistieron más de cuarenta Sacerdotes, las Religiosas Hijas del Divino Celo, que se turnaron para trasportar los virginales restos de Luisa; también asistieron los Terciarios Dominicos y una multitud que abarrotó no sólo las calles de Corato, sino también sus balcones y hasta tejados, donde los devotos se subían para verla pasar. Luisa sería sepultada en el Cementerio de la ciudad en la capilla de la familia de Don Benedetto Calvi; muchas fueron las almas que quisieron pasar por el cuerpo de Luisa pañuelos, rosarios o al menos llevarse alguna flor de su séquito. 

               Al mes siguiente, en Abril de 1947, el Arzobispo de Trani, Mons. Francesco Paolo Petronelli emite el mandato de recoger noticias referentes a Luisa Piccarreta para solicitar ante la Santa Sede la rehabilitación de la mística por la condena de sus escritos. El 27 de Noviembre de 1948, el nuevo Arzobispo, Mons. Reginaldo Giuseppe María Addazi OP, concede permiso de imprimir estampas con la imagen de Luisa y el título de "Sierva de Dios", con una oración para la devoción privada; la estampa sería enriquecida con una reliquia de sus ropas.

LA OBRA ESPIRITUAL

               Con Luisa Piccarreta comienza una nueva generación de hijos de la Luz -le manifestó Nuestro Señor- , "los hijos de Su Divina Voluntad", una cadena de almas llamadas a vivir en la Divina Voluntad: "En todas las santidades han habido siempre Santos que han sido los primeros en dar comienzo a una especie de Santidad; de manera que hubo el Santo que empezó la Santidad de los penitentes, otro que empezó la de la obediencia, otro la de la humildad, y así de todas las demás Santidades. Ahora el comienzo de la Santidad del vivir en Mi Querer quiero que seas tú”  (27 de Noviembre 1917). 

               Jesús mismo le dijo en otra ocasión: "Tu misión es grande, porque no se trata sólo de la Santidad personal, sino de abrazar todo y a todos y preparar el Reino  de Mi Voluntad a las generaciones humanas". 

LA OBRA LITERARIA

                Luisa no era una persona instruida, había ido a la escuela sólo uno o tal vez dos años; pero por obediencia a sus Confesores tuvo que escribir todo lo que vivía de un modo sobrenatural. De esta manera llegaría a escribir 36 gruesos cuadernos o "Volúmenes" en forma de diario, que Jesús mismo ha escrito -le dice Él- "con su dedo de luz en el fondo de su alma", y luego Luisa ha traspasado al papel.

               Esos maravillosos escritos han sido titulados por su Autor, "El Reino de Mi Divina Voluntad en la criatura -Libro de Cielo- El llamado a la criatura al orden, a su puesto y a la finalidad para la que fue creada por Dios".

               Luisa escribió también "Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", la "Piadosa Peregrinación del alma en la Divina Voluntad" y "La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad". 

               Sus escritos nos presentan y nos ofrecen todo el dolor y el Amor de Nuestro Señor, y con él el Don de los dones, el Don supremo de Su Querer, para que, como es Vida de Dios, así sea vida de Sus hijos (el Reino de Dios que la Iglesia invoca y al cual se prepara: que la Divina Voluntad sea en la tierra lo que es en el Cielo). Todo esto a través de la vida inmolada de Luisa. 

               Lo que la pequeña gran mística Piccarreta ha escrito, no es fruto de la cultura o del arte de un consumado filólogo, o de un banal deseo de dar a conocer sus propias visiones  o revelaciones; tampoco procede de un misticismo falso y peligroso, sino de la “Señora Obediencia”, como ella la llama. Solamente después de muchos años se rindió a la idea de que sus escritos fueran publicados por los Sacerdotes encargados, en primer lugar por el Padre Aníbal María Di Francia, que los aprobó como Censor eclesiástico. 



Estampa original con oración y reliquia de Luisa Piccarreta,
con aprobación de Mons. Reginaldo Giuseppe Mª Addazi OP


LA ESCUELA DE LA DIVINA VOLUNTAD

               El Padre Di Francia, enamorado de la Escuela de la Divina Voluntad revelada a Luisa Piccarreta, dejaría escrito: "Nuestro Señor, que de siglo en siglo acrecienta cada vez más las maravillas de Su Amor, parece que de esta virgen, que Él llama la más pequeña que ha encontrado en la tierra, carente de toda instrucción, haya querido formar un instrumento apto para una misión tan sublime, que ninguna otra se le pueda comparar, o sea, el Triunfo de la Divina Voluntad en el mundo entero, conforme a cuanto decimos en el Padrenuestro: Fiat Voluntas tua, sicut in Coelo et in terra".

              Exactamente se trata del cumplimiento de ese Reino que invocamos en el Padrenuestro: Su Voluntad se ha de cumplir de un modo nuevo en la tierra, de la misma manera que se cumple en el Cielo, donde es la fuente de todos los bienes y felicidad, donde es la Vida de Dios y de Sus hijos.

               Por tanto, el punto de partida del gran Mensaje que Nuestro Señor transmitió a Luisa lo expresa diciéndole: "Vengo a quedarme con vosotros para hacer vida juntos y vivir con una sola Voluntad, con un solo Amor...Vivir en Mi Querer es considerar Mi Voluntad como cosa propia, es disponer de Ella. Hacer Mi Voluntad es considerarla como Voluntad de Dios, no como algo propio, ni poder disponer de Ella como se desea. Vivir en Mi Voluntad es vivir con una sola Voluntad, que es precisamente la de Dios…

               Vivir en Mi Voluntad es vivir como hijo; hacer Mi Voluntad es vivir como siervo. En el primer caso, lo que es del Padre es del hijo… Y luego, esto es un don que quiero dar en estos tiempos tan tristes, que no sólo hagan Mi Voluntad, sino que la posean. ¿Acaso no Soy Yo dueño de dar lo que quiero, cuando quiero y a quien quiero?… No te extrañes si ves que no entienden. Para entender deberían disponerse al más grande de los sacrificios, como es el no dar vida, aun en las cosas santas, a la propia voluntad. Entonces sentirían qué cosa es poseer la Mía y tocarían con la mano lo que significa vivir en Mi Querer..."(18 de Septiembre de 1924)



Estampa (para la devoción privada) de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta; 
está diseñada para ser impresa a doble cara, sin fines comerciales o lucrativos


NOTAS

          1) Si bien es cierto que Luisa fue incomprendida por muchos Sacerdotes, también lo es que recibió el apoyo y la defensa de otros doctos y venerables, como el jesuita Padre Gennaro Braccali, el Padre Eustachio Montemurro, que murió con fama de Santo, Don Ferdinando Cento, Nuncio Apostólico y Cardenal, aunque su principal defensor fue el Padre Aníbal Di Francia.

          2) "Querido Padre, estos escritos los debes leer de rodillas, porque allí es Nuestro Señor Jesucristo quien habla", manifestó San Pío X al Padre Aníbal de Francia en una audiencia privada. 

          3) "La acogida de Luisa en una casa de mi Instituto será una bendición de Dios para toda la Congregación" (Padre Aníbal de Francia).




DE JOSÉ SOMOS CONDUCIDOS DIRECTAMENTE A MARÍA, Y A TRAVÉS DE MARÍA A LA FUENTE DE TODA SANTIDAD, JESÚS



                    ...vemos ante nuestros ojos una cierta continuidad y una serie de instituciones piadosas, que muestran que el culto al Santísimo Patriarca entre los Fieles de Cristo ha crecido gradualmente hasta nuestros días. Pero, considerando las amargas circunstancias por las que atraviesa hoy el género humano, parece que precisamente esta piedad debería ser fomentada con mucho más diligencia entre los pueblos y propagada mucho más... 

                    ...para que podamos retener a nuestros hombres, tantos como hay en todas partes, que se ganan la vida con sus manos y con su trabajo, en sus deberes, y preservarlos del contagio del socialismo; conservémoslo intacto, pues nada es más hostil a la Sabiduría Cristiana. Les proponemos especialmente a San José, a quien deben observar como guía especial en la vida y venerar como su Patrón.

                    Porque de un modo semejante a él pasó su vida, por lo cual Cristo Dios, siendo el Unigénito del Eterno Padre, quiso ser llamado "fabri filius", hijo del artífice. Pero adornó aquella humildad de lugar y fortuna con muchas y excelentes virtudes; es decir, aquellos entre quienes convenía que brillara la gloria de aquel que era el esposo de María Inmaculada y que se suponía que era el Padre del Señor Jesús. Por tanto, que todos aprendan del Maestro José a ver el presente, que fluye, a la luz del futuro, que perdura; y, consolados por los inconvenientes de la condición humana con la esperanza de los bienes celestiales, esfuércense por alcanzarlos obedeciendo a la Voluntad Divina, es decir, viviendo sobria, justa y piadosamente... los pobres, si son sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino en el ejemplo y Patrocinio del Bienaventurado José, así como en la caridad maternal de la Iglesia, que, de hecho, cuida cada día más de su condición.

                    A medida que crecía la devoción de nuestro pueblo a San José, empezó a crecer al mismo tiempo su devoción a la Sagrada Familia de Nazaret, de la que él era la augusta Cabeza: porque la una surge naturalmente de la otra. Porque de José somos conducidos directamente a María, y a través de María a la Fuente de toda Santidad, Jesús, quien consagró Sus virtudes domésticas en José y María con Su propia obediencia. Deseamos que las familias cristianas se renueven completamente y se conformen a estos grandes ideales de virtud. Así, pues, como la comunidad del género humano está fundada sobre el fundamento de la familia, cuando a la sociedad doméstica se le añade más firmeza, al ser más santa y fortificada por la castidad, la concordia y la Fe, por ese mismo hecho una nueva fuerza y ​​como sangre nueva se difundirá entre todos los miembros de la sociedad humana, fluyendo en ella toda virtud de Cristo; Y no sólo habrá una mejora en la moral privada, sino también en la vida común y en la disciplina civil.

                    ...confiando grandemente en su Patrocinio, a cuya vigilancia y providencia quiso Dios que se confiara a su Hijo Unigénito, la Virgen encarnada y Madre de Dios... que se anime a los Fieles a implorar aún con más insistencia el auxilio de San José, principalmente todos los Miércoles y continuamente durante todo el mes propio (Marzo), deseamos que todos ellos sean frecuentados en cada diócesis, tanto como sea posible.

                    ...sobre todo, por ser merecidamente considerado el auxiliador más presente de los moribundos, a quien acudieron Jesús y María cuando murió el mismo, los Venerables Hermanos serán aquella sociedad de personas piadosas que se fundó para rogar a José por los moribundos, para que continúe con todo el apoyo y favor de su autoridad, desde "la Buena Muerte", como desde "el Tránsito de San José", como por "el Agonizante".


Extractos del Motu Proprio "Bonum Sane", 
del Papa Benedicto XV, 25 de Julio de 1920


 

martes, 3 de marzo de 2026

"...EN MI CORAZÓN PUEDE DESCANSAR SU ADORADA CABEZA"




                    "La Santa más estimada, más admirada y más invocada en el siglo xx , no es, como se hubiera podido esperar, una religiosa consagrada al apostolado activo más caritativo, sino una joven monja, entrada en el Carmen a los quince años,'muerta a los veinticuatro, y que no hizo sino rezar, obedecer y sufrir. No cuidó a los apestados, a los pobres, a los enfermos ni a los ancianos; no salvó a Francia como Juana de Arco, no hizo volver el Papado de Avignon a Roma como santa Catalina de Sena, no ejecutó obras portentosas y, no obstante, he aquí que ejerce en el mundo entero una influencia moral incomparable... Santa Teresita del Niño Jesús, escogió la vida silenciosa y claustral del Carmelo más bien que la vida de Misionera, porque creía con todas las fuerzas de su alma, que esta vida contemplativa y mortificada es, aunque buenas las dos, más útil a la Iglesia.

                    Esta devoción a la Santa Faz es de importancia del todo capital; por ella la piedad de Santa Teresita es tradicional, sus más importantes y extensas raíces parten a través de los Evangelios y llegan hasta las más antiguas profecías del Antiguo Testamento. Es ésta una de las pruebas más incontestables de que esta espiritualidad, este Caminito de Infancia, extendiéndose a todos los lugares y épocas, es eminentemente Católico.

                    Puede desgraciadamente temerse que gran número de almas superficiales sólo retendrán del espíritu de Santa Teresita su devoción a la Infancia de Jesús, olvidando o descuidando el culto que ella profesó a la Pasión y a la ensangrentada Faz del Mesías..."


Extraído de "Santa Teresita de Lisieux: Un renacimiento espiritual",
escrito por el Padre Henri Petitot, O.P.


ORACIÓN DE DESAGRAVIO 
A LA SANTA FAZ
Compuesta por Santa Teresita

               ¡Oh Jesús!, que en Tu cruel Pasión has sido el oprobio de los hombres y Varón de Dolores, venero Tu Divina Faz, en el cual brilla la hermosura y la suavidad de la Divinidad y que por mí, se ha convertido como en el rostro de un leproso.

               Pero bajo estos rasgos desfigurados  reconozco Tu Amor Infinito y ardo en el deseo de amarte y hacer que todos los hombres Te amen.

               Las lágrimas que fluyeron tan abundantemente de Tus ojos, me parecen perlas preciosas que recojo a fin de comprar con su valor infinito las almas de los pobres pecadores.

               ¡Oh Jesús!, Tu Santa Faz es la única belleza que encanta a mi corazón; yo Te suplico que imprimas Tu Santo Rostro en mi corazón  y me inflames de Tu Amor para que me consuma rápidamente, y pronto pueda ver Tu Gloriosa Faz en el Cielo. Amén.



lunes, 2 de marzo de 2026

DEVOCIÓN DE LOS SIETE PADRENUESTROS EN HONOR DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESÚS


                    En 1349 Santa Brígida de Suecia abandonó su patria para ir a Roma, donde se dedicó a rezar y trabajar por el regreso del Papa a la Ciudad Eterna (en aquella época los Papas residían en la ciudad francesa de Aviñón) y la aprobación de la Regla de una Orden Religiosa, que la viuda convertida en monja pretendía fundar. En la Basílica de San Pablo Extramuros, arrodillada ante un Crucificado, entró en éxtasis, recibiendo entonces importantes revelaciones de Nuestro Señor, entre ellas la de los Siete Padrenuestros en Honor de la Preciosísima Sangre de Jesús.



En el Nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


Oración al Espíritu Santo:

                    Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de Tus Fieles y enciende en ellos el Fuego de Tu Amor.  

                    V. Envía Tu Espíritu, Señor, y serán creadas todas las cosas.

                    R. Y renovarás la faz de la tierra.

                    Oremos:  Oh Dios, que instruiste los corazones de Tus Fieles con la Luz del Espíritu Santo, concédenos que sintamos rectamente todas las cosas según el mismo Espíritu y gocemos siempre de Su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Oración inicial:

                    Oh Jesús, ahora deseo rezar el Padrenuestro siete veces, unido al Amor con el que santificaste y endulzaste esta oración en Tu Corazón. Recíbelas de mis labios en Tu Divino Corazón, mejóralas y perfeccionándolas para que rindan a la Santísima Trinidad tanto Honor y Gloria como Tú ofreciste a través de esta oración. Y que este Honor y Gloria se derramen sobre Tu Santísima naturaleza humana, para glorificar Tus Santas Llagas y la Preciosísima Sangre derramada por Ti.


Primer Padrenuestro, 
meditando sobre la Circuncisión de Jesús


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Manos Inmaculadas de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco la primera Llaga, los primeros dolores y el primer derramamiento de la Sangre de Jesús como reparación por mis pecados y los de todos los hombres durante la infancia y la juventud, como preservación contra los primeros pecados graves, especialmente entre mis familiares.

Dios Te salve María...


Segundo Padrenuestro, 
meditando sobre el Sudor de Sangre


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Manos Inmaculadas de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco los horribles tormentos de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de Su sudor sangriento como reparación por mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como preservativo contra tales pecados y para el aumento del Amor a Dios y al prójimo.

Dios Te salve María...


Tercer Padrenuestro 
meditando sobre la Flagelación de Jesús


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Inmaculadas Manos de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco las miles de Llagas, los crueles dolores y la Preciosísima Sangre de Jesús derramada durante la Flagelación, como reparación por mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como preservación contra tales pecados y para la preservación de la pureza, especialmente en mis familiares.

Dios Te salve María...



Cuarto Padrenuestro 
meditando sobre la Coronación de Espinas


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Manos Inmaculadas de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco las Llagas, los dolores y la Preciosa Sangre de la Santa Cabeza de Jesús, derramada durante la Coronación de Espinas, como reparación por mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como preservativo contra tales pecados y para la expansión del Reino de Cristo en la Tierra.

Dios Te salve María...


Quinto Padrenuestro 
meditando el Camino al Calvario


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Manos Inmaculadas de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco los sufrimientos de Jesús en su Camino al Calvario, en particular la Santa Llaga de su Hombro y la Preciosa Sangre que de Ella brota, como reparación por mi rebelión y la de todos los hombres contra la Cruz, por mi murmuración contra las determinaciones de Tu Santa Voluntad y por todos los demás pecados de la lengua, como preservativo contra tales pecados y para obtener el verdadero Amor a la Cruz.

Dios Te salve María...


Sexto Padrenuestro 
meditando sobre la Crucifixión de Jesús


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, por las Manos Inmaculadas de María y el Divino Corazón de Jesús, Te ofrezco a Tu Divino Hijo en la Cruz, Su elevación en la Cruz, Sus Llagas en Sus Manos y Pies y los tres torrentes de Su Santa Sangre que fluyeron de ellos por nosotros, Su extrema pobreza, Su obediencia, todos Sus tormentos de cuerpo y alma, Su preciosa Muerte y Su renovación incruenta en todas las Santas Misas de toda la Tierra como reparación por todas las transgresiones de los Santos Votos y reglas de las Órdenes y Congregaciones, por mis pecados y los del mundo entero, en favor de los enfermos y moribundos, para obtener Santos Sacerdotes y laicos, por las intenciones de la Santa Iglesia Católica, por la restauración de las familias cristianas, por la fortaleza en la Fe, por nuestra Patria y la unión de los pueblos en Cristo y Su Iglesia, así como por la diáspora.

Dios Te salve María...


Séptimo Padrenuestro 
meditando sobre la Apertura del Santo Costado de Cristo


Padre nuestro que estás en los Cielos, etc...

                    Padre Eterno, dígnate aceptar para las necesidades de la Santa Iglesia y como reparación por los pecados de todos los hombres la Preciosísima Sangre y Agua que brotaron de la Llaga del Divino Corazón de Jesús, y Sé misericordioso y compasivo con todos nosotros. Sangre de Cristo, último y preciado Tesoro de Su Sagrado Corazón, purifícame de toda culpa, mía y ajena; agua del costado de Cristo, purifícame de todos los castigos del pecado y extingue las llamas del Purgatorio por mí y por todas las Santas Almas que allí habitan. Amén.

Dios Te salve María...



El Divino Salvador reveló 
la siguiente Promesa a Santa Brígida:


                    “Sabed que concederé cinco bendiciones a quienes, durante doce años, recen siete Padrenuestros y Avemarías en Honor a Mi Preciosa Sangre”.

            1. No tendrán que pasar por el Purgatorio.

            2. Los aceptaré en el Coro de los Mártires como si hubieran derramado su sangre por la Fe.

            3. Yo preservaré tres almas de tus parientes en gracia santificante según tu elección.

            4. Las almas de tus parientes hasta la cuarta generación escaparán del Infierno.

            5. Se les informará de su fallecimiento un mes antes de que les llegue la muerte. Si fallecen antes de cumplir los 12 años, se considerará que se han cumplido las condiciones.

                    El Papa Inocencio X confirmó la Revelación de que esta Devoción se practicará durante 12 años y agregó que las almas que cumplan las condiciones liberarán una Alma del Purgatorio cada Viernes Santo. Esta Devoción se complementa fácilmente con la veneración y ofrenda de las Santas Llagas de Nuestro Salvador, pues de Sus Llagas fluyó la Preciosa Sangre. 



domingo, 1 de marzo de 2026

QUINTO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...TOMA AL NIÑO Y A SU MADRE Y HUYE A EGIPTO"

   

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...Levántate, toma al Niño 
y a Su Madre, y huye a Egipto...  



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Quinto Doloren su afán de educar y servir al Hijo del Altísimo, especialmente en la huida a Egipto. 

"El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al Niño y a Su Madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo" (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 13).

          -Quinta Alegríaal tener siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto. 

"De Egipto llamé a mi hijo" (Evangelio de San Mateo, cap. 2, vers. 15)



ORACIÓN

               Oh Custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, Glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en vuestra huida a Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

               Por este Dolor y este Gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para Ellos y muramos gozosos en Su Amor.

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




sábado, 28 de febrero de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Arca de la Alianza


“¡Salve, Gloria de las vírgenes, 
Mediadora de los hombres, 
Portadora de nuestra salvación!” 

Adán de San Víctor


                    Dios, al gobernar el mundo, se vale de criaturas superiores para reconducir a las de orden inferior hacia Él. De igual manera, en cuanto a la dispensación de la Gracia Divina, ha dispuesto que los hombres, a quienes el pecado de Adán había convertido en Sus enemigos, se reconcilien con Él por medio de Jesucristo, el más hermoso y perfecto de todos los hijos de los hombres.

                    Nuestro Bendito Señor es, en verdad, infinitamente superior a todos los demás hombres en Su Sagrada Humanidad, debido a la Unión Hipostática y a la Santidad suprema que posee. Él es, pues, el Mediador perfecto entre Dios y la Humanidad, según las palabras de San Pablo: «Porque hay un solo Dios y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre». En consecuencia, es por medio de Jesucristo que se logró nuestra Reconciliación con el Padre: «Porque Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo».

                    Pero el Señor, en Su infinita generosidad, quiso darnos, además de este Mediador principal, otros mediadores secundarios, cuya función es disponernos para recibir los efectos de la mediación de Jesucristo. Así, los Ángeles y los Santos son, en cierto modo, mediadores secundarios para nosotros ante Dios: también los Sacerdotes, al cooperar con Nuestro Salvador en la perfección de nuestra reconciliación con la Divina Majestad, se convierten en nuestros mediadores, según las palabras de San Pablo: «Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios nos exhortara por medio de nosotros».

                    La mediación de la Santísima Virgen es más excelente que la de cualquier otra criatura que Dios haya destinado a cooperar con Jesucristo en la Obra de nuestra Redención. María es el arco iris que San Juan vio alrededor del Trono de Dios, semejante a una esmeralda resplandeciente. Si, pues, los Santos cumplen en nuestro favor el oficio de mediadores ante Jesucristo, es de algún modo a través de María que lo hacen; y por lo tanto, María puede ser llamada verdaderamente nuestra Mediadora ante el Divino Redentor.

                    María debe esta dignidad, en primer lugar, al hecho de haber sido concebida sin mancha de pecado original. En virtud de este estupendo milagro del Altísimo, la humanidad pudo ser presentada a Dios, en la persona de la Virgen sin igual, en el estado de inocencia e integridad que Adán poseía antes de su caída. Por lo tanto, podemos decir que la Inmaculada Concepción de María fue como el amanecer de nuestra reconciliación con Dios, Obra que Jesucristo realizaría posteriormente con Su muerte en la Cruz.

                    Además, la respuesta que María dio al Mensajero celestial que pidió su consentimiento respecto al cumplimiento de la Encarnación, marcó el comienzo de nuestra Redención, en cuanto anticipó la próxima aparición del Hijo de la Justicia.

                    Finalmente, como primera condición que debe cumplirse como preliminar para el logro de nuestra reconciliación con la Divina Majestad, es una Fe firme y sincera en las verdades de la Revelación, podemos decir que María es también nuestra Mediadora en este respecto; porque no sólo engendró, por la Fe, al Autor de nuestra Salvación, sino que además Ella misma practicó esta virtud con una constancia y perfección, que le valió las palabras de encomio: “Bienaventurada Tú, que has creído”.

                    Es a través de María que encontramos acceso a la Gracia de Nuestro Salvador. Por lo tanto, es nuestro deber manifestar nuestra gratitud al Padre Celestial por habernos dado, por mediación de la Divina Madre, un medio tan eficaz para llegar a Jesús. ¡Ah, con cuánta verdad podemos decir, como San Pablo, que Dios quiere la salvación de todos los hombres!.

                    Una lección se desprende de la verdad que estamos considerando. Nosotros también, a imitación de María, debemos procurar desempeñar, cada uno según sus posibilidades, el oficio de mediadores entre Dios y el prójimo. Podemos lograrlo, en primer lugar, mediante la Santidad de nuestras propias vidas, para que nuestro buen ejemplo anime a otros a volver a Dios. En segundo lugar, debemos aprovechar los medios a nuestra disposición para sembrar en el alma de nuestro prójimo las semillas de la Verdad Eterna y apartar a los pecadores del camino de la perdición.

                    Un extraordinario devoto de Nuestra Señora fue San Benito José Labré: nació en Amettes, Francia, el 26 de Marzo de 1748. Desde muy joven, una inspiración celestial lo impulsó a consagrarse a Dios, y dejando el hogar paterno, visitó los santuarios más famosos de Francia e Italia. En este estilo de vida, no escatimó en penurias ni austeridad, pues su propósito era obtener de Dios, mediante la penitencia, la conversión de los pecadores y la ayuda divina para la Iglesia en sus necesidades.

                    El objetivo de sus peregrinajes era Borne, adonde iba a pie, mendigando por el camino. En la Ciudad Eterna, abrazó una vida tan humilde y mortificada que asombró al mundo. Se contentaba con una sola prenda de vestir y su comida era muy escasa; no se preocupaba por buscar refugio, sino que solía dormir al raso o en las escaleras de alguna iglesia.

                    Su gran devoción a la gloriosa Madre de Dios fue su principal apoyo en esta extraordinaria forma de vida. Tenía la costumbre de visitar los santuarios más renombrados dedicados a esta Santísima Virgen, venerados en las numerosas iglesias de la Ciudad Eterna. Solía ​​pasar muchas horas en contemplación ante la imagen de la Virgen de los Montes, a la que tenía un especial cariño. En su gran devoción a Nuestra Señora de los Dolores, acudía todas las mañanas a la Iglesia de los Servitas de San Marcello para asistir al rezo del Rosario de Nuestra Señora de los Dolores y a la bendición del Santísimo Sacramento. Esperaba así obtener, por intercesión de Nuestra Señora, una mayor abundancia de gracias de Su Hijo.

                    Nunca salió de Roma salvo para visitar los santuarios más famosos de Nuestra Señora, especialmente el de Loreto, adonde acudía a menudo como un peregrino pobre y sencillo. Al llegar allí, solía pasar días enteros en la Santa Casa, absorto en profunda oración. Estaba tan absorto que no sentía deseo de comer.

                    Muchos fueron los favores celestiales que recibió allí de la Santísima Virgen. De regreso a Roma, una mañana, mientras rezaba ante su santuario favorito, la Virgen de los Montes, presentía su muerte inminente. Fue llevado de la iglesia a una casa vecina, donde, pocos días después, murió como un justo. Esto ocurrió el 16 de Abril de 1783. Fue canonizado por el Papa León XIII el 8 de Diciembre de 1881.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


viernes, 27 de febrero de 2026

SE PONE A LOS PIES DE SUS ESCLAVOS


Deinde mittit aquam in pelvim, et coepit lavare pedes 
Discipulorum, et extergere linteo, quo erat praecinctus. 

(St. Ioannem 13, 5)



                    Sabiendo Jesús, dice San Juan, que había llegado la hora de Su tránsito de este mundo al Padre, como hubiese amado a los Suyos que tenía en el mundo, los amó hasta el fin. (Evangelio de San Juan, cap. 13, vers. 1) Sabiendo Nuestro amantísimo Salvador que se acercaba el tiempo de Su muerte, en el cual había de abandonar este nuestro destierro, y habiendo amado hasta entonces a los hombres con entrañable Amor, quiso al fin de Su Vida dejarnos la mayor prenda de Amor que podía. Sentado a la mesa, e inflamado de Amor Su Corazón, se vuelve a Sus Discípulos y les dice: Con deseo he deseado comer con vosotros esta Pascua. (Evangelio de San Lucas, cap. 22, vers. 15). Dirigiéndose a Sus Apóstoles y a la vez a todos los hombres, les dijo: «Sabed, amados hijos, que durante todo el curso de Mi Vida he estado suspirando por celebrar con vosotros esta cena, porque al terminarla voy a sacrificarme por vuestra salvación». 

                    ¿Tan grande es, Jesús mío, el deseo que tenéis de dar la Vida por vuestras miserables criaturas?. Este vuestro deseo enciende en nuestros corazones un ansia vivísima de padecer y morir por Vuestro Amor, ya que tanto deseáis padecer y morir por el nuestro. 

                    Amado Redentor mío, dadnos a entender, lo que de nosotros pedís, que estamos dispuestos a complaceros , pues anhelamos tener ocasión para ello, por el deseo de corresponder, en parte al menos, al grande afecto que nos habéis demostrado. Avivad de continuo en nuestros corazones esta dichosa llama, que nos purifique de todos los afectos desordenados, a fin de que sólo pensemos en corresponder al amor de vuestro enamorado Corazón. 

                    Sobre la mesa del festín estaba el cordero pascual, figura de Nuestro Salvador; y así como en aquella cena se consumía el cordero, así también el mundo debía contemplar al día siguiente inmolado en el Ara de la Cruz a Jesucristo, Cordero de Dios. En aquella noche tuvo San Juan la dicha inefable de recostarse sobre el pecho de Jesús (Evangelio de San Juan, cap. 13, vers. 25). Dichoso discípulo, que apoyando vuestra cabeza sobre el pecho del Maestro pudisteis conocer toda la ternura que atesoraba el Corazón de nuestro amante Redentor en favor de las almas que le aman!. 

                    ¡Dulcísimo Señor mío!, mas de una vez me habéis favorecido con gracia tan señalada, y tuve también ocasión de conocer el cariño y el afecto que me teníais cuando me habéis iluminado con celestiales luces y consolado con dulzuras inefables; y, esto no obstante, no os he guardado fidelidad. No permitáis que a vuestras bondades responda en adelante con mi ingratitud; si me aceptáis y me socorréis con Vuestra Gracia, me entrego del todo a Vos. 

                    Levantáse Jesús de la mesa y quitáse Sus vestidos, y habiendo tornado una toalla se la ciñe. Echa después agua en un lebrillo y pónese a lavar los pies de las Discípulos y a limpiarlos con la toalla que se había ceñido. (Evangelio de San Juan, cap. 13, vers, 4-5). Mira, alma mía, a Jesús que se levanta de la mesa, se quita los vestidos, toma un blanco lienzo, se lo ciñe, echa agua en un lebrillo, arrodíllase delante de Sus Discípulos y comienza a lavarles los pies. ¡Cómo, el Rey del Universo, el Unigénito del Padre se abate hasta lavar los pies de sus criaturas!. ¡Angeles del cielo!, ¿qué decís?. Grande favor les hubiera otorgado Jesús si les hubiera permitido lavarle sus divinos pies con las lágrimas de ellos, como se lo otorgó a la Magdalena. 

                    Mas para dar al fin de Su Vida tan grande ejemplo de humildad y muestra señaladísima del infinito Amor que nos tenía, Él es el que se pone a los pies de Sus esclavos para lavárselos. Y nosotros, Señor, ¿proseguiremos siendo tan soberbios que no podamos sufrir una palabra de desprecio, una simple desconsideración, sin que alimentemos en nuestro corazón sentimientos de rencor y de venganza? ¡Y, sin embargo!, por nuestros pecados hemos merecido ser pisoteados por las demonios del infierno. Oh Jesús mío!, Ojalá que vuestro ejemplo nos aliente a estimar los desprecios y las humillaciones! De hoy en adelante os prometo sufrir por vuestro amor las injurias y las afrentas que recibiere.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia,
 sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo