jueves, 25 de junio de 2020

Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 25


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



MÁXIMAS PARA MEDITAR
Día 25



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miércoles, 24 de junio de 2020

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA, "el hombre más grande que ha nacido de mujer"


            Juan es un santo varón, enviado de Dios, un Ángel de Dios, como dice el mismo Padre: Mira, yo te envío Mi Mensajero por delante. Juan, el hombre, más grande que ha nacido de mujer, castiga de este modo su cuerpo inocente, lo abate y lo mortifica. ¿Y vosotros soñáis con vestidos de púrpura y de lino, y banquetear espléndidamente? ¿A esto se reduce toda la grandeza de este día? ¿Este es el homenaje que ofrecéis al Bautista? ¿Este es el regocijo que nos habían prometido por su nacimiento? ¿De quién celebráis la memoria, Sacerdotes refinados? ¿Qué nacimiento festejáis? ¿No es acaso el de aquel que vivió en el desierto con un áspero vestido y muerto de hambre?




            Hijos de Babilonia, ¿qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿A qué salisteis si no? ¿A ver un hombre vestido con elegancia, y alimentado con regalo? Toda la fiesta se reduce para vosotros a seguir las normas del gusto popular, vestir con todo lujo y comer a placer. ¿Tiene algo que ver con Juan? Todo ese le repugnaba y jamás lo hizo. 

           El Ángel dijo: Serán muchos los que se alegren de su nacimiento. Sí, es cierto: muchos se alegran de su nacimiento. Incluso para los paganos, según nos dicen, es un día festivo y solemne. Pero si ellos lo celebran sin conocerlo, para los cristianos no debería ser así. Estos se regocijan en ese día del nacimiento de San Juan, pero ojalá fuera de su natividad, y no de la vanidad. ¿Qué hay bajo el sol sino vanidad de vanidades? ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que le afligen bajo el sol?

            Hermanos, bajo el sol está todo cuanto abarcan los ojos, y se somete al influjo de esta luz material; ¿y eso qué es, sino una niebla que se ve un poco? ¿No es acaso pura hierba y flor de hierba? Lo dice el Señor: Todo es mortal hierba, y toda su belleza es flor de hierba: se agosta la hierba y cae la flor. En cambio la palabra del Señor permanece para siempre. 

            Hermanos, entreguémonos a esta palabra que nos promete la Vida y el gozo eternos. No trabajemos por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura dando una vida sin término. ¿Y cuál es? No de solo pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca. 

           Queridos hermanos, cultivemos esta palabra, cultivemos el espíritu, porque el que cultiva los bajos instintos sólo cosechará corrupción. Que nuestro gozo sea interior, no un simple gesto exterior. O como dice el Apóstol: Afligidos por la humildad gravedad, y siempre alegres por el gozo interior. Queridos hermanos, alegrémonos en y por el nacimiento de San Juan. 


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia




            "A Isabel se le cumplió el tiempo de su parto y dio a luz un hijo. Los vecinos y parientes, al enterarse del gran favor que el Señor le había hecho, fueron a felicitarla. A los ocho días llevaron a circuncidar al niño. Querían que se llamara Zacarías, como su padre. Pero su madre dijo: "No. Se llamará Juan". Le advirtieron: "No hay nadie en tu familia que se llame así". 

            Preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: "Su nombre es Juan". Todos se quedaron admirados. Inmediatamente se le soltó la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Todos los vecinos se llenaron de temor. Estas cosas se comentaban en toda la montaña de Judea. Todos los que las oían decían pensativos: "¿Qué llegará a ser este niño?".

            Porque la mano del Señor estaba con él. Zacarías, su padre, lleno del Espíritu Santo, profetizó así: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha intervenido para liberar a su pueblo..."


Evangelio de San Lucas, cap.1, vers. 57-68


Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 24


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



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Día 24



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martes, 23 de junio de 2020

CONTEMPLEMOS A JESÚS CRUCIFICADO




"¡Contemplemos a Jesús Crucificado! 
El cristiano debe apoyarse en la Cruz de Cristo 
como el viandante en el bastón. Debe llevar bien grabada 
en la mente y el corazón la Pasión del Señor, 
pues solo de esta fuente manan palabras de vida, 
de paz, de gracia y de verdad" 

San Antonio de Padua, Doctor de la Iglesia



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Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 23


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



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Día 23



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lunes, 22 de junio de 2020

SAN JUAN FISHER, Mártir de la secta anglicana


            San Juan Fisher nació en Beverley, Yorkshire, Inglaterra en el 1469. Desde los catorce años fue un distinguido escolástico en Humanidades, que estudió en Michaelhouse en Cambridge 

            Ordenado sacerdote a los 22 años, bajo dispensa especial, poco después alcanzó el Doctorado y fue vicecanciller de Michaelhouse. En 1502 dimitió para ser Capellán de la madre del Rey, Doña Margarita Beaufort, Condesa de Richmond y Derby. Bajo su dirección, Doña Margarita fundó Christ's College y Saint John's College en Cambridge.  A ella se le reconoce como la mayor benefactora de Cambridge.

            Ayudó, entre otros, al famoso humanista Erasmus. Fisher fue el primero en enseñar griego y hebreo en Cambridge. En 1504, durante el reinado de Enrique VII, con solo 35 años, Fisher es elegido Canciller de la Universidad. El mismo año es nombrado Obispo de Rochester. Llevó al mismo tiempo los dos cargos con asombrosa diligencia. Favoreció enormemente tanto a la Universidad como a su Diócesis.




            Rochester era la mas pequeña y pobre de las Diócesis de Inglaterra, pero el Obispo Fisher la amaba tanto que mas tarde rehusó las Sedes mas ricas de Ely y Lincoln, diciendo que "no dejaría a su pobre y vieja esposa por la viuda mas rica de Inglaterra." El clima era tan húmedo y el estado de su residencia tan ruinoso que su amigo Erasmus, al hospedarse con el, estaba asombrado; sin embargo Fisher fue su Pastor durante treinta años.

            A imitación de Cristo Nuestro Señor, cuidaba a sus ovejas con valentía, entrega y gran amor. Hacía visitas frecuentes, administraba la confirmación, disciplinaba al clero, visitaba personalmente a los pobres y distribuía limosna a los pobres. 

            Durante este tiempo, Fisher continuó escribiendo y estudiando. Comenzó a estudiar Griego a los 48 años y Hebreo a los 51. Era un predicador tan elocuente que cuando Enrique VII murió en 1509, predicó en el Funeral.  En las palabras de Erasmus: "No hay en la nación hombre mas instruido ni Obispo mas Santo". Enrique VIII, antes de que Fisher suscitara su ira lo elogiaba abiertamente diciendo que "no otro príncipe o reino tiene tan distinguido Prelado"

            Fisher se oponía al tipo de reforma de los protestantes, y escribió cuatro libros contra ellos. Sin embargo prefería la oración y el ejemplo a la controversia. El comprendía que la verdadera reforma requiere santidad de vida pues no es sino vivir con coherencia la enseñanza de la misma Iglesia.

            Con gran valentía el Obispo Fisher censuró al clero en un Sínodo por su corrupción, vanidad, relajamiento y amor a las ganancias. El sabía que la mayoría del clero en posiciones altas había llegado allí por su servicio al estado o por intereses privados. Como miembro de la cámara de los Lords, Fisher vigorosamente luchó por reformas que separaran al clero de las influencias del estado. Desde allí lanzó también una severa protesta cuando se propuso en la asamblea aceptar que Enrique VIII fuese la cabeza de la iglesia de Inglaterra.

            El Rey quería anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse de nuevo. Como el Papa no se lo concedía por no haber causa justa, el Rey decidió hacerse con la autoridad suprema de la Iglesia en Inglaterra.  El Monarca impuso la obligación de tomar el famoso "Oath of supremacy" (Juramento de Supremacía), por el cual se le reconocía a él como cabeza de la iglesia de Inglaterra. El Obispo Fisher rehusó prestar su palabra a semejante sacrilegio que rompía con la Autoridad del Papa. 

            Ni la amonestación de amigos y ni las amenazas de enemigos lograron hacerle ceder; incluso trataron de envenenarlo y sufrió diferentes atentados de los que salió ileso.

            Thomas Cromwell trató, sin éxito, de vincularlo con Isabel Barton, la 'Santa Doncella de Kent,' una religiosa que pronunciaba ataques personales contra el Rey por tratar de divorciarse de la Reina.

            San Juan Fisher fue llevado, a pesar de estar enfermo, a Lambeth para que jurase el "Bill of succession". El rehusó por ser este en esencia un juramento a favor de la supremacía del rey sobre la Iglesia Católica. En Rochester fue arrestado y de los alrededores vino la gente a despedirse. Tuvo la oportunidad de arreglar sus asuntos, de dar limosnas y de pasar por las calles bendiciendo al gentío.

                Al llegar a Londres fue confrontado por rehusar el juramento a lo que Fisher dijo: "Mi respuesta es que, ya que mi propia conciencia no puede estar satisfecha, yo absolutamente rehuso el juramento. No condeno la conciencia de ningún otro. Sus conciencias podrán salvarles, y la mía debe salvarme". En Abril del 1534, SAn Juan Fisher contaba con 66 años, pero eso no evitó que sus enemigos lo encarcelaran más de un año en la Torre de Londres.

             Enrique VIII envió un mensajero confidencial para ofrecerle libertad si asentía al juramento en secreto, "solo para los oídos del Rey".

            Durante su prisión, el Papa Pablo III reconoció su heroicidad y lo nombró Cardenal. El Rey enfurecido dijo: "Pues ese capelo se lo colgará de los hombros, porque no tendrá cabeza para llevarlo". Lo llevó a juicio acusado de traición por negar la autoridad del monarca sobre la Iglesia; el juicio resultó ser un grotesco teatro cuyo final fue la sentencia a muerte del Cardenal Fisher; algunos jueces lloraron cuando lo condenaron a muerte el 17 de Junio de 1535. Pocos días después, el Cardenal, anciano y muy enfermo fue llevado en silla al lugar del martirio.




           Fue cortés con los guardias agradeciéndoles sus atenciones. Pedía a la gente que rezaran por él para que no le faltase el valor en el momento final. Llevaba un pequeño Nuevo Testamento del cual leyó a la puerta de la Torre estas palabras: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese." (Evangelio de San Juan, cap. 17, vers. 3- 5). Cerrando el libro dijo: "Aquí hay instrucción suficiente para el resto de mi vida".

            Junto al verdugo dice: "Voy a morir por Jesucristo y por la Iglesia Católica. Con mi muerte quiero dar testimonio del Papa como Jefe único de la Iglesia. Hasta el Cielo... hijos..." Sus últimas palabras fueron del Salmo 31: "En Ti Señor, he puesto mi confianza". Con total dominio de si mismo y con gran paz se dispuso al Martirio: fue decapitado con un hacha el 22 de Junio de 1535.

            Su amigo Santo Tomás Moro, que compartió con el prisión y también murió Mártir, escribió de San Juan Fisher: "No conozco a ningún hombre que compare con el en sabiduría, conocimiento y virtud probada

            San Juan Fisher fue enterrado junto a la Iglesia de All Hallows en Barking. Su cabeza fue exhibida en el Puente de Londres por dos semanas y después tirada al río Thames.

            En 1935, cuatrocientos años después del Martirio, Juan Fisher fue Canonizado por el Papa Pío XI.




Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 22


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



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Día 22



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domingo, 21 de junio de 2020

SAN LUIS GONZAGA, EL NOBLE PATRÓN DE LA JUVENTUD CATÓLICA


              San Luis era el primogénito de los ocho hijos de Ferrante, Marqués de Castiglione delle Stiviere, en Mantua, Italia; nació el 9 de Marzo de 1568. 

             A la edad de ocho años fue enviado a la Corte Ducal de Francisco de Medici, en Florencia, donde permaneció dos años, marchando posteriormente a Mantua. Con tan sólo 10 años y cuando era el paje del gran Duque de Toscana, hizo el voto perpetuo de virginidad delante de una imagen de la Virgen en la ciudad de Florencia. 

               Durante una dolorosa enfermedad renal, de la que sanó tarde y mal, se aficionó a leer libros de Vidas de Santos (como Santa Teresa o San Ignacio) y el famoso “Las cartas de Indias”, que narraban la vida misionera de los jesuitas.




              En Brescia, cuando tenía doce años, pasó a estar bajo la dirección espiritual de San Carlos Borromeo, de quien recibió la Primera Comunión. En 1581 viajó con su padre a España, y tanto él como su hermano fueron hechos pajes del entonces Príncipe de Asturias Don Diego, hijo del Rey Felipe II. Se nutrió de la lectura espiritual de Fray Luis de Granada

               Estando en España, durante su visita a Madrid; el 15 de Agosto de 1583, en la Iglesia de los Jesuitas, oyó claramente una voz que le decía: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”. Tomó entonces la firme resolución de seguir aquella voz interior e ingresar a la Compañía de Jesús, aunque primero había pensado unirse a los Carmelitas Descalzos. Pronto encontraría la negativa de su familia, que prefería para Luis una vida acorde a sus raíces familiares y así ser el próximo Marqués de Castiglione. 

               Triste regresó a Italia en 1584 luego de la muerte del Príncipe Don Diego y tras diversas dificultades para obtener el consentimiento de su padre, renunció a su herencia en favor de su hermano Rodolfo, el 2 de Noviembre de 1585, proceso que requirió el consentimiento del Emperador, pues Castiglione era un feudo del Sacro Imperio. Después se encaminaría al Santuario de Loreto, donde renovaría ante Nuestra Señora el voto de castidad.

              Se presentó al Padre Claudio Acquaviva, entonces General de la Compañía de Jesús, donde ingresó el 25 de Noviembre de 1585, con apenas 18 años. Cuando entró en el Noviciado de los Jesuitas en Roma, su padre escribió al General de la Compañía lo siguiente: "Hago saber a Vuestra Señoría Reverendísima que le entrego lo que más quiero en este mundo y la mayor esperanza que tenía para la conservación de esta mi casa ..."

                Antes de concluir su tiempo en el Noviciado, superó brillantemente un acto público en Filosofía, habiendo hecho sus estudios matemáticos y filosóficos antes de su ingreso. 

               De hecho, ya se había distinguido en una prueba pública, no sólo en Filosofía, sino también en Teología, realizada en la Universidad de Alcalá de Henares, en España. Realizó sus votos el 25 de Noviembre de 1587. Inmediatamente después, inició sus estudios teológicos. Entre sus profesores estaban los Padres Vázquez y Azor.

              San Luis Gonzaga se caracterizó por su obediencia incondicional, por su pureza de corazón, su amor a los pobres y enfermos y por una gran devoción a la eucaristía, a la vida de santos y a la Virgen. Probablemente, al leer tantas vidas de santos, nació también en su corazón la necesidad de mortificarse, realizando estrictos ayunos y a vivir pobre entre los pobres. Su amor a la pobreza le hizo rechazar cuantos objetos valiosos le hacía llegar su madre; su desasimiento de las cosas terrenales era sincero hasta el punto que, por obediencia a sus Superiores, aceptó dos estampas en papel de sus Santos predilectos: Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena. 

               A pesar de haberse apartado del mundo y de los lujos de su noble familia, San Luis Gonzaga se vio forzado a visitar a los suyos para mediar en un conflicto con el Duque de Mantua; todos quedaron admirados por la Santidad y Sabiduría del joven, que reconcilió a su hermano con sus enemigos. Su propia madre entendió de la gran sabiduría de su hijo Luis, por lo que convenció a sus Superiores para que predicase en Mantua antes de partir; pese a no ser Sacerdote, San Luis predicó y tocó el alma de muchos, tal es así que unas setecientas personas pidieron confesión sacramental como inicio de una nueva vida.

                En 1591, cursando su cuarto año de Teología, sobrevino la hambruna y la peste en Italia. Aunque de salud delicada, se entregó al cuidado de los enfermos, pero el 3 de Marzo cayó enfermo. Sus parientes, el Cardenal Gonzaga y el Cardenal Della Rovere lo visitaron con frecuencia durante la convalecencia; el piadoso Luis empleaba sus pobres fuerzas para sujetar el Crucifijo y alzar los ojos hacia la imagen de la Virgen María que siempre tenía delante. Murió el Jueves 21 de Junio de 1591, cuando contaba 23 años de edad. Fue Beatificado por el Papa Gregorio XV en 1621, y canonizado por Benedicto XIII en 1726.

               Sus venerables restos se encuentran en la Iglesia de San Ignacio, en Roma, en una hermosa urna de lapislázuli, adornada en plata. El altar tiene al centro un relieve hecho de mármol representado al Santo, realizado por Le Gros.

               El 13 de Junio de 1926 el Romano Pontífice Pío XI, declaró a San Luis Gonzaga Patrón de la Juventud Católica.



Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 21


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



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Día 21



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sábado, 20 de junio de 2020

"Las Glorias de María"; El Amor que nos tiene es el que la ha hecho Madre nuestra


            Si María es nuestra Madre, bien está que consideremos cuánto nos ama. El amor hacia los hijos es un amor necesario; por eso -como reflexiona Santo Tomás, Dios ha puesto en la Divina Ley, a los hijos, el precepto de amar a los padres; mas, por el contrario, no hay precepto expreso de que los padres amen a sus hijos, porque el amor hacia ellos está impreso en la naturaleza con tal fuerza que las mismas fieras, como dice San Ambrosio, no pueden dejar de amar a sus crías. Y así, cuentan los naturalistas, que los tigres, al oír los gritos de sus cachorros, presos por los cazadores, hasta se arrojan al agua en persecución de los barcos que los llevan cautivos. Pues si hasta los tigres, parece decirnos nuestra Amadísima Madre María, no pueden olvidarse de sus cachorros, ¿cómo podré olvidarme de amaros, hijos Míos? "¿Acaso puede olvidarse la mujer de su niño sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti" (Profeta Isaías, cap. 49, vers. 15). 





            Si por un imposible una madre se olvidara de su hijo, es imposible, nos dice María, que Yo pueda olvidarme de un hijo mío. María es nuestra Madre, no ya según la carne, como queda dicho, sino por el Amor. "Yo Soy la Madre del Amor Hermoso" (Libro del Eclesiástico, cap. 24, vers. 24). El Amor que nos tiene es el que la ha hecho Madre nuestra, y por eso se gloría, dice un autor, en ser Madre de Amor, porque habiéndonos tomado a todos por hijos es todo Amor para con nosotros. ¿Quién podrá explicar el amor que nos tiene a nosotros miserables pecadores? 

            Dice Arnoldo de Chartes que Ella, al morir Jesucristo, deseaba con inmenso ardor morir junto al Hijo por nuestro amor. Y así, cuando el Hijo -dice San Ambrosio- colgaba moribundo en la Cruz, María hubiera querido ofrecerse a los verdugos para dar la vida por nosotros. 

            Pero consideremos los motivos de este amor para que entendamos cuánto nos ama esta Buena Madre. La primera razón del amor tan grande que María tiene a los hombres es el gran amor que Ella le tiene a Dios. El amor a Dios y al prójimo, como escribe San Juan, se incluyen en el mismo precepto. "Tenemos este mandamiento del Señor, que quien ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Carta de San Juan, cap. 4, vers. 21). De modo que, cuando crece el uno, crece el otro también. Por eso vemos que los Santos, que tanto amaban a Dios, han hecho tanto por el amor de sus prójimos. Han llegado a exponer la libertad y hasta la vida por su salvación. 

            Léase lo que hizo San Francisco Javier en la India, donde para ayudar a las almas de aquellas gentes escalaba las montañas, exponiéndose a mil peligros para encontrar a los paganos en sus chozas y atraerlos a Dios. Un San Francisco de Sales que para convertir a los herejes de la región de Chablais se aventuró durante un año a pasar todos los días un torrente impetuoso, andando sobre un madero, a veces helado, para llegar a la otra ribera y poder predicar a los obstinados herejes. Un San Paulino que se entregó como esclavo para librar al hijo de una pobre viuda. Un San Fidel que por atraer a la Fe Católica a unos herejes, predicando perdió la vida. Los Santos, porque así amaban a Dios, se lanzaron a hacer cosas tan heroicas por sus prójimos. 

            Pero ¿quién ha amado a Dios más que María? Ella lo amó desde el primer instante de su existencia más de lo que lo han amado y amarán todos los Ángeles y Santos juntos en el curso de su existencia. Reveló la Virgen a Sor María del Crucificado que era tal el fuego de amor que ardía en Su Corazón hacia Dios, que podría abrasar en un instante todo el Universo si lo pudieran sentir. Que en su comparación eran como suave brisa los ardores de los Serafines. Por tanto, como no hay entre los Espíritus Bienaventurados quien ame a Dios más que María, así no puede haber, después de Dios, quien nos ame más que esta amorosísima Madre. Y si se pudiera unir el amor que todas las madres tienen a sus hijos, todos los esposos a sus esposas y todos los Ángeles y Santos a sus devotos, no alcanzaría el amor que María tiene a una sola alma. 

            Dice el Padre Nierembergh que el amor que todas las madres tienen por sus hijos es pura sombra en comparación con el amor que María tiene por cada uno de nosotros. Más nos ama Ella sola -añade- que lo que nos aman todos los Ángeles y Santos. Además, nuestra Madre nos ama tanto porque Jesús nos ha recomendado a Ella como hijos cuando le dijo antes de expirar: "Mujer, he ahí a tu hijo", entregándole en la persona de Juan a todos los hombres, como ya lo hemos considerado. Estas fueron las últimas palabras que le dijo Su Hijo. Los últimos encargos de la persona amada en la hora de la muerte son los que más se estiman, y no se pueden borrar de la memoria. 

            También somos hijos muy queridos de María porque le hemos costado excesivos dolores. Las madres aman más a los hijos por los que más cuidados y sufrimientos han tenido para conservarles la vida. Nosotros somos esos hijos por los cuales María, para obtenernos la Vida de la Gracia, ha tenido que sufrir el Martirio de ofrecer la Vida de su amado Jesús, aceptando, por nuestro amor, el verlo morir a fuerza de tormentos. Por esta sublime inmolación de María, nosotros hemos nacido a la Vida de la Gracia de Dios. Por eso somos los hijos muy queridos de Su Corazón, porque le hemos costado excesivos dolores. 





Ejercicio Piadoso del Mes del Sagrado Corazón de Jesús... Día 20


RECOGIDOS ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
mejor si estamos de rodillas, nos figuraremos dentro del
Sagrado Corazón de Jesús; con humildad comenzamos


                       Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos Señor + Dios Nuestro. En el Nombre del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


Conscientes de nuestras debilidades, haremos ahora el
ACTO DE CONTRICIÓN


                         Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

                 Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén. 



MÁXIMAS PARA MEDITAR
Día 20



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viernes, 19 de junio de 2020

LOS SAGRADOS CORAZONES, dos Devociones que no se pueden separar


             "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha escatimado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles Su Amor. Y en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de Amor. 




            Por eso te pido que se dedique el primer Viernes de mes, después de la Octava del Santísimo Sacramento, una Fiesta particular para honrar Mi Corazón, comulgando ese día, y reparando Su Honor con un acto público de desagravio, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los Altares. 

            Te prometo además que Mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de Su Divino Amor sobre los que den este Honor y los que procuren le sea tributado..." 




Revelación del Sagrado Corazón de Jesús 
a Santa Margarita María de Alacoque 






            "... A los que se interesan por el Apostolado, nada debe importar más que el conocimiento de las devociones providenciales con que el Espíritu Santo enriquece a la Santa Iglesia en cada época, para el provecho de las almas. El Sumo Pontífice Pío XII señala dos Devociones: la del Sagrado Corazón de Jesús, la del Corazón Inmaculado de María.

            Al aparecerse en Fátima, Nuestra Señora dijo textualmente a los pastorcitos que una intensa devoción al Corazón Inmaculado de María sería el medio de salvación del mundo contemporáneo. Milagros sin cuenta han atestado la autenticidad del mensaje celestial. No nos resta sino conformarnos al dictamen que de él proviene. Si esa es la salvación del mundo, si queremos salvar el mundo, pregonemos el medio providencial para su salvación. El día en que tuviéramos legiones de personas verdaderamente devotas del Corazón Inmaculado de María, el Corazón de Jesús reinará sobre el mundo entero. 

            En efecto, estas dos Devociones no se pueden separar. La Devoción a María Santísima es la atmósfera propia de la Devoción a Nuestro Señor. El verano trae las flores y los frutos. La Devoción a Nuestra Señora genera como fruto necesario el amor sin reservas a Nuestro Señor Jesucristo. Y, el día en que el mundo entero se vuelva a Jesús por María, el mundo se habrá salvado..."



Plinio Corrêa de Oliveira 
Revista “Legionario”, 30 de Julio de 1944