jueves, 13 de marzo de 2014

COLOQUIOS CON JESÚS SACRAMENTADO


Coloquios del Discípulo con Jesús Sacramentado 
Por el Beato Tomás de Kempis 

          Dulcísimo y amorosísimo Señor, a quien ahora mismo deseo recibir con mucha devoción, tu conoces mi debilidad y la miseria que me aflige (...) Tú sabes cuáles son los bienes que más necesito y cuán falto ando en todas las virtudes. (...) 

          Eleva mi corazón hacia el cielo, hacia ti, y no dejes que me pierda vagando sobre esta tierra. Sé tú solo, desde este momento y para siempre, mi única dulzura (...)



          Ojalá pudiera quemarme totalmente en tu presencia, consumirme y transformarme en ti, de suerte que sea un solo espíritu contigo por la gracia que produce esa unión íntima y por la efusión que causa el amor ardiente.

          No permitas que me separe de ti en ayunas y árido, usa conmigo misericordia como tantas veces demostraste de un modo tan portentoso con los santos.

          Siendo tú un fuego que siempre arde y nunca se extingue, un amor que purifica los corazones y alumbra las inteligencias, ¡qué maravilloso sería que al acercarme a ti me quemase enteramente en tu fuego y dejara de ser yo mismo para transformarme en ti!"

lunes, 10 de marzo de 2014

EL PURGATORIO Y SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS ( II )

          Un momento después de su agitación aumentó, y pronunció una dolorosa exclamación. Era el calabozo de las mentiras el que se abría ante ella. Después de haberlo considerado atentamente, dijo, “Los mentirosos están confinados a este lugar de vecindad del Infierno, y sus sufrimientos son excesivamente grandes. Plomo fundido es vertido en sus bocas, los veo quemarse, y al mismo tiempo, temblar de frío”.

          Luego fue a la prisión de aquellas almas que habían pecado por debilidad, y se le oyó decir: “Había pensado encontrarlas entre aquellas que pecaron por ignorancia, pero estaba equivocada: ustedes se queman en un fuego mas intenso”. Más adelante, ella percibió almas que habían estado demasiado apegadas a los bienes de este mundo, y habían pecado de avaricia.

             “Que ceguera, dijo, ”¡las de aquellos que buscan ansiosamente la fortuna perecedera! Aquellos cuyas antiguas riquezas no podían saciarlos suficientemente, están ahora atracados en los tormentos. Son derretidos como un metal en un horno”.

          De allí pasó a un lugar donde las almas prisioneras eran las que se habían manchado de impureza. Ella las vio en tan sucio y pestilente calabozo, que la visión le produjo náuseas. Se volvió rápidamente para no ver tan horrible espectáculo.




         Viendo a los ambiciosos y a los orgullosos, dijo “Contemplo a aquellos que deseaban brillar ante los hombres; ahora están condenados a vivir en esta espantosa oscuridad”.

          Entonces le fueron mostradas las almas que tenían la culpa de ingratitud hacia Dios. Estas eran presas de innombrables tormentos y se encontraban ahogadas en un lago de plomo fundido, por haber secado con su ingratitud la fuente de la piedad.

          Finalmente, en el último calabozo, ella vio aquellos que no se habían dado a un vicio en particular, sino que, por falta de vigilancia apropiada sobre si mismos, habían cometido faltas triviales. Allí observó que estas almas tenían que compartir el castigo de todos los vicios, en un grado moderado, porque esas faltas cometidas solo alguna vez las hacen menos culpables que aquellas que se cometen por hábito.

          Después de esta última estación, la santa dejó el jardín, rogando a Dios nunca tener que volver a presenciar tan horrible espectáculo: ella sentía que no tendría fuerza para soportarlo.

          Su éxtasis continuó un poco mas y conversando con Jesús, se le oyó decir: “Dime, Señor, el porqué de tu designio de descubrirme esas terribles prisiones, de las cuales sabía tan poco y comprendía aun menos…” ¡Ah! ahora entiendo; deseaste darme el conocimiento de Tu infinita Santidad, para hacerme detestar más y más la menor mancha de pecado, que es tan abominable ante tus ojos”.

domingo, 9 de marzo de 2014

SIETE DOMINGOS A SAN JOSÉ; SEXTO DOMINGO; REFLEXIÓN DOMINICAL


Sexto Dolor y Gozo
San Mateo 2, 19-23


Glorioso San José, que viste sujeto a tus órdenes al Rey de los Cielos.
Si tu alegría al regresar de Egipto se vio turbada por el miedo a Arquelao,
 después, al ser tranquilizado por el Ángel, 
viviste contento en Nazaret con Jesús y María.

Por este Dolor y Gozo, alcánzanos la gracia de vernos libres de temores, 
y gozando de paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María 
y morir en Su Compañía.

( Ahora reza con piedad y atención un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria )





Sermón del I Domingo de Cuaresma

por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero
Director de la revista digital "INTEGRISMO"

      Este tiempo de Cuaresma que hemos comenzado, fue instituido como preparación a la Pascua en el Concilio de Nicea, el año 325. Es, ante todo, tiempo de oración, tiempo especialísimo para asistir a Misa, pudiendo, durante la semana para aprovechar los hermosos textos litúrgicos y también, para frecuentar más la confesión y la Sagrada Comunión. Es un tiempo de ayuno y de penitencia. La supresión del “Alleluia” del Gloria, del órgano y de las flores, lo dan a entender. Tiempo penitencial, tiempo reconciliador y purificador, como nos lo recuerda San Pablo en la Epístola de hoy: “He aquí el tiempo propicio, he aquí el día de la salvación”. Nos preparamos para la Semana Santa; por lo tanto, es muy conveniente meditar en los misterios de la pasión por la práctica del Vía Crucis y de otras devociones.

      Tengamos, entonces, presente lo que nos dice San Pablo en la Epístola: el discípulo de Cristo ha de vivir según el Maestro, en la cruz y en la mortificación. No ha de crearse un cristianismo fácil. La Cuaresma nos lo recuerda.

      Hecha esta introducción, vayamos al Evangelio de hoy. Se trata de las tentaciones de Nuestro Señor en el desierto.

      Y comienza diciendo que Cristo fue llevado al desierto por el Espíritu. El Espíritu Santo permite estas tentaciones. Nuestro Señor es tentado en el desierto, en la soledad. La soledad tiene sus bienes y sus peligros: sus bienes; el hombre aislado de cuanto puede distraer sus sentidos se encuentra más fácilmente con Dios, que no es amador del mundo. Sus peligros, pues las tentaciones suelen ser mayores. Dios, de alguna manera, nos llama a la soledad, pues recogerse para rezar es estar a solas con Dios. Esta soledad es necesaria en la medida posible a cada estado. El simple examen de conciencia hecho varias veces al día es ya un recogerse en el desierto que recomiendan los santos. A esta soledad nos lleva el Espíritu.
Nuestro Señor es llevado al desierto para ser tentado por el diablo y allí ayunó cuarenta días y cuarenta noches, dice el texto evangélico.

      Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, en la IIIª parte, q. 41, explica porqué Cristo quiso ser tentado: En 1er lugar, nos dice que Cristo se ofrece por propia voluntad a ser tentado; de otra manera, el diablo no se hubiese llegado a tentarlo. Luego da 4 motivos: Primero, para darnos auxilio contra las tentaciones. Por lo que dice San Gregorio: “No era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, puesto que vino para ser muerto, para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, como venció nuestra muerte con la suya."

      Segundo, para advertencia nuestra, para que nadie, por santo que sea, se tenga por seguro y exento de tentaciones. Por eso, se lee en el Eclesiástico: “Hijo mío, si te das al servicio de Dios, tente firme en la justicia y el temor y prepara tu alma para la tentación”.

      Tercero, para dar ejemplo, para enseñarnos de qué manera hemos de vencer las tentaciones del diablo. Y así, dice San Agustín, que Cristo se ofreció al diablo para ser tentado, a fin de ser nuestro mediador en superar las tentaciones, no solo con la ayuda, sino con el ejemplo.

      Cuarto, para movernos a confiar en su Misericordia. Por esto, se dice en la Epístola a los Hebreos: “No es tal el Pontífice que tenemos que no sepa compadecerse de nuestras flaquezas, pues fue tentado en todas las cosas, para asemejarse a nosotros, fuera del pecado”. Así concluye Santo Tomás.

      Tomemos dos grandes ejemplos de tentaciones, en las vidas de San Antonio, Abad,  y de Santa Catalina de Siena. Leemos en la vida de San Antonio, que el diablo, no pudiendo tolerar los santos propósitos de Antonio, comenzó a traerle a la memoria el recuerdo de las riquezas, de su hermana abandonada, de su antigua vida, de sus comodidades y banquetes, comparando todo esto con el rigor de la vida que había abrazado. Le traía pensamientos impuros e incluso llegó a aparecérsele el espíritu de la impureza. El Santo a todo resistía. Llegó el diablo a lastimarlo corporalmente y a aparecérsele bajo la forma de feroces animales. Pero el Señor vino en su ayuda, levantó el Santo sus ojos y vio un rayo de luz; los demonios, entonces, huyeron. Antonio le preguntó “¿dónde estabas? ¿Cómo no viniste a calmar mis dolores?” Entonces, Nuestro Señor le contestó: “Aquí estaba, Antonio, contemplando tu lucha”.

      También Santa Catalina de Siena habiendo sido atacada muy duramente por el demonio con multitud de tentaciones deshonestas. Eran muy fuertes y duraron largo tiempo. Hasta que un día, Nuestro Señor se le apareció y ella le dijo: “¿Dónde estabas, Dulce Señor, mientras mi corazón se veía en tantas tinieblas y suciedades?” A lo cual Él le respondió: “Yo estaba dentro de tu corazón, hija mía” “Y, ¿cómo” -replica la Santa- “podías vivir en medio de tanta inmundicia?” Y el Señor le dice: “Dime, esos pensamientos malos, ¿te causaban placer o tristeza, amargura o deleite?” Y Catalina contesta: “Extrema amargura y tristeza” Y Jesús continuó: “¿Y quién infundía esa amargura y tristeza en tu corazón, sino Yo, que estaba oculto en tu alma?

      Que estos ejemplos de Santos nos ayuden en la lucha contra las tentaciones en nuestro combate espiritual. Debemos aprender a conocer las trampas que nos pone el enemigo de nuestra salvación, aprender a conocer, como dice San Ignacio, las buenas y malas mociones que podemos tener en el alma. Las buenas para recibir, las malas para rechazar. El Santo enumera las reglas de discernimiento de espíritus en su librito de los Ejercicios espirituales.

      De ellos recordemos la 1ª, que nos dice que en las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el mal espíritu presenta mayores placeres para conservarlos en sus vicios y pecados, mientras que el bueno, por el contrario, le trae remordimientos.

      Y también recordemos la 2ª regla: en las personas que van purgando sus pecados y avanzando en la vida espiritual, el mal espíritu obra al revés que en la 1ª, da tristeza, pone impedimentos, falsas razones para que no adelante; mientras el buen espíritu da ánimo y fuerzas.

      El mal espíritu quiere nuestra ruina y condenación. Por eso, como dice San Juan Crisóstomo, no debemos creerle, cerrarle por completo los oídos y aborrecerlo cuando nos halaga. Nos tiene declarada guerra sin cuartel, y pone más empeño en perdernos que nosotros en salvarnos. No hagamos nada de lo que a él le gusta y así cumpliremos lo que agrada a Dios.

      Continuando con el Evangelio, Nuestro Señor quiere prepararse para su vida pública con cuarente días de ayuno, como también lo habían hecho ya Moisés y Elías. Quiere darnos ejemplo y enseñarnos a despreciar el placer material, prefiriendo los placeres espirituales de la oración.

      Luego del texto evangélico nos indica las tentaciones de que fue objeto Nuestro Señor; la materia de la tentación es triple: es tentado de gula, de vanagloria y de ambición.

      En primer lugar, la gula: “Habiendo ayunado tuvo hambre, y acercándose el tentador, le dijo: -Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él le respondió diciendo: -Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Santo Tomás afirma que no es gula usar de las cosas necesarias para el sustento de la vida, pero sí lo puede ser cometer algún desorden por el deseo de sustento. Y aquí había desorden, pues podía procurarse alimento por medios humanos, siendo inútil un milagro. Nuestro Señor nos enseña aquí, que el alimento espiritual deber ser el principal alimento del cristiano.


      La segunda tentación es de vanagloria: “Llevóle, entonces, el diablo a la ciudad santa y poniéndole sobre el pináculo del templo le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues escrito está: A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra. Díjole Jesús: -También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”. El diablo pide aquí a Nuestro Señor una prueba de Su Divinidad. Cristo nos enseña aquí, a vencer al demonio, no con milagros, sino con paciencia y longanimidad, dice San Juan Crisóstomo, sin dejarnos llevar nunca por la ostentación y la vanagloria.

      La tercera tentación es de ambición: De nuevo le llevó el diablo a un monte y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria le dijo: "Todo esto te daré, si postrado, me adorares: Díjole entonces Jesús: -Apártate, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”. Entonces, el diablo le dejó y llegaron ángeles y le servían." Aquí, el demonio promete a Cristo el poder, a condición de cometer el mayor de los crímenes: servir al diablo, adorarlo. Nuestro Señor rechaza resueltamente, solo se adora al verdadero Dios. Sin embargo, cuántos en el mundo de hoy para alcanzar al poder no tienen escrúpulos en cometer los mayores pecados.

      Recordemos, sobre la tentación, que tener tentaciones no es pecado, aunque se debe evitar la ocasión de ser tentados, pero la tentación no es pecado. Pues sentir no es consentir, como se dice; sentir la tentación solo será falta si se consiente en ella.

      De todo esto sacamos como lección, que Cristo nos enseño a vencer las tentaciones: en primer lugar, usando la palabra de Dios; en segundo lugar, recordando los mandamientos divinos y, en tercer lugar, conociendo las asechanzas del tentador, no cooperando con él sino rechazándolo con gran confianza en Dios y con autoridad.

      Para terminar, San Francisco de Sales enumera los remedios contra las tentaciones: “1º, LA ORACIÓN, como los niños que en el peligro recurren a su madre; así hemos de hacer nosotros con Dios ante la tentación. 2º, LA SANTA CRUZ, por la que fue vencido para siempre el diablo. 3º, la lucha y EL RECHAZO de la tentación, rechazarla con todas nuestras fuerzas. 4º APARTAR LA MENTE: no mires cara a cara a la tentación. Pon los ojos solamente en Nuestro Señor, pues si te fijas demasiado en ella, sobre todo si es muy violenta, te expondrías a ser vencido”, dice el Santo. 5º, OCUPARSE EN BUENAS OBRAS que nos hagan olvidar las tentaciones, 6º remedio contra la tentación, abrir la conciencia a un DIRECTOR ESPIRITUAL y último remedio, no discutir CON EL DIABLO, NO RESPONDERLE, sino con las mismas palabras que le dirigió Nuestro Señor: Apártate de mí, Satanás, pues está escrito “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”.

      Que Nuestro Señor Jesucristo nos ayude en la lucha contra las tentaciones.


NOTA IMPORTANTE: 


El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
sólo tienen que escribirnos un mail a traditio@hotmail.com


viernes, 7 de marzo de 2014

NECESIDAD DE MEDITAR EN LA PASIÓN DE NUESTRO REDENTOR


LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedica el día Viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar la Pasión de Nuestro Señor, devociones que van de la mano, pues de cierto el Corazón de Jesús padeció como ninguno por nosotros, y aún hoy nos aguarda en el Sagrario, sufriendo nuestra ausencia e indiferencia.

En este tiempo de Cuaresma, urge además que nos adentremos en las Llagas del Redentor, y la mejor manera de sobrellevar los problemas cotidianos, sean temporales o espirituales, es meditar asiduamente la Pasión de Cristo Nuestro Señor y si además usamos de un arma complementaria como la que te voy a presentar, seguro que tu devoción por la Pasión de Nuestro Señor irá en aumento en estos días de penitencia cuaresmal.

Antes que nada, lee atentamente estas palabras del gran Doctor San Alfonso María de Ligorio, un verdadero enamorado y divulgador de la Pasión. Luego, podrás ver qué facil es rezar la CORONA DE LAS CINCO LLAGAS, que tantos beneficios y consuelos traerá a tu alma, pues meditando la Pasión de Cristo Nuestro Señor, entenderás cuánto necesitamos refugiarnos en Aquéllas Benditas Heridas.




          Nuestro tiempo no es tiempo de temor ya que somos testigos de un Dios que ofreció la vida para lograr hacerse amar. La pasión de Jesús fue llamada un exceso, por lo cual nadie que la medite podrá seguirle a medias.

          Si quieres crecer en la vida del espíritu, piensa todos los días en los padecimientos del Señor porque pensando en ellos es imposible que no te llenes de amor y fortaleza; amor capaz de relativizar los demás efectos en comparación con el suyo, y fortaleza para sobrellevar con gozo las pruebas y las cargas inevitables de la vida.

             ¿Quién podrá desesperarse o irritarse por lo injusto de sus sufrimientos viendo a Jesús herido y despedazado? ¿Quién rehusará sujetarse a las exigencias del bien común al recordar a Cristo obediente hasta la muerte? ¿Quién podrá temer si se abraza a la cruz de Nuestro Redentor?

          Se lamentaba Santa Teresa de que algunos libros le hubieran aconsejado dejar de meditar la pasión, porque la humanidad de Cristo hubiera pudiera impedirle la contemplación de su divinidad; y consciente del error exclamaba: "Oh Señor y bien mío, Jesús crucificado, me parecía haberte hecho una gran traición, pues ¿de dónde me vinieron todos los bienes sino de vuestra cruz?".

          Decía San Pablo que solo ambicionaba saber la ciencia de la cruz, es decir, el amor que ella encierra: "Pues no quise entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Co 11,2).

          Preguntado San Buenaventura de dónde sacaba tan copiosa y excelente doctrina como ponía en sus obras, dijo mostrando un crucifijo: "Este es el libro que me dicta todo lo que escribo. Aquí he aprendido lo poco que sé".

           ¿Dudarías de consagrarte por entero al Redentor si verdaderamente conocieras el misterio de la cruz? ¿Cómo habiéndote amado hasta la locura no ha logrado aún gobernarte el corazón? Ten presente que "Cristo murió por todos, para que los que viven no vivan para sí, sino para El que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5,15) .


jueves, 6 de marzo de 2014

EL OFICIO DE LOS SACERDOTES


SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, DÍA JUEVES:

Adora a Jesús Sacramentado, oculto en la Sagrada Hostia.
Ruega por la santidad de los sacerdotes.


      Grande es este misterio, y grande es la dignidad de los sacerdotes, a los cuales es dado lo que no es concedido a los Ángeles. Pues sólo los sacerdotes ordenados en la Iglesia tienen poder de celebrar y consagrar el cuerpo de Jesucristo. El sacerdote es ministro de Dios, cuyas palabras usa por su mandamiento y ordenación; mas Dios es allí el principal autor y obrador invisible, a cuya voluntad todo está sujeto, y a cuyo mandamiento todo obedece.

     ¡Oh, cuán grande y honorífico es el oficio de los sacerdotes, a los cuales es concedido consagrar al Señor de la Majestad con las palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca, y distribuirle a los demás!

La Imitación de Cristo, por Tomás de Kempis



lunes, 3 de marzo de 2014

EL PURGATORIO Y SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS


En la Vida de Santa Magdalena de Pazzi, escrita por el Padre Cepari 
nos encontramos con la visión de que tuvo la Santa del Purgatorio; 
por ser algo extensa, la leeremos en dos partes.

            “Un tiempo antes de su muerte, que tuvo lugar en 1607, la sierva de Dios, Magdalena de Pazzi, se encontraba una noche con varias religiosas en el jardín del convento, cuando entró en éxtasis y vio el Purgatorio abierto ente ella. Al mismo tiempo, como ella contó después, una voz la invitó a visitar todas las prisiones de la Justicia Divina, y a ver cuan merecedoras de compasión son esas almas allí detenidas.



          En ese momento se la oyó decir: “Si, iré”. Consintió así a llevar a cabo el penoso viaje. De hecho a partir de entonces caminó durante dos horas alrededor del jardín, que era muy grande, parando de tiempo en tiempo. Cada vez que interrumpía su caminata, contemplaba atentamente los sufrimientos que le mostraban. Las religiosas vieron entonces que, compadecida, retorcía sus manos, su rostro se volvió pálido y su cuerpo se arqueó bajo el peso del sufrimiento, en presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada.

          Entonces comenzó a lamentarse en voz alta, “¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias. Aunque hay otras en mayores profundidades. Cuan feliz debo estimarme al no estar obligada a bajar hasta allí."

          Sin embargo descendió después, porque se vio forzada a continuar su camino. Cuando hubo dado algunos pasos, paró aterrorizada y, suspirando profundamente, exclamó
"¡Qué! ¡Religiosos también en esta horrenda morada! ¡Buen Dios! ¡Como son atormentados! ¡Oh, Señor!".

          Ella no explicó la naturaleza de sus sufrimientos, pero el horror que manifestó en contemplarles le causaba suspiros a cada paso. Pasó de allí a lugares menos tristes. Eran calabozos de las almas simples y de los niños que habían caído en muchas faltas por ignorancia.

          Sus tormentos le parecieron a la Santa mucho más soportables que los anteriores. Allí solo había hielo y fuego. Y notó que las Almas tenían a sus Ángeles guardianes con ellas, pero vio también demonios de horribles formas que acrecentaban sus sufrimientos.

          Avanzando unos pocos pasos, vio almas todavía más desafortunadas que las pasadas, y entonces se oyó su lamento, "¡Oh! ¡Cuán horrible es este lugar; está lleno de espantosos demonios y horribles tormentos! ¿Quiénes, oh Dios mío, son las victimas de estas torturas? Están siendo atravesadas por afiladas espadas, y son cortadas en pedazos". A esto se le respondió que eran almas cuya conducta había estado manchada por la hipocresía.

          Avanzando un poquito mas, vio una gran multitud de almas que eran golpeadas y aplastadas bajo una gran presión, y entendió que eran aquellas almas que habían sido impacientes y desobedientes en sus vidas. Mientras las contemplaba, su mirada, sus suspiros, todo en su actitud estaba cargada de compasión y terror...


Continuará...


domingo, 2 de marzo de 2014

SIETE DOMINGOS A SAN JOSÉ; QUINTO DOMINGO; REFLEXIÓN DOMINICAL


Quinto Dolor y Gozo
San Mateo 2, 13-18



San José, Custodio y familiar íntimo del Verbo de Dios Encarnado. 
Grande fue tu sufrimiento para alimentar y servir al Hijo del Altísimo, 
sobre todo en la huida a Egipto; de igual manera fue grande tu alegría 
al tener siempre en tu compañía al mismo Hijo de Dios y ver cómo caían 
en la tierra los ídolos de Egipto.

Por este Dolor y Gozo, te rogamos nos alcances la gracia de que, 
huyendo de las ocasiones del pecado, venzamos al enemigo infernal 
y hagamos caer de nuestro corazón todo ídolo de pasiones terrenas, 
para que, ocupados en servir a Jesús y a María, vivamos únicamente para Ellos
 y tengamos una muerte feliz.

( Ahora reza con piedad y atención un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria )




Reflexión Dominical
tomada del Catecismo de San Pío X
 para este Domingo de Quincuagésima 
y para el próximo Miércoles de Cenizas,
 inicio de la Cuaresma. 



¿Qué es la CUARESMA? 
          La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

¿A qué fin ha sido instituida la Cuaresma? 
          La Cuaresma ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2.°, para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3.°, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de CENIZA? 
          El primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.

¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? 
          La Iglesia, al principio de la Cuaresma, acostumbra poner la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza? 
          Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

¿Qué hemos de hacer para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia? 
          Para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia hemos de hacer
cuatro cosas: , guardar exactamente el ayuno ,y la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; , darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que da ordinario, , oír la palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión pascual.


¿En qué consisten el ayuno y la abstinencia? 
          El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne.

¿Se prohíbe toda otra refección los días de ayuno, fuera de la única comida? 
          Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana.

¿Quiénes están obligados al ayuno y a la abstinencia? 
          Al ayuno están obligados todos los que sean mayores de edad, hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.

¿Están exentos de toda mortificación los que no están obligados al ayuno? 
          Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.


NOTA IMPORTANTE: 

El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
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sábado, 1 de marzo de 2014

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA Y EL CARMELO


              ¿Cuál es la relación entre Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Monte Carmelo, puesto que Ella se apareció con el hábito carmelita en una de las apariciones? Ustedes saben que en las apariciones de Fátima, nuestra Señora normalmente llevaba un vestido blanco con un borde dorado y un cinturón de oro en la cintura. Pero durante la aparición a los niños cuando ocurrió el milagro del sol, Ella se apareció con el hábito carmelita en la representación de los misterios gloriosos del rosario.


          En Fátima la Virgen también se apareció como Nuestra Señora del Carmen. Nuestra Señora no hace nada sin alguna razón, por lo que la primera pregunta nos lleva a otra: 

¿Cuál es la relación entre la Virgen del Carmelo
 y Nuestra Señora de Fátima?




          La invocación de Nuestra Señora del Carmelo tiene su origen en el Monte Carmelo en Tierra Santa, donde solían vivir los ermitaños en la época de la Antigua Alianza orando y esperando a una Virgen-Madre que vendría a traer la salvación a toda la raza humana. Ellos estaban siguiendo el ejemplo de Elías, el profeta, que estuvo en el Monte Carmelo rezando por la salvación de Israel, que estaba pasando por una terrible sequía, cuando él vio una pequeña nube en el horizonte lejano. Él creyó la que esa pequeña nube traería la lluvia tan necesaria a Israel. La pequeña nube creció en tamaño y cubrió todo el cielo, y, finalmente, la tan esperada lluvia vino a salvar al pueblo.


          Elías entendió que esta nube era un símbolo de la Virgen que vendría, en relación con las profecías de Isaías que hablaban de la Virgen. Los que siguieron su ejemplo también oraron por la venida de la Virgen que sería la Madre del Mesías. En tiempos de la Antigua Alianza, por lo tanto, los ermitaños del Monte Carmelo tuvieron la misión espiritual de prever la venida de la nuestra Señora y rezaron por ello. Ellos fueron perseguidos por gente malvada, y también por los miembros de la decadente Sinagoga; no obstante, los ermitaños del Monte Carmelo se mantuvieron fieles.


          Finalmente, Nuestra Señora vino, y Ella recibió la mayor glorificación que cualquier criatura viva haya recibido y recibirá: en Ella el Verbo Divino, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo carne. Ella se convirtió en la Esposa del Espíritu Santo...



          La cristiandad hoy en día está de nuevo en decadencia. Nuestra Señora vino a Fátima para advertir de esta decadencia, del castigo, y la victoria con la famosa frase: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”. En ese mismo conjunto de apariciones en las que Ella anunció su victoria, Ella deseó aparecerse con el hábito de la Orden Carmelita, como una forma de confirmar su antigua predilección por ella e indicar que esta Orden será parte de su glorioso reinado. Con el hábito, Ella realizó simbólicamente una síntesis del pasado y el futuro, en el mismo momento en que Ella anunció el fin de una era y el comienzo de otra.


          Glorifiquémosla y pidámosle que nos prepare, a quienes somos carmelitas en espíritu, para pasar por el castigo y ser piedras vivas en el Reino de María.



(  Dr. Plinio Corrêa de Oliveira  )


jueves, 27 de febrero de 2014

PATRÓN DE LA JUVENTUD CATÓLICA, SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA



Bienaventurados los puros de corazón, 
porque ellos verán a Dios 
(Mateo 5:8)



          Con gran alegría recordamos hoy la memoria de San Gabriel de la Dolorosa, Alma Víctima y uno de mis bienaventurados predilectos; de hecho, desde que leí su Biografía siendo niño, soñaba con ser como él. Lejos de la imagen meliflua que muchas veces se nos ha presentado de este joven santo, verás que San Gabriel fue un joven como los demás, tentado de continuo por las diversiones y vanidades de este mundo, pero que luchó hasta el final contra el mundo y los enemigos de Dios; sabiendo bien de qué pasta estamos hechos, ofreció sus miserias a Aquél que todo lo puede y se santificó por ser valiente, sin complejos... 

          Seas joven o mayor, te invito a leer con buen ánimo esta breve semblanza al tiempo que te animo a conocer un poco más a este imitador de Cristo. San Gabriel de la Dolorasa nos recuerda con su vida que caer en el pecado es fácil, pero levantarse y continuar, es sólo cosa de santos.


BREVE BIOGRAFÍA DE SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA, 
PASIONISTA, ALMA VÍCTIMA
MODELO DE LA JUVENTUD


          Vino al mundo el 1 de marzo de 1838, en la ciudad de Asís. Le pusieron por nombre Francisco; cuando tenía sólo cuatro años, murió su madre y así quedó huérfano, junto con sus doce hermanos, al cuidado de su padre, ejemplar y cristianísimo. Y a su padre debió una firme educación familiar, gracias a la cual pudo llegar a superar el obstáculo de un carácter propenso a la cólera, y que no dejaba de dar frecuentes muestras de terca obstinación.

          Realizó sus estudios primero con los hermanos de las Escuelas Cristianas, y después con los jesuitas de Spoleto, a donde se había trasladado su padre. Ya de escolar se iniciaron en él las luchas en torno a la vocación religiosa, que tanto habían de alargarse.

             A los dieciséis años, la pubertad logra enfriar algo sus fervores infantiles. Una enfermedad le sirve de advertencia, y él, vuelto hacia el Señor, le promete entrar en religión si se cura. Pero, recobrada la salud, no tarda en olvidar aquella promesa. Nuevo aviso, nueva enfermedad, más peligrosa aún que la anterior. Perdida casi toda la esperanza, se encomienda al entonces Beato San Andrés Bobola y renueva su promesa de entrar religioso. En efecto, al aplicarle la imagen de San Andrés, queda dormido y horas después se despierta completamente curado. Pero... el mundo tiraba de él con fuerza. Se encontraba en plena juventud, tenía éxito entre las muchachas de Spoleto y, por otra parte, la vida religiosa se hacía muy dura para su carácter independiente.

          Nuevo aviso del Cielo: el cólera se lleva a una de sus hermanas, que él quería tiernamente. Parecía ya imposible desoír la voz de Dios. Y, en efecto, Francisco habla un día seriamente con su padre y le manifiesta que quiere entrar en religión. Cosa curiosa, su padre, tan cristiano, se niega. Le parece imposible que un muchacho tan frívolo pueda perseverar, y quiere probar antes aquella vocación que más le parece fruto de una impresión fuerte, la causada por la muerte de su hermana, que de una serena reflexión. Y hay un momento en que parece que todo le daba la razón. A pesar de haber manifestado tan seriamente su deseo de marchar del mundo, Francisco vuelve a su vida anterior, y, aun frecuentando los sacramentos, se muestra aficionado al teatro y se deja envolver por las vanidades del mundo.

          El golpe definitivo iba a llegar de la manera más inesperada. El día de la octava de la Asunción de 1856 Francisco está viendo pasar, como simple espectador, una procesión en la que se lleva una imagen de la Santísima Virgen de gran veneración en Spoleto: regalo de Federico Barbaroja a la villa, se decía que había sido pintada por San Lucas. De pronto el joven levanta su mirada al cuadro de la Virgen, y se siente sobrecogido al ver fijos en él los ojos de la imagen. Le parece escuchar una voz que dice: "Francisco, el mundo no es para ti. Tienes que entrar en religión".

          Se siente anonadado. Ya no hay que deliberar más. Lo que importa es poner cuánto antes por obra la decisión tomada. Pero su padre continúa oponiéndose. Y más cuando ve que el joven ha pedido su ingreso nada menos que en la austera congregación de los pasionistas. Buen cristiano, deja su padre el asunto en manos de dos eclesiásticos respetables. Los dos, al principio, se inclinan a pensar que Francisco no resistirá la vida pasionista. Los dos, después de haber escuchado al joven, se conciertan con él para eliminar las últimas dificultades. Y así el 21 de septiembre de 1856 Francisco cambiaba de hábito y de nombre. Pasaba a ser un novicio pasionista y a llamarse Gabriel de la Dolorosa. Había dejado su casa paterna y se encontraba en el retiro de Morrovalle.

          Su vida religiosa iba a ser breve, pero intensísima. La adaptación le costó terriblemente. Acostumbrado al género de comidas propio de una casa acomodada, los toscos alimentos del pobre convento pasionista le causaban una repugnancia invencible. A pesar de las protestas de su naturaleza insistía en comer, hasta que los superiores, compadecidos, le permitieron temporalmente algún alivio. Lo mismo ocurría con todos los demás aspectos de la observancia. Sin querer aceptar la más mínima singularidad, seguía siempre al pie de la letra un horario y unos ejercicios que costaban mucho a su delicada complexión.

          En febrero de 1858 comienza sus estudios, que le llevan primero al convento de Preveterino, después al de Camerino y finalmente al de Isola. En todos estos conventos dejó el recuerdo de su ejemplar aplicación. Dicen que tenía siempre ante los ojos aquellas palabras que había escrito un glorioso santo de su misma congregación, San Vicente María Strambi: "Cuando tenéis que entregaros al estudio, imaginaos que estáis rodeados por una multitud innumerable de pobres pecadores privados de todo socorro y que os piden con vivas instancias el beneficio de la instrucción, el camino que conduce a la salvación". Esta era la única preocupación de Gabriel: prepararse para el sacerdocio, al que, sin embargo, por sabios designios de Dios no habría de llegar.





          De una parte estarían los trastornos políticos del reino de Nápoles. Y de otra parte lo impediría también su propia salud. Cuando ya empezaba a aproximarse la fecha de su ordenación sacerdotal, cuando ya, el 25 de mayo de 1861, había recibido las órdenes menores, la salud de Gabriel empezó a empeorar rápidamente. La tuberculosis se apoderó de él. Fue necesario recluirse en la enfermería y dedicarse de lleno a aceptar, con toda alegría y sumisión a la voluntad de Dios, aquel inmenso sufrimiento. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vivirá así un año enteramente entregado a Dios, ofreciéndose a Él como holocausto y víctima.

          Había sido ejemplar mientras estuvo sano. Sus compañeros quedaban maravillados al contemplar la ejemplaridad de la observancia. A la meditación de la pasión, típica de la congregación en la que había ingresado, añadió siempre un amor entusiasta, ingenioso, encendido a la Santísima Virgen. Se podría sacar un tratado completo de devoción a ella, espigando detalles de la vida de San Gabriel. Desde lo intelectual, con el estudio continuo de lo que se refiere a la Santísima Virgen y la lectura repetida de Las Glorias de María, de San Alfonso, hasta lo mas menudo y cariñoso: todo un cúmulo de expresiones filiales que a cada paso surgen de sus labios y de su pluma. El amor a la Santísima Virgen fue ciertamente la palanca que le permitió subir rápidamente por el camino de la perfección.

          Ejemplar también en la práctica de las virtudes religiosas. Amante de la pobreza hasta en los más mínimos detalles. Obedientísimo siempre, con anécdotas que casi nos hacen pensar en el mismo escrúpulo. Y hasta su amor a la castidad, con el voto que hizo de no mirar nunca a la cara a mujer alguna.

          Y fue también muy ejemplar mientras estuvo enfermo. La presencia de Dios, que con tanta frecuencia solía él recordar, según es uso entre los pasionistas, en sus recreos, se hizo ya para él completamente actual durante todo el día. Solo en la enfermería, podía darse de lleno a tan santo ejercicio. Sus mismos padecimientos le daban ocasión de ejercitar su caridad para con sus hermanos a quienes, ni en lo más agudo de sus sufrimientos, quería nunca molestar. Así se constituyó en la admiración y el ejemplo de todos los estudiantes del convento.

               Hacia el fin de diciembre de 1861 un nuevo vómito de sangre puso en peligro su vida. Aún pudo asistir a una misa el día de Navidad. Su estado quedó estacionado hasta el domingo 16 de febrero.Nueva crisis, nuevos y más horribles dolores, nuevo vómito de sangre. Al fin se vio claro que aquello no tenía remedio humano. Cuando se lo dijeron, tuvo primero un ligero movimiento de sorpresa, e inmediatamente después una gran alegría. Recibió el viático, y pidió perdón públicamente a todos sus hermanos. Pero aún no era la hora.


          En este lecho de muerte, San Gabriel se confiaba continuamente a Nuestra Señora:
"María, mi dulce María, Tú bien sabes que te amo. 
Te lo he jurado, cumple Tú ahora Tu palabra". 

          Sosteniendo el crucifijo, al que no dejaba de besar repetía:

"Amado Jesús mío, amor por amor, 
dolor por dolores,
 sangre por sangre".

          Sólo el 26 de febrero se le dio la extremaunción. En la noche siguiente, tras de rechazar reiterados asaltos del enemigo, Gabriel pidió por última vez la absolución. Y habiéndola recibido, cruzadas las manos sobre el pecho, iluminado su rostro juvenil por una luz celestial, rindió su último suspiro suave y dulcemente. Había, comenzado el 27 de febrero de 1862.




          Se le hubiera creído dormido cuando, echado en tierra sobre una tabla, según el uso de los pasionistas, le pudieron contemplar los religiosos antes de proceder a la inhumación en la capilla del convento. Pero, pese a la sencillez de su vida, transcurrida sin contacto con el mundo, entre las paredes de las casas de estudio pasionistas, pronto corrió por todas partes la voz de su admirable santidad. En 1892 se hizo la exhumación de sus restos. Iban llegando de todas partes noticias de milagros obtenidos por su intervención.

          En 1908 San Pío X procedía a su beatificación. Años después, el 13 de mayo de 1926, Benedicto XV le canonizaba.