sábado, 26 de septiembre de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Casa de Oro


Soy morena, pero hermosa, 
oh hijas de Jerusalén, 
como las tiendas de cedro, 
como las cortinas de Salomón 

Cantar de los Cantares, cap. 1, vers. 4



                    Después de la caridad, no hay virtud más grata a Dios que la humildad cristiana. Esta virtud, desconocida para los paganos, nos la enseñó Dios mismo cuando se humilló y se hizo hombre por amor a nosotros. Y como si tal humillación no fuera suficiente, Nuestro Redentor también eligió vivir oculto y despreciado a los ojos de los hombres, hasta tal punto que San Pablo dice de Él: «Se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz».

                    De esta manera podemos comprender cuán preciada es la humildad para Dios, y por qué a menudo se vale de aquellos que son de poca importancia, pero de corazón humilde, para realizar grandes cosas en Su Iglesia. «Cuando eras pequeño a tus propios ojos, ¿no fuiste hecho la cabeza de las tribus de Israel?».

                    Admira, alma mía, la Sabiduría del Altísimo, cuyos caminos son tan diferentes de los de los hombres, y que se deleita en escoger “lo necio del mundo, para confundir a los sabios, y lo débil, para confundir a los fuertes”.

                    La dignidad sin igual a la que María fue elevada puede ayudarnos a formarnos una idea justa de la excelencia de la virtud de la humildad, pues fue precisamente Su profunda humildad, unida a un grado supereminente de gracia y caridad, lo que, según la enseñanza de los Santos Padres, hizo digna a la Santísima Virgen de ser la Madre del Verbo Encarnado.

                    La virginidad que María había consagrado a Dios desde la infancia atrajo sobre Ella la mirada amorosa divina; sin embargo, fue a Su humildad a la que debió Su elevación a la dignidad de Madre del Verbo. «Por Su virginidad María se hizo grata al Señor; por Su humildad concibió al Verbo», dice San Bernardo.

                    Y en verdad, ¡cómo resplandece la humildad de la Madre de Dios en la Anunciación! Ante las palabras del Ángel, la humilde Virgen se turba y se pregunta en Su interior qué significa aquel saludo. El Ángel continúa: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios; he aquí que concebirás en Tu vientre;… y Él será llamado Hijo del Altísimo». A estas palabras, por las que conoció Su futura grandeza, la humilde Virgen no respondió sino: «He aquí la Sierva del Señor; hágase en Mí según tu palabra». Y a lo largo de Su vida mortal, María jamás tuvo otra norma de conducta, ni escogió jamás otra cosa que el oprobio de la Cruz de Cristo.

                    ¡Oh, prodigio de humillación! A esto debemos la consumación del gran Misterio de nuestra Redención.

                    El Cristiano que desee agradar a Dios y crecer en Santidad, debe esforzarse, siguiendo el ejemplo de María, por progresar continuamente en la humildad, pues está escrito que «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». Para ello, debe reconocer, en primer lugar, que todos los dones que posea, ya sean naturales o por gracia, todas sus prerrogativas de nacimiento o posición social, provienen de la mano de Dios. Pero, para conservarnos en santa humildad, debemos someternos libremente a las disposiciones de Dios y contentarnos con la porción que Él nos ha asignado, sin buscar honores ni preeminencia, sino, por el contrario, recibiendo con resignación, si no con alegría, las humillaciones que nos sobrevengan.

                    Una lectura atenta de las Sagradas Escrituras nos convencerá de que María, durante la vida pública de Jesús, nunca perdió la oportunidad de compartir Su oprobio. Por tanto, elijamos también nosotros la Cruz de Cristo y alegrémonos de ser considerados de poco valor por los hombres.

                    Pide a tu Dios, alma mía, que rehúyas los honores mundanos y que recibas con perfecta sumisión las humillaciones que le plazca enviarte, recordando las palabras del Libro de Proverbios: «La humildad precede a la gloria».

                    La incomparable humildad de la Virgen María, quien, al ser saludada por el Ángel como Madre de Dios, se declaró Sierva del Señor, ha inspirado en la Iglesia numerosos actos de heroica abnegación. Un ejemplo notable de desprecio por los honores mundanos por amor a María se encuentra en la vida de Giovanni Antonio de Santis. Su sólida reputación teológica en sus primeros años como Sacerdote fue lo que llamó la atención de la Curia Papal. En pleno contexto del Cisma de Occidente, el Papa Bonifacio IX lo eligió y elevó formalmente en 1395 a la altísima dignidad de Arzobispo de las sedes unidas de Matera y Acerenza, en el sur de Italia. 

                    Sucedió que una vez escuchó un sermón sobre las maravillosas obras que la Virgen María había realizado en Monte Senario en favor de Sus Siervos, los Siete Santos Fundadores, quienes se habían retirado allí y cuyos hijos vivían completamente dedicados a su servicio. Tan ardiente era su deseo de unirse a esta santa comunidad que, renunciando a su obispado en manos del mismo Papa que lo había elegido, le solicitó de inmediato su incorporación a la Orden de los Servitas.

                    Su petición fue concedida; y así, en el año 1402, el mismo día en que la Iglesia celebró el nacimiento del Rey de Gloria en este mundo, el Obispo Giovanni Antonio renunció a la dignidad episcopal y cambió sus costosas vestiduras por el hábito negro de los Siervos de María, Aquella que, por la muerte de Su Hijo unigénito, dio a los hombres el nacimiento espiritual a la Vida de la Gracia.

                    Giovanni Antonio permaneció en Monte Senario durante unos diez años, desempeñando los oficios más humildes, como si hubiera sido el último religioso del monasterio. Era tan humilde que no dejaba entrever su antigua dignidad, y nada lo distinguía de los religiosos sencillos, no solo durante su noviciado, sino también cuando fue nombrado Superior de la comunidad.

                    Pero tal humildad no quedó sin recompensa. Nuestra Señora, que no se deja superar en generosidad, lo colmó de favores celestiales y se dignó a aparecerse ante él, ordenándole que acudiera al Obispo de Vicenza para encomendar el cuidado del Santuario de Monte Berico a los religiosos de su Orden. El Obispo de Vicenza accedió de buen grado a su petición.

                    Más tarde, Giovanni Antonio fue elegido para fundar la Congregación de los Servitas de Mantua, de la cual fue elegido Vicario General en tres ocasiones. En este cargo, nunca dejó de promover el amor por la observancia regular y la devoción a la Reina del Cielo. De esta y muchas otras maneras, Giovanni Antonio, Siervo de Nuestra Señora, dio prueba de su fidelidad al servicio de la Divina Madre, por cuya causa había renunciado a la dignidad y los bienes terrenales.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


viernes, 25 de septiembre de 2026

LA MISTERIOSA FUERZA DE LA PASIÓN



                    Jesús ha sufrido. Sí, el mismo Jesús, nuestro Dios, que se hizo hombre por nuestra salvación. Él sufrió, fue crucificado, murió y fue sepultado. 

                    La víspera de Su Pasión, rogó a Su Padre Celestial para que todos fueran uno, uno con Él. Se llamó a Sí Mismo Cabeza del Cuerpo Místico, del que nosotros somos los miembros. Él es la vid, nosotros los sarmientos. Se metió Él mismo en el lagar y allí fue exprimido. Nos ha dado el vino para que, bebiéndolo, podamos vivir Su misma Vida, para que podamos compartir con Él Su sufrimiento. Lo ha dicho Él mismo: el que quiera venir en pos de Mí, es decir, cumplir Mi Voluntad, que cargue con su cruz y Me siga; el que Me sigue tendrá la Luz de la Vida; Yo Soy la Vida; os he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. 

                    Y no comprendiendo Sus discípulos que la vía indicada era la de la Pasión, se lo explicó diciendo: 

                    ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrar así en Su Gloria? Entonces ardieron en sus pechos los corazones de los discípulos. La Palabra de Dios se había convertido para ellos en fuego. Y descendiendo después sobre ellos el Espíritu Santo, como una Llama Divina, se sintieron contentos de sufrir, a su vez, el desprecio y la persecución, porque se hacían así semejantes a Aquel que los había precedido en el camino del sufrimiento. 

                    Los discípulos comprendieron que Él no había querido apartarse de este camino, que habían vaticinado antes los Profetas. Desde el Pesebre hasta la Cruz, no supo de otra cosa, sino de sufrimiento, pobreza y desprecio.

                    Consagró toda Su Vida a enseñar al pueblo que Dios mira el sufrimiento, la pobreza y el desprecio humano de modo muy diferente a como lo hace la necia sabiduría del mundo. El dolor es la consecuencia necesaria del pecado, y sólo mediante la Cruz se recupera la unión con Dios y la gloria perdida. El dolor es, por lo mismo, el Camino del Cielo. En la Cruz está la Salvación, en la Cruz la Victoria. Así lo ha dispuesto Dios, que quiso además tomar sobre Sí el sufrimiento para lograr con él la Gloria de la Redención. Por eso, como dice San Pablo, los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la Gloria que un día se nos manifestará cuando haya pasado el tiempo de padecer y seamos ya partícipes de la misma Gloria. 

                    María, que conservaba todas las palabras de Dios en Su Corazón, supo comprender, por la plenitud de gracia que Le fue concedida, el gran valor del sufrimiento. Mientras los discípulos huían, Ella salió al encuentro del Salvador, camino del Calvario, y permaneció al pie de la Cruz participando en su oprobio y en sus últimos sufrimientos. Y Lo puso en el sepulcro con la esperanza firme de Su Resurrección. 

                    ¡Ojalá nuestros corazones fueran tan ardientes y generosos como el Suyo y se abrieran totalmente a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús! Él dijo: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer. ¿Es nuestro deseo como el suyo?. ¿No nos quejamos demasiado cuando Él nos alarga el cáliz de la Pasión?. Es tan difícil para nosotros resignarnos al sufrimiento, que alegrarse de él nos parece algo heroico. Consideramos casi imposible el desear la Cruz y el sufrimiento. Según el mundo, es, de hecho, una locura desear sólo sufrimiento y desprecio, como deseaba San Juan de la Cruz. Y a veces nosotros pensamos de modo semejante al del mundo con nuestras prudentes cautelas. ¿Dónde está la oblación que cada mañana, consciente y reflexivamente, al menos de palabra y en apariencia, hacemos de nosotros mismos, cuando nos unimos a la oblación, que ofrecemos junto con la Iglesia, de Aquel con el que estamos unidos en un único Cuerpo? 

                    Jesús lloró una vez sobre Jerusalén: ¡Ojalá pudieses conocer tú hoy el Don de Dios!. ¡Ojalá pudiésemos también nosotros conocer hoy el gran valor que Dios ha puesto en nuestros sufrimientos!


Siervo de Dios Padre Tito Brandsma, Carmelita, 
profesor de Filosofía; asesinado en el Campo de
concentración de Dachau, el 26 de Julio de 1942




miércoles, 23 de septiembre de 2026

SAN JOSÉ, CONSUELO DE LOS MORIBUNDOS



                    Algo muy especial en su vida desde pequeño fue el amor que tenía hacia los enfermos y moribundos. Sabiendo lo compasivo que era, muchos acudían a él para que visitara a los enfermos graves, sobre todo si estaban ya en trance de morir. Una vez el Ángel le manifestó en sueños el gran peligro en el que estaban los moribundos y la necesidad que tenían de ser ayudados en sus últimos momentos. De hecho, los moribundos sentían gran consuelo cuando José los visitaba y oraba por ellos. Los demonios quedaban debilitados por sus oraciones y Dios le dio la gracia de que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia de José no perecieran en el Infierno, sino que fueran al Limbo de los Justos o seno de Abraham, aunque tuvieran que pasar por el Purgatorio. 

                    A veces, era avisado por su Ángel sobre la necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones y él se despertaba y enseguida se ponía a orar. Alguna vez también el Ángel le manifestó que eran muchos los que perecían eternamente, lo que entristeció mucho a José y le hacía orar más por los enfermos graves y moribundos que conocía. 

                    En algunas ocasiones Dios le privaba de los avisos del Ángel para probarlo y fortalecer su fe y él se sentía triste, pensando que el Ángel lo había abandonado por sus pecados. Pero Dios lo iba poco a poco fortaleciendo en la Paciencia y el Amor a Dios, preparándolo para los problemas que debía soportar en la vida futura. Cuando el Ángel volvió a presentársele en sueños, le anunció que su fidelidad le había agradado mucho a Dios.

                    El día que nació la Virgen María, destinada a ser su esposa y la madre de Jesús, el Ángel le habló y le dijo que agradeciera a Dios por un beneficio singular que había hecho al mundo entero y a él en especial. No le dijo a qué se refería, pero se puso a orar, agradeciendo a Dios por ese beneficio que había hecho al mundo. 

                    Su madre se enfermó gravemente y él la cuidaba, y consolaba a su padre. Al día siguiente de la muerte de su madre, el ángel le avisó que ya estaba en el limbo de los justos. Al poco tiempo, se enfermó también su padre. Él lo cuidó hasta el último momento con amor de hijo y oró por él, ofreciéndose a sufrir en reparación de las ofensas que su padre debiera pagar por sus pecados, hasta que sintió que ya estaba libre en el seno de Abraham. Una vez muertos sus padres, quedó solo y le dijo a Dios que él fuera su padre y su madre, ofreciéndose a cumplir en todo Su Santa Voluntad. 

                    Tuvo que sufrir mucho de los servidores de su casa, pues le tomaban las cosas sin permiso. Incluso aquellos que habían sido beneficiados por él, lo insultaban. Muchos de sus bienes se los quitaron sus propios parientes. Su Ángel le avisó una noche que era Voluntad de Dios que vendiera lo que le quedaba y lo diera a los pobres y parte al Templo de Jerusalén. Y así lo hizo, pero sus mismos parientes lo maltrataron, como si hubiera sido un derrochador de los bienes que les pertenecían a ellos en primer lugar. Por todo ello el Ángel le avisó que debía dejar Nazaret e irse a vivir a Jerusalén.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



martes, 22 de septiembre de 2026

SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA, Arzobispo de Valencia



                    Nació en Fuenllana (España), un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real, el año 1486. Era el primogénito de Tomás García y Lucía Martínez, “de los fijosdalgo más principales de Villanueva de los Infantes”. Tras él llegaron cinco hermanos más: Juan Tomás, que profesó en la Orden Agustina, García Castellanos, que fue el heredero; Alonso Tomás, que se dedicó a las labores del campo; Lucía, que murió joven; y otra hermana de nombre desconocido. La educación recibida de sus padres y su paso como alumno por el convento franciscano de Villanueva de los Infantes, marcaron en su alma una particular sensibilidad por los pobres. Más tarde, recibiría el título de “Limosnero de Dios” y “Arzobispo de los pobres”.

                    Los años en contacto con la Universidad de Alcalá, donde obtuvo el título de Maestro en artes, dejaron en Tomás una profunda huella humanística. De Alcalá pasó a Salamanca y aquí ingresó en el Convento de San Agustín, lugar de su profesión religiosa, que se celebró el 25 de Noviembre de 1517. Después de la Ordenación Sacerdotal -en 1518-, los Superiores le encomendaron distintas tareas de gobierno y los cargos se sucedieron uno tras otro como Prior, Provincial, Visitador… 

                    Su mayor empeño era la vida de las Comunidades y la observancia responsable de las normas. También promovió el envío de misioneros agustinos al Nuevo Mundo. Confesor y predicador del emperador Carlos V, fue deseo del monarca que al quedar vacante la sede de Valencia fuera propuesto -contra la voluntad de Santo Tomás- como Arzobispo de aquella diócesis mediterránea en 1544. Anteriormente había rechazado ser Arzobispo de Granada por lo que se sintió obligado a aceptar el mandato imperial. Al conocer la noticia el entonces General de la Orden, Jerónimo Seripando, felicitaba a Santo Tomás y a la diócesis valentina “que tendrá un pastor como lo describe San Pablo”.

                    Santo Tomás encontró una diócesis abandonada después de más de un siglo sin obispo residencial. Visitó una a una todas las parroquias, convocó un sínodo en 1548, adelantándose a Trento fundó en 1550 el Colegio-Seminario de la Presentación para atender la formación de Clero, asistió a los menesterosos e intentó la evangelización de los moriscos.

                    El Obispo agustino de Valencia vertía su formación universitaria en la predicación y en los escritos ascéticos y místicos. Sus fuentes preferidas eran la Sagrada Biblia, los Padres de la Iglesia (con atención especial a San Agustín) y los autores espirituales de la época.

                    Santo Tomás de Villanueva entregó su alma al Creador el 8 de Septiembre de 1555, tras una breve enfermedad; murió mientras celebraban la Santa Misa en su habitación; mientras el Celebrante consumía el Santísimo y Santo Tomás recitaba el versillo "in manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum" del Salmo 36. Su cuerpo, enterrado primero en la iglesia agustiniana del Socorro, fue trasladado a la Catedral de Valencia en 1658. 

                    Fue declarado Beato en 1618 por el Papa Pablo V y canonizado por el Papa Alejandro VII el 1 de Noviembre de 1688. Por su celo apostólico, su doctrina, su atención a los pobres y sus intuiciones pastorales, ha pasado a la Historia de la Iglesia como modelo de Obispo.



lunes, 21 de septiembre de 2026

SAN MATEO, Apóstol y Evangelista



                    Una vez más en la plaza de Cafarnaúm, pero en una hora de mayor calor en que el mercado ha terminado ya y solo hay algunas personas ociosas hablando y unos niños entregados al juego. Jesús, en medio de su grupo, viene del lago hacia la plaza, acariciando a los niños que le salen al paso e interesándose por sus confidencias... Ya han llegado a la plaza. Jesús va derecho al banco de la alcabala, donde Mateo está haciendo sus cuentas y comprobando si corresponden con las monedas (las cuales divide en categorías metiéndolas en bolsitas de distinto color y colocando éstas en un arca de hierro). Dos siervos esperan para transportar el arca a otro lugar. En el preciso momento en que la sombra proveniente del alto cuerpo de Jesús se extiende, Mateo levanta la cabeza para ver quién era el que se había retardado en ir a pagar. Pedro, mientras tanto, dice, tirando a Jesús de la manga: ―No tenemos nada que pagar, Maestro. ¿Qué haces?. Pero Jesús no le hace caso. Mira fijamente a Mateo, que se ha puesto de pie inmediatamente en actitud reverente. Otra segunda mirada perforadora, no obstante, ya no se trata de mirada del juez severo de la otra vez; es una mirada de llamada y de amor. Le envuelve, le llena de amor. Mateo se pone colorado. No sabe qué hacer, qué decir... 

                    Jesús ordena majestuosamente: ―Mateo, hijo de Alfeo, ha llegado la hora. Ven. ¡Sígueme!”. Mateo, sorprendido: ―¿Yo... Maestro? ¡Señor! ¿Pero sabes quién soy?... Lo digo por Ti, no por mí... Jesús repite con voz más dulce: ―Ven, y sígueme, Mateo hijo de Alfeo. Mateo: ―¡Oh! ¿Cómo es posible que haya alcanzado favor ante Dios?... ¿Yo... Yo...?. La tercera invitación es una caricia: ―Mateo, hijo de Alfeo, he leído tu corazón. Ven ¡Sígueme!. Mateo: ―¡Enseguida, mi Señor! y con lágrimas en los ojos, sale por detrás del banco, sin preocuparse siquiera por recoger las monedas esparcidas sobre él, ni de pedir la caja fuerte, ni de nada. Y cuando está cerca de Jesús le pregunta: ―¿A dónde vamos, Señor? ¿A dónde me llevas?. Jesús: ―A tu casa. ¿Quieres dar hospedaje al Hijo del hombre?. Mateo: ―¡Oh! Pero... pero ¿qué dirán los que te odian?. Jesús: ―Yo escucho lo que se dice en los Cielos, y allí se dice: «Gloria a Dios por un pecador que se salva», y el Padre dice: «Para siempre la Misericordia se levantará en los Cielos y se derramará sobre la Tierra, y, puesto que con un amor eterno, con un amor perfecto, Yo te amo, también contigo uso misericordia». Ven. Y que yendo Yo a tu casa, ésta se santifique además de tu corazón. Mateo: ―Yo la tenía purificada, por una esperanza que tenía en mi alma... que, no obstante, la razón no podía creer verdadera... ¡Oh, yo con tus santos...! y mira a los discípulos. Jesús: ―Sí, son mis amigos. Venid. Os uno y sed hermanos. 

                    Los discípulos están hasta tal punto estupefactos, que todavía no han encontrado la forma de decir palabra alguna. Detrás de Jesús y Mateo caminan en grupo por la plaza, que está completamente vacía de gente, y van por un estrecho paso de la calle que arde bajo sol abrasador. No hay ser viviente alguno en las calles, solo sol y polvo.

                    Entran en casa. Una hermosa casa con un amplio portal que se abre hacia fuera. Un hermoso atrio lleno de sombra y frescor, luego un pórtico ancho dispuesto como jardín. Mateo: ―¡Entra, Maestro mío! ¡Traed agua y bebidas!. Los criados corren a traerles. Mateo sale a dar órdenes, mientras Jesús y los suyos se refrescan. Regresa y dice: ―Ahora ven, Maestro. La sala está fresca... Ahora vendrán amigos... ¡Oh! ¡Quiero que se haga una gran fiesta! Es mi regeneración. Es la mía... ésta es la circuncisión verdadera... Me has circuncidado el corazón con tu amor... Maestro, es la última fiesta... No más fiestas para el publicano Mateo. No más fiestas mundanales... sola la fiesta interna de haber sido redimido y de servirte a Ti... de ser amado por Ti... cuánto he llorado... no sabía cómo hacer... quería ir... pero... ¿cómo ir a Ti?... ¿A Ti, santo... con mi alma sucia?. Jesús: ―Tú la lavabas con el arrepentimiento y caridad para Mí y para el prójimo. Pedro... ven aquí. 

                    Pedro que todavía no ha hablado, pues sigue tan estupefacto, da un paso adelante. Los dos hombres, igualmente ya de edad, de estatura baja, robustos, están frente a frente, y Jesús ante ellos, los mira con una hermosa sonrisa, y dice: ―Pedro, me has preguntado muchas veces quién era el desconocido de la bolsa de dinero que llevaba Santiaguito. Mírale. Le tienes frente a ti. Pedro: ―¿Quién?... Este lad... ¡Perdona, Mateo! Pero ¿quién podía pensar que eras tú, precisamente tú, nuestra desesperación —por la usura—, fueses capaz de arrancarte cada semana un pedazo de tu corazón, al dar ese rico óbolo?. Mateo: ―Lo sé. Injustamente os tasé. Pero mirad, me arrodillo ante todos vosotros y os digo: «¡No me arrojéis de vuestra presencia! Él me ha acogido, no seáis más severos que Él». 

                    Pedro, que está junto a Mateo, le levanta improvisadamente, a pulso, brusca pero cariñosamente: ―¡Vamos! ¡vamos! Ni a mí ni a los demás. Pídele perdón a Él. Nosotros... ¡bueno hombre!, más o menos somos ladrones como tú... ¡Ay! ¡Lo he dicho! ¡Maldita lengua! Pero es que yo soy así: lo que pienso, lo digo; lo que tengo en el corazón, lo tengo en los labios. Ven. Vamos a hacer un pacto de paz y de amor y besa a Mateo en las mejillas. Los otros también lo hacen con más o menos cariño. Digo así porque Andrés lo hace con reserva, debido a su timidez y Judas Iscariote se muestra frío...


Llamada de Jesús a Mateo para ser discípulo, 
extracto de "El Evangelio tal como me ha sido revelado", 
de la mística italiana María Valtorta, 
capítulo 97, 27 de enero de 1945



domingo, 20 de septiembre de 2026

DESDE EL VIENTRE DE MI MADRE TÚ ERES MI DIOS



Deus, Deus meus, respice in me: quare me dereliquisti? 
longe a salute mea verba delictorum meorum.

Deus meus, clamabo per diem, et non exaudies; 
et nocte, et non ad insipientiam mihi. 
Tu autem in sancto habitas, laus Israel.

In te speraverunt patres nostri; speraverunt, 
et liberasti eos. Ad te clamaverunt, et salvi facti sunt; 
in te speraverunt, et non sunt confusi.
Ego autem sum vermis, et non homo; 
opprobrium hominum, et abjectio plebis.

Omnes videntes me deriserunt me; locuti sunt labiis, 
et moverunt caput. Speravit in Domino, eripiat eum: 
salvum faciat eum, quoniam vult eum.
Quoniam tu es qui extraxisti me de ventre, 
spes mea ab uberibus matris meae.

In te projectus sum ex utero; de ventre matris meae 
Deus meus es tu: ne discesseris a me, quoniam tribulatio 
proxima est, quoniam non est qui adjuvet. 
Circumdederunt me vituli multi; tauri pingues obsederunt me.

Aperuerunt super me os suum, sicut leo rapiens et rugiens.
Sicut aqua effusus sum, et dispersa sunt omnia ossa mea: factum est 
cor meum tamquam cera liquescens in medio ventris mei.

Aruit tamquam testa virtus mea, et lingua mea adhaesit 
faucibus meis: et in pulverem mortis deduxisti me.

Quoniam circumdederunt me canes multi; concilium 
malignantium obsedit me. Foderunt manus meas et 
pedes meos; dinumeraverunt omnia ossa mea. 
Ipsi vero consideraverunt et inspexerunt me.

Diviserunt sibi vestimenta mea, et super vestem meam 
miserunt sortem. Tu autem, Domine, ne elongaveris auxilium 
tuum a me; ad defensionem meam conspice. Erue a framea, 
Deus, animam meam, et de manu canis unicam meam.

Salva me ex ore leonis, et a cornibus unicornium 
humilitatem meam. Narrabo nomen tuum fratribus meis; 
in medio ecclesiae laudabo te. Qui timetis Dominum, 
laudate eum; universum semen Jacob, glorificate eum.

Timeat eum omne semen Israel, quoniam non sprevit, 
neque despexit deprecationem pauperis, nec avertit 
faciem suam a me: et cum clamarem ad eum, exaudivit me.
Apud te laus mea in ecclesia magna; vota mea 
reddam in conspectu timentium eum.

Edent pauperes, et saturabuntur, et laudabunt Dominum 
qui requirunt eum: vivent corda eorum in saeculum saeculi. 
Reminiscentur et convertentur ad Dominum universi fines 
terrae; et adorabunt in conspectu ejus universae familiae gentium: 
quoniam Domini est regnum, et ipse dominabitur gentium.

Manducaverunt et adoraverunt omnes pingues terrae; 
in conspectu ejus cadent omnes qui descendunt in terram. 
Et anima mea illi vivet; et semen meum serviet ipsi.
Annuntiabitur Domino generatio ventura; et annuntiabunt 
caeli justitiam ejus populo qui nascetur, quem fecit Dominus.


Psalmi 22, Biblia Vulgata


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación 
y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, de día clamo y no respondes;
Y de noche, pero no hay para mí reposo.

 Sin embargo, Tú eres santo,
Que habitas entre las alabanzas de Israel.

En Ti confiaron nuestros padres;
Confiaron, y Tú los libraste.

A Ti clamaron, y fueron librados;
En Ti confiaron, y no fueron decepcionados.

Pero yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

Todos los que me ven, de mí se burlan;
Hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo:

Que se encomiende al Señor; que Él lo libre;
que Él lo rescate, puesto que en Él se deleita.

Porque Tú me sacaste del seno materno;
Me hiciste confiar estando a los pechos de mi madre.

A Ti fui entregado desde mi nacimiento;
Desde el vientre de mi madre Tú eres mi Dios.

No estés lejos de mí, porque la angustia 
está cerca, pues no hay nadie que ayude.

Muchos toros me han rodeado;
Toros fuertes de Basán me han cercado.

Ávidos abren su boca contra mí,
Como un león que despedaza y ruge.

Soy derramado como agua,
Y todos mis huesos están descoyuntados;
Mi corazón es como cera;
Se derrite en medio de mis entrañas.

Como un tiesto se ha secado mi vigor,
Y la lengua se me pega al paladar;
Me has puesto en el polvo de la muerte.

Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malhechores;
Me horadaron las manos y los pies.

Puedo contar todos mis huesos;
Ellos me miran, me observan.

Se reparten entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echan suertes.

Pero Tú, oh Señor, no estés lejos;
Fuerza mía, apresúrate a socorrerme.

Libra mi alma de la espada,
Mi única vida de las garras del perro.

Sálvame de la boca del león
Y de los cuernos de los búfalos; respóndeme.

Hablaré de Tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.

Los que temen al Señor, alábenlo;
Descendencia toda de Jacob, glorifíquenlo,
Témanlo, descendencia toda de Israel.

Porque Él no ha despreciado ni aborrecido la aflicción 
del angustiado, ni le ha escondido Su rostro;
Sino que cuando clamó al Señor, lo escuchó.

De Ti viene mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos cumpliré delante de los que le temen.

Los pobres comerán y se saciarán;
Los que buscan al Señor, lo alabarán.
¡Viva para siempre el corazón de ustedes!

Todos los términos de la tierra se acordarán 
y se volverán al Señor, y todas las familias 
de las naciones adorarán delante de Ti.

Porque del Señor es el reino,
Y Él gobierna las naciones.

Todos los grandes de la tierra comerán y adorarán;
Se postrarán ante Él todos los que descienden al polvo,
Aun aquel que no puede conservar viva su alma.

La posteridad le servirá;
Esto se dirá del Señor hasta la generación venidera.

Vendrán y anunciarán Su justicia;
A un pueblo por nacer, anunciarán que Él ha hecho esto.




sábado, 19 de septiembre de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, LAS LÁGRIMAS POR EL PECADO DEL MUNDO



               "La Santísima Virgen lloró durante casi todo el tiempo que me habló. Sus lágrimas fluían lentamente, una a una, hasta Sus rodillas… y luego, como chispas de luz, desaparecían. Eran brillantes y llenas de amor. Yo hubiera querido consolarla y que no llorara. Pero me parecía que necesitaba mostrar Sus lágrimas para demostrar mejor su amor olvidado por los hombres. 

                Las lágrimas de Nuestra tierna Madre, lejos de debilitar Su aire majestuoso de Reina y Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más amable, más radiante. Los ojos de la Santísima Virgen, Nuestra tierna Madre, no pueden describirse con lenguaje humano. Haría falta un serafín para hablar de ellos, haría falta el lenguaje mismo de Dios, de Dios que formó a la Virgen Inmaculada, Obra Maestra de Su Poder. 

                Los ojos de la augusta María parecían mil y mil veces más hermosos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas. Eran como la Puerta de Dios, a través de la cual se veía todo lo que puede encantar el alma... bastarían para ser el Cielo de un bienaventurado; bastaría para hacer entrar a un alma en la plenitud de la Voluntad del Altísimo, entre todos los acontecimientos que se suceden en el curso de la vida; bastaría para impulsar a un alma a continuos actos de alabanza, de acción de gracias, de reparación y de expiación..."


Declaración de Mélanie Calvat, recogida por el Padre Fray Pie Raymond Régamey O.P.
en “Les plus beaux textes sur la Vierge”


                   Sucedió este gran acontecimiento en una meseta montañosa al sudeste de Francia, cerca del poblado de La Salette. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y la joven Melania Mathieu, de quince años, estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días. 

                   Según el propio Relato de Melania: El día 18 de Septiembre de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola, como siempre, cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacia mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero él, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de él, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.




                   Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Ángelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

                  Al día siguiente, Sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero sí un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

                   Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella está viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.

                    La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre Sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De Su cuello colgaba una cadena con un Crucifijo. Sobre la barra del Crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De Su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En Sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre Sus mejillas. Una luz más brillante que el Sol pero distinta a éste le rodeaba.

                      Le dijo a los jóvenes que la mano de Su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las Leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el Invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la Religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de Mi Hijo sea más pesada".

                    La Santísima Virgen continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el Nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se podrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría.

                   La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos Míos?" Respondieron los dos: "¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos Míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

                   Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo Mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.

                   Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.




                   A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al Párroco. Era un Sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del Domingo siguiente habló de la visita de la Señora y Su petición. Cuando llegó a oídos del Obispo que el Párroco había hablado sobre la Aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro Sacerdote.

                   Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

                   Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a Misa. Las tiendas fueron cerradas los Domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el Día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.


EL SECRETO DE LA SALETTE
Última redacción hecha por la vidente Melanie Calvat
Autorizada por el Obispo de Lecce, Mons. Zola en 1879


                      Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858. 

              Los Sacerdotes, Ministros de Mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los Santos Misterios por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza, sí, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los Sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno a favor del mundo. 

               Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la Tierra!. Dios va a derramar Su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. 

              Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de 35 años. 

               La Sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la Cólera de Dios. 

               Que el Vicario de Mi Hijo, el soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. 

               Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble, y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo. 

               Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la Verdadera Religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. 

               Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.  

               En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán a muchísimas almas. 

               Los libros malos abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá Iglesias para servir a esos espíritus. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la Verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. Ay de los Príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, poner en salvo su autoridad y a dominar con orgullo!. 

               El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. 

               Dado el olvido de la Santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia sin amor por la patria y por la familia. 

               El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el Triunfo de la Iglesia de Dios. 

               Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.




               En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra. 

               Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; enseguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia, se matarán, se asesinarán mutuamente aún dentro de las casas. 

               Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se verá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán Mi ayuda y mi intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de Justicia y de Su Gran Misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles que mueran todos sus enemigos. 

               De golpe los perseguidores de la Iglesia de Cristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la Tierra quedará como un desierto. Entonces será la Paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el Temor de Dios.

               Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la Tierra. 

              Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un Dios. 

               La Tierra será castigada con todo género de plagas; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la Santa Iglesia; los hijos de la Fe, Mis verdaderos imitadores, creerán en el Amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo!. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad. 

               La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes, temblad, Tierra y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregarlos a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo. 

               Durante este tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra, será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él, demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de 12 años llamará la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno en la cabeza de los ejércitos, asistidos por las legiones del infierno. 

              Se cambiarán las estaciones. La Tierra no producirá mas que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc. 

               Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo. 

               Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la Verdad. 

               Yo dirijo una apremiante llamada a la Tierra; llamo a los verdaderos Discípulos del Dios que Vive y Reina en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero salvador de los hombres; llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo.

               Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la Gloria de Dios y de la Honra de Jesucristo. Pelead, Hijos de la Luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

               La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo. 

               Ay de los habitantes de la Tierra!. Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte, y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes ¿quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del Cielo y consumirá tres ciudades; el Universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al Verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo; El sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

               He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la Bestia con sus súbditos, llamándose el Salvador del Mundo. Se retomará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la Tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego; será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. 

               Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.