domingo, 20 de abril de 2014

DOMINICA DE RESURRECCIÓN




A la Víctima pascual
consagren los cristianos las debidas alabanzas.
El Cordero redimió a las ovejas:
Cristo inocente reconcilió a los pecadores con su Padre.

La muerte y la Vida se trabaron
en imponente duelo:
El Autor de la Vida, aunque murió,
ahora reina vivo.

Dinos, María, ¿qué has visto en el camino?

Vi el sepulcro de Cristo viviente,
y la gloria del que resucitó.
Vi por testigos a los ángeles;
y vi su sudario y sus vestidos.

Resucitó Cristo, mi esperanza;
precederá en Galilea a los suyos.

Sabemos que Cristo verdaderamente
resucitó de entre los muertos:
Y por lo tanto, Tú Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

Amen. Aleluya.

"NO HABÍA TRAZA DE CORRUPCIÓN EN SUS MIEMBROS"


          La noche que precedió a la resurrección de Jesús fue noche de desolación, de llanto y de tinieblas. Sus enemigos estaban satisfechos de haber por fin encerrado en la tumba al “seductor del pueblo”. Herido el Pastor, la pequeña grey se dispersó. Los amigos de Jesús, desolados y desconcertados, se ven obligados a esconderse por temor a los escribas y fariseos. Jesús está en la tumba. Yace su cadáver sobre la fría roca y todo su cuerpo está todavía llagado; sus labios están mudos. ¿Qué quedan ya de sus palabras, que sabían animar, confortar e iluminar, aquellas palabras suyas tan llenas de majestad y sabiduría? ¿Dónde está aquel su imperar a los vientos y tempestades; dónde su poder para eludir las diabólicas insidias de sus enemigos o para hacer frente valerosamente a su furor? ¿Dónde está su poder de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos? Todo (al parecer) ha terminado; y con él han quedado sepultados en la tumba no sólo los proyectos ambiciosos de algunos, sino también las discretas esperanzas de muchos. Todo ha terminado -van murmurando los hombres-, y en sus voces se ve la expresión de una desesperada tristeza. Todo ha terminado, parece que responden las cosas.

          Y, sin embargo, quien hubiese podido mirar a través de la piedra que cerraba el sepulcro, hubiera tenido la impresión de que los ojos de Jesús no estaban cerrados por la muerte sino por el sueño; allí no había traza de corrupción en sus miembros, y su rostro conservaba aún muy visibles las señales de su belleza sobrehumana, de su infinita bondad. Después de su muerte, el cuerpo de Jesús, como su alma, permaneció unido al Verbo, a la divinidad, que vive y obra en aquellos miembros. Pero apartada, en una casita modesta y silenciosa, arde una llama de fe que nunca se apaga: María espera llena de confianza a Jesús.



          En esto, la tierra tiembla; el ángel baja del cielo, aparta la pesada piedra que cierra el sepulcro, y se sienta majestuoso y sereno sobre ella. Los soldados huyen y van a dar bruscamente a los enemigos de Jesús la primera prueba de su aplastante derrota. Es ya el alba.

          María Magdalena está corriendo casi sin saber adónde, movida por un amor que no sufre pausas ni admite reflexión; vedla, de repente, como desmayada ante Jesús, que la saluda con infinita ternura. Las piadosas mujeres, con el corazón alborotado por el anuncio que les diera el ángel, encuentran también a Jesús y vuelan a anunciar la resurrección a los apóstoles, para hacerles participantes de su alegría y de su paz. Entre tanto, Pedro ha recibido del Señor, con señal inefable, la certeza de su perdón. Y Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y halla a los apóstoles; les conforta, les tranquiliza, les deja su paz. 

          Así quisiéramos, amadísimos hijos, que otra noche, la noche que ha caído sobre el mundo y que oprime a los hombres, viese pronto su alba y fuese besada por los rayos de un nuevo sol.

          Varias veces hemos hecho notar que los hombres de todas las naciones y de todos los continentes se ven forzados a vivir, desorientados y temerosos, en un mundo trastornado y perturbador. Todo se ha hecho relativo y provisional, porque es siempre menos eficiente y por lo mismo menos eficaz. El error, en sus formas casi innumerables, ha esclavizado las inteligencias de seres, por lo demás muy selectos y la inmoralidad de toda clase,ha llegado a tales grados de precocidad, de impudencia y de universalidad, que preocupan seriamente a los que piensan en la suerte del mundo. La humanidad parece un cuerpo infecto y llagado, en el que la sangre circula con dificultad, porque los individuos, las clases, y los pueblos se obstinan en seguir divididos, y por lo tanto, no se comunican mutuamente. Y cuando no se desconocen se odian, y conspiran y luchan y se destruyen.

          Pero también esta noche del mundo tiene señales claras de un alba que vendrá, de un día nuevo al que besará un sol nuevo y más esplendoroso.

          Muchos entrevén ya, y lo confiesan, que se ha llegado a esta noche del mundo porque Jesús ha sido apresado, porque se le ha querido desterrar de la vida familiar, cultural y social; porque se ha sublevado el pueblo contra Él[2], porque le han crucificado y dejado mudo e inerte.

          Pero hay una multitud de almas valientes y activas, conscientes de que la muerte y sepultura de Jesús solo fue posible porque entre los amigos de Él hubo quien le negase y le traicionase; ¡hubo tantos que huyeron asustados ante las amenazas de los enemigos! Estas almas saben que una acción oportuna, concorde y orgánica cambiará la faz de la tierra, renovándola y mejorándola.


(Extracto del SERMÓN DE PASCUA, por el Venerable Papa Pío XII, 1957)



viernes, 18 de abril de 2014

VIERNES SANTO; LAS SIETE PALABRAS, SEGÚN LAS REVELACIONES DE SOR JOSEFA MENÉNDEZ




     Ya conoces mis sufrimientos... Sígueme en ellos... Acompáñame y toma parte en mi dolor...


        Ya ha llegado la hora de la Redención del mundo! Me van a levantar y a ofrecer como espectáculo de burla...,pero también de admiración... ¡Esta Cruz que hasta aquí era el patíbulo donde expiraban los criminales, es ahora la luz del mundo, el objeto de mayor veneración.

     En mis llagas encontrarán los pecadores el perdón y la vida... ¡Mi Sangre lavará y borrará todas sus manchas!...

     En mis llagas las almas puras vendrán para saciar su sed y abrasarse en amor!... ¡En ellas podrán guarecerse y fijar su morada!


Padre, perdónalos,
 porque no saben lo que hacen

     No han conocido al que es su vida. ¡Han descargado sobre El todo el furor de sus iniquidades!... Mas, Yo os lo ruego, ¡oh Padre mío!..., descargad sobre ellos la fuerza de vuestra misericordia.


Hoy estarás conmigo en el Paraíso

     Porque tu fe en la misericordia de tu Salvador ha borrado tus crímenes...; ella te conduce a la vida eterna.


Mujer, he ahí a tu hijo

     Madre mía!, he ahí a mis hermanos... ¡Guárdalos!... ¡Ámalos!...» No estáis solos, vosotros por quienes he dado mi vida. Tenéis ahora una Madre a la que podéis recurrir en todas vuestras necesidades. Y ahora el amor me lleva a unir a todos los hombres con lazos de hermandad, dándoles a todos mi misma Madre.




Dios mío, Dios mío, 
¿por qué me habéis desamparado?

     Sí, el alma tiene ya derecho a decir a Dios: ¿Por qué me has desamparado?... Porque, después de consumado el misterio de la Redención, el hombre ha vuelto a ser hijo de Dios, hermano de Jesucristo, heredero de la vida eterna...»


Tengo sed

     Oh! ¡Padre mío!... Tengo sed de vuestra gloria..., y he aquí que ha llegado la hora... En adelante, realizándose mis palabras, el mundo conocerá que sois Vos el que me enviasteis y seréis glorificado. Tengo sed de almas, y para refrigerar esta sed he derramado hasta la última gota de mi Sangre. Por eso puedo decir:



Todo está consumado

     Ahora se ha cumplido el gran misterio de Amor, por el cual Dios entregó a la muerte a su propio Hijo para devolver al hombre la vida...Vine al mundo para hacer vuestra Voluntad. Padre mío, ¡ya está cumplida!




En vuestras manos encomiendo mi espíritu

     A Vos entrego mi alma... Así las almas que cumplen mi Voluntad, podrán decir con verdad: Todo está consumado... ¡Señor mío y Dios mío! Recibid mi alma, la pongo en vuestras manos...» Lo que has oído, escríbelo; quiero que las almas lo lean, a fin de que las que tengan sed se refrigeren..., las que tengan hambre se sacien...»



Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez
extraídas de su libro
UN LLAMAMIENTO AL AMOR
Con Prólogo del entonces Cardenal Eugenio Pacelli




NOTA IMPORTANTE SOBRE LAS IMÁGENES 
EMPLEADAS EN ESTE ARTÍCULO


Queremos agradecer el generoso y desinteresado gesto de nuestro amigo, el escultor Don Ramón Cuenca Santo, que da gloria a Dios y a Su Santísima Madre, realizando obras de tantísima calidad y piedad como las que ilustran éste y otros artículos. ¡Gracias Don Ramón!

jueves, 17 de abril de 2014

JUEVES SANTO; LA VIDA DE CRISTO REPRESENTADA EN EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA



          Así pues, entre todas las cosas que Jesús nos mandó a los cristianos para conseguir y alcanzar la gloria, tenemos ésta: que representáramos su Santa y Bendita Vida en la Misa. Porque cuando el día de Jueves Santo de la Cena instituyó este Santo Sacramento de la Misa, mandó: Haced esto en recuerdo mío (Lc. 22, 19 y 1 Cor. 11, 23). No dijo sólo en recuerdo y conmemoración de la Pasión, sino en recuerdo mío; es decir, de toda la vida de Cristo, que se ha de representar desde el día del Nacimiento hasta el día de la Ascensión. 

          Podréis decir algunos: “Este mandamiento ha sido dado solamente a los clérigos”. Pues yo os digo a vosotros que este mandato se dirige a los clérigos y a los laicos. A los clérigos para que conmemoren la vida de Cristo celebrando; a los laicos para que conmemoren oyendo y escuchando. Por eso mismo dice el tema: Haced lo que Él os diga (Jn. 2,5). Esto es, a saber, conmemorar la vida de Cristo, celebrando los clérigos y los laicos oyendo y escuchando devotamente.

          Tened presente esto que os indico: que desde el día que Jesucristo, Salvador nuestro, descendió del Cielo por la Encarnación hasta el día que subió al Cielo, toda su vida esta representada en la Misa solemne por treinta obras principalmente, aunque sabemos que hay más obras que desconocemos. Por eso dice el evangelista san Juan en el último capítulo: Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran (Jn. 21,25).


          La primera obra que hizo Jesús Cristo, Hijo de Dios y nuestro Salvador, en este mundo fue la Encarnación, cuando descendió del Cielo se introdujo en el vientre virginal de María Virgen, revistiéndose de humanidad. Y esto os digo que se representa en la Misa... así como el presbítero es revestido en la sacristía y nadie del pueblo le ha visto vestirse, así mismo cuando Jesús Cristo, Sumo Sacerdote, se reviste de humanidad en la sacristía, que es la Bienaventurada Virgen, para decir la Misa en el Altar de la Cruz, nadie del pueblo judío lo supo, ni lo vio cuando fue encarnado, porque esto sucedió muy en secreto. 

          Después que la Bienaventurada María, su madre, lo encontró en el Templo, que fue bendecida con tanto gozo que experimentó que no pudo sus lágrimas contener y bendecir al Señor. A continuación mirad qué hizo el glorioso Señor y cuánta fue su abundantísima y gran humildad, que inmediatamente que vio a su madre bendita, se acercó a ella y a José y confortaba su sacratísima Madre, secándole las lágrimas y regresó con ellos mismos a Nazaret, y no obstante ser él mismo el Rey de Reyes y Señor de todo el mundo, sin embargo quería ser súbdito de su Madre y José. Lo dice Lucas (Lc. 2, 51): Y vivía sujeto a ellos. 

          Estas consolaciones que hacía Jesús a su Madre las representa el presbítero cuando, dicho el Credo, se vuelve al pueblo diciendo: “El Señor esté con vosotros”. Y después de esto, está todo lo que hace el presbítero en el altar preparando los corporales y la hostia y el cáliz, que pertenecen al sacrificio y representa aquel ministerio y servicio que hizo nuestro Señor Jesús Cristo a su sacratísima Madre. Por eso él mismo decía en Mateo (Mt. 20, 28): El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir

          Después que atendió y sirvió a su madre, y según aquello que se lee en San Mateo (cf. Mt. 13, 55) y Marcos (cf. Mc. 6,3) que nuestro Salvador por su humildad ayudaba a su padre putativo José en el oficio de carpintero, puesto que él en su ancianidad no podía manejar la sierra y por lo tanto le ayudaba a manejarla. Por esto dice el Maestro Nicolás de Lira referente a este pasaje que Jesús utilizó este oficio. Y por esta razón decían los judíos y está en Mateo (cf. Mt. 13,55) y Marcos (cf. Mc. 6,3): ¿No es este el hijo del carpintero? Porque nuestro Señor Jesús Cristo ayudaba a José para que pudieran vivir, por eso creían los judíos que era su hijo. ¡Qué estúpidos! Después de esto el bendito Señor llegó a edad de treinta años y se fue a bautizar, aunque no era necesario para él. Pero lo hizo para santificar las aguas para nuestra salvación. 

          Esto se representa en la Misa cuando el presbítero lava sus manos. Ahora os pregunto:¿porque el presbítero se lava las manos? ¿Acaso no lavó su conciencia por la confesión sacramental y también las manos antes de la Misa? Ciertamente que sí, pues sin esas cosas diría la Misa para la condenación de su alma. Por tanto buena gente, el presbítero lava sus manos no porque necesite la limpieza, sino para representar al Salvador y a nuestro Señor Jesús Cristo, que tiene la plenitud de toda santidad y que no necesitaba el bautismo, pero por humildad y por nuestra utilidad él mismo quiso bautizarse y darnos la virtud del agua para lavarnos. Y por eso el presbítero, no obstante que está confesado sacramentalmente, aunque sea santo y sin ninguna mancha de pecado, debe lavarse las manos. Por eso dice el presbítero: Lavaré mis manos entre los inocentes, y me pondré alrededor de tu altar, Señor, dice el Salmo (Sal. 25,6) súplica de un justo perseguido. Porque quiero decir: consistía en que yo sea puro y limpio de toda mancha de pecado, por lo cual sea contado entre los inocentes; y en que Señor, para representar aquel baño de nuestro bautismo, vos que sois plenitud de santidad, sin embargo quisisteis ser lavado y por eso yo me lavaré ahora.

           Después de la predicación de aquel gran sermón a los Apóstoles, salió hacia el huerto para hacer oración y oró tres veces a Dios Padre diciendo: Padre mío, si es posible que  pase de mí esta copa… El espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mt. 26, 39.41). Y él mismo en cuanto Dios no temía a la muerte, pero sí en cuanto hombre. Y por lo tanto siendo consciente de las pasiones que él iba a padecer, decía: Padre mío, si es posible que pase, etc. Esta amargura de la pasión se basa en la sensualidad que está enferma, pero el espíritu está pronto. En la tercera vez que oró, y le sobrevino un temblor y el sudor de sangre, es cuando vino el ángel a confortarlo (cf. Lc. 22, 43-44). No como si él mismo necesitara el ánimo, sino como el escudero que conforta a su señor, diciendo por si acaso: “Señor esforzaros, porque ahora alcanzaréis la victoria sobre vuestros enemigos” ; así el ángel le decía a nuestro Salvador: “Señor mirad a las almas santas, que os esperan en el Limbo del infierno y ya ansían la gloria, y así confortaréis vuestra humanidad”. Y el clementísimo Señor oró por él mismo y por nosotros. 

          Por él mismo rogando al Padre Dios por su resurrección; no es que estuviera dudoso de su Resurrección, o impotente para resucitar, sino que así convenía que lo hiciera. Y esto lo hacía como hombre. También oró por nosotros, para que constante y voluntario recibiera la muerte por nosotros, para que nosotros estemos ardientes y firmes para sostener la muerte por él mismo y resucitemos gloriosos.

          Se representa en la Misa cuando el presbítero traza tres cruces sobre el cáliz,  diciendo: “Bendecida, aceptada y ratificada”, significando aquellas tres oraciones que hizo el Salvador en el huerto. Después hace dos cruces sobre la hostia demostrando así 
que Jesús rogaba por dos, a saber, por sí mismo, en cuanto hombre y por nosotros. 




( San Vicente Ferrer )




miércoles, 16 de abril de 2014

INDULGENCIAS PARA LA SEMANA SANTA Y LA BULA DE LA SANTA CRUZADA.



INDULGENCIAS PLENARIAS 
CONCEDIDAS PARA LA SEMANA SANTA

Jueves SantoSi recitamos el "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados") durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor. También se gana si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.
Viernes Santo: Si asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.
Sábado Santo: Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario o si asistimos a la Vigilia Pascual. Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.

BULA DE LA SANTA CRUZADA
( CONCEDIDA PARA ESPAÑA Y SUS PROVINCIAS )



          La Bula de la Santa Cruzada había sido concedida a los Reyes Católicos por el Papa Julio II en 1509, a semejanza de las que otorgaron Urbano II e Inocencio III a los cristianos que fueron a recuperar la Tierra Santa vistiendo la roja divisa de los cruzados en el pecho. Los sucesores Pontífices continuaron con la concesión, siempre por tiempo limitado, mandando que el importe de las limosnas se destinara al culto de las iglesias. El documento pontificio era conducido bajo palio en procesión en varias ciudades españolas.
          Quienes hubieran adquirido la Bula de la Santa Cruzada y su indulto de carnes solo tenían la «obligación de observar vigilia todos los viernes de Cuaresma, guardar ayuno el miércoles de ceniza y ayunar con abstinencia el Viernes Santo». Podían así tomar huevos, productos lácteos y pescado cualquier día, incluso los de ayuno.

Bula personal que se adquiría en los Obispados.

lunes, 14 de abril de 2014

ORACIÓN EN REPARACIÓN POR LAS BLASFEMIAS, COMPUESTA E INDULGENCIADA POR PÍO XII


Hemos querido rescatar una bellísima ORACIÓN EN REPARACIÓN POR LAS BLASFEMIAS
que el mismo Papa Pío XII escribiera e indulgenciara nada menos que con 1000 días.
El 11 de Septiembre de 1954, el mismo Papa, quiso leerla en la Radio Vaticana;
 después de aquello se imprimieron millones de estampas con dicha oración, 
pero los años de ruina post-conciliar la habían condenado al olvido.

Por eso, hemos diseñado esta sencilla estampa; está lista para ser impresa, 
luego se puede doblar a la mitad, pegar y plastificar, para así poderla rezar con asiduidad.



domingo, 13 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS




          Al día siguiente, domingo, salió el Salvador de Betania y fue a Jerusalén, donde se le tributó aquel solemne recibimiento de los ramos, y se le aclamó como hijo de David. Toda la gente “iba diciendo cómo resucitó a Lázaro cuando estaba en la sepultura, y ésta fue la razón por la que salieron a recibirle”. Cerca ya de Jerusalén, “al ver la ciudad, lloró sobre ella”, y anunció la destrucción que iba a sufrir como castigo, por no saber a tiempo lo que de verdad le hubiera traído la paz.

          Con el alboroto y ruido de esta entrada solemne del Señor “toda la ciudad se puso en pie”; y se preguntaban unos a otros: “¿Quién es éste?”. Jesús, que había sido aclamado como rey, entró en el Templo y, como Rey de Misericordia, “curó a todos los ciegos y cojos que allí estaban”. También esto fue un nuevo motivo de disgusto e indignación por parte de sacerdotes y escribas: le acusaban de que permitiera a los niños vitorearle como hijo de David, de que no hiciera callar a los que creían en Él y le llamaban rey de Israel. 

          El Salvador no les hizo caso; les dijo que, aunque callaran los hombres, “las mismas piedras hablarían”. El Señor oía complacido las voces de los niños porque “de su boca saca Dios las alabanzas”. Después de toda esta fiesta, “como era ya tarde, mirándolos a todos” y no habiendo nadie que le invitase a cenar ni a dormir, se volvió con sus discípulos a Betania aquella noche.


LA PASIÓN DEL SEÑOR
Padre Luis de Palma
 1624

viernes, 11 de abril de 2014

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, REPARADORA DEL ORBE PERDIDO


"El Señor te ha bendecido comunicándote su poder, 
pues por medio de ti ha aniquilado a nuestros enemigos. 
Hija bendita eres del Señor Dios excelso,
 sobre todas las mujeres de la tierra."

(Judith 13, 22, 23-25)



       Así pues, todos cuantos estamos unidos con Cristo y los que, como dice el Apóstol, somos miembros de su cuerpo, partícipes de su carne y de sus huesos, hemos salido del vientre de María, como partes del cuerpo que permanece unido a la cabeza. De donde, de un modo ciertamente espiritual y místico, también nosotros nos llamamos hijos de María y ella es la madre de todos nosotros. Madre en espíritu… pero evidentemente madre de los miembros de Cristo que somos nosotros. En efecto, si la bienaventurada Virgen es al mismo tiempo Madre de Dios y de los hombres ¿quién es capaz de dudar de que ella procurará con todas sus fuerzas que Cristo, cabeza del cuerpo de la Iglesia, infunda en nosotros, sus miembros, todos sus dones, y en primer lugar que le conozcamos y que vivamos por él?.

       A todo esto hay que añadir, en alabanzas de la santísima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado, al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos, la materia de su carne con la que se lograría una hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo, de manera que igualmente recaen en uno y otro las palabras del Profeta: mi vida transcurrió en dolor y entre gemidos mis años. Efectivamente cuando llegó la última hora del Hijo, estaba en pie junto a la cruz de Jesús, su Madre, no limitándose a contemplar el cruel espectáculo, sino gozándose de que su Unigénito se inmolara para la salvación del género humano, y tanto se compadeció que, si hubiera sido posible, ella misma habría soportado gustosísima todos los tormentos que padeció su Hijo.

       Y por esta comunión de voluntad y de dolores entre María y Cristo, Ella mereció convertirse con toda dignidad en Reparadora del orbe perdido, y por tanto en dispensadora de todos los bienes que Jesús nos ganó con su muerte y con su sangre.

       Cierto que no queremos negar que la erogación de estos bienes corresponde por exclusivo y propio derecho a Cristo; puesto que se nos han originado a partir de su muerte y El por su propio poder es el mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por esa comunión, de la que ya hemos hablado, de dolores y bienes de la Madre con el Hijo, se le ha concedido a la Virgen augusta ser poderosísima Mediadora y Conciliadora de todo el orbe de la tierra ante su Hijo Unigénito.

       Así pues, la fuente es Cristo y de su plenitud todos hemos recibido; por quien el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo nutren… va obrando su crecimiento en orden a su conformación en la caridad. A su vez María, como señala Bernardo, es el Acueducto; o también el cuello, a través del cual el cuerpo se une con la cabeza y la cabeza envía al cuerpo la fuerza y las ideas. Pues Ella es el cuello de nuestra Cabeza, a través del cual se transmiten a su cuerpo místico todos los dones espirituales..."





( Papa San Pío X, 2 de Febrero de 1904 )

miércoles, 9 de abril de 2014

UNA NUEVA RELIQUIA LLEGA A NUESTRA COMUNIDAD: ANACLETO GONZÁLEZ FLORES, MÁRTIR POR CRISTO REY


          El pasado miércoles anunciábamos con alegría la llegada de una reliquia de nuestro amado San Juan de la Cruz, que venía a ser una joya preciada en la corona de reliquias que veneramos en nuestra capilla de comunidad. 



          La Divina Providencia ha querido traernos otro inesperado presente, esta vez desde México, concretamente desde la conocida Guadalajara, tierra generosamente regada por la sangre de sus Gloriosos Mártires Cristeros; de ese jardín, cuidado por la mano pura de Nuestra Señora de Guadalupe, surgieron hermosas flores, bellas seguro como las del ayate del indio Juan Diego: lirios de pureza, jazmines de virtudes, rosas de sangre acrisolada por Cristo.


(Teca que contiene el ex ossibus, un trocito de hueso del Mártir Anacleto González)

          A Dios sean dadas las gracias por haber llegado a este pequeña Comunidad de Oblatos, una reliquia ex osssibus (de los huesos) del Mártir Anacleto González; prometo publicar más adelante una pequeña reseña de él más adelante.

          Debemos aclarar que la sagrada reliquia del Mártir Anacleto González, no habría podido llegar hasta nosotros si no fuese por la generosidad de unos buenos amigos de Chile, que con gusto nos la cedieron para poder exponerla y venerarla en la Capilla, y que de paso, fuese aliciente diario por el valiente y abnegado ejemplo del Mártir al que pertenece. 

          De más está decir que si estos amigos estaban presentes en nuestras oraciones, ahora a buen seguro rezaremos más por sus intenciones, ya que la visión de la sagrada reliquia nos recordará la generosa entrega de tan preciado resto.


(Authentica, o certificado que garantiza la veracidad de la sagrada reliquia)

          De momento, los jóvenes de esta casa, andamos felices por tener entre nosotros a un terciario franciscano, un cabeza de familia, un maestro, un hombre íntegro, que no vaciló en vivir y en morir como un fidelísimo católico, sin importarle los ataques de los que lo consideraban un exaltado, que perdonó a cuantos recogieron piedras para lanzarle en su trayectoria de catequista, pero sobre todo, es emocionante verle sereno en el patíbulo que lo llevaría a las puertas del Paraíso; hasta ese último momento, su espíritu católico, recio baluarte y sostén de su vida, no se doblegó, al contrario, aumentó su caridad hasta el punto de perdonar en vida a sus verdugos.


(Parte trasera de la authentica, donde se cede la reliquia)




martes, 8 de abril de 2014

NADA HAY MÁS AGRADABLE QUE EL AROMA DEL SEÑOR


     Señor, te he llamado, ven deprisa. Esto lo podemos decir todos. No lo digo yo solo, lo dice el Cristo total. Pero se refiere, sobre todo, a su cuerpo personal; ya que, cuando se encontraba en este mundo, Cristo oró con su ser de carne, oró al Padre con su cuerpo y, mientras oraba, gotas de sangre destilaban de todo su cuerpo. Así está escrito en el Evangelio: Jesús oraba con más insistencia, y sudaba como gotas de sangre. ¿Qué quiere decir el flujo de sangre de todo su cuerpo sino la pasión de los mártires de la Iglesia?


     Señor, te he llamado, ven deprisa; escucha mi voz cuando te llamo. Pensabas que ya estaba resuelta la cuestión de la plegaria con decir: Te he llamado. Has llamado, pero no te quedes ya tranquilo. Si se acaba la tribulación, se acaba la llamada; pero si, en cambio, la tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los tiempo, no sólo has de decir: Te he llamado, ven deprisa, sino también: Escucha mi voz cuando te llamo.

     Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Cualquier cristiano sabe que esto suele referirse a la misma cabeza de la Iglesia. Pues, cuando ya el día declinaba hacia su atardecer, el Señor entregó, en la cruz, el alma que después había de recobrar, porque no la perdió en contra de su voluntad. Pero también nosotros estábamos representados allí. Pues lo que de Él colgó en la cruz era lo que había recibido de nosotros. Si no, ¿cómo es posible que, en un momento dado, Dios Padre aleje de sí y abandone a su único Hijo, que es un solo Dios con Él? Y, no obstante, al clavar nuestra debilidad en la cruz, donde, como dice el Apóstol, nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, exclamó con la voz de aquel mismo hombre nuestro: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

     Por tanto, la ofrenda de la tarde fue la Pasión del Señor, la Cruz del Señor, la oblación de la víctima saludable, el holocausto acepto a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió en ofrenda matutina por la resurrección. La oración brota, pues, pura y directa del corazón creyente, como se eleva desde el ara santa el incienso. No hay nada más agradable que el aroma del Señor: que todos los creyentes huelan así.

     Así, pues, nuestro hombre viejo –son palabras del Apóstol- ha sido crucificado con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud del pecado.

De los Comentarios de San Agustín, Obispo.
La pasión de todo el cuerpo de Cristo 

domingo, 6 de abril de 2014

I DOMINGO DE PASIÓN; REFLEXIÓN DOMINICAL


Reflexión Dominical 
I Domingo de Pasión
Introducción a la vida devota 
de San Francisco de Sales.
texto elegido por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero
Director de la revista digital "Integrismo



DEL AMOR QUE JESUCRISTO NOS TIENE


          Considera el amor con que Jesucristo ha sufrido en el huerto de los Olivos y en el monte Calvario, este amor era para ti, y, con todas aquellas penas y trabajos, obtenía de Dios Padre, para tu corazón, las buenas resoluciones y promesas, y, por los mismos medios, todo lo que necesitas para mantener, alimentar, robustecer y consumar estas resoluciones. ¡Oh resolución, qué preciada eres, siendo hija de tal madre, cual es la Pasión de mi Salvador! ¡Oh, cómo te ha de amar mi alma, pues tan amada has sido de mi Jesús! ¡Ah Señor! ¡Oh Salvador de mi alma! ¡Tú moriste para obtener en mi favor estas resoluciones! Concédeme, pues, la gracia de que muera antes de dejarlas.

          Ya ves, Filotea, cuanta verdad es que el Corazón de nuestro amado Jesús veía el tuyo, desde el árbol de la cruz, y le amaba, y, por este amor, obtenía para todos los bienes que jamás podrás tener, y entre otros, tus resoluciones. Sí, amada Filotea, nosotros podemos decir con Jeremías: “¡Oh Señor!, antes de que yo existiese, Tú me mirabas y me llamabas por mi nombre”, como sea que su bondad preparó, con su amor y su misericordia, todos los recursos generales y particulares de nuestra salvación, y, por consiguiente, nuestras resoluciones. Sí, ciertamente: así como la mujer que ha de ser madre prepara la cuna, las mantillas y las fajitas, y además busca nodriza para el niño que espera, aunque todavía no haya venido al mundo, así también Nuestro Señor, después de haberte concebido en su bondad y llevado en sus entrañas, al querer darte a luz para tu salvación y hacerte hija suya, preparó en el árbol de la cruz, todo lo que era menester para ti: tu cuna espiritual, tus mantillas y fajitas, tu nodriza, y todo lo que era conveniente para tu felicidad, a saber, todos los recursos, todos los alicientes, todas las gracias por las cuales conduce tu alma y quiere llevarla hasta la perfección. ¡Ah, Dios mío! ¡Cómo deberíamos grabar todo esto en nuestra memoria! ¿Es posible que yo haya sido amada, y tan dulcemente amada, de mi Salvador; que Él haya pensado particularmente en mí y en todos estos pormenores, con los cuales me ha atraído hacia Él? ¡Cómo hemos de amarle y emplearlo todo para nuestra utilidad! 





          Todo esto es muy dulce: este corazón amable de mi Dios pensaba en Filotea, la amaba y le procuraba mil medios de salvación, como si no hubiere más almas en el mundo en quienes pensar, de la misma manera que el sol ilumina un lugar de la tierra como si no iluminase otros y sólo iluminase aquél. Así Nuestro Señor pensaba y cuidaba de todos sus hijos, de forma que pensaba en cada uno de ellos, como si no hubiese tenido que pensar en los demás. “Me amó -dice San Pablo-, y se entregó por mí”; como si dijera: sólo por mí, como si nada hubiese hecho por los demás. Esto, Filotea, ha de permanecer grabado en nuestra alma, para tener en mucho y fomentar tu resolución, tan preciosa para el Corazón del Salvador. 


DEL AMOR ETERNO DE DIOS A NOSOTROS


          Considera el amor eterno que Dios te ha tenido; porque ya antes de que Nuestro Señor Jesucristo, en cuanto hombre, sufriese en la cruz por ti, su divina Majestad te concebía en su soberana bondad, y te amaba en gran manera. Mas, ¿cuándo comenzó a amarte? Comenzó cuando comenzó a ser Dios. ¿Y cuándo comenzó a ser Dios? Nunca, pues siempre ha sido, sin principio ni fin, y te ha amado siempre desde la eternidad; por esto te preparaba las gracias y los favores que te ha hecho. Lo dice por el profeta: “Te amaré (dice a ti y a cada uno de nosotros) con un amor perpetuo; por lo tanto te atraje, compadecido de ti”. 

          Ha pensado, pues, entre otras cosas, en hacerte formar tus resoluciones para servirle. ¡Dios mío! ¡Qué resoluciones son éstas, pensadas, meditadas, proyectadas por Dios, desde toda la eternidad! ¡Cuán amadas y preciosas han de ser para nosotros! ¡Qué no hemos de sufrir, antes que dejar perder una sola brizna de ellas! Ciertamente, ni que se hubiese de perder todo el mundo para nosotros, pues todo el mundo junto no vale lo que vale una alma, y una alma no vale nada sin nuestras resoluciones.



NOTA IMPORTANTE: 

El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
sólo tienen que escribirnos un mail a traditio@hotmail.com