miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL ANHELO DE SAN JOSÉ NIÑO POR LA VENIDA DEL MESÍAS

 


                    Prestaba una exacta obediencia a sus padres sin descuidar nunca hacer lo que ellos le ordenaban. Toda su diversión era quedarse a menudo mirando al cielo, porque sabía que allí estaba su Dios; y le enviaba cálidos suspiros suplicándole para que enviara pronto al mundo al Mesías prometido. 

                    Luego tenía un gran afecto hacia el Patriarca Abraham, Isaac y Jacob y al Profeta David, y a menudo suplicaba a su padre para que le narrara la vida de estos, con el deseo de imitarlos; porque sabía que habían sido muy amados y favorecidos por su Dios; y el padre lo complacía y le narraba la vida, ya sea de uno, ya sea del otro. Nuestro José lo estaba escuchando con mucha atención y luego decía: -estos han sido amigos y favorecidos de nuestro Dios, y a estos debemos imitar en sus virtudes. 

                    Nuestro José apenas había llegado a la edad de siete años, ya era capaz de todas las virtudes que estos Patriarcas habían practicado, y en la medida de sus fuerzas, se aplicaba para imitarlos en la Fe y en la confianza y amor hacia su Dios; y así iba creciendo nuestro José en las virtudes y cada vez más se volvía grato a los ojos de Dios. 

                    Al igual que el Santo Profeta David alababa a su Dios de una manera especial siete veces al día, el también quiso practicarlo, y suplicaba a su Ángel para que lo despertara a tiempo, y así pudiese también alabar a su Creador en las horas de la noche. Ya sabía varias cosas de memoria para alabar a su Dios, y estas las iba repitiendo a menudo, tanto de día como de noche, con mucho gozo de su espíritu; y Dios no dejaba de iluminarlo siempre más y de acrecentar en él sus virtudes.

                    Estaba tan encendido de amor hacia su Dios, que al mismo tiempo que lo estaba alabando -muchas veces, aunque fuera de noche- abría la ventana de su habitación y se ponía a mirar el cielo, y aquí daba lugar para que su corazón ardiera levantando las llamas de amor hacia Él y decía: ¡oh, dichoso aquel que tendrá la suerte de ver con sus propios ojos al Mesías prometido!, ¡oh, dichoso el que tendrá la suerte de servirlo y de tratar con él!, ¡oh, que suerte será la suya! -Y esto lo decía con tanto ardor que quedaba estático por mucho tiempo, encendido por un vivo deseo de poderlo servir y prestarle todo el honor y servicio posible.

                    Ardía luego en el pecho de José un gran amor hacia el prójimo y deseaba ayudar a todos, por lo tanto decía a menudo a sus padres que hicieran limosnas a los pobres necesitados y que no se cuidaran en guardar la ropa para él, porque se contentaba en ser pobre, con tal de que los otros no hubiesen sufrido; y sus padres no dejaban de satisfacer su deseo, haciendo abundantes limosnas a los pobres, puesto que ellos también tenían la inclinación de usar gran caridad hacia los necesitados.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



martes, 15 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA Y SUS DOLORES CORREDENTORES



                    Quién podrá jamás detener sus lágrimas cuando considere a la gran Madre de Dios atada con las cadenas de la compasión al lecho del dolor de Su Hijo en el Calvario?. Dice el Profeta Jeremías: «¿A quién te compararé, o a quién te asemejaré, oh hija de Jerusalén? Grande como el mar es tu quebranto; ¿quién te curará?» (Libro de las Lamentaciones, cap. 2, vers. 13). 

                    Como el mar no tiene límites ni orillas en su centro, así el Dolor de María fue tan inmenso que no tuvo medida respecto de las penas de las demás criaturas. Para comprender en algún modo la grandeza del Martirio de María, es preciso considerar dos cosas principales:

            1ª) Que el Dolor de María fue un Martirio de Amor.  

            2ª) Que Su Martirio sobrepasó a todos los martirios de la tierra.

1ª) El Martirio de María fue un Martirio de Amor

                    Es sentencia de los Santos Padres que María sufrió en Su Alma todos los tormentos que los Mártires sufrieron en sus cuerpos. Unos fueron despedazados por uñas de hierro, otros quemados en parrillas, otros arrojados a las fieras; pero María sufrió en Su Alma lo que todos los Mártires sufrieron juntos en su carne.

                    Y ¿quién fue el verdugo que ejecutó en el Corazón de María tan horrendo martirio? El verdugo fue el Amor. Hay dos clases de mártires: unos por el odio de los hombres contra la Fe de Cristo; otros por el amor que le profesan. El amor de María hacia Su Divino Hijo fue el que ejecutó en Su Alma el más atroz de los martirios.

                    Dice San Bernardino de Sena que si se reunieran todos los dolores del mundo y se pusieran en un lado de la balanza, y en el otro el Dolor de la Virgen Madre, este peso superaría al de todos los demás.

                    Dice San Anselmo que si Dios no hubiese conservado por un milagro especial la vida a María en el tiempo de la Pasión de Su Hijo, María habría muerto a cada instante de dolor. El dolor no mató a la Madre porque la Virtud Divina la sostuvo para que sufriese lo que nunca persona alguna sufrió ni sufrir podrá.

2ª) Su Martirio superó a todos los martirios de la tierra

                    Los demás Mártires sufrieron penas corporales, pero sus almas estaban consoladas por el Amor de Dios y por la esperanza del Cielo. María, por el contrario, no tuvo consolación alguna en el día de la Pasión. Todo para Ella era dolor, todo era tinieblas, todo era desolación.  En los demás Mártires, las penas duraban horas o días; en María, el Martirio duró toda la vida. Apenas escuchó la profecía de Simeón en el Templo de Jerusalén: «Una espada traspasará Tu propia Alma», el dolor no se apartó jamás de Su memoria. Consideraba las manos de Su Niño y las veía ya traspasadas; miraba Sus pies y los contemplaba clavados en el madero; observaba Su Rostro hermosísimo y lo imaginaba cubierto de salivazos y de golpes. Cada acto de ternura con el Niño Jesús traía consigo el recuerdo amargo de la Crucifixión futura.

                    Decía San Bernardo: «En el Calvario, mientras el Cuerpo de Jesús moría en la Cruz por las heridas recibidas, el Alma de María moría en Su Pecho por las Llagas de Su Hijo». Por esto la Iglesia canta de María que es la Reina de los Mártires, porque Su Martirio fue el más largo, el más amargo y el más sublime de cuantos se han padecido sobre la tierra.

María Corredentora de las almas

                    Dios quiso que el mundo no fuese redimido sino por la Pasión de Jesús; pero quiso también que la Pasión de Jesús fuese acompañada por las Lágrimas y los Dolores de María, para que la que había sido Madre del Redentor fuera también asociada a la Obra de nuestra Redención.

                    María cooperó con Su Caridad a que nacieran en la Iglesia los Fieles, los Miembros de aquella Cabeza que es Jesús. Ella misma, al pie de la Cruz, ofreció al Eterno Padre, con el dolor de Su Corazón, el Sacrificio de la Vida de Su Divino Hijo por la salvación del mundo...

                    Grandísimo amor fue el haber querido que María misma asistiese a Su Muerte para cooperar a nuestra salvación; de suerte que si Jesús nos compró con el precio de Su Sangre, María cooperó a la misma compra con la aflicción de Su Corazón, ofreciendo la vida de Su Hijo a la Divina Justicia por nuestra salvación.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia
"Las Glorias de María"


Toca sobre el siguiente título para rezar el

lunes, 14 de septiembre de 2026

LO QUE CRISTO DESPRECIÓ EN LA CRUZ



                    ¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

                    Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

                    La segunda razón tiene también su importancia, ya que la Pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la Cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la Cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

                    Si buscas un ejemplo de amor: nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo hizo Cristo en la Cruz. Y, por esto, si Él entregó Su Vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por Él.

                    Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la Cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la Cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en Su Pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la Cruz: corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra Fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la Cruz, despreciando la ignominia.

                    Si buscas un ejemplo de humildad, mira al Crucificado: Él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

                    Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a Aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: si por la desobediencia de uno –es decir, de Adán– todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

                    Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a Aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, desnudo en la Cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.

                    No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron Sus ropas; ni a los honores, ya que Él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed Le dieron vinagre.


Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia



domingo, 13 de septiembre de 2026

"CONTINUAD REZANDO EL ROSARIO", la quinta Aparición de Nuestra Señora en Fátima



                    Después de las primeras apariciones de Nuestra Señora en la aldea portuguesa de Fátima, el boca a boca de la gente llegó a congregar a más de 30.000 personas para la aparición del mes de Septiembre, el día 13, como así lo había pedido la Virgen en Su primera manifestación. Algunos enfermos y sus familiares gritaban al paso de los tres niños, pidiéndoles entre lágrimas que pidieran a la Señora por su salud.

                    Llegados cerca de la encina de las apariciones, la piadosa multitud comenzó a recitar el Rosario que dirigía Lucía; de repente se pudo ver un relámpago -como en las anteriores apariciones y que avisaba de la llegada de la Virgen- y los niños se pusieron de pie mirando hacia el Este, mientras que sus rostros se llenaban de admiración. Se hincaron de rodillas de nuevo y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

                    - ¿Qué quiere de mí?.

                    Continuad rezando el Rosario hijos Míos. Rezadlo todos los días para que cese la guerra. En Octubre vendrá Nuestro Señor, así como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo. A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que uséis la cuerda de noche para ir a dormir. Llevadla sólo durante el día (1).

                    - ¿Tengo las súplicas de muchas personas que piden Su ayuda. ¿Asistirá a una niña que es sordomuda?.

                    Ella mejorará en un año.

                    - ¿Y las conversiones que algunos han pedido?, ¿las sanaciones de los enfermos?

                    A algunas las curaré a otras no, porque el Señor no confía en ellas (2). 

                    - Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Puede por favor hacer un milagro para que ellos crean?”.

                    En Octubre haré un milagro para que todos crean.

                    Algunas mujeres le habían dado a Lucia dos cartas y una botellita de perfume para ofrecerlas a la Virgen; la niña lo hizo, pero Nuestra Señora le advirtió Estas cosas no sirven en el Cielo”.

                    La celestial aparición terminó; la visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora le dijo a la multitud, Si desean verla ¡miren! ¡miren!”.


NOTAS ACLARATORIAS

            1) Los niños videntes de Fátima se mortificaban usando una cuerda que llevaban atada a la cintura, bajo la ropa: era una de las más dolorosas mortificaciones que ofrecían por la conversión de los pecadores. También evitaban algunas meriendas o dejaban de tomar agua. Pero aún mayores eran los sacrificios que exigía la misión que la Virgen les encomendó: las vejaciones, la curiosidad, las molestias de la gente, las interminables visitas, preguntas, persecución, ridículo, etc.

            2) Tal vez estas personas necesitaban de la enfermedad para su santificación y tal vez habrían usado mal el don de la curación, para daño de la propia alma.



sábado, 12 de septiembre de 2026

EL DULCE Y MUY SANTO NOMBRE DE MARÍA


"Y el nombre de la Virgen era María"

Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 27



                    Vamos a ocuparnos un poco de este nombre, que significa «Estrella del mar», y por eso se aplica con toda propiedad a la Virgen Madre. Efectivamente, es correctísimo compararla con una estrella.

                    Porque si todo astro irradia su luz sin destruirse, la Virgen dio a luz sin lesionarse su virginidad. Los rayos que emite no menguan a la estrella en su propia claridad como no menoscaba a la Virgen en su integridad el Hijo que nos da. María es la estrella radiante que nace de Jacob, cuya luz se difunde al mundo entero, cuyo resplandor brilla en los cielos y penetra en los abismos, se propaga por toda la tierra, abriga no tanto los cuerpos, como los espíritus, vigoriza las virtudes y extingue los vicios. María es, repito, la estrella más brillante y hermosa. Ahí está el mar ancho y dilatado, sobre el que se levanta infaliblemente esplendorosa con sus ejemplos y titilante con sus méritos.

                    Tú, quienquiera que seas y te sientas arrastrado por la corriente de este mundo, náufrago de la galerna y la tormenta, sin estribo en tierra firme, no apartes tu vista del resplandor de esta estrella si no quieres sumergirte bajo las aguas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a la estrella, invoca a María. Se eres batido por las olas de la soberbia, de la ambición, de la detracción o la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira o la avaricia o la seducción carnal sacuden con furia la navecilla de tu espíritu, vuelve los ojos a María. Si angustiado por la enormidad de tus crímenes, o aturdido por la deformidad de tu conciencia, o aterrado por el pavor del juicio, comienza a engullirte el abismo de la tristeza o el infierno de la desesperación, piensa en María. Se te asalta el peligro, la angustia o la duda, recurre a María, invoca a María. Que nunca se cierre tu boca al nombre de María, que no se ausente de tu corazón, que no olvides el ejemplo de su vida; así podrás contar con el sufragio de su intercesión.

                    Si la sigues, no te desviarás; si recurres a Ella, no desesperarás. Si la recuerdas, no caerás en el error. Si Ella te sostiene, no vendrás abajo. Nada temerás si te protege; si te dejas llevar por Ella, no te fatigarás; con su favor llegarás a puerto. De modo que tú mismo podrás experimentar con cuánta razón dice el evangelista: y la virgen se llamaba María.'

                    Y no menos hermosas son estas palabras del mismo santo, fundador de una orden contemplativa, de los Templarios y autor de la Salve Regina:

                    Nos ha precedido nuestra Reina. Sí, se nos ha anticipado y ha sido recibida con todos los honores; sus siervecillos la siguen llenos de confianza y gritando: Llévanos contigo. Correremos al olor de tus perfumes. Los peregrinos hemos enviado por delante a nuestra abogada; es la Madre del Juez y Madre de Misericordia. Negociará con humildad y eficacia nuestra salvación.

                    ¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad -que es dar y recibir- se funden lo humano y lo divino. Lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres.

                    ¿Y, cómo no lo va a hacer? Lo puede y lo quiere. Es la Reina del cielo, es misericordiosa. Y, sobre todo, es la Madre del Hijo único de Dios.'

                    Dice el profeta que vio construir en un monte altísimo una ciudad cuyas múltiples puertas describe. Señala, sin embargo, entre todas una cerrada, de la cual dice: Llevóme luego hacia la puerta exterior del santuario, que mira al oriente; y se hallaba cerrada. Y me dijo el Señor: Esta puerta ha de estar cerrada; no se abrirá ni entrará por ella hombre alguno; porque el Señor Dios de Israel penetrará por ella. Ha de estar cerrada porque aquí se sentará el príncipe para comer el pan en presencia del Señor (Ez 44.1-3). ¿Qué puerta es esta sino María, que permanece cerrada por ser virgen? Por tanto, esta puerta fue María, a través de la cual Cristo vino a este mundo, cuando salió a la luz gracias a un parto virginal. Se conservaron los sellos de la virginidad, mientras se desprendía Cristo de una virgen cuya grandeza no podía sostener el mundo entero.

                    Esta puerta ha de permanecer cerrada, dijo el Señor, y no se abrirá. ¡Bella puerta, María, que siempre se mantuvo cerrada y no se abrió! Pasó a Cristo a través de ella, pero no se abrió.

                    Y para que aprendamos que todo hombre tiene una puerta por la cual pasa Cristo, se dice: Elevad vuestras puertas, príncipes; elevaos puertas eternales, y penetrará el Rey de la gloria. ¡Con cuánta mayor razón puede decirse que había en María una puerta ante la cual se sentó y por la que pasó Cristo!

                    Esta puerta miraba a Oriente; porque difundió verdaderos resplandores aquella que engendró al Oriente y dio la luz al Sol de justicia.

                    Ya sabes que has de concebir y dará a luz un hijo; ya has oído que no será por obra de varón, sino del Espíritu Santo. El ángel aguarda tu respuesta; es hora ya de que suba al que lo envió.

                    Señora, también nosotros esperamos esa palabra tuya de conmiseración, oprimidos miserablemente por la sentencia de nuestra condena. Mira que te ofrecen nada menos que el precio de nuestra salvación; si tú lo aceptas, seremos liberados inmediatamente. Todos fuimos creados en la eterna Palabra de Dios; pero estamos muriéndonos vivos. Con tu brevísima respuesta, seremos reanimados para recuperar la vida. Todo el mundo te espera expectante y postrado a tus pies. Y no sin razón; ya que de tu boca cuelga el consuelo de los afligidos, la liberación de los cautivos, la redención de los condenados y la salvación, en fin, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

                    Responde ya, oh Virgen, que nos urge. Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves que el mismo Rey y Señor de todos se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte.

                    Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. Contesta con prontitud al ángel. ¿Qué digo yo? Al Señor mismo en la persona del ángel. Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador.

                    Mirad, se ha parado detrás de la tapia. Atisba por las ventanas, mira por las celosías (Cant 2,9) El esposo se aproxima al muro, se acerca a la pared, cuando se unió a la carne humana. La carne es la pared; la encarnación del Verbo es la aproximación del Esposo. Con las celosías y ventanas, por donde se dice que mira, pienso que se refiere a los sentidos corporales y a los afectos humanos, con los que comenzó a experimentar toda la indigencia del hombre. Se sirvió de las afecciones humanas y de los sentidos corporales, como si fueran celosías y ventanas, para conocer las miserias humanas y hacerse misericordioso por su propia experiencia de hombre.




                    Ya lo sabía antes, pero de otra manera. Se hizo lo que ya era, aprendió lo que ya sabía y buscó entre nosotros celosías y ventanas para explorar con mayor atención nuestras adversidades. Y encontró tantas aberturas en nuestra pared ruinosa y llena de resquicios, como debilidades y miserias nuestras experimentó en su cuerpo.

                    Debes procurar con toda vigilancia que encuentre siempre abiertas las celosías y ventanas de tus confesiones; a través de ellas podrá mirar con bondad en tu interior, porque su mirada es tu salvación. Y como hay dos clases de compunción: primero la tristeza por nuestros pecados y después la alegría por los dones recibidos, cuando confieso mis pecados sin la menor angustia de mi corazón es como si le abriera las celosías, o sea la ventana más cerrada.

                    Pero a veces el corazón se dilata con el amor, al considerar las bondades divinas y prorrumpe en alabanza y acción de gracias. Entonces le abro al Esposo, no la ventana estrecha, sino la más amplia, y por ella mira más complacido cuanto mayor es el sacrificio de alabanza que se le tributa.


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia



jueves, 10 de septiembre de 2026

JESÚS, PIADOSO PELÍCANO


                    "Dicen de estas aves, los pelícanos, que las crías son matadas por sus padres a picotazos, y que luego la madre las llora durante tres días en el nido; finalmente, la madre se hiere a sí misma gravemente y derrama su propia sangre sobre los polluelos, y con esta sangre los resucita.

                    Quizá sea verdad, quizá sea falso. Pero si es verdad, pensad cómo se adapta a Aquel que nos dio la vida con Su Sangre. Se adapta a Él porque los padres nos mataron cuando no le obedecimos, al decir el Apóstol: Estabais muertos por vuestros delitos y pecados. La Iglesia nos llora, y Aquel que es el verdadero Padre de los renacidos nos devuelve la vida con Su propia Sangre"


San Agustín de Hipona (Enarratio in Psalmum 101, 7)



                    En 1264, el Papa Urbano IV promulgó la Bula "Transiturus" (1) para extender la Festividad de Corpus Christi a toda la Iglesia Católica. El mismo Pontífice encargó a Santo Tomás de Aquino la composición de los textos litúrgicos y los himnos del Oficio Divino para esa Fiesta.

                    Además de este poema, Santo Tomás escribió otros himnos eucarísticos: Pange Lingua (cuyo tramo final es el Tantum Ergo), Panis Angelicus (sección del Sacris Solemniis), Lauda Sion y O Salutaris Hostia.


            1. Adóro Te devóte, latens Déitas, quæ sub his figúris vere látitas. Tibi se cor meum totum súbiicit, quia, Te contémplans, totum déficit.

            2. Visus, tactus, gustus in Te fállitur, sed audítu solo tuto créditur. Credo quidquid dixit Dei Fílius: nil hoc verbo veritátis vérius.

            3. In Cruce latébat sola Déitas; at hic latet simul et humánitas. Ambo tamen credens atque cónfitens, peto quod petívit latro pœnitens.

            4. Plagas, sicut Thomas, non intúeor; Deum tamen meum Te confíteor. Fac me Tibi semper magis crédere, in Te spem habére, Te dilígere.

            5. O memoriále mortis Dómini! Panis vivus vitam præstans hómini, præsta meæ menti de Te vívere, et tTe illi semper dulce sápere.

            6. Pie pellicáne, Iesu Dómine, me immúndum munda Tuo Sánguine: cuius una stilla salvum fácere totum mundum quit ab omni scélere.

            7. Iesu, quem velátum nunc aspício, oro, fiat illud quod tam sítio; ut Te reveláta cernens fácie, visu sim beátus Tuæ Glóriæ. Amen.


Traducción al español


            1. Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto ver­da­de­ramente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al con­tem­plarte.

            2. Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta con el oído para creer con firmeza. Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

            3. En la Cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad. Creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

            4. No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios. Haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que Te ame.

            5. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que da la vida al hombre. Concédele a mi alma que de Ti viva, y que siempre saboree Tu dulzura.

            6. Señor Jesús, piadoso pelícano, límpiame, a mí, inmundo, con Tu Sangre: de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

            7. Jesús, a quien ahora veo escondido, Te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar Tu Rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo Tu Gloria. Amén.


NOTA

1) De la Bula "Transiturus:

                    Aunque este Sacramento Sagrado sea celebrado todos los días en el solemne rito de la misa, sin embargo creemos útil y digno que se celebre, al menos una vez en el año, una fiesta más solemne, en especial para confundir y refutar la hostilidad de los herejes.

                    Pues en el Jueves Santo, día en que Cristo lo instituyó, la Iglesia universal, ocupada en la confesión de los fieles, en la bendición del crisma, en el cumplimiento del mandato del lavatorio de los pies y en otras muchas sagradas ceremonias, no puede atender de lleno a la celebración de este gran sacramento.

                    De la misma forma que la Iglesia atiende a los Santos, que se veneran en el curso del año, y aunque en las letanías, en las misas y en otras funciones, se renueve su memoria con gran frecuencia, sin embargo recuerda su nacimiento en determinados días, con más solemnidad y con funciones especiales. Y como en estas fiestas quizá los fieles omiten alguno de sus deberes por negligencia o por las ocupaciones mundanas, o también por la fragilidad humana, la Santa Madre Iglesia establece un día determinado para la conmemoración de todos los Santos supliendo en esta fiesta común lo que se ha descuidado en las particulares.

                    Especialmente, pues, es preciso cumplir este deber con el admirable Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, que es gloria y corona de todos los Santos, para que resplandezca en una Festividad y Solemnidad especiales y para que lo que quizá se descuidó en las demás celebraciones de la Misa, en lo que se refiere a solemnidad, se supla con devota diligencia; y para que los Fieles, al acercarse esta Festividad, entrando dentro de sí mismos, pensando en el pasado con atención, humildad de espíritu y pureza de conciencia, suplan lo que hubieren cumplido defectuosamente al asistir a Misa, quizá ocupados con el pensamiento en negocios mundanos o más ordinariamente a causa de la negligencia y debilidad humana. En cierta ocasión también oímos decir, cuando desempeñábamos un oficio más modesto, que Dios había revelado a algunos católicos que era preciso celebrar esta Fiesta en toda la Iglesia; Nos, pues, hemos creído oportuno establecerla para que, de forma digna y razonable, sea vitalizada y exaltada la Fe Católica. Papa Urbano IV, 11 de Agosto de 1264.



miércoles, 9 de septiembre de 2026

EL CANDOR DE SAN JOSÉ NUNCA SUFRIÓ DAÑO ALGUNO



                    Nuestro José ya había llegado a la edad de siete años en este estilo de vida que hemos mencionado, habiendo conservado sin mancha su candor y su inocencia de tal modo que no solamente, no dio nunca un mínima disgusto a sus padres, sino que nunca hizo acción alguna que no fuera de sumo agrado y complacencia de su Dios; antes bien, cuanto más crecía en los años, tanto más él se volvía grato hacia Él obrando siempre con mayor perfección. 

                    Además el amor que él tenía a su pureza, habiéndoselo infundido Dios de una forma admirable, le fue también muy recomendada esta virtud por su Ángel, que una vez en el sueño le hizo un gran elogio de esta virtud, diciéndole que era muy querida por Dios; y nuestro José se enamoró mucho más de ella y se propuso conservarla durante todo el tiempo de su vida; y para poder cumplir esto, dirigía súplicas a su Dios para que le diera la Gracia de poder llevarlo a cabo. 

                    Se propuso también huir de todas las ocasiones peligrosas, a fin de que su admirable candor nunca hubiese sufrido daño alguno; y de hecho lo cumplió con todo el cuidado inimaginable, guardando todos sus sentimientos con gran rigor y en especial los ojos que tenía a lo sumo fijos en la tierra o dirigidos hacia el Cielo. 

                    Bien se conocía de su aspecto externo cuan grande fuera la pureza de su alma y también de su cuerpo, pareciéndose más a un Angel vestido de carne mortal. Su madre muchas veces lo veía con resplandores en su rostro, como también su padre; de esto muy bien conocían que grande era la pureza e inocencia de su hijo y como Dios se complacía en vivir en su purísima alma por medio de Su Gracia; y esto acontecía cuando nuestro Jose se elevaba en la oración y cuando había tratado a solas con su Dios. En estas circunstancias sus padres se sentían llenar el alma de un consuelo insólito y de un amor muy respetuoso hacia su hijo, mirándolo cada vez más como un Tesoro y un Don del Cielo. Sin embargo no dejaban de ejercer sobre él esa autoridad propia de los padres hacia los hijos, y a menudo experimentaban coma era atento a sus indicaciones, a las que él se mostraba en todo muy obediente. 

                        Nuestro José estaba muy inclinado al ayuno y a las asperezas, pero cuando sus padres se lo prohibían, en todo el se sometía a su voluntad con resignación, y nunca reclamaba nada. Cuando deseaba hacer ayunos y vigilias, pedía a ellos la autorización con tanta sumisión, que parecía imposible podérsela negar, tal era el modo con el cual se los conquistaba; y cuando le negaban la autorización, lo hacían con pena, porque no podían contradecirle. 

                    Muchas veces también el padre le daba unos denarios para que hiciera limosna a los pobres que se la pedían; y entonces la cogía con toda sumisión y humildad, como si esa limosna se la hubiese hecho a él, y muy pronto la distribuía a los pobres sin quedarse con nada para sí. Cuando veía algún pobre llegar a su casa para pedir la caridad, él iba donde su madre y se la pedía con toda sumisión como para sí; la madre se sorprendía de la virtud de su hijo y se la daba abundantemente. Era luego tan grande el gusto que nuestro José tenía al dar la limosna a los pobres, que bien se traslucía en su rostro, porque si veía a un pobre, se alegraba cuando le daba la limosna. Estaba ya muy inclinado hacia la práctica de todas las virtudes, pero se había apasionado mucho más de ellas porque el Ángel le hablaba en el sueño y le manifestaba el aprecio y el valor de las virtudes, y como estas eran muy queridas y agradables a su Dios. Solamente el oír que era de agrado a su Dios, era suficiente; para que él se pusiera con todo su empeño en practicarlas.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora


martes, 8 de septiembre de 2026

LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA, según las revelaciones de Sor María de Jesús de Ágreda



                    Llegó el día alegre para el mundo del parto felicísimo de Santa Ana y nacimiento de la que venía a él santificada y consagrada para Madre del mismo Dios. Sucedió este parto a los ocho días de Septiembre, cumplidos nueve meses enteros después de la Concepción del Alma Santísima de Nuestra Reina y Señora. Fue prevenida Su madre Ana con ilustración interior, en que el Señor le dio aviso cómo llegaba la hora de su parto. Y llena de gozo del Divino Espíritu atendió a Su voz; y postrada en oración pidió al Señor la asistiese su gracia y protección para el buen suceso de su parto. Sintió luego un movimiento en el vientre, que es el natural de las criaturas para salir a luz; y la más que dichosa niña María al mismo tiempo fue arrebatada por Providencia y Virtud Divina en un éxtasis altísimo, en el cual absorta y abstraída de todas las operaciones sensitivas nació al mundo sin percibirlo por el sentido; como pudiera conocerlo por ellos, si junto con el uso de razón que tenía, los dejara obrar naturalmente en aquella hora; pero el Poder del Muy Alto lo dispuso en esta forma, para que la Princesa del Cielo no sintiese lo natural de aquel suceso del parto.

                    Nació pura, limpia, hermosa y llena toda de gracias, publicando en ellas que venía libre de la ley y tributo del pecado; y aunque nació como los demás hijos de Adán en la sustancia, pero con tales condiciones y accidentes de gracias, que hicieron este nacimiento milagroso y admirable para toda la naturaleza y alabanza eterna del Autor. Salió, pues, este Divino Lucero al mundo a las doce horas de la noche, comenzando a dividir la de la Antigua Ley y primeras tinieblas del día nuevo de la gracia, que ya quería amanecer. La envolvieron en paños y fue puesta y aliñada como los demás niños la que tenía su mente en la Divinidad, y tratada como párvula la que en Sabiduría excedía a los mortales y a los mismos Ángeles. No consintió su madre que por otras manos fuese tratada entonces, antes ella por las suyas la envolvió en las mantillas, sin embarazarle el sobreparto; porque fue libre de las pensiones onerosas que tienen de ordinario las otras madres de sus partos.

                    Recibió Santa Ana en sus manos a la que, siendo hija suya, era juntamente el Tesoro Mayor del Cielo y Tierra en pura criatura, sólo a Dios inferior y superior a todo lo criado; y con fervor y lágrimas la ofreció a Su Majestad, diciendo en su interior:

                    "Señor de infinita Sabiduría y Poder, Criador de todo cuanto tiene ser; el fruto de mi vientre, que de Vuestra bondad he recibido, Os ofrezco con eterno agradecimiento de que me le habéis dado, sin poderlo yo merecer. De hija y madre haced a Vuestra Voluntad Santísima, y mirad nuestra pequeñez desde lo alto de vuestra silla y grandeza. Eternamente seáis Bendito, porque habéis enriquecido al mundo con criatura tan agradable a Vuestro beneplácito y porque en Ella habéis preparado la morada y tabernáculo para que viva el Verbo Eterno. (Libro de la Sabiduría, capítulo 9, versículo 8)

                    A mis Santos Padres y Profetas doy la enhorabuena, y en ellos a todo el linaje humano, por la segura prenda que les dais de su Redención. Pero ¿cómo trataré yo a la que me dais por hija, no mereciendo ser Su sierva?. ¿Cómo tocaré la verdadera Arca del Testamento? (1). Dadme, Señor y Rey mío, la luz que necesito para saber Vuestra Voluntad, y ejecutarla en agrado Vuestro y servicio de mi hija".

                    Respondió el Señor a la Santa matrona en su interior, que tratase a la Divina Niña como madre a su hija en lo exterior, sin mostrarle reverencia, pero que se la tuviese en lo interior; y que en su crianza cumpliese con las leyes de verdadera madre, cuidando de su hija con solicitud y amor. Todo lo cumplió así la feliz madre; y usando de este derecho y licencia, sin perder la reverencia debida, se regalaba con su Hija Santísima, tratándola y acariciándola como lo hacen las otras madres con las suyas, pero con el aprecio y atención digna de tan oculto y divino sacramento como entre hija y madre se encerraba. 

                    Los Ángeles de Guarda de la dulce niña con otra gran multitud la adoraron y reverenciaron en los brazos de su madre y la hicieron música celestial, oyendo algo de ella la dichosa Ana; y los mil Ángeles señalados para la custodia de la gran Reina se le ofrecieron y se dedicaron para su ministerio; y fue esta la primera vez que la Divina Señora los vio en forma corpórea con las divisas y hábito que diré en otro capítulo; y la Niña les pidió que alabasen al Altísimo con Ella y en Su Nombre.

                    Al punto que nació nuestra Princesa María, envió el Altísimo al Santo Arcángel Gabriel para que evangelizase a los Santos Padres del Limbo esta nueva tan alegre para ellos; y el embajador celestial bajó luego, ilustrando aquella profunda caverna y alegrando a los Justos que en ella estaban detenidos. Les anunció cómo ya comenzaba a amanecer el día de la felicidad eterna y reparación del linaje humano, tan deseado y esperado de los Santos y preanunciado de los Profetas, porque ya era nacida la que sería Madre del Mesías prometido; y que verían luego la Salud y la Gloria del Altísimo. Y les dio noticia el Santo Príncipe de las excelencias de María Santísima y de lo que la mano del Omnipotente había comenzado a obrar en Ella, para que conocieran mejor el dichoso principio del Misterio que daría fin a su prolongada prisión; con que se alegraron en espíritu todos aquellos Padres y Profetas, y los demás justos que estaban en el limbo, y con nuevos cánticos alabaron al Señor por este beneficio.



                    Habiendo sucedido en breve tiempo todo lo que he dicho en que nuestra Reina vio la luz del sol material, conoció con los sentidos a sus padres naturales y otras criaturas, que fue el primer paso de Su vida en el mundo en naciendo. El brazo poderoso del Altísimo comenzó a obrar en Ella nuevas maravillas sobre todo el pensamiento de los hombres; y la primera y estupenda fue enviar innumerables Ángeles para que a la electa para Madre del Verbo Eterno la llevasen al Cielo empíreo en Alma y Cuerpo para lo que el Señor disponía. Cumplieron este mandato los Santos Príncipes y, recibiendo a la Niña María de los brazos de su madre Santa Ana, ordenaron una nueva y solemne procesión, llevando con cánticos de incomparable júbilo a la verdadera Arca del Nuevo Testamento, para que por algún espacio estuviese, no en casa de Obed-Edom (2), mas en templo del Sumo Rey de los reyes y Señor de los señores, donde después había de ser colocada eternamente. Y este fue el segundo paso que dio María Santísima en Su vida, desde el mundo al supremo Cielo.

                    ¿Quién podrá dignamente engrandecer este maravilloso prodigio de la diestra del Omnipotente?. ¿Quién dirá el gozo y admiración de los Espíritus celestiales, cuando miraban aquella tan nueva maravilla entre las obras del Altísimo y con nuevos cánticos la celebraban?. Allí reconocieron y reverenciaron a su Reina y Señora escogida para Madre del que había de ser su Cabeza, y que era la Causa de la Gracia y de la Gloria que poseían, pues Él se la había granjeado con Sus méritos previstos en la Divina aceptación. Pero ¿qué lengua o qué pensamiento de los mortales puede entrar en el secreto del Corazón de aquella Niña tan tierna en el suceso y efectos de tan peregrino favor?. Lo dejo a la Piedad Católica, y mucho más a los que en el Señor lo conocerán, y nosotros cuando por Su Misericordia infinita llegaremos a gozarle cara a cara.


"Mística Ciudad de Dios"

por la Venerable Sor María Jesús de Ágreda


NOTAS

            1) En la Antigua Ley estaba totalmente prohibido tocar directamente el Arca de la Alianza, que era transportada mediante varales que sostenían los levitas. "Y cuando Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán ninguna cosa santa, no sea que mueran" (Libro de los Números, cap. 4, vers. 15). "Harás también varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el Arca en ellas" (Libro del Éxodo, cap. 25,vers. 13-14)

            2) Obed-Edom era un judío levita que recibió en su casa el Arca de la Alianza; "Y el Arca de Dios estuvo con la familia de Obed-Edom, en su casa, tres meses; y bendijo el Señor la casa de Obed-Edom, y todo lo que tenía" (Libro 1º de Crónicas, cap. 13, vers. 14)



sábado, 5 de septiembre de 2026

PRIMER SÁBADO: EL CORAZÓN DE MARÍA, TRONO DE GRACIAS Y MISERICORDIAS


LOS PRIMEROS SÁBADOS DE MES 
consiste en una tradicional devoción hacia el 
Doloroso e Inmaculado Corazón de María, 
según lo pidiera Nuestra Señora en Fátima:

"Yo he venido a pedir la Consagración del mundo 
a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora 
en los Primeros Sábados de mes..."

(Nuestra Señora en Fátima, el 13 de Julio de 1917)



               Dedicamos el Primer Sábado de cada mes a desagraviar al Inmaculado Corazón de María no por un capricho humano sino por un URGENTE PEDIDO de Nuestra Señora, que nos advierte, como Madre Nuestra, del mal camino que han tomado aquellos que viven en el peor de los pecados: la ingratitud a Dios. La Virgen María desea nuestro amor y también nuestro consuelo hacia Su Inmaculado Corazón, herido por el pecado del mundo.

               Transcurridos algunos años tras las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, la única superviviente de los tres niños que contemplaron a la Virgen Santa, contaba con apenas 18 años cuando decidió irse con la Congregación de las Hermanas Doroteas; ingresó como postulante en el convento que la Orden tenía en Pontevedra (España) y en donde Nuestra Señora fue a revelarle la primera parte del plan de Dios para la salvación de los pecadores en nuestro tiempo de rebelión contra Dios: la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes. 

               Lucía, refiriéndose a ella misma, describe el encuentro con la Virgen en tercera persona:

               El día 10 de Diciembre de 1925, se le apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo le dijo el Niño:

               ‘Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.’

               Enseguida dijo la Santísima Virgen:

               ‘Mira, hija Mía, Mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos Me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer Sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y Me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los Misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas’.



viernes, 4 de septiembre de 2026

PRIMER VIERNES: OLVÍDATE DE TI MISMO Y ENTRÉGATE A ÉL

 

LOS PRIMEROS VIERNES DE MES 
consiste en una tradicional devoción hacia el 
Sacratísimo Corazón de Jesús, 
que Éste mismo pidiera a Santa Margarita María,
religiosa de la Orden de la Visitación, el 16 de Junio de 1675:

Te prometo, en la excesiva Misericordia de Mi Corazón, 
que Su Amor Omnipotente concederá a todos los que comulguen 
Nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final; 
no morirán en Mi desgracia y sin haber recibido los Sacramentos; 
Mi Divino Corazón será su Asilo seguro en el último momento."  

(Carta de Santa Margarita a la Madre Saumaise, de Mayo de 1688)




Condiciones para ganar esta gracia

                  1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (sin estar en pecado mortal). Se recomiendo acercarse a la Confesión, a fin de estar en total estado de gracia, y todo ello, siempre con la piadosa intención de reparar los ultrajes de desamor hacia el Sagrado Corazón de Jesús.

                  2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús; hacerlo especialmente por aquellos que debieran hacerlo y no lo hacen. Pedir a Jesús la gracia de alcanzar la perseverancia final.

                  3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento del Altar; por eso, al terminar la Santa Misa, o ya recogido en tu casa, procura situarte como si estuvieras ante el Sagrario y acompaña a Jesús en la soledad del Tabernáculo.

                Fíjate bien en esta Promesa, consoladoras palabras salidas de los labios de Nuestro Señor y que un día bendito, fueron confiadas a Santa Margarita María de Alacoque, la Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús. Nos promete el Señor la gracia de la perseverancia final, que es sinónimo de la SALVACIÓN ETERNA.

                  ¡Cuánto nos ama el Sagrado Corazón! A pesar de nuestros pecados y negativas de entregarnos a Él, porque muchas veces preferimos -como locos- las miserias de este mundo, nos da muestras de Su Amor y nos tiende la mano para darnos aliento en un mundo que cada vez anda más desorientado.

                   Nos pide tan poco y le damos... ¡NADA! ¿Con qué derecho nos quejamos?. Qué desfachatez la nuestra que apenas le damos unas migajas del tiempo libre, cuando TODO lo deberíamos hacer pensando en darle gloria, buscando en todo momento agradarle.

                 ¿Será acaso tan pesado para ti, acercarte al confesonario para limpiar tu alma y luego ir a recibirlo en la Sagrada Comunión?. Con este sencillo gesto, realizado NUEVE PRIMEROS VIERNES de mes -o mejor, cada primer viernes durante todo el año- estaremos seguros de ser merecedores de tan importante Promesa.

                   Sencilla práctica, pero con inestimables consecuencias para el alma. No desoigas más la voz de Aquél que te busca sin descanso. Sé un buen devoto del Sagrado Corazón, y comparte este artículo, para que otras almas se arrimen al que, como decía Santa Margarita, "es el Trono de las Misericordias, donde los más pecadores son los mejor recibidos".