domingo, 25 de septiembre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: LA "BENDICIÓN" DE LAS PAREJAS HOMOSEXUALES




               El pasado 20 de Septiembre, los "Obispos" belgas (iglesia del Vaticano II) anunciaron que tienen la intención de dar "bendiciones" a las uniones homosexuales. En un documento conjunto, los jerarcas instaron a los fieles a rezar por dichas "parejas". 

               Una vez más, los presuntos pastores de la falsa iglesia nacida tras el Concilio Vaticano II, dejan patente que abrazan  la Apostasía, que eligen servir al mundo y sus caprichos temporales, para ganarse la simpatía del populacho antes que seguir a Cristo Nuestro Señor y por consiguiente, granjearse las antipatías de la mayoría; ni tan siquiera disimulan su desapego por la Ley de Dios, sino que tratan de justificar y hasta "bendecir" uno de los pecados que claman la venganza de Dios. 

               La Doctrina Cristiana es clara, transparente en lo referente a estas "uniones homosexuales", condenadas porque son la bandera de la aberración, gala del pecado contranatura, una burla a la Santidad de Dios y a la pureza virginal de Nuestra Santa Madre.

               ¿No sabéis que los injustos no poseerán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios. Y algunos esto erais, pero habéis sido lavados; habéis sido santificados; habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. (I Carta de San Pablo a los Corintios, cap. 6, vers. 9-11)



               ...la noción de la fraternidad (desde la óptica del Modernismo) cuya base colocan en el amor de los intereses comunes, o, por encima de todas las filosofías y de todas las religiones en la simple noción de humanidad, englobando así en un mismo amor y en una igual tolerancia a todos los hombres con todas sus miserias, tanto intelectuales y morales, como físicas y temporales.

               Ahora bien, la Doctrina Católica nos enseña que el primer deber de la Caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral no menos que en el celo por su bienestar material.

               Esta misma Doctrina Católica nos enseña también que la fuente del amor al prójimo se halla en el amor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto de que aliviar a un desgraciado es hacer un bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor es ilusión o sentimiento estéril y pasajero.


De la Carta Apostólica «Notre Charge Apostolique» 
del Papa San Pío X


sábado, 24 de septiembre de 2022

NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

 

               “La Iglesia instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes por causa de la Orden religiosa fundada por consejo de la Santísima Virgen para rescate de los cautivos. Estando los cristianos esclavizados por los moros en España, parece que Dios se compadeció de aquellos infelices, expuestos a perder la fe y la inocencia y sujetos a toda especie de malos tratos” 


Las Órdenes Rescatadoras de Don Guéranger



               Según la piadosa Tradición, en la noche del 1 al 2 de Agosto de 1218, la Virgen se apareció a la vez a San Pedro Nolasco, a San Raimundo de Peñafort y al Rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a cada uno Su deseo de fundar una Congregación para redimir cautivos. 

                La Santa Madre de Dios movió el corazón de San Pedro Nolasco para formalizar el trabajo que él y sus compañeros realizaban hacía tiempo, rescatando cautivos cristianos de las cadenas mahometanas. La Virgen Santísima desea ser libertadora a través de una nueva Orden que evitará que los presos cristianos apostaten de la Verdadera Fe al encontrarse en medio de los infieles.

                Durante la Aparición de Nuestra Señora a San Pedro Nolasco, se entabla un tierno diálogo entre la Madre de Dios y el que hasta ahora había sido comerciante.

                -"¿Quién eres Tú -pregunta Pedro Nolasco a la Virgen- que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

               -"Yo Soy María, la que le dio la carne al Hijo de Dios, tomándola de Mi Sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy la que recibió la Profecía de Simeón, cuando ofrecí a Mi Hijo en el Templo: ”Mira que Éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a Ti misma una espada vendrá a atravesarte por el Alma"

               -"¡Oh Virgen María -responde Pedro Nolasco- , Madre de Gracia, Madre de Misericordia! ¿Quién podrá creer que Tú me mandas?

              -"No dudes en nada, porque es Voluntad de Dios que se funde esta Congregación en Mi Honor; será una familia cuyos hermanos, a imitación de Mi Hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel y serán signo de contradicción para muchos."

               Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou.

               Por la confirmación del Papa Gregorio IX se aprobó la Orden de la Merced el 17 de Enero de 1235; el mismo Papa la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín, le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como "Misión en el pueblo de Dios". En el año 1696, el Papa Inocencio XII extendió la Fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia y fijó su celebración para el 24 de Septiembre.



JOSÉ ANTONIO, EL CABALLERO MÁRTIR DE LA MERCED

               José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, abogado, Fundador de Falange Española, Marqués de Estella, Grande de España, por influencia de sus piadosas hermanas Carmen y Pilar, entró en la Orden de la Merced en calidad de Caballero. Años más tarde, José Antonio sería detenido en Madrid y posteriormente trasladado a la Cárcel Modelo de Alicante, pero no sin antes solicitar que le trajesen su escapulario de la Merced, el cual puso sobre el pecho y ya no se desprendió de él... lo llevaba puesto el 20 de Noviembre de 1936, en el momento de ser fusilado, junto con el Detente del Sagrado Corazón y una medalla de la Santa Faz, entre otras, preciosos sacramentales; estas reliquias de la Piedad Cristiana ayudarían en el reconocimiento del cadáver tras su exhumación.




viernes, 23 de septiembre de 2022

PADRE PÍO, UN CRISTO SIN CRUZ

 


                Recordamos hoy al Sacerdote capuchino, crucificado sin Cruz, pues soportó en su endeble cuerpo los Sagrados Estigmas de Nuestro Señor durante cincuenta años.

                El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión.

                Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida. 

               Pero también el demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su Ángel de la Guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.

               Para conocer más sobre la vida del Padre Pío solo tienes que tocar AQUÍ...


LA MISIÓN DEL SACERDOTE DE LOS ESTIGMAS            

                La misión del Padre Pío va a ser en gran parte una especie de reto lanzado al racionalismo moderno y a la incredulidad. Va a llevar hasta un punto sublime los Misterios del Sacrificio de la Misa y de la Confesión, los dos sacramentos en los que el sacerdote es más visiblemente "otro Cristo". Va a añadir a ese ministerio tradicional del sacerdote los estigmas que, en su carne, lo identificarán todavía más con Cristo Crucificado. 

                Esos estigmas eran una gracia que el Señor le concedía, pero también un testimonio para el mundo: recordar los sufrimientos padecidos por Cristo para la salvación del mundo y defender la eminente dignidad del Sacerdocio Católico. 



jueves, 22 de septiembre de 2022

JESÚS REY DE AMOR, por el Padre Mateo Crawley-Boevey. Parte II

 


Jesús Rey de Amor 
un tiempo de intimidad con el Corazón 
que lo ha dado todo por nosotros



"Yo no quiero la muerte del pecador, 
sino que se convierta y viva" 

Profeta Ezequiel, cap. 33, vers. 11


               Notad para vuestro consuelo que el amor con que Jesús os ama no es enteramente el mismo amor con que ama a su Madre, toda Ella pura, santa, perfecta, inmaculada, única. Ésta es, diríamos, un amor aparte. Ni es tampoco el amor con que ama a sus ángeles, espíritus perfectos, siempre fieles, purísimos. Recordad que el Verbo los dejó a ellos, los noventa y nueve fidelísimos, por... la ovejita descarriada que eres tú, quien estás leyendo esto. Y más todavía: el amor de que te estoy hablando no es en cierto sentido aquel con que amó al grupito de almas de nieve y de fuego, almas-lirios, criaturas privilegiadas, que han sido y serán siempre en la Iglesia el oasis del Corazón de Jesús, el «rebañito pequeño» que le sigue, cantando un cántico que ningún otro podrá cantar.... 

               Estas almas, preciosas por su fidelidad heroica y constante, por su pureza sin tacha, merecieron las caricias del Rey de Amor. En tanto que el amor con que ama y colma a la inmensa mayoría de pecadores, miserables e ingratos, es el Amor Misericordioso, o sea el de una condescendencia infinita. Es el Verbo, Dios-Salvador, que bajó al lodazal para convertir el fango en estrellas, con tal que el fango se humille y crea en la misericordia del Señor. 

               Ya comprendéis por qué hemos establecido las diferencias anteriores, pues era preciso poner de relieve lo que Teresita llama el Amor-Misericordioso de Jesús, y hacéroslo apreciar, en cuanto sea posible, en su valor exacto. 

              Una cosa es, en efecto, el amor, que con dardo de fuego dora y diviniza la nieve, y otra el amor que con torrentes de sangre purifica y realza la bajeza del fango. ¿En qué y cuándo merecimos esta condescendencia del Amor Misericordioso? ¡Jamás! Hemos pecado, hemos obrado la iniquidad, hemos crucificado y muerto, con más culpabilidad que los verdugos, al Señor de la vida... ¡Todos pusimos en El nuestras manos, tintas en su Sangre, todos! Y El nos tiende los brazos, nos ofrece su perdón, su amistad, su Corazón. ¿No es esto el colmo de colmos, la locura de locuras del amor de un Dios? 

               Por esto es inconcebible el pecado de temor, de desconfianza, iba a decir es casi... imperdonable. ¿Es posible que su Corazón busque con afán el nuestro —los dos abismos que se atraen— y que nosotros, hundidos en el nuestro de miseria moral, nos neguemos, por falta de confianza, a dar entrada a Aquel que quiere y pide y ruega el colmar nuestro abismo de muerte con su Corazón, abismo de perdón y vida? 

               A sus instancias contestamos con el argumento manoseado de indignidad y de respeto, como si Él no lo supiera al brindar el tesoro (le sus ternuras..., como si Él fuera el monopolio de los justos, o de los que creyesen merecedores de sus gracias... Se diría que estos tales pretenden enmendarle la plana a un Dios que parece exagerar al querer confundir su vida inmortal con la nuestra. De ahí que, cuando Él avanza, esas almas retroceden; cuando Él dice: «Venid todos», ellos parecen repetir lo que el endemoniado del Evangelio: «¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, ¡oh Jesús, Hijo de Dios?... Has venido con el fin de atormentarnos». ¡Y los infelices huyen!... ¡Ah! Olvidan estos tales que entre el Padre Justiciero y nosotros los rebeldes se ha interpuesto como puente de esperanza, por el cual llegaremos los culpables perdonados hasta el Padre de Clemencia, ¡el Hijo Misericordioso! 

               «Pasad, hijitos míos, dice, pasad por ese puente, que soy el Crucificado; no temáis, pasad, pues Yo soy el Camino... ¿Por qué tembláis?... Pasad meditando en mi Cruz, en mi Calvario, en mi Eucaristía; avanzad en paz y con plena confianza. Yo quiero colmar el abismo de vuestro pánico con el abismo de mi ternura; pero, por favor, hijitos míos, no reabráis el abismo de distancias y recelos que Yo mismo he suprimido con mi Encarnación y mi Eucaristía.» Almas pusilánimes y de poca fe, qué, ¿no veis que la mayor de vuestras faltas, que la fuente de muchas de ellas y la que más lastima al Señor es vuestra falta de confianza?

               A cuántas de vosotras, almas tembladoras, que jamás estáis satisfechas de vuestras confesiones, que estáis siempre dudando del perdón de pecados cien veces acusados, se podría aplicar la historia siguiente: Una de tantas almas que parecen considerar a Jesús como un tirano, se está preparando a hacer una confesión general por la centésima vez. Inquieta, turbadísima, pasa su retiro escribiendo los pecados de toda su vida; no medita, no reza, está toda engolfada en un examen que la sofoca. Llega, por fin, al confesonario; lee, acusa, repite diez veces, explica siempre temblando, azorada... 

               Cuando, por fin, cree haber terminado, el confesor le dice con voz tristísima y suave: —Has olvidado algo muy importante. — Ya me lo imaginaba yo —replica ella sobresaltada, aprontándose a volver sobre sus pasos y a repetir la lectura de sus cuartillas... —No —dice entonces el confesor—, no busques lo que no has escrito: tu pecado no está en tus papeles, y me lastima mucho más que todo lo que has acusado: la causa sobre todo tu falta de confianza! Se levanta; esa voz la conmueve; quiere cerciorarse si es realmente la de su confesor... El confesonario está vacío... ¡Jesús había venido a darle una lección suprema!. 

               No censuramos, por cierto, las confesiones generales, muy provechosas en determinadas ocasiones, sino aquella falta de confianza, aquel sistema de sobresalto, aquel temblor exagerado que es un ultraje a la bondad del Salvador.

               Un sistema semejante desfigura a Jesús, lo disminuye. Si los ciegos, los leprosos y paralíticos curados por Jesús hubieran razonado de este modo y hubieran dudado de su curación por llamarse indignos, hubieran merecido, ciertamente, el recaer, y con mayor gravedad, en sus enfermedades, en castigo de su ingratitud y del orgullo que es siempre, en el fondo, el pecado de desconfianza. 

               ¿A qué bajó el Verbo? A establecer una ley nueva, portentosa, ley positiva y fundamental del Cristianismo, ley imperecedera y salvadora, la de Misericordia... Por esto la desconfianza le traspasa el Corazón. 

              ¿Sabéis cuál fue, en realidad, el mayor delito de Judas, más aún que la traición y más que el suicidio?... ¡Haber rehusado creer en aquella Misericordia que Jesús le ofreció de rodillas, al lavarle los pies en la última Cena! No cambiemos el Evangelio, pues no hay jamás derecho para ello. 

               El Señor bajó, no para los justos y los sanos, sino para los pecadores y los enfermos. Y el pago que Él pide en cambio de una dignación semejante es un amor de confianza, el cual es siempre el más sincero y el más humilde de los arrepentimientos. ¡Quien esto no comprende, no ha comprendido aún lo más delicado y hermoso del Corazón de Jesús! Nada ni nadie debe impediros el acercaros a su Costado herido, nada. 



martes, 20 de septiembre de 2022

SUBIDA AL MONTE CARMELO, por San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Parte IV

 


               Habla de la primera causa de esta noche, que es de la privación del apetito en todas las cosas, y da la razón por que se llama noche.

               Llamamos aquí noche a la privación del gusto en el apetito de todas las cosas; porque, así como la noche no es otra cosa sino privación de la luz, y, por el consiguiente, de todos los objetos que se pueden ver mediante la luz, por lo cual se queda la potencia visiva a oscuras y sin nada, así también se puede decir la mortificación del apetito noche para el alma, porque, privándose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es quedarse como a oscuras y sin nada. Porque, así como la potencia visiva mediante la luz se ceba y apacienta de los objetos que se pueden ver, y, apagada la luz no se ven, así el alma mediante el apetito se apacienta y ceba de todas las cosas que según sus potencias se pueden gustar; el cual también apagado, o, por mejor decir, mortificado, deja el alma de apacentarse en el gusto de todas las cosas, y así se queda según el apetito a oscuras y sin nada. 

               Pongamos ejemplo en todas las potencias. Privando el alma su apetito en el gusto de todo lo que el sentido del oído puede deleitar, según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada. Y privándose del gusto de todo lo que al sentido de la vista puede agradar, también según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada. Y privándose del gusto de toda la suavidad de olores que por el sentido del olfato el alma puede gustar, ni más ni menos según esta potencia, se queda a oscuras y sin nada. Y negando también el gusto de todos los manjares que pueden satisfacer al paladar, también se queda el alma a oscuras y sin nada. Y, finalmente, mortificándose el alma en todos los deleites y contentamientos que del sentido del tacto puede recibir, de la misma manera se queda el alma según esta potencia a oscuras y sin nada. De manera que el alma que hubiere negado y despedido de sí el gusto de todas las cosas, mortificando su apetito en ellas, podremos decir que está como de noche, a oscuras, lo cual no es otra cosa sino un vacío en ella de todos las cosas.

               La causa de esto es porque, como dicen los filósofos, el alma, luego que Dios la infunde en el cuerpo, está como una tabla rasa y lisa en que no está pintado nada; y si no es lo que por los sentidos va conociendo, de otra parte naturalmente no se le comunica nada. Y así, en tanto que está en el cuerpo, está como el que está en una cárcel oscura, el cual no sabe nada sino lo que alcanza a ver por las ventanas de la dicha cárcel, y si por allí no viese nada, no vería por otra parte. Y así, el alma, si no es lo que por los sentidos se le comunica, que son las ventanas de su cárcel, naturalmente por otra vía nada alcanzaría.

               De donde, si lo que puede recibir por los sentidos ella lo desecha y niega, bien podemos decir que se queda como a oscuras y vacía; pues, según parece por lo dicho, naturalmente no le puede entrar luz por otras lumbreras que las dichas. Porque, aunque es verdad que no puede dejar de oír, y ver, y oler, y gustar, y sentir, no le hace más al caso ni le embaraza más al alma, si lo niega y lo desecha, que si no lo viese ni lo oyese, etc. Como también el que quiere cerrar los ojos quedará a oscuras, como el ciego, que no tiene potencia para ver. Y así, al propósito habla David (Sal. 87, 16), diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus a iuventute mea; que quiere decir: Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro que era rico, porque no tenía en la riqueza su voluntad, y así era tanto como ser pobre realmente, mas antes, si fuera realmente pobre y de la voluntad no lo fuera, no era verdaderamente pobre, pues el ánima estaba rica y llena en el apetito. Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella. 

               Esta primera manera de noche, como después diremos, pertenece al alma según la parte sensitiva, que es una de las dos que arriba dijimos, por las cuales ha de pasar el alma para llegar a la unión. Ahora digamos cuánto conviene al alma salir de su casa en esta noche oscura de sentido para ir a la unión de Dios.



lunes, 19 de septiembre de 2022

LA SALETTE, AVISO DEL FINAL DE LOS TIEMPOS


 

...Lo dijo Nuestra Señora en La Salette y lo vemos cumpliéndose ahora a grandes pasos. 
Por nuestra parte lo hemos dicho siempre… Fruto innegable de las reformas del anómalo 
Concilio Vaticano II y de las reformas de los Papas posteriores, la Fe se ha perdido en masa. 
La Gran Apostasía, es perfectamente visible. 

Fabián Vázquez, Director de Radio Cristiandad 
(+ 24 Febrero de 2015)



               La Aparición de La Salette fue aprobada oficialmente por el Obispo de la Diócesis, y reconocida por el Papa Pío IX. El 19 de septiembre de 1851, (quinto aniversario de la aparición), Monseñor Filiberto de Bruillard, Obispo de la Diócesis de Grenoble (Francia), a la que pertenece la aldea de La Salette, publicó un decreto en el que se podía leer: "Juzgamos que la Aparición de la Santísima Virgen a dos pastores el 19 de Septiembre de 1846, en la Parroquia de La Salette, Arciprestazgo de Corps, (Grenoble, Francia), presenta todas las características de verdadera y los Fieles tienen fundamento para creerla como indudable y cierta. Aumenta la certeza el concurso inmenso y espontáneo (de gentes) al lugar de la Aparición, así como multitud de prodigios, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. (...) Por tanto prohibimos a los Fieles y Sacerdotes de nuestra Diócesis hablar públicamente o escribir en contra del hecho que hoy proclamamos."

              El 24 de Agosto de 1852, el Papa Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de Septiembre se fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermandad Misionera de La Salette, los Saletinos, cuyos frutos fueron muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. 

               Más tarde, el Papa León XIII elevó el Santuario de La Salette al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de "Nuestra Señora de La Salette", efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. 

               Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximino. El Secreto dado a Melanie fue publicado en 1879, con imprimátur del Obispo de Lecce.

               La Santísima Virgen clarifica en La Salette los Últimos Tiempos, y hace una llamada a los verdaderos imitadores de Su Hijo, a los "Apóstoles de los Últimos Tiempos", que ayudarán al triunfo definitivo de Jesucristo, cuando la Santa Iglesia volverá a ser piadosa, fuerte, humilde e imitadora de las virtudes de Jesucristo... "llamo a Mis hijos, a Mis verdaderos devotos, a los que se Me han consagrado a fin de que los conduzca a Mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en Mis brazos, los que han vivido de Mi espíritu; finalmente, llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo."

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domingo, 18 de septiembre de 2022

LX ANIVERSARIO DE TERESA NEUMANN, LA ESTIGMATIZADA DE BAVIERA




               Un día después de la Estigmatización del Seráfico San Francisco de Asís, quiso la Divina Providencia que tuviera lugar la muerte de este mundo, para entrar a la Vida Eterna, de Teresa Neumann, Mística e hija de San Francisco en calidad de Terciaria de la Orden Franciscana.

               Teresa Neumann nació el 8 de Abril de 1898 en Konnersreuth, en la región norte de Baviera, Alemania; hija de un modesto sastre, siendo la primogénita de once hermanos. Teresa se empleó desde los catorce años en una granja  para aliviar la maltrecha economía familiar. 


SU PARTICULAR AMISTAD CON SANTA TERESITA

               Era muy devota de Santa Teresita del Niño Jesús y por eso se encomendaba con frecuencia a la Santa de Lisieux, a quien tomó por compañera y madrina espiritual, sintiendo su intercesión en varias ocasiones; cuando Teresa Neumann era una muchacha sufrió dos graves caídas que la dejarían prácticamente inválida, pero justo en los días en que Santa Teresita era sucesivamente beatificada y canonizada, Teresa Neumann, por su intercesión era sanada.

               Durante un incendio en un granero efecto Teresa se empeñó a fondo junto a sus vecinos para ayudar a extinguir el fuego, pero la joven sufrió una caída que le causaría una extraña enfermedad provocada por una luxación en la espina dorsal. Tenía veintiún años de edad y aquello solo era el comienzo de todos sus padecimientos posteriores que la tuvieron postrada en la cama muchísimos años, como una perfecta Alma Víctima: quedo casi inválida, ciega y hasta sorda; sus familiares la trasladaron a la buhardilla de la casa, esperando un fatal desenlace en cualquier momento. 

                Sin embargo, el Cielo tenía otros planes para la joven Teresa; el día de la Beatificación de Santa Teresa de Lisieux (29 de Abril de 1923) tiene una aparición de la Santa. Cinco días más tarde recobra la vista después de transcurridos cuatro años sin poder ver. 

               Dos años más tarde, el 17 de Mayo de 1925, mientras en Roma el Pontífice canonizaba a Santa Teresita del Niño Jesús, la joven Teresa Neumann vuelve a tener otra visión de la Santa de las rosas y es capaz de sentarse en la cama para luego echar a andar ante la mirada de su familia, que solo supo dar gracias a Dios ante el evidente Milagro, que fue comprobado por el Padre Naber, Párroco, y demás amigos de Teresa que habían sido testigos de su enfermedad. 

               Unos meses más tarde, en Noviembre de 1925, Teresa cae nuevamente enferma, siendo una apendicitis el motivo de sus sufrimientos. Una vez más la intercesión de Santa Teresita la libera de una operación quirúrgica que los médicos veían necesaria para no morir. Santa Teresita le revelará que mediante sus continuos padecimientos salvará muchas almas, preparándola así para el sacrificio mayor que se aproximaba.

LOS SAGRADOS ESTIGMAS EL VIERNES SANTO DE 1926

               Desde el 26 de Marzo de 1926, vísperas de la Pascua de Resurrección, Teresa tenía veintiocho años y nada la hacía sospechar que reviviría en su cuerpo los Santos Estigmas de la Crucifixión; así, cada Viernes, Teresa sufriría místicamente la Pasión de Cristo, que se manifestarían exteriormente en forma de estigmas sangrantes y lacrimaciones de sangre (raro fenómeno del que aparte del caso de Teresa Neumann solo se conoce el de la Mística Rosa María Andriani); los estigmas jamás se cerraron, incluso después de morir, en su cuerpo inerte se pudieron ver y fotografiar las santas heridas.

               Durante la Pasión ocurrían fenómenos extraordinarios como pérdida de peso, que después recuperaba rápidamente, visiones premonitorias, bilocaciones, hablaba griego, arameo y latín de los interrogatorios de Cristo (confirmado una y otra vez por todos los lingüistas independientes que la visitaban a menudo) y luego de la abundante pérdida de sangre, una fulminante recuperación física que no se hacía esperar el domingo por la mañana.

               A partir del 5 de Noviembre de 1926 aparecieron también los estigmas de la flagelación, del hombro y de la corona de espinas; como heridas místicas, jamás pudieron se cerraban ni sufrían de ulceraciones o infecciones. Estas heridas serían motivo de curiosidad y de fervor y supuso la visita de más de cuarenta mil personas al pequeño pueblo de Konnersreuth para admirar los estigmas de Teresa Neumann; muchos de aquellos curiosos que se aceraron a conocer a Teresa volvieron a la práctica religiosa tras años de mediocridad espiritual, o como la conversión de un joven judío, que no quiso demorar su conversión a la Verdadera Fe y se hizo bautizar en el mismo pueblo.




               El Padre Gemelli, Sacerdote franciscano y Rector de la Universidad de Milán había examinado los estigmas del Padre Pío, y fue enviado por orden de la Santa Sede, a estudiar el caso de Teresa Neumann, certificando poco después que no había en ella ningún rasgo histérico y que aquellos fenómenos no tenían explicación natural.

VISIONES MÍSTICAS DE LA VIDA DE CRISTO

                Además de las Visiones semanales de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, Teresa Neumann fue favorecida con estas otras: la del Nacimiento de Jesús la tuvo durante la noche de Navidad del año 1926; la de la Encarnación, el día 25 de Marzo de 1927; el día 6 de Agosto de 1926, tuvo la Visión de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor...


LOS DONES DE LA HIEROGNOSIS Y LA INEDIA EN TERESA NEUMANN

               Desde 1922 su única comida consistía en la Sagrada Eucaristía (rechazando instintivamente la muchas formas no consagradas que le ponían delante para probarla, y donde quedó manifiesto que el Señor la había bendecido con el don de la hierognosis, mediante el cual se puede distinguir lo divino, lo bendito de lo profano). 

               No fueron pocas las ocasiones en que al recibir la Sagrada Comunión entraba en éxtasis, incluso desde el momento en que el Sacerdote rezaba la fórmula Ecce Agnus Dei; en esos momentos, el rostro de Teresa se transformaba, iluminándose e impregnándola de una belleza angelical.

               El Obispo Diocesano de Ratisbona nombró una comisión formada por médicos y religiosas bajo juramento y las muchas comisiones laicas que le hicieron seguimientos exhaustivos, y que confirmaron punto por punto que no había trampa alguna, siendo absolutamente cierto que vivía exclusivamente de la Sagrada Eucaristía. Teresa, en contra de toda lógica científica, mantuvo siempre su peso normal, alrededor de 60 kilogramos; su tez aparecía siempre sonrosada y su carácter desenfadado y bromista hacía reír con frecuencia a cuantos la visitaban.




TERESA NEUMANN Y LOS NAZIS

              El fenómeno de la inedia fue también confirmado por la misma burocracia del Tercer Reich Alemán: en 1939 estalló la II Guerra Mundial e impusieron a la población un racionamiento que acabaría durando hasta finales de 1947. A partir de aquel momento, todos los alemanes tuvieron que adaptar el ritmo de sus vidas a una cartilla anual... excepto una persona: Teresa Neumann, a quien - ante la evidencia de que ni bebía ni comía- le fue inmediatamente retirada la cartilla por las autoridades nazis. Obtuvo en cambio la asignación de doble ración de jabón, dada la cantidad de ropa ensangrentada que había que lavar tras sus azarosos fines de semana. La GESTAPO, policía secreta alemana, la vigiló de cerca, e ella, su familia y al Párroco y Confesor de Teresa. 

               El fenómeno de la inedia, que se caracteriza por el sostenimiento del cuerpo sin necesidad de ingerir alimentos, tan solo la Sagrada Comunión, se prolongó en Teresa Neumann durante cuarenta años, siendo constatado por diversos facultativos del Reich alemán, que no eran precisamente simpatizantes con la figura de la Estigmatizada de Baviera.

MUERTE E INCORRUPCIÓN

               El 18 de Septiembre de 1962, hace hoy sesenta años, tras una vida llena de fenómenos inexplicados relacionados en su mayoría con la estigmatización, Teresa Neumann fallece víctima de un ataque cardíaco. Tras cinco días de ser expuesto su cadáver, sin tratamiento alguno para preservarlo, éste no muestra síntomas de descomposición ni rigidez.




sábado, 17 de septiembre de 2022

ESCLAVOS MILITANTES DE UNA REINA EN GUERRA, por Plinio Corrêa de Oliveira

  

               Hay un primer aspecto de la Realeza de Nuestra Señora que se refiere a la que es ejercida por Ella en el Cielo. Esa realeza consiste en que la Santísima Virgen fue exaltada por encima de todos los santos y los Ángeles, sobre los cuales posee un verdadero imperio. 

               No debemos entender esa soberanía como la de una reina madre terrena, que por ser madre del rey goza de una situación eminente en la corte, pero no posee el poder de mando. María Santísima, al contrario, fue instituida Reina de toda la Creación, y Dios le dio, de hecho, el gobierno del universo, del que hace parte el dominio sobre los espíritus celestes, de manera que los Ángeles, aunque superiores a Ella por naturaleza, le obedecen haciendo su voluntad en todo.




               Así, María es verdaderamente la Reina de los Ángeles y de los Santos, como también del género humano y de la Iglesia Católica. No hay en la creación absolutamente nada que no esté colocado bajo del cetro de Nuestra Señora.

               En la tierra, la realeza de María se ejerce principalmente en cuanto siendo Ella la Medianera de todas las gracias. Una vez que es Madre de Jesucristo, todos los pedidos suben hasta Dios por medio de Ella, y todos los favores y dones nos vienen de Dios por su intermedio. La Santísima Virgen posee la omnipotencia suplicante, pues por sus súplicas consigue absolutamente todo cuanto quiere, y nunca se oyó decir que un pedido de Ella no fuese plenamente atendido.

               Todo eso hace de la Santa Virgen María la verdadera Reina. Ese es el título por el cual nos consagramos a Ella como esclavos, que constituye un conjunto de atributos según los cuales Ella merece, de hecho, nuestra incondicional obediencia.

               Por consiguiente, la restauración de la realeza de Cristo en el mundo es la restauración del reinado de María. Sin embargo, como en todas las épocas de la Historia de la Iglesia hay algunas verdades que brillan más que otras, esa realeza de Nuestra Señora se ha explicitado mucho, y cada vez más, a partir de San Luis Grignión de Montfort hasta Fátima, donde Ella anunció: “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”. Si María triunfa, evidentemente como triunfadora reinará, pues uno de los títulos por los cuales una persona es investida legítimamente de la realeza es la conquista en una guerra justa.

               Nuestra Señora anuncia un título nuevo para Su Reino: Ella vencerá, es el talón de Ella que, una vez más, aplastará la cabeza de la serpiente, quebrará el dominio del demonio e implantará el Reinado de Su Sapiencial e Inmaculado Corazón.

               Por lo tanto, el sentido de nuestra consagración a María es de no hacer ni un solo acto que no tenga en vista restablecer el Reinado de esta Soberana Señora, haciéndola triunfar, aplastando las fuerzas de la Revolución. Nuestra posición es de esclavos militantes de una Reina que está en guerra y a quien debemos defender contra sus adversarios, luchando continua e incesantemente hasta que venga el Reino de María.

               En la actual era histórica, la autenticidad de esa consagración se pone en estos términos: luchar por la Virgen, suplicándole las fuerzas necesarias para llevar esa lucha hasta el fin.

          


viernes, 16 de septiembre de 2022

LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. VIGÉSIMA PRIMERA HORA: Segunda Hora de Agonía en la Cruz

              

"...quien piensa siempre en Mi Pasión 
forma en su corazón una fuente, 
y por cuanto más piensa tanto más 
esta fuente sea grande, y como las aguas 
que brotan son comunes a todos, 
esta fuente de Mi Pasión que se forma 
en el corazón sirve para el bien del alma, 
para gloria Mía y para bien de las criaturas." 


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Picarretta, 
el 10 Abril de 1913


Preparación antes de la Meditación 


               Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz. 

               Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora...(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir. 

               Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar. 

               Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu corazón y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo...




DE LA 1 A LAS 2 DE LA TARDE 

VIGÉSIMA PRIMERA HORA 

Segunda Hora de Agonía en la Cruz

                 Encadenado bien mío, Crucificado Amor mío, mientras oro contigo, la fuerza raptora de tu amor y de tus penas mantiene mi mirada fija en ti, pero el corazón se me rompe viéndote tanto sufrir... Tu deliras de amor y de dolor, y las llamas que abrasan tu Corazón se elevan tanto que están en acto de devorarte, reduciéndote a cenizas. Tu Amor reprimido es más fuerte que la misma muerte, y Tú queriendo desahogarlo, mirando al ladrón que está a Tu derecha, se lo robas al Infierno, con Tu gracia le tocas el corazón y ese ladrón se siente todo cambiado, te reconoce y te confiesa como Dios, y lleno de contrición te dice: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en el reino”, y Tú no vacilas en responderle: “Hoy estarás Conmigo en el Paraíso” y haces de él el primer triunfo de tu amor. Pero veo que en tu amor no solamente al ladrón le robas el corazón, sino también a tantos moribundos. Ah, Tú pones a su disposición tu Sangre, tu amor, tus méritos, y usas todos los artificios y estratagemas divinas para tocarles el corazón y robarlos todos para ti... Pero también aquí tu amor se ve obstaculizado... ¡Cuántos rechazos, cuántas desconfianzas, cuántas desesperaciones! Y es tan grande tu dolor, que de nuevo te reduce al silencio... Quiero reparar, oh Jesús mío, por aquellos que desesperan de la divina Misericordia en el momento de la muerte... 

               Dulce amor mío, inspírales a todos fe y confianza ilimitada en ti, especialmente a aquellos que se encuentran entre las angustias de la agonía, y en virtud de esta Palabra tuya concédeles luz, fuerza y ayuda para poder morir santamente y volar de la tierra al Cielo. En tu santísimo cuerpo; en tu Sangre, en tus llagas contienes a todas las almas, a todas, oh Jesús, así pues, por los méritos de tu preciosísima Sangre, no permitas que ni siquiera una sola alma se pierda. Que tu Sangre aún hoy les grite a todas, juntamente con tu Palabra: “Hoy estaréis conmigo en el Paraíso”. 

               Crucificado Jesús mío, tus penas aumentan cada vez más. Ah, sobre esta Cruz Tú eres el verdadero Rey de los Dolores, y en medio de tantas penas no se te escapa ningún alma, sino que le das tu Vida a cada una. Pero tu amor se ve resistido por las criaturas, despreciado, no tomado en cuenta, y al no poder desahogarse, se hace cada vez más intenso y te procura indecibles torturas; y en estas torturas va ideando qué más puede dar al hombre para vencerlo, y te hace decir: “¡Mira, oh alma, cuánto te he amado! ¡Si no quieres tener piedad de ti misma, ten piedad al menos de mi amor!”

               Entre tanto, viendo que no tienes ya nada más que darle, pues ya te has dado todo, vuelves tu mirada agonizante a tu Mamá... También Ella está más que agonizante por causa de tus penas, y es tan grande el amor que la tortura que la tiene crucificada a la par contigo... Madre e Hijo os comprendéis..., entonces Tú suspiras con satisfacción y te consuelas viendo que puedes dar tu Mamá a la criatura; y considerando en Juan a todo el género humano, con voz tan tierna que enternece a todos los corazones dices: “MUJER, HE AHÍ A TU HIJO” y a Juan: “HE AHÍ A TU MADRE”. 

               Tu voz desciende en su Corazón materno y juntamente con las voces de tu Sangre continúas diciéndole “Madre mía, te confío a todos mis hijos; todo el amor que me tienes a Mí, tenlo para cada uno de ellos; todos tus cuidados y ternuras maternas sean también para cada uno de mis hijos... Tú me los salvarás a todos.” La Mamá acepta... Pero son tan intensas tus penas, que de nuevo te reducen al silencio... Oh Jesús mío, quiero reparar por las ofensas que se le hacen a la Santísima Virgen, por las blasfemias e ingratitudes de tantos que no quieren reconocer los beneficios que nos has hecho a todos, dándonosla por Madre... ¿Cómo podremos agradecerte por tan gran beneficio? 

               Recurro a ti mismo, oh Jesús mío, y en agradecimiento te ofrezco tu misma Sangre, tus llagas y el amor infinito de tu Corazón... -Oh Mamá santa, ¿cuál no es tu conmoción al oír la voz de tu Hijo, que te deja como Madre de todos nosotros? Yo te doy las gracias, Virgen bendita, y para agradecerte como mereces te ofrezco la misma gratitud de tu Jesús. Oh dulce Mamá, sé Tú nuestra Madre, tómanos a tu cargo y no dejes que jamás te ofendamos en lo más mínimo; mantennos siempre estrechados a Jesús y con tus manos átanos a todos, a todos a El, de modo que nunca más podamos huir de El. Con tus mismas intenciones quiero reparar por todas las ofensas que se hacen a tu Jesús y a ti, dulce Mamá mía... 

               Oh Jesús mío, mientras continúas inmerso en tantas penas, abogas aun más por la causa de la salvación de las almas; y yo por mi parte no me quiero quedar indiferente, sino que quiero recorrer tus llagas, besarlas, curarlas y sumergirme en tu Sangre, para poder decir junto contigo: “¡Almas, almas!”. Y quiero sostener tu cabeza traspasada y dolorida para repararte y pedirte misericordia, amor y perdón para todas. Cuarta Palabra Penante Jesús mío, mientras me estoy abandonada y estrechada a tu Corazón numerando tus penas, veo que un temblor convulsivo invade tu santísima Humanidad; tus miembros se debaten como si quisieran separarse unos de otros, y entre contorsiones por los atroces espasmos, gritas fuertemente: “DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?”. Ante este grito, todos tiemblan, las tinieblas se hacen más densas, y la Mamá petrificada palidece y casi se desmaya. 

               ¡Vida mía y Todo mío! ¡Jesús mío! ¿Qué veo? Ah, estás próximo a la muerte, y aun las mismas penas, tan fieles a ti, están por dejarte; y entre tanto, después de tanto sufrir, ves con inmenso dolor que no todas las almas están incorporadas en ti; por el contrario, ves que muchas se perderán, y sientes su dolorosa separación como si se arrancaran de tus miembros... Y Tú, debiendo satisfacer a la Divina Justicia también por ellas, sientes la muerte de cada una y hasta las penas mismas que sufrirán en el infierno, y gritas con fuerza a todos los corazones: “¡No me abandonéis! Si queréis que sufra más penas estoy dispuesto, pero no os separéis de mi Humanidad. ¡Este es el dolor de los dolores, ésta es la muerte de las muertes! ¡Todo lo demás me sería nada si no sufriera vuestra separación de Mi! ¡Ah, piedad de mi Sangre, de mis Llagas, de mi muerte! ¡Este grito será continuo en vuestros corazones: ¡Ah, no me abandonéis!”. 

               Amor mío, cuánto me duelo junto contigo... Te asfixias; tu santísima cabeza cae ya sobre tu pecho; la vida te abandona... Amor mío, me siento morir... Pero también yo quiero gritar contigo: ¡Almas, almas! No me separaré de esta Cruz y de estas llagas tuyas, para pedirte almas; y si Tú quieres, descenderé en los corazones de las criaturas, los rodearé con tus penas para que no se me escapen, y si me fuese posible quisiera ponerme a la puerta del infierno para hacer retroceder a las almas que quieren ir ahí y conducirlas a tu Corazón. Pero Tú agonizas y callas, y yo lloro tu cercana muerte... 

               Oh Jesús mío, te compadezco, estrecho tu Corazón fuertemente al mío, lo beso y lo miro con toda la ternura de que ahora soy capaz, y para procurarte un alivio mayor, hago mía la ternura divina y con ella quiero compadecerte, con ella quiero convertir mi corazón en un río de dulzura y derramarlo en el tuyo, para endulzar la amargura que sientes por la pérdida de las almas... Es en verdad doloroso este grito tuyo, oh Jesús; más que el abandono del Padre, es la pérdida de las almas que se alejan de ti, lo que hace escapar de tu Corazón este doloroso grito. 

               Oh Jesús mío, aumenta en todos la Gracia, para que nadie se pierda, y que mi reparación sea a favor de aquellas almas que habrían de perderse, para que no se pierdan. Te ruego además, oh Jesús mío, por este extremo abandono, que des ayuda a tantas almas amantes, que por tenerlas de compañeras en tu abandono, parece que las privas de ti, dejándolas en tinieblas. Que sus penas sean, oh Jesús, como voces que llamen a todas las almas a tu lado y te alivien en tu dolor.

               


Ofrecimiento después de Cada Hora

 

                Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos...

               Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”. 

               Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias...

               Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti. 

               Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. 

               Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer... 


LAS HORAS DE LA PASIÓN cuenta con aprobación eclesiástica:
Imprimatur dado en el año 1915 por Mons. Giuseppe María Leo,
Arzobispo de Trani-Barletta-Bisciglie, y con Nihil Obstat 
del Canónigo Aníbal María de Francia





jueves, 15 de septiembre de 2022

MIRA MI DOLOR E IMÍTAME EN LO QUE PUDIERES

 
“Miro ahora a todos los que viven en el mundo por ver 
si hay quien se compadezca de Mí y medite en Mi Dolor; 
mas hallo poquísimos que piensen en Mi tribulación 
y padecimientos. Y así tú, hija, no me olvides, aunque 
soy olvidada y menospreciada por muchos, 
mira Mi dolor e imítame en lo que pudieres. 
Considera Mis angustias y lágrimas, 
y duélete de que sean pocos los amigos de Dios”

Revelación de Nuestra Señora a Santa Brígida de Suecia



               Laméntase Jesús, por boca de Salmista, que estando para morir en la Cruz buscaba quien le consolase y no lo halló. Esperé, dice, que alguno se condoliese de mí, más nadie lo hizo (1). En las agonías de la Cruz, Jesús era maldecido y blasfemado por judíos y romanos. Junto a la Cruz de Cristo estaba también María, que, de haber podido, le hubiera proporcionado algún alivio; pero el dolor de esta afligida y amorosa Madre contribuía a aumentar las penas del Hijo, que tanto la amaba. De modo que, como dice San Bernardo, "las penas de María, al desbordar de Su Corazón, iban a inundar de amargura el Corazón de Jesús" (2) de tal manera, que el Redentor, al contemplar a María tan angustiada, sería atravesada Su Alma más por los dolores que padecía Su Madre que por los Suyos propios. Por esto dice San Bernardo "Oh Buen Jesús, grandes dolores padecéis en el cuerpo; pero los padecéis mayores en el Corazón, espejo de angustias de Vuestra Madre (3)

                 ¡Qué amarguras debieron inundar los amantes Corazones de Jesús y de María cuando Jesús, antes de expirar, tuvo que despedirse de Su Madre! He aquí las últimas palabras de despedida que Jesús dirigió a María: "Mujer, ahí tienes a Tu hijo"; y le señaló a Juan para que le recibiese en Su lugar por hijo.

                ¡Oh Reina de los Dolores! las recomendaciones de un hijo moribundo a quien ama entrañablemente se tienen en tan grande estima, que jamás se caen de la memoria de una madre. Acordaos pues, que Vuestro Hijo, que tanto os amaba, os dejó por hijo, en la persona de Juan, a este pobre pecador que yace postrado a vuestros pies. Por el amor que tenéis a Jesús, compadeceos de mí. Yo no os pido bienes de la tierra; pues al ver a Vuestro Hijo que muere por mí agobiado de dolores, al veros a Vos, Santísima Madre mía, que por mí sobrelleváis tantos trabajos; al considerar que por mis pecados merecía estar sepultado en el infierno, y que, esto no obstante, nada he padecido por Vuestro amor, quiero sufrir por Vos algún trabajo antes de morir. 

                Esta gracia os pido diciéndoos con San Buenaventura "¡Oh Señora!, si os he ofendido, herid mi corazón en justo castigo de mi culpa; y si os he amado, os pido en justa recompensa que hiráis mi corazón".

               Alcanzadme, oh María, grande devoción y continuo recuerdo de la Pasión de Vuestro Hijo. Y por las angustias que padecisteis al verlo expirar en la Cruz, alcanzadme una buena muerte. Asistidme, Reina mía, en aquel angustioso trance y concededme la gracia de morir amando y pronunciando los Santísimos Nombres de Jesús y de María.


San Alfonso María de Ligorio
El Amor del Alma


NOTAS ACLARATORIAS


   1- Salmo 68, vers. 21

   2- Il Martirio del Cuore di Maria. Siniscalchi

   3- Vida de Jesucristo, por Ludolfo de Sajonia



¿CÓMO PODEMOS CONSOLAR A NUESTRA SEÑORA?

             Muy fácil: basta con tomar apenas diez minutos cada día. Leer y meditar de en uno en uno los Siete Dolores de la Virgen Santa, desde la Profecía del anciano Simeón hasta aquél momento de dolor inenarrable como fue el de Nuestra Señora cuando vio a s Hijo muerto, colocado en el sepulcro. Creo que por mucho que meditemos, jamás lograremos adentrarnos por completo en el drama de la María Santísima.

             Si a la meditación de los Siete Dolores, le añadimos la recitación lenta de un Avemaría después del enunciado de cada uno de Sus Dolores, tengamos por seguro que estamos ofreciendo una óptima reparación a la que es Medianera de todas las gracias entre Dios y los hombres.