Según la venerable Tradición, la Santísima Virgen reveló la devoción del Rosario a Santo Domingo de Guzmán, a principios del siglo XIII. Fue el medio escogido por la Divina Providencia para salvar a Europa de una herejía especialmente virulenta que, como una epidemia maldita, contagiaba con sus errores varias regiones europeas a partir del norte de Italia y de la región de Albi, al sur de Francia. De ahí el nombre de “albigenses” atribuido a esos herejes, conocidos también como cátaros (del griego: puros), pues así soberbiamente se autodenominaban.
Estos herejes se infiltraron en los medios católicos para engañar mejor y captar simpatía; predicaban, entre otros errores, el panteísmo, el amor libre, la abolición de las riquezas, de la jerarquía social y de la propiedad particular; sus semejanzas con el Comunismo saltan a la vista.
En las regiones infestadas por la herejía albigense, toda la reacción católica apuntando a contenerla se mostraba ineficaz. Los herejes, después de conquistar muchas almas, destruir multitud altares y derramar infinita sangre católica, parecían definitivamente victoriosos.
Santo Domingo (más tarde fundador de la Orden de Predicadores) se empeñó intrépidamente en el combate a la secta albigense, pero sin embargo no conseguía sobrepujar el ímpetu de los herejes, que continuaban pervirtiendo a los fieles católicos, y aquellos que no accedían a apostatar eran masacrados.
Desolado, Santo Domingo suplicó a la Virgen Santísima que le señalase una arma espiritual eficaz, capaz de derrotar a aquellos terribles adversarios de la Santa Iglesia Católica.
Cuando todo parecía perdido, la Santísima Virgen intervino en los acontecimientos para salvar a la Cristiandad de ese mal.
El Beato Alano de la Rupe (1428-1475), célebre predicador de la Orden Dominicana, en el libro De la dignidad del Salterio narra la aparición de Nuestra Señora a Santo Domingo en 1214:
"Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y permaneció allí tres días y tres noches dedicado a la penitencia, a la oración continua, sin cesar de gemir, llorar y mortificar su cuerpo con disciplinas para calmar la Cólera Divina, hasta que cayó medio muerto. La Santísima Virgen se le apareció en compañía de tres princesas celestiales y le dijo: "¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha valido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?".
¡Oh Señora -respondió Santo Domingo- Tú lo sabes mejor que yo, porque después de Jesucristo, Tu Hijo, Tú fuiste el principal instrumento de nuestra Salvación!.
Pues sabe -añadió Ella- que la principal pieza de batalla ha sido el Salterio Angélico (El Rosario), que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica Mi Rosario.
Levantóse el Santo muy consolado, inflamado de celo por la salvación de aquellas gentes, entró en la Catedral. Al momento repicaron las campanas para reunir a los habitantes, gracias a la intervención de los Ángeles. Al comenzar él su predicación, se desencadenó una terrible tormenta, tembló la tierra, se oscureció el Sol, truenos y relámpagos repetidos hicieron temblar y palidecer a los oyentes. El terror de estos aumentó cuando vieron que una imagen de la Santísima Virgen expuesta en un lugar prominente, levantaba por tres veces los brazos al Cielo para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.
Quería el Cielo con estos prodigios promover esta nueva devoción del Santo Rosario y hacer que se la conociera más.
Gracias a la oración de Santo Domingo, se calmó finalmente la tormenta. Prosiguió él su predicación, explicando con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que casi todos los habitantes de Tolosa lo aceptaron, renunciaron a sus errores. En poco tiempo se experimentó un gran cambio de vida y de costumbres en la ciudad".
En gratitud perpetua a Dios por la Victoria de Lepanto, el Papa San Pío V instituyó la Fiesta de la Virgen de las Victorias y a las Letanías de Nuestra Señora añadió "Auxilio de los Cristianos"; fue el Papa Gregorio XIII quien en 1573 definió su nombre actual como Nuestra Señora del Rosario, para el primer Domingo de Octubre y el Papa San Pío X fijó su celebración para el 7 de Octubre, día de la Batalla de Lepanto.
La Devoción del Santo Rosario tiene su origen en los 150 Salmos del Antiguo Testamento, así el Rosario contiene 150 Avemarías, repartidas entre los 15 Misterios de la Vida y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santa Virgen María. A su vez, los Misterios de dividen en tres grupos: los Gozosos, los Dolorosos y los Misterios de Gloria, a través de los cuales el Cristiano, transita por aquellos lugares y circunstancias que vivieron Jesús y Nuestra Santa Madre.
Rosario quiere decir "Corona de Rosas", en alusión a la hermosura y aroma que exhalan las Avemarías que dedicamos una y otra vez, como los enamorados, a Nuestra Señora, esperando en Su poderosa intercesión en las dificultades cotidianas y en especial, para obtener importantes gracias espirituales. Corona de rosas que desgranamos a fin de exhalar en nosotros el buen olor de Jesús-María, a quienes aprenderemos a imitar si sabemos contemplar con devoción los Misterios del Santo Rosario.
El Santo Rosario es de las oraciones más perfectas y la predilecta de Nuestra Señora; el rezo del Rosario se compone de una breve meditación de los acontecimientos más relevantes de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo y de Su Santa Madre, por lo que lo convierte en un referente evangélico que nos ayuda y alienta a conocer a estas dos Santísimas personas, desde la intimidad de la Encarnación hasta la Coronación de María como Reina del Universo, y además una continua súplica mediante la Oración por antonomasia del cristiano, el Padrenuestro y la invocación angelical a Nuestra Señora, el Avemaría, lo que convierte al Rosario en perfecta Teología condensada en forma de Piedad.
Todo buen Católico, o aquellos tibios que desean serlo, han de ser continuos en la práctica del REZO DIARIO DEL SANTO ROSARIO, con o sin ganas, llenos de fervor o asaltados por molestos inconvenientes... no busquemos excusa alguna, pues el Rosario sólo ocupa apenas media hora, frente a las muchos ratos que dedicamos a la televisión, redes sociales, ocio...
El verdadero devoto de la Virgen la imita en Sus virtudes y es obediente a la voz de Su Madre del Cielo que en Lourdes, Fátima, Garabandal, entre otras muchas Apariciones, nos pide con insistencia EL REZO DIARIO de Su Santo Rosario, del cual asegura la misma Virgen será el único medio "para alcanzar la paz en el mundo y la conversión de los pecadores", como afirmó en Fátima.
es un modo piadosísimo de oración y petición a Dios,
modo fácil al alcance de todos, que consiste en alabar
a la Santísima Virgen repitiendo el saludo angélico
ciento cincuenta veces, tantas cuantas son los Salmos
del Salterio de David, interponiendo entre cada decena
la oración del Señor con determinadas meditaciones
que ilustran toda la Vida de Nuestro Señor Jesucristo”
Cuando reces el Rosario, recita con ternura el Padrenuestro, despacio, saboreando lo que dices y seguro que la oración llega al Padre Eterno. En la recitación del Avemaría, después de saludar a la Virgen, pide con fe sencilla ese "ahora y en la hora de nuestra muerte"; un "ahora" que tienes ésta o aquélla dificultad, un "ahora" que tus hijos andan con problemas, un "ahora" en que tu matrimonio no va bien... ese "ahora" es presente, como eternamente la Virgen es presente en aquellos que la llaman y la honran con Su Rosario.
Reza el Rosario cada día: si nunca lo has hecho, empieza poco a poco, rezando por la mañana unos cuantos Misterios y por la tarde el resto. Intenta no dejar el rezo del Rosario para la noche, porque el cansancio puede vencerte y no rezarlo.
Si lo rezabas habitualmente pero lo has dejado por desidia o por no tener compañía, sé original, sal y reza el Rosario mientras paseas por un parque agradable, tal vez puedes buscar a alguien piadoso que te acompañe en el rezo o, ¿por qué no? busca en internet algún audio con el rezo del Rosario y así puedes ayudarte. Cualquier lugar es apropiado, depende de la actitud del corazón y del amor que queramos poner, depende de ti, querer más a la Virgen y rezarle cada día Su Rosario. No encontrarás mejor regalo para demostrarle tu amor a María Purísima que regalándole a diario unos minutos con Su Rosario.



























