domingo, 22 de febrero de 2026

CUARTO DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...PARA QUE SE DESCUBRAN LOS PENSAMIENTOS DE MUCHOS CORAZONES"

  

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...Éste ha sido puesto como signo 
de contradicción para que se 
descubran los pensamientos 
de muchos corazones...  


INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Cuarto DolorLa Profecía de Simeón, al predecir los sufrimientos de Jesús y María. 

"Simeón los bendijo, y dijo a María, Su Madre: Mira, Éste ha sido puesto como signo de contradicción para que se descubran los pensamientos de muchos corazones" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 34-35).

          -Cuarta AlegríaLa predicción de la Salvación y la gloriosa resurrección de innumerables almas. 

"Porque han visto mis ojos tu salvación, la que preparaste ante todos los pueblos; luz para iluminar a las naciones" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 30-31)



ORACIÓN

               Oh Santo fidelísimo, que tuviste parte en los Misterios de nuestra Redención, Glorioso San José; aunque la Profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María te causó dolor mortal, sin embargo te llenó también de alegría, anunciándote al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

               Por este Dolor y por este Gozo consíguenos ser del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




sábado, 21 de febrero de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Trono de Sabiduría


“Yo, la sabiduría, habito 
en el consejo y estoy presente 
en los pensamientos sabios” 


Proverbios, cap. 8, vers. 12



                    La Sabiduría es el don más precioso del Espíritu Santo, pues es propiamente fruto de la Caridad, el tesoro más excelente que se puede poseer en esta vida.

                    Este Santo Don consiste en la disposición de nuestra mente para considerar y regular todas las cosas a la luz de la Ley Divina. Muchos dedican mucho tiempo a perfeccionarse en las ciencias humanas o las artes liberales. Trabajan día y noche para tener éxito en sus proyectos artísticos o científicos. Otros, entregados a la maldad, emplean toda su diligencia en encontrar ocasión para pecar con impunidad. Pero para conocerte, oh Dios mío, para discernir sabiamente entre Tus caminos que conducen a la Vida y los peligrosos caminos del mundo, no hay necesidad de tanto estudio ni de un trabajo tan arduo: un corazón recto, animado por Tu Gracia, es todo lo que se requiere, pues «la unción de Tu Espíritu le enseña todas las cosas».

                    El hombre que es enseñado por el Espíritu Santo se vuelve espiritual, es decir, su entendimiento es iluminado y sus emociones reguladas de tal manera, que “juzga todas las cosas”, no sólo discerniendo el bien del mal y la verdad de la falsedad, sino también ordenando cada una de sus acciones en referencia a su fin último, que es la consecución de la Vida Eterna.

                    Así como María poseía en grado sublime la virtud de la Caridad, de igual manera estaba adornada con el precioso don de la Sabiduría. Podía discernir, como por instinto, las cosas del Cielo de las del mundo, y dirigía todas Sus acciones hacia Dios con esa pureza de intención propia de las almas embriagadas de Amor Divino. Esta Sabiduría llenaba Su Alma de una dulzura incomparable y comunicaba a todas Sus acciones exteriores una dulzura celestial, pues de esta virtud está escrito que «su conversación no tiene amargura, ni su compañía tedio, sino alegría y gozo».

                    La verdadera Sabiduría lleva la impronta de siete cualidades sobrenaturales, que son, por así decirlo, otros tantos pilares sobre los que se asienta. Santiago describe así estas siete cualidades: «La Sabiduría que viene de lo alto -dice- es primeramente casta, luego pacífica, modesta, fácil de persuadir, consiente en lo bueno, llena de misericordia y buenos frutos, sin juzgar, sin disimulo».

                    Tales eran los apoyos sobre los que reposaba en María el precioso don de la Sabiduría. Como una torre majestuosa que se yergue hacia el Cielo, firme y fuerte, esta Virgen incomparable, llena de Sabiduría Divina, mantenía Su Espíritu constantemente elevado hacia las regiones sobrenaturales, donde contemplaba con agradecido asombro las palabras del Altísimo. Sus pensamientos estaban continuamente en el Cielo, donde, junto con los espíritus bienaventurados, adoraba los caminos del Señor para con Ella, conformándose en todo a Su Beneplácito. «¡La Sabiduría se ha construido una casa, ha labrado sus siete columnas!».

                    Así como la Sabiduría Celestial es hermosa y resplandeciente, tanto más lo es la sabiduría terrenal, a la que Santiago no duda en llamar «sensual, diabólica», oscura y desagradable. Esta sabiduría mundana está llena de celo, pero un celo venenoso, que siembra discordia y problemas por doquier. Busca las seducciones del sentido común; es altiva y arrogante, propensa a juzgar y pesar en la balanza de la malevolencia las acciones del prójimo; está llena de hipocresía y engaño; su fin es encender por doquier la llama de la discordia; conduce irremediablemente a la ruina eterna.

                    Así como el día difiere de la noche y la vida de la muerte, así también la Sabiduría Celestial difiere de la sabiduría de este mundo. A esta última se le pueden aplicar las palabras del Libro de Proverbios: «Hay camino que al hombre le parece justo, pero su fin lleva a la muerte».

                    Pidámosle a Dios que nos libre de tan gran mal. Roguémosle que llene nuestros corazones con el precioso don de la Sabiduría Celestial.

                    San Bernardo, el gran Doctor de la Iglesia y, como se le llama, el último de los Padres, fue famoso por la santidad de su vida y el esplendor de su doctrina. De modo especial, aventaja a todos los escritores sagrados por la dulzura y unción con que trata la grandeza y las prerrogativas de la Gloriosa Madre de Dios. Nació en Fontaine, Borgoña, en 1091, de padres piadosos y nobles, que le dieron una buena educación cristiana. Así, desde su juventud, llevó una vida virtuosa, llena de obras de Caridad.

                    Un año, en la Noche de Navidad, fue favorecido con una visión celestial. El Divino Niño se le apareció y se dignó instruirlo en el glorioso Misterio de la Encarnación, que la Iglesia celebra en esa época. De esta visión surgió en él esa tierna devoción y ardiente amor por la Madre de Dios, que el Santo luego infundió en los corazones de muchos, a través de los sermones que escribió en Su Honor. Nuestra Señora no dejó de corresponder a este amor de Bernardo por Ella mostrando una predilección especial por Su fiel sirviente. Le concedió favores extraordinarios. Y así, esta devoción a la Reina del Cielo, que es fuente de gran fruto para las almas, produjo en el corazón de San Bernardo este resultado: le hizo comprender que la sabiduría del mundo es locura ante Dios. Así, a la edad de veintidós años, dejó el hogar paterno y pidió ser admitido en la Orden Cisterciense.

                    Tan grande fue su fervor al consagrarse a Dios, que persuadió a muchos de sus parientes y conocidos a seguirlo en la vida religiosa, lo cual hicieron, aunque previamente se habían opuesto a su decisión. En religión, demostró ser un ejemplo perfecto de todas las virtudes. Al ser puesto al frente de su monasterio, restauró la disciplina y fundó numerosas abadías en las que se mantuvo la observancia regular durante mucho tiempo.

                    Como San Bernardo era muy dado al estudio de las Sagradas Escrituras y a la meditación de las Verdades Eternas, adquirió tal riqueza de conocimiento que mereció ser contado entre las luces más brillantes de la Iglesia. Los Romanos Pontífices le confiaron en repetidas ocasiones importantes y delicadas misiones, como pacificar las ciudades y reprimir el vicio y el desorden, todas las cuales el Santo llevó a cabo con éxito con la ayuda de María.

                    Finalmente, agotado por el cansancio y las excesivas penitencias, exhaló pacíficamente su alma hacia Dios, el día veinte de Agosto de 1174, a los sesenta y tres años de edad.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


viernes, 20 de febrero de 2026

ME MIRÁIS CON OJOS DE TERNURA


Et ait illis: Quid vultis mihi dare, et ego vobis eum tradam?
At illi constituerunt ei triginta argenteos

(St. Matthaeus 26, 15)




                    Entonces los pontífices y fariseos juntaron un consejo y dijeron, "¿Qué hacemos?, porque este hombre hace muchos milagros" (Evangelio de San Juan, cap. 11, vers. 47). Mientras que Jesús se ocupaba en derramar gracias y obrar milagros en beneficio de todos, los principales personajes de la ciudad maquinaban la muerte del Autor de la Vida. 

                    Caifás, el impío pontífice, dijo: "Conviene que muera un solo hombre por el bien del pueblo y no perezca toda la nación" (Evangelio de San Juan, cap. 11, vers. 50). Y desde aquel día, prosigue diciendo San Juan, no pensaban sino en el medio de hacerle morir. Malvados judíos , no temáis, que no huirá este vuestro Redentor, pues de propósito ha venido al mundo a morir, y con Su Muerte libraros a vosotros y a todos los hombres de la muerte eterna. 

                    Mientras que los pontífices deliberaban , se presenta Judas y les dice: "¿Qué queréis darme y yo lo pondré en vuestras manos?" (Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 15). Grande debió ser la alegría que se hubo de apoderar de los judíos, de estos malvados enemigos de Cristo, al ver que uno de Sus mismos discípulos se disponía a hacerle traición y a entregarlo en sus manos. Esta su alegría sería trasunto de aquella otra que debe haber en el Infierno cuando un alma que ha estado al servicio de Cristo lo abandona y le hace traición por un vil interés, por un placer emponzoñado. 

                    Pero mira, Judas, ya que estás dispuesto a vender a tu Dios, pide al menos el precio de Su valor: es un Bien infinito; Su precio, por consiguiente, debe ser infinito. Pero tú, ¿cierras la venta en treinta monedas de plata?. Alma mía infortunada, olvídate por un momento de Judas y piensa en tí misma; dime, ¿a qué precio has vendido tantas veces al Demonio la Gracia de Dios?. 

                    ¡Oh Jesús mío!, vergüenza me da comparecer en Vuestra presencia cuando me acuerdo de las injurias que os he hecho. ¡Cuántas veces os he menospreciado por un antojo, por un momentáneo y vil placer!. Bien sabía yo que pecando perdí Vuestra amistad, y voluntariamente he renunciado a ella por una nonada. ¡Ojalá hubiera muerto antes que haberos causado tan grande ultraje!. Jesús mío, me arrepiento de ello con toda mi alma y quisiera morir de dolor. 

                    Admiremos aquí la Benignidad de Jesucristo. No ignora el diabólico complot que acaba de hacer Judas, y, sin embargo, no lo despide de su compañía ni le mira con indignación, sino que lo admite por amigo y lo sienta a Su mesa; y si le habla de su infame traición, es para que entre en sí mismo; y cuando lo ve obstinado en la maldad, Se humilla en su presencia y Se rebaja hasta lavarle los pies para ablandar su corazón. ¡Oh Jesús mío!, veo que lo mismo hacéis conmigo; os he despreciado, os he hecho traición, y, sin embargo, no me habéis negado Vuestra amistad; me miráis con ojos de ternura y me admitís a Vuestro Eucarístico Banquete. ¿Por qué, amadísimo Salvador, no he correspondido siempre a Vuestro cariño?. ¿Cómo podré en adelante alejarme de Vos y renunciar a Vuestro Amor?.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia,
 sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo




jueves, 19 de febrero de 2026

EL SACERDOTE, UNIDO A DIOS POR LA SANTIDAD, por el Padre Réginald Garrigou-Lagrange, O.P.



                    El Sacerdocio es tanto más excelente cuanto el Sacerdote está más unido: 1) con Dios; 2) con una Víctima más pura, de más valor y más consumida; 3) con el Pueblo por el que el Sacrificio se ofrece. Este fundamento brota de la misma definición de Sacerdote mediador entre Dios y los hombres para ofrecer sacrificios. El Sacerdote, por tanto: 1) Debe estar unido a Dios por la Santidad, a fin de suplir las deficiencias en la adoración de los Fieles, en la oración, reparación y acción de gracias. 2) Tanto más perfecto es el Sacerdocio cuanto la Víctima ofrecida en sacrificio es más pura, de más alto valor -para expresar la pureza del alma arrepentida- y más se consume la Víctima, expresando la elevación de toda el alma a Dios (1)

                    Asimismo por razón de la Víctima es más perfecto el Sacerdocio en el que más se unifican Sacerdote y Víctima, ya que la oblación e inmolación exterior de la Víctima son signos de la oblación e inmolación interior del corazón del Sacerdote, como se dice en el Salmo (Salmo 51, vers. 18): «Porque no es sacrificio -externo- lo que Tú quieres; si no Te lo ofrecería: ni quieres tampoco holocaustos. El sacrificio grato a Dios es un corazón contrito. Tú, ¡oh Dios!, no desdeñas un corazón contrito y humillado». Por eso Dios no aceptó el sacrificio, puramente externo, de Caín. 3) Es más perfecto el Sacerdocio en el que el Sacerdote está más unido con el Pueblo, y mayor cuanto más numeroso, pues el Sacerdote, como mediador de los hombres para ofrecer sacrificios a Dios, debe unificar las oraciones todas de los Fieles, las súplicas, las reparaciones, la acción de gracias, en una elevación de la mente a Dios, que sea como el alma de la oración de todo el pueblo. 

                    Por tanto, el Sacerdocio es tanto más perfecto cuanto más íntimamente se une con un Pueblo más numeroso. Tal Sacrificio es entonces más agradable a Dios y su efecto es más universal. Así sucedía cuando el Santo párroco Juan María Vianney ofrecía el Sacrificio por su pueblo y por los numerosos Fieles llegados en peregrinación. La prueba de este principio es sumamente fácil, aplicado al Sacerdocio de Cristo. Su altísima perfección resplandecerá de tal modo que no puede concebirse otro más perfecto.

                    Cristo, en efecto, como Sacerdote, no sólo es más Santo que todos los otros sacerdotes, sino que Es la misma Santidad, es el Verbo de Dios encarnado. Es Santo también como hombre, primordialmente por la gracia increada de la unión con el Verbo, por la que se consagra Su Humanidad. Por su parte, la Santidad formal y primaria de Cristo no es adquirida, sino innata; no es accidental, sino substancial; no es creada, sino increada. Las acciones humanas sacerdotales de Cristo son teándricas por razón de la Persona Divina del Verbo. De ahí que tuvieran por sí mismas un valor infinito para merecer y satisfacer y, hoy, para adorar y dar gracias. No bastaba la Gracia capital para conferir este valor infinito, por ser una gracia habitual creada. Aún más: Cristo es Santo por la plenitud de la Gracia habitual y de la Caridad creadas. 

                    Ahora bien, en Cristo, dado el Poder absoluto de Dios, la Gracia habitual creada y la Caridad podían aumentar; por el contrario, la Gracia de la unión hipostática no puede ser mayor. Se confirma así que el Sacerdocio de Cristo -no cabe concebir otro más perfecto- se constituye formalmente por la gracia de unión. 

                    Finalmente, Cristo tenía la potestad de excelencia para instituir los Sacramentos y el Sacerdocio indefectible hasta el Fin del Mundo. Por razón de la Santidad o Unión indefectible con Dios, el Sacerdocio de Cristo no puede ser más perfecto, ya que no puede darse una gracia mayor que la de Unión, aunque, dado el Poder absoluto de Dios, podrían darse una Gracia habitual y Caridad mayores que las que recibía el Alma Santísima de Cristo.   


Extraído de "La unión del Sacerdote con Cristo, Sacerdote y Víctima"
por el Padre Réginald Garrigou-Lagrange, O.P. 


NOTAS

                    1) Así vemos que por parte de la víctima el más perfecto de todos los sacrificios de la Antigua Ley fue el sacrificio de Abraham, ofreciendo a su hijo muy amado, quien, como figura de Cristo, se entregó obedientemente, sin resistencia alguna, antes bien orando y alabando a Dios. 



miércoles, 18 de febrero de 2026

MIÉRCOLES DE CENIZA

  

Memento homo, quia pulvis es 
et in pulverem reverteris

Libro del Génesis, cap. 3, vers. 19 


              "La observancia del ayuno en la Cuaresma es el vínculo de nuestra milicia; es por ello que nos distinguimos de los enemigos de la Cruz de Jesucristo; es a través de él que se quitan los azotes de la ira divina; es a través de él que, protegidos por la ayuda celestial durante el día, nos fortalecemos contra los príncipes de las tinieblas. Si se relajara esta observancia, sería en detrimento de la Gloria de Dios, en deshonra de la Religión Católica y en peligro de las almas Cristianas; y sin duda, esta negligencia se convertiría en fuente de desgracias para las personas, de desastres en los asuntos públicos, de desgracias para los individuos..."


(Papa Benedicto XIV, Encíclica "Non Ambigimus30 de Mayo de 1741)



                      Antiguamente, en el día de hoy, aquellos fieles que habían causado escándalo público, se postraban humildemente en tierra en presencia del resto de cristianos, cubriendo su cabeza con cenizas. Edificados por tal ejemplo de humilde arrepentimiento, muchos quisieron imitarles; al fin la Iglesia extendió esta imposición a los que quisieran; y esta práctica ha sustituido, a pesar de haber sido suprimida la penitencia pública que fue su origen ocasional. 

               Hoy es el principio de las penitencias cuaresmales, a semejanza de los cuarenta días de ayuno que Nuestro Señor practicó antes de comenzar su vida pública. La Santa Iglesia nos impresiona saludablemente imponiendo sobre nuestras cabezas la ceniza bendecida; nos recuerda que venimos del polvo y que nuestro cuerpo se deshará en ceniza después de la muerte.

                Para completar la lección sobre la nada de las glorias humanas, conviene saber que la ceniza de hoy se obtiene quemando los olivos, palmas y laureles bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.

               "...el ayuno ha sido siempre alimento de la virtud. Es la fuente de los castos pensamientos, de las resoluciones prudentes, de los saludables consejos. Por la mortificación voluntaria, muere la carne a los deseos de la concupiscencia, el espíritu se renueva en la virtud. Mas, como el ayuno no es suficiente para lograr la salud de nuestras almas, suplamos lo que falte, con obras de misericordia hacia los pobres. Concedamos a la virtud lo que quitamos al placer; para que la abstinencia del que ayuna, sirva al pobre de alimento." 


(Papa San León)


LA LEY DEL AYUNO


               La Ley del Ayuno obliga a todos los Fieles no excusados ​​o exentos, cuya edad esté comprendida entre los 21 años y el inicio de los 60 años. La abstinencia de carne obliga a los niños a partir de los 7 años. 

               El ayuno consiste en hacer una sola comida al día, pero se toleran dos pequeños refrigerios, que los teólogos limitan a 60 gramos por la mañana y 250 gramos por la noche.


CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO
(pío-benedictino, de 1917)


Canon 1250 

                La ley de la abstinencia prohíbe comer carne y caldo de carne, pero no prohíbe comer huevos, lacticinios y cualesquiera condimentos, aunque sean de grasa de animales.

Canon 1251

               1 La ley del ayuno prescribe que no se haga sino una sola comida al día; pero no prohíbe tomar algún alimento por la mañana y por la tarde, con tal que se observe, respecto de la cantidad y la calidad, la costumbre aprobada en cada lugar.

               2 Tampoco está prohibido mezclar carne y pescado en la misma comida; ni cambiar la colación de la noche con la comida del mediodía.

Canon 1252

                1 La ley de sola la abstinencia se ha de observar todos los viernes del año.

                2 Obliga la ley de la abstinencia con ayuno el miércoles de Ceniza, los viernes y sábados de Cuaresma y los tres días de las Cuatro Témporas, las vigilias de Pentecostés, de la Asunción de la Madre de Dios, de la fiesta de Todos los Santos y de la Natividad del Señor.

Canon 1253

                Estos cánones no cambiarán los indultos particulares, los votos de cualquier persona física o moral, las constituciones y reglas de cada religión o instituto aprobado, tanto de hombres como de mujeres, que lleven vida en común, incluso sin realizar votos).

Canon 1254

                1 Están obligados a guardar abstinencia cuantos hayan cumplido los siete años de edad.

                2 Obliga la ley del ayuno a todos desde que han cumplido veintiún años de edad hasta que hayan comenzado los sesenta.




martes, 17 de febrero de 2026

ABRE BIEN TUS OJOS Y MIRA EL ROSTRO DE JESÚS; Festividad de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo



                    La Fiesta de la Santa Faz se celebra hoy, Martes previo al Miércoles de Ceniza: así lo pidió el Cielo y de esta manera lo confirmó el Papa Pío XII el 17 de Abril de 1958; autorizó además, el mismo Pontífice, la Misa de la Santa Faz de Jesús, para todas las diócesis y órdenes religiosas que pidiesen el Indulto de Roma para celebrarla. Las Revelaciones privadas que recibiera la carmelita Sor María de San Pedro a mediados del siglo XIX, así como posteriormente la Madre María Pierina de Micheli, en la década de 1930, habían sido la antesala de esta aprobación de la Iglesia al culto de la Santa Faz de Nuestro Señor.

                    Históricamente, el origen de la devoción a la Santa Faz es el culto tributado al Divino Rostro de Nuestro Señor; se remonta al memorable día del Viernes Santo, cuando cargado con la Cruz, Nuestro Señor ascendía a la cima del Gólgota; la piadosa tradición nos ha enseñado que Verónica, al ver pasar a Jesús camino del Calvario se acercó a él pasando entre los soldados y le enjugó el Rostro con su velo, en el que quedó su Santa Faz impresa de forma milagrosa. 

                    En la Edad Media, la devoción por la Santa Faz de Nuestro Señor, pasará a la posteridad como la VI estación del Vía Crucis, impulsada por los Franciscanos, cuyo Superior General, San Buenaventura, el "Doctor seráfico",  dedicaría profundos elogios y súplicas sobre el Rostro de Cristo. En esa misma época, grandes místicas como Santa Gertrudis y Santa Matilde conocieron y divulgaron tan piadosa vía de santificación.

                    La tradición del velo de la Verónica, aquél bendito lienzo donde se imprimió el Rostro de Jesús, inspiró a muchas almas para forjar una profunda espiritualidad, que tuvo sus inicios en Francia; ese fervor se transmitiría y crecería con los siglos, hasta tiempos actuales, donde el auge devocional sería manifiesto en el siglo XIX, por el fecundo apostolado de León Papin Dupont. Este caballero nacido en la isla de la Martinica, se encendió en la devoción hacia el Rostro de Cristo tratando con una tornera carmelita, Sor María de San Pedro, del Monasterio de Tours, gran devota de la Santa Faz y que al parecer tuvo revelaciones privadas al respecto entre 1844 y 1847. Dupont, viudo a los 46 años, y habiendo perdido también a su única hija, consagró su vida a la oración y a las obras de misericordia. Tres años después de la muerte de  la monja carmelita, Dupont se consagró al apostolado de la Santa Faz. Erigió un oratorio en su casa donde se veneraba una reproducción de la Santa Faz de Roma; el piadoso varón mantenía una lámpara de vigilia, encendida día y noche ante una imagen de la Santa Faz.

                    Lo que empezó como una empresa privada, gracias al entusiasmo y a la vida cristiana de piedad y virtud de su promotor, se convirtió en centro de espiritualidad y de reforma de vidas. Multitud de personas visitaban y escribían a la casa de Dupont y él las atendía bajo el cuadro de la Santa Faz hablándoles del amor de Dios y de la necesidad de reparación. 

                    En 1851, Dupont fundó la Archicofradía de la Santa Faz en Tours pero muy pronto se extendió por toda Francia; el 26 de Abril de 1885, Luis Martín (Padre de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz) inscribió a toda su familia en dicha Cofradía, por lo que se entiende que Santa Teresita al entrar en la vida religiosa, tomara dicha devoción como parte de su nombre como esposa de Cristo.




SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS
Y SU DEVOCIÓN POR LA SANTA FAZ

                    "Comprendí como nunca dónde se encuentra la gloria verdadera... Aquel, cuyo reino no es de este mundo, me evidenció que la única realeza codiciable consiste en querer ser desconocido y estimado en nada, en poner nuestro contento en el propio menosprecio. ¡Ah! Deseaba que mi rostro ,como el de Jesús, estuviera escondido a todos los ojos, que nadie me conociera en el mundo; amaba el padecer y el ser olvidada… ¡Qué gracias me ha concedido la Santa Faz en mi vida!...

                    ¡Jesús! Tu imagen inefable es el astro que guía mis pasos. Tú lo sabes bien. Tu dulce Rostro es aquí en la tierra mi paraíso. Mi amor descubre los encantos de Tus ojos embellecidos por el llanto. 

                    Cuando contemplo Tus dolores sonrío a través de mis lágrimas. Deseo vivir ignorada y solitaria para consolar Tu belleza; esa belleza que se oculta en Tu Faz bajo el misterio del dolor y que tan fuertemente me atrae a Ti. 

                    Tu Faz es mi sola patria; Ella es mi Reino de Amor, mi prado risueño, mi dulce sol de cada día. Ella es el lirio del valle, cuyo perfume misterioso consuela mi afligida alma y le hace gustar la paz de los Cielos. Ella es mi reposo, mi dulzura y mi melodiosa lira. 

                    Tu Rostro, dulce Salvador, es el divino ramillete de mirra que yo quiero guardar en mi corazón. Tu Faz es mi sola riqueza, no quiero nada fuera de ella. 

                    Jesús yo me asemejaré a Ti, y oculta entre los pliegues del velo de la Verónica, atravesaré la vida desapercibida de las criaturas". 


Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz



lunes, 16 de febrero de 2026

BEATA FELIPA MARERI



                    Felipa nació, a finales del siglo XII, hacia el año 1195, de la noble familia de los Mareri, en el castillo de su propiedad situado en San Pietro de Molito, hoy Borgo San Pietro, provincia de Rieti. La Baronía de la familia Mareri se afianzó en el Cicolano a finales del siglo XII desde el castillo del que tomó su nombre. El fundador del linaje fue Felipe, que tuvo al menos cuatro hijos: Tomás, Gentil, Felipa y otra hija cuyo nombre desconocemos. El mayor incremento de la fama y fortuna de la familia se debió a Tomás, que fue un alto funcionario del emperador Federico II.

                    Orientada hacia la vida de perfección por San Francisco de Asís en los años 1221-1225, cuando el Santo, peregrino por el Valle de Rieti, se hospedaba en casa de sus padres, Felipa tomó de joven la decisión de consagrarse a Dios, y se mantuvo con tal firmeza en su propósito, que no consiguieron doblegar su voluntad ni las presiones de los parientes, ni las amenazas de su hermano Tomás, ni las ofertas y requerimientos de sus pretendientes.

                    Ante la actitud de sus familiares, Felipa, como años antes Clara de Asís, huyó de la casa paterna, y junto con su hermana y algunas compañeras se refugió en una gruta de los montes cercanos a su castillo, ahora llamada «Gruta de Santa Felipa», que adaptó con austeridad para sus fines y donde permaneció hasta que sus hermanos Tomás y Gentil, con acta notarial de fecha 18 de Septiembre de 1228, le dieron el castillo de su propiedad de San Pietro de Molito y la antigua iglesia benedictina aneja. Allí se trasladaron Felipa y sus seguidoras, y en seguida comenzaron a organizar su vida claustral siguiendo la forma de vida y las normas que San Francisco había dado a Santa Clara y a sus Hermanas del Monasterio de San Damián en Asís. El mismo San Francisco encomendó a uno de sus primeros compañeros, el Beato Rogerio de Todi, la dirección espiritual de la Beata y de las clarisas del monasterio por ella fundado. A tal fin, Rogerio se trasladó al valle de Rieti, y allí permaneció, cumpliendo su misión, hasta la muerte de la Beata Felipa.

                    Este monasterio, bajo la guía de la Beata Felipa, maestra de vida espiritual, y con el asesoramiento del Beato Rogerio, hombre de gran fervor y no menor prudencia, se convirtió pronto en escuela de santidad. Ciertamente, la ocupación principal de la comunidad monástica era el culto y la alabanza de Dios, la vida litúrgica, la lectura y estudio de la Sagrada Escritura, la oración y contemplación. Pero, al mismo tiempo, el trabajo era tenido en gran consideración, lo mismo que el servicio a los pobres y el apostolado. En el monasterio se preparaban medicinas que luego se distribuían gratuitamente a los enfermos pobres. El fervor de la caridad en las palabras y en las obras, así como el estilo de vida de aquellas clarisas, con Felipa a la cabeza y todas siguiendo la estela del Santo de Asís, hicieron revivir la vida evangélica en el Valle de Rieti, como antes había sucedido en el Valle de Espoleto.

                    La Beata Felipa Mareri murió en su monasterio, el 16 de Febrero de 1236, en olor de Santidad, con fama de perfecta esposa de Jesucristo. Pronto su tumba se convirtió en meta de peregrinaciones y empezaron a multiplicarse las gracias y los favores extraordinarios de Dios obtenidos por mediación de la Beata. Cuando en 1706 se hizo el reconocimiento de sus restos mortales, se vio que su corazón permanecía incorrupto, y se conserva aún hoy en un relicario de plata. El Papa Inocencio IV, en una Bula de 1247, da a Felipa el título de "Santa". Pero fue el Papa Pío VII quien, por Bula del 30 de Abril de 1806, confirmó su culto inmemorial y aprobó la Misa y Oficio en su honor.



domingo, 15 de febrero de 2026

CENTENARIO DE LA APARICIÓN DEL NIÑO JESÚS A SOR LUCÍA

 


               Tal día como hoy, el 15 de Febrero de 1926, el Niño Jesús se aparecía a Sor Lucía, -la que fuera vidente de Nuestra Señora en Fátima- en el patio de la casa de las Hermanas Doroteas de Pontevedra (España); allí había ingresado como religiosa dorotea en 1921. Apenas unas semanas antes, el 10 de Diciembre de 1925, la Virgen se apareció también a la joven religiosa pidiéndole que extendiera la Devoción de los Cinco Primeros Sábados de mes.

               Dicha Aparición de 1926 en Pontevedra no se entiende sin explicar que Sor Lucía, desde hacía unos meses, se encontraba con un niño en las cercanías del Convento. Y entonces, el 15 de Febrero, Sor Lucía volvió a encontrarse con el pequeño y le preguntó si se había aprendido las oraciones que en otras ocasiones le había ido enseñando.

               “¿Y tú has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía?”, le contestó el niño. En aquel instante supo que se trataba del Niño Jesús.



Lugar exacto donde el Divino Niño Jesús se apareció a Sor Lucía Dos Santos, 
el 15 de Febrero de 1926. La imagen fue regalo del Presidente John F. Kennedy

               El Niño pidió a Sor Lucía que hiciera lo que su Madre le había pedido en Su Aparición: extender la Devoción de los Cinco Primeros Sábados de mes. Esta petición se hizo porque muchas personas comenzaban esta devoción, pero pocas la terminaban.

               Al igual que la aparición anterior de la Virgen semanas antes, de nuevo Sor Lucía habló con su confesor en Pontevedra sobre esta nueva revelación. Para cerciorarse, el Sacerdote le hizo varias preguntas, entre ellas, por qué debían ser Cinco Sábados.

               Sor Lucía pidió una respuesta al Señor y Éste le contestó que “la Devoción de los Cinco Sábados se debe a que hay cinco tipos de ofensas contra el Inmaculado Corazón de María”.

          -Contra Su Inmaculada Concepción.

          -Contra Su Virginidad Perpetua.

          -Contra Su Divina Maternidad al rechazar reconocerla como Madre de todos los hombres.

          -Las ofensas de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o incluso odio a la Virgen.

          -Las ofensas de quienes la ultrajan en Sus santas imágenes.





TERCER DOMINGO DE SAN JOSÉ: "...Y LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS"

  

               En este tradicional septenario dedicado a Nuestro Padre y Señor San José, recordaremos sus principales siete Dolores y Gozos; en este año, 2026, comenzaremos el Domingo 1 de Febrero y concluiremos el Domingo 15 de Marzo. 

                En 1847 el Papa Pío IX se dignó conceder una Indulgencia Plenaria para cada uno de los Siete Domingos de San José, si se observan las condiciones de Confesión, Comunión y visita en cualquier templo, rogando por las necesidades del Sumo Pontífice y/o de la Santa Iglesia. No hay época señalada para practicar la devoción de los Siete Domingos, pero sí se exige que sean seguidos, sin interrupción.


PREPARACIÓN

               Olvidáte por un momento de las preocupaciones cotidianas, deja a un lado todo aquello que te resta felicidad, sumérgete en el silencio interior e intenta adentrarte en espíritu en la humilde casa de Nazareth, y situado en medio de la Sagrada Familia, contempla la figura paternal de San José, que cuida al Niño, lo besa, lo educa, lo mima... ¿qué podrá negar Jesús Nuestro Señor al que así lo acunó en Su Santa Infancia?


...y le pondrás por Nombre Jesús... 



INICIO

               Por la señal + de la Santa Cruz, etc.

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén

               Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, Bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, (se golpea el pecho 2 veces) a mí me pesa, pésame, Señor, de todo corazón haberos ofendido; yo os propongo firmemente la enmienda de nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

              Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como os lo suplico, así confío en Vuestra Divina Bondad y Misericordia infinita, me los perdonaréis, por los merecimientos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en Vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.


OFRECIMIENTO

               Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo de los afligidos y seguro refugio de los moribundos; dignaos aceptar el obsequio de este Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros Siete Dolores y Gozos. Y así como en vuestra feliz muerte, Jesucristo y Su Madre María os asistieron y consolaron tan amorosamente, así también Vos, asistidme en aquel trance, para que, no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la caridad, me haga digno, por los méritos de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y vuestro patrocinio, de la consecución de la vida eterna, y por tanto de vuestra compañía en el Cielo. 


DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

          -Tercer Dolor Cuando la Sangre del Niño Salvador fue derramada en la Circuncisión.

"Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por Nombre Jesús, como lo había llamado el Ángel antes de que fuera concebido en el seno materno" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 21).

          -Tercera AlegríaCuando Nuestro Señor recibió el Santísimo Nombre de Jesús.

"Dará a luz un hijo, y le pondrás por Nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados" (Evangelio de San Mateo, cap. 1, vers. 21).



ORACIÓN

                ¡Oh modelo perfecto de sumisión a las Leyes Divinas, Glorioso San José! La vista de la Sangre Preciosa que el Redentor Niño derramó en Su Circuncisión, traspasó vuestro corazón de dolor; pero la imposición del Nombre Jesús lo reanimó, llenándoos de consuelo.

               Alcanzadnos, por este Dolor y este Gozo que, dando de lado a todos los vicios durante la vida podamos morir con gozo y alegría, invocando de corazón y de boca el Santísimo Nombre de Jesús. 

         Ahora, reza con piedad un Padrenuestro, un Avemaría, el Ave de San José y un Gloria, para terminar diciendo

         Jaculatoria: San José, Modelo y Patrono de aquellos que aman al Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.

        Y terminamos este ejercicio piadoso haciendo la señal de la Cruz, en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.




sábado, 14 de febrero de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Salud de los enfermos


“Y perfumé mi morada como estoraque, 
y gálbano, y ónice, y áloes, y como 
incienso sin cortar, y mi olor es 
como el bálsamo más puro” 


Libro del Eclesiástico, cap. 24, vers. 21



                    El pecado de nuestros primeros padres no solo privó al hombre de la justicia original y de todos los dones que esta conlleva, sino que lo redujo a un estado de gran debilidad, de modo que nos es imposible realizar obras de valor sobrenatural sin una gracia especial. El hombre caído es como un enfermo que no siente agrado por ningún alimento. Carece de energía vital y sus acciones carecen del vigor natural de una persona sana. Es muy propenso al vicio y encuentra tediosa y difícil la práctica de la virtud.

                    Esta incapacidad natural para realizar buenas obras se ve agravada por el pecado, ya sea mortal o venial. El primero, al privar al alma de la gracia divina, principio de la vida espiritual, impide al hombre hacer algo que agrade a Dios para merecer la felicidad eterna. El segundo, al disminuir el fervor de la caridad, hace laboriosa la práctica de la virtud, ya que la caridad tiene por efecto precisamente facilitar la realización del bien. El pecado es, por tanto, un gran mal, porque, si es mortal, mina por completo la energía espiritual del alma, y ​​si es venial, la debilita notablemente.

                    Si de los individuos pasamos a las naciones, percibimos que el pecado, como un veneno sutil, carcome el corazón de los mismos, debilitándolos y preparando su ruina.

                    La Divina Bondad, que para las dolencias corporales nos ha procurado remedios eficaces, no es menos diligente al proveer los medios para sanar nuestras dolencias espirituales. Con los Sacramentos instituidos por Jesucristo para restaurar la Gracia en nuestras almas o para aumentarla en nosotros, Dios también se ha complacido en concedernos, con la ayuda de María, un potente remedio para nuestras dolencias espirituales. De hecho, María no solo nos ha dado a Jesucristo, Pastor y Médico de nuestras almas, sino que, además, nos cuida como una tierna madre junto a la cuna de un niño enfermo.

                    Además de esto, el ejemplo de María nos anima en nuestra lucha contra el Diablo. Pues ella es la Virgen Inmaculada, que jamás fue contaminada por el pecado. Su dulce Alma siempre estuvo llena del perfume de las más nobles virtudes.

                    María no cesa tampoco de escuchar la voz de nuestras súplicas y de presentarlas ante el Trono de Dios, anticipándose con frecuencia a nuestras peticiones y obteniéndonos, por Sus Méritos y los de Jesucristo, todos los auxilios que nos son necesarios en nuestras necesidades espirituales.

                    Y lo que María hace por las personas, también lo hace por naciones enteras. Como Reina piadosa, las socorre en su aflicción; las levanta de su lecho de enfermedad y es para ellas un baluarte de defensa.

                    El poder y el cuidado maternal de María no solo abarcan las miserias espirituales, sino también los males del cuerpo. ¡Cuántas veces vemos a María devolviendo la salud a los enfermos que acuden a ella con filial confianza!.

                    En la prontitud de María para aliviar las dolencias corporales, resplandece espléndidamente el Amor de Dios por Ella. Parece como si el Altísimo no hubiera puesto límites a la eficacia de la intercesión de Su Madre. Mientras que otros Santos son invocados sólo en casos particulares de dolencias corporales, el Poder de María, en cambio, se ejerce sobre toda clase de dolencias. Por lo tanto, podemos decir que, por Su palabra, como antaño por la palabra de Jesús, los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen. La única diferencia es que Jesucristo, siendo Dios, obró estos milagros por su propia autoridad personal, mientras que María nos obtiene, por la Divina Clemencia, las gracias que pide, en virtud de la eficacia de Su intercesión ante Dios.

                    Sin embargo, aunque María es tan poderosa para sanar todas las dolencias corporales, no siempre libra a Sus pacientes de cada prueba, porque Dios considera oportuno ejercitarlos en la paciencia, para que así obtengan la recompensa que les está preparada en el Cielo. Pero cuando María no restaura la salud corporal, a pesar de todo, nunca deja de ser una tierna Madre para con nosotros, velando por nosotros y obteniendo para nosotros, en lugar de la fuerza física, la resignación a la Voluntad Divina y la paz interior: dos medios supremos de santificación y salvación.

                    Entre las maravillosas imágenes mediante las cuales Dios se ha dignado mostrar el poder de María para ayudar a los pobres hijos de Adán, cabe mencionar la de la "Santissima Annunziata" en Florencia. Las maravillosas curaciones y otras gracias obtenidas por la intercesión de Nuestra Señora mediante esta imagen son tan numerosas que llenarían muchos volúmenes. Una de las más milagrosas y dignas de mención especial es la curación de Su Santidad el Papa Inocencio VIII.

                    Este Papa llevaba mucho tiempo enfermo, sumido en una profunda agonía, y los médicos no podían aliviar sus sufrimientos. Ya había perdido toda esperanza y aguardaba la muerte hora tras hora, cuando llegó a visitarlo el Cardenal Protector de la Orden de los Siervos de María, Juan Micheli, quien comenzó a narrarle los maravillosos favores concedidos por la Santísima Anunciación en Florencia a sus devotos siervos. El Cardenal animó entonces al Papa a confiar en María, llamada con acierto la «Salud de los enfermos», y a pedirle que lo librara de su dolorosa enfermedad. Al oír esto, Inocencio reavivó en él la esperanza de recuperación y sintió en su corazón una viva confianza en la protección de Nuestra Santísima Señora. Juró dedicarse especialmente a Su servicio, si Ella se dignaba liberarlo de sus penosos sufrimientos.

                    Cuán grande fue el asombro de los médicos y la alegría de Roma cuando, al poco tiempo, el Papa Inocencio se halló perfectamente curado. Lleno de gratitud por esta inesperada liberación, encargó a un artista experto que representara la trágica escena de su enfermedad mortal y envió esta pintura a Florencia como testimonio de la gracia que le había sido concedida. Además, el Pontífice, como muestra de su especial devoción a esta imagen milagrosa, extendió a todas las principales iglesias de la Orden de los Siervos de María el privilegio de celebrar con gran solemnidad una Misa en Honor de la Madre de Dios en la tarde del Sábado Santo. También concedió a estos religiosos la célebre Bula, conocida como Mare Magnum, por la cual todos los privilegios concedidos previamente a las demás Órdenes Mendicantes se extendieron a la Orden de los Siervos de María.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María