viernes, 9 de diciembre de 2011
MARÍA VALTORTA, SECRETARIA DE DIOS
En los próximos días iré publicando extractos de los escritos de una mujer bendecida con enormes gracias sobrenaturales; desde el dolor y la soledad de su habitación, donde vivió recluida casi toda su vida, describió pasajes de la vida de Nuestro Señor y de la Virgen Santa, con tal precisión y piedad, que es imposible leerlos sin emocionarse.
VOCACIÓN DE VÍCTIMA
María Valtorta nació el 14 de marzo de 1897 en Caserta (sur de Italia), transcurrió su vida en varias ciudades de la Italia septentrional. Desde niña experimentó hacia Cristo un reclamo casi profético: acompañarlo en el dolor, voluntariamente acogido y generosamente ofrecido. Siguiendo su ejemplo, asoció al dolor el amor hasta el punto de que se identificaran en una cosa sola. Y, a través de los sufrimientos cumplió en la madurez su vocación de donarse por completo.
Era inteligente, sensible, volitiva, generosa, propensa a la cultura, tendente a una profunda espiritualidad. Su padre era bueno y afable; su madre, sin embargo, tan despótica, que obstaculizó y reprimió incluso sus más legítimas aspiraciones. A causa de ella, que dos veces truncó su incipiente interés sentimental, María no se casó, ni pudo gozar plenamente del vínculo afectivo con su padre ni cursar los estudios más adecuados a su personalidad ni ser libre en su práctica religiosa.
En 1916, el Señor la llamó por medio de un sueño, que permaneció presente en María durante toda la vida. En el sueño, María es socorrida por Jesús, cuyas palabras de admonición y de piedad, unidas a un gesto de absolución y de bendición, fueron para ella “un lavado que la purificó completamente”. Se despertó “con el alma iluminada por algo que no era terrenal”.
En 1917 María entró en las filas de las enfermeras samaritanas, y durante dieciocho meses prodigó sus cuidados en el hospital militar de Florencia. Pidió que se le confiasen los soldados y no los oficiales porque “había ido a servir a los que sufren, no por alardes o para buscar marido”. Ejercitando la caridad se sintió obligada “dulcemente a acercarse cada vez más a Dios”.
EL MOMENTO DE LA INMOLACIÓN
El gesto de su gradual inmolación partió de un golpe violento que sufrió el 17 de marzo de 1920. Iba con su madre por la calle “cuando un rapaz delincuente le pegó en los riñones con una barra de hierro, que había arrancado de una cama. Con todas sus fuerzas le dio un terrible golpe”. Permaneció en cama tres meses y fue como comenzar a saborear su futura y completa enfermedad.
María Valtorta experimentó en manera más sensible ciertas percepciones psíquicas, que ya en los años precedentes había advertido bajo la forma de “premoniciones” o de “otros hechos extraños”. Se trataba, en particular, de la sensación “como de que sus dedos se alargaban, se hicieran larguísimos hilos lanzados al espacio, y que estos hilos se fueran uniendo a otros iguales” que salían de otras personas, como con deseo de unirse entre sí.
En septiembre de 1924, la familia Valtorta se trasladó definitivamente a Viareggio, en donde ocuparon una casita recién comprada. Allí, María continuó llevando una vida retirada, fuera de “alguna salida al mar o al bosque” y de las que hiciera “a comprar lo necesario para cada día”, lo que le permitía hacer visitas a Jesús Sacramentado, sin atraerse las iras de la madre. Había empezado para ella “una nueva etapa en su vida, en la que crecía más en Dios”.
Atraída por el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cuyo libro “Historia de un Alma“, leyó con sumo gusto. El 28 de enero de 1925 se ofreció como Víctima al Amor Misericordioso, renovando después cada día este acto de ofrecimiento. A partir de ese momento creció sin medida su amor por Jesús, hasta llegar a sentir su presencia en sus propias palabras y en sus propias acciones.
En tanto venía madurando en ella la fuerte decisión de ofrecerse como víctima a la Justicia Divina, a lo cual se preparaba con una vida que crecía cada vez más en pureza y mortificación. Ya de tiempo atrás había hecho los votos de virginidad, pobreza y obediencia. Cumplió su nuevo acto de ofrecimiento el 1° de julio de 1931. Mas los sufrimientos físicos y espirituales no cedieron un sólo momento.
El 4 de enero de 1933 fue el último día que María, caminando con extrema fatiga, pudo salir de casa. Y desde el 1° de abril de 1934 no se levantó ya más del lecho, dando inicio en un “intenso transporte de amor”, a su larga y penosa enfermedad. Se convirtió “en el instrumento de las manos de Dios”. Su misión era la de “sufrir, expiar y amar”.
VEINTISIETE AÑOS EN LA CAMA
La constricción más dura para María fue la que soportó en los últimos veintisiete años de su vida, cuando se vio obligada a guardar cama permanentemente por una parálisis de los miembros inferiores, cuyo origen se remontaba al bastonazo en los riñones que, en su juventud, le había propinado un subversor.
En 1942, cuando hacía ya ocho años que estaba paralizada, conoció al Padre Romualdo M. Migliorini, un fraile servita ex misionero, que llegó en calidad de prior y párroco a Viareggio, donde la familia Valtorta se había establecido desde hacía tiempo, luego de varios cambios de residencia.
El Padre Migliorini se convirtió en guía espiritual de María y la indujo a escribir sus memorias. Ella, en poco más de un mes, volcó en los cuadernos que el mismo religioso le había proporcionado un raudal de recuerdos y sentimientos, revelando un excepcional talento literario al narrar sin reticencias su historia apasionadamente humana y heroicamente ascética.
Después de haber escrito desde su lecho de enferma la Autobiografía, comprendió cuál era el proyecto de Dios a su respecto. Ofreciendo sin reservas, junto con sus sufrimientos, sus dotes naturales, se convirtió en la "pluma del Señor" y en el instrumento de una manifestación sobrenatural que puede ser considerada única en la historia de la literatura cristiana.
Escribió sin interrupción desde 1943 hasta 1947, y con intermitencias en los años siguientes hasta 1951. Usaba los cuadernos que el Padre Migliorini le seguía proporcionando, en los cuales escribía fluidamente de su propio puño con una pluma estilográfica. Aun en las fases agudas de su enfermedad y, a veces, entre dolores atroces, no dictó nunca, para no ser reemplazada ni siquiera en el acto de escribir. Ella misma había fabricado una carpeta que apoyaba sobre sus rodillas, de modo que sirviera de soporte al cuaderno.
La enfermedad crónica y la intensa actividad como escritora no impidieron que María Valtorta, que quiso permanecer ignorada durante su vida, siguiera los acontecimientos del mundo, recibiera visitas de personas conocidas, escribiera cartas y se dedicara a labores femeninas (sin contar con sus plegarias y penitencias, de las cuales fue testigo Marta Diciotti, asistente providencial y fiel compañera desde 1935).
EL FINAL DEL MARTIRIO
Mas una vez terminada su misión de escritora, comenzó a entrar en un estado de dulce apatía, de misteriosa incomunicabilidad, que se fue acentuando a medida que pasaban los años, como si cada vez más la absorbiera una contemplación interior que, sin embargo, no alteraba su aspecto exterior. Sin recobrarse nunca -exceptuando algunos momentos de lucidez llenos de significado-, terminó sus días, en la casa de Viareggio, el 12 de octubre de 1961.
Sus restos mortales descansan en Florencia, en una capilla que da al antiguo claustro de la Basílica de la Santísima Anunciación.
María Valtorta escribió de una vez, sin un esquema preparatorio y sin rehacer sus escritos, más o menos quince mil páginas de cuaderno. Esta notable producción literaria está publicada en quince volúmenes además de la Autobiografía. De ellos, diez encierran la obra mayor y cinco las obras menores.
SUS ESCRITOS
La obra mayor es “El Evangelio como me ha sido revelado“ : En sus diez volúmenes narra el nacimiento y la infancia de María y de su hijo Jesús, los tres años de la vida pública de Jesús, su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión al Cielo, Pentecostés, los albores de la Iglesia y la Asunción de María. Describe paisajes, ambientes, personas y acontecimientos con el brío de una representación. Delinea caracteres y situaciones con habilidad introspectiva. Expone alegrías y dramas con el sentimiento de quien es partícipe de ellos realmente.
Explica circunstancias históricas, ritos, costumbres, características ambientales y culturales sagradas y profanas, con datos y detalles que los especialistas exentos de prejuicios consideran irreprochables. Y, sobre todo, expone, a través de la extensa narración de la vida terrenal de Cristo, toda la doctrina del cristianismo que la Iglesia Católica nos transmite.
jueves, 8 de diciembre de 2011
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Tal día como hoy, en 1854, el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción:
"Nos, declaramos, pronunciamos y definimos que la Doctrina que afirma que la Beatísima Virgen María, en el primer instante de su concep ción, fue preservada, por singular privilegio de Dios y en virtud de los méritos de Jesucristo, de toda mancha de pecado original, es Doctrina revelada por Dios, y por tanto han de creerla firme y constantemente todos los fieles".
Por tanto, tengamos presente que Nuestra Señora, desde el momento que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana, quedó sustraída de la esclavitud del dominio del demonio, de la sujeción a la ley de la concupiscencia, y hasta de los sufrimientos y de la muerte considerados como pena del pecado de naturaleza, aunque en la Virgen María, como en Nuestro Señor, el sufrimiento y la muerte hayan sido consecuencias de nuestra naturaleza y que hayan sido ofre cidos por nuestra salvación.
Entendemos así, que para que Nuestra Señora la Virgen María pudiese reparar la caída de Eva, vencer las artimañas del demonio y darnos a todos, con Cristo, por Él y en Él, la vida sobrenatural, convenía que Ella misma no hubiese estado jamás en el estado humillante de la esclavi tud del pecado y del demonio.
Apreciemos en la oración propia de la fiesta de la Inmaculada Concepción, aprobada por Sixto IV (1476) y en la que se dice: “Ex morte ejusdem Filii tui praevisa, eam ab omni labe praeservasti.” La Santísima Virgen fue preservada del pecado original por la futura muerte de su Hijo; es decir, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, muriendo por nosotros en la Cruz.
LOS SANTOS PADRES Y LA INMACULADA
San Efrén, al comparar a Eva y a la Virgen María dice: "Ambas son en su origen inocentes y puras, pero pronto Eva se convierte en causa de la muerte, y María, de la vida". Dirigiéndose al Señor, dice también: "Vos, Señor, y vuestra Santa Madre sois los únicos perfectamente hermosos bajo todos los conceptos. En Vos no hay ninguna falta, y en vuestra Madre, ninguna mancha. Los demás hijos de Dios no se acercan, ni con mucho, a esta hermosura".
San Ambrosio dice, igualmente de Nuestra Señora, que "está exenta de toda mancha del pecado."
San Agustín nos dice que "el honor de Cristo no permite ni promover siquiera la cuestión del pecado res pecto a la Santísima Virgen María, mientras que si se les pregunta a los santos: "¿Estáis sin pecado?" , todos nos responderán con el Apóstol San Juan : "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros." ( I Jn. 8 )
NUESTRA PURÍSIMA SEÑORA, LIBRE DEL ERROR
La Virgen Santa, en virtud del privilegio que la preservó del pecado original, no estuvo jamás sujeta al error, a la ilusión; su juicio fue siempre claro y recto. Si no tenía luz suficiente sobre alguna cosa, suspendía el juicio y evitaba la preci pitación que es la causa del error.
Nuestra Señora, como lo dicen las letanías, es "Sede de la Sabiduría" y "la Madre del Buen Consejo". Todos los teólogos reconocen que la naturaleza le hablaba del Creador más profundamente que a los mayores poetas, y que tuvo, ya en este mundo, un conocimiento profundo y sencillamente superior de lo que dicen las Escrituras acerca del Mesías, de la Encarnación y de la Redención. Estuvo, pues, exenta por completo, de la concupiscencia y del error.
* * * * *
Padre Reginald Garrigou-Lagrange, O.P.
Tomado de “La Madre del Salvador y nuestra vida interior”
Ediciones Desclée, de Brouwer, Buenos Aires, 1947.
martes, 6 de diciembre de 2011
EL ÁNGEL CUSTODIO Y SANTA GEMA GALGANI
Santa Gema Galgani nos cuenta en su Diario: “Jesús no me deja estar sola un instante, sino que hace que esté siempre en mi compañía el ángel de la guarda… El ángel, desde el día en que me levanté, comenzó a hacer conmigo las veces de maestro y guía; me reprendía siempre que hacía alguna cosa mal y me enseñaba a hablar poco”.
A veces, el ángel le amenazaba de no hacerse ver más, si no obedecía al confesor en todo. Y le llamaba seriamente la atención, cuando hacía algo mal y la corregía constantemente para que fuera perfecta en todo. En ocasiones, le daba ciertas normas: “Quien ama a Jesús, habla poco y soporta mucho. Obedece puntualmente y en todo al confesor sin replicar. Cuando cometas alguna falta, acúsate de inmediato y pide disculpas. Acuérdate de guardar tus ojos y piensa que el ojo mortificado verá las maravillas del cielo” (28 de julio de 1900).
Muchos días, cuando se despertaba por la mañana, lo encontraba cuidándola a su lado, la bendecía y desaparecía de su vista. Y le insistía mucho en que “el camino más corto y verdadero (para llegar a Jesús) es el de la obediencia” (9-8-1900). Un día le dijo: “Yo seré tu guía y tu compañero inseparable”.
El ángel le dictaba cartas: “Muy pronto escribiré a la M. Josefa, pero necesito esperar a que venga el ángel de la guarda y me la dicte, porque yo no se qué decirle”. Le escribía a su director: “Después de su partida he quedado con mis queridos ángeles, pero sólo dos, el suyo y el mío, se dejan ver. El suyo ha aprendido a hacer lo que hacía usted. Por la mañana viene a despertarme y por la noche me da su bendición… Mi ángel me abrazó y me besó muchas veces… Él me levantó del lecho, me acarició tiernamente y besándome me decía: Jesús te ama mucho, ámale tú también. Me bendijo y desapareció…
“Después de comer me sentí mal, entonces el ángel me trajo una taza de café al que echó unas gotas de un líquido blanco. Estaba tan rico que, inmediatamente, me sentí curada. Después me hizo descansar un rato. Muchas veces, le hago pedir permiso a Jesús para que esté en mi compañía toda la noche; va a pedírselo y vuelve, no abandonándome, si Jesús le autoriza, hasta la mañana siguiente” (20-8-1900).
El ángel le hacía de enfermero y le llevaba cartas al correo. “La presente, le escribe a su director, el Padre Germán de San Estanislao, se la entrego a su ángel custodio, que me ha prometido entregársela, haga usted otro tanto y se ahorra unos céntimos… El viernes por la mañana expedí una carta por medio de su ángel custodio, que me prometió llevársela, así que supongo la habrá recibido. La tomó él con sus propias manos”. A veces llegaban a su destino en la boca de un pajarito, como lo vio su director, que escribe: “Ella le daba encargos a su ángel para el Señor, la Santísima Virgen y sus santos protectores, entregándole cartas cerradas y selladas para ellos con el encargo de traerle la contestación, que efectivamente llegaba… ¡Cuántas veces estando hablando con ella y preguntándole, si su ángel estaba en su puesto para hacerle guardia, Gema dirigía con encantadora desenvoltura la mirada hacia el lugar y, mirándole, quedaba extasiada y sin sentidos todo el tiempo que lo contemplaba!”.
lunes, 5 de diciembre de 2011
SUFRIMIENTOS DEL PURGATORIO: DE LA PENA DE DAÑO
La pena de daño consiste en la privación de la vista de Dios. La dilación de lo que espera aflige mucho, y cuanto más se espera mayor es la aflicción. Como lo esperado es un Bien infinito es infinita pena la retardación.
No hay palabras para explicar lo grande de esta pena, y si las hubiese, faltaría la capacidad para comprenderlas. ¡Cuánto aflige a las Almas del Purgatorio el deseo de ver a Dios!
Suficiente de tal modo porque conocen a Dios y le aman, pero no pueden verle hasta que están totalmente purificadas.
Escuchemos a las Benditas Ánimas: “ Mortales, compadeceos de nosotras, dadnos el socorro de algunos sufragios y oraciones, apagadnos este dolor que nos produce el ardiente deseo de ver a Dios, y dadnos la libertad de tan pesado cautiverio. Pero ¡ay de nosotras!, que no os conmueven lamentos, no a los que se precian de católicos.”
sábado, 3 de diciembre de 2011
SANTUARIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
María es la excelente obra maestra del Altísimo, cuyo conocimiento y posesión Él se ha reservado para Sí. María es la Madre admirable del Hijo, que tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer (1), como a una extraña, si bien en su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres.
María es la fuente sellada (2) en que sólo puede entrar el Espíritu Santo, de quien es fiel esposa.
María es el santuario y descanso de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y divinamente que en ningún otro lugar del universo, sin exceptuar su mansión en los querubines y serafines, y a ninguna criatura, por pura que sea, está permitido entrar en Ella sin un gran privilegio.
Lo digo con los santos: La divina María es el paraíso terrestre del nuevo Adán, donde se encarnó por obra del Espíritu Santo para obrar en Él maravillas incomprensibles. Ella es el grande y divino mundo de Dios, que contiene bellezas y tesoros inefables.
Es la magnificencia del Altísimo, donde ocultó, como en su propio seno, a su Unigénito, y con Él, todo cuanto hay de más excelente y precioso. ¡Oh, qué cosas tan grandes y tan ocultas ha hecho este Dios todopoderoso en esta criatura admirable, como Ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su profunda humildad: Hizo en mí favor grandes cosas el poderoso! (3). El mundo no las conoce, porque es incapaz e indigno.
(San Luis Mª. Grignión de Montfort, “Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen”)
(1) En la lengua que hablaba Cristo, mulier era palabra de amor y respeto. Usada por San Juan, puede aludir a la “Mujer excelsa” del Génesis.
(2) Cantar de los Cantares, 4, 12.
(3) San Lucas, 1, 49.
viernes, 2 de diciembre de 2011
CORAZÓN DE JESÚS, PRESENTE EN LA SAGRADA EUCARISTÍA
Palabras de Nuestro Señor a su Sierva Sor Josefa Menéndez, recogidas en el libro “Un Llamamiento al Amor”, que fue elogiado por el entonces Cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII.
2 de Marzo de 1923, Primer Viernes de mes:
“Habito en medio de los pecadores para ser su salvación y su vida, su médico y su medicina en todas las enfermedades de su naturaleza corrompida, y ellos, en cambio, se alejan de Mí, me ultrajan y me desprecian…”
“¡ Pobres pecadores! No os alejéis de Mí… Os espero día y noche en el Sagrario… No os reprenderé vuestros crímenes… No os echaré en cara vuestros pecados… Lo que haré será lavaros con la Sangre de Mis Llagas; no temáis. Venid a mí… ¡No sabéis cuánto os amo!.”
“Y vosotras, almas queridas, ¿por qué estáis frías e indiferentes a Mi Amor? Sé que tenéis que atender a las necesidades de vuestra familia, de vuestra casa, y que el mundo os solicita sin cesar; pero, ¿no tendréis un momento para venir a darme una prueba de amor y agradecimiento?. No os dejéis llevar por tantas preocupaciones inútiles y reservad un momento para venir a visitar al Prisionero de Amor.”
“Si vuestro cuerpo está débil y enfermo, ¿no procuráis hallar un momento para ir a buscar al médico que debe sanaros? Venid al que puede haceros recobrar las fuerzas y la salud del alma… Dad una limosna de amor a este mendigo divino que os espera, os llama y os desea.”
“Todo esto sentía en Mi Corazón, en el momento de la Última Cena, Josefa; pero aún no te hhe dicho lo que sentía al pensar en mis almas escogidas… En mis esposas… Mis sacerdotes… Te lo diré otro día. Adiós, no olvides que Mi Corazón te ama. Y tú, ¿me amas?.”
jueves, 1 de diciembre de 2011
DON NICOLÁS GODOY HERRERA, MARGINADO POR SER BUEN SACERDOTE ( III , última parte )
( Viene de los días 18 y 25 de Noviembre )
EL CELO POR LOS JÓVENES CON VOCACIÓN
En los anteriores artículos, he descrito con torpes y pobres pinceladas la vida ejemplar de este buen sacerdote. Pero hoy, que concluyo mi personal testimonio y homenaje al que fuera el sacerdote más influyente en mi vida, no quiero dejar de lado dos elementos que -a mi entender- han marcado el ministerio sacerdotal de Don Nicolás Godoy: su entrega desinteresada por los jóvenes llamados al sacerdocio y la cruel persecución que se derivó de esa heroicidad.
Es difícil calcular el número de chavales que nos beneficiamos de su apostolado, de su buena dirección espiritual. Fuimos muchísimos los que en su día acudimos a él en busca de apoyo y consejo; la mayoría, son hoy sacerdotes fieles, amantes de la Santa Iglesia, hombres entregados en cuerpo y alma al sagrado ministerio sacerdotal.
A continuación, algunos de los nombres y diócesis donde fueron ordenados aquellos sacerdotes, hijos espirituales de Don Nicolás Godoy:
-Ilmo. Sr. Don Roberto Rivero, Coronel-Capellán del Ejército del Aire.
-Ilmo. Sr. Don César Sarmiento González, Capellán de la Guardia Civil, Cádiz.
-Don Braulio Acosta Machín, (Archidiócesis Primada de Toledo).
-Don Ignacio Loyola Pinto y de Sancristóval (Archidiócesis de Salta, Argentina).
-Don Roque Rodríguez de la Guardia (Diócesis de Tenerife).
- Don José Luis Rodríguez Guerra (Diócesis de Tenerife).
-Don José Luis Baute (+) ( Diócesis de Tenerife).
-Don Juan Antonio Guedes (Diócesis de Tenerife).
-Don Vicente Spuig (Diócesis de Tenerife).
-Don Sergio Tadeo (Diócesis de Tenerife).
-Don Jesús Santana (Diócesis de Alcalá de Henares).
Aclaro que éstos sólo son algunos que recuerdo; otros -como fue mi caso- no terminamos la carrera sacerdotal; unos pocos optaron por la vida religiosa y tampoco faltaron los seglares consagrados en el Opus Dei.
Creo que ante semejante elenco, cualquiera podrá entenderme cuando aseguro que Don Nicolás Godoy Herrera, fue un sacerdote entregado plenamente al apostolado a favor de aquellos que sentían la vocación de servir al Señor y a la Iglesia desde el Altar.
Semejante proeza, sacar adelante tantas vocaciones, merecería ya no sólo un premio en el Cielo -que a bien seguro el Señor le tiene reservado-, sino que humanamente hablando, sería justo pagarle ya en este mundo.
A esa clase de sacerdotes tan notablemente entregados, los Obispos los agasajan con alguna canonjía o incluso con la dignidad de Prelado Doméstico de Su Santidad. En el caso de nuestro querido Don Nicolás, ocurrió lo que la caridad cristiana -y hasta el sentido común- entenderían como una tiranía cruel y sin escrúpulos.
Y es que sus desvelos por los jóvenes con vocación, llegó hasta el extremo de poner en entredicho su honra y su buen nombre. Como podéis apreciar en la lista que más arriba expuse, ninguno de ellos se ordenó en la Diócesis de Canarias, a pesar de ser todos naturales de la Las Palmas, Diócesis de Canarias.
¿Por qué entonces enviaba Don Nicolás a los chicos que dirigía espiritualmente a otras diócesis?. Para entender su postura, es necesario aclarar aquí y ahora la pésima situación en la que se encontraba -y aún se encuentra- la Diócesis de Canarias y en particular, su Seminario Diocesano.
LA RUINA ESPIRITUAL DE LA DIÓCESIS DE CANARIAS
La que otrora fuera una diócesis modélica, semillero de vocaciones, referente por su clero bien formado, sufrió como otras tantas, los abusos y el desenfreno post-conciliar; la autodemolición espiritual comenzó con la llegada en 1967 del pésimo Obispo Infantes Florido, que salió huyendo en 1978 tras el sospechoso robo de las joyas de la Patrona, la Virgen del Pino.
La llegada en el mismo año de Mons.Echarren, Obispo abiertamente progresista, no hizo más que echar sal sobre la herida abierta; aquél pésimo Pastor, fue peor que una peste, como el caballo de Atila, ya que por donde pasó jamás volvió a crecer la hierba: el Seminario Diocesano quedó prácticamente vacío, dos Rectores del mismo se secularizaron, otros muchos sacerdotes abandonaron el ministerio… En medio de aquella catástrofe, el Señor siguió llamando a jóvenes al servicio sagrado, pero estos chicos se resistían a ingresar en un Seminario donde a bien seguro, perderían la vocación.
Muchos de ellos, conociendo la ortodoxia de Don Nicolás Godoy, acudieron a él, como ovejas sin pastor; Don Nicolás, a pesar de que al principio se resistió, tuvo que aceptar la triste realidad y procuró los medios y contactos necesarios para que aquéllos muchachos, aquellos valientes, se fuesen a formar a seminarios católicos. Todo ello lo hizo con exquisita discreción, ya que no quería parecer un traidor a su Diócesis ni a su Obispo.
LA HORA DE SUBIR AL CALVARIO; PERSEGUIDO POR EL OBISPO
El estupor del Obispo Echarren y de los formadores del Seminario de Canarias, fue in crescendo, cuando empezaron a percatarse de la desbandada de vocaciones; la mayoría cruzaron a la isla hermana de Tenerife, lo que motivó que Mons. Echarren acordase con el Obispo de Tenerife no recibir más vocaciones en aquélla diócesis.
Para ese entonces, ya recaía sobre Don Nicolás Godoy la sospecha de estar detrás de que aquellos aspirantes al sacerdocio, decidieran poner tierra por medio, huyendo de la progresía y el modernismo del Seminario de Las Palmas. Por eso, allá a mediados de los años noventa, Mons. Ramón Echarren, le hizo llamar, y entre el Obispo y sus más estrechos colaboradores, prepararon un auténtico juicio cuya sentencia ya estaba firmada antes de empezar el proceso. De alguna manera, aquella infamia, fue parecida a la que sufrió San Luis Mª. Grignión de Montfort, cuando se le prohibió predicar misiones en casi la totalidad de las diócesis de Francia.
El pobre Don Nicolás, que amaba a su Obispo como a un padre, sólo alcanzó a decir que en “el estado espiritual en el que se encontraba el Seminario de Canarias, no podía, por motivos de conciencia, enviar allí a ningún joven.” Apeló pues a su conciencia, la de un sacerdote católico, consciente de los males que nos afligen, que como denunciara San Pío X en la Encíclica Pascendi: "hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo..."
Le despojaron pues de su amada Parroquia de Santa María de Guía y lo confinaron al humilde barrio de Trapiche, cuya iglesia está dedicada a San José de la Montaña; ese fue quizás su único consuelo: aquél buen hombre, que bien me enseñó que “nunca había que escatimar nada por una vocación sacerdotal”, ahora viviría más oculto aún de los hombres, pero bajo el amparo de Nuestro Padre y Señor San José.
Pero Don Nicolás, como Cristo, calló y obedeció, pero siempre decidido a continuar su labor en favor de las vocaciones que a él se acogían. Todo ello pese al castigo de ser arrancado de una buena parroquia, de ser marginado por sus propios compañeros sacerdotes, algunos de los cuales, le dieron de lado y hasta le negaron el saludo.
Viene a mi mente la poesía de nuestra Doctora Carmelita, que bien podríamos aplicar a ese estilo de vida de Don Nicolás Godoy, tan despreocupado del sentir de los hombres y tan apegado a la Voluntad de Dios: “Mi honra sea el abatimiento/ y mi palma el padecer,/ en las menguas mi crecer y en menoscabos mi aumento./ En olvido mi memoria,/ mi alteza en humillación,/ en bajeza mi opinión, / en afrenta mi victoria.”
Hoy, que a muchos les falta la valía para denunciar esa injusta persecución, o lo que es peor, para reconocer que si han llegado a ser ministros sagrados, ha sido gracias a la dirección de Don Nicolás Godoy, me niego a callar; por eso, jamás dejaré de agradecer al Altísimo por este santo sacerdote, que tanto bien procuró a mi alma; sus consejos, su entrega y sobre todo, su ejemplo, imprimieron una huella que el tiempo y mis muchos pecados, nunca podrán borrar. ¡Gracias Señor, por bendecirnos con santos, sabios y valientes sacerdotes!
EL CELO POR LOS JÓVENES CON VOCACIÓN
En los anteriores artículos, he descrito con torpes y pobres pinceladas la vida ejemplar de este buen sacerdote. Pero hoy, que concluyo mi personal testimonio y homenaje al que fuera el sacerdote más influyente en mi vida, no quiero dejar de lado dos elementos que -a mi entender- han marcado el ministerio sacerdotal de Don Nicolás Godoy: su entrega desinteresada por los jóvenes llamados al sacerdocio y la cruel persecución que se derivó de esa heroicidad.
Es difícil calcular el número de chavales que nos beneficiamos de su apostolado, de su buena dirección espiritual. Fuimos muchísimos los que en su día acudimos a él en busca de apoyo y consejo; la mayoría, son hoy sacerdotes fieles, amantes de la Santa Iglesia, hombres entregados en cuerpo y alma al sagrado ministerio sacerdotal.
A continuación, algunos de los nombres y diócesis donde fueron ordenados aquellos sacerdotes, hijos espirituales de Don Nicolás Godoy:
-Ilmo. Sr. Don Roberto Rivero, Coronel-Capellán del Ejército del Aire.
-Ilmo. Sr. Don César Sarmiento González, Capellán de la Guardia Civil, Cádiz.
-Don Braulio Acosta Machín, (Archidiócesis Primada de Toledo).
-Don Ignacio Loyola Pinto y de Sancristóval (Archidiócesis de Salta, Argentina).
-Don Roque Rodríguez de la Guardia (Diócesis de Tenerife).
- Don José Luis Rodríguez Guerra (Diócesis de Tenerife).
-Don José Luis Baute (+) ( Diócesis de Tenerife).
-Don Juan Antonio Guedes (Diócesis de Tenerife).
-Don Vicente Spuig (Diócesis de Tenerife).
-Don Sergio Tadeo (Diócesis de Tenerife).
-Don Jesús Santana (Diócesis de Alcalá de Henares).
Aclaro que éstos sólo son algunos que recuerdo; otros -como fue mi caso- no terminamos la carrera sacerdotal; unos pocos optaron por la vida religiosa y tampoco faltaron los seglares consagrados en el Opus Dei.
Creo que ante semejante elenco, cualquiera podrá entenderme cuando aseguro que Don Nicolás Godoy Herrera, fue un sacerdote entregado plenamente al apostolado a favor de aquellos que sentían la vocación de servir al Señor y a la Iglesia desde el Altar.
Semejante proeza, sacar adelante tantas vocaciones, merecería ya no sólo un premio en el Cielo -que a bien seguro el Señor le tiene reservado-, sino que humanamente hablando, sería justo pagarle ya en este mundo.
A esa clase de sacerdotes tan notablemente entregados, los Obispos los agasajan con alguna canonjía o incluso con la dignidad de Prelado Doméstico de Su Santidad. En el caso de nuestro querido Don Nicolás, ocurrió lo que la caridad cristiana -y hasta el sentido común- entenderían como una tiranía cruel y sin escrúpulos.
Y es que sus desvelos por los jóvenes con vocación, llegó hasta el extremo de poner en entredicho su honra y su buen nombre. Como podéis apreciar en la lista que más arriba expuse, ninguno de ellos se ordenó en la Diócesis de Canarias, a pesar de ser todos naturales de la Las Palmas, Diócesis de Canarias.
¿Por qué entonces enviaba Don Nicolás a los chicos que dirigía espiritualmente a otras diócesis?. Para entender su postura, es necesario aclarar aquí y ahora la pésima situación en la que se encontraba -y aún se encuentra- la Diócesis de Canarias y en particular, su Seminario Diocesano.
LA RUINA ESPIRITUAL DE LA DIÓCESIS DE CANARIAS
La que otrora fuera una diócesis modélica, semillero de vocaciones, referente por su clero bien formado, sufrió como otras tantas, los abusos y el desenfreno post-conciliar; la autodemolición espiritual comenzó con la llegada en 1967 del pésimo Obispo Infantes Florido, que salió huyendo en 1978 tras el sospechoso robo de las joyas de la Patrona, la Virgen del Pino.
La llegada en el mismo año de Mons.Echarren, Obispo abiertamente progresista, no hizo más que echar sal sobre la herida abierta; aquél pésimo Pastor, fue peor que una peste, como el caballo de Atila, ya que por donde pasó jamás volvió a crecer la hierba: el Seminario Diocesano quedó prácticamente vacío, dos Rectores del mismo se secularizaron, otros muchos sacerdotes abandonaron el ministerio… En medio de aquella catástrofe, el Señor siguió llamando a jóvenes al servicio sagrado, pero estos chicos se resistían a ingresar en un Seminario donde a bien seguro, perderían la vocación.
LA HORA DE SUBIR AL CALVARIO; PERSEGUIDO POR EL OBISPO
El estupor del Obispo Echarren y de los formadores del Seminario de Canarias, fue in crescendo, cuando empezaron a percatarse de la desbandada de vocaciones; la mayoría cruzaron a la isla hermana de Tenerife, lo que motivó que Mons. Echarren acordase con el Obispo de Tenerife no recibir más vocaciones en aquélla diócesis.
Para ese entonces, ya recaía sobre Don Nicolás Godoy la sospecha de estar detrás de que aquellos aspirantes al sacerdocio, decidieran poner tierra por medio, huyendo de la progresía y el modernismo del Seminario de Las Palmas. Por eso, allá a mediados de los años noventa, Mons. Ramón Echarren, le hizo llamar, y entre el Obispo y sus más estrechos colaboradores, prepararon un auténtico juicio cuya sentencia ya estaba firmada antes de empezar el proceso. De alguna manera, aquella infamia, fue parecida a la que sufrió San Luis Mª. Grignión de Montfort, cuando se le prohibió predicar misiones en casi la totalidad de las diócesis de Francia.
El pobre Don Nicolás, que amaba a su Obispo como a un padre, sólo alcanzó a decir que en “el estado espiritual en el que se encontraba el Seminario de Canarias, no podía, por motivos de conciencia, enviar allí a ningún joven.” Apeló pues a su conciencia, la de un sacerdote católico, consciente de los males que nos afligen, que como denunciara San Pío X en la Encíclica Pascendi: "hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo..."
Le despojaron pues de su amada Parroquia de Santa María de Guía y lo confinaron al humilde barrio de Trapiche, cuya iglesia está dedicada a San José de la Montaña; ese fue quizás su único consuelo: aquél buen hombre, que bien me enseñó que “nunca había que escatimar nada por una vocación sacerdotal”, ahora viviría más oculto aún de los hombres, pero bajo el amparo de Nuestro Padre y Señor San José.
Pero Don Nicolás, como Cristo, calló y obedeció, pero siempre decidido a continuar su labor en favor de las vocaciones que a él se acogían. Todo ello pese al castigo de ser arrancado de una buena parroquia, de ser marginado por sus propios compañeros sacerdotes, algunos de los cuales, le dieron de lado y hasta le negaron el saludo.
Viene a mi mente la poesía de nuestra Doctora Carmelita, que bien podríamos aplicar a ese estilo de vida de Don Nicolás Godoy, tan despreocupado del sentir de los hombres y tan apegado a la Voluntad de Dios: “Mi honra sea el abatimiento/ y mi palma el padecer,/ en las menguas mi crecer y en menoscabos mi aumento./ En olvido mi memoria,/ mi alteza en humillación,/ en bajeza mi opinión, / en afrenta mi victoria.”
Hoy, que a muchos les falta la valía para denunciar esa injusta persecución, o lo que es peor, para reconocer que si han llegado a ser ministros sagrados, ha sido gracias a la dirección de Don Nicolás Godoy, me niego a callar; por eso, jamás dejaré de agradecer al Altísimo por este santo sacerdote, que tanto bien procuró a mi alma; sus consejos, su entrega y sobre todo, su ejemplo, imprimieron una huella que el tiempo y mis muchos pecados, nunca podrán borrar. ¡Gracias Señor, por bendecirnos con santos, sabios y valientes sacerdotes!
AD MAIOREM DEI GLORIAM
miércoles, 30 de noviembre de 2011
PROTECCIÓN DE SAN JOSÉ EN LA VIDA DE SANTA TERESA
Nos cuenta Ana de Jesús, compañera de Santa Teresa, en los procesos de beatificación, cómo se le apareció San José cuando iban de camino a Beas de Segura, para fundar en aquella villa un nuevo convento: “Perdidos en los riscos de Guadalinfierno, y abocados a unos precipicios horrorosos de corte vertical de unos trescientos metros de profundidad, la Santa recomienda a las ocho monjas que pidan a Dios, a nuestro Padre San José que nos encaminen, porque íbamos perdidos, y en esto oyen una voz que sale desde la abismal hondanada que les dice: “Tenéos, tenéos, que vais perdidos y os despeñaréis si pasáis por ahí”.
Con las indicaciones del misterioso personaje, surgido de improviso, se encuentran en camino franco; algunos quieren ir a buscar al hombre para agradecerle el haberles salvado la vida. Mientras ellos buscan al hombre, la Santa dice a sus monjas con mucha devoción y lágrimas: “No sé para qué le dejamos ir, que era mi Padre San José y no le han de hallar”. Realmente San José iba al lado de la Santa para protegerla.
(Vida de Santa Teresa, 6 )
martes, 29 de noviembre de 2011
EL ÁNGEL CUSTODIO Y SOR MÓNICA DE JESÚS ( II )
(La primera parte fue publicada el día 15 de Noviembre)
Como cada martes, dedicamos este día a nuestro Ángel Custodio, que según la piedad popular, nos ha sido asignado desde nuestro nacimiento y nos acompaña y guía si a él nos encomendamos y confiamos en su protección.
Continuemos con la lectura de un pequeño extracto de la vida de la Venerable Sor Mónica de Jesús, religiosa española, que perteneció a la Orden de las Agustinas Recoletas, cuya vida estuvo llena de gracias espirituales, entre las cuales sería imposible contabilizar las visitas y ayudas de su Ángel:
“El Ángel de Sor Mónica aparece francamente activo en todos los momentos trances más singulares de su vida en forma maravillosa. Así, ya Sor Mónica vio a su Ángel el día de su Primera Comunión. El Ángel se constituyó en su protector. En cierta ocasión que la Superiora le prohibió levantarse de la cama por hallarse enferma, su Ángel le llevó la Santa Comunión; este prodigioso hecho aconteció el 3 de Octubre de 1917.
El Ángel le reprendía y amonestaba, le anunciaba la visita próxima visita de Jesús y hasta la preparaba para el recibimiento. Algunos avisos o correcciones eran también para que los transmitiese a su Padre Director.
Le ayudaba a realizar bien la oración, le sugería los puntos de meditación; le comunicaba noticias de su Padre Cantera ( su confesor ) cuando éste se enfermó o cuando murió el padre de este buen sacerdote. Así consta en carta del 15 de Julio de 1919 (1). También la ayudaba en la obra de conversión de los pecadores.
Sor Mónica celebra la fiesta de su Ángel, andaba con él a porfía para saber quién amaba más a Jesús, y creía que el Ángel le contaba sus secretos a la Madre Priora y a su Padre Director. Su Ángel también la defendía de los ataques del demonio.
Estas visiones del Ángel se prolongaron a lo largo de toda la vida de Sor Mónica. Eran visiones y locuciones de orden cognoscitivo sensitivo (2) . Era su Ángel de la guarda el que le hablaba. Algunas veces venían otros ángeles también, pero éstos de ordinario no intervenían en la conversación.”
(1) Extracto de la carta de Sor Mónica al Padre Cantera: “ El mismo día de su santo recibí la esquelita que me mandó. Por la tarde, estaba con Jesús en el coro, y me llamó la Madre. No me sorprendió la noticia que me dice, pues, al amanecer del día 7, me dijo el “hermano mayor” ( su Ángel Custodio ) que su padre había muerto. El estuvo a su muerte, pero no me dijo nada hasta después de morir. Le pregunté si lo sabía Vd. y me dijo que no, por eso no me atreví a decirle nada el otro día."
(2) Locuciones: son las manifestaciones o comunicaciones divinas que Dios hace que se perciban por los sentidos externos, internos, o por el entendimiento. Unas veces se dan simples visiones, otras, son visiones acompañadas de locuciones: en este caso el objeto visto habla, comunica algo al vidente, dialoga con él, le da normas, le instruye, le revela secretos. Cuando al fenómeno auditivo se une el visual, se establece la división que ya conocemos: corporales, imaginativas e intelectuales. San Juan de la Cruz, en el análisis de las locuciones intelectuales, traza agudamente una subdivisión: sucesivas, formales, sustanciales (cfr. Subida, 11,28).
Como cada martes, dedicamos este día a nuestro Ángel Custodio, que según la piedad popular, nos ha sido asignado desde nuestro nacimiento y nos acompaña y guía si a él nos encomendamos y confiamos en su protección.
Continuemos con la lectura de un pequeño extracto de la vida de la Venerable Sor Mónica de Jesús, religiosa española, que perteneció a la Orden de las Agustinas Recoletas, cuya vida estuvo llena de gracias espirituales, entre las cuales sería imposible contabilizar las visitas y ayudas de su Ángel:
“El Ángel de Sor Mónica aparece francamente activo en todos los momentos trances más singulares de su vida en forma maravillosa. Así, ya Sor Mónica vio a su Ángel el día de su Primera Comunión. El Ángel se constituyó en su protector. En cierta ocasión que la Superiora le prohibió levantarse de la cama por hallarse enferma, su Ángel le llevó la Santa Comunión; este prodigioso hecho aconteció el 3 de Octubre de 1917.
El Ángel le reprendía y amonestaba, le anunciaba la visita próxima visita de Jesús y hasta la preparaba para el recibimiento. Algunos avisos o correcciones eran también para que los transmitiese a su Padre Director.
Le ayudaba a realizar bien la oración, le sugería los puntos de meditación; le comunicaba noticias de su Padre Cantera ( su confesor ) cuando éste se enfermó o cuando murió el padre de este buen sacerdote. Así consta en carta del 15 de Julio de 1919 (1). También la ayudaba en la obra de conversión de los pecadores.
Sor Mónica celebra la fiesta de su Ángel, andaba con él a porfía para saber quién amaba más a Jesús, y creía que el Ángel le contaba sus secretos a la Madre Priora y a su Padre Director. Su Ángel también la defendía de los ataques del demonio.
Estas visiones del Ángel se prolongaron a lo largo de toda la vida de Sor Mónica. Eran visiones y locuciones de orden cognoscitivo sensitivo (2) . Era su Ángel de la guarda el que le hablaba. Algunas veces venían otros ángeles también, pero éstos de ordinario no intervenían en la conversación.”
(1) Extracto de la carta de Sor Mónica al Padre Cantera: “ El mismo día de su santo recibí la esquelita que me mandó. Por la tarde, estaba con Jesús en el coro, y me llamó la Madre. No me sorprendió la noticia que me dice, pues, al amanecer del día 7, me dijo el “hermano mayor” ( su Ángel Custodio ) que su padre había muerto. El estuvo a su muerte, pero no me dijo nada hasta después de morir. Le pregunté si lo sabía Vd. y me dijo que no, por eso no me atreví a decirle nada el otro día."
(2) Locuciones: son las manifestaciones o comunicaciones divinas que Dios hace que se perciban por los sentidos externos, internos, o por el entendimiento. Unas veces se dan simples visiones, otras, son visiones acompañadas de locuciones: en este caso el objeto visto habla, comunica algo al vidente, dialoga con él, le da normas, le instruye, le revela secretos. Cuando al fenómeno auditivo se une el visual, se establece la división que ya conocemos: corporales, imaginativas e intelectuales. San Juan de la Cruz, en el análisis de las locuciones intelectuales, traza agudamente una subdivisión: sucesivas, formales, sustanciales (cfr. Subida, 11,28).
lunes, 28 de noviembre de 2011
DE LA GRAVEDAD DE LAS PENAS DEL PURGATORIO
Es voz común de los santos, que una sola alma del Purgatorio padece más que lo que han padecido todos los mártires que ha habido y que todos los que puedan haber.
Es tan grande el tormento de las Almas del Purgatorio que no puede concebirse, saberse ni explicarse. San Cirilo dice que las penas de esta vida, comparadas con las del Purgatorio son consuelos.
¿Es posible que tanto como se padece en este mundo, todo sea nada, consuelo, descanso, comparado no con la mayor, sino con la menor de las penas del Purgatorio?
Escuchemos a las Almas que nos dicen: “Humanos que vais por este mundo tras los negocios de esta vida, poned los ojos en estas almas que os llaman; escuchadnos, ya que no queréis darnos el socorro. Mirad si hay dolor que se pueda comparar al nuestro. Sobre nuestras angustias claváis el ingrato puñal del olvido… compadeceos de nosotras que somos desvalidas.”
domingo, 27 de noviembre de 2011
NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA ( II )
APARICIÓN DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1830
La tarde del sábado 27 de Noviembre de 1830, Sor Catalina se encontraba haciendo su meditación diaria, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hizo recordar la aparición anterior.
Entonces aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando después Santa Catalina quiso describir su rostro, solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.
Sus pies se posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos, elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.
La Stma. Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.
Tenia tres anillos en cada dedo; el mas grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y uno mas pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.
Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:
“Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.”
Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo. El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.
LA MEDALLA MILAGROSA
En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos"
Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda .
Oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza".
La aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla. En el aparecía una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.
La misma aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. Nuestra Señora dijo a Catalina: "En adelante, ya no me veras , hija mía; pero oirás mi voz en la oración".
Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: "La M y los dos corazones son bastante elocuentes".
SÍMBOLOGÍA Y MENSAJE DE LA MEDALLA MILAGROSA
En el Anverso:
-María aplastando la cabeza de la serpiente que esta sobre el mundo. Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satanás.
-El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza: la mujer del Apocalipsis, vestida del sol.
-Sus manos extendidas, transmitiendo rayos de gracia, señal de su misión de madre y mediadora de las gracias que derrama sobre el mundo y a quienes pidan.
-Jaculatoria: dogma de la Inmaculada Concepción (antes de la definición dogmática de 1854). Misión de intercesión, confiar y recurrir a la Madre.
-El globo bajo sus pies: Reina del cielos y tierra.
-El globo en sus manos: el mundo ofrecido a Jesús por sus manos.
En el reverso:
-La cruz: el misterio de redención- precio que pagó Cristo. obediencia, sacrificio, entrega
-La M: símbolo de María y de su maternidad espiritual.
-La barra: es una letra del alfabeto griego, "yota" o I, que es monograma del nombre, Jesús.
Agrupados ellos: La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
-Las doce estrellas: signo de la Iglesia que Cristo funda sobre los apóstoles y que nace en el Calvario de su corazón traspasado.
-Los dos corazones: la Corredención. Unidad indisoluble. Futura devoción a los dos y su reinado.
Aunque la Medalla se llamaba originalmente "de la Inmaculada Concepción", al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente "La Medalla Milagrosa".
sábado, 26 de noviembre de 2011
NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA ( I )
LA VIDENTE: SANTA CATALINA LABOURÉ.
Nació el 2 de mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgoña ( Francia ). Entró a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de enero de 1830 y después de tres meses de postulantado, 21 de abril, fue trasladada al noviciado de París, en el número 140 de la Rue du Bac.
Durante los nueve meses de su noviciado, Sor Catalina fue bendecida con muchas gracias sobrenaturales, entre ellas la de ver todos los días al Señor en el Santísimo Sacramento.
El domingo de la Santísima Trinidad, 6 de junio de 1830, el Señor se mostró durante el evangelio de la Misa como un Rey, con una cruz en el pecho. De pronto, los ornamentos reales de Jesús cayeron por tierra, lo mismo que la cruz, como unos despojos desperdiciables. "Inmediatamente - escribió Sor Catalina - tuve las ideas mas negras y terribles: que el Rey de la tierra estaba perdido y sería despojado de sus vestiduras reales. Sí, se acercaban cosa malas ".
El domingo 18 de Julio 1930, víspera de la fiesta de San Vicente de Paúl, la Maestra de novicias les había hablado sobre la devoción a los santos, y en particular a la Reina de todos ellos, María Santísima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el corazón de Sor Laboure el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Santísima Virgen. Como era víspera de San Vicente, les habían distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del santo. Catalina, movida por la piedad, se lo tragó y se durmió pensando que San Vicente, junto con su ángel de la guarda, le obtendrían esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como era su deseo…
EL ÁNGEL LA DESPIERTA PARA IR A VER A NUESTRA SEÑORA
Y así ocurrió cuando cerca de las once y media de la noche, oyó que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despertó y apartando un poco las cortinas de su cama miro del lado que venia la voz y vio entonces un niño vestido de blanco, que parecía tener como cuatro o cinco años, y el cual le dijo: "Levántate pronto y ven a la capilla; la Santísima Virgen te espera".
Sor Catalina vacila; teme ser notada de las otras novicias; pero el niño responde a su preocupación interior y le dice: "No temas; todas duermen muy bien. Ven yo te aguardo". Se viste con presteza y se pone a disposición de su misterioso guía, "que permanecía en pie sin separarse de la columna de su lecho."
Vestida Sor Catalina, el niño comienza a andar, y ella lo sigue. Por donde quiera que pasaban las luces se encendían. El cuerpo del niño irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado.
Al llegar a la puerta de la capilla la encuentra cerrada; pero el niño toca la puerta con su dedito y aquella se abrió al instante. Dice Catalina: "Mi sorpresa fue mas completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de media noche".
El niño la llevó al presbiterio, junto al sillón destinado al Padre Director, donde solía predicar a las Hijas de la Caridad, y allí se puso de rodillas, y el niño permaneció de pie todo el tiempo al lado derecho. La espera le pareció muy larga, ya que con ansia deseaba ver a la Virgen. Miraba ella con cierta inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas de vela, que solían detenerse para hacer un acto e adoración, la veían.
Por fin llego la hora deseada, y el niño le dijo: "Ved aquí a la Virgen, vedla aquí".
Sor Catalina oyó como un rumor, como el roce de un traje de seda, que partía del lado de la tribuna, junto al cuadro de San José. Vio que una señora de extremada belleza, atravesaba majestuosamente el presbiterio, "fue a sentarse en un sillón sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio". Sor Catalina en el fondo de su corazón dudaba si verdaderamente estaba o no en presencia de la Reina de los Cielos, pero el niño le dijo: "Mira a la Virgen".
Entonces el niño le habló, no como niño, sino como el hombre mas enérgico y palabras muy fuertes: -"¿Por ventura no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que mas le agrade?" Santa Catalina nos confiesa: “Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a su lado, me arrodille en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Santísima Virgen. Allí pasé los momentos más dulces de mi vida; me sería imposible decir lo que sentí".
Ella me dijo cómo debía portarme con mi director, la manera de comportarme en las penas y acudir (mostrándome con la mano izquierda) a arrojarme al pie del altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunté que significaban las cosa que yo había visto, y ella me lo explicó todo ".
CONFIDENCIAS DE NUESTRA SEÑORA A SANTA CATALINA LABOURÉ
“Dios quiere confiarte una misión; te costara trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tu conocerás cuan bueno es Dios. Tendrás que sufrir hasta que lo digas a tu director. No te faltaran contradicciones; mas te asistirá la gracia; no temas. Háblale a tu director con confianza y sencillez; ten confianza no temas. Veras ciertas cosas; díselas. Recibirás inspiraciones en la oración.
Los tiempos son muy calamitosos. Han de llover desgracias sobre Francia. El trono será derribado. El mundo entero se verá afligido por calamidades de todas clases ( al decir esto la Virgen estaba muy triste ). Venid a los pies de este altar, donde se prodigaran gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres.
Deseo derramar gracias sobre tu comunidad; lo deseo ardientemente. Me causa dolor el que haya grandes abusos en la observancia, el que no se cumplan las reglas, el que haya tanta relajación en ambas comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. Díselo al que esta encargado de ti, aunque no sea el superior. Pronto será puesto al frente de la comunidad. El deberá hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la regla. Cuando esto suceda otra comunidad se unirá a las de ustedes.
Vendrá un momento en que el peligro será grande; se creerá todo perdido; entonces yo estaré contigo, ten confianza. Reconocerás mi visita y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos comunidades. Mas no será lo mismo en otras comunidades, en ellas habrá víctimas… ( la Virgen llora al aclarar esto). El clero de París tendrá muchas víctimas…morirá el señor Arzobispo.
Hija mía, será despreciada la Cruz, y el Corazón de mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles ( la Virgen no podía hablar del dolor, las palabras se anudaban en su garganta; semblante pálido). El mundo entero se entristecerá.” Ella piensa: ¿cuando ocurrirá esto? y una voz interior asegura: cuarenta años y diez y después la paz.
La Virgen, después de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece.
NUESTRA SEÑORA ADVIRTIÓ Y TODO SE HA CUMPLIDO
Es necesario aclarar que todas las profecías que Nuestra Señora enunció a Santa Catalina, se fueron cumpliendo:
Vemos así como la misión de Dios pronto le fue indicada con la revelación de la Medalla Milagrosa.
También comprobamos como una semana después de esta aparición estallaba la Revolución. París sufrió saqueos, asesinatos y finalmente, era destronado Carlos X, sustituido por el "rey ciudadano" Luis Felipe I, gran maestro de la masonería.
Con respecto al Superior, el P. Aladel, se cumplió que fuese nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad.
En 1870 (a los 40 años) llegó el momento del gran peligro, con los horrores de la Comuna y el fusilamiento del Arzobispo Mons. Darboy y otros muchos sacerdotes.
La última profecía, donde la Santísima Virgen dijo entre lágrimas aquello de “será despreciada la Cruz, y el Corazón de mi Hijo será otra vez traspasado; correrá la sangre por las calles. El mundo entero se entristecerá” cabría pensar que se cumplió por las muchas guerras que han asolado la humanidad, especialmente las dos mundiales… pero humildemente opino que ese desprecio de la Cruz, el traspasar el Corazón de Cristo que anuncia Nuestra Señora, hace referencia a una cuestión más espiritual que temporal; creo que la Virgen profetizó con aquellas palabras la Apostasía que actualmente sufre la Santa Iglesia después del Concilio Vaticano II.
viernes, 25 de noviembre de 2011
CORAZÓN DE JESÚS, PRISIONERO DE LA EUCARISTÍA
El 2 de Marzo de 1923, mientras Sor Josefa se disponía a bajar al taller de costura, tuvo la gracia de ver a Nuestro Señor en la escalera.
-”¿A dónde vas , Josefa?”.
- A la ropería, Señor, a planchar los uniformes”.
-”Pues ve a tu cuarto, porque quiero que escribas”.
Una ligera sombra de contrariedad oscurece su alma; calla y toma el camino de su celda. Al llegar, Jesús ya la está esperando. Su Infinita Sabiduría ha leído en el interior de Josefa lo que ella no se ha atrevido expresar.
-”¿Quién te ha creado?”- le pregunta.
-”Vos , Señor”.
-”Quién te ha dado más pruebas de amor? ¿Quién, como Yo, ye ha perdonado y está dispuesto a perdonarme todavía?”.
Josefa, llena de confusión no sabe cómo expresar su arrepentimiento.
-”Sí, humíllate, Josefa, besa el suelo y no me resistas más”.
Nuestro Señor prosigue con su Mensaje:
-”Escribe ahora para mis almas. Quiero manifestarles la amargura de que estaba poseído Mi Corazón durante la Última Cena. Pues si era grande mi alegría de hacerme compañero de los hombres hasta el fin de los siglos y alimento divino de las almas, y veía cuántas me rendirían homenaje de adoración, de reparación y de amor… no fue menor la tristeza que me causó el ver cuántas habrían de abandonarme en el Sagrario y cuántas no creerían en la presencia real…
“¡En cuántos corazones manchados por el pecado tendría que entrar… y cómo Mi Carne y Mi Sangre así profanadas, habían de convertirse en causa de condenación para muchas almas…!
“¡Ah! ¡Cómo vi en aquel momento, todos los sacrilegios y ultrajes y las tremendas abominaciones que habían de cometerse contra Mí! ¡Cuántas horas había de pasar sólo en el Sagrario! ¡Cuántas noches! ¡Cuántas almas rechazarían los llamamientos amorosos que, desde es morada, les dirigía…!
“Por amor a las almas, me quedo prisionero en la Eucaristía, para que en todas sus penas y aflicciones puedan venir a consolarse con el más tierno de los corazones, con el mejor de los padres, con el amigo más fiel: mas ¡ese Amor que se deshace y se consume por el bien de las almas, no ha de ser comprendido…!”
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