jueves, 12 de marzo de 2026

EL CORAZÓN DE JESÚS TRAS LA PUERTA DEL SAGRARIO, por el Obispo Manuel González



                    Yo no sé que nuestra Religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción que un rato de oración ante un Sagrario abandonado. 

                    Quizás una fe superficial saque escándalo y tibieza de ese abandono; pero una fe que medite y sobrе todo un corazón que ahonde un poco debajo de la corteza de las cosas, descubrirá en ese Jesús abandonado que se deja acompañar de telarañas у sabandijas, que se pasa los días y las noches solo durante años y años y a pesar de todo eso no se va de aquél Sagrario, ni deja de mandar sol desde la mañana a la noche y agua para la sed y pan para el hambre y salud y descanso y fuerzas beneficiosas en cada segundo y a cada uno de los que le maltratan; ese Corazón, repito, no tiene más remedio que ver en ese modo de abandonar de los hombres y en esa manera de corresponder de Jesucristo, el Evangelio vivo, pero con una vida tan brillante, tan fecunda, tan activa, tan en ebullición de Amor de Cielo, que no hay más remedio que entregarse a discreción y sin reserva, diciendo con San Pedro: Aunque todos Te abandonen, yo no te abandonaré... ¡Este Amor no se parece a ningún otro amor!.

                    De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario yo entreví para mi Sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida. Creo que allí se desvanecieron mis ilusiones de Cura de pueblo, de costumbres patriarcales y sencillas... Ser Cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo, emplear mi Sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que Su Vida de Sagrario le ha creado, alimentarlo con mi amor, calentarlo con mi presencia, entretenerlo con mi conversación, defenderlo contra el abandono y la ingratitud, proporcionar desahogos a Su Corazón con mis Santos Sacrificios, servirle de pies para llevarlo a donde lo desean, de manos para dar limosna en Su Nombre aun a los que no lo quieren, de boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oirlo..... hasta que lo oigan y lo sigan..... ¡qué hermoso Sacerdocio!. 

                    Y ¿si se obstinan en no quererlo?. Y ¿si no quieren ni mi amistad, porque los lleva a Él, ni mi dinero porque en Su Nombre lo doy y me cierran todas las puertas?. ¡No importa!. Siempre a Jesús y a mí nos quedará el consuelo de tener una por lo menos abierta: Él la de mi corazón y yo la del Suyo...


Manuel González, Obispo de Palencia
en su obra "Aunque todos...yo no", editada en 1938


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.