jueves, 1 de octubre de 2026

EL SANTO ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA

 


                    "Hoy se celebra en España la Festividad del Santo Ángel Custodio del Reino, con rezo propio y rito doble de segunda clase con octava. La Santidad de León XII concedió al Católico Rey Don Fernando VII y le asignó este día, para tributar las debidas gracias al Señor por los grandes y continuos beneficios que recibe la nación española por medio de su Santo Ángel tutelar. La Misa, a excepción de la Oración propia, es como la del día siguiente". 


("Año Cristiano", P. Juan Croisset, S.I., Barcelona, 1882)


                       La imagen del Santo Ángel Custodio de España se encuentra en la iglesia de San José de Madrid. La fiesta del Ángel Custodio del Reino fue concedida a España en el siglo XIX por el Papa León XII.

                       En el año 1897 el Obispo Manuel Domingo y Sol fundó la “Pía Unión de Oraciones al Santo Ángel de España", que años después estuvo presidida por la infanta Isabel de Borbón, hija de la Reina Isabel II de España.

                       Esta Pía Unión de Oraciones tenía en proyecto construir un gran monumento al Santo Ángel de España, y con esa finalidad se confeccionó una preciosa imagen como boceto del monumento. Esa imagen se encuentra en un altar lateral en la iglesia de San José, en calle Alcalá, 43, de Madrid.

                       Mons. Leopoldo Eijo Garay, primero Obispo de las diócesis de Tuy y Vitoria, y luego Obispo de Madrid-Alcalá, publicó en 1917 una extensa “Novena al Santo Ángel Custodio de España” de 105 páginas. (Puedes acceder a dicha Novena tocando AQUÍ)



Imagen tomada de la página elsayon.blogspot.com. Allí podrás
ver más detalles de la imagen del Santo Ángel Custodio de España


                        En el escudo del Santo Ángel de España se pueden ver representados los antiguos Reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. En el centro del escudo, y en la pared, la flor de lis de la casa de Borbón.

                        El altar del Santo Ángel Custodio de España fue inaugurado el 12 de mayo de 1920, en la iglesia de San José de Madrid, con asistencia de la Familia Real española. Ese mismo día el rey Alfonso XIII propuso la creación de la Asociación Nacional del Santo Ángel Custodio del Reino, que pronto se extendió en 40 provincias.

                         En la parte de abajo del Altar hay numerosos escudos de provincias y ciudades de España. La iglesia de San José fue de los pocos templos católicos que no fueron asaltados durante la Guerra Civil Española.




martes, 29 de septiembre de 2026

GLORIOSO ARCÁNGEL SAN MIGUEL, Príncipe de la Milicia Celestial


Debemos invocar a menudo a este 
gran Príncipe de la Milicia Celestial 
para que nos asista en los combates 
que la carne y el Demonio sostienen 
continuamente contra nuestro espíritu...  

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia




                    Cuatro son los oficios o ministerios principales que las Divinas Escrituras y la tradición de los Santos Padres atribuyen al Glorioso Arcángel San Miguel:

                    Primero, ser el victorioso adalid contra el Demonio y los ángeles rebeldes, habiéndolos arrojado del Cielo a las profundidades del Infierno.

                    Segundo, ser el Guardián e introductor de las Almas al Paraíso, asistiendo de manera especialísima a los moribundos para defenderlos en su último trance de las asechanzas del Enemigo.

                    Tercero, ser el Protector de la Iglesia y del Pueblo Cristiano, ofreciendo las oraciones y méritos de los Fieles ante el Trono de la Majestad Divina.

                    Cuarto, ser el pesador de las Almas en el Juicio Divino, presentando ante la Justicia de Dios las buenas y malas obras de cada hombre.

                    San Miguel es el más excelso de todos los espíritus bienaventurados que lucharon por la Honra de Dios. Cuando Lucifer pretendía en su soberbia hacerse semejante al Altísimo, Miguel se levantó con un celo ardiente pronunciando aquellas célebres palabras: “¿Quién como Dios?”.

                    Por este grito de humildad y fidelidad, Dios lo constituyó Príncipe de toda la Milicia Celestial, otorgándole el poder de hollar y someter a todas las potestades infernales...

San Bernardino de Siena
"Excellentia Sanctorum Angelorum", Sermón IV



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SAN MIGUEL ARCÁNGEL
en las revelaciones de la mística Sor María de Jesús de Ágreda

                    Salió San Miguel con el grito y blasón de las armas: ¿Quién como Dios? Y con este celo de la honra divina y defensa de la Majestad suprema, se levantó entre los ángeles buenos una fidelidad y rendimiento sin igual a Dios, reconociendo su gloria, potencia y majestad sobre todas las cosas.

                    Destinó la Divina Providencia al Santo Arcángel San Miguel para que fuese el Príncipe, Custodio y Defensor especial de la Santísima María, desde el punto de su Inmaculada Concepción hasta el fin de su vida terrena; y para que en los misterios de la Encarnación y Redención tuviese el Arcángel singular participación y ministerio en la tierra

                    Habiendo manifestado el Señor lo que está dicho a los buenos y malos ángeles, el Santo Príncipe Miguel y sus compañeros por el divino permiso pelearon con el Demonio y sus secuaces. Fue esta batalla maravillosa y grande, porque pelearon con el entendimiento y la voluntad.

                    San Miguel, inflamado de celo de la Gloria y Honra divina y armado de Divina Virtud y Poder, conociendo que Dios disponía la batalla, levantó el estandarte de la Fe y Verdad de la Divina Palabra, diciendo con alta voz a los demás Ángeles: "Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos, los Cielos y la tierra están llenos de Su Gloria. ¿Quién como Dios?, ¿quién como el Altísimo que habita en los Cielos?".

                    Y con este clamor y voz devota y levantada, dio principio el Santo Príncipe a la batalla contra la soberbia y fiereza del Demonio...

                    Sucedió en el Cielo esta gran batalla que dice San Juan en el capítulo doce del Apocalipsis: Miguel y sus Ángeles peleaban con el dragón, y el dragón y sus ángeles peleaban; y no prevalecieron, ni fue hallado más su lugar en el Cielo.

                    Y el Santo Príncipe Miguel, por el valor con que peleó y por haber sido el primero que clamó por la Honra y Gloria del Altísimo y con tanta eficacia reprendió la soberbia de Lucifer, fue constituido y nombrado por Dios Príncipe de todas las Milicias Celestiales y Superior y Cabeza de los Ejércitos Angélicos.

                    Alégrese singularmente San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, porque defendió en batalla la Gloria del Altísimo y de Sus obras; pues antes que se encarnase el Verbo Divino y se criase Su Madre Santísima, fue por el Santo Arcángel y sus consortes alabada la Humanidad Santísima y el Misterio de la Encarnación y Redención.

Venerable Sor María de Jesús de Ágreda, 
Extraído de su obra "Mística Ciudad de Dios" 


lunes, 28 de septiembre de 2026

SAN WENCESLAO, "Rex Justus", Duque de Bohemia y Mártir



                    En la rica nómina de los soberanos que supieron ceñir la corona terrena sin perder de vista la Gloria del Cielo, destaca con luz propia la figura de San Wenceslao, Duque de Bohemia y Perpetuo Protector de la nación checa. Su vida, tan breve en años como fecunda en virtudes, constituye un testimonio altísimo de cómo el poder temporal puede ser santificado cuando se pone al servicio del Reinado de Cristo.

                    Nacido hacia el año 907, Wenceslao fue hijo del Duque Vratislao I y de la Duquesa Drahomíra. Si bien su madre permanecía aferrada a las supersticiones y costumbres del paganismo ancestral, la Providencia Divina dispuso que la educación del niño quedase en manos de su piadosa abuela, Santa Ludmila. Bajo su atenta tutela, el pequeño Wenceslao no solo aprendió las letras latinas y eslavas, sino que impregnó su tierno corazón de una devoción ferviente hacia los Sagrados Misterios y las Sagradas Escrituras.

                    El año 921 marcó el inicio de sus pruebas: tras la muerte de su padre, su abuela Ludmila fue estrangulada por instigación de la impía Drahomíra, quien asumió la regencia e intentó extirpar la incipiente Fe Cristiana del Ducado. Sin embargo, en 924, al alcanzar Wenceslao la mayoría de edad (apenas 17 años), asumió el gobierno del Ducado de Bohemia y restituyó de inmediato el Orden Cristiano.

                    Lejos de entregarse a los fastos del trono, el gobierno de San Wenceslao se distinguió por una caridad heroica. Las crónicas de la época recuerdan cómo el Duque visitaba de noche las cárceles para consolar a los presos, pagaba las deudas de las viudas y huérfanos y recorría los caminos descalzo, incluso en el rigor del invierno.

                    Wenceslao se destacó por su profunda vida eucarística; él mismo cultivaba el trigo y vendimiaba las uvas con las que se elaboraban las hostias y el vino para el Santo Sacrificio de la Misa. Asimismo, bajo su mandato mandó erigir en el castillo de Praga una basílica en honor a San Vito, germen de la actual Catedral Primada.

                    En el terreno político, buscando evitar el derramamiento de sangre de su pueblo, firmó en 929 un tratado de pacificación y tributo con el rey germano Enrique I, asegurando la estabilidad del Ducado pero despertando la incomprensión y el rencor de la nobleza pagana local.

                    La envidia y la ambición política fraguaron una conspiración encabezada por su propio hermano menor, Boleslao, apodado "el Cruel". Boleslao invitó a Wenceslao a la localidad de Stará Boleslav con el pretexto de celebrar la Festividad de San Cosme y San Damián.

                    En la mañana del 28 de Septiembre de 935, cuando el Santo Duque se dirigía solitario a la iglesia para oír la Santa Misa, fue abordado por su hermano. Tras una breve discusión en la que Wenceslao desarmó a Boleslao pero rehusó herir a su propio hermano de sangre, los secuaces del conspirador se abalanzaron con sus espadas sobre el joven Duque, arrebatándole la vida a las puertas del templo mientras éste encomendaba su alma a Dios... tenía tan solo 28 años de edad.

                    La entrega de esta sangre martirial convirtió de inmediato su sepulcro en lugar de milagros y peregrinación. El propio Boleslao, arrepentido de su horrendo crimen, mandó trasladar años más tarde las reliquias de San Wenceslao a la Catedral de San Vito en Praga.

                    Convertido en el primer Santo de la estirpe eslava, San Wenceslao fue proclamado "Rex Justus" (Rey Justo) y Patrón Celeste de Bohemia. Su figura sigue siendo recordada como el paradigma del gobernante cristiano que prefirió la Corona del Martirio a las componendas del mundo.



domingo, 27 de septiembre de 2026

CANAL DE WHATSAPP "COMO OVEJAS SIN PASTOR"





                    Desde ahora puedes seguir también estas publicaciones a través del canal de WhatsApp "Como ovejas sin Pastor"; este canal es otro medio para hacer un sencillo, pero efectivo apostolado, compartiendo las imágenes y enlaces con más almas. 

                    En estos tiempos de oscuridad y desolación una simple chispa, una pequeña luz, como puede ser una bella imagen, una frase certera, puede conmover corazones y predisponerlos a la Vida de Gracia. 

                    Compartir estas publicaciones es un pequeño compendio de las obras de Caridad: enseñar al que no sabe. corregir al que está equivocado, dar consejo al que lo necesita, será consuelo del triste y además animará a otros a rogar por las Almas retenidas en el Purgatorio... 

                    Puedes unirte desde el siguiente enlace. Unidos en la oración y en los Sagrados Corazones de Jesús y de María.


https://whatsapp.com/channel/0029Vb9JmFp2975D6Xuw2D1F



EL SEÑOR ES TU GUARDIÁN, ES LA SOMBRA PROTECTORA A TU DERECHA




Levavi oculos meos in montes, 
unde veniet auxilium mihi.

Auxilium meum a Domino, 
qui fecit caelum et terram.

Non det in commotionem pedem tuum, 
neque dormitet qui custodit te.

Ecce non dormitabit neque dormiet qui custodit Israel.

Dominus custodit te; 
Dominus protectio tua 
super manum dexteram tuam.
Per diem sol non uret te, 
neque luna per noctem.

Dominus custodit te ab omni malo;
custodiat animam tuam Dominus.

Dominus custodiat introitum tuum et exitum tuum, 
ex hoc nunc et usque in saeculum.


Psalmi 120, Biblia Vulgata


Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?

La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Él no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!

No, no duerme ni dormita
él guardián de Israel.

El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.

El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.

Él te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.




sábado, 26 de septiembre de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Casa de Oro


Soy morena, pero hermosa, 
oh hijas de Jerusalén, 
como las tiendas de cedro, 
como las cortinas de Salomón 

Cantar de los Cantares, cap. 1, vers. 4



                    Después de la caridad, no hay virtud más grata a Dios que la humildad cristiana. Esta virtud, desconocida para los paganos, nos la enseñó Dios mismo cuando se humilló y se hizo hombre por amor a nosotros. Y como si tal humillación no fuera suficiente, Nuestro Redentor también eligió vivir oculto y despreciado a los ojos de los hombres, hasta tal punto que San Pablo dice de Él: «Se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz».

                    De esta manera podemos comprender cuán preciada es la humildad para Dios, y por qué a menudo se vale de aquellos que son de poca importancia, pero de corazón humilde, para realizar grandes cosas en Su Iglesia. «Cuando eras pequeño a tus propios ojos, ¿no fuiste hecho la cabeza de las tribus de Israel?».

                    Admira, alma mía, la Sabiduría del Altísimo, cuyos caminos son tan diferentes de los de los hombres, y que se deleita en escoger “lo necio del mundo, para confundir a los sabios, y lo débil, para confundir a los fuertes”.

                    La dignidad sin igual a la que María fue elevada puede ayudarnos a formarnos una idea justa de la excelencia de la virtud de la humildad, pues fue precisamente Su profunda humildad, unida a un grado supereminente de gracia y caridad, lo que, según la enseñanza de los Santos Padres, hizo digna a la Santísima Virgen de ser la Madre del Verbo Encarnado.

                    La virginidad que María había consagrado a Dios desde la infancia atrajo sobre Ella la mirada amorosa divina; sin embargo, fue a Su humildad a la que debió Su elevación a la dignidad de Madre del Verbo. «Por Su virginidad María se hizo grata al Señor; por Su humildad concibió al Verbo», dice San Bernardo.

                    Y en verdad, ¡cómo resplandece la humildad de la Madre de Dios en la Anunciación! Ante las palabras del Ángel, la humilde Virgen se turba y se pregunta en Su interior qué significa aquel saludo. El Ángel continúa: «No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios; he aquí que concebirás en Tu vientre;… y Él será llamado Hijo del Altísimo». A estas palabras, por las que conoció Su futura grandeza, la humilde Virgen no respondió sino: «He aquí la Sierva del Señor; hágase en Mí según tu palabra». Y a lo largo de Su vida mortal, María jamás tuvo otra norma de conducta, ni escogió jamás otra cosa que el oprobio de la Cruz de Cristo.

                    ¡Oh, prodigio de humillación! A esto debemos la consumación del gran Misterio de nuestra Redención.

                    El Cristiano que desee agradar a Dios y crecer en Santidad, debe esforzarse, siguiendo el ejemplo de María, por progresar continuamente en la humildad, pues está escrito que «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». Para ello, debe reconocer, en primer lugar, que todos los dones que posea, ya sean naturales o por gracia, todas sus prerrogativas de nacimiento o posición social, provienen de la mano de Dios. Pero, para conservarnos en santa humildad, debemos someternos libremente a las disposiciones de Dios y contentarnos con la porción que Él nos ha asignado, sin buscar honores ni preeminencia, sino, por el contrario, recibiendo con resignación, si no con alegría, las humillaciones que nos sobrevengan.

                    Una lectura atenta de las Sagradas Escrituras nos convencerá de que María, durante la vida pública de Jesús, nunca perdió la oportunidad de compartir Su oprobio. Por tanto, elijamos también nosotros la Cruz de Cristo y alegrémonos de ser considerados de poco valor por los hombres.

                    Pide a tu Dios, alma mía, que rehúyas los honores mundanos y que recibas con perfecta sumisión las humillaciones que le plazca enviarte, recordando las palabras del Libro de Proverbios: «La humildad precede a la gloria».

                    La incomparable humildad de la Virgen María, quien, al ser saludada por el Ángel como Madre de Dios, se declaró Sierva del Señor, ha inspirado en la Iglesia numerosos actos de heroica abnegación. Un ejemplo notable de desprecio por los honores mundanos por amor a María se encuentra en la vida de Giovanni Antonio de Santis. Su sólida reputación teológica en sus primeros años como Sacerdote fue lo que llamó la atención de la Curia Papal. En pleno contexto del Cisma de Occidente, el Papa Bonifacio IX lo eligió y elevó formalmente en 1395 a la altísima dignidad de Arzobispo de las sedes unidas de Matera y Acerenza, en el sur de Italia. 

                    Sucedió que una vez escuchó un sermón sobre las maravillosas obras que la Virgen María había realizado en Monte Senario en favor de Sus Siervos, los Siete Santos Fundadores, quienes se habían retirado allí y cuyos hijos vivían completamente dedicados a su servicio. Tan ardiente era su deseo de unirse a esta santa comunidad que, renunciando a su obispado en manos del mismo Papa que lo había elegido, le solicitó de inmediato su incorporación a la Orden de los Servitas.

                    Su petición fue concedida; y así, en el año 1402, el mismo día en que la Iglesia celebró el nacimiento del Rey de Gloria en este mundo, el Obispo Giovanni Antonio renunció a la dignidad episcopal y cambió sus costosas vestiduras por el hábito negro de los Siervos de María, Aquella que, por la muerte de Su Hijo unigénito, dio a los hombres el nacimiento espiritual a la Vida de la Gracia.

                    Giovanni Antonio permaneció en Monte Senario durante unos diez años, desempeñando los oficios más humildes, como si hubiera sido el último religioso del monasterio. Era tan humilde que no dejaba entrever su antigua dignidad, y nada lo distinguía de los religiosos sencillos, no solo durante su noviciado, sino también cuando fue nombrado Superior de la comunidad.

                    Pero tal humildad no quedó sin recompensa. Nuestra Señora, que no se deja superar en generosidad, lo colmó de favores celestiales y se dignó a aparecerse ante él, ordenándole que acudiera al Obispo de Vicenza para encomendar el cuidado del Santuario de Monte Berico a los religiosos de su Orden. El Obispo de Vicenza accedió de buen grado a su petición.

                    Más tarde, Giovanni Antonio fue elegido para fundar la Congregación de los Servitas de Mantua, de la cual fue elegido Vicario General en tres ocasiones. En este cargo, nunca dejó de promover el amor por la observancia regular y la devoción a la Reina del Cielo. De esta y muchas otras maneras, Giovanni Antonio, Siervo de Nuestra Señora, dio prueba de su fidelidad al servicio de la Divina Madre, por cuya causa había renunciado a la dignidad y los bienes terrenales.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


viernes, 25 de septiembre de 2026

LA MISTERIOSA FUERZA DE LA PASIÓN



                    Jesús ha sufrido. Sí, el mismo Jesús, nuestro Dios, que se hizo hombre por nuestra salvación. Él sufrió, fue crucificado, murió y fue sepultado. 

                    La víspera de Su Pasión, rogó a Su Padre Celestial para que todos fueran uno, uno con Él. Se llamó a Sí Mismo Cabeza del Cuerpo Místico, del que nosotros somos los miembros. Él es la vid, nosotros los sarmientos. Se metió Él mismo en el lagar y allí fue exprimido. Nos ha dado el vino para que, bebiéndolo, podamos vivir Su misma Vida, para que podamos compartir con Él Su sufrimiento. Lo ha dicho Él mismo: el que quiera venir en pos de Mí, es decir, cumplir Mi Voluntad, que cargue con su cruz y Me siga; el que Me sigue tendrá la Luz de la Vida; Yo Soy la Vida; os he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. 

                    Y no comprendiendo Sus discípulos que la vía indicada era la de la Pasión, se lo explicó diciendo: 

                    ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrar así en Su Gloria? Entonces ardieron en sus pechos los corazones de los discípulos. La Palabra de Dios se había convertido para ellos en fuego. Y descendiendo después sobre ellos el Espíritu Santo, como una Llama Divina, se sintieron contentos de sufrir, a su vez, el desprecio y la persecución, porque se hacían así semejantes a Aquel que los había precedido en el camino del sufrimiento. 

                    Los discípulos comprendieron que Él no había querido apartarse de este camino, que habían vaticinado antes los Profetas. Desde el Pesebre hasta la Cruz, no supo de otra cosa, sino de sufrimiento, pobreza y desprecio.

                    Consagró toda Su Vida a enseñar al pueblo que Dios mira el sufrimiento, la pobreza y el desprecio humano de modo muy diferente a como lo hace la necia sabiduría del mundo. El dolor es la consecuencia necesaria del pecado, y sólo mediante la Cruz se recupera la unión con Dios y la gloria perdida. El dolor es, por lo mismo, el Camino del Cielo. En la Cruz está la Salvación, en la Cruz la Victoria. Así lo ha dispuesto Dios, que quiso además tomar sobre Sí el sufrimiento para lograr con él la Gloria de la Redención. Por eso, como dice San Pablo, los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la Gloria que un día se nos manifestará cuando haya pasado el tiempo de padecer y seamos ya partícipes de la misma Gloria. 

                    María, que conservaba todas las palabras de Dios en Su Corazón, supo comprender, por la plenitud de gracia que Le fue concedida, el gran valor del sufrimiento. Mientras los discípulos huían, Ella salió al encuentro del Salvador, camino del Calvario, y permaneció al pie de la Cruz participando en su oprobio y en sus últimos sufrimientos. Y Lo puso en el sepulcro con la esperanza firme de Su Resurrección. 

                    ¡Ojalá nuestros corazones fueran tan ardientes y generosos como el Suyo y se abrieran totalmente a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús! Él dijo: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer. ¿Es nuestro deseo como el suyo?. ¿No nos quejamos demasiado cuando Él nos alarga el cáliz de la Pasión?. Es tan difícil para nosotros resignarnos al sufrimiento, que alegrarse de él nos parece algo heroico. Consideramos casi imposible el desear la Cruz y el sufrimiento. Según el mundo, es, de hecho, una locura desear sólo sufrimiento y desprecio, como deseaba San Juan de la Cruz. Y a veces nosotros pensamos de modo semejante al del mundo con nuestras prudentes cautelas. ¿Dónde está la oblación que cada mañana, consciente y reflexivamente, al menos de palabra y en apariencia, hacemos de nosotros mismos, cuando nos unimos a la oblación, que ofrecemos junto con la Iglesia, de Aquel con el que estamos unidos en un único Cuerpo? 

                    Jesús lloró una vez sobre Jerusalén: ¡Ojalá pudieses conocer tú hoy el Don de Dios!. ¡Ojalá pudiésemos también nosotros conocer hoy el gran valor que Dios ha puesto en nuestros sufrimientos!


Siervo de Dios Padre Tito Brandsma, Carmelita, 
profesor de Filosofía; asesinado en el Campo de
concentración de Dachau, el 26 de Julio de 1942




miércoles, 23 de septiembre de 2026

SAN JOSÉ, CONSUELO DE LOS MORIBUNDOS



                    Algo muy especial en su vida desde pequeño fue el amor que tenía hacia los enfermos y moribundos. Sabiendo lo compasivo que era, muchos acudían a él para que visitara a los enfermos graves, sobre todo si estaban ya en trance de morir. Una vez el Ángel le manifestó en sueños el gran peligro en el que estaban los moribundos y la necesidad que tenían de ser ayudados en sus últimos momentos. De hecho, los moribundos sentían gran consuelo cuando José los visitaba y oraba por ellos. Los demonios quedaban debilitados por sus oraciones y Dios le dio la gracia de que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia de José no perecieran en el Infierno, sino que fueran al Limbo de los Justos o seno de Abraham, aunque tuvieran que pasar por el Purgatorio. 

                    A veces, era avisado por su Ángel sobre la necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones y él se despertaba y enseguida se ponía a orar. Alguna vez también el Ángel le manifestó que eran muchos los que perecían eternamente, lo que entristeció mucho a José y le hacía orar más por los enfermos graves y moribundos que conocía. 

                    En algunas ocasiones Dios le privaba de los avisos del Ángel para probarlo y fortalecer su fe y él se sentía triste, pensando que el Ángel lo había abandonado por sus pecados. Pero Dios lo iba poco a poco fortaleciendo en la Paciencia y el Amor a Dios, preparándolo para los problemas que debía soportar en la vida futura. Cuando el Ángel volvió a presentársele en sueños, le anunció que su fidelidad le había agradado mucho a Dios.

                    El día que nació la Virgen María, destinada a ser su esposa y la madre de Jesús, el Ángel le habló y le dijo que agradeciera a Dios por un beneficio singular que había hecho al mundo entero y a él en especial. No le dijo a qué se refería, pero se puso a orar, agradeciendo a Dios por ese beneficio que había hecho al mundo. 

                    Su madre se enfermó gravemente y él la cuidaba, y consolaba a su padre. Al día siguiente de la muerte de su madre, el ángel le avisó que ya estaba en el limbo de los justos. Al poco tiempo, se enfermó también su padre. Él lo cuidó hasta el último momento con amor de hijo y oró por él, ofreciéndose a sufrir en reparación de las ofensas que su padre debiera pagar por sus pecados, hasta que sintió que ya estaba libre en el seno de Abraham. Una vez muertos sus padres, quedó solo y le dijo a Dios que él fuera su padre y su madre, ofreciéndose a cumplir en todo Su Santa Voluntad. 

                    Tuvo que sufrir mucho de los servidores de su casa, pues le tomaban las cosas sin permiso. Incluso aquellos que habían sido beneficiados por él, lo insultaban. Muchos de sus bienes se los quitaron sus propios parientes. Su Ángel le avisó una noche que era Voluntad de Dios que vendiera lo que le quedaba y lo diera a los pobres y parte al Templo de Jerusalén. Y así lo hizo, pero sus mismos parientes lo maltrataron, como si hubiera sido un derrochador de los bienes que les pertenecían a ellos en primer lugar. Por todo ello el Ángel le avisó que debía dejar Nazaret e irse a vivir a Jerusalén.


Vida de San José
según las revelaciones de Sor María Cecilia Baij,
religiosa a benedictina, mística y escritora



martes, 22 de septiembre de 2026

SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA, Arzobispo de Valencia



                    Nació en Fuenllana (España), un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real, el año 1486. Era el primogénito de Tomás García y Lucía Martínez, “de los fijosdalgo más principales de Villanueva de los Infantes”. Tras él llegaron cinco hermanos más: Juan Tomás, que profesó en la Orden Agustina, García Castellanos, que fue el heredero; Alonso Tomás, que se dedicó a las labores del campo; Lucía, que murió joven; y otra hermana de nombre desconocido. La educación recibida de sus padres y su paso como alumno por el convento franciscano de Villanueva de los Infantes, marcaron en su alma una particular sensibilidad por los pobres. Más tarde, recibiría el título de “Limosnero de Dios” y “Arzobispo de los pobres”.

                    Los años en contacto con la Universidad de Alcalá, donde obtuvo el título de Maestro en artes, dejaron en Tomás una profunda huella humanística. De Alcalá pasó a Salamanca y aquí ingresó en el Convento de San Agustín, lugar de su profesión religiosa, que se celebró el 25 de Noviembre de 1517. Después de la Ordenación Sacerdotal -en 1518-, los Superiores le encomendaron distintas tareas de gobierno y los cargos se sucedieron uno tras otro como Prior, Provincial, Visitador… 

                    Su mayor empeño era la vida de las Comunidades y la observancia responsable de las normas. También promovió el envío de misioneros agustinos al Nuevo Mundo. Confesor y predicador del emperador Carlos V, fue deseo del monarca que al quedar vacante la sede de Valencia fuera propuesto -contra la voluntad de Santo Tomás- como Arzobispo de aquella diócesis mediterránea en 1544. Anteriormente había rechazado ser Arzobispo de Granada por lo que se sintió obligado a aceptar el mandato imperial. Al conocer la noticia el entonces General de la Orden, Jerónimo Seripando, felicitaba a Santo Tomás y a la diócesis valentina “que tendrá un pastor como lo describe San Pablo”.

                    Santo Tomás encontró una diócesis abandonada después de más de un siglo sin obispo residencial. Visitó una a una todas las parroquias, convocó un sínodo en 1548, adelantándose a Trento fundó en 1550 el Colegio-Seminario de la Presentación para atender la formación de Clero, asistió a los menesterosos e intentó la evangelización de los moriscos.

                    El Obispo agustino de Valencia vertía su formación universitaria en la predicación y en los escritos ascéticos y místicos. Sus fuentes preferidas eran la Sagrada Biblia, los Padres de la Iglesia (con atención especial a San Agustín) y los autores espirituales de la época.

                    Santo Tomás de Villanueva entregó su alma al Creador el 8 de Septiembre de 1555, tras una breve enfermedad; murió mientras celebraban la Santa Misa en su habitación; mientras el Celebrante consumía el Santísimo y Santo Tomás recitaba el versillo "in manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum" del Salmo 36. Su cuerpo, enterrado primero en la iglesia agustiniana del Socorro, fue trasladado a la Catedral de Valencia en 1658. 

                    Fue declarado Beato en 1618 por el Papa Pablo V y canonizado por el Papa Alejandro VII el 1 de Noviembre de 1688. Por su celo apostólico, su doctrina, su atención a los pobres y sus intuiciones pastorales, ha pasado a la Historia de la Iglesia como modelo de Obispo.



lunes, 21 de septiembre de 2026

SAN MATEO, Apóstol y Evangelista



                    Una vez más en la plaza de Cafarnaúm, pero en una hora de mayor calor en que el mercado ha terminado ya y solo hay algunas personas ociosas hablando y unos niños entregados al juego. Jesús, en medio de su grupo, viene del lago hacia la plaza, acariciando a los niños que le salen al paso e interesándose por sus confidencias... Ya han llegado a la plaza. Jesús va derecho al banco de la alcabala, donde Mateo está haciendo sus cuentas y comprobando si corresponden con las monedas (las cuales divide en categorías metiéndolas en bolsitas de distinto color y colocando éstas en un arca de hierro). Dos siervos esperan para transportar el arca a otro lugar. En el preciso momento en que la sombra proveniente del alto cuerpo de Jesús se extiende, Mateo levanta la cabeza para ver quién era el que se había retardado en ir a pagar. Pedro, mientras tanto, dice, tirando a Jesús de la manga: ―No tenemos nada que pagar, Maestro. ¿Qué haces?. Pero Jesús no le hace caso. Mira fijamente a Mateo, que se ha puesto de pie inmediatamente en actitud reverente. Otra segunda mirada perforadora, no obstante, ya no se trata de mirada del juez severo de la otra vez; es una mirada de llamada y de amor. Le envuelve, le llena de amor. Mateo se pone colorado. No sabe qué hacer, qué decir... 

                    Jesús ordena majestuosamente: ―Mateo, hijo de Alfeo, ha llegado la hora. Ven. ¡Sígueme!”. Mateo, sorprendido: ―¿Yo... Maestro? ¡Señor! ¿Pero sabes quién soy?... Lo digo por Ti, no por mí... Jesús repite con voz más dulce: ―Ven, y sígueme, Mateo hijo de Alfeo. Mateo: ―¡Oh! ¿Cómo es posible que haya alcanzado favor ante Dios?... ¿Yo... Yo...?. La tercera invitación es una caricia: ―Mateo, hijo de Alfeo, he leído tu corazón. Ven ¡Sígueme!. Mateo: ―¡Enseguida, mi Señor! y con lágrimas en los ojos, sale por detrás del banco, sin preocuparse siquiera por recoger las monedas esparcidas sobre él, ni de pedir la caja fuerte, ni de nada. Y cuando está cerca de Jesús le pregunta: ―¿A dónde vamos, Señor? ¿A dónde me llevas?. Jesús: ―A tu casa. ¿Quieres dar hospedaje al Hijo del hombre?. Mateo: ―¡Oh! Pero... pero ¿qué dirán los que te odian?. Jesús: ―Yo escucho lo que se dice en los Cielos, y allí se dice: «Gloria a Dios por un pecador que se salva», y el Padre dice: «Para siempre la Misericordia se levantará en los Cielos y se derramará sobre la Tierra, y, puesto que con un amor eterno, con un amor perfecto, Yo te amo, también contigo uso misericordia». Ven. Y que yendo Yo a tu casa, ésta se santifique además de tu corazón. Mateo: ―Yo la tenía purificada, por una esperanza que tenía en mi alma... que, no obstante, la razón no podía creer verdadera... ¡Oh, yo con tus santos...! y mira a los discípulos. Jesús: ―Sí, son mis amigos. Venid. Os uno y sed hermanos. 

                    Los discípulos están hasta tal punto estupefactos, que todavía no han encontrado la forma de decir palabra alguna. Detrás de Jesús y Mateo caminan en grupo por la plaza, que está completamente vacía de gente, y van por un estrecho paso de la calle que arde bajo sol abrasador. No hay ser viviente alguno en las calles, solo sol y polvo.

                    Entran en casa. Una hermosa casa con un amplio portal que se abre hacia fuera. Un hermoso atrio lleno de sombra y frescor, luego un pórtico ancho dispuesto como jardín. Mateo: ―¡Entra, Maestro mío! ¡Traed agua y bebidas!. Los criados corren a traerles. Mateo sale a dar órdenes, mientras Jesús y los suyos se refrescan. Regresa y dice: ―Ahora ven, Maestro. La sala está fresca... Ahora vendrán amigos... ¡Oh! ¡Quiero que se haga una gran fiesta! Es mi regeneración. Es la mía... ésta es la circuncisión verdadera... Me has circuncidado el corazón con tu amor... Maestro, es la última fiesta... No más fiestas para el publicano Mateo. No más fiestas mundanales... sola la fiesta interna de haber sido redimido y de servirte a Ti... de ser amado por Ti... cuánto he llorado... no sabía cómo hacer... quería ir... pero... ¿cómo ir a Ti?... ¿A Ti, santo... con mi alma sucia?. Jesús: ―Tú la lavabas con el arrepentimiento y caridad para Mí y para el prójimo. Pedro... ven aquí. 

                    Pedro que todavía no ha hablado, pues sigue tan estupefacto, da un paso adelante. Los dos hombres, igualmente ya de edad, de estatura baja, robustos, están frente a frente, y Jesús ante ellos, los mira con una hermosa sonrisa, y dice: ―Pedro, me has preguntado muchas veces quién era el desconocido de la bolsa de dinero que llevaba Santiaguito. Mírale. Le tienes frente a ti. Pedro: ―¿Quién?... Este lad... ¡Perdona, Mateo! Pero ¿quién podía pensar que eras tú, precisamente tú, nuestra desesperación —por la usura—, fueses capaz de arrancarte cada semana un pedazo de tu corazón, al dar ese rico óbolo?. Mateo: ―Lo sé. Injustamente os tasé. Pero mirad, me arrodillo ante todos vosotros y os digo: «¡No me arrojéis de vuestra presencia! Él me ha acogido, no seáis más severos que Él». 

                    Pedro, que está junto a Mateo, le levanta improvisadamente, a pulso, brusca pero cariñosamente: ―¡Vamos! ¡vamos! Ni a mí ni a los demás. Pídele perdón a Él. Nosotros... ¡bueno hombre!, más o menos somos ladrones como tú... ¡Ay! ¡Lo he dicho! ¡Maldita lengua! Pero es que yo soy así: lo que pienso, lo digo; lo que tengo en el corazón, lo tengo en los labios. Ven. Vamos a hacer un pacto de paz y de amor y besa a Mateo en las mejillas. Los otros también lo hacen con más o menos cariño. Digo así porque Andrés lo hace con reserva, debido a su timidez y Judas Iscariote se muestra frío...


Llamada de Jesús a Mateo para ser discípulo, 
extracto de "El Evangelio tal como me ha sido revelado", 
de la mística italiana María Valtorta, 
capítulo 97, 27 de enero de 1945



domingo, 20 de septiembre de 2026

DESDE EL VIENTRE DE MI MADRE TÚ ERES MI DIOS



Deus, Deus meus, respice in me: quare me dereliquisti? 
longe a salute mea verba delictorum meorum.

Deus meus, clamabo per diem, et non exaudies; 
et nocte, et non ad insipientiam mihi. 
Tu autem in sancto habitas, laus Israel.

In te speraverunt patres nostri; speraverunt, 
et liberasti eos. Ad te clamaverunt, et salvi facti sunt; 
in te speraverunt, et non sunt confusi.
Ego autem sum vermis, et non homo; 
opprobrium hominum, et abjectio plebis.

Omnes videntes me deriserunt me; locuti sunt labiis, 
et moverunt caput. Speravit in Domino, eripiat eum: 
salvum faciat eum, quoniam vult eum.
Quoniam tu es qui extraxisti me de ventre, 
spes mea ab uberibus matris meae.

In te projectus sum ex utero; de ventre matris meae 
Deus meus es tu: ne discesseris a me, quoniam tribulatio 
proxima est, quoniam non est qui adjuvet. 
Circumdederunt me vituli multi; tauri pingues obsederunt me.

Aperuerunt super me os suum, sicut leo rapiens et rugiens.
Sicut aqua effusus sum, et dispersa sunt omnia ossa mea: factum est 
cor meum tamquam cera liquescens in medio ventris mei.

Aruit tamquam testa virtus mea, et lingua mea adhaesit 
faucibus meis: et in pulverem mortis deduxisti me.

Quoniam circumdederunt me canes multi; concilium 
malignantium obsedit me. Foderunt manus meas et 
pedes meos; dinumeraverunt omnia ossa mea. 
Ipsi vero consideraverunt et inspexerunt me.

Diviserunt sibi vestimenta mea, et super vestem meam 
miserunt sortem. Tu autem, Domine, ne elongaveris auxilium 
tuum a me; ad defensionem meam conspice. Erue a framea, 
Deus, animam meam, et de manu canis unicam meam.

Salva me ex ore leonis, et a cornibus unicornium 
humilitatem meam. Narrabo nomen tuum fratribus meis; 
in medio ecclesiae laudabo te. Qui timetis Dominum, 
laudate eum; universum semen Jacob, glorificate eum.

Timeat eum omne semen Israel, quoniam non sprevit, 
neque despexit deprecationem pauperis, nec avertit 
faciem suam a me: et cum clamarem ad eum, exaudivit me.
Apud te laus mea in ecclesia magna; vota mea 
reddam in conspectu timentium eum.

Edent pauperes, et saturabuntur, et laudabunt Dominum 
qui requirunt eum: vivent corda eorum in saeculum saeculi. 
Reminiscentur et convertentur ad Dominum universi fines 
terrae; et adorabunt in conspectu ejus universae familiae gentium: 
quoniam Domini est regnum, et ipse dominabitur gentium.

Manducaverunt et adoraverunt omnes pingues terrae; 
in conspectu ejus cadent omnes qui descendunt in terram. 
Et anima mea illi vivet; et semen meum serviet ipsi.
Annuntiabitur Domino generatio ventura; et annuntiabunt 
caeli justitiam ejus populo qui nascetur, quem fecit Dominus.


Psalmi 22, Biblia Vulgata


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación 
y de las palabras de mi clamor?

Dios mío, de día clamo y no respondes;
Y de noche, pero no hay para mí reposo.

 Sin embargo, Tú eres santo,
Que habitas entre las alabanzas de Israel.

En Ti confiaron nuestros padres;
Confiaron, y Tú los libraste.

A Ti clamaron, y fueron librados;
En Ti confiaron, y no fueron decepcionados.

Pero yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

Todos los que me ven, de mí se burlan;
Hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo:

Que se encomiende al Señor; que Él lo libre;
que Él lo rescate, puesto que en Él se deleita.

Porque Tú me sacaste del seno materno;
Me hiciste confiar estando a los pechos de mi madre.

A Ti fui entregado desde mi nacimiento;
Desde el vientre de mi madre Tú eres mi Dios.

No estés lejos de mí, porque la angustia 
está cerca, pues no hay nadie que ayude.

Muchos toros me han rodeado;
Toros fuertes de Basán me han cercado.

Ávidos abren su boca contra mí,
Como un león que despedaza y ruge.

Soy derramado como agua,
Y todos mis huesos están descoyuntados;
Mi corazón es como cera;
Se derrite en medio de mis entrañas.

Como un tiesto se ha secado mi vigor,
Y la lengua se me pega al paladar;
Me has puesto en el polvo de la muerte.

Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malhechores;
Me horadaron las manos y los pies.

Puedo contar todos mis huesos;
Ellos me miran, me observan.

Se reparten entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echan suertes.

Pero Tú, oh Señor, no estés lejos;
Fuerza mía, apresúrate a socorrerme.

Libra mi alma de la espada,
Mi única vida de las garras del perro.

Sálvame de la boca del león
Y de los cuernos de los búfalos; respóndeme.

Hablaré de Tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.

Los que temen al Señor, alábenlo;
Descendencia toda de Jacob, glorifíquenlo,
Témanlo, descendencia toda de Israel.

Porque Él no ha despreciado ni aborrecido la aflicción 
del angustiado, ni le ha escondido Su rostro;
Sino que cuando clamó al Señor, lo escuchó.

De Ti viene mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos cumpliré delante de los que le temen.

Los pobres comerán y se saciarán;
Los que buscan al Señor, lo alabarán.
¡Viva para siempre el corazón de ustedes!

Todos los términos de la tierra se acordarán 
y se volverán al Señor, y todas las familias 
de las naciones adorarán delante de Ti.

Porque del Señor es el reino,
Y Él gobierna las naciones.

Todos los grandes de la tierra comerán y adorarán;
Se postrarán ante Él todos los que descienden al polvo,
Aun aquel que no puede conservar viva su alma.

La posteridad le servirá;
Esto se dirá del Señor hasta la generación venidera.

Vendrán y anunciarán Su justicia;
A un pueblo por nacer, anunciarán que Él ha hecho esto.